lunes, 6 de enero de 2020

Las horas pasan y los fachas se desesperan


Parece que hasta que no veamos a un ministro de Unidas Podemos con la bandera española en su despacho, muchos no van a acabar de caer en la cuenta de que esa bandera, al menos de momento, nos representa a todos. Ha llegado la hora de que determinados partidos políticos entiendan que no tienen ningún derecho a utilizarla como instrumento de agresión frente a aquellos compatriotas que no piensan como ellos. La bandera no es patrimonio de ningún sector, por mucho que haya quienes se empeñen en esgrimirla en la pulsera o colgada en los balcones como si se tratase de dardos envenenados. A unos les puede gustar más y a otros menos, pero la bandera española representa a todos mientras esté vigente. Esa secuencia en la que Angela Merkel aparece retirando una bandera alemana de un acto de su partido es toda una lección de democracia y respeto, una manera de actuar que nos vendría bien copiar y aplicar aquí cuanto antes.

Quizás lo que temen muchos de quienes gritan ¡Viva España! como si estuvieran diciendo ¡Arriba las manos! es que la llegada al gobierno de varios ministros de un partido a la izquierda del PSOE se produzca con absoluta normalidad democrática y sin que eso signifique que se va a acabar el mundo. Esa incorporación va a comportar cambios en según qué usos y costumbres, qué duda cabe, pero el mundo no solo va a continuar su marcha con absoluta normalidad sino que muchas cosas es posible que mejoren pronto, y eso es lo que en realidad temen los fulleros y predicadores del desastre que tanto nos calientan la cabeza en estos días. Como temen también que el asunto de Catalunya encuentre caminos de solución por la vía del diálogo y eso acabe despojándoles de una de sus coartadas favoritas para seguir metiendo follón y alentando el mal rollo.

A la derecha ultramontana le va a costar digerir que quienes hasta hace poco estaban protestando en las calles reclamando un cambio en la manera de hacer política puedan a partir de ahora andar representándonos por medio mundo con una bandera y un himno que ellos consideran solo suyos. Ese gobierno inédito, si finalmente sale adelante a pesar de los intentos de golpismo de estos días, partirá con un programa amplio y sólido, pensado para mejorar la vida de la mayoría, un ejecutivo que tendrá que adoptar medidas también inéditas con las que desarmar los vaticinios de tanto agorero desaforado. De tanto gamberro y vocinglero dedicado a poner a diario el grito en el cielo y que, si se consuma la coalición, no tendrá reparo alguno en elevar el listón de los ataques haciendo el mayor ruido posible y obligando al gobierno a defenderse de patrañas que le robarán mucho tiempo del que necesitan para hacer el trabajo para el que han sido elegidos.

Quienes atacan con saña el gobierno de coalición que puede formarse a partir de este martes lo hacen porque temen su solidez. Saben que quienes ocuparán las carteras en nombre de Unidas Podemos no son, ni mucho menos, cuatro indocumentados. Saben, además, que por primera vez, quizás, podrán levantarse según qué alfombras que llevan lustros pegadas al suelo y que, si eso se hace, puede que acabemos conociendo según qué cosas que quienes ocuparon el poder hasta ahora nunca quisieron que conociéramos. Ese es uno de los mayores miedos que tienen, que ha llegado el momento de pasar la ITV. Por eso se envuelven en la bandera de todos como si fuera exclusivamente de su propiedad, por eso ladran insensateces y llaman sin pudor a la rebelión de jueces, políticos y militares.

Destrozaron España y siguen empeñados en continuar haciéndolo. Y en el colmo de la ironía, acusan de querer romperla a quienes aspiran a poner un poco de esperanza en tanto desencuentro. Porque ¿cómo se puede romper lo que ya está roto? Lo que hay que hacer es recomponerlo, y para eso hace falta mucho trabajo y tiempo. Dos cosas que los ultras, con la ayuda de la Iglesia y tantos otros poderes que intuyen su pérdida de influencia, no quieren que el nuevo gobierno tenga ni en broma. Las horas pasan y los fachas se desesperan. El suspense, hasta el último minuto, será inevitable.

J.T.

domingo, 5 de enero de 2020

¡Cuánto quisimos a Eduardo Abad!


Los mejores periodistas que he conocido son fotógrafos. Ese era el caso de mi querido amigo Eduardo Abad, que llevaba el oficio en la venas y solfeaba periodismo puro cada vez que salía a la calle armado de su equipo fotográfico, cualquiera que fuese el tipo de noticia que le tocara cubrir ese día.

Eduardo Abad murió el sábado y este domingo, durante su despedida en el tanatorio de Tomares, Sevilla, nos ha reunido a muchos de quienes compartimos horas y horas de guardia con él. En mi caso, disfruté además del privilegio de tener durante años mi despacho junto al suyo, lo que me permitió conocer de primera mano el esmero con el que seleccionaba cada foto que enviaba al servicio de abonados de la Agencia Efe. Me divertían sus discusiones, siempre profesionales, claro, con subordinados como Emilio Morenatti, Julio Muñoz, Sergio Caro o Chema Moya. Este domingo no faltaba ninguno, allí estaban todos ellos tras llegar unos de Girona, otros de Madrid, para rendir honores al maestro desaparecido y acompañar a su mujer, Carmen, y a sus hijos Alejandro y Alberto.

Abad era todo él periodismo. Sabía perfectamente separar el grano de la paja, dónde estaba la noticia y dónde lo prescindible y lo superfluo. Elegía siempre acertadamente lo que hacer o qué buscar cuando parecía que no había dónde rascar. Sabía cómo extraer petróleo de la actualidad cuando el día andaba seco, y también cómo dotar del lustre adecuado cualquier cobertura por insustancial que esta pareciera. Dominaba como nadie, desde su peculiar trastienda, la sala de máquinas. Se jubiló sin focos y sin que la empresa le reconociera ningún mérito. Eso sí, creo que le regalaron un reloj.

