lunes, 1 de noviembre de 2010

Boca cerrada y sentido del humor

“Abre tus oídos, pero mantén tu boca cerrada durante un año. Viaja (por India, en este caso) y después sabrás qué hacer”

(Gopal Krishna Gokhale a Mahatma Gandhi en 1915)

“En los viajes íbamos siempre cantando o jugando. A mí me sorprende que ahora no se hable mucho del buen humor que tenía. A pesar de que se enfrentaba a problemas gigantescos, sabía cómo vivir, y siempre conservaba la alegría”

(Tara Gandhi, hablando de su abuelo, a quien mataron en 1947, cuando ella tenía catorce años).

Oídos abiertos, boca cerrada, sentido del humor... Conocida receta, ¿verdad?

¿Y por qué será que, si la receta siempre es la misma, si es tan fácil al menos aparentemente oír, ver y callar como reza el dicho –hay que sumarle reír-, si está tan hiperrepetido el método, resulta luego tan complicado para el común de los mortales ponerse a la tarea, aplicar la fórmula y disfrutar de sus resultados?

Recordemos:

"En boca cerrada no entran moscas"
"No hables a menos que puedas mejorar el silencio"
"Uno es dueño de lo que calla y prisionero de lo que habla"
"Sonríe, y tendrás hecho la mitad del camino"

Pues eso. Pero yo pienso seguir escribiendo y… riéndome todo lo que pueda, claro. Sin olvidarme tampoco de lo que dejó dicho George Bernard Shaw:

"Soy tan partidario de la disciplina del silencio, que podría hablar horas enteras sobre ella".


J.T.

domingo, 31 de octubre de 2010

Don Marcelino, el obrero de la Perkins


Supe por primera vez de “don” Marcelino Camacho, fallecido el pasado viernes a los 92 años, cuando yo era un estudiante y él estaba en la cárcel. Desde el primer momento me atrapó el personaje. Y a medida que, ya durante la transición, fui siguiéndolo y escuchándolo (muchas veces en persona, uno de los privilegios del oficio de periodista) me interesó más aún la persona.

Me parecía magistral la estructura de sus mítines, la sencillez y la claridad con que exponía sus ideas. Sus mensajes eran contundentes. Sólidos. Y su capacidad de liderar, indiscutible.

Y cuando acababa un acto parecía como si aparcara su carisma: se conducía como uno más, sin poses ni estridencias porque entre los activos de su patrimonio estaban la humildad y la ausencia de ínfulas. Era así, un ciudadano normal. Tenía la edad de mi padre y en muchas cosas me lo recordaba.


Cuando él ya había cumplido ochenta años, hará ahora unos doce, me encontré un día con Marcelino y su mujer, mi paisana Josefina Samper, a la salida de Barajas solos y cargados con su equipaje. Era antes de que hubiera estación de metro allí y esperaban, en la parada de autobuses, el que transportaba desde el aeropuerto hasta Madrid a los pocos pasajeros que lo solían usar en lugar del taxi o el coche. Fue la última vez que lo vi y que lo pude saludar.

Cuando subimos al autobús, Marcelino y su mujer se sentaron justo detrás del chófer (apenas éramos media docena de pasajeros) y el otrora principal impulsor del sindicato Comisiones Obreras estuvo durante parte del trayecto hablándole al interesado conductor de los tiempos en que trabajaba en la Perkins.

Contaba, ya retirado, su vida de trabajador, no la de líder sindical ni la de luchador antifranquista. Y hasta cargado de maletas y con ochenta años cumplidos se movía en transporte público.

Ese era don Marcelino Camacho.

J.T.

sábado, 30 de octubre de 2010

Creemos, propongamos, planifiquemos, resistamos…


Tratados y tratados se han escrito sobre lo importante que es la actitud para flotar mejor o peor en la vida. Sin embargo buena parte de los mortales no espabilamos.

La vida está llena de putadas, es verdad. De escollos, de contratiempos y de hijos de puta. Pero lo mismo para ti que para quienes deciden abrirse paso a codazos o a besos.

