sábado, 23 de octubre de 2021

La ultraderecha ataca al Papa; los obispos callan

El mundo al revés: cuentas de twitter del mundo de la izquierda haciéndose eco e incluso aplaudiendo según qué declaraciones del Papa Francisco, y tanto la derecha ultra como la ultraderecha españolas criticándolo o ninguneándolo, cuando no insultándolo sin recato alguno. No entiendo nada, pero lo que menos alcanzo a comprender es el silencio de los obispos españoles. 

El sábado 16 de octubre, durante su intervención vía zoom en el IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares, el Papa defendió "un salario universal" y abogó por "la reducción de la jornada laboral" como medidas para un mayor acceso de todos al trabajo. Con esta propuesta, Bergoglio vino a redondear el mensaje que el día 1 de octubre había dirigido a la FAO durante la celebración del Foro Mundial de la Alimentación en el que textualmente afirmó: “Para la humanidad el hambre no es sólo una tragedia sino una vergüenza. Ante esta realidad, no podemos permanecer insensibles o quedar paralizados. Todos somos responsables".

¿Cómo queremos que diciendo estas cosas la ultramontana derecha española no ande cabreada con el Sumo Pontífice? Andan descolocados, los “pobres”, porque además del himno o la bandera, sin duda están convencidos de que el catolicismo es también patrimonio exclusivamente suyo. Les está complicando mucho el discurso tanto a ellos como a cuantos poderosos abusan de su posición:

“Pido a los medios de comunicación que terminen con la lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación, la calumnia y esa fascinación enfermiza por el escándalo y lo sucio”, escribió Francisco en su cuenta de twitter@Pontifex- el mismo día 16 de octubre echando más leña al fuego. Este Papa “es una catástrofe para la iglesia, un populista, se apresuró a proclamar Marhuenda en la tele esa misma noche. Y añadió: "Como católico, lo resistiré hasta que dios lo lleve a su sino y llegue un Papa que tenga la cabeza mejor ordenada"

Los ha dejado fuera de juego, pero en realidad lo que Francisco está haciendo no es ninguna novedad: viene de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), allá por 1891, cuando los Papas empezaron a publicar encíclicas sociales. En todas ellas, desde la Rerum novarum de León XIII hasta la Laborem excercens de Juan Pablo II, se encuentran presentes ideas como que “el trabajo está por encima de la producción” o que “toda propiedad tiene una hipoteca social”. Y en todas aparecen principios básicos como la dignidad del ser humano, el bien común o la solidaridad.

Lo que ha hecho Francisco es proporcionarle mayor altavoz a esta doctrina, reivindicarla, ponerla en valor, pero todo estaba ya dicho por algún Papa anterior. En la carta que envió a México para ser leída el 26 de septiembre durante los actos del Bicentenario de la Independencia no se decía nada que no se hubiera dicho antes: “Tanto mis antecesores como yo mismo, recordaba, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización”.

En su cuenta de twitter, el sábado pasado Francisco debió decidir que era un buen día para completar el trabajo: además de leerle la cartilla a los medios de comunicación como ya hemos visto, decidió no dejar a nadie con poder sin su correspondiente admonición:

Pido a los gobiernos y a todos los políticos que trabajen por el bien común; a los fabricantes y traficantes de armas que cesen totalmente su actividad, a los grandes laboratorios que liberen las patentes, a las grandes corporaciones alimentarias, que dejen de imponer estructuras monopolistas de producción y distribución. A los grupos financieros y organismos internacionales de crédito, pido que permitan a los países pobres garantizar las necesidades básicas…." Y así sucesivamente hasta completar una docena de tuits donde no dejó títere con cabeza.

Pero ni siquiera aquí había nada nuevo, porque estas admoniciones se pueden encontrar en la encíclica “Fratelli tutti” publicada hace ahora un año, en la exhortación apostólica “Evangelii gaudium”, de noviembre de 2013, o en la encíclica “Laudato si de 2015, dedicada a la ecología. Tanto en estos como en otros muchos escritos Francisco denuncia ya la existencia de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera.

Lo único novedoso es que el Vaticano decida trasladar todo esto a las redes sociales aumentando así tanto su repercusión como el escozor producido a la mayoría de los hooligans de la ultraderecha española. Que los medios españoles, teniendo en cuenta en manos de quiénes están, permanezcan callados puede entenderse, pero los jerarcas de la Iglesia católica… ¿qué hacen ellos puestos de perfil? ¿qué hacen viendo pasar los días sin decir esta boca es mía?

Omella, Osoro y Argüello
Consulto la cuentas de twitter de Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal: ni un solo retuit a las peticiones de su jefe directo; tampoco en la cuenta de Carlos Osoro, arzobispo de Madrid. Y eso que ambos son, al menos sobre el papel, las personas de confianza colocadas por Bergoglio al frente de la Conferencia Episcopal. Ninguna referencia tampoco en la cuenta institucional, ni en la de Luis Argüello, secretario general, aunque este sí salió a la palestra para reclamar que se leyera la carta completa del Papa a los mexicanos antes de criticarla. Por lo demás, nada de contestar a las arremetidas ultras. Silencio. ¿Alguien me lo puede explicar?

Al final vamos a tener que resignarnos viéndole la parte positiva. Por lo menos no están echando leña al fuego ni apoyando públicamente los desafueros de Marhuenda, Ayuso, Espinosa de los Monteros, Aznar y compañía. Algo es algo. Porque algunos obispos me conozco yo que estarían encantados, si tuvieran poder en estos momentos, de irrumpir en escena y soltar cuatro frescas en esa línea.

No estaría mal que la plana mayor de los obispos españoles, en teoría todos ellos de la confianza de Francisco, salieran ya de sus madrigueras y se pronunciaran claramente contra esta especie de cruzada de las ultraderechas contra un Papa al que ahora solo parece defender la izquierda. Que tampoco es eso, ni tanto ni tan calvo. Cuanto antes acabemos con esta esquizofrenia mejor, ¿no les parece?

J.T.

viernes, 22 de octubre de 2021

Lo que han hecho con Alberto Rodríguez no tiene nombre


Lo de Alberto Rodríguez es el caso de lawfare (guerra jurídica) más vergonzoso que podía llegar a producirse. Pero se ha producido. Una infamia de libro. Me cuesta creer que tamaño dislate sea cierto y no una historia de ficción producto de una mente calenturienta demasiado pasada de vueltas.

¿De verdad no les da vergüenza? Quienes le han quitado el acta al diputado de Unidas Podemos Alberto Rodríguez, ¿saben que van a pasar a la posteridad como actores de una tropelía sin pies ni cabeza?