Menuda raza la de los fotógrafos de prensa, los foteros, como Eduardo reclamaba ser llamado. No le apasionaba demasiado el término “fotoperiodista”, él mejor que nadie sabía el pedazo de periodista que era, y quizás por eso rechazaba la rimbombancia de cualquier vocablo de moda. Su humildad lo hacía más grande todavía de lo que era, y el reconocimiento del que gozaba podía constatarse este domingo en Tomares al ver juntos, en su despedida, a tantos monstruos del periodismo gráfico de Andalucía: Laura León, Emilio Castro, García Cordero, Alejandro Ruesga, Marcelo del Pozo…

Me gustaría hacerle un homenaje con estas líneas a mi amigo desaparecido y no se me ocurre nada mejor que reflejar aquí algunas de las cosas que pienso sobre el periodismo y la fotografía, y que seguro tengo escritas ya por algún sitio: si el periodismo es saber resumir, el fotógrafo es el periodista que mejor resume; si el periodismo es acertar cuando seleccionas, cuando eliges, cuando apuestas... el fotógrafo es el periodista que más acierta; si el periodismo es tener reflejos, saber dónde está lo importante y desechar lo accesorio, en eso el fotógrafo nos gana de calle a los "plumillas"; si el periodismo es hablar entre líneas, en eso los fotógrafos son verdaderos maestros. No estoy refiriéndome a las célebres mil palabras que dice el tópico equivalen a una foto, sino a esa magistral capacidad de mirar que yo he visto en tantos compañeros foteros. Esa manera de ver algo que tú, a pesar de encontrarte en el mismo sitio, y a su lado, no descubres hasta que ves la foto hecha. Si el periodismo es ser testigo, el fotógrafo es el periodista por excelencia. Sin presencia en el lugar de los hechos no hay foto.

Un fotógrafo que quiere informar casi siempre estorba, me decía Eduardo, casi siempre lo están echando de los sitios. Salvo las fotos de familia y las ruedas de prensa, donde la vanidad de los protagonistas puede ayudarles en su trabajo, en el resto de informaciones el fotógrafo de prensa se lo suele currar luchando contra los elementos. Existen enviados especiales que han tenido la desfachatez de escribir sus crónicas sobre lo que estaba pasando en un determinado país sin salir del hotel en el que se alojaban: teléfono, teclado y punto, listo para enviar. El fotógrafo, no. El fotógrafo se tiene que chupar las guardias, los madrugones, estar en los sitios antes que lleguen los protagonistas, pasar frío o calor, intentar evitar los obstáculos con los que se encuentran, reticencias, groserías, insultos...

La mirada del fotógrafo de prensa será siempre imprescindible. Y para mirar hace falta un profesional que tenga esa chispa que imprime a su trabajo el valor añadido del punto de vista. Es preciso esa fe que les lleva a insistir, esperar y repetir hasta que tienen exactamente lo que quieren. Cuando lo digital arrasó y los programas de ordenador proliferaron parecía que fotógrafo podía ser cualquiera, pero el tiempo se va encargando de demostrar que nadie podrá sustituir la mirada del fotógrafo que lleva el periodismo en las venas. Una buena imagen ha de tener detrás un profesional con la vocación, el ánimo y el empuje que siempre caracterizaron a Eduardo Abad.

Un abrazo, compañero, te seguiré recordando hablando de periodismo y fotografía!

J.T.

viernes, 27 de diciembre de 2019

2020. Ha llegado el momento de gobernar de otra manera


A Pedro Sánchez le ha costado cuatro elecciones y un golpe de estado interno entenderlo. Muchos periodistas políticos todavía no han acabado de darse cuenta. Los bancos y las grandes empresas, después de gastarse millones durante cinco años para borrar a Podemos del mapa, parece que han terminado admitiendo que más vale cambiar de estrategia, tras un 2019 en el que no han reparado en gastos a la hora de disparar con munición de gran calibre para resucitar el bipartidismo sin éxito. Solo cuando les ha salido el tiro por la culata con el crecimiento de los fascistas y la desaparición de Ciudadanos parece que han entendido que este país hace tiempo que no es el que era, o el que ellos querrían que fuera. Ha llegado el momento de gobernar de otra manera.

Lo que significa Podemos responde a un estado de ánimo ciudadano cuya traducción a roman paladino es que la época de las mayorías absolutas se acabó, punto final, que tenemos que modernizarnos y en consecuencia admitir como normal que se constituya un gobierno de coalición. Como todo lo inédito, la digestión cuesta, pero algún indicio empieza a haber de que se va asumiendo. Quienes, impotentes, apuestan por continuar fomentando el alarmismo y predicando el apocalipsis hoy sí y mañana también quedan cada día más patéticos.

El año que ahora acaba nos ha dejado pistas suficientes para que saquemos conclusiones a la hora de encarrilar nuestro futuro. Los astros empezaron a emitir señales en el mes de febrero, cuando confluyeron varios asuntos de primer orden: el martes día 12 se inició el juicio del procés, el domingo anterior fue la foto del trifachito en la madrileña plaza de Colón reclamando elecciones, y esa misma semana Esquerra hizo imposible la aprobación de los presupuestos generales del Estado, lo que obligó a Sánchez a disolver el Parlamento el 5 de marzo y convocar elecciones para abril. Por si faltaba algo, Errejón había iniciado en enero el cisma que en breve consumaría junto a Manuela Carmena; y todo esto mientras Pablo Iglesias se encontraba de permiso de paternidad.

Pedro Sánchez se frotaba las manos porque los números, incluida la encuesta del CIS, pronosticaban al PSOE una importante subida, como a Ciudadanos, eso iba a posibilitar sumar mayoría con los naranjitos y a partir de ahí miel sobre hojuelas. La sorpresa fue el harakiri que decidió hacerse Rivera justo cuando gozaba del mayor capital político de toda su carrera: 57 escaños que tiró a la basura a pesar de que Sánchez bebía los vientos por él. En los debates previos a las elecciones del 28-A, tras el regreso de Iglesias, había quedado claro lo vivo que estaba Podemos, a pesar de las encuestas, y a Pedro no le hacía ninguna gracia tener que medirse con su líder por el indiscutible riesgo de quedar en evidencia.

