sábado, 20 de enero de 2018

“Los archivos del Pentágono”, un desagravio al buen periodismo


Reconforta mucho descubrir cómo tres monstruos de la historia del cine, Meryl Streep, Steven Spielberg y Tom Hanks, han decidido proporcionar foco al problema central que los periodistas hemos de encarar siempre que en nuestro trabajo nos enfrentamos a los intereses de los poderosos.

Me he encontrado con “Los archivos del Pentágono” entre los estrenos de este viernes casi por sorpresa, porque no había visto promoción previa de este acontecimiento cinematográfico, no sé si porque últimamente ando demasiado concentrado en mis cosas o porque realmente tal promoción no ha existido. Así que apenas me he enterado, me he dirigido a la sala de proyección más cercana y he comprado una entrada para la primera sesión disponible. He vivido emocionado desde la primera secuencia hasta la última y la película se me ha hecho muy corta. Todo lo que se cuenta me toca muy de cerca y he salido del cine con la sensación de que la historia que en ella se relata desagravia en cierto modo a los muchos periodistas que, durante su vida profesional, se han estrellado una y otra vez clamando por poder escribir en libertad sin conseguirlo.

Es un verdadero placer y un honor escuchar a Streep y a Hanks, en los papeles de la dueña y el director del Washington Post, defender el derecho a publicar, en 1971, una información que interesaba a los ciudadanos de los Estados Unidos por mucho que hacerlo pudiera perjudicar a su gobierno. Emociona verlos sufrir presiones de la Casa Blanca, de la fiscalía, de los bancos, de los propios accionistas, y ver cómo resisten. Entristece comprobar cómo, pasado casi medio siglo, las cosas no solo no han cambiado para bien en el mundo sino al contrario: empeoran con el paso del tiempo. Los papeles del Pentágono que Nixon hizo todo lo posible para que no se publicaran demostraban cómo varios presidentes de los Estados Unidos no habían tenido reparo alguno en continuar con la guerra de Vietnam, incluso a sabiendas de que nunca la ganarían.

Las cosas no solo no han cambiado, sino que con Trump en la Casa Blanca empeoran peligrosamente. Y en nuestro país, qué quieren que les diga. Cuando escuchaba las conversaciones que en la película tienen lugar durante las sesiones del consejo de administración del Post, me estaba imaginando cómo deben ser ese mismo tipo de reuniones en El País por ejemplo, con los representantes del Santander, el HBSC, Telefónica o los fondos cataríes sentados en el Consejo de Administración. Cuando veía las cenas o las reuniones sociales de periodistas y editores con miembros del gobierno, me daba por hacer paralelismo con lo que sucede en nuestro país y me entraba la risa.

En 1971, Ben Bradlee, director del Washington Post, y Katharine Graham, dueña del rotativo, se la jugaron y apostaron por los intereses de sus lectores a riesgo de quedarse sin periódico, ser procesados e incluso acabar en la cárcel. Se la jugaron y ganaron. ¿Dónde está el propietario de medios o el director de periódico que a día de hoy esté dispuesto a eso? En Estados Unidos no sé, de momento no se atisba a nadie en el horizonte, pero en España da risa solo pensarlo. En un oficio atestado de responsables de medios que mendigan subvenciones, de políticos dispuestos a comprar silencios por las buenas o por las malas, de periódicos que parecen panfletos, de radios y televisiones que funcionan como portavoces oficiales de gobiernos o partidos políticos, en unas redacciones con menos periodistas cada día que pasa, donde la mayoría de los que quedan están mal pagados y aún así viven acojonados por perder su puesto, ¿dónde están los profesionales dispuestos a buscar y elaborar información que interese a los ciudadanos por mucho que ésta moleste al poder?

Me parece un verdadero privilegio que en tiempos de crisis, confusión y desaliento, el gran Spielberg haya decidido sumar a su carrera profesional una película dedicada a los profesionales del periodismo y su necesidad de publicar en libertad le pese a quien le pese. Me parece un lujo que los papeles principales de esa película los hayan encarnado Meryl Streep y Tom Hanks. Creo que “Los archivos del Pentágono” ayuda a la causa de la libertad de expresión de la mejor manera posible. Que estos tres gigantes del cine le hayan puesto voz y cara a este espinoso asunto por muy conocido que sea, lo dota de una dimensión que supone un valioso espaldarazo para la prensa en tiempos tan difíciles. Gracias sean dadas a los tres. Hay que hablar de esta película todo lo que sea posible, que funcione el boca-oreja, que no se quede nadie sin verla, por poca promoción que esté teniendo.

