domingo, 31 de mayo de 2020

El vicepresidente Marín y Vox


Hay muchos políticos que tienen suficientemente acreditado su instinto de supervivencia pero, de entre todos ellos, a mí me fascina la habilidad demostrada por Juan Marín, cuya colección de carnets como afiliado a distintos partidos -Alianza Popular (AP), Partido Andalucista (PA), Ciudadanos Independientes de Sanlúcar (CIS) y Ciudadanos-resulta difícil de superar ¿Le será útil esa experiencia para salir bien parado también del laberinto en que ahora anda metido?

Veamos: la dirección nacional de Ciudadanos, (de momento, todavía su partido) lleva desde noviembre pasado dando manotazos en el agua para sobrevivir y no ahogarse. Si Rivera fuera en estos momentos vicepresidente del gobierno (algo por lo que Sánchez bebía los vientos el verano pasado), no sabemos cómo serían las cosas pero en las condiciones actuales, con un Gobierno de coalición en España en el que participa Unidas Podemos, lo que quedará para la historia es que
Ciudadanos en Andalucía, teniendo la llave con 21 diputados, prefirió gobernar en enero del 2019 con PP-Vox antes que con Psoe y Adelante Andalucía. Y así Marín, en otra finta más de su carrera, pasó de propiciar la presidencia socialista de Susana Díaz, a vicepresidente andaluz con el PP.

¿Qué supuso eso? Ni más ni menos que otorgarle a la ultraderecha, por primera vez en 40 años de democracia, la capacidad de condicionar cualquier decisión de calado que Ciudadanos y PP se propusieran adoptar como gobierno. Traducido: Los ultras, con 12 escaños, no iban a desaprovechar, a lo largo de toda la legislatura, ninguna ocasión que tuvieran para humillarlos y ellos lo sabían. Y tragaron.

Así, cada vez que el gobierno andaluz necesite sacar cualquier iniciativa adelante, habrá de contar con los votos de unos ultras que cada día que pasa se quitan más la careta y dejan al descubierto su vocación política de apostar por el cuanto peor mejor, por el incendio como opción, como reflejaba estos días en un artículo el periódico The New York Times.

Para sobrevivir en España, la dirección nacional de Ciudadanos parece que ha entendido que más le vale intentar entenderse con el Gobierno de Pedro Sánchez, como decíamos más arriba. Y en la Comunidad de Madrid, ¿qué pasará? Por mucha capacidad de aguante que tenga el vicepresidente Aguado y sus compañeros de Ciudadanos en el gobierno autonómico, se presenta complicado convivir en coalición tres años y medio más con una presidenta como Isabel Díaz Ayuso, tanto por las cosas que dice como por las que hace.

Si la gestión del coronavirus se puede llevar a algún gobierno por delante, el que más papeletas parece tener es el de la Comunidad de Madrid. ¿Sería exagerado contemplar la posibilidad de una moción de censura por parte de Psoe y Más Madrid a la que se sumara Ciudadanos? Desde un punto de vista de estricta rentabilidad política, y dependiendo de cómo se configurara ese gobierno, no tiene por qué ser descartable. Los escaños de Ciudadanos, en este caso 26, son decisivos. Sumados a los 37 del Psoe solo necesitarían 4 más (a obtener en Mas Madrid o Unidas Podemos) para conseguir la mayoría. Los 12 representantes de Vox pasarían a la irrelevancia.

¿Qué harían entonces en Andalucía? ¿Cuál sería la posición de Juan Marín? Andalucía, y en Ciudadanos se sabe, necesita sacudirse el estigma de ser la primera comunidad que dio carta de naturaleza a Vox al decidir PP y Ciudadanos ponerse en sus manos para desbancar al Partido Socialista. Susana pagó así la soberbia de muchos años, pero sin duda ha aprendido la lección. Muchos queremos creer que el Psoe de hoy en Andalucía ha cambiado bastante desde enero del año pasado. Igual no sería descabellado contemplar la hipótesis de un entendimiento entre socialistas y populares para quitarse de en medio aquí también a esa mosca cojonera llamada Vox. Depende, una vez más, de Ciudadanos, ¿qué haría Juan Marín?

Darle a los ultraderechistas la presidencia de comisiones que ellos mismos desprecian no creo que pueda ser el camino para sobrevivir aún tres años más. Eso solo abre la veda a una retahíla de trágalas de difícil digestión. Humillaciones que, a medida que más vaya transcurriendo la legislatura y más cerca vuelvan a estar las elecciones, menos les beneficiará. La debilidad no da votos.

Y para terminar, ¿es presentable el camino que lleva la televisión pública en Andalucía? ¿Nadie va a poner orden ahí de una vez? En este asunto Ciudadanos tiene mucho que decir, con una directora de Informativos adjunta que nada tiene que ver ni con la nefasta época de manipulación socialista ni con las purgas irredentas que Zancajo, el actual director, está llevando a cabo para convertir Canal Sur en portavoz sin complejos de la derecha más desprejuiciada y beligerante. Más a las ordenes de Génova que de San Telmo, y con Vox siempre subido a la chepa.

Marín tendría que demostrar una vez más su habilidad para la supervivencia, y no me extrañaría que el camino empezado por Arrimadas y Bal abriendo el diálogo con Sánchez, fuera seguido de una moción de censura en Madrid y una jugada política en Andalucía, que el actual vicepresidente de la Junta quizás podría auspiciar, arrinconando así a Vox en dos de las comunidades donde más daño llevan haciendo los ultras desde que se les otorgó mucha más cancha de la que merecen sus votos y su manera de entender, no solo los derechos humanos, sino la vida misma.

J.T.

Publicado en Confidencial Andaluz

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