sábado, 21 de octubre de 2023

La voz de Ione Belarra


Tristes tiempos estos, en los que la voz de la cordura llega a parecer una osadía. Oigo a Ione Belarra (cuando en alguna tele se dignan darle voz), leo sus reflexiones y sus denuncias en twitter y me siento aliviado; compruebo que no estoy tan loco como creo, que lo que pienso hay alguien en la política, alguien con altavoz público que lo dice y lo escribe. Parece mentira que existan tan pocas voces como la suya, una de las pocas que clama en el desierto; una voz que, apenas abre la boca, no faltan los dispuestos (y dispuestas) a tirársele en tromba a la yugular. Hasta que van pasando los días y se va comprobando que aquello que denunciaba la secretaria general de Podemos estaba cargado de razón, puro sentido común. 

El pasado 20 de agosto fue la voz de Ione Belarra, junto a las de Irene Montero y Pablo Echenique, la que se alzó en las redes para denunciar el beso sin consentimiento de Luis Rubiales a Jenni Hermoso y exigir que la violencia sexual contra las mujeres debe terminar. “Violencia sexual, ha dicho violencia sexual”, y el universo mediático al completo se rasgó las vestiduras llamando de todo tanto a ella como a sus compañeros de formación, “unos radicales de izquierdas que cada vez pintan menos y no saben qué hacer para llamar la atención”. Pues menos mal que pintan poco. 

No tuvieron que pasar muchos días para que cambiara el cuento, para que se empezara a admitir que Podemos, con su secretaria general al frente, había colocado el foco en el punto exacto, para que se reconociera que buena parte de quienes a primera hora pusieron el grito en el cielo empezaran a recoger velas y admitir que la voz de Belarra denunciando el comportamiento del presidente de la federación de fútbol estaba cargada de razón. 

Si tiene que calificar de capitalismo despiadado las prácticas de algún que otro supermercado, Belarra lo hace; tampoco en esto parece que le falte mucha razón, ¿verdad? Diga lo que diga, siempre hay alguien que se lleva las manos a la cabeza gesticulando escandalizado. O escandalizada. Como cuando reclamó un tope para el precio del gas para bajar así la factura de la luz, que algunos de sus compañeros socialistas de gobierno la miraron como diciendo estás loca para poco después acordar con Portugal establecer ese tope en 30 euros al mes.  

“Lo más difícil es defender la paz durante la guerra”, escribió al poco de comenzar el conflicto de Ucrania, provocando acto seguido el cabreo de Margarita Robles, compañera de gabinete con la que no parece encontrar buena sintonía. No digamos ya cuando, a propósito de la espantosa tragedia que se vive estos días en Palestina, expresa sin matices que Israel está llevando a cabo un genocidio planificado y, en consecuencia, hay que suspender relaciones diplomáticas ese país y llevar a Netanyahu ante el Tribunal Penal Internacional. Además de aplicar sanciones ejemplares contra el primer ministro israelí y su titular de Defensa entre otros miembros de su gobierno. 

“Eso es alimentar los conflictos”, proclama sin que vergüenza alguna ese perejil de todas las salsas llamado Felipe González. Ahí queda eso. “Eso es antisemitismo”, remata un González Pons (PP) que nunca se atrevería a decir que condenar el atentado de Hamás es islamofobia. “La posición del ejecutivo la fija el presidente”, exclaman en estéreo Félix Bolaños y José Manuel Albares. “El PSOE tiene muchas dificultades para entender que este es un Gobierno de coalición y que por tanto no solo el PSOE habla en nombre del Gobierno”, explica Ione Belarra de la manera más pedagógica que puede, con tranquilidad pero con contundencia, cada vez que es interpelada por sus denuncias y exigencias, esas que ponen de los nervios a personajes de toda condición, como ocurrió hace pocos días con algún insigne cocinero, de esos que le echan a la vida más cuento que condimentos.  

Pasará como con tantas cosas ha pasado ya: acabarán dándole a la razón a Belarra. Porque la tiene. Porque lo que dice la secretaria general de Podemos suelen ser de sentido común y porque llamar a las cosas por su nombre es el primer paso para resolverlas. Se agradece que quien las diga sea una ministra de un gobierno de la Unión Europea, la secretaria general de un partido que está en el Gobierno, que a su vez es una de las cinco diputadas integradas en Sumar, cinco votos fundamentales para la investidura de Pedro Sánchez y tan decisivos como los de cualquier otra formación política. 

No es una voz cualquiera la voz de Ione Belarra. Cómo se agradece escucharla.  

J.T.

sábado, 14 de octubre de 2023

El PP en el mundo de los bulos


Ya sabemos el truco: soltemos cualquier barbaridad, que ya veremos cómo viene alguien del PP, la hace suya y acto seguido la reproduce por cuanta red social exista en el universo cibernético. Sobre todo si con ello cree que puede perjudicar la formación de un Gobierno de coalición. El pendenciero Rafael Hernando (¿qué hemos hecho en Almería para tener que sufrir semejante personaje como cunero en las listas de nuestra provincia?) viene practicando esa costumbre desde tiempos inmemoriales: insultos, desafíos y sobre todo mentiras puras y duras esparcidas a los cuatro vientos. Lo descabalgaron a segundo plano, pero en el sanedrín de Feijóo, empezando por Feijóo mismo, contamos con unos cuantos buenos ejemplares dispuestos a continuar por esa linde. 

Ahí tenemos sin ir más lejos al mosquita muerta de Borja Sémper, rivalizando con la rabiosa Cuca Gamarra a ver quién la suelta más gorda. Si la todavía secretaria general del partido se comió con patatas un bulo en el que se daba pábulo a una inexistente reunión de Puigdemont con dos ministros del Gobierno en la embajada colombiana de Bruselas, el aún emergente Borja Sémper se aprestó a propagar una presunta decapitación de cuarenta bebés israelíes por parte de Hamás, algo que el propio ejército israelí no tardó en desmentir. De esto último también se hizo eco la frentista Ayuso pero la presidenta madrileña no cuenta, dado que vive instalada en el desafuero permanente desde el principio de los tiempos. 