Repasemos brevemente el esperpento que nos ha traído hasta aquí: un señor que en el futuro iba a pertenecer a un partido por entonces inexistente, participa cierto día de hace más de siete años en una protestar ciudadana en Tenerife, su tierra natal, donde al parecer se producen enfrentamientos entre la policía y los manifestantes.

Cuando se funda ese partido, y nuestro hombre decide participar en política a través de la formación recién nacida, le proponen presentarse a diputado por su circunscripción provincial y hete aquí que sale elegido.

Su llegada al Congreso de los Diputados en enero de 2016 ya provocó cierta alergia entre los biempensantes de toda la vida. Alberto es alto, por lo que su abundante pelo y su peculiar peinado con rastas no pasa desapercibido. Alguna diputada eterna como Celia Villalobos y alguna periodista más eterna todavía, como Pilar Cernuda, difunden que huele mal. “A mí me da igual que lleve rastas, llega a decir Villalobos, pero que las lleven limpias para no pegarme piojos”.

El talante educado de nuestro hombre, su bonhomía y su capacidad de trabajo hacen que en poco tiempo los prejuicios y las groserías desaparezcan o pasen a segundo plano en el Congreso de los Diputados. Trabaja en comisiones donde la complicidad con sus colegas de todos los grupos es absoluta.

Uno de los congresistas que comparte tareas durante un tiempo con él, un diputado gaditano del PP, abandona su escaño para presentarse a las elecciones andaluzas y el día de su despedida, en diciembre de 2018, Alberto Rodríguez emociona al hemiciclo desde la tribuna de oradores: “Es usted una buena persona, señor Candón, y le pone calidad humana a este sitio”. También en su partido desempeñó funciones importantes, durante una buena temporada fue secretario general de Podemos, cometido que llevó a cabo con discreción y eficacia, y en el que obtuvo el reconocimiento de sus compañeros.

Pero mire usted por dónde, en la Brunete judicial y mediática encontraron un resquicio insignificante pero por donde vieron la posibilidad de meterle mano. Y se pusieron a la faena. En aquella manifestación en la que Alberto participó en Tenerife mucho antes de que nadie pudiera imaginar que algún día podía acabar siendo diputado, un policía asegura haber recibido una patada suya.

Ya tenían por dónde pillarlo. Así que, sin perder un minuto se decretó la caza y captura. Da mucha pereza tener que entrar en pormenores y triquiñuelas burocráticas ante un asunto que el más mínimo sentido común puede desmontar desde el minuto uno. Pero como todo el mundo sabe y en esta historia hemos constatado, una cosa es el sentido común y otra muy distinta los atropellos que permite la legislación según cómo y quién la ponga a funcionar y la interprete. Así que la maquinaria para acabar con Rodríguez se pone en marcha según el siguiente guión:

- Buscamos la manera de empurarte. 
- El asunto está pillado por los pelos, pero lo sujetamos bien para que no se caiga.
- No existen pruebas concluyentes, pero ya veremos.
- El testimonio en contra es ridículo, pero nos vale.
- En resumen: que hemos decidido empurarte y te empuramos. Un mes y quince días de cárcel, vale te lo perdonamos a cambio de 9.000 pesetas (lo de los 540 euros no se entiende si no es traduciéndolo a pesetas donde los números, en su día, eran redondos)
- Te perdonamos la cárcel pero de diputado te largas, que eres un condenado, chaval.
- La presidenta del Congreso, previa consulta a los letrados del Congreso que días antes habían dicho que Alberto no tenía que abandonar su escaño, traga y lo echa, aunque no parece que con demasiada mala gana.

Un desenlace propio del más cutre país bananero acaba teniendo lugar, aquí y ahora, en una de las democracias europeas presuntamente más consolidadas.

Nos salva pertenecer a Europa. Si no fuera así el lawfare, los fakes, los bulos y las cloacas acababan con el país en un plis-plas. Pero no lo van a conseguir. Porque se pondrán en marcha cuantos recursos hagan falta, Estrasburgo incluido y al final, aunque tengan que pasar más años de los que nos gustaría, quedará en evidencia la el abuso, la arbitrariedad, el despotismo, el atropello…

¡Qué vergüenza!, ¿cómo le explico yo todo esto a mis amigos belgas y daneses sin que ellos acaben cachondeándose de mí y recordándome, como suelen hacer cada vez que me quieren tocar los cojones, que España es más África que Europa? Mucho me temo que esta vez llevan toda la razón.

J.T.

Publicado en "Confidencial Andaluz"

domingo, 17 de octubre de 2021

El cabreo de Sánchez Galán


Hay élites que se atreven a amenazar a la ciudadanía cuando se toman medidas valientes para proteger a la gente. Es lo que hizo José Ignacio Sánchez Galán, presidente de Iberdrola, cuando hablaba de cerrar nucleares o liquidar plantas fotovoltaicas de manera temporal, cuando vació embalses en verano o cuando, ofendidito él, se despacha a gusto en declaraciones a tumba abierta: “Con extremistas dentro del Ejecutivo no se puede gobernar"; "lo que no puede ser es que el Gobierno tenga a la oposición dentro del propio Gobierno", ha soltado últimamente, entre otras lindezas. 

Sánchez Galán, 71 años y presidente desde hace quince del segundo grupo de producción eléctrica de España, es uno de los prebostes del Ibex 35 (con Francisco Reynés, presidente ejecutivo de Naturgy y José Damián Bogas, consejero delegado de Endesa entre otros muchos) que se resisten a dejar de pasearse por el país como si este fuera de su propiedad, subidos a nuestros lomos, acostumbrados a levantar teléfonos y conseguir que al instante se cumplan sus deseos.  

Como se sabe, el Gobierno de coalición aprobó en Septiembre un plan de choque con medidas “temporales” para combatir la desbocada subida del precio de la luz. Además de reducir impuestos a los consumidores, la medida incluye recortar los llamados “beneficios extraordinarios” que las eléctricas obtienen por vender energía barata (hidráulica, renovable o nuclear) al precio de la más cara (gas natural). Y ahí es donde Galán -y compañía- se ha rebelado. Tras poner el grito en el cielo nombró vicepresidente, con nocturnidad y una buena ración de alevosía, a un taimado socialista harto de pasearse por los platós durante años presumiendo de honestidad y buen hacer. Hasta que al muchacho le tocó la lotería. Un escándalo. 