 J.T.

martes, 9 de enero de 2018

Interviú y Tiempo, criaturas predilectas de Antonio Asensio


Interviú nació el veintidós de mayo de 1976, dieciocho días después del diario El País, cuando se cumplían los primeros seis meses de la muerte de Franco. Ambas publicaciones se anticiparon a la llegada de Adolfo Suárez a la presidencia del gobierno y, con Diario16, cuyo primer número salió a la calle el dieciocho de octubre del mismo año, se convirtieron en los altavoces más frescos de los acontecimientos políticos de aquel entonces: el referéndum para la reforma política, la disolución de las cortes franquistas, las primeras elecciones constituyentes o la redacción de la Constitución y el referéndum que la respaldó.

Tiempo nació en 1982, un año largo después del intento de golpe de Estado del 23 de febrero, tras una etapa embuchada como suplemento de Interviú. La puso en marcha Julián Lago hasta que años más tarde fue sustituido por Pepe Oneto, quien cambió la dirección de la batalladora Cambio16 por la de la revista con la que Antonio Asensio Pizarro aspiraba a consolidar su oferta informativa en los quioscos. Interviú fue la piedra sobre la que se construyó el Grupo Zeta y Tiempo el papel celofán con el que Antonio Asensio, su fundador, quiso revestir la empresa una vez conseguido el éxito económico. El éxito económico fue indiscutible y se debe a la osadía de cuatro jóvenes catalanes –Jerónimo Terrés, José Ilario, Javier Salvadó y Antonio Asensio- dispuestos a quitarle la caspa al periodismo del país y la ropa a cuanta famosa no tuviera inconveniente en aparecer desnuda en las páginas de aquella revista.

Interviú contaba con un brillante director ejecutivo llamado Darío Giménez de Cisneros y un prestigioso director periodista que respondía al nombre de Antonio Alvarez Solís, pero quien realmente mandaba en la revista era Antonio Asensio. Él era quien cortaba el bacalao, a él correspondían las decisiones últimas, el manejo de la escaleta y la potestad para cambiar de opinión en el último momento y sustituir el tema principal o la portada incluso a escasas horas del cierre de la edición. Era el patrón y ejercía. Asumía el riesgo, no echaba la culpa a nadie cuando algo no salía bien y, en consecuencia, le correspondía la mayor parte del mérito cuando las decisiones eran acertadas. Dieron con la fórmula a base de aplicar la vieja técnica de ensayo-error. En los primeros tres meses se equivocaron muchas veces, pero a partir de entonces las ventas se dispararon hasta llegar al millón de ejemplares semanales. Además de las chicas desnudas, el secreto consistía en ofrecer un cóctel donde cabían investigaciones de las fechorías del franquismo, denuncias de corrupción, reportajes provocación con Luis Cantero como redactor estrella, una sección de sucesos con reporteros de la talla de Pedro Costa Muste o Margarita Landi, entrevistas políticas de primer nivel, columnas de opinión en las que firmaban personajes tan dispares como Eleuterio Sánchez o José Luis de Vilallonga y viñetas de humor de los mejores dibujantes que había entonces en España. La revista dio tanto dinero que sus inventores no tardaron en promover un periódico diario y una treintena de cabeceras más, de periodicidad semanal o mensual, para cuya supervivencia aplicaban sin piedad el método marca de la casa: cuando algo no funcionaba, se cerraba inmediatamente y a otra cosa mariposa.

Contrató Asensio a los mejores periodistas de las revistas de la competencia por el infalible método de pagarles el doble de lo que cobraban en sus respectivas empresas. En el Consejo Editorial del Grupo, reconocidos profesionales de derechas como Manuel Martín Ferrand cohabitaban con combativos periodistas de izquierdas como Eliseo Bayo o polémicos conductores de programas deportivos como José María García. En las páginas de Interviú y de Tiempo se encuentra buena parte de los mejores trabajos periodísticos de una época clave en la historia de España. Las crónicas y entrevistas que en ambas publicaciones pueden consultarse nos ayudan a entender lo que pasó durante los primeros quince años que transcurrieron desde la muerte de Franco. Luego todo cambió, cuando los intereses de Asensio derivaron hacia la propiedad de una televisión, Antena Tres, la inversión en equipos de fútbol y la pugna por los derechos de retransmisión de los partidos.

