Portada del pasado 19 de enero de 2026
La legendaria revista estadounidense The New Yorker cumple 101 años este mes de febrero y es una de las pocas excepciones de periodismo bien hecho en un oficio cada vez más devaluado. La publicación existe desde el año 1925 y nació como una modesta revista satírica. Con el tiempo fue evolucionando hasta convertirse en un referente mundial de reportajes, ensayos, crónica y ficción de la más alta calidad. Memorables sus portadas y magníficas sus ilustraciones en las páginas interiores. La verificación de los hechos es parte de su ADN editorial hasta tal punto que, ya en la década de 1940, desarrollaron un departamento de comprobación de datos tan riguroso como inflexible que a día de hoy continúa existiendo aún.
En agosto de 1946 John Hersey, uno de sus mejores periodistas por entonces, se fue a Japón a entrevistar supervivientes de la bomba atómica los Estados Unidos habían lanzado un años ante sobre Hiroshima y Nagasaki. El reportaje que escribió fue tan estremecedor, tan rotundo, que la revista decidió dedicarle todo un número completo a la historia. En los años sesenta Truman Capote publicó por entregas su famoso relato “A sangre fría”, novela sobre un cuádruple asesinato en Kansas que redefinió el género de la no ficción. Ronan Farrow, hijo de la actriz Mia Farrow, que había roto con Woody Allen tras las acusaciones de abuso contra su hermana Dylan, publicó varios trabajos en The New Yorker que le valieron el Pulitzer.
Desde hace un par de meses, se puede ver en Netflix un interesante documental dedicado los cien años de la revista y en él puede comprobarse cómo se le sigue dando forma a cada edición con la misma dedicación de siempre, con los mismos criterios a la hora de seleccionar los temas y la misma meticulosidad cuando se trata de verificar hasta el más mínimo dato. Es decir, que el periodismo honesto y de calidad continúa siendo posible.
A día de hoy, The New Yorker cuenta con un millón doscientos mil suscriptores. 600.000 de ellos aún reciben la revista física semanalmente y las suscripciones puramente digitales superan el medio millón. Esto supone el 65 por ciento de los ingresos totales de la publicación, que cuenta con 600 personas en plantilla trabajando de forma directa con un salario medio de 90.000 dólares anuales para los periodistas. Los trabajadores que menos cobran superan los 60.000 dólares y hay quien puede llegar hasta los 125.000.
Un free lancer suele cobrar entre un dólar y medio o dos por palabra, lo que significa que por un reportaje de cuatro mil palabras te pueden llegar a pagar entre seis y ocho mil dólares. En resumen, que el buen periodismo es posible y además se puede pagar con una cierta dignidad. Aconsejo el documental de Netflix, entre otras cosas porque viéndolo se entiende que se puedan permitir el lujo de contar que Donald Trump y su familia poseen una fortuna que ya supera los cuatro mil millones de dólares. La revista vincula su aumento a los tejemanejes que el presidente realiza aprovechándose de su cargo. Y ahí siguen. Publicando cada semana. Que cumplan cien años más.
J.T.