No entiendo nada: Si el PP es un partido con tanto arraigo, con tanto incondicional dispuesto a votarlo, con tanta implantación en cada pueblo por pequeño que sea… ¿qué ventajas creen que obtienen actuando de un manera tan torpe? ¿cómo es posible que sus cabezas visibles apuesten tanto por el ridículo? ¿no saben hacer su trabajo, o de verdad cuentan con sondeos internos que les instan a actuar así? Si tienen tanto voto asegurado, ¿qué les hace pensar que los que le faltan para conseguir gobernar solo pueden obtenerlos haciendo el gamberro, mintiendo, poniéndonos a todos de los nervios, estresando el parlamento y la vida ciudadana, alineándose con los ultras sin necesidad… ¿O tienen necesidad? 

Me imagino a buen número de votantes del PP llevándose las manos a la cabeza cada vez que les escuchan una barbaridad, cada vez que sus representantes en el parlamento dejan constancia de su analfabetismo o de su desconsideración hacia la inteligencia de los demás. Como el mismísimo líder, metiendo la pata hasta el corvejón cada vez que acude a ser entrevistado en Onda Cero, y eso que ahí juega en su campo. Una de las más recientes, admitir sin complejos que su pacto con los ultras en Valencia o Extremadura, con tal de no repetir elecciones en esas comunidades, le pudo costar diez diputados en las elecciones generales; es decir, la diferencia entre estar ahora sentado en Moncloa o no. 

Tantas muestras de escandaloso desenfado producen, además del inevitable asombro, mucha vergüenza ajena. Como cuando confunde la isla de La Palma con la ciudad de Palma en la isla de Mallorca, o cuando sitúa poblaciones de Extremadura en Andalucía. La gente desahogada no pierde el tiempo en estudiar, ¿para qué? Le echa cara a la vida y con eso tira palante. Con un “nadie es perfecto” lo solventa todo. En las redacciones adictas ya se encargan de silenciar lo más posible sus meteduras de pata, aunque a veces se las ven y se las desean para sacar algún párrafo decente que difundir. Me consta que muchos no saben dónde meterse cada vez que el augusto líder suelta un sinsentido y se ven obligados a esconder los cortes donde hace el ridículo nacional e internacional. Menos mal que no sabe inglés.  

Dudo mucho que sepa qué es exactamente la franja de Gaza, o la diferencia entre Hamás y Al Fatah. Me gustaría verlo hablando en directo de los países con los que limita Israel o en qué consistió la guerra de los Seis Días, por ejemplo. Pero le da igual: para lo que él necesita usar el espantoso conflicto de Oriente Medio ya le vale con la brocha gorda, con seguir la línea del sionismo oficial y de papá Biden. Los israelíes son los buenos; los palestinos los malos, y en España hay partidos del gobierno que no condenan los ataques palestinos ni los llaman terrorismo todo lo que él o Borja Sémper quieren ¡Viva el vino! 

Y de pedir adelanto electoral una y otra vez, ¿qué me dicen? Tanto raca-raca no puede ser ya ignorancia de la legislación vigente. Alguien le ha tenido que decir alguna vez a Feijóo (aunque ya sabemos que un César rodeado de pelotas pierde la perspectiva) que no está en manos del presidente en funciones convocar elecciones, sino que hay que respetar los tiempos marcados en la Constitución y solo se pondrá en marcha repetir si llegamos al 27 de noviembre sin que haya presidente. Pues nada, ahí andan con el erre que erre, empeñados todos en superar al Paco Martínez Soria de sus mejores tiempos. 

Suelta un bulo, que picarán siempre. Tan instalados como están en el despropósito, no me extrañaría que un día de estos acabaran reproduciendo y comentando los titulares de El Mundo Today si con ello pensaran que desgastan el proyecto de Gobierno de coalición. Los ultras de Vox al menos se preocupan por inventar sus propias mentiras. En el PP, si exceptuamos al gurú que le escribe los despropósitos a Ayuso, hasta para eso carecen de imaginación.  

J.T. 

lunes, 9 de octubre de 2023

Quieren asustarnos, pero no lo conseguirán


Reconocidos colegas mantienen estos días que estamos viviendo tiempos peligrosos. Que tanta irritación, tanta grosería y tanto revuelo en las calles por parte de las derechas no presagia nada bueno. No digo que esto no pueda ser así, pero también creo que existe un cierto aire de performance en esas actuaciones, en esas puestas en escena. 

Si sale adelante el Gobierno de coalición, las derechas vivirán un tiempo sin poder trincar como a ellas les gustaría (en el fondo todo acaba siendo cuestión de dinero), pero aún así el bipartidismo tiene razones para concluir que, pasito a pasito, va ganando batallas. Haber conseguido relegar a Podemos e intentar despojar de relevancia a esta formación política es una de ellas ¿Catalunya? Yo creo que les preocupa menos de lo que dicen porque en el fondo, piensan, los nacionalismos son de derechas y al final entre ellos siempre acaban entendiéndose.  

Los principales actores del posible Gobierno de coalición, PSOE y Sumar, no se cansan de emitir señales hablando de estabilidad, de ausencia de ruido, de su apuesta por gestionar desde el “vamos a llevarnos todos bien”. Esto, por mucho jaleo que monten las derechas con lo de la amnistía y el se rompe España cala en la ciudadanía media. En la derecha lo saben porque, con Podemos de momento en una leve esquinita del tablero, socialistas y populares juegan al mismo juego, la recuperación del bipartidismo ¿Abascal y Yolanda? Meros comparsas. 

El bipartidismo está empeñado en cerrar un ciclo de casi diez años en el que, tras constatar cómo peligraba su chiringuito de décadas, se puso manos a la obra sin perder un minuto. Entendieron que Podemos había dado con la tecla para desenmascarar sus tejemanejes, que su mensaje calaba hasta tal punto que Pedro Sánchez ganó las primarias con las que resucitó a la vida política asumiendo parte del discurso de Podemos. Hasta las más díscolas vacas sagradas del PSOE saben, por mucho que pataleen, que eso salvó a su partido, que consiguió librarse del sorpasso de milagro. 

Podemos logró sintonizar con la sensibilidad y las preocupaciones de un importante porcentaje de la población, decía y dice cosas que mucha gente piensa pero nadie expresa con claridad, emitía y emite diagnósticos acertados, además de proponer soluciones y medidas que se demostraban eficaces a pesar de las resistencias previas con las que siempre se encontraron. Un peligro manifiesto. 

