domingo, 13 de septiembre de 2026

La Columna de los Ocho Mil, un episodio olvidado de la Guerra Civil


El 15 y el 16 de septiembre de 1936, apenas dos meses después del golpe militar que desencadenó la Guerra Civil, alrededor de ocho mil extremeños emprendieron una marcha desesperada por el suroeste de Badajoz. Eran campesinos, jornaleros, trabajadores, mujeres, niños, ancianos y algunos milicianos. Gente corriente que tenía una casa, una familia, unas tierras, unos amigos y una vida que, de pronto, había dejado de ser segura a medida que las tropas del ejército golpista avanzaban sembrando el terror y asesinando a miles de personas en la comarca. Así que decidieron huir.


Unos habían visto detener a vecinos, sacar personas de sus casas y hacerlas desaparecer, otros conocían las terribles noticias que llegaban de localidades próximas y otros, sencillamente, habían comprendido que quedarse podía significar la muerte. Así que gentes provenientes de Fregenal de la Sierra, Jerez de o Medina de las Torres, junto a familias enteras que llegaban desde el norte de la provincia de Huelva, echaron a andar desde Valencia del Ventoso para intentar llegar hasta Azuaga, una zona donde todavía gobernaban los representantes del gobierno republicano legítimamente constituido. Para conseguirlo, tenían que recorrer noventa kilómetros por un territorio que se estaba convirtiendo en ratonera. Marchaban como podían: a pie, en carros, con animales, llevando algunos enseres… Miles de personas por los caminos de Extremadura cargadas con lo poco que habían podido salvar mirando de vez en cuando hacia atrás temerosas de que sus perseguidores les alcanzaran. Y les alcanzaron. 


Los rebeldes sabían perfectamente que lo que tenían delante era una mayoría de civiles, muy pocos llevaban armas, y aun así les atacaron en las proximidades de Fuente del Arco, en un paraje llamado La Alcornocosa. Militares, guardias civiles y falangistas bien armados arremetieron los días 17 y 18 contra una multitud en la que apenas unos cuantos hombres estaban en condiciones de repeler el ataque. Dispararon incluso con ametralladoras y la columna se deshizo entre el miedo y la desesperación. Algunos consiguieron escapar hacia Azuaga, otros huyeron monte arriba, otros regresaron sobre sus pasos y muchos fueron capturados.


Alrededor de ochenta personas murieron en el ataque, pero aquella matanza fue solamente el comienzo. Unos dos mil supervivientes fueron detenidos y conducidos a Llerena. Allí fueron encerrados en distintos lugares, entre ellos la plaza de toros. Se elaboraron listas, se solicitaron informes a los pueblos de procedencia y se identificó a los detenidos: a ver quién tenía antecedentes políticos, quién había sido concejal, quién había pertenecido a un sindicato, había votado a la izquierda, o había sido denunciado por un vecino… Se decidió quiénes podían volver y quiénes debían quedarse. Burócratas hasta a la hora de matar. Muchos de aquellos prisioneros fueron asesinados pero, eso sí, con un sello, una firma, un informe y una orden.


Mujeres y niños quedaron atrapados en aquella maquinaria de represión que no se conformaba con derrotar militarmente al adversario sino que además había que humillarlos, vejarlos, apocarlos, degradarlos… El genocida Queipo de Llano dio a conocer por radio la operación y la calificó de “victoria militar” al tiempo que sus periódicos afines hablaban de una “columna marxista” derrotada. 


Matas mejor si primero cosificas, si consigues deshumanizar a quien no piensa como tú ¿les suena? Ya por entonces, aquellos criminales dominaban el arte de la propaganda. Los extremeños que intentaban “escapar” y llegar hasta Azuaga no eran campesinos sino rojos, marxistas peligrosos; fugitivos, nada de refugiados y las familias enteras que solo aspiraban a salvar la vida, eran para los propagandistas declarados enemigos de España.  


Han pasado noventa años y estamos hablando de una historia de la guerra civil, otra más, que apenas se conoce. Durante demasiado tiempo la tragedia de aquellas ocho mil personas ni existió. Antes de La Desbandá de Málaga, antes de tantos otros éxodos, miles de extremeños descubrieron que, en una guerra, intentar sobrevivir también puede ser considerado delito. 


Este episodio, unido a que Badajoz es la segunda región española con el mayor número de personas asesinadas por el franquismo (nunca podrá olvidarse la matanza de 4.000 personas en la plaza de toros de Badajoz) ha llevado a una decena de colectivos y asociaciones memorialistas de la región a promover cada septiembre una marcha para reivindicar la memoria de aquel suceso en el mismo lugar donde ocurrió. Este año, cuando se cumple el 90 aniversario, se ha convocado para el próximo domingo 20 de septiembre la “III Marcha Columna de los Ocho Mil”, una ruta circular de algo más de diez kilómetros con salida y llegada a la localidad pacense de Fuente del Arco. Allí estaremos.


J.T.


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