miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Se equivoca Iñaki Gabilondo?

Esta vez, querido maestro, no puedo estar de acuerdo contigo. No entendí tu videoblog del pasado martes. Y digo que no lo entendí porque prefiero no entenderlo a entender lo que entendí.
Veamos: el lunes seis de marzo, transgrediendo el más elemental catón del periodismo, la presidenta de la APM (Asociación de la Prensa de Madrid) hace pública una petición de socorro de varios informadores anónimos que aseguran estar siendo amenazados e intimidados por Podemos. Acto seguido, ancha es Castilla, sin preguntarse ni quiénes son los denunciantes, ni en qué consiste la presión, ni quiénes sus autores, El País coloca en primera la información a tres columnas frotándose las manos y añade el pertinente editorial, faltaría más. Y al día siguiente, tú también decides entrar en harina dedicándole tu homilía matinal a los presuntos coaccionadores.
El introito ya me rechinó: ”Ignoro los hechos”, decías. Y añadías: “No sé si hay razón suficiente para un documento público de esa naturaleza”. “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”-escribía Wittgenstein al final de su célebreTractatus, que seguro has leído. Pero esta vez no lo hiciste. ¿Por qué?
Dijiste tres cosas:
1. “Un partido político que sale a la palestra diciendo públicamente que quiere actuar contra el Sistema, debe esperar que el sistema se defienda”
En palabras de una amiga mía llamada Mariate, esto “no es verdad. El llamado Sistema es el que ofrece la libertad para criticar, no para defenderse, y es el que debe ser respetado como única atmósfera politica que permite esta dialéctica. No es el Sistema, pues, el que reacciona sino el que permite la crítica en todas las direcciones; también por supuesto contra Podemos“.
2. “Los medios, en su mayoría, formamos parte del Sistema y por tantoPodemos debe dar por supuesto que las líneas editoriales no le van a ser favorables. Esto es elemental”
Elemental, claro está, siempre y cuando no llamemos línea editorial a mentir impunemente en portada (currículum de Monedero, por ejemplo) y rectificar inexactitudes, cuando lo hacen, en letra pequeña y página par.
3. “También Podemos forma parte del Sistema y juega en esta liga” -añades
Juega, por supuesto, en el terreno democrático, pero lo hace para intentar cambiar las cosas, que es para lo que han sido votados. Además, como dice mi compañero Fernando López Agudín, “no presiona quien quiere sino quien puede, y no es Podemos precisamente quien más puede”
Acto seguido pasaste a hablar de la autocensura, recuerdas tu diagnóstico sobre este peliagudo asunto en el que atribuyes la culpa al paro, y admites resignado que eso acobarda. Pues será así, pero no tiene por qué serlo. Tú y yo estuvimos en una empresa informativa maravillosa, llamada CNN+ y allí nadie renunció nunca a su dignidad. Nos cerraron, me puedes contestar, pero sembramos una semilla que todo el mundo recuerda y que estoy seguro germinará.
“Está en el comportamiento humano una especie de tendencia hacia la precaución, hacia la supervivencia” -añades. Pero vamos a ver, querido jefe, ¿tú no eres aquel director de informativos que plantó cara a los golpistas enTVE? ¿No eres aquel que dimitió porque estaba harto de llamadas de ministros y decidió dejar de ser jefe sin que eso perjudicara tu carrera profesional sino más bien al contrario? ¿Cómo es posible que ese periodista al que siempre admiré intente a estas alturas justificar la resignación cristiana?
Hablabas de todo esto partiendo de datos que dices ignorar, y admitiendo no saber tampoco si existen razones suficientes para un documento como el hecho público por Victoria Prego. Aún así, rematas tildando de pardillos a los cuadros de Podemos, a quienes atribuyes “uñas de acero” para unas cosas y “piel de mantequilla” para asumir “la ferocidad de la política democrática”, a pesar de lo “cualificados e inteligentes” que son, y lo “preparados”que están. Recurro de nuevo a mi amiga Mariate, que últimamente está sembrada en su cuenta de Facebook, cuando recuerda que “una excelente formación, en absoluto es garantía de comportamientos democráticos. La historia demuestra que se puede ser persona de gran formación y, a la vez, fascista o comunista o liberal”.
Y terminaste afirmando que los cuadros de Podemos están “equivocados”. Puede ser, Iñaki, pero me chirría verte repartiendo ese tipo de carnets, la verdad. Yo jamás osaría decir que tú estás equivocado, pero me vas a permitir que esta vez no esté de acuerdo contigo.
J.T.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Hay que prohibir el infame autobús color butano?