Me pregunto qué hubiera pasado si Antonio Asensio no hubiera muerto en el 2001, cuando solo tenía 53 años. Estoy seguro que sus herederos y sucesores al frente de la gestión del grupo lo han hecho lo mejor que han sabido, pero siempre nos quedaremos sin conocer qué habría pasado si el fundador de Zeta viviera aún. Quizás, puede ser, habría cerrado Interviú y Tiempo mucho antes, si hubiera concluido que eran productos que no daban más de sí. Las habría cerrado antes que los números rojos llegaran a los siete millones de euros, pero se habría inventado otra cosa. En los tiempos de internet y de las redes sociales, no me cabe la menor duda que el espíritu con el que fueron creados Interviú, Tiempo, El Periódico y tantos otros productos del Grupo Zeta habría sabido asombrarnos de nuevo.

No creo que Asensio hubiera podido remediar la crisis que vive el sector, claro que no, pero también es cierto que en el panorama informativo de nuestro país necesitamos empresarios de prensa audaces dispuestos a jugarse el tipo por publicar una información, tal como en su día lo hicieron él, Juan Tomás de Salas o Jesús de Polanco. Ahora no hay personajes así; ahora quienes mandan en los periódicos y en los medios de comunicación en general son los bancos, Telefónica, El Corte Inglés, fondos de inversión sin alma y representantes de países del Golfo que no saben qué hacer con el dinero que ganan con el petróleo. Interviú y Tiempo llegaron a ser lo que fueron porque ofrecían periodismo fresco. Es triste que esa etapa se haya acabado sin que hayamos sido capaces de encontrar el recambio. En 1976 nacieron Interviú, El País y Diario16. De los tres solo queda El País, pero esa es ya otra historia.

J.T.

viernes, 5 de enero de 2018

Por qué Junqueras continuará en la cárcel de momento


Estos son algunos de los argumentos por los que el Tribunal Supremo ha decidido mantener en prisión a Oriol Junqueras, "sin perjuicio de que nuevas circunstancias puedan aconsejar al Instructor una modificación de la situación personal del recurrente o de los demás investigados":

1. Existen indicios de delito de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos.

2. Hay riesgo relevante de reiteración delictiva "al no existir ningún dato que permita entender que el recurrente tiene la intención de abandonar la vía seguida hasta ahora”.

3. No ha prescindido de la opción unilateral y por tanto existe, a juicio de los tres magistrados firmantes del Auto, riesgo de que reitere su conducta delictiva si sale libre.

4. Ha ido “mucho más lejos” al participar en un plan de declaración unilateral de independencia “alzándose contra el Estado español, contra la Constitución, contra el Estatuto de Autonomía y contra el resto del ordenamiento jurídico”.

5. Tal comportamiento supone, según puede leerse textualmente en el auto del Supremo que desestima el recurso de apelación presentado por los abogados de Junqueras, "un hecho ilegítimo, gravísimo en un Estado democrático de Derecho, en el que el cumplimiento de la ley como expresión formalizada de la voluntad popular aprobada por sus representantes legítimos, y también la misma lealtad al propio sistema democrático que nos rige, imponen ciertos límites que deben ser respetados en aras de una convivencia pacífica y ordenada”.

6. Incitó a movilizarse en la calle y forzar al Estado a aceptar la independencia, lo que significaba, precisa el Auto, asumir y aceptar “previsibles y altamente probables episodios de violencia para conseguir la finalidad propuesta” como los que tuvieron lugar los días 20 y 21 de septiembre contra una comisión judicial en la Conselleria de Economía de la Generalitat.

7. Llamó a depositar el voto a miles de personas y a abrir los colegios electorales para un referéndum
ilegal el día uno de octubre pese a conocer que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tenían la obligación de impedirlo en cumplimiento de las leyes vigentes.

8. La negociación y el diálogo de los que habla quien fuera vicepresidente de la Generalitat, éste sólo los contempla si el Estado español reconoce la independencia de Catalunya. “El ofrecimiento de esa clase de diálogo o la invocación de la bilateralidad en esas condiciones, recoge textualmente el Auto, no puede valorarse como un indicio de abandono del enfrentamiento con el Estado mediante vías de hecho con la finalidad de obligar a aquel a reconocer la independencia de Cataluña”.

Estos argumentos del Tribunal Supremo vienen a poner en contexto unos hechos que, con el paso de
los días, las semanas y los meses tienden a ser olvidados frente al relato de quienes prescinden de ellos en su discurso diario. En su texto de veinticinco páginas, los tres magistrados que han decidido por unanimidad mantener al líder de Esquerra Republicana en la cárcel nos recuerdan asuntos que en los titulares de los periódicos han ido quedando relegados, quiero pensar que por la velocidad a la que se suceden los acontecimientos. En su huida hacia adelante, Puigdemont continúa arrancando titulares con sus audaces y sorprendentes propuestas, al tiempo que la pelea sin cuartel entre su partido y el de Junqueras nos mantiene a su vez entretenidos, despistados y un tanto fuera de foco. Hasta que un auto del Supremo ha vuelto este viernes cinco de enero a centrar el asunto: Puigdemont está huido y Junqueras en la cárcel porque no respetaron la legalidad vigente. Defender la opción política de independencia de una parte del territorio nacional es legítimo porque la Constitución admite la defensa de cualquier posición política, incluidas las que defienden la desaparición de la Constitución misma pero, como recuerda el Auto, tal empresa "ha de propugnarse sin cometer delito
alguno”.

