lunes, 31 de marzo de 2025

Capitulación en el Valle de los Caídos




Cuelgamuros seguirá ahí, con su megacruz intocable forever, sus misas cañí y sus monjes benedictinos encargándose de la hospedería y la escolanía como hasta ahora. El gobierno progresista renuncia a lo que nos había prometido que no iba a renunciar, qué cosa más rara, con lo cumplidores que son, y se pliega a las exigencias religiosas. Ochenta y cinco años después de que comenzara a construirse, el monumento de la vergüenza perpetúa su vigencia con las bendiciones de un gobierno de izquierdas que, una vez más, hinca la rodillas ante las sotanas. Nada nuevo bajo el sol. 


El caso es que cuando Carmen Calvo era vicepresidenta con Pedro Sánchez y nos dijo que la presencia de los monjes en el Valle de los Caídos era “incompatible” con los planes para “resignificar” el monumento yo me lo creí; que cuando Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática aseguró que Cuelgamuros “debe ser un centro laico que sirva para explicar la guerra civil y lo que vino después”, también le di crédito igual que me ocurrió cuando, el pasado mes de octubre, tras el último encuentro entre el Papa y el presidente español, se nos aseguró que, para cumplir con lo previsto en la Ley de memoria democrática, “todos” los monjes benedictinos serían desalojados en breve.


Pues mire usted, pues una vez más va a ser que no. “No había alternativa”, claman ahora desolados desde el ministerio de Félix Bolaños mientras intentan justificarse poniendo en valor que a cambio han acordado con el Vaticano echar del Valle de los Caídos al prior fascista y a dos monjes que también son de su cuerda. Insisten además en presumir porque han conseguido el permiso de la Iglesia para promover un concurso internacional de ideas que ayude a remodelar el complejo. O sea, a ver si yo me entero, que te pegan un revolcón humillante, uno más en la interminable retahíla de rendiciones socialistas ante los obispos, y cuando todavía no te has levantado del suelo pretendes sacar pecho diciendo que por lo menos no te han roto la cara. Por cierto, que el concurso de ideas y la celebrada “resignificación” (que también tiene narices el término) costará treinta millones de euros que pagaremos todos. Eso sí, incluirá intervenciones en el vestíbulo, el atrio, la nave desocupada y la cúpula de la basílica, no sé de que nos quejamos. 


Nada nuevo bajo el sol, como decía antes. Las rendiciones socialistas son ya historia de España, comenzaron en 1983, cuando aquellos augustos progresistas llamados Alfonso Guerra y Felipe González potenciaron la enseñanza concertada subvencionando colegios de curas y monjas en lugar de construir institutos públicos. Y ahí siguen sus sucesores, ahora gobernado en coalición con cinco insignes izquierdistas, agachando el lomo y sin dar un solo paso para que el carácter laico que preconiza la Constitución Española (“Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, artículo 16.3) se cumpla de una puñetera vez y podamos sacudirnos por fin el punto beato que coloniza sin descanso nuestra convivencia diaria.


Lo de la imposibilidad de desposeer al Valle de los Caídos de su perfil tétrico no es algo anecdótico, resulta desolador constatar la impotencia de un gobierno presuntamente progresista para actuar de manera contundente en este tipo de asuntos. Si en un caso así se bajan los pantalones hasta tal punto, no quiero ni imaginarme cómo serán de profundas las tragaderas de nuestros gobernantes con todo lo que está pasando ahora en el mundo, qué no estarán cediendo en materia de rearme, qué no estarán dispuestos a hacer cada vez que topen con cualquier tipo de resistencia. Si no pueden ganarle un solo pulso a la Conferencia Episcopal, -recordemos que aún no se ha conseguido que paguen el IBI ni tampoco se han derogado los acuerdos con la Santa Sede-, ¿vamos a esperar que en Bruselas no sean tan belicistas como el que más, o que en algún momento le planten cara al gorila que okupa la Casa Blanca cuando nos amenaza?


Así se entiende mejor que la ley mordaza siga ahí, que la política de vivienda continúe siendo un bluf, que lo del Consejo General del Poder Judicial acabara como acabó, que los urdidores de la policía patriótica puedan irse de rositas, que los jueces fachas sigan marcándonos la agenda… Pero eso sí, van a echar a tres monjes de Cuelgamuros, ¡aleluya! “Van a echar”, es decir, que todavía no los han echado... Hasta ahora, lo único definitivamente acordado según un comunicado de la archidiócesis de Madrid con fecha 27 de marzo, ha sido “la permanencia de la comunidad benedictina y la no desacralización de la Basílica, así como el respeto a todos los elementos religiosos situados fuera de la misma".