Toda prohibición suele provocar el efecto contrario al que se busca, porque denota impotencia para combatir la monstruosidad desde sus raíces. Por mucha autoridad moral con la que se cuente para hacerlo, prohibir es prohibir, y eso iguala a los demócratas con los intolerantes.

Cuando apuesta por la prohibición, el tolerante pierde la partida frente a los intolerantes. La libertad de expresión es incómoda en ocasiones, pero ceder a la tentación de limitarla acaba siendo a la larga mucho más peligroso. Toda prohibición, por aparentemente justificada que pueda estar, genera un peligroso precedente. ¿Dónde pones los límites? ¿Hasta dónde sí y a partir de dónde no?

La prohibición dota de autoridad moral a los amantes de todo tipo de prohibiciones y les proporciona impagables coartadas para cuando tienen oportunidad de hacer de las suyas. Es ponerle en bandeja a los enemigos de la libertad argumentos que legitiman su manera de ir por la vida. Es ponerse a su altura. Con prohibir ocurre como con el comer y el rascar, que todo es empezar.

Los demócratas no prohíben, convencen. Agotan todas las posibilidades a su alcance antes de recurrir a soluciones drásticas. ¿Se han agotado en el caso del autobús naranja de Hazte Oír o, sencillamente, se ha optado por el camino más fácil y rápido inmovilizando el dichoso vehículo?

¿Dónde queda aquella frase atribuida falsamente a Voltaire: “no estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo? ¿NO habíamos quedado en que el mayor desprecio es no hacer aprecio?

Yo creo que nos hemos vuelto un poco locos con este asunto y que, como ha escrito mi compañero David Torres, la prohibición de circular con su autobús color butano a estos peligrosos ultras les ha brindado una publicidad que jamás hubieran imaginado. Pagarla sí que hubieran podido, como ha documentado en Público mi compañero Danilo Albin.

En asuntos así, como en tantos otros, ayuda bastante recurrir al sentido del humor, como es el caso de Wyoming y de las inspiradas y mordaces parodias que circulan por las redes. El rechazo de la sociedad y de las instituciones democráticas tenía que ser suficiente. Y, por supuesto, la revocación de cualquier tipo de ayuda pública.

Lo único que sí creo que es de juzgado de guardia es el color butano del autobús de esta asociación declarada en su día “de utilidad pública”. Por eso, por tener tan mal gusto, por eso sí lo hubiera prohibido yo. A lo mejor el ayuntamiento de Madrid lo hizo, quién sabe.

J.T.

jueves, 2 de marzo de 2017

Cernuda, García Montero, Sabina y las medallas

En la ceremonia de entrega de las medallas de Andalucía, el poeta Luis García Montero, granadino que vive en Madrid, flamante hijo predilecto andaluz, concluía su discurso de agradecimiento el pasado martes recordando esta frase de su tocayo Cernuda:

“Confesaré que solo encuentro apetecible un edén… que para mí bien pudiera estar situado en Andalucía”

Perfecto, suena de maravilla si no fuera porque… el poeta sevillano se marchó de Andalucía para siempre con 26 años de edad. Murió a los 61, en México.

Mucho te quiero, perrito, pero pan poquito. El planeta entero está lleno de Cernudas que aman con locura Andalucía, pero que se marchan, nunca más vuelven y se mueren bien en México como el autor de “Los placeres prohibidos”, bien en Buenos Aires, Carolina del Norte o Astaná, capital de Kazajistán. ¿Por qué hay tanto andaluz que se marcha de su tierra si, como también cantaba Cernuda, Andalucía “es un edén donde el tiempo se desliza insensiblemente entre las hojas de las palmas y el lánguido aroma de las flores meridionales”?

