lunes, 26 de enero de 2026

El papa León XIV y el periodismo


En mayo de 2025, el recién entronizado papa León XIV, estadounidense nacido en Chicago con nacionalidad también peruana, soltó la siguiente perla: "Ser periodista nunca es un delito" ¡Vaya! Menos mal, si no lo llega a decir, no lo sabríamos. Ese día, durante su primera audiencia con la prensa, el jefe de los católicos pidió la liberación de los reporteros encarcelados en muchos países por "buscar y comunicar la verdad" y condenó además la persecución global a la libertad de expresión. En octubre insistió en que el periodismo es un bien público que debe protegerse, e instó a los medios a combatir mentiras y manipulaciones. 


El sábado pasado, en su mensaje para el Día Mundial de las Comunicaciones que se celebrará en mayo, alertó contra el "clickbait", el término que se utiliza para definir la técnica de marketing digital que utiliza titulares sensacionalistas, exagerados o engañosos con objeto de aumentar el tráfico web y los ingresos publicitarios. Y ha vuelto a pedir a los periodistas priorizar ética, transparencia y precisión para ganar confianza pública. "Construyan una comunicación libre y dialogante, inspirada en la búsqueda de la verdad", ha insistido una vez más. No sé si sabe el poco caso que le van a hacer, pero aún así enfatizó la importancia que para él tiene el papel de los medios de comunicación a la hora de promover la paz y rechazar prejuicios. 


Este tipo de pronunciamientos posicionan en principio a Rober Prevost como aliado de la prensa libre. Pero después de tantos años de resistencia vaticana a que la prensa desvelara muchos escándalos por pederastia perpetrados por curas y obispos, esas exhortaciones resultan sospechosas. Es verdad que al lado de Pío XII, o de Wojtyla, este tipo de declaraciones por parte del inquilino actual del Vaticano tienen otra música. Aún así, no debemos olvidar que la iglesia católica no fue nunca un adalid de la libertad de expresión. Me temo que lo que ha pasado es que el actual papa ha descubierto por fin, y asumido, que en el mundo en el que vive, la información ya no se puede controlar desde un púlpito. 


Es bueno recordar el famoso Índice de Libros Prohibidos, vigente desde el siglo XVI hasta 1966, que censuró obras de Galileo, Voltaire o Jean Paul Sartre por atentar contra la fe o la moral. La Inquisición quemó herejes y libros en autos de fe, además de suprimir ideas disidentes en nombre de Dios. En la España franquista, la Iglesia colaboró en la censura de posguerra y vetaba todas aquellas publicaciones impresas que consideraba peligrosas. Y así sucesivamente.


Se agradece que León XIV proclame ahora que la información es libertad, pero el problema es que a la iglesia nunca le gustó esa libertad. Así que la ironía es deliciosa: la institución que ahora defiende la libertad de expresión es la misma que hasta no hace mucho andaba por el mundo quemando libros y herejes. Me va a costar creérmelo. Es más, no me lo creo.


J.T.

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