miércoles, 3 de julio de 2019

Carta a Juande Mellado, nuevo director general de la RTVA

Apreciado Juande,

Te felicité por las redes el día en que se hizo pública la propuesta con tu nombramiento y lo reitero cuando se hace efectiva. Con un añadido: mi admiración por tu valentía. Yo no sería capaz. Poner orden en esa balsa de pirañas exige un acero en los nervios del que muchos carecemos y un estado de salud a prueba de estrés y sobresaltos que espero certifique tu chequeo más reciente.

Te recuerdo cabal, mesurado y eficaz cuando coincidimos en el Diario 16 Málaga que yo dirigía y que luego dirigió tu padre. Han pasado casi treinta años de aquello y hemos coincidido en escasas ocasiones desde entonces, pero en todas ellas ratifiqué la opinión que tenía de ti: un profesional competente y honesto. Das el perfil, no me cabe duda, por lo que felicito a quienes se han puesto de acuerdo para designarte director general de la RTVA.

Dicho esto, permíteme que te pregunte: ¿tú sabes dónde te metes, amigo? ¿Tú sabes lo que significan treinta años de aire viciado, treinta años de estafa al espíritu con el que se fundó la corporación que pasa ahora a estar a tu cargo? Como creo que sabes, pertenecí al equipo que puso en marcha Canal Sur en 1989 y fui uno de los ingenuos que se creyó el proyecto. Se trataba de vertebrar Andalucía, nos decían, de conectar la historia de un andaluz de Huelva con la de otro de Almería, de enriquecer los conocimientos de ambos y ser un instrumento cultural de primer orden. Me engañaron, Juande, me engañaron desde el minuto uno.

El primer equipo directivo, el de Salvi y Paco Cervantes, tardó menos de seis meses en ser defenestrado y muchos de mis compañeros de aquel staff abandonaron también el barco. A mí me convencieron para quedarme y lo hice. No fue una buena decisión: Manuel Melero, el nuevo director general, no tenía ningún interés en ser útil a los andaluces, así que no tardó en dejar claro que él estaba allí para perpetuar en el poder a quienes entonces gobernaban la Junta de Andalucía.

Como editor de los servicios informativos, tenía enfrentamientos con él casi a diario. Ni sabía lo que era una noticia ni le importaba: había que sacar a los consejeros en la tele todos los días y con cualquier excusa, hablar de inversiones, proyectos, alguna que otra inauguración, nada de problemas, actuar en definitiva como un eficaz vehículo de propaganda descarado y explícito. Yo quería hacer información decente para mi madre, mi vecina, mis amigos, para la gente de a pie en definitiva, que era lo que me habían enseñado quienes me iniciaron en el oficio, pero pronto entendí que en Canal Sur aquello sería imposible. Me había metido en una trampa de la que tenía que salir cuanto antes, por lo que cuando me llegó la propuesta del Grupo 16 de fundar y dirigir la edición malagueña del periódico vi el cielo abierto. Pedí la cuenta y me marché a tu tierra temiendo lo peor para la RTVA. Y lo peor sucedió.

Sucedió, amigo Juande, y ha continuado sucediendo durante las tres últimas décadas. En Canal Sur el periodismo lleva todo ese tiempo en la sala de espera. No quiero, y menos a estas alturas, señalar a nadie de quienes durante todo ese tiempo han trabajado allí. Yo sé lo que cuesta plantar cara cuando tienes hijos por criar e hipotecas por pagar. No me siento con ninguna autoridad moral para esperar de ninguno de ellos, y menos de gente a la que aprecio, que tuvieran que comportarse como lo hice yo. Pero el caso es que, por una cosa o por otra, ahora que pasas a hacerte cargo de la empresa, podría decirse que todo, o casi todo, está por hacer.

Se ha hablado tanto sobre la programación de Canal Sur que no creo que sea momento ahora de hacerse eco de ningún memorial de agravios: cualquier profesional tiene su propio diagnóstico, y el tuyo no tengo duda de que es serio y ajustado.

Si quienes te han nombrado te dejan trabajar aplicando criterios profesionales como tú sabes hacerlo y no se dedican a importunarte con llamaditas cada dos por tres ante cualquier cosa que no les guste, no tardarán en verse los frutos de tu trabajo. No me cabe la menor duda que vas a mejorar lo que hay, entre otras cosas porque dado el estado en que te las encuentras, cualquier cambio se notará en seguida, y para bien.

El problema son los vicios internos adquiridos durante treinta años de supervivencia que han generado desmotivación, falta de punch y un clima espeso y enrarecido. Comparado con la manera de funcionar en el oficio, los profesionales de Canal Sur han vivido muy bien y lo saben. Me alegro por ellos de que haya sido así, pero hace mucho tiempo que todo el mundo parece coincidir en que hay que modernizar la gestión, optimizar recursos y aplicar alguna que otra medida de las que no pueden gustar a todo el mundo.

Hasta ahora nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel a ese gato; por eso te admiro, por aceptar el reto. Si tú consigues que la empresa levante cabeza, ofrecer una programación decente y que la información se elabore pensando en el ciudadano y no en los inquilinos de San Telmo, seremos muchos los que te aplaudiremos. Yo creo que lo puedes conseguir. Mucha suerte, Juande, y mis mejores deseos. Un fuerte abrazo.

J.T.

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