Tener tan buen clima y tantos kilómetros de costa parece que no es suficiente. Ni tampoco tanto arte, ni tanto salero, a juzgar por el generoso porcentaje de artistas agraciados con las medallas 2017. Si dejamos las instituciones al margen, entre el resto de premiados este año había una actriz, una cantante, un cantaor, un guitarrista flamenco, una gimnasta, una compositora, dos escritores y un periodista (al que incluyo en este apartado porque al personaje, la verdad, se le puede considerar un verdadero “artista”) Nueve de doce. A los tres restantes, un científico jiennense especializado en inteligencia artificial, un ingeniero experto en robótica y un empresario turístico malagueño les tocó la pedrea, así que no sé de qué nos quejamos.

Sin cuestionar los méritos de los galardonados, y sin entrar a analizar el carácter perverso de este tipo de parafernalias, que acaban siendo una cuestión de escalafón porque los años pasan y a veces cuesta encontrar candidatos, ¿de verdad no hay más andaluces que estén haciendo cosas importantes en el mundo de la ciencia, de la investigación, de la industria, de la agricultura que merezcan las medallas? ¿solo el veinticinco por ciento del total? Si los hay y no son premiados, malo. Y si no los hay, pues… qué quieren que les diga!

Para intentar entenderlo, mejor le pido unos ripios prestados al también exiliado Joaquín Sabina, hijo predilecto andaluz un año antes que su compadre García Montero (el escalafón corre, ya saben), de entre los que el cantante de Úbeda pronunció durante su discurso de agradecimiento, todo él en verso:

“pa ser buen andaluz no es necesario 
tocarle tantas palmas al ombligo, 
mejor pasar a limpio los pecados, 
los eres, la ignorancia, el desempleo, 
Andalucía sabe demasiado 
lo ingrato que es bailar con el más feo”

miércoles, 1 de marzo de 2017

Instalados en la crisis se vive mejor

Los expertos, esos señores que viven de dar consejos que no darían si tuvieran la certeza de la eficacia de su aplicación, se empeñan en presionarnos para que cada día que pasa nos apretemos más el cinturón, sin molestarse siquiera en preguntar si tenemos algún cinturón que ponernos.

Corría el año setenta y tres del siglo pasado. Había estallado la primera crisis del petróleo y sesudos economistas de todo el mundo buscaban como locos alguna solución a lo que se nos venía encima. Fue entonces cuando el canadiense-estadounidense John Kenneth Galbraith (1908-2006), solvente economista, cansado de estériles análisis y ridícula palabrería, decidió dejarse de rodeos y hablar clarito:

- No sé por qué nos empeñamos una y otra vez en buscar soluciones para salir de la crisis. De lo que se trata –añadía Galbraith- es de aprender a vivir “instalados en la crisis”.

Y desde entonces, con este consejo-dictamen, vamos tirando como podemos. Cuarenta y cuatro años han pasado y aquí estamos, como Clodomiro, el de la canción de Carlos Mejía Godoy, tarareando sin cesar aquel pegadizo sonsonete: "me defiendo, me defiendo como gato panza arriba".

Instalarse en la crisis, cualquier crisis, admitir que existe. Buscar la manera de vivir como queremos hacerlo a pesar de la crisis, con la crisis o por encima de la crisis, es sin lugar a dudas una inteligente opción sobre todo para quien sabe ver que, más pronto que tarde, lo más probable es que venga a visitarnos otra igual o peor.

De ahí que cada vez que veo en cualquier revista de prensa, o en las redes sociales, aquello de “diez consejos para ser feliz”, o “rompa con todo y busque su verdad” o “eres lo mejor del mundo, te lo digo yo”, no pueda evitar recordar la idea de Galbraith: “Aprender a instalarse en la crisis…" Punto. Todo lo demás, es mentira.

Los libros de autoayuda son un excelente negocio para los editores. Superventas año tras año, en los escaparates más accesibles cambia a menudo el autor, el título, la portada o la manera de venderlos. Pero todos los mandamientos que recitan estos libros, con autores como Bucay o Coelho, que no saben dónde guardar todo el dinero que ganan engañando a tanto incauto, se resumen en dos: El primero: Sé tú mismo -ahí queda la chorrada-. El segundo: Mientras me hagas caso, me compres, me leas y me recomiendes, el editor y yo nos lo continuaremos llevando crudo.