En 2022, la Ley de memoria democrática declaró extinguida la Fundación del Valle de los Caídos “por resultar incompatibles sus fines con los valores y principios constitucionales” y se anunció la publicación de un decreto que refrendaría esta decisión, ¿qué creen ustedes que pasó? Cierto, lo han adivinado, ese decreto aún estamos esperando que se apruebe.

 

A este paso, se lo van a dejar todo hecho a las derechas y ultraderechas cuando les toque gobernar. Con  lo vagos que son, les vendrá de perlas.


J.T.



lunes, 24 de marzo de 2025

La política, más patio de vecinos que nunca



Gabriel Rufián llamando miserable al posconvergente Isidre Gavín por responsabilizar a Esquerra de las incidencias en Rodalies, Miguel Tellado plantando cara a la presidencia del Congreso de los Diputados, Cayetana Álvarez de Toledo vituperando a Félix Bolaños por haberse cambiado de móvil, Elías Bendodo comparando el Tribunal Constitucional con un túnel de lavado, los gamberros de Vox en su línea de siempre… Mira que cada semana procuro partir de cero, hacer borrón y cuenta nueva cuando me dispongo a seguir la actividad parlamentaria, pero es inútil. 


Con la que está cayendo en el mundo y aquí siempre con el cuchillo entre los dientes, leña al mono. El todavía llamado Gobierno de coalición jugando con fuego y votando distinto en una elocuente moción sobre el plan de rearme europeo que incluía la salida de España de la OTAN, Junts sumando sus votos a los de Vox y el PP para impedir la creación de la Agencia Estatal de Salud al tiempo que los diputados populares cuyos escaños están situados tras el de la ministra de Sanidad le sueltan un jódete, que no has conseguido sacar adelante tu chiringuito…


Nos perdemos en nuestras miserias y no abrimos el foco con la que está cayendo. En lo que respecta a Europa, mejor que Núñez Feijóo y los suyos no lo abran para no hacer más el ridículo. José María Aznar, la mano que mece la cuna, sigue moviéndose en la sombra, ahora allende los Pirineos, para dificultar las cosas más todavía. El autor de “quien pueda hacer que haga”, frase canalla donde las haya, podría, como también podría Felipe González, poner sus conocimientos al servicio de una mejor convivencia, de una coexistencia más sosegada en la política española. Pero no les da la gana, prefieren tenernos a todos en un sin vivir que invita a la ciudadanía a abominar de la política para siempre, al tiempo que dejan el campo bien regadito para que germine y crezca la simiente ultra. Los dos viejos dinosaurios creen que así acabarán consiguiendo el sueño húmedo que comparten desde hace tanto: que el PP y el PSOE se decidan a pilotar la nave juntos y se dejen de historias.


Escucho a Pedro Sánchez pidiendo que no se hable de rearme sino de “mejorar nuestra seguridad” y no puedo evitar recordar al Felipe de 1986 que nos amenazó con dimitir si los resultados del referéndum le impedían que España continuara en la OTAN. El actual presidente, de momento, solo pide que cuidemos los términos a la hora de hablar de guerra pero por algo se empieza, recordemos que para González, en cierto momento, lo de la Alianza era “De entrada, no”. 


No creo que el actual presidente le hiciera muchos asquitos a pactar asuntos con los populares sobre todo si hay armas por medio pero el problema del PP, más que Mazón y Díaz Ayuso juntos, es su líder, uno de los mejores ejemplos de la veracidad del principio de Peter (ya saben: cualquier incompetente puede ser ascendido hasta ocupar un cargo para el que no está preparado). En la moción contra la OTAN que el BNG promovió el otro día en el Congreso, los de Sumar se encontraron entre la espada y la pared y no tuvieron más remedio que votar contra sus amados socios socialistas para que no se les vieran las costuras más de lo que ya se les están viendo, pero no hay problema: más pronto que tarde serán fagocitados. Sobre todo la desconsolada y solitaria Mónica García a quien, ojo al dato, no sería tan extraño verla como futura candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid con Más Madrid o sin él, pero bajo el manto del PSOE.


Seguirán armando el mecano haya o no presupuestos. Si leemos entre líneas las recientes declaraciones de María Jesús Montero, tan ambiguas como elocuentes, es fácil deducir que no los habrá, por mucho que la ministra de Hacienda insista en que el Ejecutivo peleará “hasta el último balón”. Pesan ya las casi cincuenta votaciones perdidas en lo que va de legislatura y nadie olvida algunas leyes clave sacadas adelante de rebote, como ocurrió con la reforma laboral.


Queda por ver ahora cómo se resuelve el contencioso entre los socios de gobierno por la tributación o no del salario mínimo. El Ministerio de Hacienda quiere vetar la propuesta de ley de Sumar que busca que quien cobre el SMI siga sin pagar el IRPF y Yolanda Díaz asegura que “levantará ese veto”. Tendría gracia que Sumar y PP acabaran votando juntos.


