jueves, 9 de abril de 2026

El colchón de la discordia



Por fin ha conseguido Feijóo encontrar el escándalo que llevaba buscando desde que Sánchez duerme en La Moncloa. ¡El colchón! El colchón en el que dormían Mariano Rajoy y señora y que Pedro osó cambiar nada más tomar posesión de su cargo en junio de 2018, tras ganar la moción de censura. Un colchón nuevo donde, para más inri, duerme también Begoña Gómez, ¿habrase visto mayor descaro? ¡Que la procesen! Seguro que consiguió un descuento en el Corte Inglés. ¡Despilfarro! ¡Tráfico de influencias! ¡No a la prioridad personal sobre el bien común! Con lo limpio que es Rajoy, menuda afrenta tirar a la basura el lugar donde su paisano leía el diario Marca cada mañana. 


¿Quizás continuó usando Mariano el mismo colchón que Zapatero? Y Zapatero… ¿lo heredó de Aznar y Aznar de Felipe? En cuanto a Calvo-Sotelo, lo cambió o no lo cambió? En un sinvivir estoy hasta que me saquen de dudas, que me digan cuántas veces se ha cambiado el colchón de marras desde que Suárez trasladó allí la sede de la presidencia del Gobierno, por favor. Semejante cuestión de Estado no puede permanecer oculta por más tiempo. Gobernar sobre el colchón del anterior es la metáfora perfecta de una política sin sobresaltos, mullida, conservadora en el sentido más literal del término, que es a lo que imagino que aspira Feijóo, quien resume su frustración recurriendo a un chiste, porque esperemos que fuera un chiste, ¿no? Él no cambiará nada cuando se instale allí, como buen gallego ahorrador, mantendrá el colchón aunque huela a ocho años de sanchismo. Eso sí que es grandeza de espíritu, aunque no resulte precisamente muy higiénico. Me pregunto cada cuánto tiempo cambiará las sábanas en su casa quien lleva tres años sin ser presidente porque no quiere.


Uno no sabe si desempolvar a Quevedo o a Valle-Inclán para encontrar precedentes de semejante elevación de lo doméstico a lo trágico. Hay algo profundamente esperpéntico en imaginar el relevo institucional reducido a una escena de alcoba, con un colchón convertido en símbolo de continuidad del Estado. Feijóo parece haber decidido que el gasto público se mida en muelles, viscoelásticas y fundas nórdicas. Quizá en su mundo ideal, los presidentes deberían heredar no solo el cargo, sino también las almohadas, las colchas, el pijama, de franela en invierno, claro está y, ya puestos, hasta los sueños –y las pesadillas. de su antecesor. 


Igual, cuando se celebren las próximas elecciones generales, vuelve a no ser presidente porque no quiere… tener que dormir en el mismo colchón que Sánchez. No sé si cuando se le calentó la boca diciendo esa tontería se dio cuenta que si de verdad gana, que no le caerá esa breva, se verá obligado a no cambiar el colchón. En casa igual lo están corriendo a gorrazos.


J.T.


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