¿Libros de autoayuda? No, gracias.

Si hay a quien le valen… pues me alegro. Pero a mi juicio, el mejor libro de autoayuda es asumir el dictamen de Galbraith: dejarse de tonterías y aprender a sobrevivir lo mejor posible “instalados en nuestra propia crisis”.

J.T.

domingo, 26 de febrero de 2017

Las plaquitas de cobre de Berlín

Camino del supermercado me las encuentro en la calle Acker. O en Brunnenstrasse, cuando voy a la biblioteca. Salgo a pasear por Torstrasse, Rosenthaler… y apenas me despisto, ya he pisado alguna. No puedo evitar estremecerme cada vez que sucede.

Resulta difícil caminar por Berlín y no encontrarte con alguna de ellas con espantosa frecuencia: su tamaño apenas supera el de un miniadoquín y en la inscripción se recuerda un nombre, una fecha y un lugar que indica el campo de concentración en el que fue exterminado quien residía justo en el edificio a cuya entrada se encuentran estas plaquitas de cobre.

Miras la fachada de la casa, la puerta, y te imaginas a quienes vivían ahí saliendo para nunca más volver, para ser gaseados en los campos de exterminio. Reconozco que quienes residen en Berlín de manera permanente debe hacer ya tiempo que se habituaron a pisarlas sin conmoverse. Pero yo evito, si puedo, poner el pie encima.

Desde mi rol de ciudadano berlinés ocasional que lleva varios meses viviendo en un apartamento del Este, me cuesta mucho trabajo habituarme a pasear sin más por las calles de esta ciudad trufada de plaquitas de cobre. Por lo general, es algo que no aparece en esas guías turísticas que sí te hablan de
la sinagoga, el museo judío o el monumento de losas de hormigón que Peter Eisenman y Buro Happold construyeron hace quince años no lejos de la puerta de Brandenburgo. Pero hay más de cinco mil “stolpersteine” (piedras-obstáculo) diseminadas por todos los barrios de Berlín, Mitte, Kreuzberg, Neukölln…. Cuarenta y cinco mil por toda Alemania, producto de una iniciativa del artista alemán Gunter Demning que crece cada día.

También evito pisar el cristal que me encuentro cuando paseo por la Bebelplatz y disfruto de los impresionantes edificios que la rodean. Entre adoquines, descubro de pronto ese cristal de un metro cuadrado que muestra debajo una habitación
cubierta de blancas estanterías vacías, decenas de baldas desiertas, sin un solo volumen encuadernado, sin una sola obra impresa. Así ha decidido el Berlín de hoy recordar la quema de libros que tuvo lugar aquí mismo el 10 de mayo de 1933, la llamada Noche de la vergüenza.

Entre adoquín y adoquín de estas calles berlinesas no puedo evitar pensar en tantos españoles como murieron en cunetas o paredones y a los que todavía les debemos aunque sea una diminuta plaquita a la puerta de su casa.

 J.T.

miércoles, 22 de febrero de 2017

ZP loves Susana


Me gustaría entender algún día la fascinación que José Luis Rodríguez Zapatero manifiesta por Susana Díaz de un tiempo a esta parte. Lo proclamó a los cuatro vientos en Jaén y lo repite el ex presidente cada vez que se lo preguntan al tiempo que, a la chita callando marca en la sombra, junto a Rubalcaba, los pasos que va dando la gestora. Busco explicaciones al arrobo del leonés por la trianera y me cuesta trabajo encontrarlas ¿Qué ZP es el que apoya a la presidenta andaluza? ¿El que en agosto de 2011 cambió el artículo 135 de la Constitución con el apoyo del PP, el que se aferró al sillón para gestionar unas órdenes de la troika que chocaban de frente con los postulados políticos que lo llevaron al poder? Si es así, puede ser.

Pero el Zapatero que ordenó retirar las tropas de Irak, el que impulsó la ley del matrimonio homosexual, el que peleó por una ley de dependencia y otra de memoria histórica, el que se fajó para que se dieran pasos importantes camino de la igualdad entre hombres y mujeres, el que creía en una televisión pública plural y en una España plurinacional… ese ZP no es el que está apoyando a Susana Díaz. O la lideresa del PSOE andaluz encierra atractivos políticos de izquierdas que solo él sabe ver, o el ex presidente está envejeciendo muy mal y cada día que pasa se parece más al de sus dos últimos años de legislatura.