J.T.


lunes, 17 de marzo de 2025

Tras la emisión de 7291 en RTVE… ¿ahora qué?


Entre las muchas cosas que parecen dejar claras tanto la expectación que despertó la emisión en RTVE del documental 7291 como los índices de audiencia que consiguió a pesar de la hora, o las presiones del PP intentando evitar su difusión, una es que la tele está más viva de lo que nos empeñamos en creer. Otra, que el carácter de servicio público del medio hay que defenderlo con uñas y dientes. En la televisión pública del Estado sus responsables lo están intentando, aunque no lo tienen fácil.


Creo que la decisión de emitir 7291 tuvo un carácter mucho más profesional que político; el mundo de la comunicación, no solo el político, está en deuda con los miles de ancianos a quienes “dejaron morir como perros” –palabras textuales que se pueden escuchar en el documental- y resulta democráticamente higiénico que, aunque sea años más tarde, el común de los ciudadanos pueda formarse su opinión con la perspectiva que aporta el paso del tiempo y con datos rigurosos. 


Los datos son públicos porque son oficiales, están grabados y a disposición de quien quiera consultarlos, pero había que visionarlos todos, seleccionarlos y ordenarlos, y eso fue lo que hizo Juanjo Castro al elaborar una película, por sus propios medios y sin subvención alguna, donde se percibe el respeto por el dolor de las víctimas y por el criterio del espectador, a quien se le ofrece suficiente caudal de información para que pueda extraer sus propias conclusiones. 


En su mayor parte, los testimonios que aparecen en la cinta proceden unos de las comparecencias grabadas en la Comisión sobre la gestión del Gobierno que tuvo lugar en la Asamblea de Madrid desde mediados de 2020, drásticamente suspendida tras la victoria electoral de Ayuso al año siguiente, y otros de las intervenciones que algunos familiares de fallecidos llevaron a cabo en la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid. 


Plantearse que Telemadrid hubiera podido emitir este trabajo es soñar, por eso es bueno que la televisión pública del Estado se haya decidido a hacerlo. Ni imaginarme quiero cómo habrían sido las cosas en este quinto aniversario de aquel azorado confinamiento si en La Moncloa estuvieran a día de hoy Feijóo y Abascal. Podemos hacernos una idea si nos molestamos en repasar los informativos de la televisión autonómica madrileña en los que se daba cuenta de lo que sucedió en la sesión de la Asamblea de Madrid celebrada la semana pasada. Ni rastro del largo aplauso de la izquierda a los familiares de víctimas presentes en el hemiciclo mientras Ayuso y su grupo político permanecían inamovibles. 


“Dejen de retorcer el dolor de las víctimas”, bramaba poco después en el pleno la presidenta madrileña, como lo hizo también en un video de diez minutos disfrazada de dolorosa donde, con la altanería cheli que le caracteriza, reducía a 4143 el número de ancianos muertos en residencias durante los días en que quienes no disponían de seguro privado fueron abandonados a su suerte. No querían en la CAM saber nada de la cifra 7291 ni del documental pero hete aquí, ¡oh, casualidad! que fue anunciar la emisión en RTVE y ponerse en marcha toda la batería de presiones posible. 


“RTVE es de todos los españoles, no la televisión privada de Sánchez ni el altavoz de su propaganda. Basta ya de secuestrar un servicio público”, escribía en x-twitter Miguel Tellado, que hay que tener bemoles. “Lamento que Televisión Española se ponga al servicio de la izquierda", soltaba el secretario del PP madrileño en directo durante el debate previo a la proyección del documental. “Que se emita íntegro el vídeo de nuestra presidenta”, exigía por carta el consejero de presidencia de Ayuso. En este caso los responsables de tve no se arredraron y contestaron que tales presiones suponían una injerencia intolerable en su trabajo aunque templaron gaitas retrasando la hora de emisión y poniéndola en manos de Xabier Fortes, profesional cuya habilidad para evitar meterse en charcos está sobradamente conocida y reconocida. 


Ojalá la emisión de 7291 marque un antes y un después en la deseada resurrección que llevamos esperando doce largos años. Ojalá los informativos de la televisión pública estatal vuelvan a recuperar la factura y la credibilidad de la que gozaron en tiempos de Rodríguez Zapatero con Fran Llorente como director; ojalá el resto de la programación, que parece que por fin apunta maneras, consiga ofrecer la realidad del país plural que ninguna televisión ni privada ni autonómica parece interesada en reflejar. Dicen que el medio televisivo está muerto. Pues menos mal.