Por si el nombramiento de Antonio Miguel Carmona no era ya suficiente tocada de narices al Gobierno de coalición, Sánchez Galán continuó dando rienda suelta a su desaforada locuacidad, hasta ahora poco conocida para el común de los mortales: “Esto no puede ser”; “los inversores se marchan de España por la inseguridad jurídica”; esto es “intervencionismo”; solo nos traerá “inestabilidad”; “se han roto las reglas del juego…” 

La verdad es que las reglas del juego no se han roto ni mucho menos, como clama Galán a los cuatro vientos pero aún así… ¿qué pasaría si se rompieran? ¿Acaso en países de la Unión Europea como Francia, Italia, Suecia, Países Bajos o Suiza no cuentan con compañías eléctricas que tienen participación pública y la cosa funciona estupendamente? ¿Acaso desconoce el señor presidente de Iberdrola que en el 2016, solo el 38% de la potencia eléctrica del mundo, instalada o en construcción, estaba en manos completamente privadas? 

Pero en España, según el malacostumbrado preboste, que las eléctricas cuenten con participación pública o que exista una empresa pública de energía, es adoptar “medidas radicales”. Como le contestó Ione Belarra, “lo verdaderamente radical es que tu empresa gane 1.531 millones de euros en el primer semestre de 2021, y que tú personalmente te embolses más de 12 millones de euros en 2020, mientras tu país vive la peor crisis económica en 100 años y los hogares pagan una factura de la luz estratosférica". 

Este jueves pasado, el Gobierno ha conseguido revalidar en el Congreso el decreto que aprobó el mes pasado en Consejo de Ministros lo que, entre otras cosas, se traducirá en recortar aproximadamente unos 2.600 millones de euros de los “groseros” beneficios (Yolanda Díaz dixit) que se embolsan las eléctricas. Y claro, Sánchez Galán y sus colegas están que se suben por las paredes porque la impunidad de sus empresas, como la de tantas otras del Ibex 35, es toda una tradición en este país. Con políticos “giratorios”, periodistas pelotas y empresas de comunicación comiéndoles siempre en la mano y bendiciendo la generosa morterada que reciben puntualmente, sobre todo a través de “mamá Publicidad”.

Sánchez Galán parece estar actuando como el ariete de los poderes de siempre que no quieren que este país acabe siendo una democracia real. Por fin el común de los mortales les está poniendo cara a él y a algunos de sus colegas, hasta ahora casi siempre manejando los hilos desde la sombra. Son parte de esa gran familia que en su día decidió crear un “Podemos de derechas” al que acabó saliéndole el tiro por la culata. Quiero creer que se trata solo de un momento de histeria, de esos que preceden al sosiego y la templanza. Acabarán entendiéndolo, aunque sus bolsillos se llenen un poco menos, que tampoco será tanto ni para tanto, ya verán.  

Apostar por la nacionalización de empresas estratégicas no es una propuesta radical, es recuperar algo que existió en nuestro país durante mucho tiempo y cuya desaparición solo ha conseguido que las cosas vayan a peor desde entonces para el común de la ciudadanía. Apostar porque la gente viva mejor, porque suministradores de bienes de primera necesidad dejen de hacer con los precios lo que les dé la gana, no es una actuación radical. Es combatir la desigualdad y quizás contribuir a que exista un poco menos de injusticia.  

Además, por mucho que Sánchez Galán se cabree, la cosa tampoco acabará siendo como para tirar cohetes ¿O sí? 

J.T.

sábado, 16 de octubre de 2021

Los medios como altavoces de las gamberradas ultras


Aunque han pasado unos cuantos días, conviene hacer hincapié en la gravedad del asunto. En el desorbitado altavoz que el comportamiento de unos cuantos gamberros, pocos y lejanos, acabó consiguiendo durante los actos institucionales del pasado 12 de Octubre.

Quienes promovieron los gritos, los insultos y los silbidos contra el presidente del Gobierno de coalición no lograron ensombrecer la ceremonia, pero sí que así lo pareciera a juzgar por cómo se contó en según qué medios. Montamos el pollo, debieron plantearse, y ya verás cómo nos aseguramos la apertura en los informativos; largamos unos cuantos insultos a Pedro Sánchez, le dedicamos una sonora pitada y aunque seamos cuatro gatos seguro que pican y nos sacan por delante de cualquier otra noticia, aunque esté cayéndose el mundo. Con Tve acertaron de lleno. La televisión pública picó (o no) y entró al trapo con todo. La redactora, es un decir, que hizo el directo apareció en plenos titulares calificando la protesta de “contundente”, y tanto la eterna presentadora como el off de la pieza donde se resumía el acto redondearon la fechoría afirmando que la protesta de aquellos descerebrados había “marcado” el acto.

Ni siquiera la amarillista Telecinco le otorgó a los insultos dedicados a Sánchez algo más que una oración subordinada ya en el minuto tres, después de abrir con las novedades en el volcán de la Palma, que esa mañana había incrementado su fuerza; algo parecido sucedió en La Sexta. En Telemadrid se preocuparon más por la exaltación de Ayuso que por menoscabar a Sánchez. En Antena Tres, donde se las suelen gastar finas a la hora de referirse al Gobierno de coalición, informaron esta vez de una manera mucho más profesional que en Tve. Vicente Vallés, por lo general beligerante de guardia, relegó esta vez los silbidos al presidente al minuto ocho del informativo que dirige y presenta. No los citó en titulares, cuando se refirió a ellos contextualizó el hecho de manera impecable y apostó por destacar el perfil institucional del acto rematando con unas declaraciones en las que Margarita Robles descalificaba a los alborotadores. Si no lo veo no lo creo.

¿Qué demonios pasa en Tve para que, no ya desde un punto de vista político, sino estrictamente informativo, la crónica de los actos del Día de la Hispanidad fuera la peor de las ofrecidas en cualquier otra televisión? ¿Tan difícil era explicar, por ejemplo, que “varios energúmenos habían intentado reventar la ceremonia y no lo consiguieron”? ¿Tanto cuesta contarlo así?

Como escribió Gaspar Llamazares en su cuenta de twitter, “una cosa es rechazar la televisión gubernamental y otra que, en vez de neutral, sea antigubernamental.

Los periódicos del día siguiente, salvo El Mundo y ABC”, que cada día andan más desmelenados, se hicieron eco del asunto, claro, pero con mesura y profesionalidad. El nuevo diario recién nacido, El Periódico de España, ni siquiera mencionaba el acto en primera página. Y Ángels Barceló, a las seis de la mañana del miércoles, iniciaba su programa Hoy por hoy de la Cadena Ser con estas breves y contundes palabras: "Ni hoy, 13 de octubre, ni ayer, 12 de octubre. Nosotros no, nosotros no gritamos ni insultamos. Nosotros entendemos la libertad de otra manera". Pues eso.