La tarea a la que se pusieron policía, jueces y medios de comunicación es bien conocida: había que conseguir que quienes resultaban beneficiados por las políticas que propugnaba Podemos, es decir, la mayoría de la población, acabara tratando como enemigos justo a quienes se preocupaban por mejorar sus vidas. ¿Tertulianos (por lo menos en los medios públicos) que denunciaran esta situación? Ni por asomos. Cuando Podemos llegó al gobierno, las tertulias de tve continuaron siempre atestadas de periodistas de La Razón, El Mundo, ABC o El Confidencial, derecha pura, solo de vez en cuando alguna excepción.  

Los machacaron vivos hasta intentar diluirlos en Sumar y ahora Pedro y Yolanda se dedican a repartir sonrisas y buen rollo para tranquilizar a los preocupados con el ruido al tiempo que repiten sin parar viva la estabilidad, viva la moderación. Por eso la indignación de las derechas me parece pura performance. Abascal ya ha hecho su trabajo como en su día lo hiciera Albert Rivera, ya está amortizado y él lo sabe, por mucho que todavía se permita amenazar desde la mismísima tribuna del Congreso de los Diputados. Serán unas semanas duras porque lo de la amnistía hay que meterlo con calzador, pero el resultado parece claro. Que no se preocupen las viejas glorias socialistas, que sus miserias seguirán sin salir a la luz.  

No nos despistemos con las maniobras de distracción. Tampoco debemos asustarnos ni asumir que vienen tiempos “peligrosos”, por mucho que los ultras se empeñen. Habrá Gobierno de coalición porque ya les gustaría a quienes lo van a componer ser tan feroces como los pintan. Puede pues que el bipartidismo consiga dejar vacío por un tiempo el campo de la izquierda en las instituciones, pero los postulados que defiende Podemos continúan más vivos que nunca, así como las razones por las que nació. 

Tragar en nombre de la moderación y de la tranquilidad no vaya a ser que se enfaden los “supercicutas” es solo postergar los problemas, pero no solucionarlos. Y la política es solucionar problemas, no asustar a quienes los tienen para que se conformen con las migajas. 

J.T.

lunes, 2 de octubre de 2023

Pedro Sánchez y el soberanismo catalán

28 de diciembre de 2015. En plenas fiestas de invierno, entre Nochebuena y Año Nuevo, el Comité federal del PSOE se reúne en Ferraz y decide prohibir a Pedro Sánchez iniciar contactos con Podemos para formar gobierno a menos que este partido recién nacido, y que acaba de obtener 69 escaños, renuncie expresamente a defender un referéndum independentista para Catalunya. Las elecciones habían sido ocho días antes, el domingo 20, y el resultado dejaba claro que los ciudadanos de este país habíamos decidido jubilar al bipartidismo que nos había estado gobernando durante casi cuatro décadas.  

Las elecciones las había ganado el PP de Mariano Rajoy con 123 diputados, el PSOE había conseguido 90 y Ciudadanos, formación modelada por el empresariado para frenar tanto a Podemos como al soberanismo catalán, logró alcanzar 40 escaños. El diario El País, en manos de Antonio Caño, el peor director que el rotativo ha tenido en su historia, regalaba a la derecha cada día portadas beligerantes con Podemos y Catalunya, con Pablo Iglesias y Artur Mas (Carlos Puigdemont ni siquiera había saltado al ruedo aún), que competían en cuanto a ensañamiento con los diarios de cabecera de la derecha de toda la vida. 

Todavía obediente en aquel entonces con sus “mayores”, y haciendo gala de la mentalidad práctica que lo adorna, el secretario general socialista pactó con Ciudadanos primero y luego le ofreció a Podemos sumarse para completar la mayoría absoluta siempre y cuando, claro estaba, Iglesias y los suyos dejaran de lado su apuesta por el derecho a decidir de la ciudadanía catalana. Resultado: repetición de elecciones tras la investidura fallida de Sánchez y renuncia de Rajoy a presentarse porque siempre admitió que no contaba con los apoyos suficientes. 

La convocatoria del 26 de junio de 2016 cambió poco las cosas: el PP obtuvo 137 escaños, -¿les suena la cifra?-, el PSOE bajó hasta 85, Podemos llegó a 71 con IU y Ciudadanos perdió 8, pero aún tenía 32. Verano terrible aquel en el que no se llegó a ningún acuerdo. Sánchez se negaba a apoyar a Rajoy y su partido lo echó en un golpe de estado interno perpetrado el primero de octubre. Tras elegir una comisión gestora, el socialismo “de toda la vida” decidió abstenerse para que Rajoy pudiera gobernar. 

Lo que sigue quizás lo recordemos mejor, porque está algo más cerca en el tiempo: en 2017 Sánchez volvió a presentarse a secretario general de su partido, le ganó las primarias a Susana Díaz y Rajoy, que no supo o no quiso rebajar la tensión en el conflicto catalán, se encontró primero con un referéndum y más tarde con el presidente de la Generalitat en el extranjero. Aplicó el 155 y buena parte del gobierno autonómico fue encarcelado. 

Al poco tiempo se descubrió, mire usted por dónde, que tal como estaba configurada la correlación de fuerzas en el Congreso de los Diputados, los números daban para una moción de censura encabezada por Sánchez. Podemos y los soberanistas catalanes se pusieron a ello y Rajoy fue desalojado. A partir de ese momento, las derechas se confabulaban para combatir a sus principales demonios: Podemos y Catalunya, Catalunya y Podemos; Iglesias y Puigdemont, Puigdemont e Iglesias.  

Hay que reconocer que el bipartidismo sabe defenderse, que tiene recursos y apoyos que los hacen incombustibles: dinero a espuertas, el noventa por ciento de los medios y una acreditada falta de escrúpulos. Pero, a menos que triunfara un golpe de estado y cayéramos en el involucionismo por el que ahora trabajan sobre todo los fascistas de Vox, pero no solo ellos, no tienen manera de evitar que las aspiraciones de un amplio porcentaje de la ciudadanía tengan su reflejo en los resultados electorales, como sucedió el pasado 23 de julio. Y si los resultados son los que son, es porque la gente piensa como piensa aunque haya quien se empeñe en que dejen de pensar como lo hacen.  