J.T.

lunes, 10 de marzo de 2025

“Los abusones del patio de la democracia”


Uno va y compara el Valle de los Caídos con la plaza de Pedro Zerolo, otro escudriña las intimidades del Fiscal General del Estado, un tercero se planta en el palacio de la Moncloa a interrogar al presidente del Gobierno por una denuncia a su mujer elaborada con recortes de periódico…  Son jueces, ciudadanos que, como dice Joaquín Urías, “se creen que haber aprobado una oposición los capacita para imponernos sus juicios morales”. Mala cosa que nos sepamos de memoria el nombre de tantos magistrados en lugar de la alineación de nuestro equipo de fútbol favorito, como está mandado.


No quiero saberme el nombre de Marchena, ni el de García Castellón, ni el de Escalonilla o Peinado, quiero respetar a la justicia, creer en ella, pero cada vez que escucho lo que dicen o veo lo que hacen muchos de quienes están llamados a impartirla se me cae el alma al suelo ¿En manos de estas personas estamos? ¿es a ellas a quienes corresponde decidir sobre nuestra libertad llegado el caso, sobre nuestros bienes, sobre nuestra vida?


En los videos y audios de juicios con los que nos desayunamos últimamente no me gusta lo que oigo, no me gusta lo que dicen según qué jueces, pero lo que me parece más triste es cómo lo dicen, con ese desenfado cheli tan lejano de la solemnidad esperable del puesto institucional que desempeñan. Que el responsable de un tribunal entre en debate con el acusado, como ha ocurrido estos días con el presentador Héctor de Miguel me rompe los esquemas. Que lo intente intimidar prescindiendo del contexto e ignorando el carácter humorístico del programa donde expresó algo que al alguien no le gustó, no augura nada bueno sobre por dónde puede ir la sentencia. Mala cosa.


Como ha ocurrido con tantos otros casos, el procedimiento contra el responsable de “Hora veintipico” se abrió tras una denuncia de un grupo ultra llamado Abogados Cristianos, chúpate esa. La religión mangoneando una vez más, intentando arruinar vidas a estas alturas de la película. Ahí está también pendiente la amenaza de esta misma organización y de otra llamada “Hazte Oír” contra Lalachús, la cómica que presentó las recientes campanadas de fin de año en tve. Dos meses largos han pasado desde que el ministro Félix Bolaños decidió terciar ante aquel despropósito proclamando que “no puede ser que hacer humor sea delito y asegurando que se iba a revisar cuanto antes el de ofensas a los sentimientos religiosos para garantizar la libertad de expresión y creación. Pues menos mal. 


Quiero imaginar que cuando el responsable gubernamental de la cartera de Justicia habla de garantizar la libertad de expresión se refiere también a que se pueda hablar de la monarquía sin que te condenen, como ocurrió con el rapero Pablo Hassel. También a que desaparezca el carácter intimidatorio de según qué interpelaciones judiciales. Porque el problema, como decía Héctor de Miguel en el programa posterior a su comparecencia judicial es que “los jueces se saben intocables”, que se comportan como “los abusones del patio de la democracia”. ¡Cómo resuenan aquellos ecos!, ¿recuerdan?: “que los jueces elijan a los jueces”. Saben además que por muy reaccionarios que sean, parafraseando a Pedro Zerolo, ellos caben en nuestro tipo de sociedad, pero somos muchos los que tenemos dudas razonables de si cabríamos o no en el suyo. 


Sería bueno poder celebrar, y cuanto antes, la absolución del humorista de Miguel pero aun así ahí quedará el aviso a navegantes. En el ambiente permanecerá el miedo a expresarse libremente sin tener por qué temer ninguna consecuencia. Así no se puede seguir. Si esto ocurre con un llamado “gobierno de coalición progresista”, ¿qué no acabará pasando cuando sean los amigos ultras de los jueces quienes estén en la Moncloa?


La judicatura no puede actuar como el brazo armado de los intolerantes, así como los medios de comunicación no deben operar como altavoces de quienes defienden el racismo o la homofobia, minimizan la violencia de género y criminalizan al inmigrante por el hecho de serlo, ¡vamos a dejarnos de bromas ya! 


J.T.

lunes, 3 de marzo de 2025

¡Fascistas acosadores fuera del Congreso ya!





Van tarde los periodistas parlamentarios protestando por la presencia entre ellos de provocadores ultras disfrazados de informadores que dificultan su trabajo y usan la acreditación que nunca debieron tener para fustigar a los políticos en las ruedas de prensa, además de perseguirlos y acosarlos micrófono en mano por los pasillos y aledaños del Congreso de los Diputados. No sé por qué han esperado tanto, como tampoco entiendo por qué las presidentas de la institución (antes Meritxell Batet y ahora Francina Armengol) no han desposeído ya a individuos como Negre, Quiles o Ndongo de unas acreditaciones que profanan cuando las esgrimen.  


