domingo, 25 de enero de 2026

Adamuz. El mal periodismo no ha ganado esta vez



Lo han intentado. Sabíamos que no dejarían pasar la oportunidad y no nos defraudaron. Los profesionales de la desestabilización empezaron a desinformar a los pocos minutos de la tragedia de Adamuz. A Inda, Pedrojota, Ana Rosa, Nacho Abad y compañía les faltó tiempo para comenzar a infestar las redes y las pantallas de insidias y mal rollo. No importaban las causas reales del accidente que provocó el choque de trenes, ni las víctimas, ni la ansiedad o el desconsuelo de tantas familias afectadas. Si tienes en tus manos el instrumento perfecto para sembrar confusión, ¿para qué te vas a preocupar por su carácter de servicio público? Pero esta vez, los vocacionales del fango han quedado en minoría.


“Van a ser días que retraten la categoría humana de unos y la miseria moral de otros”, advirtió alguien ya en las primeras horas. Acertó. Lo que pasa es que los amorales ya no sabe ni ser originales. Lo que se inventan ya no sorprende porque hemos llegado a conocerlos tanto que ya sabemos lo que van a inventar antes de que lo inventen. Mientras los vecinos se volcaban con los supervivientes y todos los mecanismos de auxilio actuaban a pleno rendimiento, las peores artes de los peores informadores demostraban una vez más lo poco que les importa el ánimo colectivo de un país que empieza a estar hasta las narices de tanto ruido, de tanto titular tóxico cada vez que nos toca sufrir una desgracia. Pasó con el accidente de Angrois, donde algunos decidieron juzgar antes de entender, pasó con la vergonzosa gestión política e informativa de la dana en Valencia, pasó con el atentado de Atocha, de infausta memoria, y vuelve a ocurrir ahora con Adamuz. De nuevo a sembrar dudas sin pruebas, a intentar erosionar la confianza colectiva y alimentar el malestar buscando la indignación de la ciudadanía con los gestores políticos.


Esta vez además, ¡oh casualidad!, la ocasión la pintaban calva. ¿Cómo desaprovechar la oportunidad de “vengarse” del ministro Óscar Puente, a quien todo el aparato de la derecha mediática y política se la tiene jurada desde aquel “de ganador a ganador” que le soltó a Feijóo en el Congreso? Daba igual que hasta el presidente de la Junta de Andalucía, del PP, se negara a seguirles el juego y los cortara en seco cada vez que era objeto de preguntas insidiosas. “Lo primero son las víctimas y sus familias, repetía una y otra vez Moreno Bonilla, cada cosa a su tiempo”. La ultraderecha se lanzó a la yugular desde el minuto uno, pero esta vez los populares, al menos durante unos cuantos días, supieron comportarse con un cierto comedimiento. Tampoco es que haya sido para tirar cohetes, pero algo es algo.


A mitad de semana Miguel Ángel Rodríguez y su ínclita asesorada, desesperados con el ataque de institucionalidad de su partido, decidieron coger el fusil y disparar: “El Gobierno ha impuesto la ley del silencio porque sabe que esta vez no tienen a quién culpar, espetó Ayuso apenas vio la oportunidad. Necesitan ganar tiempo, como en el apagón, para buscar culpables y despistar", continuó diciendo, para rematar quejándose porque el funeral de Estado del próximo día 31 se celebre en Huelva y no en Madrid. Las decenas de panfletos que subvenciona la Comunidad de Madrid vieron ya el cielo abierto para continuar con el asedio, y en esas andamos, aunque esta vez no han ganado la partida. Allá los políticos con su rollo, pero el periodismo no se puede alinear con la inquina. Claro que es legítimo participar en la lucha partidaria, pero eso no está reñido con la decencia. 


No hay ninguna razón para no hacer las cosas por su orden. Somos muchos, como este diario, los que procuramos hacerlo siempre: cuando ocurre una desgracia, lo primero es actuar como servicio público, lo segundo no propagar jamás un solo dato sin tenerlo verificado, en tercer lugar no hay que olvidar nunca que el deber de informar no puede estar por encima del derecho a la intimidad, y luego ya bien hablar de causas técnicas y responsabilidades institucionales. Actuar así dignifica una profesión donde, quienes se empeñan en prostituirla,  no pueden acabar ganando. No podemos ponernos al nivel de los políticos. La prensa ha de estar por encima de lo que, a la manera de Trump hacen Ayuso o Abascal. 


Sostiene el filósofo coreano Byung-Chul Han, reciente premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, que cada segundo que invertimos discutiendo las astracanadas de los figurantes que nos gobiernan, es un segundo que no vigilamos a quien realmente mueve los hilos. Que quizás lo más revolucionario sea negarnos a seguir el guión, a consumir el escándalo del día porque “mientras el payaso monopolice nuestra rabia, el sistema real puede operar tranquilamente”. Y es verdad. Si el líder es un decorado, nuestra energía debe invertirse en desmantelar el teatro, no en alimentar su supervivencia. Si no les seguimos el juego, se les desmorona el tinglado. Esa es la fuerza del ciudadano y en esa línea es en la que debe operar el periodismo, así como toda estrategia de comunicación responsable.


J.T.



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