Circula por las redes una viñeta que resume a la perfección el comportamiento frecuente de la mayoría de los medios cuando, por ejemplo, están cubriendo una concentración de miles de personas que discurre pacíficamente. Basta que un desquiciado decida aporrear un automóvil para que todas las cámaras se vuelvan hacia el alborotador y se olviden de todo lo demás. Hay que reflejar el hecho, claro que sí, pero la perversión está en la edición posterior, en la sobrevaloración de la anécdota por encima de cualquier otra cosa que esté sucediendo, por mucha envergadura e importancia que esta tenga. Cuando el sabotaje de unos cuantos exaltados consigue acaparar así el mayor protagonismo, alguien ha caído en la trampa, alguien ha perdido el foco. O ha querido hacerlo tal como se hizo en el TD1 de manera descarada y en el TD2 levantando un poquito el pedal, pero tampoco demasiado.

La televisión pública tendría que limitarse a ayudar al espectador a sacar sus conclusiones y no adornar las informaciones con adjetivos ni juicios de valor. Eso contribuye a aumentar los decibelios de la crispación y no es ni servicio público, ni equilibrio, ni reflejo cierto de los hechos. No puede ser que los maleducados acaben marcando el paso de las cosas que se cuentan. Los gamberros no pueden actuar contando con que sus desmanes tienen altavoz asegurado no solo en los medios afines sino en la mismísima televisión pública que, al menos sobre el papel, no debe ni puede ser un medio afín a ninguna sensibilidad política.

Como comentaban el otro día unos amigos, "es la primera vez en más de cuarenta años de democracia que la televisión pública se dedica a desautorizar al Gobierno mientras le da voz a las ultraderechas", pero claro, “se ve que a Sánchez, lo de conseguir ser secretario general del PSOE y presidente del Gobierno teniendo todo el viejo aparato en contra le debió saber a poco. Ahora el siguiente reto, tras el espaldarazo que recibirá este  este fin de semana en el congreso de su partido, puede que sea ganar las próximas elecciones incluso con Tve en contra”. Capaz es.

J.T.

sábado, 9 de octubre de 2021

Los alquileres y la insumisión del PP


Hiciera lo que hiciera el Gobierno de coalición para intentar contener el precio de los alquileres, estaba más que cantado que Pablo Casado y su cuadrilla saldrían inmediatamente en tromba para condenar la propuesta y meterle el miedo en el cuerpo al personal a pesar de que la medida afectará básicamente a los propietarios de más de diez pisos, o a aquellos inmuebles que se encuentren en una zona en la que las rentas se consideren disparadas. A pesar, también, de que saben de sobra que el jubilado que complementa su pensión con el alquiler de un piso en propiedad no tiene nada que temer.

¡Desobediencia, insumisión!, proclamaron a los cuatro vientos apenas salió la noticia sin molestarse siquiera en conocer antes la ley. No la aplicaremos, pregonaron inmediatamente las comunidades gobernadas por el PP; recurriremos al Constitucional, anunciaron a todo correr para evitar que se les adelantara Vox; no haremos nada, advirtió el alcalde de Madrid, el mismo que en su programa electoral prometió medidas algunas de ellas similares a las ahora anunciadas. La fórmula Montoro aplicada a toda máquina una vez más: que todo se vaya al garete, no importa, cuando volvamos al poder ya los arreglaremos nosotros. A su manera, claro.

Por supuesto, Casado tampoco desaprovechó este asunto para exhibir una vez más la desvergüenza y el desahogo con que anda por la vida: se fue a los dominios de Ana Rosa, una de sus entrevistadoras-alfombra favoritas, y soltó la siguiente perla: “No es una cuestión de dar ayudas, solo, que además suelen incrementarse en el precio del alquiler, sino que se trata de dar seguridad jurídica para que los inversores vengan y que los jóvenes tengan empleo, porque si tienes un trabajo y una nómina puedes acceder al alquiler.”

Mentira, Pablo, y tú lo sabes, porque si no lo sabes tendrías mucho más delito. Un trabajo y una nómina no garantizan a día de hoy en España el acceso de un joven a una vivienda. Una de cada tres personas de entre 25 y 35 años cobra, según el Instituto Nacional de Estadística, menos de mil euros netos mensuales cuando logra tener un trabajo. Así que, en las ciudades llamadas “tensionadas”, una persona joven sola no consigue alquilar un piso ni loca. En el caso de las parejas, uno de los sueldos se lo lleva enterito el alquiler, o más. Y eso si se trata de contratos fijos, no temporales. Sumado a que cada vez son más los documentos que hay que presentar previamente: avales, acreditación de solvencia, fianzas desmesuradas, comisión de la agencia…

Mientes, Pablo Casado, Madrid, Barcelona y otras ciudades están llenas de jóvenes con trabajo que necesitan juntarse de cuatro en cuatro para alquilar un piso y conseguir así que les quede algo para vivir. Si no sabes esto, lárgate ahora mismo de donde estás en lugar de ir por ahí instando a los demás a que se vayan.

Claro que lo que propone el Gobierno de coalición tampoco es la panacea por mucho que, por fin, se consiga poner el problema encima de la mesa. Según reconoció la ministra Raquel Sánchez, a cuyo cargo está el negociado de la vivienda, las ayudas de 250 euros al mes durante dos años apenas llegarán a unas cuarenta o cincuenta mil personas. Una cifra muy lejana de los casi seiscientos mil jóvenes que tienen menos de 35 años y cuyos sueldos les obligan a vivir en alquileres precarios. Y eso teniendo en cuenta, además, que el comienzo de este tipo de ayudas podría no llegar hasta el año 2023 o más.

Es verdad que el Gobierno ha dado un paso serio para intentar atajar tanto disparate con medidas como la ampliación del parque de vivienda pública de alquiler o subir el IBI a quienes mantengan los pisos vacíos, pero será difícil notar los efectos a corto plazo, sobre todo si el PP no deja de colocar palos en las ruedas solo por joder, porque se trata de medidas que no han puesto en marcha ellos. Ignoran así, además, al porcentaje de población joven que vota PP y que también encuentra las mismas dificultades para pagar el alquiler que cualquier otra persona de su edad.

Hacer de la vivienda una cuestión más de choque político permanente es pegarse patadas no entre la oposición y el gobierno, sino en el culo de uno de los segmentos de la ciudadanía que más está sufriendo las consecuencias de estos tiempos tan revueltos y confusos.

No quiero ni imaginarme lo que pasará cuando, de una vez por todas y tal como prometió cuando firmó el pacto de coalición Pedro Sánchez, con sus ministros socialistas, se deje de rodeos y acometa de una vez (¿o no lo hará nunca?) la derogación de la ley mordaza y la de la reforma laboral entre tantas otras cosas como todavía quedan pendientes.

