lunes, 5 de enero de 2026

Baltasar Moreno Bonilla, una provocación


Si hay algo en Sevilla que trasciende el folclore y se eleva a símbolo social colectivo, eso es la Cabalgata de Reyes Magos. Aquí, esta celebración es cultura popular en estado puro, un rito laico en el que niños y mayores depositan toda su ilusión y muchas de sus expectativas para el año que empieza. Encarnar a uno de los magos en este desfile es un honor que, históricamente, suelen ostentar figuras que despiertan cariño o respeto ciudadano. No es el caso precisamente de quien este año ha representado la figura del rey Baltasar, Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía.

 

Que un presidente autonómico utilice una celebración de este tipo como  palanca de propaganda a pocos meses de las elecciones autonómicas es caricaturesco, antiestético y hasta pornográfico, si me apuran. Desde fuera de la ciudad podría parecer una anécdota, pero Sevilla no funciona así. En Sevilla la cabalgata es símbolo, magia y termómetro. Y el contexto importa. Sobre todo si tenemos en cuenta que el malagueño Moreno Bonilla no atraviesa precisamente su mejor momento de popularidad como presidente autonómico desde su lamentable gestión de los cribados de mama, un asunto grave que ha dejado a miles de mujeres andaluzas afectadas y marcadas para siempre. Mujeres que, indignadas, se han manifestado y alzado la voz porque se sienten engañadas y abandonadas. "Sanidad Pública" se escuchaba corear por calle Feria cuando  la carroza de Baltasar circulaba por ella cerrando el cortejo.


En este contexto, la imagen del presidente andaluz convertido en Baltasar adquiere una dimensión ofensiva, de profanación. El rey mago que trae regalos, protección y esperanza representado por un gestor cuya apuesta, priorizar la sanidad privada, ha  generado mucho dolor. Quienes llevan meses esperando explicaciones a su indefensión, lo que han visto este cinco de enero ha sido al responsable de sus males subido a una carroza lanzando caramelos encantado de haberse conocido.


En lugar de asumir responsabilidades políticas, Moreno Bonilla parece decidido a minimizar la percepción pública de sus fracasos apostando por la foto. Este triste episodio, intolerable para unos y burdo para otros, ha provocado reacciones tanto por parte de los partidos políticos que se han preguntado qué ilusión puede transmitir a los niños quien no garantiza hospitales ni escuelas dignas, como de una buena parte de la ciudadanía sevillana que, indignada, considera una burla la presencia en la cabalgata del responsable de sus desgracias. 


La designación, por otra parte, de un hombre blanco para encarnar al rey Baltasar ha encendido también la chispa de un debate más profundo, la práctica del "blackface". Colectivos antirracistas lo han calificado de “profunda vergüenza”, un gesto insensible en pleno siglo XXI que perpetúa estereotipos dañinos y excluyentes, algo especialmente llamativo cuando quien protagoniza la escena es nada menos que el presidente de la Junta de Andalucía. 


En Sevilla, donde la Cabalgata es todo un patrimonio colectivo, hay quienes consideran que el presidente de la Junta ha empañado la magia de un día para soñar, no para apuntalar carreras políticas. Que Moreno Bonilla se vea más cómodo tirando caramelos desde una carroza que enfrentando sus propios fiascos de gestión es todo un síntoma. Yo diría aún más: ha sido toda una provocación. 


J.T.

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