Demonizar a Podemos está demostrado que no funciona, por muy hibernada que ahora parezca esta formación política, que tampoco lo está tanto. No funciona porque lo que hay detrás son ideas, propósitos y una manera de entender la vida que el bipartidismo se empeña en ningunear. El enfrentamiento con los partidos nacionalistas tampoco parece resultarles demasiado útil porque sus representantes en el parlamento de la nación están respaldados por millones de ciudadanos que gozan de los mismos derechos que quienes se empeñan en patrimonializar su idea de España una, grande y libre.  

Desde 2015 estamos en las mismas. Desde aquel día de los Inocentes en que El PSOE le impidió a Sánchez pactar con Podemos si estos se empeñaban en respaldar el derecho a decidir de los catalanes, el bipartidismo y su apéndice ultraderechista tropiezan en las mismas piedras. Antes, Iglesias; ahora, Puigdemont. Siempre topan con la cuestión catalana y se empeñan en continuar sin resolverla de la única manera posible que existe: desde la política y con mucho diálogo. 

La intransigencia nunca puede ser el camino, el futuro solo pasa por entender, además de respetar sus postulados, a quienes tienen legítimo derecho a participar en la gobernabilidad del país y contribuir a su diseño. Sánchez, si llega el momento propicio, abrazará a Puigdemont como en noviembre de 2019 abrazó a Iglesias. A ver qué pasa. 

J.T.

viernes, 22 de septiembre de 2023

Mucho más que fútbol


El interés internacional por el partido que este viernes ganaron 2-3 las campeonas mundiales de fútbol en Suecia, así como las felicitaciones y las muestras de solidaridad que nuestras jugadoras recibieron en Göteborg tuvieron, a mi juicio, mayor importancia aún que el propio resultado, lo único que hubiera debido interesar en condiciones normales. Pero nada ha sido normal durante este largo mes que llevamos vivido, y sufrido, desde aquel domingo 20 de agosto en Sidney. La balsámica victoria en el estadio Gamla Ullevi, con goles de Athenea del Castillo, Eva Navarro y Mariona Caldentey, inaugura la nueva era por la que ellas apuestan.

El beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso durante la entrega de trofeos, las presiones que sufrieron tanto la jugadora como su entorno familiar para que se le quitara hierro al asunto y la resistencia a dimitir del agresor fueron las gotas que colmaron el vaso de un largo historial de agravios sufridos por las campeonas en el seno de la Federación durante mucho tiempo. Hasta que Alexia Putellas y sus compañeras, viendo que Rubiales se aferraba al cargo, decidieron gritar "Se acabó", y este contundente fogonazo no tardó en propagarse como la pólvora por las redes sociales de medio mundo.


La determinación y la firmeza de las jugadoras, que decidieron plantar cara a los abusos y a la discriminación adoptando decisiones que comportaban riesgos para su vida personal y sus carreras profesionales, acabaron zarandeando y espabilando en pleno verano a muchas conciencias dormidas dentro y fuera de este país. Aunque no tantas como hubiera sido deseable, si recordamos por ejemplo el tibio comunicado de apoyo leído con desgana y apatía por sus compañeros de la selección masculina.


Cuando las jugadoras llegaron a Australia y Nueva Zelanda para disputar el Campeonato del Mundo llevaban ya en la mochila un conflicto interno sin resolver cuya auténtica envergadura pocos conocen. Resultaba evidente que la tensión venía de atrás. Algo llevaba tiempo cociéndose en la entidad entre sus cargos directivos –90% hombres- y las futbolistas de la selección hasta el punto que hubo jugadoras de primer nivel que renunciaron a estar en el mundial.


Que se les llevaba tiempo ninguneando es algo que no parece admitir discusión; que sus méritos se minusvaloraban, tampoco; que no eran tratadas en términos de igualdad ni con el respeto debido quedó bien patente hasta el mismo lunes pasado, día 18, cuando la nueva seleccionadora, Montse Tomé, se estrenó en el cargo ignorando la voluntad de sus antiguas compañeras. Las convocó para los partidos contra Suecia y Suiza, ella sabrá por qué, a pesar de que la mayoría había hecho público su deseo de no jugar partidos internacionales mientras no cambiara la estructura de poder en la Federación.


El pendenciero Rubiales y su entrenador Jorge Vilda estaban ya en la calle, sí, pero los usos y costumbres de la entidad continuaban siendo los mismos. Las inercias hostiles se mantenían vigentes y las jugadoras habían sido chantajeadas: o bajáis las orejas y acudís a la convocatoria, o caerá sobre vosotras todo el peso de la ley. Acudieron, pero no se arredraron. Plantaron cara y forzaron una negociación en la que el acuerdo no llegó hasta las cinco de la madrugada del miércoles 20; sabían que si dejaban pasar ese momento sin que sus peticiones fueran escuchadas, sería difícil que volviera a existir otra oportunidad similar. Si cedían, las cosas en la Federación no cambiarían jamás y su vida como jugadoras de las selección continuaría siendo un infierno.


Somos futbolistas, por favor, dejaos ya de amenazas y de presiones y dejadnos jugar en paz pero ese lenguaje, desde el poder no se entiende, y desde el machismo menos. Sin futbolistas no habrá fútbol, vale, pero los importantes somos nosotros, piensan/pensaban los altos cargos de la Federación.


Y la verdad es que a estos machistas hoscos, soberbios y carentes de toda empatía puede que no les faltara razón: en sus manos está -continúa estando- la imagen institucional del país, nuestra reputación internacional, y aún así nadie les puede toser porque cuentan con suficiente autonomía para que el gobierno de turno tenga complicado intervenir.


Representan al Estado, pero al margen del Estado. Quienes salen al campo a jugar no son para ellos lo importante, lo importante es el poder, el dinero que pueden llegar a manejar, los hilos que mueven, los silencios y voluntades que son capaces de comprar para que nadie los quite de su poltrona. Van a venir ahora estas niñatas aquí a complicarnos la vida, amos anda...


Pues se la han complicado. La mayoría social ha tomado partido a favor de la lucha de las futbolistas y, si los pactos alcanzados se cumplen, que esa es otra, a la Federación Española de Fútbol no acabará conociéndola ni la madre que la parió. Andreu Camps, el todopoderoso secretario general de la Federación y mano derecha de Rubiales, ya ha caído también. Tras él le ha tocado el turno a Miguel García Caba, responsable del Área de Integridad de la RFEF. Si se cumplen los pactos, la lista continuará creciendo.