JT

lunes, 25 de diciembre de 2017

El discurso previsible


Si, como sostienen varios científicos de la universidad estadounidense de Notheastern (Massachussets), el comportamiento humano es previsible en un noventa y tres por ciento, el discurso navideño de Felipe de Borbón certificó con creces su condición humana: quienes se lo escribieron decidieron no hacer uso siquiera del siete por ciento que los estudiosos conceden a la improvisación o a la capacidad de sorprender: el preparado monarca fue previsible al cien por cien.

Los resultados de las elecciones del jueves pasado en Catalunya habían dejado en evidencia su agresivo discurso del pasado tres de octubre, en el que el rey tomó partido por una de las partes. Ahora, pues, no le quedaba más remedio que buscar la manera de reconducir mínimamente la situación, tragarse sus propias palabras sin que se notara demasiado e intentar buscar una vía de salida para salvar los muebles.

“Hay que reconocer que no todo han sido aciertos; que persisten situaciones difíciles que hay que corregir y que requieren un compromiso de toda la sociedad para superarlas” –reconoció. Música muy diferente a la de su alocución dos meses antes, cuando espetó: “Sé muy bien que en Catalunya hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro estado”.

El tono de Nochebuena, tras los resultados del 21D, obligaba a plegar velas: “Estoy seguro de que nadie desea una España paralizada o conformista, sino serena y atractiva –dijo textualmente-, que ilusione, una España serena, pero en movimiento y dispuesta a evolucionar y a adaptarse a los nuevos tiempos. Sobre la base sólida -añadió- de los principios democráticos y valores cívicos de respeto y diálogo que fundamentan nuestra convivencia”. ¿Abrió Felipe VI con esta frase la puerta a reformar la Constitución, como interpreta en su editorial navideña el diario El País?

Los representantes del nuevo Parlament, continuó el rey en su previsible discurso, “ahora deben afrontar los problemas que afectan a todos los catalanes, respetando la pluralidad y pensando con responsabilidad en el bien común de todos. El camino no puede llevar de nuevo al enfrentamiento o la exclusión que, -como sabemos ya- solo generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y -por supuesto- económico de toda una sociedad”.

Nada de recordar lo atípico de unas elecciones con candidatos en la cárcel o en el extranjero, nada de reconocer que gran parte de la responsabilidad del momento que se vive la tiene él mismo por la manera de echar gasolina al fuego en su discurso anterior. Nada de lo siento, me he equivocado, no volverá a suceder, sino templar gaitas sin que se note mucho apelando a “la serenidad, la estabilidad y el respeto mutuo de manera que las ideas no distancien ni separen a las familias y a los amigos”. A buenas horas, mangas verdes.

Como recuerda Ana Pardo de Vera en su columna de Público este 25 de diciembre, ¿acaso “se creyó el monarca que con unas elecciones convocadas por el gobierno central en Catalunya se acababa el problema? Mal monarca tenemos, entonces, que carece de la intuición del observador neutral y se deja llevar por las pasiones electoralistas y cobardes del gobierno de parte”. Con palabras de Lluís Bassets, también de este lunes, en la edición digital en El País, Felipe VI “empezó su reinado en 2014, el año escogido por el independentismo para llegar a la autodeterminación, coincidiendo con el tricentenario de la caída de Barcelona en la guerra de sucesión, el referéndum escocés y la oportunidad que ofrecían la crisis económica, política e incluso institucional. En este persistente envite se lo juega todo, su reinado y su corona, identificada como nunca con la democracia y la Constitución. Al final de la partida, será rey de Catalunya o no será”. Pues eso. Parece lógico pues, que con estos mimbres, el discurso acabara siendo perfectamente predecible, dictado quizá por el instinto de supervivencia, el más humano de los instintos. Predecible y pelín aburrido, que todo hay que decirlo.

 J.T.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Mis amigos catalanes


Me cuesta mucho reconocer en mis amigos catalanes favorables al soberanismo a aquellas personas con las que fui feliz durante tantos años cuando podíamos hablar y discutir de cualquier cosa sin que ninguna discrepancia pusiera jamás en peligro nuestros afectos.

