Espanta imaginarse cómo habría gestionado Feijóo la llegada a Ceuta de 50.000 jóvenes marroquíes en 24 horas si en ese momento hubiera estado gobernando la derecha ultra que él representa, apoyada además por la ultraderecha. Se equivocaría quien sostuviera que en tal caso no habría tenido lugar lo que Pedro Sánchez calificó de “violación de la integridad territorial de España”. Se equivocaría porque tanto Mohamed VI como antes su padre, Hassan II, siempre acaban encontrando una razón para tocarnos las narices con Ceuta y Melilla gobierne quien gobierne en España o en Estados Unidos. Si, como afirman algunos “expertos analistas”, Marruecos lo ha hecho esta vez para intentar acabar con el gobierno de coalición español, ¿quiere esto decir que cuando en 2002 tomaron Perejil lo hicieron para acabar con el ejecutivo que por entonces presidía José María Aznar? ¿O que cuando en 2021 permitieron algo parecido a lo de la semana pasada (en aquel caso fueron unas 10.000 personas) porque atendimos en un hospital de Logroño al líder del Polisario, ¿eran los Estados Unidos de Joe Biden quienes movían los hilos?
Que el país vecino propicie un asalto de semejante calibre no es un desafío dirigido únicamente a la persona que preside el ejecutivo español y las fuerzas políticas que lo apoyan, sino que se trata de una ofensa al Estado en su conjunto. Algo que, cuando sucede, exige cierre de filas, lealtad y apoyo por parte de todas las fuerzas políticas. Y eso ha de estar por encima de las ideologías, por muchos contenciosos internos que existan. Feijóo sabe muy bien, como lo sabe también el racista y xenófobo de Abascal, que si les hubiera ocurrido a ellos algo similar, habrían contado con el apoyo de prácticamente todas las fueras políticas del espectro parlamentario. A menos que su decisión hubiera sido entrar a sangre y fuego contra personas indefensas, como quizás podría deducirse de un desaforado tuit que el líder de Vox colgó en redes donde decía textualmente “Hay que echarlos ya! ¡A todos! Con los medios que sea. Y si el Gobierno no lo hace, tendrán que ser los españoles solos”. Un texto publicado justo cuando la diplomacia española y la marroquí estaban cerrando la crisis consiguiendo así que más de 48.000 personas regresaran a su país en poco más de 24 horas.
Las posibles causas de lo sucedido han sido analizadas estos días por geopolíticos y “expertos” de todo tipo en decenas de horas de tertulias y cientos de artículos de opinión: que si Trump, que si Netanhayu, que si la culpa la tiene la firma de acuerdos comerciales con Argelia o la ley que reconoce la nacionalidad española a los saharauis nacidos antes de 1977, que si el dictamen del Tribunal Supremo impidiendo devolver en caliente a quienes llegan nadando a nuestras orillas… Fuese cual fuese la razón, fuese cualquiera de estas, la suma de varias o alguna otra, da igual porque lo que en un primer momento tocaba era apoyar a tu gobierno, por mucho que odies a quien lo preside. Las críticas y la exigencia de explicaciones, después.
Pero no, con su mezquindad y torpeza habituales el presidente del Partido Popular llegó a afirmar que la irrupción masiva de jóvenes marroquíes en Ceuta el pasado jueves "se conocía ya desde principios de semana". O sea, Alberto, para que yo me aclare, ¿cuando decías esto, estabas admitiendo que tenías información que afectaba a la seguridad nacional y no la pusiste en conocimiento del Gobierno de tu país? ¿es posible que seas tan ignorante, o que actúes con tan mala fe, con tanta deslealtad?
O ignorancia o mala fe ha sido también la desconcertante reacción de países como Italia, Finlandia o Dinamarca solicitando nuestra salida del espacio Schengen e incluso alguno de ellos disponiendo controles en sus fronteras para quienes lleguen desde España. Pero vamos a ver, ¿acaso desconocen que la Ciudad Autónoma de Ceuta no es territorio Schengen? ¿A qué se debe este súbito ataque de histeria? Que Trump utilice las imágenes de la llegada masiva de jóvenes marroquíes a las playas de Ceuta para asustar a sus ciudadanos diciéndoles que si votan al Partido Demócrata, los Estados Unidos serán “invadidos” de la misma manera, es algo que entra dentro de su previsible catálogo de distópicos exabruptos diarios. Pero Europa… ¿por qué Europa? ¿Cómo son capaces de poner el grito en el cielo líderes como Giorgia Meloni cuando, según Frontex (la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas), el número de entradas irregulares en Italia entre 2021 y 2026 fue el doble que en España?
A ver qué pasa este martes 4 de agosto cuando se reúnan por videoconferencia los ministros de Interior europeos. A ver qué conclusiones sacan y qué decisiones adoptan sabiendo, como saben, que no se pueden poner puertas al campo. Espero que tengan al menos unas palabras de solidaridad para con las víctimas y consigan evitar que se acaben normalizando los postulados racistas de los intolerantes. Como ha escrito Dominique de Villepin, ex primer ministro francés, “no podemos dejar que sea la extrema derecha identitaria global la que marque los términos del debate. Tenemos la obligación de mirar la realidad cara a cara, por muy compleja y dolorosa que esta sea”.
Y adoptar soluciones contundentes, añadiría yo, partiendo de la premisa del respeto a los derechos de miles de seres humanos que buscan un futuro mejor y que en la crisis de Ceuta, una vez más, han sido utilizados como carne de cañón. Entristece constatar lo poco que se ha hablado de las muchas personas, van 72 en el momento en que escribimos estas líneas, que se han ahogado intentando atravesar a nado la frontera ceutí de El Tarajal. Vaya desde aquí un respetuoso recuerdo hacia todos ellos.
J.T.

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