Los resultados electorales de la primavera, cabezones ellos, no se lo pusieron fácil al presidente en funciones. La testarudez de Rivera negándose a pactar con él obligó a Sánchez a buscar un acuerdo con Podemos y sus 42 escaños. Lo que ocurrió entonces no creo que nadie lo haya olvidado: de nuevo Catalunya como excusa, es que Iglesias ha llamado presos políticos a los políticos presos, es
que Iglesias es un escollo. Cuando el “escollo” decidió dar un paso al lado, toda la estrategia socialista quedó en evidencia y la realidad al descubierto: no había ninguna voluntad real de pactar con Podemos; las encuestas, además, pronosticaban un crecimiento del PSOE en caso de nuevas elecciones y un descenso de los apoyos de Podemos así que, sin pensárselo mucho, aguantó el verano haciendo el paripé hasta aquel día de septiembre en que, desaparecida la posibilidad de formar gobierno porque él mismo se había encargado de dinamitarla, decidió convocar de nuevo a las urnas el 10 de noviembre. Hay quien sostiene que Iglesias pudo haber hecho más de lo que hizo para evitarlo, pero una actitud sumisa hubiera sido un pésimo precedente para el futuro de su formación política.

Sabía Sánchez que a ese laberinto vendría a sumarse en octubre la sentencia del juicio del procés, pero aún así tiró para adelante. Y el 10 de noviembre los resultados estuvieron muy por debajo de sus expectativas: sacó tres diputados menos que en abril, la ultraderecha se disparó, Ciudadanos se hundió en la miseria y Podemos ahí estaba, vivito y coleando, con siete escaños menos, pero con los suficientes para ser determinante en un posible gobierno de coalición. Ahora sí, ahora ya Sánchez y su sanedrín entendieron que no quedaba más remedio y, en menos de 48 horas, pactaron e hicieron público un acuerdo con Iglesias antes de ponerse a buscar los apoyos necesarios para la investidura. Esos apoyos precisan la abstención de Esquerra en segunda vuelta. Y en esas andamos.

La misma Esquerra que tumbó los presupuestos en febrero, la misma Esquerra cuyo portavoz imploró un acuerdo en verano, la misma Esquerra que no quiere ni en pintura un gobierno de derechas se está haciendo ahora la remolona, tensando la cuerda para vender su abstención lo más cara posible, aún a sabiendas de que sus votos para facilitarla son la única posibilidad de que la ultraderecha no siga creciendo y creciéndose.

¡Lo que pueden cambiar las cosas, en tan solo doce meses! Ha dado mucho de sí el año 2019. Todo lo que significó Podemos, al traducir en formación política las reivindicaciones del 15M, está a punto de desembocar en una acción de gobierno que intentará cambiar los usos y costumbres de cuarenta largos años en España. Los políticos parece que van entendiéndolo; los medios ahí están aún, erre que erre, mientras sus señoritos acaban de asimilar lo que está pasando.

Y lo que está pasando es que esto ya no va a volver a ser lo que era, que la gente ha perdido el miedo y que los que mandan se han percatado de ello, como se percibió ligeramente en el discurso navideño del jefe del Estado y hasta en la actitud de los políticos catalanes, a pesar de sus remilgos.

Adiós, 2019, te habrás quedado descansando!

J.T.

martes, 24 de diciembre de 2019

Susana, más pedrista que el propio Sánchez

Hay una variante de las fake news que los políticos practican desde que el mundo es mundo. Consiste en sostener, con cara de póker, una cosa y la contraria según venga el viento y sin mover un solo músculo. Cara de póker o de cemento armado.

Las hemerotecas están llenas de declaraciones de políticos contradiciéndose a sí mismos sin remilgo alguno y sin esperar a que pasara mucho tiempo entre una afirmación y la contraria, pero lo de Susana Díaz me tiene fascinado. Su conversión al pedrismo es tan espectacular que recuerda a la de Saulo cuando se cayó del caballo, se convirtió en San Pablo y se puso a escribir Epístolas como un loco.

En el caso de la todavía lideresa del socialismo andaluz, no se trata ya de una persona dedicada a la política que miente a su electorado haciendo todo lo contrario de lo que prometió antes de ser elegida, ni de alguien a quien cazan en una contradicción y se empeña en negar la evidencia sin pestañear, no; Susana Díaz sube varios peldaños en la escala de la osadía y el desahogo a la hora de hacerle la pelota sin pudor alguno a la misma persona a la que, ella misma, mandó a los infiernos hace poco más de tres años capitaneando un golpe interno contra él.

Y como si no hubiera pasado nada, pelillos a la mar, ahora todo son flores: "Sánchez está ejerciendo la responsabilidad buscando alianzas para sacar adelante una investidura", declaró el pasado domingo a Europa Press. No ha cerrado el diálogo a nadie, al contrario, y esto es positivo para el país y generoso por su parte”. No contenta con la dosis de jabón, continuó: "Pedro Sánchez no ha dejado de buscar acuerdos con todo el mundo, y esto es interpretar el momento en el que está el país, que necesita grandes consensos y mucha gente sumándose al interés general de España".

