Y con el alma encogida. Y con el corazón encogido. Se extiende el luto en nuestro ánimo mucho mas allá de los tres días oficiales. Cuesta recuperar el tono tras la sacudida del pasado miércoles cuando, de manera inentendible, un ave arrolló a otro tren de alta velocidad entre los almendrales toledanos. Cuesta asumir que haya quien, como la ultraderecha, desprecie minutos de silencio institucionales en homenaje a las víctimas, ignorando así la pena de un país entero, y luego sea capaz de dormir a pierna suelta tras repetir de mitin en mitin sus infames mensajes de odio.
Somos muchos los que llevamos días durmiendo con las piernas y el alma encogidas ¿Es esto lo que nos espera de aquí en adelante? Esta caterva de insolidarios carente de empatía ¿es la que va a gestionar nuestras vidas tras la convocatoria electoral del próximo 29 de noviembre? Estaría bien que no perdiéramos la perspectiva y pusiéramos el foco donde de verdad hay que ponerlo. Lo que ha ocurrido es un inmenso horror. Inasumible, como desde el primer día declaró el presidente del gobierno. No puede volver a suceder y para ello hay que indagar sin descanso hasta el final y exigir todas las responsabilidades caiga quien caiga.
Esta campaña electoral ya no será la misma. La ultraderecha está dispuesta a pescar todo lo que pueda en estas aguas revueltas y es nuestra obligación plantar cara. Urge dar con la tecla que impida a los fascistas campar por sus respetos transgrediendo las reglas de la más elemental convivencia. La democracia tiene que encontrar el antídoto para que no continúen sirviéndose de ella justo quienes aspiran a liquidarla. Si no quieren ser como ellos, tiene estos días el Partido Popular una oportunidad única para desmarcarse. Una derecha democrática, como de momento todavía afirman ser, no puede continuar anunciando que gobernará con quienes esgrimen tamaña falta de empatía con las víctimas de una tragedia tan espantosa.
No puedo entender que manteniéndose como se han mantenido los fascistas de Vox al margen del dolor general, el tratamiento informativo de su canallada sea tan complaciente. Se les otorga tremenda cancha, se les proporciona altavoz a sus iniquidades para que amplifiquen tanto sus amenazas como sus anuncios de restricción de libertades si llegan al poder, y parece que no nos demos cuenta que por este camino nos acabarán ganando la partida por goleada ¿De verdad estamos dispuestos a que nos gobiernen quienes anuncian que nos van a quitar libertades y avances democráticos arañados durante décadas?¿De verdad a quienes les aplauden y ríen las gracias les puede traer sin cuidado que todo acabe yéndose al carajo?
La pesadilla que hemos vivido estos días no puede derivar en la llegada de los intolerantes al poder. Ellos no van a hacer prisioneros, así que quienes decidan votarlos han de saber, tanto si son pensionistas como jóvenes sin vivienda o trabajadores mal pagados, que después su vida va a ser una vida mucho más de mierda de lo que lo pueda ser ahora.
Hemos de darles una lección a quienes, estando ahora en el poder, no han hecho bien sus deberes, pero el remedio no puede ser peor que la enfermedad. Existen opciones para mejorar las cosas en el abanico electoral. Solo hay que mirar bien y escuchar mejor. No solo existe la posibilidad de que todo siga igual para que no lleguen los ultras, hay otras opciones y otras papeletas para meter en las urnas, con candidatas y candidatos que pelearán desde el minuto uno por mejorar nuestra calidad de vida, la convivencia y la seguridad, que aumentarán las partidas presupuestarias donde más falta haga y lo detraerán de aquellas otras, como el armamento por ejemplo, cuyo despilfarro es indefendible.
Existen opciones políticas a las que votar que apuestan por acabar con la especulación, con los salarios de miseria y las dificultades para llenar la nevera. Que quieren acabar con las siderales prebendas de los más ricos y con el vicio de privatizar sin medida. Se va a poder elegir bien si queremos, por mucho que se empeñen en repetir que la llegada de las derechas ultras al poder es inevitable.
Esta campaña electoral estará definitivamente marcada por el trágico accidente de trenes ocurrido el pasado 28 de octubre. Sus secuelas y sus efectos nos acompañarán cada día, pero eso no tiene por qué significar que todo esté perdido, como tanto pájaro de mal agüero se empeña en pronosticar. No hay por qué resignarse a vivir todo el tiempo con el alma en vilo. Me niego a continuar durmiendo con las piernas encogidas.
J.T.
