domingo, 30 de agosto de 2026

Llueven buitres sobre Ceuta



El presidente de Ceuta lo lleva advirtiendo desde el primer día: no vengáis aquí a envenenar nuestra convivencia. Juan Vivas es del PP pero no es tonto. Él mejor que nadie sabe los equilibrios que hay que hacer en una ciudad tan complicada como la suya para que el día a día sea soportable. Por eso gobierna desde 2001, veinticinco años ya, votado por ciudadanos de toda condición y por eso exige a los profesionales de la agitación llegados desde la península que los dejen en paz. La ayuda que necesita, y que ha pedido una y otra vez a un gobierno cuya falta de reflejos está siendo escandalosa, no tiene nada que ver con la discordia que se empeñan en sembrar tantos profesionales del odio como últimamente aparecen por allí.


¿A qué demonios ha ido José María Aznar a Ceuta? A nada bueno, ya se lo digo yo, a echar más leña al fuego violento de los que queman los humildes refugios de los inmigrantes en la playa, a enervar los ánimos más de lo que ya están, a avalar los comportamientos de una minoría histérica que impide a la Cruz Roja repartir comida y que insulta y acosa a los periodistas. Los ceutíes en su gran mayoría no se cansan de repetir que no quieren entrar en el juego que proponen los buitres venidos de fuera. Vito Quiles y Alvise Pérez quisieron convertir en un Torrepachecho 2 la abrupta entrada en la ciudad de 80 mil marroquíes hace un mes y al poco se vieron obligados a escapar con el rabo entre las piernas. Abascal también pinchó en hueso y todos los camorristas de la ultraderecha, con el remate estos días de un desaforado friki llamado Marcos de Quinto y su patética “Armada de la solidaridad”, han ido comprobando hasta qué punto no tienen ni idea de cómo piensa y siente el ciudadano medio ceutí, cuya vida diaria nada tiene que ver con lo que quieren en Madrid que tenga que ver.


Si es que lo saben, claro, porque el gobierno lleva ya un mes más perdido que un pulpo en un garaje, inquietantemente lento, disperso y contradictorio, y esto ha proporcionado alas a los buitres que, al olor de la sangre, han encontrado un sustancioso filón para descabalgarlo por fin del poder. Las caras de Sira Rego o de Elma Saiz cada vez que comparecen son un verdadero poema. Ángel Víctor Torres será mando único, pero cuesta tener claro en qué consiste su función; Mónica García y Félix Bolaños perfeccionan su capacidad para hablar sin decir nada, Margarita Robles y Albares disimulan fatal y alarma escucharlos proclamar la incuestionable españolidad de Ceuta, ¿tanta falta hace insistir? En cuanto a Marlaska, tras sus desencuentros con Defensa y a tenor de la actuación policial en los disturbios callejeros, cuesta entender a qué está jugando. 


Ocho años crispando, insultando y haciendo oposición a cara de perro no le han servido al PP para nada y, mire usted por dónde, va a acabar siendo la crisis de Ceuta, un problema de Estado donde el principal partido de la oposición tendría que estar haciendo piña incondicional con el gobierno, lo que facilite la llegada al poder de las derechas. Marruecos poniéndonos en jaque con Trump y Netanyahu detrás, y Feijóo frotándose las manos porque los acontecimientos le están brindando en bandeja lo que jamás supo conseguir por sus méritos. Con su proverbial torpeza, no ha tenido reparo en reconocerlo: “Estamos preparados, ha dicho, para que los ciudadanos depositen en nuestro partido el cabreo y la esperanza”. Traducción: en asuntos como los de Ceuta soy más inútil aún que Pedro Sánchez, pero ahora me toca a mí demostrarlo. No hace falta, ya lo hace cada vez que abre la boca, con propuestas como que la directora del Centro Nacional de Inteligencia comparezca en el Senado, algo incontemplable desde el punto de vista legal. Ignora Feijóo, o no, que esa comparecencia solo es posible en el Congreso y en la Comisión de Secretos Oficiales. En fin…


El caso es que los días pasan y por Ceuta continúan deambulando cinco mil personas, bastantes más según las autoridades ceutíes, buena parte de ellos menores de edad, cuyo futuro puede que aún tarde cincuenta días o más en resolverse. Demasiado tiempo, demasiado lento. Los buitres no van a parar. 


J.T.

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