Durante esta última semana, un centenar de personas hemos celebrado la IV Marxa de La Retirada. Este año la iniciamos en Montjuic, donde en 1936 se proyectó una Olimpiada Popular que pretendía ser la alternativa ética a los Juegos de Berlín. No llegó a celebrarse porque el golpe de Estado del 18 de julio lo truncó todo. Homenajeamos, por supuesto, a Lluís Companys. La segunda etapa la realizamos siguiendo el camino de la costa hasta Mataró. Este tramo se conoce como el Camí del Nord, una ruta que miles de personas de la comarca del Maresme recorrieron en su huida de las tropas de Franco. Subimos después a Camprodón y Prats de Molló y continuamos hasta recalar en Argelès-sur-Mer. Hace 87 años, medio millón de españoles en total, catalanes en su mayoría pero también aragoneses, andaluces y castellanos, cruzaron los Pirineos huyendo del terror tras la llegada de los fascistas a Barcelona. Ha sido la IV Marxa en memoria de lo que se conoce como La Retirada. Igual que se hace en La Desbandá de Málaga a Almería, que cada febrero homenajeamos también, aquí se reclama verdad, justicia y reparación.
El tramo final de La Retirada, donde se pasa por Colliure y se termina en Portbou, es conmovedor. La tumba de Antonio Machado, símbolo del exilio intelectual y emocional, y la de Walter Benjamin, que encarna el drama europeo y la desesperación de quienes huían de los nazis, son dos casos que convergen en un mismo punto, la necesidad, y la obligación, de no olvidar. Era pleno invierno cuando el medio millón de personas que escapó hacia Francia entre el 28 de enero y el 13 de febrero de 1937 lo hizo caminando a pie con lo puesto, bajo la nieve y el miedo. Más de la tercera parte eran mujeres, niños y ancianos.
Aquellas gentes desesperadas cruzaron por Le Perthus, Cerbère, Bourg-Madame o Prats de Molló y llegaron al otro lado de los Pirineos exhaustos, famélicos y humillados. Poco después descubrirían que en el país vecino les esperaba otro infierno tras la ocupación alemana. Campos de concentración de Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien o Bram, playas cercadas con alambre de espino, agujeros cavados en la arena para dormir, frío, disentería y desprecio. Muchos de aquellos republicanos acabarían en los campos nazis o luchando en la Resistencia francesa. Otros, como quienes habían llegado hasta Catalunya tras sobrevivir a La Desbandá dos años antes, llevaban ya en sus carnes el aroma del exilio permanente.
Durante décadas apenas se habló ni de La Retirada ni de La Desbandá. Silencio absoluto en los colegios, en la calles entre los vecinos y también dentro de casa. En muy pocas familias se hablaba de lo que nos pasó. Tras la muerte del dictador otro pacto de silencio, el enhebrado en la Transición para “no remover heridas”, ha mantenido a varias generaciones sin conocer la razón de tanto miedo y tanto silencio. El franquismo no solo mató y exilió, sino que consiguió también borrar parte de nuestra historia ¿Cómo es posible que haya generaciones enteras que no hayan oído hablar nunca de La Retirada o de La Desbandá? ¿qué tipo de relato colectivo hemos construido para que estos episodios queden al margen?
Por eso estas marchas importan, porque son pedagogía viva, porque son la forma de contarle a las nuevas generaciones, y a las no tan nuevas, lo que nos pasó, un golpe de Estado contra un gobierno legítimo que acabó en tres años con la vida de cientos de miles de personas y al que siguió una represión sistemática que duró cuatro décadas más. Quienes decidieron huir en La Retirada o en La Desbandá eran maestros, obreros, intelectuales o campesinos que creyeron que España podía ser moderna, laica y justa. No eran en absoluto unos “rojos” desalmados, ya está bien.
Creo que caminar para homenajear a quienes fueron víctimas de aquella ignominia les dignifica. En Argelès hay un cementerio de españoles, un monolito en la playa, un memorial. Allí se depositan flores y se leen nombres, se les devuelve la dignidad que les negaron los campos de concentración franceses y el olvido español y se planta cara a la propaganda negacionista de los descendientes de aquellos criminales, muchos de ellos instigadores y cuadros hoy día de las formaciones fascistas que encanallan a diario nuestra convivencia. No, el negacionismo no ha desaparecido ni mucho menos. Continúan existiendo quienes relativizan, quienes equiparan, quienes hablan de “ambos bandos” como si el golpe de Estado fascista y la tragedia que este provocó hubiera sido un partido de fútbol. Pues no!
La memoria democrática es el suelo sobre el que hay que construir una sociedad que no quiere repetir errores, no es un capricho de la izquierda, ya está bien de mentir. La Ley de Memoria Democrática así lo reconoce, pero las leyes solas no bastan. La Retirada y La Desbandá tienen que seguir recordándose cada año hasta que la memoria de las víctimas esté reparada por completo. Queda mucho trabajo, porque las resistencias continúan siendo muchas y el compromiso político de las instituciones es débil y escaso. Al contrario de lo que muchos temen, quiero pensar que los fascistas no van a gobernar en nuestro país, que no van a ganar las próximas elecciones. Ocurra lo que ocurra, la amenaza continuará estando ahí, por eso las peleas hay que darlas con la mayor urgencia posible para que, si alguna vez llegaran a gobernar, se encuentren con todo el trabajo de reparación hecho.
Que no quede ni una calle con el nombre de quienes asesinaron a tantos y tantos inocentes, pero que se repitan una y otra vez los nombres y apellidos de los criminales responsables de aquellas masacres para que se conozcan sus crímenes, para que no queden impunes. Que los familiares de las víctimas reciban el reconocimiento público que ellos y sus familias merecen. Que no haya nadie que cuando se le hable de La Desbandá o de La Retirada se encoja de hombros y te pregunte “¿eso qué es?” porque los canales para divulgarlo continúen siendo pocos y escasos. Que el común de la ciudadanía adquiera verdadera conciencia de la dimensión de todo aquello y que de una manera mayoritaria se exija a las instituciones que pidan públicamente perdón. Vamos tarde, vamos muy, muy tarde.
J.T.