¿Qué ha visto ZP en Susana Díaz? Si el rechazo que la presidenta andaluza nos provoca a muchos es producto de una equivocación, o de falta de información por nuestra parte, convendría que quien fuera durante casi doce años Secretario General del Partido Socialista nos ayudara a salir de dudas. Si la Susana que le gusta a Zapatero es la Susana antiPodemos, cuesta mucho entender que él y Pablo Iglesias se lleven bien, como ambos han admitido alguna vez públicamente. El líder de los morados llegó a declarar en cierta ocasión que hasta se telefonean con frecuencia. ¿O eso también ha cambiado en los últimos tiempos?

¿Apoya ZP a la Susana golpista de primeros de octubre del año pasado y a su compañera Verónica Pérez, la “máxima autoridad”? ¿apoya al entorno conspirador andaluz donde se diseñó la gestora que permitió gobernar al Partido Popular? ¿apoya Zapatero a la persona que, si en mayo llega a convertirse en secretaria general del PSOE, le aprobará inmediatamente los presupuestos a Rajoy?


¿Es este el ZP que cuando llegó a la Moncloa en 2004, le hizo un guiño desde las escaleras a los periodistas situándose “más a la izquierda” de donde lo habían colocado para hacerse la primera foto en su nuevo domicilio? ¿Tan mal lleva no haber podido acabar con un Pedro Sánchez que el 20 de Febrero, con su triunfal reaparición en el Bellas Artes de Madrid, puso de los nervios a los conjurados que lo defenestraron? ¿Qué le ha visto José Luis a Susana? ¿Estamos ante un enajenado flechazo? Si es así, no hay mucho más que decir: el amor continúa siendo ciego.

J.T.

martes, 21 de febrero de 2017

Ser delincuente es rentable

Casi diez años de escándalos y le damos carpetazo en un plis plas. Gürtel, Nóos, casi diez años esperando que llegaran estos momentos y cuando llegan… desaparecen de las páginas de los periódicos en horas veinticuatro ¿Tanto trasiego para esto? Correa, Crespo y el Bigotes, colorín colorado, ya están en la cárcel porque “hay riesgo de fuga” mientras Urdangarín, condenado a seis años y tres meses, se “fuga” en bicicleta de los fotógrafos que lo acosan por las calles de Ginebra.
Gürtel y Nóos llegan al final del camino y parece como si hubiéramos perdido el interés por el desenlace de un culebrón que hemos seguido con pasión durante casi dos lustros. Años viendo llegar a declarar a los juzgados a ex ministros, ex presidentes de comunidades autónomas, vips de toda clase y condición con la morbosa guinda de Cristina y su marido, y de pronto… ¿Es posible que hayamos perdido el interés después de meses siguiendo la retransmisión en directo de dos juicios con tan alto número de acusados que fue preciso habilitar macrosalas especiales para celebrar las vistas? ¿Es normal que, aparte de Urdangarín y el suspense sobre si entrará o no en la cárcel, no se hable ya del destino del resto de los condenados, como Diego Torres, ocho años y medio de pena, o Jaume Matas, un ex ministro que ya sabe lo que es la cárcel y que puede volver a ella?
El común de los mortales no hemos perdido el interés pero las radios, las agencias, las teles, y los periódicos de papel madrileños han decidido otorgarle tratamiento light a estas informaciones y cuesta seguir la pista al día a día de cada uno de los encausados una vez conocidas las sentencias. Ahora nos entretienen con la “investigación”, antes llamada imputación, al presidente de Murcia mientras los juzgados continúan con un stock de sumarios por encima de sus posibilidades en los que se amontonan decenas de escándalos pendientes de resolver. Ya tenemos en la cárcel unos cuantos condenados de perfil medio-bajo mientras los pesos pesados continúan respirando el aire fresco de febrero en los parques de Ginebra o en las pistas de Baqueira.
A fe que parecen haberse medido con eficacia los tempos para atenuar el efecto mediático y social de las sentencias. La de Nóos se ha conocido ocho meses después de quedar "visto para sentencia" y en el caso de Gürtel las condenas ahora hechas públicas corresponden al primero de los juicios, que finalizó ya en abril del año pasado. Con un recorrido de tantos años desde que se abren los sumarios hasta que se hacen públicas las sentencias, nos aburren y nos cansan, pero no conseguirán que perdamos el interés ni dejemos de indignarnos.
Jesús Gil, aquel legendario delincuente precursor de esta era de desvergüenza, solía convencer a sus allegados y atraerlos a la causa de la prevaricación y el cohecho (tampoco es que se resistieran mucho) argumentándoles que de la cárcel se sale, pero de la miseria no. Le faltó añadir que de la cárcel se sale… pronto. Parece que a muchos les compensa el riesgo. Que les quiten lo bailao… y lo que volverán a bailar, apenas cumplan los ridículos años de pena a que han sido condenados.