De los logros de las futbolistas de la selección se beneficiarán no solo ellas, sino todas sus compañeras de categorías inferiores y las generaciones de mujeres jóvenes que vienen detrás. También los hombres, aunque el comportamiento de los jugadores actuales haya sido, y continúe siendo, vergonzoso. Hasta las jugadoras de Australia difundieron un comunicado de admiración y apoyo a sus colegas: "Estamos con las futbolistas españolas –escribieron- y apoyamos su propósito de mejoras, un lugar de trabajo seguro donde sus derechos sean respetados y sus voces escuchadas".


La pelea de nuestras campeonas ha ayudado a mucha gente a abrir los ojos y a que el machismo recule. Como ha escrito Xabi Alonso en su cuenta de Twitter: "Nuestras hijas recordarán en el futuro por lo que pelearon estas mujeres. Aquello por lo que están luchando es bueno para el fútbol, pero también para la sociedad". Y es verdad, ha sido una victoria social, un paso histórico en la lucha por la igualdad que trasciende mucho más allá del mundo del fútbol.


Queda todavía tiempo para que podamos bajar la guardia, pero de momento... ¡Gracias, campeonas! Y este martes, ¡a ganarle a Suiza!


J.T.

lunes, 18 de septiembre de 2023

¡Qué largo se está haciendo este Septiembre!


Está siendo un mes muy pesado, aburrido, crispado, demasiado previsible este septiembre. El día 26 aparecía muy lejos en el calendario y aún lo parece. No llega nunca la investidura, o la no investidura, de un Núñez Feijóo que no sabe cómo demonios rellenar la agenda, el pobre! Ahora le tiro los tejos al PNV, ahora me veo con Pedro Sánchez para proponerle derogar el sanchismo, ahora me tapo la nariz y le pongo ojitos a los catalanes de Junts… A la legua se ha ido notando que ni él mismo se creía este paripé, esta crónica bufa de la que ni sus medios más incondicionales han conseguido sacar petróleo.

Tanto vacío por delante, tanta pista libre había que ocuparla como fuera y a fe que ha acabado haciéndose a conciencia: ¡zafarrancho en las redacciones! Busquemos a todos los resentidos con  Sánchez, da igual que algunos no se tengan en pie, traedlos en ambulancia si es necesario, cancha a cuanto socialista esté dispuesto a poner a parir al actual presidente “en funciones”, remárquese siempre lo de “en funciones”, que quede claro. Quitemos el foco del pobre candidato y situémoslo en los malvados y malvadas que se proponen amnistiar a Puigdemont y compañía.

Como viene siendo habitual desde hace ya demasiado tiempo, Felipe y Guerra no tardaron en dejarse querer, pero no era suficiente. Cuantos más mejor, y ahí estaban Almunia, Page, Lambán, dispuestos a echar leña al fuego. El fantasma golpista de Ferraz en octubre de 2016 redivivo con nuevas piezas de apoyo, personajes como Borbolla o Tomás Gómez, sacados vaya usted a saber de qué polvoriento baúl de los recuerdos. Da igual que mucha gente joven no sepa ni quiénes eran, pero militan en el PSOE y cargan contra Sánchez, así que bienvenidos sean, y si  les quitan el carnet como a Nicolás Redondo, toda nuestra solidaridad.

Para redondear la faena, en este baile no podía faltar Pedrojota, dispuesto a poner palos en las ruedas cada vez que se atisba la formación de un Gobierno de izquierdas. Un empeño al que también se ha unido de mil amores esta vez Juan Luis Cebrián, faltaría más. Y Ayuso, y el inefable Jose María Aznar llamando a la rebelión… Había que ponerle color a este inacabable septiembre y entre unos y otros bien que han terminado proporcionándoselo. Otra vez sacando a pasear el “se rompe España” de las narices, ¡pero qué pesados! ¡cuánta veleidad golpista en los gurús periodísticos y políticos “progres” de la Santa Transición! Claro que esos ladridos significan que no cabalgan mal quienes leen los resultados del 23J como lo que en realidad fueron: que la España de hoy es plural, diversa y muy diferente ya a la de 1978.

El Partido Popular y sus adláteres, ya sean mediáticos o judiciales, no dan la impresión de estar por la pluralidad que define este país. Más bien parecen empeñados en partirlo en dos. Muchos mal llamados periodistas arrastran una y otra vez la profesión por el fango prestándose a ello pero les da igual, ya no saben ganarse la vida sin corromperse. No habría estado mal que estos días de Septiembre hubieran sido algo más aburridos, pero no. Antes crispados que aburridos. Y en esas andamos.

Hasta a lo del pinganillo han tenido que sacarle punta. Los auriculares de traducción simultánea parece que llegan ya esta semana al Congreso. Los diputados podrán expresarse en catalán, euskera o gallego y la imagen de sus señorías con el pinganillo en la oreja será sin duda la foto más buscada. Se trata de algo que tenía que haber ocurrido hace muchos años y que por fin parece que va a ser posible… aunque mucho me temo que no sin que más de uno, o una, se empeñe en dar la nota con el asunto. Que si la logística es complicada, que si los intérpretes cuestan mucho dinero… Pegas que no tienen un pase porque todas son fácilmente rebatibles, de hecho en el Senado el reglamento permite desde 2005 emplear cuatro idiomas en la comisión de las Comunidades Autónomas; en el Parlamento Europeo se usan veinticuatro…

Pero hay que dar la turra con lo que se tenga a mano, aunque sea organizando manifestaciones surrealistas, lo que sea con tal de ir tapando los días hasta que llegue el 26. ¡Qué largo se está haciendo este septiembre!

J.T.

sábado, 9 de septiembre de 2023

La derecha saca en procesión a Guerra y a González

Me pregunto qué necesidad tienen Felipe González o Alfonso Guerra de acudir a Onda Cero o la Cope para soltar sus diatribas contra el Gobierno de coalición, contra Pedro Sánchez o contra una posible amnistía si en estos tiempos modernos les bastaría con abrirse una cuenta en instagram y convertirse en influencers de primera sin ni siquiera salir de casa. Con el hambre de protagonismo que manifiestan, alguien debería decirles que con unos pocos metros cuadrados en un rincón, un micrófono y una cámara, igual hasta superaban en las redes a Ibai Llanos y compañía.

