sábado, 18 de diciembre de 2021

La mala educación de su señoría Casado


No es un asunto menor. El uso de tacos y palabrotas en las comparecencias parlamentarias es una vergüenza, un mal ejemplo lo haga quien lo haga, un pésimo síntoma, pero si la persona que lo practica es ni más ni menos que el jefe de la oposición la cosa merece una reflexión seria.

Instalados en la travesura por falta de propuestas y carencia de recursos intelectuales y lingüísticos, agotado el uso de términos recogidos en el diccionario para proferir insultos, se ve que para continuar elevando el listón de los despropósitos no se les ha ocurrido nada mejor que recurrir al exabrupto.

Los votemos o no, ¿nos merecemos este tipo de usos parlamentarios? ¿nos merecemos que quien lleve la batuta del control al gobierno sea una persona tan volátil, tan poco consistente, tan broncas de patio de colegio? Una cosa es no haber sido capaz de aprobar la carrera ni el máster sin que te regalaran las notas o desconocer el funcionamiento de la energía solar, y otra muy distinta no tener educación. Quien más quien menos frecuenta en su entorno personas muy educadas que jamás pudieron estudiar como hubieran querido. Como conocemos también a quienes se han leído miles de libros y eso no les impide ser unos auténticos impresentables.

Lo que ocurre es que Pablo Casado no encaja en ninguna de esas dos categorías. Teníamos muy claro ya que posee escasa cultura, incluso datos suficientes para deducir que tampoco conoce la educación pero esta semana, con el famoso “¿qué coño tiene que pasar?” ha confirmado todas las sospechas. No hubiera quedado tan mal si, por ejemplo, digo yo, hubiera recurrido al “¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia?”, el manido “Quosque tandem?" de Cicerón a Catilina pero claro, para eso tendría que haber estudiado algo en su vida.

Los miembros del Opus Dei suelen tener por costumbre, para que sus interlocutores comprueben que a pesar del meapilismo de la secta son personas campechanas que saben estar en el mundo, practicar un lenguaje coloquial desenfadado en donde siempre tiene cabida algún “¡coño!” que otro. Lo mismo es eso lo que le ocurre a Casado quien, como siempre suele andar tan desorientado, igual creía que estaba desayunando en el bar Manolo en lugar de interpelando al presidente del Gobierno desde su escaño en el Congreso de los Diputados.

Por supuesto fue aplaudido a rabiar por los estómagos agradecidos que le rodean y que no solo lo mantienen fuera de la realidad sino que al poco rato ya andaban proclamando que ese iba a ser el nuevo estilo de su amado líder de aquí en adelante. Cuando a Nadia Calviño, que como mucho suele pegar pellizcos de monja, se le ocurrió decir que se sentía asqueada por la falta de urbanidad de Casado, la cohorte de pelotas de este no tardó en saltarle a la yugular. “A mí me ha dicho que mi jefe es un desequilibrado”, proclamó Almeida en un canutazo que los medios se apresuraron a difundir.

Esa es otra, el papel vergonzoso de los medios, incluida una Televisión Española cuyos informativos continúan dejando mucho que desear. Tras el corte de Casado que incluía el ya famoso “coño”, emitieron una expresión similar proferida por Pedro Sánchez el año 2015 en un contexto y un ámbito muy diferentes. Así, quienes lo ven y escuchan pueden acabar concluyendo “¿Ves? son todos iguales”. Y no, no solo todos no son iguales sino que la televisión pública, entre sus muchas funciones, tiene también la de ayudar a entender lo que ni las redes ni los medios beligerantes con el Gobierno de coalición van a ayudar a entender nunca. En el TD2 de este jueves se daba cuenta de un sabotaje de Vox a un acto organizado por Unidas Podemos para respaldar a los jóvenes condenados por atentado a la autoridad en unos incidentes acaecidos en Zaragoza. Los ultras hicieron sonar el himno de la policía y en la tele se les puso el micro para que uno de sus miembros hablara sobre ello. Me tienta terminar usando expresiones similares a las de Casado pero me contendré y me limitaré a exponer que es difícil saber “a qué demonios” están jugando los informativos de tve.

A tenor del caudal de reverencias con el que cuenta, parece difícil que Casado llegue a entender que la firmeza y la dureza que se supone debe practicar un líder de la oposición no tiene nada que ver, como diría mi admirado Javier Aroca, con ser “chabacano, marrullero y mamarracho”.

J.T.

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