sábado, 18 de febrero de 2017

"Patria", de Fernando Aramburu

Yo quiero más novelas así. Quiero más novelas como Patria, en la que Fernando Aramburu demuestra que no hay que irse muy lejos para contar historias de las que te zarandean y sacuden por dentro, y obligan a pensar qué harías tú si estuvieras en el lugar de cualquiera de los personajes, miembros de dos familias amigas de siempre a quienes la vida acaba enfrentando y colocando en diferentes esquinas del cuadrilátero. Hombres y mujeres que se apreciaron tanto como más tarde se detestarán.

No haré spoiler como Vargas Llosa ni tampoco atribuiré, como ha hecho el premio nobel en su crónica sobre la novela de Aramburu, parentescos equivocados a ninguno de los protagonistas, pero sí diré que el mundo interior de cada personaje de Patria resulta muy cercano, incluso familiar, a cualquier lector. Las charlas de la mujer del Txato en el cementerio con su marido muerto, las de su hijo médico con la telaraña del despacho o los cabreos que la madre de Joxe Mari agarra en la iglesia del pueblo con la imagen de san Ignacio, a quien cada día reza con menor éxito, provocan más empatía que rechazo porque son producto de situaciones verosímiles cuyas reacciones entendemos, porque en cada personaje de la historia que nos cuenta Aramburu hay rasgos que nos lo acaban haciendo profundamente cercano.

Ese es el secreto de la novela que, además, está muy bien escrita. Por eso engancha hasta el extremo de no poder dejarla, por eso hay tantos lectores que afirman habérsela bebido en un par de días a pesar de sus más de seiscientas rotundas páginas. Porque a través de Miren, Bittori, Joxian y sus hijos, el autor nos está retratando a todos, vivamos donde vivamos. Porque nos habla de nuestras miserias, nuestras cobardías, nuestras incoherencias, nuestros silencios cómplices... nos habla, en definitiva, de la condición humana.

El pueblo cercano a Donosti donde transcurre la acción es la alegoría de cualquier entorno. Patria la puede leer un australiano, un andaluz, un inglés o un catalán, y a todos los conmoverá porque los comportamientos que ahí se desmigajan son universales. Patria es un florilegio de pasiones, el amor a los hijos hagan lo que hagan, los celos entre amigos, los recelos, la vanidad, los sueños, las ambiciones, la necesidad de reconocimiento por parte del grupo al que perteneces, las envidias, los miedos, las inseguridades, los odios...

Cuando te cuentan que el amigo ciclista del empresario señalado por Eta ya no pedalea a su lado al salir los domingos de excursión, cuando el joven empollón decide diluirse en Bilbao como solución a sus confusiones, cuando en los bares te sirven o no según quién seas y en la carnicería te dicen que no tienen la carne que quieres y que tú estás viendo en el estante con tus propios ojos, te están dibujando la vida de tal modo que puedes hasta oler la atmósfera en la que se mueven los protagonistas de la historia que lees.