Algo se nos está yendo de las manos. Algo muy serio está fallando y nadie parece dar con la tecla que permita salir del embrollo. Los fascistas avanzan gracias a los instrumentos de los que los dota el sistema democrático y así, cuando llegan al poder, se cargan en tres días el universo de libertades que costó decenios construir. No voy a hablar explayarme hoy aquí hablando de los desmanes del “gorila” estadounidense, apelativo con el que califica a Donald Trump el eurodiputado del Partido Popular Esteban González Pons, sino del peligro que palpamos en nuestra propia casa y que, con la mayor de las impotencias,  comprobamos cómo crece cada día. 


Organizaciones ultras como Hazte Oír o Abogados Cristianos se sirven del sistema judicial de la manera más abominable para tensar la convivencia y poner en marcha procedimientos que casi siempre acaban en nada pero que mientras permanecen abiertos deterioran, puede que sin remedio, nuestra salud democrática. Que haya jueces que les den bola y prensa que les proporcione altavoz redondea tamaña insidia y contribuye a pudrir la armonía imprescindible para coexistir en paz.


Hay que encontrar la manera de no seguirles el juego, de que no nos marquen la agenda, de que no puedan acosar con la impunidad con la que lo hacen. No es de recibo tampoco, como decíamos al principio, que unos tipos se cuelen en el Congreso y, disfrazados de periodistas, se sirvan de la actividad parlamentaria para, “intimidar a la prensa y montar cada día peliculillas con las que echar de comer al algoritmo y a sus tropas de trolls, cuentas anónimas y demás odiadores”, como ha escrito mi compañera Carmela Ríos.


"Sufrimos descalificaciones, insultos y señalamientos por parte de personas que trabajan junto a nosotros y no respetan unas elementales normas de convivencia. Incluso nos amenazan con dar a conocer nuestros domicilios, ¡basta ya!" denuncian los periodistas parlamentarios. Lo siento, compañeros, pero vais tarde como os decía. Hace casi tres años que, en este mismo rincón, me hacía yo algunas preguntas que continúan sin respuesta, entre las que me voy a permitir refrescar unas cuantas: 


“¿Es aceptable que alguien use una acreditación periodística para provocar a según qué políticos comparecientes convirtiendo así la sala de prensa del Congreso en una prolongación de los enfrentamientos que Vox suele protagonizar en el hemiciclo? ¿Se les puede negar el acceso? ¿Se les puede poner condiciones?¿Cómo impedir la presencia de estos personajes sin que eso acabe convirtiéndose en un peligroso precedente para recortar libertades a quienes hacen su trabajo de manera respetuosa y profesional? ¿Cuándo una pregunta deja de ser correcta para convertirse en incorrecta, dónde está la frontera? Es más, ¿hay preguntas incorrectas? Los ultras provocadores no alzan la voz, no insultan, sencillamente encanallan el ambiente con directos al hígado retorciendo argumentos y distorsionando la realidad mientras ponen cara de no haber roto nunca un plato”.


Hay que encontrar la manera de acabar con la impunidad de estos provocadores, pero técnicamente no parece que sea fácil. En este lío andamos desde hace ya bastante tiempo, se ha esperado demasiado para salir a protestar a las puertas del Congreso mostrando folios con una frase, Señalar no es periodismo, cuya ambigüedad ha permitido a los crispadores interpelados posar al día siguiente en el mismo lugar con el mismo papel y las mismas palabras escritas en él que sus “colegas” hastiados. Si “señalar no es periodismo, ¿por qué nos señaláis?”, se preguntaban Ndongo y Quiles con el descarado recochineo que les caracteriza.


Tenemos razón, pero no acertamos. A este paso se quedarán ellos y nos echarán a los demás. En Estados Unidos ya han empezado. Han expulsado de las ruedas de prensa en la Casa Blanca a Associated Press, la más prestigiosa agencia de noticias del país, han cerrado la oficina de la CNN en el Pentágono y han dejado fuera del pool al HuffPost y a la agencia Reuters, otra de las más reconocidas del mundo.


Basta ya, es verdad, pero me temo que vamos pelín tarde. 

lunes, 24 de febrero de 2025

¿Por qué calla Europa frente a los desmanes de Trump?