La milagrosa y rotunda conversión de Susana al pedrismo ha ido aumentando en la misma medida en que los resultados del PSOE con él al frente crecían. Su otrora descarnada agresividad para con Sánchez es ya historia, por lo visto: “Tu problema no soy yo, Pedro, tu problema eres tú”, le espetó sin anestesia en mayo de 2017, durante el debate que mantuvieron junto a Patxi López previo a la celebración de las primarias socialistas. “Yo me preguntaría, le dijo también durante aquella comparecencia, si le conviene al PP el candidato de las dos derrotas históricas del PSOE o la candidata que le gana de diez puntos en Andalucía".

o contenta con tales andanadas, continuó disparando: "¿Por qué los ciudadanos nos han dejado en 85 escaños?, porque hemos dado muchos bandazos, Pedro. Si tu problema fuese yo, remató, el problema habría acabado hace mucho tiempo, el problema es que de la Ejecutiva sólo quedan siete trabajando contigo; José Luis Rodríguez Zapatero ya no se fía de ti; Felipe González también piensa que lo has engañado. El problema eres tú y cuando la gente no se fía de ti, deberías hacértelo ver".

sto sucedía unos meses más tarde de haber ido a saco a por él con aquella célebre frase: “A este lo quiero muerto hoy”, santo y seña con el que lo destituyeron antes de apoyar la investidura de Rajoy con la abstención socialista. Pues bien, en diciembre de 2019, ¡alé hop!, todo esa hostilidad ha pasado a convertirse en rendida pleitesía, como por arte de magia, como si el enfrentamiento hubiera ocurrido hace mil años, a juzgar por los elogios que le dedica a día de hoy al hombre, según sus palabras, “más generoso, más dialogante y que más quiere lo mejor para España.”

esulta patético escuchar estas cosas en labios de Díaz, pero sobre todo da cierta pena deducir que solo hay una explicación posible para tamaña transformación: haberse convencido de que no hay manera de luchar contra una situación que, aunque a ella no le gustó nunca, no le queda ahora más remedio que aferrarse a ella si no quiere desaparecer de la escena política para siempre.

Quién iba a imaginarla hace solo un año permitiendo que Ferraz metiera mano en la confección de las listas electorales andaluzas, y hasta en las diputaciones? Pero con tal de flotar y continuar en la pomada, no tendrá reparo alguno en ir traicionando a quien haga falta para sobrevivir ella mientras en los oídos de Sánchez, que ya ha demostrado su buena memoria, seguro que resuena aún aquella famosa frase, en la que solo faltó el dedo inculpador, como en el himno de LasTesis, señalándolo y acusándolo: “Pedro, el problema eres tú, el problema eres tú, el problema eres tú…”

La verdad es que, para ella, lo sigue siendo.

J.T.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Inmunidad y gobierno de coalición

Uno de los argumentos más usados por las derechas para rechazar los postulados independentistas viene siendo que Catalunya nunca sería aceptada en la Unión Europea. Europa como mantra, Europa como coartada, Europa como razón suprema para desdeñar las aspiraciones nacionalistas… hasta este
jueves, fecha en que, de súbito, la idolatrada Europa pasó a convertirse en “Puta Europa” para ultras desaforados como Alfonso Ussía.

Esa Europa, dicho sea de paso, es la misma que obligó a cambiar el artículo 135 de la Constitución cierto día del verano del 2010 para tumbar según qué derechos sociales con agostidad y alevosía, así que tampoco se me vengan arriba según qué sensibilidades izquierdistas.

Pues bien, esa misma Europa es la que acaba de sacarnos los colores dictaminando que Oriol Junqueras poseía inmunidad parlamentaria desde el instante en que se proclamaron los resultados de las elecciones europeas del 26 de mayo. Así que en ese mismo momento, según el Tribunal de Justicia de la UE, al líder de Esquerra Republicana de Catalunya se le debió haber facilitado, excarcelándolo, su derecho a recoger el acta que le acredita como diputado europeo. Si aún así se le hubiera querido mantener en prisión preventiva, el procedimiento legal debería haber sido remitir un suplicatorio a la Eurocámara solicitándolo.

Mi punto de vista es que todo este galimatías beneficia a la formación de un gobierno de coalición pronto y ayuda a que los primeros pasos de ese nuevo gobierno se puedan dar tomando nota de la resolución del TJUE, y continuando en esa línea. ¿El primero de esos pasos? ¡Diálogo ya! Hartos estamos algunos de insistir en ello. El escenario que acaba de abrirse es sumamente atractivo por cuanto obliga a poner la imaginación a funcionar para ponerse de acuerdo sin excusas. Es importante también porque funcionará como referente cuando en cualquier otro lugar de la Unión se produzca una situación parecida.

Justo en el momento en que los británicos se marchan, la resolución sobre la inmunidad de Junqueras abre un frente en la UE cuyo desarrollo despejará muchas incógnitas. Si Europa ha servido como blindaje frente a la vocación golpista y subversiva de la extrema derecha española, en estado de latencia hasta la aparición de Vox, si los demócratas nos sentimos aliviados y en cierto modo a salvo del fascismo gracias al paraguas europeo, es ese mismo paraguas el que ahora nos señala un camino para poner en orden nuestros desencuentros y aprobar por fin algunas asignaturas largo tiempo pendientes.

Por eso, y a pesar de tanto ruido como nos distrae, pienso que va a haber gobierno de coalición. Porque sube enteros Esquerra, con la autoridad moral añadida que le confiere aguantar en la cárcel hasta la llegada de la resolución, mientras Puigdemont y compañía sacan provecho de ese sacrificio ajeno sin haber pasado un solo día entre rejas. Aún así, ese provecho no parece que vaya a serle demasiado útil a la formación política de Puigdemont y Torra en unas posibles elecciones catalanas. Un sondeo del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, el equivalente catalán del CIS, ha dado a conocer este viernes que, si hubiera elecciones en breve, Junts per Catalunya bajaría de 43 diputados a 31 en el Parlament mientras que Esquerra se convertiría en la fuerza más votada y subiría de 32 a 39.