De un tiempo a esta parte mis conversaciones con ellos, aunque continuemos disfrutando de sofisticados gintonics cuando nos vemos, o de rebuscados platos regados con prestigioso vino catalán, por supuesto, ya no son lo que eran. Si escogemos hablar de literatura, música, fútbol o política internacional, todo va bien por mucho que nuestros puntos de vista no coincidan en absoluto pero ay, amigo, cómo cambia la cosa cuando llegamos a la cosa, la gran cosa, esa única cosa que parece existir en el mundo desde hace ya tantos meses, ¿o son años? Cuando la conversación desemboca en el dichoso asunto, la tal cosa nos engulle sin miramientos y la atmósfera empieza a enrarecerse hasta que el aire se hace irrespirable porque todo se transmuta, todo se agría, todo se jode sin remedio.

Ahora me critican mis artículos, me llaman equidistante, me instan a tomar partido entre los buenos y los malos y a mí me cuesta reconocerlos en tal deriva. Hay que elegir, Juan, o ellos o nosotros, llegó a decirme mi amigo M. el otro día. Y yo, claro, me asusto, porque esto hace tiempo que dejó de ser una broma, aunque fuera de Catalunya muchos hasta ahora no se hayan acabado de caer del guindo, y me asusto sobre todo cuando verifico que quienes han llegado a tal punto son amigos míos queridos, no gente ajena ni lejana.

Me asustan ellos y me asustan también aquellos otros colegas y familiares catalanes que se sitúan al otro lado del tablero. La lluvia de mensajes de guasap que recibo estos días, tanto de unos como de otros transpiran frentismo, agresividad, rencor. Histeria. Se acusan entre ellos de las mayores atrocidades, y se insultan y amenazan como nunca imaginé que lo harían gentes que conforman un pueblo cuya manera de entender la vida me fascinó hace ya muchos años hasta el punto de llegar a enamorarme, pero que a día de hoy me mantiene confuso y desconcertado.

Ahora solo quiero ganar, Juan, lo demás no importa, me decía el otro día mi amigo O. de Girona, incondicional del procés desde hace cuatro años y activista entregado a la causa desde entonces en cuerpo y alma. Tenemos que derrotar a los golpistas como sea, me comentaba al día siguiente J.M., de Cornellà. ¿Que hay que apoyar a Arrimadas? Pues se le apoya, remataba este miembro del psc de toda la vida.

Y cuando les preguntas qué van hacer con la victoria, cómo van a gestionar los resultados, ahí empiezan ya a estrellarse los talentos tanto en un lado como en otro. Están partidos por la mitad y se niegan a pensar, o a decir lo que tienen pensado, para más allá del día veintiuno, fecha de la convocatoria electoral autonómica. A muchos todo esto les parece una ópera bufa, pero a mí empieza a parecerme una tragedia que no me pienso tomar a la ligera.

Las muchas barbaridades aparecidas en twitter en estas últimas semanas son un pésimo síntoma, un aviso de que cualquier chispa podría acabar provocando un incendio de complicado control. Ya sé que suena alarmista y lo lamento, pero la historia está llena de ejemplos sobre la delgada línea que a veces separa a quienes muy bien pueden estar un día en el bar contándose chistes entre caña y caña, y a la jornada siguiente matándose entre ellos sin compasión alguna. “La Vaquilla”, de Berlanga y las parodias de Gila: oiga, ¿es el enemigo, podríais retrasar la guerra unos días, que tenemos que votar? ¡Ah! ¿que vosotros también votáis? ¿y eso por qué?

J.T.