Lo que está claro es que no se puede ir ni de víctima ni de depre. Si la actitud es creativa, optimista, confiada, y sobre todo curranta, muy mal se nos tiene que dar para que la cosa no salga p’alante.

Venimos de una cultura familiar y social instalada, al menos mentalmente, en la tentación de dejar hacer, de esperar, de exigir a papá Estado que haga por nosotros lo que resolveríamos mucho antes nosotros solos poniéndonos a la tarea: a cualquier tarea.

Nos hemos cocido a fuego lento desde la infancia escuchando lo recomendable que es aspirar a una “colocación”, a un empleo seguro… Dentro de la mayoría de nosotros hay un funcionario en potencia. Eso nos frena, nos lastra, nos castra…

Porque es verdad que el funcionario, el de la colocación, mira la vida de una manera relativamente relajada, al menos en lo que a la supervivencia se refiere, pero conozco más deprimidos y “perjudicados” mentales entre quienes tienen su empleo asegurado que entre quienes se buscan la vida a salto de mata. Ergo… la tranquilidad laboral y la manteca periódica asegurada no parece que sean la solución.

Creo que para cualquier cosa que queramos hacer en la vida de la que estemos realmente convencidos -incluido tocarse los güevos- basta con que situemos con claridad el objetivo y nos pongamos a ello. La actitud. Es fundamental crear. Lo que sea, pero crear, hacer, proponer, planificar. Y ser constante, resistir.

No digo yo que con esta peculiar receta que se me ha ocurrido hoy esbozar aquí esté garantizado ningún tipo de éxito. Pero seguro que por lo menos, mientras se intenta, se divierte uno.

J.T.

viernes, 29 de octubre de 2010

Novelistas y periodistas


Si el periodista se empeña en encontrar la frase redonda o el adjetivo exacto corre el peligro de no llegar al cierre de la edición.

Si el literato no tiene la paciencia que se requiere hasta encontrar el adjetivo apropiado, corre el peligro de descafeinar su creación.

En esta esquizofrenia permanente se mueve el escritor. Y el periodista.

Hay escritores que necesitan ser periodistas para ganarse con la gacetilla el pan que no consiguen con las liquidaciones de la editorial.

Hay periodistas que necesitan ser escritores porque su trabajo del día a día les parece trivial, frustrante, frívolo, intrascendente...  y ellos aspiran a volcar en una historia potente todo el caudal de imaginación y sintaxis que creen llevar consigo.

El caso es que, por una u otra razón, el periodismo y la literatura suelen encontrarse inevitablemente emparentados. La historia de la literatura está llena de escritores que compaginaron el ejercicio del periodismo con sus primeros pinitos en el mundo de la literatura.

El novelista que no ha trabajado antes en un periódico, una radio o una tele lo tiene algo más difícil cuando ha de confraternizar con los medios por aquello de la promoción de su obra, a la que la editorial que le ha publicado su trabajo suele obligarlo.

El novelista que sabe de qué va esto lo tiene un poco más fácil. Claro que también el que ha sido cocinero antes que fraile se conoce todos los trucos del oficio y cuando los detecta debe elegir:  o seguir el juego o encabronarse.

Porque en muchos casos, hay que reconocerlo, el mosqueo del entrevistado está más que justificado: o no se han leído la obra antes de entrevistarlo, o le obligan a hacer el pino en directo o lo que es peor aún, no saben ni quién es la persona a la que van a entrevistar porque no se han tomado la molestia ni de documentarse previamente.

Hay que reconocer que esto sucede no pocas veces, para vergüenza del oficio periodístico y oprobio del amor propio del escritor de turno.

Los novelistas que salen adelante son los que saben usar la muleta y se dejan el ego colgado de la percha en casa antes de salir. Conozco muchos escritores buenos que se atascaron cuando no aprendieron el arte de dar capotazos. Sólo los muy brillantes se pueden permitir el lujo de ser bordes y antipáticos.

Es verdad que cuando algo es bueno tarde o temprano se reconoce. Sí, es verdad, pero todos sabemos de muchos genios que murieron en la indigencia.