Devoras el libro no solo porque quieras saber quién demonios mató al Txato, sino porque Aramburu retrata en Patria lo que ha sido la vida durante años en muchas poblaciones de Euskadi. Y lo explica con tanta verdad que golpea en las entrañas del alma. Contra lo que se ha dicho, no creo que Patria sea un libro para atacar a nadie, ni tampoco para regalar los oídos a unos y sacar los colores a otros. Es un libro sobre la necesidad de libertad escrito en libertad. Por eso hace pensar mucho y por eso creo que acaba fascinando, se conozca o no lo que ocurrió en Euskadi durante cuarenta años.

J.T.

martes, 14 de febrero de 2017

En la resaca de Vistalegre II



Los viejos que votaban al PSOE acabarán votando al PP. Entre una mala copia de Rajoy como Susana Díaz y el original, terminarán prefiriendo al original. Tampoco seducen los socialistas a los más jóvenes, esos votantes nuevos que tienen en sus manos el futuro, que compran y trabajan por internet, viven en whatsapp, disfrutan con las redes sociales y no entienden que para votar haya que perder una mañana de domingo yendo a meter una papeleta en una urna.

El PSOE se está quedando en tierra de nadie y los golpistas que todavía lo rigen no acaban de asumir un dato irrefutable: cada votante suyo, o del PP, que se muere, es un "cliente" que pierde ese bipartidismo añejo y ajeno a todo adolescente que llega a su mayoría de edad. Cada día que pasa pierden peso.

Hace meses que los verdaderos dueños de los periódicos se dieron cuenta de esto y quizás por eso se lanzaron en tromba a prodigarle todo tipo de elogios a la corriente errejonista de Podemos. Su particular abrazo del oso. No querían solo dividir el partido, sino asegurar los equilibrios del "tablero". Con Iglesias relegado, los socialistas podían ser un poco más de derechas, porque ya estaba el errejonismo ocupando la presunta izquierda. La unánime exaltación mediática del hasta ahora número dos de Podemos no ha conseguido su objetivo. Se olvidaron sus interesados mentores que quienes han votado tienen criterio propio y, además, leen poco los periódicos.

Los viejos partidos siguen empeñados en controlar los medios para manipularlos y continúan sin enterarse que el mundo hace tiempo que va ya por otro lado. Las patéticas primeras páginas que perpetra Marhuenda y los desvergonzados editoriales de El País no solo caen en saco roto sino que producen vergüenza ajena. El Mundo y el ABC no solo no asustan a nadie sino que dan lástima y hacen reír cuando compruebas su desazón porque ninguna de sus tretas para hundir Podemos consigue el efecto deseado.

Han agotado todas las técnicas posibles para acabar con el movimiento de protesta que surgió del 15M y ahí está, vivito y coleando, ocupando el espacio que le corresponde por sus propios méritos, pero también por los errores de los demás. Vamos despacio porque vamos lejos, repite Monedero desde hace tres años, y la frase cobra más sentido a medida que el tiempo va transcurriendo. Como resumía mi compañero Carlos Enrique Bayo, la mayor franja de votantes de Podemos está entre los 18 y los 44 años... y subiendo. En cambio, ni PP ni PSOE consiguen atraer a gente de esa edad. Todo consiste en saber esperar.

Como sentencia este martes el maestro Manuel Alcántara quien, a sus 89 años continúa escribiendo y dando en el clavo a diario, "saber esperar es un arte... a condición de que nos pille vivos".

J.T.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Pero... ¿qué es lo que ha pasado aquí?


Me voy tres meses de este país, vuelvo a casa por Navidad y en vez del turrón El Almendro me encuentro con el "marrón" de Podemos. No doy crédito al estrepitoso follón que tienen montado ¿De verdad está pasando todo lo que parece que está pasando? Me niego a creer que las cosas se hayan podido liar tanto durante el corto período en que he perdido foco por haber estado un tiempo en el extranjero.

- He perdido año y medio de mi vida con los de Podemos, creyéndome que esta vez sí era posible, me dice un amigo catedrático de universidad durante una comida de reencuentro navideño.
- Han rebasado su nivel de competencia, me dice otro aludiendo al célebre principio de Peter.
- Se van a acabar matando entre ellos mientras Mariano se fuma un puro
- El Psoe en la ruina y ellos haciéndole la competencia a ver quién se pelea más y mejor ¿Se puede ser más torpes? -remata otro amigo

Queridos colegas de Podemos, ¿qué coño os ha pasado? ¿Cómo es posible que tengáis montado un pollo de tamañas dimensiones? ¿Qué hacéis peleándoos a muerte y ladrándoos por las esquinas los unos a los otros, mientras vuestros otrora acojonados adversarios se frotan divertidos las manos con vuestros desencuentros y peleas públicas?