lunes, 23 de octubre de 2017

Plantar cara al PP

Seduce el punto rebelde de la asonada catalana, esa determinación para hacer partícipe de sus convicciones al mundo entero, esa habilidad para colocar sus mensajes, unos con más verdades que otros, esa probada eficacia a la hora de organizar movilizaciones. Pero no consiguen, y bien que lo intentan, hacer olvidar que Puigdemont y compañía son los herederos del partido del tres por ciento con un patriarca jefe, ahora desparecido en combate, cabecilla de una trama corrupta familiar cuyo hijo mayor lleva ya un tiempo durmiendo en la cárcel. La derecha corrupta catalana ha desafiado a la derecha corrupta del resto de España, robándole de paso la cartera a una izquierda nacida tras el 15M que se dispersa en sus propias peleas, y otra antigua izquierda, la socialista, que sobrevive desde hace tiempo a base de manotazos desesperados para no acabar ahogándose del todo.
La derecha corrupta catalana le ha plantado cara al PP y con ello ha conseguido algo que era obligación de la izquierda española haber demostrado. Ha puesto en evidencia la verdadera cara de Rajoy, su partido y su gobierno. Ha logrado que por fin actúen como corresponde al ADN del espíritu fundacional del Partido Popular. Los seis años de gobierno PP cierran ahora un ciclo de atropello a las libertades y a infinidad de derechos sociales y laborales para entrar, a partir de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en una dura etapa de tintes totalitarios, ya sin disimulo alguno, en la que comienzan con Catalunya, pero que podría continuar en otras Comunidades.
Pero ni el carácter tiránico que tiene la manera elegida por el PP para aplicar el 155 permite olvidar el escandaloso desarrollo de los plenos del Parlament los días 6 y 7 de septiembre. Dos derechas corruptas se encuentran enfrentadas a cara de perro y una de ellas está arropada por la monarquía. Moncloa y Zarzuela se han embarcado en una apuesta de incierto desenlace. Podíamos haberle presentado a Europa la imagen de un país dialogante que sabe resolver civilizadamente sus discrepancias y sin embargo estamos ofreciendo la versión triste de una comunidad de vecinos cutre que Es capaz de liarse a palos por el importe de la derrama. Olvidan Rajoy y el rey que a Bruselas le da igual que seamos una monarquía o una república: lo que quieren es que no les toquemos las narices con una pelea que amenace la estabilidad del proyecto europeo.
La izquierda ha perdido la oportunidad de plantarle cara al corrupto y nacionalista PP y, mire usted por dónde, quienes se encaran a Rajoy son otros nacionalistas corruptos. Y Albert Rivera, frotándose las manos.

jueves, 5 de octubre de 2017

La semana del mal rollo

La causa del sudor con el que me desperté el pasado lunes 2 de octubre no fue precisamente esa temperatura veraniega que cada año parece más empeñada en robarle al otoño días y protagonismo. Aquel sudor amanecía acompañado por severas cosquillas en el estómago y por un ingenuo anhelo: que gran parte de los episodios ocurridos en Catalunya el día anterior, cuya retransmisión, inquieto y preocupado, había seguido durante horas por la tele, no hubieran ocurrido en realidad. Volví a amanecer sudando el martes, el miércoles, el jueves... Quizás debido a mi mala memoria, no recuerdo en mis seis largas décadas de vida tantos días de mal rollo continuado. Mal rollo, peores augurios y perspectivas poco alentadoras a medio plazo.

Me cuenta mi hija las encendidas discusiones que mantiene últimamente con amigos y conocidos en sus chats de guasap. Chats en los que hasta hace pocos días se dedicaban a mandarse fotos, intercambiar canciones y complicidades, organizar quedadas o reírse con ganas y punto. Pero esta semana parece que han mandado a paseo las buenas vibraciones, y el mal rollo se ha instalado de golpe en sus vidas de veinteañeros. ¿Lo de Catalunya va en serio, papá? -me pregunta. Y, de pronto, descubro que a su lado soy sin duda un privilegiado, porque he vivido cuarenta años más que ella sin incertidumbres como ésta. Y me avergüenzo por la cuota de responsabilidad que me toca al no haber luchado lo suficiente para conseguir evitar una sensación de desamparo e incertidumbre que yo hasta ahora nunca tuve en mi vida, ni siquiera en los tiempos de las protestas universitarias de los setenta, ni tras la muerte de Franco, ni con el intento de golpe de febrero de 1981.

Y a estas alturas, tres décadas después de convertirnos en europeos de pleno derecho, cuando pertenecer a las más codiciadas instituciones occidentales parecía que nos blindaba de sobresaltos y aportaba un cierto plus de calma chicha a nuestra rutina diaria, el invento salta por los aires y nos da por pelearnos entre nosotros a cara de perro sin que nadie se atreva a aventurar cómo demonios acabará todo esto: porrazos de la policía y la guardia civil a ciudadanos que querían votar, resistencia ciudadana plantando cara a las agresiones, una capacidad de organización que consiguió abrir centenares de colegios y hacer llegar hasta ellos miles de urnas que ninguna intervención policial pudo detectar previamente, Ciudadanos exigiendo leña al mono y más mano dura, Podemos intentando mediar entre los dos matones de patio de colegio cuando estos ya se miran enrabietados, con las mangas de la camisa subidas y los puños en posición de combate, los socialistas haciendo corro sin atreverse a tomar partido, los jueces dictando autos y las televisiones públicas, tanto TV3 con TVE, echándole al fuego más gasolina cada día que pasa.

Un mal rollo terrible ahora ya en toda España, que viene a rematar años de discusiones en Catalunya entre familiares y amigos de toda la vida, y al que Felipe de Borbón y Puigdemont, mientras Rajoy se fuma un puro tras otro, han puesto la guinda con los discursos institucionales más inquietantes que recuerdo. Insensatos sin escrúpulos, como diría aquel periódico de entonces, que hace tanto tiempo ya que no es el mismo.