Todos los días soltando doctrina, argumentario, o espumarajos por la boca, da igual. La clientela y la redifusión las tienen garantizadas, con quienes piensan como aquel señor que propuso fusilar a 26 millones de españoles, o con tantos periódicos y televisiones como hay dispuestos a tirar del copia y pega para difundir sus sabrosas diatribas. No solo Telecinco, Cuatro, la Sexta o Antena Tres estarán encantadas de reproducirlas: también Televisión Española, dispuesta como siempre a proporcionar altavoz a las frases más agresivas de tan augustos próceres contra todo lo que huela a Pedro Sánchez sin situarlas en contexto y sin réplica por parte de nadie.

"Me rebelo", suelta Alfonso Guerra, y el noventa por ciento de los medios ya están frotándose las manos, ya hay titular, ya hay tema de apertura. Como este Feijoó es un pánfilo y anda más perdido que un pulpo en un garaje, habrá que echarle una manita. Nadie explica por qué insisten en tratar como un problema que se trabaje  políticamente para que posibilitar un gobierno progresista que refleje la pluralidad que el país manifestó en las urnas; nadie explica que, en estos momentos, solo un gobierno progresista de coalición está en condiciones de buscar pactos para consolidar una agenda de convivencia social y política.

Combaten la idea a base de trazo grueso “olvidando” un pequeño detalle: que todo lo que no sea un gobierno de progreso en estos momentos es fascismo, que para que los días 26-27 Feijoó pudiera ser investido se necesita contar con los votos (que nunca serían gratuitos) de esa ultraderecha empeñada en hacernos volver al pasado más infame. 

Como bien ha dicho José Montilla, Felipe y Guerra nunca abren la boca cuando hay que ayudar. También Rafael Escuredo ha lamentado públicamente no coincidir con los que él llama sus “referentes políticos". Perturba y desconcierta este regreso a los ruedos de los dos primeros espadas que hace cuarenta años se pusieron al frente de los destinos del país. 

Resulta difícil creer que estas maniobras orquestales encabezadas por dos antiguos amigos que al final terminaron entre ellos como el rosario de la aurora y estuvieron mucho tiempo sin dirigirse la palabra se deban a la casualidad. En este mes de septiembre de compás de espera hasta la investidura, queda demasiado tiempo libre que rellenar, tanto en la actividad política como en la periodística, así que los medios agradecen que haya carnaza para las primeras páginas, y qué mejor que sacar en procesión a las imágenes sagradas de la Santa Transición al grito de "que se rompe España", que "los cimientos de la democracia están siendo atacados" ¡Qué pesados!

Están dando tanto la matraca que hasta que no se vote el 27 y la investidura de Feijoó fracase, si es que fracasa, no nos vamos a poder quedar tranquilos. Que 4 de los 121 escaños socialistas acaben seducidos por tanto canto de sirena es una posibilidad que más vale no descartar.

Mi compañera Ana Pardo de Vera recuerda en una de sus más recientes columnas cómo el miércoles 20 de septiembre, solo a seis días de las sesiones de investidura y "en plenas negociaciones para intentar que se reedite el Gobierno PSOE-Sumar, el expresidente presenta las memorias de su exvicepresidente en el Ateneo de Madrid, La rosa y las espinas." ¡Qué extraña coincidencia!

Lo dicho, menudo éxito si deciden hacerse influencers en las redes. Lo petarían soltando frases como la última lindeza de Guerra: “Esta amnistía es la condena de la Transición”, ha dicho. Tomo prestada para contestarle una frase de Emilio Silva: “Quizás la transición se condenó a sí misma al dejar impunes miles de violaciones de derechos humanos de la dictadura franquista y las cunetas de España sembradas de cadáveres de civiles republicanos.

J.T.

martes, 5 de septiembre de 2023

Ese limbo en el que viven los futbolistas de la selección


Me gustaría saber cuántos de los jugadores de la selección española han llamado a sus compañeras para solidarizarse con ellas, me gustaría saber cuántos niños bonitos que ganan millones a espuertas les pusieron un mensaje por lo menos para felicitarlas cuando el 20 de agosto ganaron el Campeonato Mundial de Fútbol. Y si no las llamaron ni les escribieron, cuántos expresaron públicamente su alegría por el acontecimiento. Igual ni se molestaron en ver el partido. 

Entendería que no lo hubieran hecho, porque quien las haya visto jugar, una de las cosas que habrá comprobado es que lo hacen estupendamente, que las mujeres que se dedican a jugar el fútbol en España practican un juego más bonito y honrado que el de ellos. Daba gusto disfrutar de la verticalidad con la que disputaron la final del Mundial en Sidney, comprobar la visión de juego que tiene Bonmatí, la audacia de Carmona, la peligrosidad de Perelluelo, la insistencia de Mariona… Respetaban el fútbol jugando al fútbol, se quejaban lo mínimo, no hacían teatro cuando eran objeto de falta… Nada que ver con el insulso espectáculo –por no llamarlo fraude directamente- que esa misma tarde ofrecieron el Barça y el Cádiz en la correspondiente jornada de liga. Me refiero a ese partido porque lo televisaron pocas horas después de la final de Sidney y no admitía comparación, pero podríamos estar hablando de cualquier otro. 

El melifluo, deslavazado y grosero comunicado de apoyo a sus compañeras que los jugadores de la selección masculina leyeron este lunes día 4 en Las Rozas igual tiene algo que ver con eso: ellas, a pesar de estar rodeadas de machistas y acosadores de medio pelo, se están abriendo paso y reclamando su espacio en un coto hasta hace poco cerrado a cal y canto. Y lo están haciendo a base de jugar mejor, proporcionar espectáculo, divertir, divertirse y ganar. Hechos consumados.  

Los chicos de la selección masculina han quedado en evidencia y lo saben. El mundo de privilegios en el que viven parece que les aísla del mundo real. O por lo menos de cierto mundo real del que les distancia también, sobre todo, el saldo de sus cuentas corrientes. Ver salir de los campos donde entrenan a estos jóvenes cuya media de edad ronda los 25 años con sus carísimos bólidos camino de casa es ya un espectáculo obsceno en sí mismo.  

