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lunes, 30 de noviembre de 2015
Carlin y Estulin: Dos miradas diferentes sobre la guerra contra el terrorismo
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sábado, 14 de noviembre de 2015
París. Me siento un fracasado
Nunca estuve conforme, desde que adquirí conciencia del mundo en que vivía, de cómo funcionaban las cosas. La educación era mala, la sanidad era mala, la conciencia social escasa y la inseguridad con respecto al futuro, mucha.
Siempre me propuse trabajar, y luchar, para dejarle a mis descendientes un mundo mejor que en el que yo crecí, pero he fracasado. No solo no he sabido mejorarlo sino que he participado en convocatorias electorales cuyos ganadores, que me representaban aunque yo no los hubiera votado, se han dedicado a liarla parda y nos han dejado esto hecho unos zorros. Todo va cada vez peor desde la foto de las Azores.
Irak no estaba tan lejos por mucho que aquí, instalados en un presunto bienestar ficticio y efímero, hubiéramos visto tan distantes, durante décadas, los conflictos armados de otros continentes y la hambruna que ha matado a tantos millones de seres humanos durante las últimas décadas. Era como un recreo prolongado, un limbo, un espejismo con fecha de caducidad. Lo sospechábamos pero vivíamos de espaldas. Nos hemos equivocado, hemos fracasado.
Queríamos lo mejor para nuestros hijos pero ahora nos damos cuenta que quizás habíamos dejado de lado un pequeño detalle: un futuro mejor no se puede concebir solo para unos cuantos, no se puede construir un mundo mejor sin acabar antes con la desigualdad y la injusticia en todas partes. No se arregla nada derramando lágrimas de cocodrilo cuando nos informan de las escandalosas cifras de la miseria en el mundo ni con minutos de silencio selectivos cuando ocurre una catástrofe como la de este viernes en París y el mundo se petrifica.
Minutos de silencio selectivos, sí, porque a menos que yo no me haya enterado, nadie los ha convocado por los 49 muertos y 239 heridos víctimas del atentado que sacudió esa misma mañana un feudo del grupo chií Hizbulá en el sur de Beirut. Ni tampoco para honrar a las 224 pasajeros del avión ruso de Kogalymavia que hace solo dos semanas reventó cuando sobrevolaba la península del Sinaí.
Yo quería lo mejor para mis hijas. Creía haber trabajado en el camino correcto para conseguirlo, pero he fracasado. He fracasado porque ellas viven más preocupadas por su futuro de lo que yo nunca estuve por el mío y porque pienso que algo no les he debido saber contar suficientemente bien. Anoche hablé con las dos, una reside en Liverpool y otra en Berlín, y me limité a compartir con ellas la pena, el desconcierto y la estupefacción por las dimensiones de una catástrofe tras la que, hasta el mismísimo papa Francisco, entiende que lo que estamos viviendo es una tercera guerra mundial en cuotas.
No sé qué decirles. No sé cómo contestar a las preguntas que, cuando volvamos a hablar hoy, seguro tienen pendiente hacerme. Solo sé que creí estar haciendo todo lo posible para que fueran libres y vivieran sin miedo. Mucho me temo que he fracasado.
J.T.
jueves, 15 de mayo de 2014
El triunfo de los escraches
Tenía la caverna el argumentario preparado para la primera contingencia que apareciera en el horizonte. Y hete aquí que el destino vino a servirles en bandeja de plata, pensaban ellos mientras se apresuraban a instrumentarlo, nada menos que el asesinato de la responsable del pp en León y presidenta también de la Diputación de la provincia.
Qué putada para tanto buitre desprejuiciado que, a la hora en que se cometió el crimen, un policía jubilado estuviera merodeando por la zona y, aburrido porque la crisis ha acabado hasta con las grúas y las obras que podían haberlo tenido entretenido, decidiera seguir a la presunta asesina y propiciar su casi inmediata detención gracias a la información que éste proporcionó a sus antiguos colegas. Se quedaron sin coartada.
Aún así, hasta que se supo que la detenida había reconocido la autoría explicando que se trataba de una cuestión de "inquina personal", las baterías de los crispados tenían muy claro hacia dónde tenían que orientar los disparos. Y así lo hicieron desde el primer momento. ¿Qué iniciativa social está calando con fuerza entre los ciudadanos y conviene desprestigiar con urgencia antes que continúe subiendo enteros en el respaldo popular? ¿La Plataforma de Afectados por la Hipoteca? Pues a por ellos.