J.T.

domingo, 3 de octubre de 2021

El volcán y los periodistas


Menos mal que no ha habido víctimas mortales. No es casualidad. El mérito tiene nombres y apellidos, los de todos aquellos profesionales que se dedican a calcular, prever y adelantarse a este tipo de acontecimientos. Son técnicos, expertos, funcionarios de los servicios públicos… A todos ellos se debe que los desalojos se pudieran realizar en tiempo y forma, que no existieran falsas alarmas, que no cundiera el pánico. Parece fácil pero no lo es, por mucho que sea su trabajo. No todos los días nos visita un volcán como el de La Palma.

Lo que ocurre en Cumbre Vieja desde el domingo 19 de septiembre movilizó inmediatamente a los medios de comunicación, que mandaron allí primeros espadas como Susana Griso o Pedro Piqueras dispuestos a hablarle de tú a la lengua de lava y acercarse a trozos de roca hirviendo como si fueran el balón en el patio del recreo. Un “aguerrido” reportero llegó incluso a quemarse, levemente, menos mal, por pasarse de intrépido jugando con fuego, nunca mejor dicho; una desahogada tertuliana metida a reportera se paseaba por las calles buscando gente que “lo estuviera pasando muy mal”…

Fueron muchos los que perdieron los papeles los primeros días. Algunos incluso puede que hasta se decepcionaran: ¿cómo, un fenómeno de esta magnitud y no hay ni un muerto? ¡Menuda contrariedad! Tardaron unos días en serenarse los ánimos hasta que por fin parecieron darse cuenta de la enorme trascendencia que tenía lo que estaba sucediendo. Tardaron en acercarse con respeto a lo que de verdad importaba: los afectados y sus perspectivas de futuro, sus cosechas, sus casas, sus hipotecas, su ropa, sus recuerdos, sus historias personales…

Estuve en La Palma a comienzos de este año, en la Caldera de Taburiente, en el observatorio astronómico, también en el centro de visitantes del volcán de San Antonio, que realizó su gran erupción en el año 1677. Recorrí el borde de su enorme cráter, completamente redondo, desde donde puede contemplarse cómo crecen los árboles en su interior y desde donde se observan también los efectos que en 1971 produjo la erupción del cercano Teneguía. El vértigo me pudo y no conseguí terminar el recorrido. Me puse a imaginar los momentos en que aquello fue furia y fuego sin sospechar, ni por lo más remoto, que apenas ocho meses después iba a ocurrir algo similar solo unos kilómetros más al norte de donde me encontraba de excursión aquel 18 de enero.

Me hospedé en Tazacorte y más tarde en Los Llanos de Aridane. El autobús que me llevó de excursión desde allí hasta Fuencaliente, última parada antes del volcán de San Antonio, efectuó el trayecto en apenas un cuarto de hora. Hoy ya no existe esa carretera, ni la que conectaba con Puerto Naos o La Bombilla, zona esta última nacida tras la erupción en 1949 del volcán San Juan. Pisas por esas zonas e intentas imaginarte cómo debió ser aquel proceso, y mira por dónde estos días la lava, con esa capacidad hipnótica que transmite mientras arrasa y sepulta construcciones hasta desembocar en el mar creando tierra donde no la había, se está encargando de contestar todas las preguntas que me hice por aquellos días.

Me acuerdo de los lugares donde desayunaba, las personas que me atendían en el supermercado, mi casera de Tazacorte, tan contenta ella porque el índice de afectados por Covid en la isla era mínimo, ¿qué será de sus vidas ahora? Me los imagino con las ventanas cerradas, confinados como no lo estuvieron durante la pandemia, saliendo solo de vez en cuando para limpiar de cenizas el patio y la azotea…

¡Un volcán! ¡Madre mía! Por mucha importancia que nuestra propensión al escepticismo le quiera quitar, se trata de algo excepcional que certifica lo poca cosa que somos. Por eso me produce tanto rechazo la tendencia a trivializar que según qué medios de comunicación exhiben cuando informan de lo que está ocurriendo en La Palma.

La noche en que la lava llegó al mar fue un momento en cambio, esa noche sí, de periodismo en estado puro. Envidio a colegas como Lucía Sanagustín (Tve) o Juanjo Cuéllar (La Sexta) por estar allí en ese momento encadenando un directo con otro y saludo el buen hacer de ambos, brindándonos unas crónicas de alcance tan impecables informativamente como respetuosas desde el punto de vista humano.

La preciosa isla de la Palma y sus entrañables habitantes no merecen que los compadezcamos. Lo que precisan es respeto, porque lo que les ha pasado es muy gordo. Qué menos que contarlo con consideración y de la manera que más pueda contribuir a ayudarles. Tenemos que serles útiles. El periodismo cumple una función de servicio público y este es uno de esos momentos en que hay que demostrarlo. En lugar de informativos kilométricos estos primeros días quizás baste con menos minutos en la escaleta como hace Tve, pero cuando el morbo, y en consecuencia las audiencias, empiecen a disminuir, también habrá que estar ahí. Porque en ese momento, cuando desaparezca la magia y la fascinación, la información seguirá siendo necesaria. Y útil.

A las imágenes hipnóticas de los drones, espectaculares, les sucederán en breve muchas historias que contar a pie de calle. Historias llenas de interés humano cuya relevancia irá creciendo a medida que los buitres del periodismo vayan abandonando la isla. Como decía al principio, menos mal que no ha habido víctimas mortales.

J.T.

Publicado en Confidencial Andaluz

¿Tendremos garantizadas las pensiones?


Con esto de las pensiones no puedo evitar continuar con la mosca detrás de la oreja. A ver si yo lo entiendo: el ministro que este jueves en el Congreso, frente a una enmienda a la totalidad del PP, defendió el anteproyecto de ley de garantía del poder adquisitivo de las pensiones, ese ministro llamado José Luis Escrivá ¿es el mismo que pocos días antes, en el diario Ara, había disertado sobre la posibilidad de extender la edad de la jubilación hasta los 75 años, por mucho que intentara matizarlo después sin demasiado éxito? 

Si de verdad se va dejar garantizado el poder adquisitivo de las pensiones, y dado que la inflación interanual anda ya este ejercicio por el cuatro por ciento, ¿significa esto que en enero del 2022 subirán las pensiones ese cuatro por ciento? Hasta que no lo vea no me lo creeré. 