Nos están retransmitiendo en directo el caos y nosotros en la inopia. Nos están cambiando el mundo, o al menos intentándolo, en nuestras propias narices y aquí nadie reacciona. Hiperactivo y enfurruñado, volvió Donald Trump a la Casa Blanca con ganas de revancha y en poco más de un mes ha superado con creces los peores augurios. El catálogo de desafueros es tal que tiendes a pensar que ha de tratarse  de una broma. Debutó fustigando a Canadá, México, Panamá, Dinamarca, Colombia, persiguiendo inmigrantes o purgando funcionarios y continuó zarandeando el tablero con los aranceles, anunciando su intención de convertir Gaza en un resort, ninguneando a Europa y cortejando a Putin para repartirse Ucrania porque total, fue Zelenski quien empezó la guerra. Cada disparate que lanza supera al anterior mientras medio mundo asiste al espectáculo con cara de lelo.


¿Derechos humanos? ¿Eso qué es? Nos vamos de la Organización Mundial de la Salud, fuera también Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, nada de ayuda exterior humanitaria, faltaría más, ni de dinero para la acogida de refugiados… Se acabó, ¡qué caray! A recortar como si no hubiera un mañana y a usar las embajadas para extender las políticas más insolidarias. Ni un minuto de respiro para el mundo tal como se conoce hasta hoy. Tiene prisa en su regreso este nuevo amo, como si temiera morirse antes de conseguir hacer realidad sus sueños más húmedos, antes de poner todo patas arriba, antes de dejar esto hecho unos zorros: “…y en todas partes dejé/memoria amarga de mí”, que decía Zorrilla en el Tenorio.  


Que a los ciudadanos de a pie nos esté costando digerir tanto desmán parece lógico. Por muy previsible que pudiera ser, que lo era aunque quizás no tanto, nos cuesta asumir que está ocurriendo pero… ¿se pueden permitir las instituciones continuar boquiabiertos y sin saber qué hacer un mes después de la llegada del elefante a la cacharrería? ¿Por qué nadie reacciona aquí? 


Y lo que es peor, no es que nadie reaccione, es que el holandés Mark Rutte, ahora secretario general de la OTAN, el mismo que cuando era presidente de su país nos ahogaba sin piedad en lo peor de la crisis para que países como España pagásemos la deuda y nos dejáramos de gastos sociales (austeridad, austeridad, ¿recuerdan? es ahora quien nos insta a aumentar en nuestros presupuestos los dineros destinados a Defensa con la anuencia, por cierto, de nuestro nunca suficientemente bien ponderado gobierno de coalición. ¡Pleitesía al gran dinosaurio americano! 


Macron organiza una cumbre en París para buscar respuestas al lío de Ucrania y no deciden nada. Nadie contesta, nadie enseña los dientes. ¿Qué va a pasar con la Europa de las ultimas décadas, qué va a pasar con el estado del bienestar, con los derechos sociales y laborales arrancados tras años de lucha, de manifestaciones y negociaciones a cara de perro? Descorazona la inacción de las democracias europeas, esta inexplicable parálisis en un momento en que cada minuto es oro porque está claro que quieren acabar con el sistema de convivencia que nos habíamos dado. Ellos se comportan como matones y el personal cada día con más cara de panoli ¿Todavía alguien tiene dudas de que vienen a por nosotros? 


La ultraderecha crece y las calles de toda Europa continúan vacías, sin manifestaciones, sin plantarle cara a quienes importa un comino la desigualdad, la injusticia o usar la mentira como instrumento de trabajo. Hay muchas voces desaparecidas, ¿dónde están los líderes de opinión de la izquierda, dónde los referentes que doten de munición intelectual al común de los mortales? ¿dónde los foros de debate, dónde la caras conocidas y comprometidas que motiven para comenzar a reaccionar? ¿dónde las organizaciones sociales que han de mover a la ciudadanía para que exprese públicamente y cuanto antes su rechazo a tanto desmán? El mundo está cambiando en vivo y en directo y quienes han de defender los valores que han regido hasta ahora nuestra convivencia andan en la inopia.


“Los alemanes vestían de gris y tú ibas vestida de azul” le decía Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en el París de “Casablanca” el día en que la capital de Francia fue tomada por los nazis. Siempre nos quedará la poesía, cuando los acontecimientos nos desbordan. 


J.T.



lunes, 17 de febrero de 2025

Honor a La Desbandá!

Entre Nerja y La Herradura quedan aún ciertos tramos de la carretera más antigua que unía Málaga con Almería por los que se puede caminar. Deteriorados y avejentados, poco cuidados, son trechos como este, hay algunos más, los que mejor permiten hacerse a la idea de la espantosa ratonera que aquello debió ser. Miras el paisaje y no puede ser más bello, recuerdas lo que aquí sucedió y no puedes sentirte más sobrecogido. Somos más de trescientas personas y no se oye una mosca, solo nuestros pasos. Nadie habla ahora porque todos sabemos lo que están pensando los demás. 