José Manuel López defenestrado como portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, twiter ardiendo con agresivos hastags contra Errejón que luego desautoriza Iglesias pidiendo perdón por el espectáculo que están dando, Echenique llamando al orden, Mayoral y Montero con unas cosas, Rita Maestre y Tania Sánchez con otras... y los periódicos poniéndose morados de titular contra la organización aprovechando las cuitas internas y sin tener que esforzarse en inventar nada, como tantas veces habían hecho hasta ahora.

¿Qué os ha pasado, amigos? ¿Cómo es posible esto?  Metedle caña al PP, pero no os la metáis entre vosotros, por favor. ¿La misma historia de siempre una vez más? Podemos era un estado de ánimo, conseguisteis ponérnosla dura a miles y miles de desanimados y escépticos ciudadanos que habíamos tirado o estábamos a punto de tirar la toalla, y que ahora nos volvemos a tirar de los pelos mientras otros hacen palmas con la orejas.

Revolucionasteis el panorama político acertando al recoger el descontento de la calle, las movilizaciones del 15M, las actuaciones de la PAH contra los desahucios, las mareas, la indignación por tanta corrupción y tanta puerta giratoria... Supisteis meterle el miedo en el cuerpo a los salvaguardas del sistema,  que se apresuraron a cargar contra vosotros por tierra, mar y aire y se inventaron un Ciudadanos estatal en tres cuartos de hora. Denunciabais las injusticias, poníais en evidencia las mentiras de los acólitos de la derecha, que por fin dejaron de sentirse impunes en las tertulias televisivas, pusisteis al descubierto las vergüenzas del bipartidismo, introdujisteis un lenguaje nuevo, dejasteis clara la importancia de una urgente reforma constitucional, hablabais de Renta Básica y de pobreza energética, combatíais la desigualdad, llenabais los mítines y conseguisteis que gente que había decidido no votar nunca más volviera a hacerlo con ilusión.

En resumen, le pegasteis a esto un meneo histórico y los réditos se los están llevando otros. Os están robando literalmente la cartera y vosotros a hostias en twitter. Volved a la casilla de salida, por favor. La aventura que encabezasteis merecía mucho la pena. Decidme que todo ha sido un mal sueño, que mi percepción tras un tiempo fuera es equivocada, decidme que os vais a dejar de malos rollos y a emplear todas vuestras energías en lo que realmente importa: acabar con el bipartidismo y con los desmanes de la derecha en el poder. Se lo debéis a quienes creyeron en vosotros, a quienes se creyeron que erais diferentes y que no teníais nada que ver con los usos y costumbres de los partidos tradicionales.

A menos que todo fuera mentira, pero no lo es. Leo a Monedero y veo que no lo es. Era el padre de la criatura y lo dejasteis tirado, os pusisteis de perfil cuando teníais que haberle defendido a muerte sin fisuras y ahí sigue él, mirando únicamente hacia adelante, intentando que aquel prometedor invento llamado Podemos no acabe al final yéndose a la mierda. Igual basta con que le hagáis caso. Monedero no se resiste a creer que el sueño de cambiar este país no sea posible. Que él siempre esté ahí, y que continúe con el empuje y la coherencia del primer día me hace pensar que a lo mejor no todo está perdido.

Decidme, colegas de Podemos que estoy equivocado y que me falta información. Que sois como erais, que pensáis como pensabais y que todo volverá a ser como antes. Convencedme, por favor. Decidme que no renunciáis a que os voten no ya cinco, sino seis, siete u ocho millones de ciudadanos. Que os vais a dejar de mariconadas de una puñetera vez, de poneros verdes en twiter los unos a los otros, de pedir perdón y de echar portavoces a las primeras de cambio. Decidme que el mal sueño se acaba ya y que quienes creímos y creemos en vosotros no tendremos nunca que avergonzarnos por ello. Feliz Año Nuevo.

J.T.