J.T.

jueves, 6 de julio de 2017

La fuerza del periodismo

"Tiene más fuerza Al Jazeera que toda la riqueza de los saudíes". Esta afirmación de Lluís Foix (La Vanguardia, 5-7-17, pág. 23) explica en pocas palabras la razón última del bloqueo al que está siendo sometido el emirato de Qatar por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin. Solo como coartada les importa a estos países el apoyo qatarí al terrorismo cuando acusan oficialmente a su vecino país de participar en diversos actos de desestabilización junto a Irán.

Al cerrar el espacio aéreo y marítimo, y también una frontera por la que transitan el noventa por ciento de productos básicos para Qatar, lo que en realidad buscan es cargarse Al Jazeera, una cadena de televisión cuyos estudios centrales están en Doha, capital de ese país, y que es sintonizada a diario por millones de musulmanes en todo el mundo. Una cadena con sus más y sus menos, como todas, pero que ofrece informaciones impensables en aquellos países árabes donde no se tolera que la manera de contar las cosas en los noticiarios televisivos se aparte de las versiones oficiales.


Al Jazeera pone de los nervios a muchos jeques árabes, y la CNN saca de sus casillas a Donald Trump, algo que, dicho sea de paso, no parece demasiado difícil. Dos cadenas todo-noticias, rivales globales con la misma filosofía, se encuentran curiosamente denostadas, coincidiendo en el tiempo, por los poderosos a quienes molesta el enfoque de las informaciones que transmiten. El patético e inquietante montaje del video en el que el presidente de los Estados Unidos propina una paliza a alguien cuya cabeza es el logo de la CNN es sobradamente elocuente y alarmante.

Tanto en el caso de la Al Jazeera qatarí como en el de la CNN estadounidense se pone de manifiesto hasta qué punto es necesario en estos momentos, y antes que sea demasiado tarde, defender sin titubeos la necesaria existencia de medios de comunicación en libertad. Hay quien usa el periodismo de manera torticera, manipuladora y tendenciosa, claro que sí, pero esa perversa utilización de los medios que hacen algunos jamás puede servir de coartada a quienes pretenden acabar con la libertad de información. Hoy más que nunca hay que reivindicar la innegociable necesidad de una prensa que vigile e inquiete a los poderosos que sueñan con la impunidad.

Aquí, en nuestro país, tenemos variados y elocuentes ejemplos de la obstinada vocación intervencionista de los partidos políticos en los medios, sobre todo en los de titularidad pública. Tanto el PP como el PSOE, como también el PNV o CiU, o Junts pel Sí, han utilizado y utilizan las televisiones públicas en clave propagandística, sin vergüenza alguna, cuando gobiernan. Y si lo hacen en minoría, ceden algunas migajas a los partidos que los apoyan y santas pascuas.

En cuanto a los medios privados, ¿qué podemos decir? Todos ellos se encuentran en manos de grupos empresariales que a su vez dependen de los grandes bancos, o de los fondos de inversión internacionales, o de la habilidad de sus dueños para bailarle el agua al gobierno de turno... Por su parte, partidos emergentes como Podemos han abogado en distintas ocasiones por una regularización de los medios. Ninguno de esos caminos acaba nunca en buen puerto.

Me parece que el trabajo de la CNN es un ejemplo a seguir. Culpable de muchos de los insomnios tuiteros de Trump, desoye las amenazas de que es objeto, como hacen también el New York Times o el Washington Post, medios que tampoco se dejan intimidar a pesar de las continuas ofensas y provocaciones que reciben, y responden redoblando esfuerzos para publicar cada vez mejores reportajes de investigación y de denuncia en una insólita batalla con la Casa Blanca hasta ahora difícilmente imaginable.

Si Al Jazeera vale más que toda la riqueza de los saudíes, las televisiones, radios y periódicos del mundo occidental son a su vez más valiosos que el poder de quienes atacan el derecho a la libre información. Por mucho que estos se empeñen en colonizar los consejos de administración de los medios. Porque por muchos riesgos e inconvenientes que, como todas las libertades, pueda tener la libertad de expresión, como diría Tácito, ésta "siempre será preferible a la tranquila placidez del despotismo".

Donald Trump pasará, pero lo que significa la existencia del New York Times, el Washington Post o la CNN, no. "La fuerza de la opinión pública es irresistible cuando se expresa libremente", dejó dicho ya, a comienzos del siglo XIX, Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América.