J.T.

jueves, 28 de octubre de 2010

Doña Calidad de la Información y su lucha por no desaparecer


Lejos de mí apuntarme al manido tópico de "cualquier tiempo pasado fue mejor". Ni lo creo ni lo reivindico. Pero si os parece, os propongo un ejercicio de comparación en el que repasemos cómo eran las cosas, por ejemplo, en la redacción del diario "Pueblo" cuando yo trabajaba allí hasta que Solana y Felipe lo cerraron por lo militar el 17 de mayo de 1984.

Un ejercicio de comparación entre cómo eran las cosas entonces y cómo son ahora en cualquier redacción de periódico de los que todavía sobreviven. Os cuento:

Cuando yo estaba en "Pueblo" se fumaba, se gritaba, entrabas en la redacción y todo eran ruidos de máquinas de escribir, salías a la calle a hacer reportajes, se maquetaban los textos, se cortaban teletipos, se bajaba con la página diseñada y con los textos a las linotipias para que compusieran la página antes de hacer las placas para la rotativa, se revelaban las fotos en blanco y negro, había correctores de estilo, taquígrafos que tomaban por teléfono las crónicas de los corresponsales y enviados especiales, se corregían las galeradas, te pagaban dietas, te dejaban viajar, te ibas de noche con una fuente policial, judicial o sanitaria de copas, los invitabas a tabaco rubio del bueno y si era necesario, redondeabas la jornada en una barra americana, hoy puticlubs...


Los redactores jefes te mandaban a la calle a buscarte la vida y había alguno incluso que te obligaba a no volver hasta traer una historia que contar... Y así claro, raro era el día en que no acababa habiendo excelente materia prima para los titulares de primera.

¿Hace falta que os describa cómo es ahora una redacción de periódico? Por si alguno de lo que me leéis no lo sabéis, os lo cuento:

Ni gritos, ni humo, ni ruido de máquinas de escribir... un aburrimiento. La gente pone cara rara cuando le hablas de taquígrafos, linotipistas o de "cortar" teletipos... Y además nada de viajes, jornadas de trabajo con horarios kilométricos y "gratificaciones" (no me atrevo a decir sueldos) cada vez más menguantes.

Y quien más quien menos tentándose la ropa antes de pasarle al gerente un vale de taxi o un ticket de comida. No te digo ya cuando se trata de pasar la copa a la que hemos invitado a un confidente para que se anime a soltar la lengua...

Adiós fuentes, adiós relaciones públicas... adiós motivaciones en el trabajo. Hola ansiedad, hola incertidumbre, hola fumadero a las puertas de la oficina. Porque cambiará el lugar donde se fuma, pero se continúa fumando igual o más.

Y doña calidad de la información, luchando por no desaparecer entre tanta nueva tecnología y tanta mariconada.

J.T.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Los peligros de meter un rótulo con urgencia


Captado en el informativo de las tres de la tarde de este miércoles.

Fueron los primeros en dar la muerte de Kirchner. Dos minutos antes que José Ramón Pindado en CNN+,  diez antes que Televisión Española (que ya vistió la noticia con imágenes de archivo del ex presidente argentino) y casi en un cuarto de hora le ganaron a Antena 3, que la contó al final de su informativo y sin imágenes.

Claro que con los nervios, al pobre colega de los rótulos se le debió ir un poco la olla y metió a Kirchner en la historia de los Estados Unidos. ¡Ay, las prisas!

J.T.

Cecilio Gordillo y la memoria histórica


Yo no digo que no haya alguien que sepa más. Pero desde luego Cecilio Gordillo sabe mucho sobre la lucha por la recuperación de la memoria histórica.

Sobre lo que ocurrió en Andalucía durante la guerra civil, Gordillo es una verdadera autoridad.

Entre escéptico y perplejo vivía Cecilio lo que ocurría con el asunto desde que Zapatero llegó al poder. Ahora nos recuerda a los esperanzados que él ya avisó que el desencanto llegaría más pronto que tarde.

No hay que olvidar -me ha dicho muchas veces Cecilio- que por ejemplo en Andalucía, entre quienes más dificultades han puesto siempre para que se lleven a cabo exhumaciones se encuentran muchos ayuntamientos de izquierdas.