Que Europa ayude a Junqueras a recuperar sus derechos es una buena noticia, Si finalmente sale adelante un gobierno UP-PSOE apoyado por la abstención de ERC, quizás sea posible cambiar muchas cosas. Por un lado contribuirán a la formación de un gobierno inédito que podrá promover pronto medidas sociales de calado, y por otro Esquerra llegará a las elecciones catalanas sin que quienes se han beneficiado indirectamente de su sacrificio osen echarle en cara haber facilitado la gobernabilidad en España. Los números en Catalunya darían además, según el sondeo del CEO, para que ERC, PSC y En Común Podem sumaran mayoría en el Parlament.

Una cosa más, para terminar esta reflexión: no parece que resulte demasiado probable que el período de prisión de los condenados del procés pueda durar mucho tiempo más. Por eso la ultraderecha está que se sube por las paredes. Van quedándose sin argumentos y, muchos de sus hooligans, también sin vergüenza, si es que alguna vez la tuvieron.

J.T.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Tve, con las vergüenzas al aire


Hubo un tiempo en que aplaudí las maneras de Rosa María Mateo como administradora única de RTVE, pero ese tiempo está muy lejos y las cosas han cambiado mucho desde entonces. Mateo, también. Como es lista y se mira al espejo, ella sabe mejor que nadie que ese cargo le viene grande. Siempre fue una feminista comprometida, una mujer combativa, es verdad, pero de gestionar una televisión sabe más bien poco, por mucho que haya sido una de las mejores presentadoras en la historia española del medio.

Es verdad que, recién nombrada, allá por julio del 18, supo parar los primeros golpes y poner a los políticos en su sitio, pero el excesivo alargamiento de la provisionalidad en el cargo ha ido sacando a la luz sus carencias, algo que tampoco tendría mayor importancia si no fuera porque esa escasez de conocimientos la estamos pagando por un lado los espectadores y por otro las perspectivas de futuro de la televisión pública en nuestro país.

Aunque no hubiera hecho gran cosa, Mateo perdió  la oportunidad de marcharse por la puerta grande si a los tres meses, o a los seis como mucho, hubiera dado por terminada su etapa como administradora única provisional. Pero el Partido Socialista, a pesar de que al principio le salió respondona, prefirió mantenerla como mal menor mientras se despejaba el panorama. El tiempo fue pasando, los problemas para el gobierno creciendo y las ganas de ponerle el cascabel a ese gato postergándose sine die.

Les hubiera bastado para evitarlo, a Sánchez y a los suyos, con no haber dinamitado el Consejo de Administración que pactaron con Podemos y el PNV hace año y medio o, tiempo más tarde, con no estancar el concurso pendiente, cuya primera fase de selección finalizó en diciembre del año pasado.

La espantá de Almudena Ariza rechazando la dirección de Informativos a las dos semanas de haberla aceptado es, a mi juicio, una especie de señal de alarma que sugiere lo mal que deben andar las cosas por los pasillos de Prado del Rey y Torrespaña. Begoña Alegría, todavía en el cargo, finaliza su etapa el 31 de diciembre por voluntad propia, tal como anunció hace un tiempo, pero hace meses que su relación con Rosa María Mateo era imposible e inexistente. Enric Hernández, director de Información y Actualidad, será quien se haga cargo de los informativos de TVE a partir del primero de enero de 2020 de manera provisional, lo que no deja de ser un parche que no impedirá que se noten lo a punto de reventar que están las costuras de un traje demasiado gastado ya.

Para rechazar el puesto, Almudena Ariza argumentó no sentirse suficientemente respaldada por sus compañeros, pero a mí me parece que tampoco debía ser mucho el respaldo por parte del entramado de poder de la casa. Necesitaban una cara conocida para desviar la atención durante un tiempo y dieron con ella, pero ¿iba Ariza a poder ejercer el mando en plaza con la libertad de movimientos que precisa ese cargo y sin ningún tipo de cortapisas? ¿se le habría dejado manejar el presupuesto a su antojo y tomar decisiones profesionales controvertidas sin andar sometida a permanente supervisión? ¿podría trabajar sin presiones ni de fuera ni de dentro de la casa?

Poco claros debían estar estos extremos, sobre todo desde el momento en que Mateo decidió crear un cargo, hasta entonces inédito, entre la presidencia y Alegría, para colocar en él a Enric Hernández. Poco claro debía estar un proyecto cuyas prisas e improvisaciones se entienden con dificultad, a menos que el objetivo fuera que los hechos consumados le pusieran más difíciles las cosas al gobierno entrante a la hora de hacer cambios.

Poco claro debe estar el futuro del concurso pendiente para nombrar los cargos que acaben con el período provisional de Rosa María Mateo. Poco claro parece también el papel de Enric Hernández quien, tras verse obligado a asumir la dirección de Informativos a partir del próximo día uno, adquiere una visibilidad poco práctica. En la sombra, sin duda, estaba mejor situado en caso de que los partidos decidieran olvidarse del concurso “interruptus” para buscar un nuevo presidente para la Corporación.

Según la legislación vigente, ese presidente ha de salir de los 10 miembros del Consejo de Administración que el Parlamento ha de elegir entre los 20 aspirantes que superaron el primer corte. Los miembros del comité de expertos que hicieron esta selección están que se suben por las paredes por la falta de respeto que los políticos han demostrado hacia su trabajo.

Por eso la espantá de Ariza complica las cosas más de lo que ya estaban. Querían distraer la atención con una cara conocida, esa cara ha hecho mutis por el foro y las vergüenzas de TVE han quedado al aire. Las de TVE y las de los partidos políticos, que no parecen tener demasiado claro por dónde meterle mano a este asunto.

El reto del nuevo gobierno ha de ser dejar de ampararse en coartadas y coger este toro por los cuernos ya, sin más pérdidas de tiempo. La televisión pública del Estado es un servicio esencial; su manera de hacer las cosas, tanto en el terreno político, como económico, laboral y profesional debería convertirse además en un referente para el resto de televisiones públicas del país. Tienen la obligación de consensuar y buscar soluciones, no les queda otra; vamos tarde y lo saben.