Viniendo de ese mundo entre algodones, parece lógico deducir que no sepan gestionar lo que está ocurriendo. Ni se les debía haber pasado por la cabeza que mujeres que se abren paso a codazos con salarios que nada tienen que ver con los suyos pudieran llegar a ser campeonas del mundo ¿Y ahora qué? Tampoco parecen haber digerido que la persona que presidía la institución a la que ambas selecciones pertenecen haya llegado a copar portadas de periódicos y programas de televisión de todo el mundo por comportarse como un triste macarra, un machista malencarado, un troglodita irredento que ha mostrado a los cuatro vientos la caspa que todavía nos queda por sacudir.  

A los jugadores de la selección les hubiera gustado poder continuar escaqueándose y no tener que pronunciarse sobre el flagrante episodio de violencia machista que todos presenciamos, primero porque la capacidad de expresarse en público de la mayoría deja mucho que desear y segundo porque muchos seguro que están todavía intentando entender qué demonios es lo que ha pasado. Pero hete aquí que han sido convocados para jugar dos partidos internacionales y, si no se pronunciaban, les iba a pillar el toro. De acuerdo, comparecemos, leemos un comunicado condenando el comportamiento de Luis Rubiales y nos dejáis en paz, ¿vale? Que tenemos cosas más importantes que hacer. Esto vinieron a decir. Ni siquiera se molestaron en elegir como portavoz a alguien que supiera entonar cuando lee.  

Para poca salud, ninguna, dice el refrán; para quedar en evidencia como lo hicieron, más les hubiera valido quedarse calladitos. La puesta en escena era un cuadro, las caras de los capitanes, un poema, la postura de Álvaro Morata durante el minuto y medio que estuvo leyendo, sin levantar la cabeza durante todo ese tiempo, elocuencia pura. Pocas veces el lenguaje corporal resulta tan descriptivo. Estaba claro que para ellos se trataba de un marrón que tenían que quitarse de en medio cuanto antes. Decimos buenas tardes, leemos el texto (tan ambiguo y frío como falto de contundencia), saludamos, nos levantamos y nos vamos. 

Y además sin preguntas. Piensan que así han solventado el asunto. Pues están muy equivocados. Lo que ocurrió tras la victoria de las futbolistas españolas en Sidney es una bola de nieve que, aunque tarde su tiempo, acabará arrollando a quienes no sepan leer correctamente la situación. Nada va a ser ya igual, por mucho que el Tribunal Administrativo del Deporte maree la perdiz, por mucho que cueste meter mano en una institución tan añeja y corrupta como la Federación Española de Fútbol, por mucho que cueste levantar de sus sillones a tanto bienpagao dispuesto a defender sus privilegios con uñas u dientes.  
Si acaban entendiendo por dónde va la linde, por dónde discurren los usos y costumbres de estos tiempos, los futbolistas tienen en estos momentos una oportunidad de oro para demostrar que, como hacen en el campo (no siempre), saben leer el juego, adelantarse al contrario, enhebrar una buena jugada y meter gol. A día de hoy, sus compañeras les están comiendo el terreno en un partido que trasciende mucho más allá del fútbol mismo.  

Nos gustaría que a partir de ahora –terminaba el comunicado de 222 palabras leído a trompicones por Morata- nos pudiéramos centrar en cuestiones deportivas ante la relevancia de los retos que tenemos por delante.” 

Pues va a ser que no. 

J.T.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Carta a un amigo que se volvió facha


Permíteme una pregunta, querido Ramón, ¿de verdad te crees las cosas que dices? ¿De verdad te gustan las barbaridades que suelta Ayuso? ¿De verdad te parecen bien los pactos con Vox en ayuntamientos y autonomías? Cuando sostienes que Moreno Bonilla o García Page son buenos gobernantes, ¿lo dices en serio? ¿Eres tú, de verdad? A veces, cuando por ejemplo sueltas los exabruptos que te escucho sobre Irene Montero, Echenique o Belarra, créeme que me cuesta creer que estoy hablando con uno de mis amigos de toda la vida. 

¿Qué ha sido de aquel Ramón con quien yo iba a las manifestaciones en los últimos años del franquismo? Por estos días de hace cincuenta años recuerdo que lloramos juntos cuando nos enteramos que había muerto Pablo Neruda, lo han matado, aullábamos, a galopar, a galopar, cantábamos a voz en grito acompañados por la misma guitarra con la que interpretábamos “La nana de la cebolla” ¿Qué ha sido de aquel Ramón, querido amigo? ¿Qué te ha pasado para que ahora hayas votado a Feijoó después de haber estado a punto, tuviste la papeleta en la mano, de votar a Vox? 

Hiciste oposiciones, te has jubilado como catedrático de instituto, tus hijas se ganan bien la vida desde hace años, tienes las necesidades cubiertas aunque no eres rico, siempre fuiste una persona con criterio propio… ¿cómo entonces me repites entusiasmado cuando nos vemos las crispadas homilías mañaneras de Losantos o de Herrera? No me puedo creer que pienses en serio que este Gobierno de coalición actuó mal cuando la pandemia nos hizo temblar a todos. Tienes gente a tu alrededor que sin las medidas que se tomaron igual no lo habrían contado, gente también que se pudo arruinar y ha vuelto a salir a flote. Sé que tú todo eso los sabes y lo valoras… ¿entonces? 

Habrás comprobado que últimamente ya no discuto contigo. Sé que no tiene sentido y me da mucha pereza porque a pesar de todo quiero seguir siendo tu amigo, por eso desconecto y no entro al trapo cuanto te escucho defender las mentiras que en las teles repiten sin parar. Durante mucho tiempo leímos los mismos libros, nos indignábamos con las mismas injusticias, buscábamos la manera de poner nuestro granito de arena para que este mundo fuera un poco mejor, pero de un tiempo a esta parte las cosas han dejado de ser como eran.  