Que la consigna se estaba cociendo en los fogones de la triste y peligrosa caverna empezó a resultar evidente la noche en que Alfonso Rojo llamó gordita a Ada Colau. El abominable tuit de Isabel San Sebastián contra los escraches nada más conocerse este lunes la muerte de su tocaya Carrasco sirvió para que ya no quedaran dudas y se confirmaran todas las sospechas sobre por dónde sopla el viento de las invectivas de la derecha: hay que criminalizar, ridiculizar, desprestigiar a la PAH. Como sea. No se puede tolerar su triunfo.
La PAH es la organización que tras el 15M, fecha de la que este jueves celebramos su tercer aniversario, más visibilidad y más éxitos ha conseguido a la hora de pegarle un meneo a esto, la que más autoridad moral gana a medida que más movilizaciones ciudadanas promueve contra los desahucios, contra la injusta y abrasante actuación de los bancos, contra todos aquellos que engañaron y estafaron sin pudor en la época de las vacas gordas a cuanto incauto encontraron en su camino.
Los escraches son salud en sí mismos. Han contribuido y contribuyen a revitalizar la salud democrática porque conectan con la indignación a la que lleva esa sensación de impotencia que a veces nos agarrota y demuestran que protestar es útil, que "sí se puede", que las batallas se ganan cuando se libran con argumentos, paciencia y constancia...
Estos últimos días, junto a otros colectivos sociales, la PAH ha dado un paso más: ha presentado una denuncia ante distintas instituciones internacionales como la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) por la vulneración de derechos humanos que entienden se lleva a cabo en nuestro país. Se trata de un documento en el que explican los efectos, en mucho caso trágicos, que sobre miles de personas han tenido y tienen en España los desalojos despiadados, los desahucios sin alojamiento alternativo... algo que, argumentan, supone una violación flagrante de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
¿Extraña pues que el pp no los pueda ver ni en pintura, que a la menor oportunidad todos sus palmeros en redes, periódicos y televisiones varias se lancen al ataque al grito de "a los de la PAH, ni agua"? Y más aún cuando, para rematar la faena en su denuncia internacional, los Afectados por la Hipoteca explican cómo en varias comunidades autónomas, casi todas ellas peperas, se están vendiendo miles de viviendas públicas, con sus inquilinos dentro, a corporaciones-buitre como Goldman Sachs o Azora para que puedan especular con ellas a mayor gloria de sus beneficios y menor oportunidad para quienes siguen buscando desesperados un techo bajo el que vivir en paz?
Que la PAH esté adquiriendo tanto protagonismo y que sus iniciativas acaben siendo un éxito es lo que estos desprejuiciados que nos gobiernan y sus cavernícolas adláteres no parecen dispuestos a tolerar. De ahí que a las primeras de cambio apuesten por endiñarle leña al mono. Pero esta vez han patinado. Los Tertsch, Sansebastianes y voceros varios del pp esta vez se han columpiado con todo el equipo. Insisten en no enmendar el error, y ni por asomos se plantean pedir disculpas, pero si alguien albergaba alguna duda sobre la necesidad urgente que tienen de clavarle a la PAH ese cuchillo que siempre llevan entre los dientes, con el triste episodio de León la cosa ha quedado pero que muy clara.
Qué pena que un jubilado aburrido contribuyera a la rápida detención de la presunta asesina y de su hija. Qué pena que la principal encausada haya declarado que actuó por inquina personal. Se quedaron sin coartada los peperos y sus palmeros. Miedo me da imaginarme de qué estaríamos hablando ahora si a estas alturas, y en plena campaña electoral, no existiera aún detención ni confesión alguna.
J.T.
jueves, 13 de marzo de 2014
Federico Quevedo pide perdón
Como esto de pedir disculpas hay tan poca gente que lo hace, vaya por delante mi reconocimiento hacia el gesto de Federico Quevedo quien este miércoles, sin llegar al extremo de aquellos policías ucranianos que recientemente pidieron perdón de rodillas a la población por haber actuado violentamente contra ella, se ha autoflagelado públicamente por tierra, mar y aire y ha solicitado la absolución por haberse dedicado durante años a dar pábulo a la teoría de la conspiración sosteniendo que, tras los atentados del 11M, estaba Eta.