A nuestra izquierda, la montaña. Enorme, inaccesible, eterna. A nuestra derecha los acantilados y al fondo, quinientos metros más abajo, el mar desde donde tres barcos de guerra disparaban sin piedad sobre una mayoría de ancianos, mujeres y niños que buscaban salvarse de las fauces de Queipo de Llano. Para muchos, después de caminar varios días con hambre y con frío, esa salvación nunca llegó. Si no les alcanzaban los disparos de las fragatas, aparecían los aviones italianos para rematar la faena. Una calamidad de tal envergadura que tuvieron que pasar muchos años para que alguien hablara. Los republicanos porque no supieron proteger a la ciudadanía; los asesinos porque, aunque carecían de sentimiento de culpa, eran conscientes de las dimensiones del genocidio.


Por mucho que se recuerde, siempre será insuficiente. Por eso tiene tanto valor que cada mes de febrero desde hace nueve años, un grupo cada vez más numeroso de personas recorra a pie los doscientos kilómetros de aquella pesadilla entre los días 6 y 15, las mismas fechas en que ocurrió allá por el año 1937. Que nadie se llame a engaño ni intente desnaturalizar su sentido. Esto no es una excursión, tampoco una romería, la marcha de La Desbandá es una manifestación en toda regla, con un recorrido y una duración de libro de los récords. Esto es un tributo a la memoria de entre ocho y diez mil personas asesinadas de las que durante mucho tiempo nadie se atrevió a hablar. Han pasado 88 años y los pocos testigos que quedan vivos, por entonces niños, son ya ancianos que apenas aciertan a recordar, por ejemplo, cómo se escondían en los cañaverales o cómo saltaban de cadáver en cadáver llorando y buscando a su madre. 


Que existan las marchas de La Desbandá contribuye a recuperar esa memoria: a través de hijos y nietos que escucharon las historias de los supervivientes pero durante décadas callaron por miedo, a través de las pocas fotos que hizo el equipo de Norman Bethune, un médico canadiense que consiguió salvar muchas vidas yendo y viniendo con una ambulancia desde zona republicana… Estas marchas de ahora son higiene democrática pura. Que cada año la conformen un número mayor de personas demuestra que quienes decidieron promoverlas acertaron. Los vascos, catalanes o gallegos que acuden, a los que en esta ocasión se han sumado franceses, ingleses, alemanes, argentinos o finlandeses, son más cada año.


Y no, no vienen de excursión. Pasar las noches en el suelo de pabellones deportivos metidos en un saco de dormir con setenta años (la mayoría de los participantes, de momento, son personas mayores, pero eso también va cambiando) madrugar para recorrer veinte kilómetros diarios de media durante diez días o asearse en duchas comunes no es precisamente el mejor de los planes. Asombra constatar la buena disposición y el ánimo con la que esto se vive y se gestiona. Hay fuerza, convicción y muchas ganas de luchar detrás. Esa determinación fortalece la iniciativa y contraría a aquellos sectores a los que molesta, alcaldes del PP que no solo no facilitan las cosas en las localidades por la que transita la marcha, sino que hacen lo posible por torpedearla, ciudadanos de ideología ultra (abundantes en buena parte del trayecto) que insultan a nuestro paso… 


La fuerza de La Desbandá es incuestionable y cada vez se ve más clara su necesidad. Por supuesto, la mayor parte de los caminantes se sitúan ideológicamente a la izquierda. No quiero creer que sea esa la razón por la que, incluso desde instituciones oficiales que dependen de los socialistas, como es el caso de la subdelegación del gobierno de Almería, se pongan pegas a circular por según qué trayectos como ha sucedido este año. Difícil entender que esto ocurra al tiempo que el BOE declara La Desbandá “Lugar de Memoria Democrática”, pero ha ocurrido. 


¿Que es La Desbandá pues, una china en el zapato? ¿o quizás un sabroso caramelito que, comprobadas su fuerza y su potencia, ahora quieren patrimonializar PSOE y compañía? Sea lo que sea, algo parece claro: tocará trabajar para que La Desbandá no sea torpedeada ni colonizada. Sería funesto que perdiera su esencia. Es algo que se les deberá por siempre a quienes perdieron la vida en la carretera Málaga-Almería y a quienes, tras sufrir aquellos ataques, sobrevivieron obligados a aprender a gestionar sus miedos y sus silencios durante el resto de sus vidas.


J.T.

lunes, 10 de febrero de 2025

¿De qué “unidad” de la izquierda estamos hablando?