Dime, amigo, ¿estoy equivocado al querer continuar entendiendo la vida como la entendimos tú y yo durante tanto tiempo? ¿Tendría que haber evolucionado como tú, acaso me he quedado “anclado en el pasado”? Intento entender tus razones y no lo consigo. Sé, porque te conozco bien, que no eres de los que piensa que si gobiernan las izquierdas te van a quitar la casa en la que vives o lo poco que tienes ahorrado, sé también que nunca te dejaste llevar por filias o fobias con facilidad, que valoras la importancia de la sanidad que tenemos… 

Por eso estoy desconcertado, amigo, porque me cuesta asumir que cuando votas ahora lo haces por quienes defienden la intolerancia, la crispación, la insolidaridad, el sálvese quien pueda y quien venga detrás que arree; me cuesta asumir que tu voto es el mismo que el de Rafael Hernando o Cayetana Álvarez de Toledo y que a punto ha estado de ser el mismo que el de García Gallardo o Rocío de Meer. 

Aunque tanto tú como yo crecimos rodeados de ese silencio en que la posguerra sumió a nuestras familias, conocemos bien lo que significó la guerra civil. Por eso no te entiendo cuando te alineas con quienes vituperan la memoria histórica. Tenemos familia que emigró a Alemania o a Suiza para salir de la miseria, por eso no entiendo que compartas ahora estantería ideológica con quienes demonizan la inmigración; vivimos de cerca episodios de violencia machista, ahora tenemos hijas, ¿no te parece que viven en un mundo mejor gracias a las políticas del ministerio de Igualdad? 

No sé qué nos ha pasado, Ramón, solo sé que me da mucha pena constatar, como escribió precisamente Neruda, que “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. 

J.T.

La derecha no tiene obligación de ser cavernícola


Alguna vez, digo yo, ha de ser posible que exista una derecha decente en España. Porque seas de derechas no tienes la obligación de corromperte ni trincar comisiones o sobresueldos ¿o sí? Porque seas de derechas no tienes que mentir por sistema, no tienes que desacreditar a quien no piensa como tú, no tienes que defender a ultranza el machismo que no conseguimos sacudirnos ni tampoco aliarte con los trogloditas que lo alimentan, los mismos que niegan la violencia de género y los derechos de la mujer.

Porque seas de derechas no tienes obligación de ser racista, ni mucho menos negarle el pan y la sal a quienes huyen de la miseria en su país de origen y contribuyen con su trabajo aquí a la prosperidad de quienes los criminalizan. En ningún sitio está escrito que ser de derechas obligue a quitar de las calles o de las bibliotecas los nombres de quienes pensaron diferente pero dotaron a este país de prestigio con su arte, con su trabajo, con sus ideas… Porque seas de derechas no tienes que empeñarte en mantener los privilegios de la Iglesia, ni tampoco la monarquía.

Derecha no tiene por qué ser sinónimo de crispación. Las personas de derechas que nos representan en las instituciones no tienen por qué dedicarse a insultar al adversario en lugar de argumentar, confrontar de manera civilizada e intentar ganar los debates y las elecciones sin meterle el miedo en el cuerpo a la ciudadanía. El independentismo es legítimo, la defensa de los usos, costumbres e idiomas de cada territorio es legítima y constitucional. Lo saben de sobra, ¿por qué lo ignoran entonces?

Ser de derechas no obliga a olvidar nuestra historia, ni a repetir los mismos errores que no hace demasiado tiempo llevaron este país a la ruina. Las personas de derechas, aunque ellas se empeñen tantas veces en lo contrario, pueden ser también civilizadas, bien habladas, pueden llegar a acuerdos. Que sí, señor Feijoó; que sí, señora Ayuso.

Un partido de derechas que apostara por sacudirse el fascismo de sus pactos políticos, que reconociera la riqueza que supone tener un país tan diverso en lugar de machacar los anhelos de buena parte de la ciudadanía sería una formación política que, además de contribuir a que nos proporcionáramos entre todos una convivencia con menos estrés, con menos histerias, con menos exabruptos, sin duda podría acabar convenciendo a más gente para que lo votara.

Cuando el actual PP sale a la caza de votos en las elecciones o, una vez celebradas estas, a la búsqueda de escaños que sumen para gobernar, a día de hoy solo cuenta con el soporte de los ultras para conseguirlo. Estoy seguro que en el seno de la propia formación, y entre las muchas mentes pensantes que conectan y simpatizan con  ella, saben buscar una manera de hacer las cosas más productiva para sus intereses.

Permítanme que insista: la derecha en nuestro país no tiene obligación de ser cavernícola. Seguro que, si quisieran, podrían conseguir parecerse a los civilizados partidos de derechas de otros países europeos, seguro que sabrían cómo huir de tentaciones trumpistas, cómo no alinearse con quienes hablan de "volver al combate" tratando así como enemigos a quienes no piensan lo mismo que ellos. A ver cuándo asumimos que en política lo que existen son adversarios;  si hay quien piensa que somos enemigos… mal vamos.

Si el Feijoó que hace menos de dos años aterrizó en Madrid como mesías de la derecha hubiera entendido esto, no andaría ahora en la patética y ridícula situación en que se encuentra. No habría sembrado los vientos que le llevan estos días a recoger tempestades. Los partidos políticos que no quieren hablar con el PP lo hacen porque han sido vituperados, insultados y hasta criminalizados por Feijoó y quienes aún parecen alineados con él pero andan ya con los cuchillos afilados en el cajón esperando el momento oportuno para sacarlos. No, señor, no hay por qué adoptar el lenguaje de los frentistas y los intolerantes para pilotar un partido de derechas.

Se puede ser de derechas y no por ello dejar de reconocer el mérito que en estos últimos cuatro años tuvo el Gobierno de coalición para sortear los contratiempos más duros con los que un ejecutivo ha tenido que enfrentare aquí en muchas décadas. Se puede ser de derechas y valorar las mejoras sociales que hicieron más llevaderos estos tiempos difíciles a buena parte de la ciudadanía. Se puede ser de derechas y luchar contra las injusticias, se puede ser de derechas y no por ello abandonar a su suerte a quien no tiene la fortuna de poder pagarse sus necesidades básicas.

Una derecha decente no tiene por qué dar el miedo que da este PP. Feijoó ha perdido su oportunidad pactando en ayuntamientos y comunidades autónomas con el mismo partido que dijo que, si gobernaban, incendiarían Catalunya y eliminarían la España de las autonomías. Mirar hacia el fascismo no era ni puede ser nunca la opción. Ese ha sido el peor error que ha de llevar a cuestas el "candidato" durante este mes de septiembre que tiene pinta de convertirse para él en un calvario interminable. ¡Qué lejos está aún el día 26! 

J.T.