J.T.

martes, 17 de diciembre de 2019

La importancia del PSC

En el PSOE saben que, sin el PSC, todo lo hubieran tenido bastante más difícil desde hace tiempo. Hay elecciones generales que se ganaron gracias a los votos que sumaban los socialistas catalanes, pero aún así hay sectores en el partido que llevan toda la vida poniendo palos en las ruedas a cuanta bicicleta con acento catalán aparece por Ferraz.

Rodríguez Ibarra y Bono nunca se preocuparon de luchar contra el anticatalanismo de un porcentaje de sus electores extremeños o castellano manchegos, no se atrevieron a jugarse esos votos o, sencillamente, ni se lo plantearon. Ahora tenemos a Vara y a Page, que han hecho buenos a sus predecesores, o a Lambán en Aragón, miembro destacado del sector que mandó a Pedro Sánchez a los infiernos en octubre de 2016. O a Ximo Puig en Valencia y a Susana Díaz en Andalucía, cabecillas también de la expulsión de Sánchez y muñidores de la abstención socialista que hizo presidente a Rajoy ese mismo otoño.

Todos estaban en Ferraz también un año antes, el 28 de diciembre de 2015, cuando en un comité federal se le prohibió expresamente a Sánchez que abriera una ronda de contactos con Podemos si el partido de Pablo Iglesias no renunciaba a defender un referéndum en Catalunya. Y todos siguen ahí, cuatro años después, cuando a día de hoy ya hay firmado un acuerdo de gobierno de coalición con Podemos y se contempla la abstención de Esquerra, con su líder en la cárcel condenado por sedición, como única posibilidad de sumar los votos necesarios para que Sánchez sea investido presidente.

Hasta antes de ayer, y yo diría que hasta hoy mismo todavía, muchos socialistas de los aparatos provinciales y regionales del resto de España aplaudirían con las orejas un cambio de opinión de Arrimadas en el minuto 93 que llevara a la abstención a Ciudadanos e hiciera innecesario el concurso de Esquerra. Se morirían de gusto, por mucho que Calvo y Ábalos se hayan deshecho estos días en halagos y apoyos incondicionales hacia las tesis del Partit dels Socialistes de Catalunya.

Con todas estas premisas, ¿a quién le pueden extrañar las declaraciones públicas de las vacas sagradas que otrora llevaron las riendas del partido? Cuando escucho a Felipe y compañía predicar el apocalipsis si se conforma un gobierno de coalición UP-PSOE con el apoyo de ERC, no puedo evitar recordar a Securitas Direct sembrando el pánico en esos anuncios de radio impresentables donde te instan a colocar una alarma en casa ya, porque de lo contrario te la vas a encontrar vacía a las primeras de cambio, o hasta es posible que te la “okupen” si te ausentas de ella un par de días.

González, Guerra, Leguina, Ibarra y demás viejas glorias socialistas deben temer que la ciudadanía acabe conociendo cosas que ellos necesitan mantener en secreto. Solo así puede llegar a entenderse la obsesión por impedir como sea que Podemos acabe sentándose en la mesa del Consejo de Ministros. Más los escucho gritar, más higiénico e imprescindible me parece un gobierno de coalición cuanto antes.

El Congreso del PSC del pasado fin de semana ha dejado claro que dicha formación política tiene un importante papel que jugar en todo esto; las recientes elecciones generales arrojaron una curva ascendente que certifica que trabajan y van por buen camino. Los socialistas chillones, dinosaurios de antes y groseros de ahora como Page saben que el futuro del PSOE, y puede que la tranquilidad democrática en todo el país pasa por un respaldo inequívoco a Iceta y sus planteamientos, porque ha demostrado sobradamente saber lo que hay que hacer en Catalunya y, sobre todo, lo que no hay que hacer.

El PSC sabe, como lo sabe En Comú Podem, que el diálogo en Catalunya es posible, y que se trata de conseguir bajar el balón al suelo y disponerse a hablar de todo con tranquilidad. Sabe también que no es buen camino humillar a quienes se encuentran en inferioridad de condiciones tras fracasar en su apuesta por la independencia, así que se impone encontrar entre todos una salida digna, una solución airosa. ERC da la impresión de estar por la labor; en el PDeCAT, donde parece que volverán a cambiar de nombre, temen que unas elecciones en Catalunya les lleve a la oposición y el gobierno acabe conformado por ERC, PSC y En Comú Podem. Aunque se lo calle, una mayoría sabe que esa no sería una mala opción, bastante digerible además por una sociedad adulta y civilizada como la catalana. Solo hace falta que los partidos progresistas del resto del país, empezando por el propio PSOE lo entiendan, lo asuman, y nadie de entre sus filas continúe remando en contra por más tiempo.

J.T.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Las mentiras matan el periodismo


¿Quién promueve el amplio despliegue de miembros de OK Diario allá donde exista una tertulia? ¿Quién sostiene a Jiménez Losantos para que día tras día insulte a tirios y troyanos sin mayores consecuencias? La mentira es uno de los principales instrumentos de trabajo de medios como estos, pero no el único. Otro es usar las intervenciones en cualquier foro para desviar el foco de lo que realmente interesa; utilizar la provocación y con ella conseguir marcar la pauta de los debates.

Torea Inda en todas las plazas, ya pertenezcan a Mediaset o Atresmedia, con la soltura de quien sabe que pisa sobre seguro. Esgrime informes falsos que luego son desacreditados pero da igual, el director de OK Diario continúa con su siembra de la discordia sin que nadie parezca nunca interesado en pararle los pies. No hablo de claves judiciales, que en ese campo ya hay suficientes doctores, sino estrictamente informativas. ¿En qué clase de universo periodístico nos estamos moviendo desde hace ya años para que los reyes del mambo sean Inda, Losantos y compañía?