El Escrivá que discrepa abiertamente con Yolanda Díaz, el Escrivá que se molesta cuando su compañera de gabinete le pide cautela, ¿es el mismo que ha defendido en sede parlamentaria poner en marcha los trámites para aprobar, antes de que acabe el año, una ley que le quite el miedo a los pensionistas? ¡Pues vaya! 

Veremos. En principio parece que se ha superado el primer escollo; la enmienda del PP fue derrotada porque 194 diputados votaron a favor de tramitar la ley y 11 se abstuvieron. Las derecha y la ultraderecha fueron derrotadas. De momento. Ahora llega el tedioso capítulo de las enmiendas parciales y ahí se me vuelven a abrir las carnes ¿qué quedará al final del texto inicial? Según Escrivá, será “debatido y mejorado”, pero ¿qué querrá decir exactamente “debatido y mejorado” en boca de un ministro que cada vez que habla acaba poniéndonos de los nervios? 

Miedo me da. Si de verdad va a ser mejorado, ¿a qué viene tanto globo sonda? Cuando la ley salga aprobada definitivamente, si es que ese momento llega, insisto: ¿qué quedará del texto pactado con los sindicatos y la patronal el pasado uno de julio y aprobado el 24 de agosto en consejo de ministros? La insinuación de apostar por “un cambio cultural en España para conseguir que se trabaje más entre los 55 y los 75 años” precedió en pocas horas a la intervención de un renacido Mariano Rajoy el lunes día 27, durante la primera jornada de una convención itinerante que el PP ha paseado por España toda la semana. 

Dirigiéndose a Pablo Casado, Rajoy no se anduvo por las ramas durante su intervención en Santiago de Compostela: “Creo que liquidar el factor de sostenibilidad (0,25% de aumento anual) y volver otra vez a la indexación (garantía de mantener el poder adquisitivo) de las pensiones al IPC es una equivocación –afirmó el ex presidente del PP y del Gobierno- y eso ahora para lo único que va a servir es para que dentro de poco haya que cambiar otra vez la ley. Supongo que la tendrás que cambiar tú, igual te hacen otra huelga pero es que no te va a quedar otra”. Y añadió: “Sinceramente creo que es un error y sobre todo viniendo de quien sabe positivamente que es un error”.  

¿Quién, según Rajoy, sabe “positivamente” que es un error? ¿se refiere a Escrivá? Pues estamos apañados, porque no creo que al expresar esto estuviera pensando en Pedro Sánchez. Lo dicho, los pelos de punta. Me gustaría que los entendidos en la materia me explicaran qué es lo que no se nos está escapando a los profanos. 

Cuando el Gobierno dio luz verde a la tramitación de esta ley en el primer Consejo de Ministros tras las vacaciones de verano la portavoz, Isabel Rodríguez, aseguró que se trata de una reforma que "recupera el diálogo social" y proporcionará "tranquilidad a los pensionistas de hoy y de mañana"; que además de garantizar el poder adquisitivo, contiene también medidas de refuerzo de la sostenibilidad financiera y social del sistema público de pensiones. Si eso es así de verdad, ¿a qué vienen tantas reticencias? ¿por qué hay alguien empeñado en “decir Diego donde antes se dijo digo”?  

El proyecto parece que garantiza que el importe de las pensiones se revalorizará cada primero de enero según el IPC de los doce meses anteriores. La edad de jubilación quedará fijada (de momento) en los 67 años, pero ya se va a proponer ofrecer “propinas” de hasta 12.000 euros anuales a quienes opten por continuar trabajando después de esa edad. En fin… 

Hay que tener en cuenta además que quedan aún flecos pendientes de pactar antes del 15 de noviembre con los agentes sociales, y que los apoyos políticos necesarios para sumar mayoría absoluta cuando llegue la votación definitiva tampoco están asegurados. O sea, que todo pende de hilos demasiado finos, sobre todo si tenemos en cuenta que aún queda pendiente un segundo paquete de reformas. Sabiendo eso, se entienden mejor los globos sonda de Escrivá. No olvidemos que ya antes del verano nos puso en alerta cuando advirtió de que los nacidos entre 1960 y 1975 (los llamados “babyboomers”) tendrían que asumir "un pequeño ajuste en su pensión". Otro “teórico” desliz que le obligó a recular a la vista de la enorme polvareda que originó. 

A esos “lapsus” hay que añadir también el lío con el llamado “período de cómputo”. Quizás recuerden cuando a Escrivá se le ocurrió insinuar la posibilidad de ampliar hasta los últimos 35 años de vida laboral (ahora son 25) el tiempo de cotización con el que se calcula la cifra que el trabajador cobra una vez jubilado. Si no salió adelante (de momento, claro) fue por la oposición frontal que encontró tanto en Unidas Podemos como en los sindicatos. 

En una palabra, que están empeñados en meterle mano a las pensiones y, si por ahora se les consigue parar los pies un poquito, puede considerarse casi un milagro. Ahí quedan, flotando en el aire, las palabras de Rajoy el lunes y las amenazas de tantos otros “popes” como Christine Lagarde, quien en su día respaldó un estudio del FMI, la institución que preside, en el que al hecho de vivir más de la cuenta se le denomina “riesgo financiero”. En resumen, que si somos ciudadanos considerados, deberíamos aceptar la rebaja de las pensiones y morirnos pronto para que el show y la orgía económica liberal puedan continuar.  

J.T.

Publicado en LUH Noticias

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sábado, 2 de octubre de 2021

Las peligrosas amistades de Pablo Casado

Cada vez que monta un circo le crecen los enanos, aunque tanta salida de tono junta no puede ser una casualidad. Más que para reforzar su posición, las “estrellas” que a lo largo de la semana que ahora acaba han ido interviniendo en la convención itinerante del Partido Popular parecen haber sido elegidas para dinamitarla.

El primer tiro en el pie de Pablo Casado lo disparó un resucitado Mariano Rajoy el lunes en Santiago de Compostela cuando vino a reconocer que la corrupción (algo con lo que, como es bien sabido, él no tuvo nada que ver) está en el origen del crecimiento de lo que llamó “partidos populistas y partidos contagiados por los populistas”.

El martes 28 en Valladolid Vidal Quadras, fundador de Vox tras abandonar el PP en 2014, reapareció en la convención de su antigua casa para insistir en las tesis que en su día le hicieron marcharse: “Cuando todavía escucho a destacados dirigentes del PP afirmar que el Estado de las autonomías es la historia de un éxito –dijo-cuesta sobreponerse al estupor, a estas alturas de la historia, de semejante ceguera”.

