sábado, 6 de febrero de 2021

La gerente que odiaba los móviles


- ¡Qué escándalo, este paciente tiene un móvil, que se lo quiten! 

Miro la foto de Dolores Rubio y me la imagino soltando este tipo de barbaridades: 

- No les dejéis hablar con sus familias, que así no hay manera de trasladarlos al Zendal. 

Las cosas que le han grabado en reuniones “privadas” no son exactamente así, pero son igualmente barbaridades. Comprobémoslo: 

- “A la familia hay que mantenerla fuera. Pues se prohíben los teléfonos. ¿Por qué tienen que llamar a la familia? ¿Por qué tienen que tener un móvil? Un paciente no necesita ni a mamá ni a papá ni la vecina de enfrente”. 

Traducción: “No dejemos que la realidad estropee una bonita promoción de nuestro hospital estrella”. 

Miro la foto de Dolores Rubio y me la imagino por los pasillos del hospital que gestiona intentando descubrir e identificar al hatajo de rojos que la ha grabado y ha mandado los audios a la radio para que los difunda. 

- Es que ya no se puede ni dejar a los enfermeros a solas con los pacientes, porque los convencen para que no los traslademos y claro, quienes estaban dispuestos a tragar, a los diez minutos van y se echan atrás. Les voy a meter un puro a más de uno que se van a cagar. 

Miro la foto de Dolores Rubio, la gerente del hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, la gestora indignada, y no puedo evitar imaginármela como hija de alguno de los pacientes a los que maltrata ¿Se atrevería con ellos? Claro que no, pero la guerra es la guerra, y en esas está el ejército pepero madrileño con su peligrosa presidenta al frente. Como en las cajetillas de tabaco, habrá que empezar a ir colocando carteles por las esquinas de cada pueblo de la Comunidad: 

“¡Cuidado! Según qué gestores sanitarios pueden ser altamente perjudiciales para su salud”. 

Repaso sus fotos, porque en ellas parece una persona normal y no el monstruo que al parecer lleva dentro, y me la imagino desde hace cuarenta años disfrutando de todo lo que la generación de esos pacientes que ahora ella putea hizo para que su vida fuera mejor. 

Escucho las palabras que soltó en aquella reunión que ella y los suyos califican de “privada” y percibo efluvios cuarteleros, como los sargentos en el ejército cuando pasan revista cabreados “¡Señor, sí, señor!” A las familias de los enfermos, que les den, que lo que quieren es sabotearnos. Nosotros a lo nuestro, que somos la caña, y tenemos que meter caña al gobierno de España. 

Miro y remiro la expresión de Rubio y temo que sea a su vez la de tantos gerentes que en esta pandemia puede que piensen y actúen como ella, responsables sanitarios que desde hace un año tienen más que nunca en sus manos nuestros destinos. Reconozco que me aterra la posibilidad de acabar a su merced, pero me estremece aún más la desconsideración y la falta de respeto hacia tantos seres humanos como están viendo que sus vidas dependen de las decisiones de personas como ella. 

Seguro que entre los pacientes afectados hay profesores, luchadores sindicales, trabajadoras humildes que sacrificaron sus vidas para que sus hijos pudieran estudiar, científicos, conductores de autobús, gentes que durante la dictadura y los años posteriores lucharon por la libertades, por la igualdad, por mejorar la calidad de vida de quienes, como Dolores Rubio, venían detrás de ellos. Me los imagino no dando crédito a lo que les pasa. 

- Pero ¿cómo, que me quieren sacar de aquí, que me quitan el móvil, que me prohíben hablar con mi
familia? 

Y no se pueden creer que el teléfono móvil, ese extraño aparato que llegó a sus vidas ya en el otoño y del que tanto desconfiaron al principio, haya acabado convirtiéndose en garantía de libertad, en artilugio imprescindible para la defensa de sus derechos. Nunca pudieron imaginar que acabarían necesitándolo tanto. 

Y yo por mi parte me los imagino, dentro de la poca o mucha lucidez que cada uno de ellos pueda aún gestionar, preguntándose qué demonios hicieron mal para que, después de tantos años de lucha, el resultado sea verse ahora cautivos y desarmados frente a tamaña amoralidad. 

J.T.

Publicado en "La Última Hora"

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