Las ideas y consignas que difunden buscan complacer a una clientela muy definida, enervar los ánimos y agitar el patio, sea o no verdad lo que dicen. Y si en alguna tertulia hay quien rebate sus infundios con datos, en el fondo lo que acaba descubriendo es que les está siguiendo el juego, con lo que se contribuye a que cumplan sus objetivos. Es la escuela de la amoralidad, que Pedrojota instauró en el diario El Mundo, tras ser despedido de Diario 16 por un editor, Juan Tomás de Salas, que todavía creía en el periodismo honesto.

Queda lejos ya aquel tiempo en que una veintena de periodistas se conjuraron en Marbella (verano de 1994) para trabajar por el advenimiento de Aznar a la Moncloa. Dos años de trabajo les costó y ahora, décadas más tarde, sus más aventajados alumnos han conseguido crear el caldo de cultivo necesario para la resurrección de una peligrosa ultraderecha que creíamos amortizada para siempre. Lo han hecho de una manera más sofisticada que entonces: a los métodos de sus mentores han incorporado el uso de las redes sociales con un trabajo de zapa en el que la insidia y el embuste se reproducen por esporas. Hay quien responsabiliza a Catalunya de buena parte de todo este lío, pero yo discrepo: el huevo de la serpiente anidaba en el PP y la corrupción de este partido rompió la baraja creando un río revuelto en la derecha donde, gracias a la complicidad de periódicos, radioactivistas y telepredicadores varios, han acabado pescando los avispados promotores de Vox.

“Hay que darle a la gente lo que quiere, aunque no sepa lo que quiere; la gente no quiere estar informada, quiere sentirse informada; les daremos una visión del mundo como ellos quieren que sea”. El autor de este tipo de sentencias, como queda reflejado en la miniserie televisiva “La voz más alta”, fue Roger Ailes, fundador y presidente de Fox News, cargos de los que se vio obligado a dimitir tras ser acusado de acoso sexual. Los modos y maneras de este sujeto quien, entre otras muchas lindezas, obligaba a sus redactores a llamar a Obama “Barack Hussein”, son los que lamentablemente hemos acabado importando a nuestro país, donde el odio a quienes piensan diferente, ya sean partidos políticos, mujeres, menores, inmigrantes u homosexuales, ha acabado adquiriendo dimensiones inimaginables hace solo unos años. ¡Valiente precursor, Roger Ailes, de políticos instalados en la mentira compulsiva como Donald Trump, Bolsonaro, Boris Johnson u Ortega Smith!

No puede ser que los amantes del frentismo controlen la narrativa porque, contra la falta de prejuicios, el periodismo decente lo tiene muy difícil para abrirse paso. Estamos consiguiendo acabar con la corrupción, luchando para que los usos y costumbres del bipartidismo pasen a la historia, ¿y no vamos a ser capaces de atajar el empleo de la mentira en los periódicos, las radios y las televisiones de nuestro país?

No es bueno seguir así. Urge una toma de conciencia donde la ética sea la prioridad, urge también que asociaciones y colegios profesionales dejen de ponerse de perfil y afronten este asunto con mucha más contundencia de lo que hasta ahora han demostrado. Las empresas periodísticas no pueden acunar desestabilizadores en nombre de la libertad de expresión, y esta a su vez no puede ser sinónimo de ley de la selva. Hay que desenmascarar a los profesionales de la agitación y defender a muerte la información ponderada y honesta. No es tan difícil, solo hace falta que perdamos de una vez el miedo a denunciar a quienes desprestigian nuestra profesión usándola para mentir a sabiendas. ¡Ya está bien!

J.T.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Rufián el agitador


Cuando leí el tuit de Gabriel Rufián llamando “cobarde” a Pablo Iglesias, lo primero que me vino a la cabeza fue Chiquito de la Calzada caminando a trompicones y gritando a continuación “pecador de la pradera”. Lo segundo fue una amarga sensación de sorpresa porque en la expresión no existía atisbo alguno de esa sutileza con la que el portavoz de ERC en el Congreso acostumbra a entretener a sus seguidores. Usaba el término cobarde sin que tampoco el insulto encajara muy bien en el contexto de lo que, al parecer, le había ofendido: la foto de una conversación distendida de Iglesias con el portavoz de Vox en el acto institucional del día de la Constitución, que el líder de Podemos había colgado en twitter junto a otra en la que aparecía charlando con Oriol Junqueras hace unos meses en la sala de plenos del Parlamento.

Yo no acababa de encontrarle a la frase todo su sentido, pero sabido es que Rufián gusta de expresiones cargadas de mala leche, unas más crípticas que otras. Aunque a Puigdemont no lo llamó cobarde directamente, aquello de las “155 monedas de plata” fue todo un bofetón que no contribuyó precisamente a templar los ánimos el 27 de octubre de 2017, una de las fechas más críticas para las relaciones entre Catalunya y el resto de España en los últimos tiempos.

Lo que el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso ha hecho con Iglesias no ha sido un bofetón, sino una pataleta puede que de impotencia. En un partido donde siempre han contado con referentes de considerable nivel político e intelectual, Rufián es sencillamente un agitador. Con dotes para la puesta en escena y una reconocida capacidad para transmitir mensajes y brindar titulares, pero un agitador. Punto.

¿Cómo hay que interpretar este insulto realizado a través de las redes sociales justo en estos momentos de suspense político? Cuesta trabajo admitir que el gobierno de coalición pueda peligrar por un rabieta así, por mucho que su protagonista sea uno de los interlocutores en las conversaciones. Cabe deducir por tanto que, por mucho portavoz que sea, igual pinta menos de lo que creemos en la negociación. Entre otras cosas porque él sabe de sobra el respeto que Junqueras le tiene a Podemos y a su líder.

Queda el factor envidia. ¿Podría aventurarse que siendo como es Rufián la cabeza visible y actuando como actúa de intermediario, no pueda soportar percibir que en el fondo es ninguneado? Hay factores que permiten deducir que hace tiempo que intenta imitar a Iglesias; el caso más reciente es la puesta
en marcha en Barcelona de una programa de entrevistas televisivas llamado “La Fábrica” cuyo formato es idéntico a “Otra vuelta de Tuerka”. No tiene el portavoz de ERC buena relación con casi nadie de la dirección de Podemos hasta el punto que cuando estos mantienen algún tipo de conversación con Esquerra, él nunca está presente.