Ciego no sabemos pero sordo desde luego sí que pareció Casado ante “semejante cuestionamiento” de la Constitución. Permaneció tan impasible y se quedó igual de callado que este verano en Ávila, en otro cónclave pepero, cuando Ignacio Camuñas, también fundador de Vox, proclamó que “lo que ocurrió en el 36 no fue un golpe de Estrado” y a continuación se despachó a gusto proponiendo la desaparición de los partidos autonómicos del Congreso de los Diputados e instando a Casado a conseguirlo cambiando la ley de Régimen Electoral apenas el PP vuelva al gobierno: Es muy fácil, Pablo, solo tienes que añadir un parrafito en la ley de Régimen Electoral, artículo 5-6 creo que es, luego te lo digo. Para hacerlo basta con 176 votos”.

Suma y sigue: el miércoles en Madrid el as en la manga del día fue Nicolas Sarkozy, a quien Pablo Casado presentó así: “Lo que queremos hacer es tomar los buenos ejemplos de gestión –dijo sin pestañear mientras miraba arrobado al ex presidente francés-, los buenos ejemplos siempre basados en los principios y valores compartidos…” Veinticuatro horas después, un tribunal francés hacía pública la condena de un año de cárcel contra semejante adalid de “los buenos ejemplos” por financiación ilegal de la campaña electoral del 2012. A partir de ahora tendrá que llevar durante ese tiempo un brazalete electrónico que monitorice sus movimientos. Aunque se libre de la cárcel, con esa medida queda señalado como un delincuente. Se trata de la segunda sentencia de cárcel en los últimos siete meses contra Sarkozy, que ya fue condenado a tres años de prisión –uno de ellos, firme– por haber intentado corromper a un juez en otro asunto judicial. “Principios y valores compartidos”, ¡qué estupenda ocasión para permanecer callado desperdició una vez más el líder del PP! 

Por si no era suficiente el jueves, en Sevilla, José María Aznar y Mario Vargas Llosa elevarían un poquito más el listón de los desafueros. El primero mofándose del presidente de México: “dice usted que España tiene que pedir perdón… y usted cómo se llama? Andrés Manuel López Obrador, ¿Andrés por parte de los aztecas, Manuel por parte de los mayas? ¿y López qué es, una mezcla de ambos?, ¿y Obrador? Y remató: ¡Hombre, es que es que si no hubiesen pasado algunas cosas, perdone, usted no estaría ahí!”.

El festival de despropósitos sevillano lo cerró un Vargas Llosa cada vez más desmelenado y con menos filtros, si es que alguna vez los tuvo: “Lo importante de unas elecciones –se despachó el insigne Nobel- no es que haya libertad en esas elecciones, sino votar bien y votar bien es algo muy importante porque los países que votan mal como ha ocurrido con algunos países latinoamericanos lo pagan caro; entonces no hay que engañarse, las elecciones libres son muy importantes pero también es muy importante que quienes votan voten bien. Votar bien no es fácil.

Según aseguran en el partido, el objetivo de Casado con esta convención era "ensanchar al PP a su izquierda y derecha". Menos mal. No quiero  imaginarme quiénes habrían sido los invitados ni qué cosas hubiéramos llegado a oír si solo se hubiera propuesto ensanchar por la derecha.

Vas a ser un buen presidente, le dijo Aznar, vas a gobernar bien, le aseguró Sarkozy, te votaré, le prometió el novelista peruano, dentro de poco habrá que cambiar otra vez la ley de pensiones, supongo que la tendrás que cambiar tú, le advirtió Rajoy. Igual te hacen otra huelga, añadió este, pero es que no te va a quedar más remedio.

También se han deshecho en halagos Donald Tusk, ex primer ministro de Polonia y del Consejo Europeo, o Anders F. Rasmussen, ex secretario general de la OTAN y ex primer ministro danés. Este domingo cierra en Valencia Sebastian Kurz, que consiguió ser canciller de Austria gracias al apoyo de la ultraderecha.

Menos mal que el volcán de La Palma le ha robado protagonismo mediático en las escaletas de radio y televisión y en las primeras páginas de los periódicos porque con amigos así, ¿para qué quiere Casado enemigos, no te parece, Isabel D. Ayuso?

J.T.

sábado, 25 de septiembre de 2021

La atracción fatal del discurso ultra


Lo proclaman en sus avatares, en sus cuentas de twiter o de instagram, en los grupos de guasaps: Sí, soy facha, ¿y qué? Sacan pecho, está de moda ser ultra, se sienten fuertes y respaldados. Queda “cool” en las redes la exaltación de la chulería, la propagación de bulos y fakes, la actitud pendenciera…

Cuando Abascal deja dicho en la radio de Losantos que lo que hay que hacer es abofetear al presidente de la Generalitat de Catalunya, ¿qué podemos esperar del común de los descerebrados que lo siguen?

No hay un solo día sin que alguien de Vox no consiga exposición mediática merced a salidas de tono cada vez más frentistas, agresivas y generadoras de odio. Y lo hacen sin que, ni desde la política ni desde el periodismo, se les conteste con la rotundidad que merecen, sin que se les replique con los argumentos y la contundencia con la que hay que dirigirse a quienes se proponen “romper la convivencia como estrategia de asalto”, que diría un apreciado compañero.

Han tardado, pero por fin parece que algunos periodistas han empezado a entender que a los de Vox hay que plantarles cara en las entrevistas. “No reconozco el colectivo LGTBI, eso es un mantra que ha impuesto la izquierda. No hay que colectivizar a las personas, hay que defenderlas independientemente de lo que piensen”, proclamaba el miércoles en TVE Catalunya Ignacio Garriga, diputado por Vox en el Parlament. Entonces, ¿por qué no hace lo mismo con los inmigrantes? ¿Por qué no los personaliza? ¿Por qué los trata como colectivo?”, le replicó Gemma Nierga, la entrevistadora. En La noche en 24 horas de TVE , también ese mismo miércoles, Xabier Fortes se las vió y se las deseó, pero hay que reconocer que al menos lo intentó, puntualizar a un Espinosa de los Monteros tan desaforado como suele ser habitual en él.

Ojalá haya suerte y consigamos que se acabe aquello de aquí tiene usted el micrófono y diga lo que quiera, que para eso es representante parlamentario. Ser diputado autonómico o en el Congreso no significa tener patente de corso para difundir odio durante el tiempo reglamentario del que disponen para aparecer en los medios públicos.

Esta misma semana también, un mindundi necesitado de su cuarto de hora de gloria recurrió a insultar en sede parlamentaria a una diputada del PSOE llamándola bruja mientras esta se encontraba en el uso de la palabra. Cuando se le instó a retirar el exabrupto el diputado rebelde, juez para más inri, no solo se negó a hacerlo sino que se enrocó con sus jefes de grupo inoculando a la gamberrada un incremento de voltaje tan infantil como innecesario.

