lunes, 13 de julio de 2026

Ese articulista xenófobo llamado Mariano Rajoy


“La selección francesa tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”. Quien sostenga que esta frase, escrita por Mariano Rajoy el viernes día 10 en un artículo publicado por el diario digital “El Debate” es un mero desliz, se equivoca. Es una puñalada calculada al concepto mismo de nación moderna, una agresión que envenena el ambiente deportivo y enciende todas las alarmas democráticas. Con su habitual tono confuso pero altivo, propio de aquellos que se creen por encima del bien y del mal, reduce a los jugadores franceses a extranjeros de segunda en su propia selección, imaginamos que porque no le gusta su color de piel o que tengan padres extranjeros. 


En esas estamos a estas alturas, señoras y señores. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, no ha tardado en contestar calificando la expresión del ex presidente español del PP de “absolutamente inaceptable”, como no podía ser de otra manera. Otros miembros del Gobierno galo han hablado abiertamente de “racismo” y han advertido del peligro de que este tipo de comentarios alimenten ataques contra los jugadores. La Embajada francesa en España ha tenido que recordar lo obvio, que todos los integrantes de selección nacional de fútbol que representan a su país en el campeonato mundial son franceses. Punto. 


En España, el presidente Pedro Sánchez ha calificado de “xenófobas” las palabras de Rajoy. Algunos ministros de su ejecutivo han añadido que son burdas y propias de un pasado que algunos se empeñan en no enterrar. “Zoquete postfranquista”, lo ha llamado Óscar Puente. El huevo de la serpiente racista y xenófoba anida en lo más profundo de los ánimos y el sentir de la derecha ultra y la ultraderecha española. Rajoy no es Vox, al menos que sepamos, pero su frase destila el mismo tufo que los discursos que criminalizan la inmigración y niegan la España plural. El mismo veneno que se disfraza de “sentido común” en tertulias, artículos de opinión y sobremesas. 


Detrás de la expresión “sin franceses” late el concepto excluyente de nación de quienes se empeñan en que prime la sangre, la tierra, el apellido. Con su sorna gallega de pacotilla, Rajoy ha hecho algo peor que insultar a nuestros vecinos, ha legitimado el racismo de salón, ha dado permiso a sus huestes para que, en nombre de un patriotismo rancio, escupan sobre la integración. Ha colocado en la palestra internacional la imagen de esa parte de España que se empeña en continuar siendo retrógrada, resentida e incapaz de mirar sin miedo hacia el siglo XXI. Este tipo de salidas forman parte de un ecosistema ideológico donde la ultraderecha marca el paso y la derecha “moderada” sigue el ritmo, no sabemos si porque tienen miedo a que los ultras les coman la tostada, o porque también están encantados. Me inclino por lo segundo.


Vamos a ver, Mariano, ¿quieres decir que si España gana el mundial nuestra victoria será menos victoria porque entre sus futbolistas hay vascos, catalanes y jugadores que no tienen la piel blanca? En menudo jardín se ha metido este señor, que durante más de siete años fue responsable de nuestros destinos ¡Pero qué despropósito, por favor! ¿No vamos a ser capaces nunca de sacudirnos tanta caspa?


J.T.

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