Que me lo definan, por favor, que me definan qué entienden por unidad de la izquierda quienes ahora la vuelven a preconizar. Vamos a ver, ¿no estaban unidos ya según ellos? ¿No habían conseguido constituir un grupo de gente guay que se sobraba y se bastaba para formar un gobierno de coalición, de donde la “verdadera izquierda a la izquierda” del PSOE iba a salir reforzada? ¿A quién le piden socorro ahora las gentes de Sumar y de Izquierda Unida, a los mismos que llamaron fusibles quemados, a las mismas personas ante quienes se pusieron de perfil descaradamente mientras estas eran acusadas de hacer ruido y promover leyes que “sacaban delincuentes de las cárceles”? 


Los negaron tres veces antes de que cantara el gallo, no les dieron ni agua a la hora de negociar la composición del actual gobierno, se callaron cuantas veces la derecha judicial, política y mediática arremetió contra ellos, los ningunearon, proclamaron que estaban muertos y ahora, cuando comprueban que el Podemos que intentaron matar goza de mejor salud a medida que ellos languidecen, vuelven a las andadas. Como si no hubiera pasado nada. “Venga, anda, pelillos a la mar, que siempre nos hemos querido” ¡Hace falta cuajo!


Desde hace varias semanas, no salgo de mi asombro cuando compruebo los manotazos de náufrago de Yolanda Díaz y compañía. A medida que constatan hasta qué punto Pedro Sánchez los ha timado, a medida que adelgazan en las encuestas y constatan cómo aquella operación de éxito inventada para acabar con Podemos ha sido un rotundo fracaso, en lugar de reconocer que más vale partir de cero y, con la mayor humildad, trabajar por algo distinto, vuelven con la misma cantinela intentando vender la mercancía de siempre.


Lo hacen apelando al miedo a la derecha, porque no es que quieran cambiar las cosas sino que se resisten a dejar paso, a perder su diminuto trocito de pastel. Porque ese es el asunto. Tanto en el PC como en Izquierda Unida, como ahora en Sumar, la cuestión ha sido siempre, y continúa siendo, conservar los cuatro silloncitos que mantienen calentitos a unos cuantos espabilados vendiendo a su potencial electorado que lucharán para combatir las injusticias y las desigualdades. Mentira. Si eso significa poner en peligro su status y sus prebendas nunca lo harán, como demuestra su docilidad frente a un PSOE con los colmillos retorcidos que tiene bien claros los límites en los que ha de moverse para que los verdaderos amos del cotarro se mosqueen con el Gobierno lo menos posible. Que se mosquean igual, porque todo lo que no sea que gobierne la derecha pura y dura les parecerá mal.


Si los socialistas siempre han sido timoratos, algo que tampoco se empeñan demasiado en disimular, quienes en la actualidad gobiernan con ellos teóricamente  a su izquierda son cada vez más gaseosos. Y algo ciegos, porque en lugar de pedir perdón, irse a su casa la mayoría de ellos, reconocer que las putadas que le gastaron a Podemos no tienen nombre y que sin ese motor, que diría Iván Redondo, no levantarán cabeza, Yolanda y sus adláteres recurren al comodín de siempre: vosotros seréis los culpables si la ultraderecha acaba gobernando, proclaman. No se molestan ni en ser pelín originales e interpretar una partitura distinta, ¿para qué se van a esforzar si están convencidos, como sus socios mayoritarios, que con apelar al miedo les vale? Si siempre que recurren al chantaje funciona, ¿para qué cambiar de melodía? 


Apenas han sacado la patita, Yolanda Díaz, Enrique Santiago, Antonio Maíllo y demás apóstoles de ese Sumar esbafado ahí tienen otra vez a su disposición al noventa por ciento de los medios de comunicación dispuestos a proporcionarles cuantos altavoces necesiten para insultar una vez más la inteligencia de la ciudadanía y apelar a nuestra presunta desmemoria. Cancha gratis para pregonar que los malos siguen siendo Ione Belarra, Irene Montero y compañía cuyo rencor según ellos, nos acabará buscando la ruina y propiciando la llegada de la ultraderecha.


No se puede ser más tramposo, más desprejuiciado ni más amoral. Aún en el supuesto de que fuese cierto que, salvo con la descafeinada “unidad” que preconizan esto se acabará yendo a la mierda, no puede ser que salvar los muebles una convocatoria electoral tras otra les valga siempre a los mismos, a aquellos que, en el mejor de los casos, solo continuarían peleando con la boca chica asuntos de poca monta porque no le echarían jamás valor suficiente para plantar cara a las presiones de bancos, farmacéuticas u organizaciones empresariales varias. De cuestionar la monarquía o plantar cara el entramado mafioso que condiciona el día a día de nuestra convivencia ciudadana, mejor ni hablamos. 


En palabras de Javier Lezaola, “al fascismo no se le vence con "unidad de la izquierda", se le vence con unidad antifascista que no es exactamente lo mismo. Otra cosa es que España ande justa de antifascismo, pero es que anda aún más justa de izquierda”.


J.T.