Cuando un juez de Vox llama bruja a una diputada socialista en la misma sede de la soberanía popular, cuando un grupo de provocadores gritan contra los homosexuales por las calles con la protección de la policía como sucedió en el madrileño barrio de Chueca el sábado 18 de septiembre, cuando el propio Abascal habla de abofetear a Aragonés ¿qué podemos esperar, cuál es el mensaje que recibe el muchachito o muchachita de a pie que, mientras anda buscándole sentido a su vida, los escucha y los ve comportarse así? Lo que percibe es que a los ultras nadie les tose y a los de izquierdas los tienen machacados y encima no se defienden ni parece que nadie los defienda.

Los numeritos de Vox en el Congreso, como por ejemplo también el de Macarena Olona encarándose a una periodista en los pasillos, son algo más que una pérdida puntual de las formas: pretenden servir de guía para sus acólitos, extender la agresividad por toda la sociedad. Saben que esto posee un efecto mimético entre sus simpatizantes e incondicionales, quienes acaban concluyendo que si sus líderes se comportan de ese modo, por qué no van a actuar ellos de la misma manera. Y así va subiendo la temperatura del enfrentamiento en las calles, las redes, las reuniones familiares, incluso en las tertulias de bar…

Funcionan con el desparpajo y el desahogo de quienes se sienten no solo en el lado correcto, sino en el lado "mejor protegido”. Mola apuntarse al bando de los fuertes en el patio del cole. Sueltas barbaridades en una mani facha y la poli te protege, en cambio a los de izquierdas los muelen a palos. El discurso fascista (“ser de izquierdas es de llaneros solitarios, de tener ganas de sufrir, de perdedores…”), ejerce en según que segmentos de la población  una especie de atracción fatal que ha conseguido hipnotizar no ya a las clases medias víctimas de la crisis sino también a los desheredados, a los estamentos más explotados de la sociedad.

Gabriel Rufián lo bordó el otro día describiéndolo: "Vox ha votado en contra de la subida del salario mínimo, contra las ayudas de los ERTE, contra las subidas de pensiones, en contra de preservar el planeta, de cualquier política LGTBI, o de medidas frente a la violencia de género. Vox, cada día, cada semana, votante de clase trabajadora, vota contra ti. Vox no son de los tuyos, no representa a la España que madruga, representa a los explotadores".

Perdón por repetirme, pero pienso seguir desgañitándome mientras el peligro esté ahí. Es complicado, por no decir imposible, meter dentro del sistema a un partido antisistema; no se puede ser tolerante con los intolerantes. Y sobre todo no se puede ser pobre y votar a quienes son los responsables de las injusticias de las que eres víctima.

Manda narices que estos indeseables hayan conseguido poner de moda ser facha.

J.T.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Niñatos


Yo no lo hubiera dicho mejor. En algún momento les he llamado lechuguinos, pimpollos y cosas parecidas, pero admito que niñatos es mucho más rotundo y contundente. Y chiquilicuatres, ¡qué bueno! Gracias, Esperanza Aguirre. A saber lo que tú y los tuyos de siempre estáis urdiendo para conseguir arruinarnos la vida un poquito más de lo que lo lleváis haciendo durante los últimos treinta años. ¡Lo que muchos daríamos por poder ver por el ojo de la cerradura qué demonios se está cociendo en estos momentos en el seno del PP

Cada día que pasa Casado, que fue elegido por defecto, por exclusión, para cerrarle el paso a la “advenediza” Soraya Sáenz de Santamaría, anda por el mundo con más pinta de juguete roto. Se atrevió a defenestrar en su momento a voces discordantes como Cayetana Álvarez de Toledo, y ya anda esta sacando la patita de nuevo hasta en la Hora 25 de la Cadena Ser, donde el otro día le pusieron una mullida alfombra que le permitió dejar bien patente lo vivita y coleando que aún está.  

Luego está el “efecto Isabel”. El misterio del fenómeno Ayuso acabará estudiándose en las aulas de ciencia política porque resulta inaudito que a medida que aumenta el calibre de las barbaridades que suelta, más lo hace también su popularidad, ¿alguien entiende algo? 

El aparato de toda la vida del Partido Popular parece dispuesto a ponerse detrás de ella y dejar tirado a un Pablo Casado que zascandilea como un pato mareado, quizás por haber rebasado con creces su nivel de competencia. Lo mismo le arrea un día a Abascal un zasca inmisericorde que al siguiente va y le pone un piso. 

Llamándolos niñatos en primera página de El Mundo, Esperanza Aguirre los ha sentenciado. Porque como decía alguien, cuando Aguirre habla lo que suelta no son palabras sino granadas de mano. “En la sede de Génova, disparó también en la entrevista, no hay nadie de más de 55 años que se dedique a pensar”, “ponerle trabas a Ayuso es ayudar a Sánchez”, “Votaré a Ayuso en el congreso del PP de Madrid. El modelo actual no tiene sentido y ella pretende normalizar la situación”. 

Las fuerzas de siempre se le han sublevado a Pablo Casado y, con Esperanza de cabeza visible del pronunciamiento, proclaman su encendida admiración por Ayuso, a quien Aguirre parece ver como la mejor reencarnación posible de sí misma. Un mirlo blanco cuya osadía y desparpajo la tienen enamorada, como a Aznar, como a tantos otros históricos que se resisten a ser solo historia.  

Y mientras tanto Casado, empeñando en dotar de argumentos a sus adversarios externos e internos, continúa haciendo el ridículo por el mundo, hablando mal de España en Bruselas o en Berlín por ejemplo, mientras los responsables de las instituciones europeas alaban el papel de España en el desalojo de refugiados salidos de Afganistán o periódicos extranjeros como el New York Times ponen en valor la gestión del Gobierno de coalición.  

La generación a la que pertenecen los “niñatos” que encabezan el PP está llena de mente brillantes que triunfan en ámbitos como la ciencia, la investigación, la informática o las nuevas tecnologías. El mundo está lleno de cerebritos cuarentañeros. España también. ¿Por qué hay tan pocos que se dediquen a la política con mayúsculas, por qué los partidos retrógrados y reaccionarios cuentan en cambio con tanto iletrado entre sus dirigentes? 

Lo triste es que estas convulsiones internas del PP acabarán desembocando en el triunfo de una derecha más ultramontana aún de lo que ya es. No olvidemos que en el entorno de la resucitada Aguirre fue donde creció la serpiente de ese huevo llamado Vox. ¿Conseguiremos alguna vez en este país contar con una derecha civilizada y europea?  

J.T.