De izquierdas de toda la vida, de la CGT, Cecilio se pregunta cómo es posible que el trabajo que está haciendo la asociación por la recuperación de la memoria histórica que él promueve desde hace tanto tiempo no lo estén pilotando directamente los socialistas, que además gobiernan en Andalucía, y tambien los de Izquierda Unida que, aunque minoritarios, tienen seis representantes en el parlamento autonómico.

Con Cecilio Gordillo suelo hablar largo y tendido cuando nos encontramos. Me interesa todo lo que cuenta: creo que se aprende mucho escuchándolo.

- Cecilio -le pregunté el otro día-, ¿no te parece que antes que esto se acabe y se aclare te jubilas tú, me jubilo yo y se jubilan hasta nuestros nietos?"

- Veo que vas aprendiendo, Juan -me contestó.

J.T.

martes, 26 de octubre de 2010

A favor de Pérez Reverte


Estoy que no doy crédito

Políticos respetados y respetables poniendo a parir al colega Pérez Reverte porque éste, en el entorno de una red social donde la norma es la espontaneidad, donde el desahogo es el denominador común y donde ni el más timorato se plantea cogérsela con papel de fumar, ha osado decir lo que piensa sobre un episodio cuya categoría, a mi juicio, no trasciende de la mera anécdota.

¿De verdad que un ministro llore o no cuando deja el cargo puede llegar a ser tan trascendental? ¿De verdad que a lo que piensa un ciudadano, sea escritor o guarda  forestal, sobre ese humano lloriqueo hay que darle tanta importancia?

Repito: Estoy que no me lo puedo creer. Sobre todo porque mi llegada a twitter (me di de alta el pasado sábado por la noche) coincidió justamente con el comienzo de la polémica. Entre los primeros comentarios que leí este fin de semana, la mayoría estaban dedicados a poner a parir a Arturo. Lo llamaban literalmente hijo de puta, chulo, sobrao, hacían miles de chistes sobre él... Así que me fui a su perfil para investigar qué puñeta estaba pasando.

Entonces supe que la cosa iba de mosqueo porque mi querido colega le había afeado a Moratinos llorar en el momento en que abandonaba su amada cartera de ministro de Asuntos Exteriores. O sea: Arturo en estado puro. El que conocemos todos. Hace treinta años que le oigo decir ese tipo de cosas y otras mucho más gordas. A él y a sus contertulios, entre los que me conté en otros tiempos.

Se las he oido y se las he visto escritas sin que nadie se rasgue nunca las vestiduras como ha sucedido esta vez. ¿A qué viene pues esta campaña? Reseñas en la prensa, en los informativos de televisión, tertulias de radio y tele dedicadas al asunto... A mí, la verdad, toda esta unanimidad me parece sospechosa, traída por los pelos y poco pertinente, es decir, impertinente.

Como sé que a Arturo le va la marcha, seguramente todo este ruido se la bufará.

Pero ante un asunto así hay que tomar partido.

Así que me pongo clara y firmemente del lado de mi antiguo compañero de batallas y enfrente de quienes parecen estar siempre con la escopeta cargada a ver cuándo le dan. ¡Ay, la envidia! Esta vez, lo siento, han sacado los pies exageradamente del tiesto. Porque la cosa no es para montar la que han montado ni mucho menos. Se pongan como se pongan. A menos que haya algún tipo de gato encerrado.

J.T.

lunes, 25 de octubre de 2010

Corresponsalías: reporteros-bomberos


Una corresponsalía de provincias se parece bastante a un  servicio de bomberos: cuando ocurre algo gordo tienes que salir corriendo. Estés donde estés y sea la hora que sea.

