sábado, 8 de mayo de 2021

Una digestión larga y pesada

Si alguien dudaba de la trascendencia, más allá de sus límites geográficos, que iban a tener las elecciones en la Comunidad de Madrid, una vez finalizado el escrutinio la noche del 4M quedaron pocas dudas de que lo que acababa de suceder marcaría un antes y un después en la política española.

Repasemos:

Proyecto progresista. Tocado
Ciudadanos. Hundido
Gobierno de la nación. Tocado
Catalunya. Concernida
Unidas Podemos. Tocado
Vox. Frenado
Psoe. Tocado
PP. Descompuesto

Isabel Díaz Ayuso ha sido el ariete, el instrumento al que el sistema decidió recurrir apenas se conformó el Gobierno de coalición para abanderar el enfrentamiento. De hecho Miguel Ángel Rodríguez se incorpora como jefe de gabinete al equipo de la presidenta madrileña en enero de 2020. Se han tirado año y medio bombardeando sin parar y los cañonazos, en un principio, parecía que no iban a surtir efecto.

A los grandes poderes les iba fallando cuanto intentaban para acabar con el gobierno Sánchez durante los momentos más graves de la pandemia. Los enfrentamientos en el Congreso cada vez que había que prolongar el estado de alarma se aproximaban al guerracivilismo, se perdieron las formas, se insultaba sin rubor y con el mayor de los desahogos. Se llegó incluso a promover un gobierno de concentración… Pero nada, se estrellaban con todo el equipo.

La colección de portadas de los periódicos madrileños desde enero del año pasado hasta este último lunes pasará a la historia como una de las mayores ofensas infligidas al oficio periodístico en España de manera tan continuada. Los cocineros socialistas del Gobierno de coalición tampoco contribuían demasiado a contrarrestar estos ataques. Sus estrategias iban encaminadas a salvar la cara del PSOE durante la pandemia, aplazar lo pactado con Unidas Podemos y convertir a sus socios en lo más irrelevantes posible dentro del ejecutivo. Los utilizaron para unir voluntades a la hora de aprobar presupuestos y, una vez conseguido esto, comenzaron a urdir otras estrategias que nada tenían que ver con la buena convivencia en el gobierno.

El laboratorio monclovita decidió mojar en todas las salsas: en las elecciones catalanas salvaron los muebles por los pelos, aunque tampoco parece que les haya servido de mucho. Luego llegó Murcia y se estrellaron. Intentaron desbancar al PP de la presidencia de la Región y les salió el tiro por la culata. A los socialistas y a Ciudadanos, que empezaron a acercarse al abismo un poquito más de lo que ya estaban desde su fracaso en Catalunya; chasco también en Castilla y León… Hasta llegar a las elecciones madrileñas, donde el PSOE y su melifluo candidato han mordido literalmente el polvo. Ciudadanos ha desaparecido de la Asamblea, Vox apenas puede presumir de sus datos y el líder de Unidas Podemos decide abandonar la política institucional. Una escabechina en toda regla.

Todo el mundo sabía lo que iba a ocurrir, vocean ahora a toro pasado agudos analistas de tres al cuarto. Entiendo que esto lo pregonen según qué mamporreros de los ganadores pero, que entre los perdedores se extienda esta misma impresión, me cuesta asumirlo. Si lo visteis venir, ¿cómo es posible que no hicierais nada para evitarlo?

Hay que persuadir más y regañar menos, se atrevió a decir en la Ser este jueves Íñigo Errejón sacando pecho por una pírrica victoria que molesta poco al PP y alivia bastante a los socialistas. Si hay que persuadir más, ¿por qué no lo hizo con mayor dedicación para obtener unos resultados que convirtieran a Más Madrid en relevante de verdad? ¿Qué es persuadir? ¿Qué te baile el agua el grupo Prisa, que La Razón, El Mundo y el ABC no te dediquen portadas infames mintiendo como bellacos, que te dejen vivo porque apenas dices nada que les moleste y vais de chicos buenos todo el rato? ¿Por qué hay tanta gente que, aún ganando una miseria, han votado a Ayuso y no a Mónica García? ¿Cómo no habéis conseguido persuadirlos?

Tendremos que digerir e intentar entender por qué muchos de aquellos a quienes iban dirigidas las políticas de ayuda en tiempos de pandemia, autónomos que han recibido ayudas, o trabajadores que cobraron ertes, han decidido votar a Ayuso en lugar de a quienes hicieron posible esas ayudas. Si después de tantos sudores para mejorar la vida de los más desfavorecidos, lo que acaba calando es que te puedes tomar una cervecita fresca a las ocho de la tarde, el problema no creo que sea solo de persuasión.

¿En qué nos hemos equivocado mientras construíamos un marco de convivencia con el que pensábamos que no volveríamos a las andadas de hace ochenta años? ¿Qué ha fallado? ¿La educación, la ausencia de expectativas? ¿Dónde está el error, qué fue lo que lo torció todo? Alguien dijo que, a la hora de votar, lo primero que cuenta es el estómago, lo segundo el corazón, y en último lugar la cabeza.

Me niego a lamerme las heridas y hacerme portavoz de quejas y lamentos porque esto tiene que tener solución. Por muy sucia que sea la política, por muy corrompido y zafio que sea el mundo del dinero, por mucho que la iglesia esté siempre en medio complicándolo todo, la solución no puede ser votar a Ayuso.

Trato de ver algo positivo en la nueva situación tras la apabullante victoria de la derecha y no se me ocurre nada. Cuando alguien con postulados ultraderechistas llega al poder, lo único que cabe desear es que quienes los votaron abran los ojos cuanto antes y no vuelvan a hacerlo. La pesadilla Trump ya es historia, esperemos que pronto le toque a Bolsonaro y otros sátrapas que en su día apelaron al estómago de sus votantes para ganar y acto seguido los estafaron sin piedad. La etapa de Jesús Gil en Marbella y sus tentáculos en otros municipios de la Costa del Sol acabaron también hace tiempo, gracias sean dadas al cielo. Faltaba Madrid. ¡Ea! Pues ya lo tenemos. Mi voto por una cerveza ¡Qué vergüenza!

¡Qué pesada y larga se está haciendo esta digestión!

J.T.

No hay comentarios:

Publicar un comentario