domingo, 21 de julio de 2019

Semana solemne


Es el momento que las izquierdas imaginaron la noche del 28 de abril y aquí está, llamando a la puerta desde el viernes pasado. Tres meses más tarde, regresa el estado de ánimo de aquella noche electoral en que a las derechas de la foto de Colón no les salieron los números. Tres meses ya de aquella madrugada fría y desolada en la sede del Partido Popular y de alboroto en Ferraz, donde se coreaba “Con Rivera, no” y Sánchez no sabía muy bien qué cara poner. El momento ha llegado. Parece que PSOE y Unidas Podemos van a ser capaces de ponerse de acuerdo y si a eso sumamos los apoyos y las abstenciones previsibles tendremos, por fin, el primer gobierno de coalición en España desde que, hace cuarenta años, se aprobara la Constitución vigente.

Hay tantos días históricos ya en el calendario que me resisto a tirar de estereotipos, pero qué duda cabe que el jueves 25 de julio tendrá lugar una oportunidad inédita en el Congreso de los Diputados para alumbrar una nueva era política. La solemnidad de las sesiones de investidura que comienzan este lunes es indiscutible. El momento merece el máximo respeto y es de esperar que sus señorías sepan estar a la altura y ningún gamberro desluzca la ceremonia. En campaña electoral y durante los tres últimos meses cada cual actuó como creyó conveniente, con mejor o peor fortuna. Pero este lunes llega el momento de ponernos serios.

Lo que suceda puede convertirse en referente. Si Sánchez resulta investido el próximo jueves, conoceremos poco después los nombres de quienes conformarán el gobierno de coalición. Y serán momentos de sensaciones nuevas, de ilusión para unos, de incertidumbre para otros, y de rabia también para según quiénes, qué duda cabe. Fuera nos mirarán con lupa durante un tiempo, como hicieron durante la Transición: en el resto de Europa con cierto escepticismo, como entonces, y en Latinoamérica quizás con envidia, también como entonces.

Se comprobará que había una política social y económica pendiente de aplicar a la izquierda del PSOE, y que quienes la van a llevar a cabo no solo no tienen rabo ni cuernos sino que saben cómo hacerla. Una de las razones por las que la derecha ha procurado que el gobierno de coalición no fuera posible es porque muy pronto la ciudadanía va a descubrir, como ha comenzado a intuir con la subida del salario mínimo a 900 euros, que les va a ir mejor que antes, porque es mentira que la economía peligre si no se gestiona como siempre. Ya no cuela meter miedo, sobre todo si quienes lo hacen son compañeros de partido de ladrones encarcelados.

Las conversaciones de estos cuatro días entre socialistas y Unidas Podemos pueden ir rápido: primero porque cada equipo lleva largo tiempo trabajando para hacer política de Estado juntos (Catalunya incluída) si llegaba este momento; y segundo porque, a pesar de los muchos incumplimientos por parte del Gobierno en los pactos que propiciaron la moción de censura a Rajoy en mayo de 2018, han estado catorce meses cooperando y poniéndose de acuerdo en asuntos de calado como la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado, cuyo rechazo en el Congreso acabó precipitando la convocatoria de elecciones.

Si los presupuestos se hubieran aprobado, PSOE y Podemos estarían aún colaborando juntos en una legislatura de gobierno monocolor a la que le quedaba vida hasta bien entrado el año 2020. El resultado de las elecciones anticipadas dictaminó gobierno de coalición. A por él, pues ¿Lo de los nombres? Pues sí, es importante, qué duda cabe, pero si la inteligencia política que imagino se practica estos días en las conversaciones a dos bandas está a la altura de la que propició la moción de censura del año pasado, es de esperar que no exista ningún escollo que imposibilite el acuerdo.

A pesar de todo, es bueno mantener la cautela hasta que tengan lugar las votaciones. Es cierto que se ha producido una especie de elipsis entre la noche del 28 de abril y el pasado viernes, también lo es que se percibe una cierta ilusión en el mundo de la izquierda, una cierta sensación de que por fin vamos a poder celebrar la capacidad de dos fuerzas políticas de este país para ponerse de acuerdo y conformar un gobierno de coalición. Pero esperemos un poco más, amigos, tan solo un poco, antes de poner el cava a enfriar.

J.T.

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