Bueno, hay un matiz: los bomberos están de guardia a la espera de una llamada para salir pitando, nunca mejor dicho. Los corresponsales siempre están haciendo algo durante el horario estándar (si no hay tema del día, será una pieza de serie be para desengrase o fin de semana, una cobertura light, una convocatoria de donde sacar brutos y totales para un tema de Madrid, una consultita –breve, que conste- en el feisbuq…)

Y cuando planeas quedar con alguien para comer, cuando te comprometes a asistir a una reunión de padres en el colegio de tus hijos o quedas con tus amigos para una partida de paddel a las nueve de la noche… entonces, un par de horas antes de todo eso… salta la liebre: cobertura en Punta Umbría, o inundaciones en Aguilar de la Frontera, o incendio en el polo químico de Huelva…

Las cosas nunca ocurren en horario laboral. Como mucho, pasan cuando te queda hora y media para marcharte a casa. Pero lo más normal es que ocurran fuera de horario. El polvorín de Benacazón estalló un día de fiesta a la hora de comer, los accidentes graves de tráfico suelen ser de madrugada, las detenciones de etarras o de alcaldes presuntamente corruptos se realizan también a horas intempestivas...

Por supuesto, no sólo en las corresponsalías ocurren las cosas a deshora. El edificio Windsor comenzó a arder una noche de fin de semana. La ventaja de Madrid es que tiene todo tipo de recursos técnicos y humanos para reaccionar frente a los medios con los que cuenta una corresponsalía.

Pero como la materia prima de nuestro oficio es la incertidumbre, esto en una corresponsalía se vive –y se disfruta- mucho más. Y con más frecuencia. Por eso sufren tanto en este trabajo quienes se enfrentan a él con el mismo esquema mental que si fueran funcionarios.

La verdad es que está muy bien, para el que le gusta ser reportero en una corresponsalía, comenzar cada jornada laboral sin saber cómo vas a terminarla. Por eso decía antes: como los bomberos.

J.T.

domingo, 24 de octubre de 2010

"No creas a nadie. Te estarán mintiendo"


                       Julian Assange

Es la frase final de la entrevista a Julian Assange que este domingo publica el País. Se la dice a Joseba Elola, el compañero que lo ha entrevistado en secreto, porque este hombre ha osado mojarle la oreja a los poderes más intimidadores y, por supuesto, a todos los medios de comunicación.

Julian fundó hace menos de cuatro años Wikileaks, el sitio web  especializado en publicar de forma anónima documentos secretos o delicados. Ha inventado un sistema que preserva y oculta las fuentes. Se trata de una conexión cifrada que nos permite a cualquier usuario subir documentos sin que eso nos comprometa. Assange y su Wikileaks nos garantizan que a través de su página no dejamos rastro.

Resultado: la salida a la luz de documentos comprometedores. Los más graves: los que evidencian la guerra sucia de las tropas de Estados Unidos en Irak, asesinatos y torturas incluidos.

Assange está en el punto de mira de aquellos poderes que no están dispuestos a tolerar ni su trabajo ni la existencia de la página que inventó.

A mí me parece fascinante que la existencia de Wikileaks ponga tan de los nervios a quienes siempre han estado acostumbrados a funcionar con absoluta impunidad. Por eso me parece importante, y me voy a limitar a ello, resaltar algunas de las frases que pronuncia en la entrevista de este domingo en El País.

"Dado el estado de impotencia actual del periodismo, me parecería ofensivo que me llamara periodista"

"Periódicos y televisiones se han convertido en seleccionadores de contenidos tutelados"

"Creí que sabía cómo funciona el mundo. Nada me preparó para lo que me he encontrado"

"El entorno de los medios sinternacionales es tan malo y tan distorsionador que nos iría mejor si no hubiera ningún medio, ninguno"

Para abrir boca no está nada mal, ¿verdad?

Aquí tenéis el link de la entrevista completa. Yo ya la he leídc, pero me la pienso empapar una y otra vez. Hay muchas cosas que asimilar en lo que nos cuenta Asssange. Para que los mensajes que nos llegan queden bien asimilados, no está de más repetírnoslos de vez en cuando. Eso es también lo que Assange practica cuando se despide de Elola. Tres veces le repite el último de los consejos que le da: "No creas a nadie. No creas a nadie. No creas a nadie. Te estará mintiendo"

J.T.

Foto de Carmen Valiño en El País Domingo