lunes, 24 de agosto de 2026

Marta Higueras o el arte de venderse al mejor postor


Marta Higueras, quien fuera número dos de Manuela Carmena, primera teniente de alcalde de Madrid entre 2015 y 2019, mano derecha de aquella experiencia que tantos creímos algo distinto cuando empezó, regresa ahora al frente de una formación política llamada “Independientes por Madrid”. Un proyecto, según ella, alejado de los bloques y centrado solo en la capital, sin ambiciones nacionales ni autonómicas. 


Ese panfleto llamado El Mundo que cada mañana profana el periodismo con su presencia de papel en los quioscos, le dedicó hace pocos días un generoso espacio a Higueras donde la entrevistada afirmaba que está dispuesta a pactar con cualquier partido político, incluidos PP y Vox. Como lo oyen. Eso sí, con una condición que suena a tomadura de pelo: siempre que eso “mejore la vida de la gente”. En su línea de proporcionar cancha a cualquier iniciativa que pueda debilitar y confundir a las izquierdas, El Mundo le hacía descaradamente la pelota a la candidata presentándola como una persona cariñosa, cuidadora de su madre de 92 años y amante de la familia. Todo muy humano, muy cercano, tan “empático” como para afirmar que sería capaz de pactar con el fascismo si eso mejorara la vida de los ciudadanos, ¿es posible mayor oxímoron? 


Habida cuenta lo rana que nos salió Carmena, tampoco es muy de extrañar este movimiento de “su amiga de siempre” con quien aún, según cuenta, se va por Europa en bicicleta una semana al año. Higueras ya dio muestras de su flexibilidad cuando encabezó Recupera Madrid, una escisión de Más Madrid que terminó facilitando acuerdos con el gobierno municipal de José Luis Martínez-Almeida. De hecho, aquellos concejales fueron decisivos para sacar adelante los presupuestos municipales de 2022.


Ya por entonces justificó Higueras aquella jugada con similares argumentos a los que utiliza ahora. Que “Madrid necesita menos trincheras y más gestión profesional”, explicó por entonces. En esta ocasión eleva esa lógica a doctrina de partido. La sociedad progresa cuando la gente se pone de acuerdo, dice. A veces cedes tú, a veces el otro. Así que si el mosquita muerta de Almeida o los gamberros de Vox proponen algo “razonable” para los madrileños, pues ella estará siempre dispuesta a sentarse a hablar. ¿Me puede usted definir el término “razonable”, señora Higueras, por favor? En política las cesiones no suelen ser simétricas y usted lo sabe. Cuando alguien procedente de la izquierda se muestra dispuesta a legitimar a la derecha y a la ultraderecha, lo que está haciendo es regalar, no ceder. Quede claro.


Cuando la izquierda se pliega al marco de intolerancia en el que se mueven las derechas está regalando credibilidad, cobertura moral y coartada política a quienes propician la desigualdad y avalan las injusticias sociales. Hay que trazar líneas rojas contundentes porque ellos sí que las marcan siempre. Esto, tanto Higueras como Carmena y su entorno lo saben de sobra. ¿A qué quieren jugar entonces? O mejor, ¿a quién quieren engañar y por qué? ¿Para qué?


¿Qué mejora de la vida de la gente puede proceder de quienes hacen de la exclusión, del miedo al diferente y del discurso del odio su principal capital político? Higueras habla de atraer a los abstencionistas, a esos 750.000 madrileños que se quedaron en casa en las pasadas elecciones municipales y para ello les ofrece un espacio “sin bandos”. Pero el sin bandos es, en la práctica, el bando de quien ya manda. 


Seguro que Higueras, cuya capacidad intelectual no está en discusión, sabe de sobra que hay experiencias de alcaldías independientes honestas que han hecho buena gestión sin vender el alma. Ella ya estuvo en el poder. Conoció las limitaciones, las resistencias, las contradicciones. Y sabiendo como sabe que la política requiere principios y confrontación, ¿su conclusión es que conviene adaptarse al paisaje?


Mientras Vox endurece el discurso y el PP administra el poder como si fuera eterno en la alcaldía, Higueras afirma no querer que le pongan etiquetas a su proyecto porque solo aspira a “mejorar la vida de la gente”. Como si mejorar la vida de la gente fuera un concepto técnico, desideologizado, que no implica decisiones sobre vivienda pública, fiscalidad, modelo urbano, derechos laborales o memoria democrática. Como si pactar con quienes niegan la violencia de género o criminalizan la migración no tuviera consecuencias materiales para esa misma gente cuya vida se pretende mejorar.


El tiempo va colocando a cada cual en su sitio, y lo que se ve con claridad es el recorrido de quien, una vez fuera del calor del poder, concluyó que la pureza ideológica es un estorbo y que lo que hay que hacer es aplicar mentalidad práctica. Si el nuevo partido está dispuesto a pactar con el PP, con el PSOE, con Vox o con quien sea necesario, ¿qué diferencia política pretende representar? Esperemos que, de cara a la cita electoral de la primavera del 27, no cunda este tipo de ejemplos en otros ayuntamientos, tampoco en ninguna autonomía, que a nadie en otros lugares se le ocurra claudicar de antemano y menos de una manera tan vergonzosa.


J.T.

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