Tampoco soporta que en Podemos hayan dado a entender que echan de menos a Tardá en momentos como estos. Aún así, que utilice sin rodeos la palabra “cobarde” me ha rechinado mucho. Demasiado fuerte en los tiempos que vivimos. Suena a pérdida de papeles por parte de alguien cuya hostilidad con la formación morada ha ido aumentando desde que tuvieron lugar las sesiones de investidura del pasado verano.

Cuesta entender que el enfado de Rufián llegue al extremo de subirse al carro de quienes exigen a los políticos que olviden la cordialidad en los actos institucionales. ¿Qué hay que hacer pues? ¿actuar como si estuviéramos en guerra, encanallar más el ambiente? Siguiendo con twiter, recordaba Enric Juliana en una de sus entradas recientes cómo el 11 de junio de 1984, cuando murió en Italia Enrico Berlinguer, secretario general del Partido Comunista, el líder neofascista del Movimento Social Italiano se presentó en Roma, en la capilla ardiente, y se cuadró ante el féretro. Las hemerotecas que guardan los periódicos de los primeros años tras la muerte de Franco están llenas de fotos con Fraga y Carrillo dando conferencias juntos, o de Adolfo Suárez saludando cortésmente a La Pasionaria.

Seguro que sabe Rufián, aunque se le haya olvidado por un momento, que sin diálogo el Congreso es inútil. Y que los insultos nunca fueron un buen comienzo para construir nada. Si finalmente las conversaciones llegan a buen puerto y acabamos teniendo gobierno de coalición, confirmaremos lo que de momento es solo una sospecha: Rufián es mucho menos relevante de lo que se empeña en hacernos creer y por eso no sabe qué hacer para no dejar de salir en las fotos. Aunque el precio sea parecerse a Chiquito de la Calzada gritando “¡Cobarrrdeeee!”

J.T.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Esa discreción que a tantos desespera


Parece que los muchos enemigos del preacuerdo entre PSOE y Unidas Podemos para conformar un gobierno progresista de coalición están empezando por fin a asumir que es bastante probable que ese pacto fructifique. Por más que obispos, empresarios, bancos y vacas sagradas del socialismo añejo se hayan esforzado en pintar el más apocalíptico de los escenarios, hay suficientes señales que indican que existen bastantes posibilidades de que ese preacuerdo, firmado el pasado 12 de noviembre, acabe obteniendo los respaldos necesarios para gobernar.

Radioactivistas y telepredicadores no cesan de bramar, insultar y vaticinar la mayor de las hecatombes, pero ni sus soflamas ni las infames portadas de periódicos como ABC o El Mundo parece que vayan a conseguir esta vez sus objetivos. Eso sí, son pesados, demasiado pesados, cansinos y muy poco originales.

La nueva moda es criticar el silencio y la discreción con que se ha ido llevando el desarrollo de los acuerdos. Les pone de los nervios sentirse fuera de juego a esos santones del periodismo que siempre se ufanaron de obtener primicias y ahora apenas tienen nada que llevarse a la boca salvo las medidas declaraciones que tanto Iglesias como Sánchez vienen ofreciendo en las escasas veces que han aparecido en público durante las últimas semanas.

Los mismos que el pasado verano criticaron con dureza que las negociaciones entre Echenique y Carmen Calvo se retransmitieran prácticamente en directo, y calificaban por ello de irresponsables a sus protagonistas, ponen ahora el grito en el cielo porque pasan los días y no hay manera de saber quién tendrá qué cartera, qué ministros se irán y cuáles se quedarán, cómo estarán distribuidas las competencias y las tareas de gobierno, o cuáles serán los contenidos.

Pero vamos a ver, queridos colegas todos, incluidos próceres de antaño que ahora andáis a dos velas, ¿no están ahí los programas? ¿no están ahí los diez puntos del preacuerdo del 12 de noviembre? Es de suponer, se me ocurre, que estarán hablando sobre cómo encajar todo eso, ¿o no?

Esta calma, dentro de un orden lo de calma, claro está, podría ser un buen presagio. Los focos de la intriga andan estos días centrados en Esquerra y sobre cuál será su decisión final, si ayudará a que el gobierno de coalición sea posible o no. Pero al mismo tiempo están pasando otras muchas cosas, y una de las más importantes es sin duda el trabajo diario entre socialistas y Podemos para, en el caso de conseguir luz verde, tener a punto y al detalle, con los mínimos flecos posibles, el acuerdo en el que ha de basarse el primer gobierno democrático de coalición que vería la luz desde que, tras la muerte de Franco, recuperamos las libertades.

Llama la atención el descoloque de los figuras de las exclusivas porque llevan casi un mes viviendo de migajas, pequeñas píldoras que Sánchez e Iglesias sueltan con cuentagotas cuando no les queda más remedio, pero sin ofrecer apenas ninguna pista sabrosa. En cenáculos como Casa Manolo, el famoso bar de las trasera del Congreso de los Diputados donde periodistas y políticos vienen reuniéndose desde hace más de cuarenta años, no llevan nada bien que sus fuentes de siempre los tengan ahora en ayunas. Unos andan cabreados porque en sus redacciones les reclaman titulares jugosos con urgencia, y otros echan chispas porque pasan los días y continúan sin disponer de la carnaza que esperan con ansiedad para poder tirarse a la yugular del nuevo gobierno, ya con datos concretos, desde el primer minuto.

A lo mejor, quién sabe, esta vez se hace realidad aquel refrán inglés –“no news, good news-“, y la ausencia de noticias acaba desembocando en buenas noticias. Falta nos hace. Y si es pronto, mejor.

J.T.