Si bien es cierto que hace ya un tiempo que dio marcha atrás, no lo es menos que ha sido en este décimo aniversario de aquella horrible tragedia cuando los golpes de pecho de Federico han conseguido sonora trascendencia mediática. Entre otras cosas porque él ha puesto en ello el suficiente empeño para que así sea.
Reconozco que me ha reconfortado leer en su columna habitual de "El Confidencial" párrafos como éste: “Yo pido perdón en primer lugar a las víctimas del 11-M, a las que no pueden escucharme ni leerme porque ya no están entre nosotros, porque sacrificaron su vida en un acto cruel y bárbaro y lo hicieron sin querer hacerlo en defensa de nuestro modo de vida, de nuestro sistema de convivencia brutalmente atacado por un grupo terrorista de origen islamista que golpeó en España como antes lo había hecho en Estados Unidos. Y les pido perdón porque si esa fue la naturaleza de su sacrificio, el hecho de haber puesto en duda el origen y el sentido de esos atentados, inevitablemente invalidaba el alcance heroico de su entrega y las convertía en un mero instrumento al servicio de una mentira cuya vileza todavía alcanza nuestros días”
Quevedo pide disculpas también a las víctimas vivas, a los familiares de las que fallecieron, a las fuerzas de seguridad, a los jueces y fiscales… y a “quienes se sintieron perseguidos un día tras otro por acusaciones terribles de manipulación y destrucción de pruebas”
Reconoce haber aireado ”una gran mentira que nunca tuvo ni pies ni cabeza por muchas kangoos y muchos skodas y muchas mochilas que podamos esgrimir como argumento” y remata reconociendo que “lo único que se pretendía era buscar los pasos de una trama que solo existió en la mente perversa de unos cuantos desalmados”.
Imagino que entre aquellos a quienes pide disculpas Federico Quevedo habrá quien se las acepte y quien no. Las víctimas, sus familiares, los jueces, fiscales, abogados y demás destinatarios de sus diatribas son muy dueños de gestionar esto como mejor entiendan. Pero hay un ángulo, desde el punto de vista del oficio periodístico, sobre el que a mí me interesaría detenerme unos instantes:
¿Puede un profesional de la información divulgar durante un largo período de tiempo noticias y opiniones como él lo hizo y, pasado el tiempo, intentar zanjar su fechoría rasgándose las vestiduras públicamente y a otra cosa mariposa? ¿En base a qué material, a qué documentación, a qué datos sostuvo Quevedo unas tesis que más tarde reconocería que no tenían ni la solidez ni la solvencia necesarias y que en su columna de este miércoles las califica de “burda concatenación de hechos irrelevantes elevados a la categoría de pruebas irrefutables”?
Como periodista yo lo siento mucho, pero a mí no me vale que alguien que actúa así aspire a que los profesionales de la información pasemos página y… miel sobre hojuelas. Desde un punto de vista moral, político, civil y hasta militar lo que él quiera: disculpas aceptadas. Pero desde un punto de vista periodístico esto no se puede “finiquitar” así, sobre todo cuando hay comunicadores que siguen aún con el raca-raca, en la misma línea, destrozando con su chulería y su petulancia el poco crédito que nos va quedando a los periodistas. Mucho me temo que para que los lectores, los radioyentes, los televidentes vuelvan a confiar en las cosas que les contamos hace falta mucho más que la autoflagelación pública de alguien que reconoce haber contribuido a “construir una de las mayores estafas de nuestro tiempo”.
No pongo en duda la valentía que hace falta para dar el paso que en su día dio Quevedo y que tanta repercusión ha tenido en este décimo aniversario del 11M. Pero de momento, que yo sepa, no le sigue nadie más. No estaría nada mal que sus “colegas” de aquella pertinaz conspiranoia levantaran el pedal de una maldita vez y dejaran de dar la barrila con lo de las montañas lejanas, la autoría intelectual desconocida, los “oscuros objetivos de poder” y demás zarandajas.
Este 11M supuso un cierto alivio porque, por un lado, escuchamos a un ministro del Interior del pp afirmar que Eta no fue la causante de los atentados y que es “evidente” que la masacre fue ejecutada por terroristas yihadistas. Y por otro lado, volvimos a ver juntas a todas la víctimas después de siete largos años de desencuentros. Tras la inmolación pública de Quevedo solo falta que continúe el desfile: Acebes, Zaplana, Aznar, Rouco, Pedrojota… A ver cuándo se animan y son capaces de reconocer, como hace él, que participaron “en una instrumentalización de las víctimas que no buscaba la verdad”.
J.T.
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