martes, 20 de enero de 2026

Buitres carroñeros en Adamuz



¿Cuál es la jerarquía de prioridades que un medio de comunicación debe aplicar a la hora de informar cuando se produce una catástrofe como la de Adamuz?


La prioridad absoluta ha de ser proporcionar datos que ayuden a salvar vidas y faciliten la gestión de la crisis, es decir, información útil y de servicio público por encima de cualquier otra consideración. Hay que difundir cuanto antes los teléfonos de atención a familiares e informar sobre cortes de tráfico, desvíos ferroviarios y el estado de los centros hospitalarios de refuerzo. Tenemos que funcionar con urgencia como altavoces de referencia para transmitir avisos de los servicios de emergencia y evitar colapsos en las zonas afectadas. 


Lo segundo es no propagar jamás un solo dato sin tenerlo completamente verificado. Si los rumores nunca son noticia, en una catástrofe como la de Adamuz, esa ha de ser la regla de oro. Si no lo has visto, no lo cuentes y si te cuentan algo que dicen haber visto, verifica antes de darlo por bueno. Dar a conocer un dato tres minutos más tarde es mejor que adelantarse y luego tener que rectificar. Siempre la información confirmada por autoridades y técnicos antes que las especulaciones de según qué presuntos testigos o datos extraídos de las redes sociales cuyas fuentes no estén suficientemente identificadas. Los medios profesionales hemos de procurar desmentir con la mayor celeridad cualquier noticia falsa sobre el número de víctimas o las causas del accidente. 


Un tercer aspecto a tener en cuenta a la hora de contar lo que ocurre durante las primeras horas tras una tragedia como la de Adamuz es el respeto a las víctimas. El deber de informar ¡NUNCA! debe superar el derecho a la intimidad al tiempo que ha de respetar la dignidad de las personas por encima de todo. Tampoco hay que tener ninguna prisa por publicar nombres de fallecidos o desaparecidos hasta que sus familias no hayan sido notificadas oficialmente. Por supuesto, hay que evitar el sensacionalismo y el uso de imágenes explícitas que no aporten valor informativo y solo busquen el impacto emocional. Y también, claro está, no acosar micrófono en mano a víctimas ni familiares en los puntos de atención y duelo.


Una vez estabilizada la emergencia, y solo entonces, llegaríamos al cuarto punto en la jerarquía de prioridades. Sería el momento de preguntarse por las causas técnicas (el estado de la infraestructura o los posibles fallos en el sistema ferroviario), pero basándose en opiniones de expertos y no dedicándose a especular. Habría llegado también el momento de hablar de la responsabilidad institucional, de analizar la gestión de las autoridades y el cumplimiento de los protocolos de seguridad. 


Esta jerarquía de prioridades se fundamenta en marcos éticos y profesionales establecidos por organismos oficiales y códigos de autorregulación del sector periodístico en España, consideraciones que, por otra parte, ya dicta el sentido común. Claro que, como el sentido común es el menos común de los sentidos, ahí tenemos desde el mismo momento en que ocurrió la tragedia a una nutrida colección de buitres carroñeros transgrediendo estos preceptos desde el minuto uno para vergüenza de la profesión periodística e indignación de los centenares de familias afectadas. 


En nombre de quienes no compartimos tan intolerable falta de respeto como estamos soportando, quiero desde esta tribuna pedir disculpas a los afectados directamente por el accidente y a cuantos lectores, oyentes y espectadores se sienten ofendidos por la manera de actuar de aquellas personas y medios que, en ocasiones como esta, suelen aprovechar para envenenar los ánimos prostituyendo así la esencia de nuestro oficio y perjudicando el trabajo de quienes no queremos olvidarnos ni de la ética ni de a quién y cómo nos debemos. 


J.T.

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