La décima edición del homenaje a “La Desbandá” ha terminado. Diez años ya. A juzgar por lo desconocida que aún resulta la historia para el común de la ciudadanía, estos diez años son todavía muy pocos. Así que voy a contar una vez más a qué rendimos homenaje y qué sucedió exactamente en febrero de 1937. Lo haré reproduciendo aquí lo que se explica en el folleto que el equipo que se encarga de organizar la marcha a pie entre Málaga y Almería, va repartiendo por los lugares por donde caminamos:
“En Andalucía, tras la sublevación militar de un grupo de generales africanistas contra el Gobierno de la Segunda República en julio de 1936, gran parte de las provincias de Cádiz y Sevilla quedaron rápidamente en manos de los golpistas.
Desde el primer momento, las personas vinculadas a simpatizantes del Frente Popular, coalición que había ganado las elecciones en febrero de ese año, sufrieron una durísima represión.
El clima de terror, violencia y persecución ejercido por las tropas sublevadas provocó que miles de personas huyeran de sus hogares hacia zonas que aún permanecían bajo control republicano como Ronda, Antequera o Estepona.
A medida que los sublevados avanzaban e iban ocupando territorio republicano, se producían nuevos desplazamientos hasta recalar en la ciudad de Málaga. Este primer éxodo de población es conocido como “La Huía”. Se calcula en 90.000 las personas que llegaron huyendo hasta Málaga, a comienzos de febrero de 1937, en busca de refugio.
Ante la inminente entrada de las tropas sublevadas en la ciudad, malagueños y refugiados emprendieron la huida por la única salida posible: la carretera de la costa en dirección a Almería. Comenzaba así una marcha masiva conocida como “La Desbandá”, considerada una de las mayores evacuaciones civiles en la historia contemporánea de Europa.
Las causas de esa desesperada y caótica huida hay que buscarlas en:
- la estrategia de pánico utilizada por las tropas golpistas,
- las aterradoras amenazas de Queipo de Llano por la radio,
- los desmanes de las tropas marroquíes,
- la falta de organización en la defensa de la ciudad,
- la ausencia de liderazgo militar y
- el escaso apoyo efectivo del Gobierno republicano.
Estas circunstancias causaron entre la población civil una sensación de desprotección que aumentó cuando dirigentes políticos y militares abandonaron la ciudad de Málaga, lo que generó una sicosis colectiva que empujó hacia la huida masiva. Se estima que alrededor de 300.000 personas participaron en aquella marcha forzada en pleno invierno, sin alimentos ni agua, con frío, cansancio y sin lugares donde refugiarse.
Las condiciones fueron extremadamente duras, pero aún fue peor por la violencia sufrida. Los huidos fueron
- bombardeados desde el mar por la escuadra franquista,
- atacados desde el aire por la aviación italiana y alemana y
- perseguidos por tierra por tropas motorizadas.
Se ejecutaba así el primer gran ataque de un ejército moderno contra población civil indefensa, un hecho inédito que desgraciadamente se repetiría meses después sobre Gernika (Vizcaya) y unos años más tarde en toda Europa. Un mínimo de 5.000 personas murieron o desaparecieron en la carretera y otras muchas fueron capturadas al intentar regresar a sus lugares de origen. Quienes fueron detenidos sufrieron cárcel, torturas, fusilamientos o la pérdida de sus bienes y todos padecieron el menosprecio y la desconsideración de parte de sus vecinos.
Alrededor de 150.000 refugiados lograron llegar a Almería, donde la autoridades republicanas organizaron su acogida y posterior evacuación a otros puntos del litoral mediterráneo. Pese a la magnitud del crimen, “La Desbandá” ha permanecido largamente silenciada, escondida tan solo en la memoria de quienes la padecieron.
Desde el año 2005, asociaciones memorialistas realizan durante los meses de enero y febrero diferentes actos para la difusión y el conocimiento de estos hechos, y desde 2017 se realiza una marcha integral a pie que recorre durante diez días las costas de Málaga, Granada y Almería.
La propaganda franquista trató y consiguió que aquellos refugiados fueran percibidos por la opinión pública con sentimiento de repulsa y como portadores de un espíritu destructivo, cuando en realidad fueron víctimas de uno de los episodios más crueles y despiadados de una guerra que nunca debió haber sucedido.
Por ello, reconocimiento y gratitud a aquellos huidos por defender los valores democráticos de libertad, igualdad y equidad. El año que viene se cumplirán 90 años de esta tragedia pendiente aún de verdad, justicia y reparación. Seguiremos caminando.
J.T.