J.T.

domingo, 16 de abril de 2017

Los ministros en la Semana Santa más militar


Una docena de legionarios acudieron al hospital materno infantil de Málaga el pasado día diez de abril, lunes santo. Traían regalos a los pequeños enfermos y una sorpresa final: en la ludoteca del centro interpretaron para ellos la canción más conocida de esta fuerza militar creada por José Millán-Astray y en la que, entre otros, figuran estos versos:

Soy un hombre a quien la suerte/ hirió con zarpa de fiera,/ soy un novio de la muerte/ que va a unirse en lazo fuerte/ con tal leal compañera

Estos novios de la muerte no fueron al hospital infantil solos. Les acompañan representantes de una de las cofradías más famosas de Málaga, la del Cristo de Mena, también llamado de la Buena Muerte, una hermandad que desde hace décadas, justo merced a la legión, acapara los jueves santos en la ciudad gran parte del protagonismo.

Así volvió a ocurrir este jueves santo día trece. Por la mañana, fueron los legionarios los encargados de trasladar la imagen desde su templo hasta el trono, tras ofrecer en el puerto una ceremonia de desembarco sobrecargada de efectismo y recorrer a paso ligero buena parte de las calles malagueñas. Y por la tarde, durante la procesión oficial, interpretaron sin descanso a lo largo de todo el recorrido la misma canción que le dedicaron a los niños del materno infantil el lunes diez de abril.

Estaban contentos esta Semana Santa en la cofradía de Mena, pues días antes supieron que el ministro del Interior había decidido otorgar a su hermano mayor la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco. Juan Ignacio Zoido no parece dispuesto a ser menos que su antecesor, quien durante su mandato condecoró a la virgen del Pilar de Zaragoza y a la del Amor de Málaga. No fue el primero Jorge Fernández Díaz, porque los socialistas José Antonio Alonso y Alfredo Pérez Rubalcaba también condecoraron, cuando estaban al frente del ministerio del Interior, a varias cofradías.

El miércoles doce, la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal ejerció, también en Málaga, de mayordomo en uno de los tronos de las Cofradías Fusionadas, donde desfilan militares de la Brigada Paracaidista. La acompañaba Rafael Catalá, ministro de Justicia, para quien “rechazar la presencia de militares en actos o sociales es ir contra el sentir popular”. La Guardia Civil tampoco falta en esta amplia y generosa presencia de lo militar en la Semana Santa malagueña. El benemérito cuerpo escolta los miércoles a la hermandad de la Expiración, y allí estuvieron también Cospedal y Catalá, como en tiempos de Franco hacía cada año su ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega, que acabaria siendo nombrado hermano mayor honorario perpetuo de la cofradía.

Cospedal aún no ostenta tal honor, pero parece decidida a hacer méritos. Desde las dos de la tarde del
jueves hasta la medianoche de este domingo la bandera española ondeó a media asta “por la muerte de Cristo” en todas las unidades, bases, centros y acuartelamientos del país mientras miles de militares de los tres ejércitos, según el Observatorio del Laicismo, participaban en más de un centenar de procesiones en poblaciones de toda España, como en la del Santo Entierro el sábado en Sevilla, que Cospedal y Zoido presidieron juntos en los palcos de la plaza de San Francisco.

La bandera a media asta en los centros militares es “una tradición” que el PP mantiene desde que Mariano Rajoy es presidente, aunque hasta ahora no se había llevado a cabo en la sede de Defensa. La decisión aprovecha un hueco en el reglamento de honores militares vigente desde los tiempos de Carme Chacón al frente del ministerio, cuando se limitaron las muestras de duelo con la bandera a media asta al fallecimiento de un militar en acto de servicio, del titular de la Corona, de su consorte o su heredero, o -añadía- “cuando el Ejecutivo decida la medida”. Esta puerta abierta es la que ha
aprovechado el “tea party” del PP.

J.T.

jueves, 6 de abril de 2017

El “know how” del PSOE andaluz


Hay una manera de hacer política en Andalucía que, de acabar siendo importada al resto de España con la victoria de Susana Díaz en la pugna por la Secretaría General del PSOE, nos introduciría en parecida dinámica a la aquí existente desde que se celebraron en 1977 las primeras elecciones democráticas. Una manera de pensar del aparato socialista andaluz cuyo resumen podría ser el siguiente:

1. El PP es partido de los señoritos, que son pocos, no le hacen asquitos a la corrupción y heredaron de UCD aquel “Andaluz, este no es tu referéndum” que aún les pasa factura treinta y siete años después. Los de centro derecha decentes, en Andalucía y en toda España, somos nosotros.

2. A nuestra izquierda, nadie tiene nada que hacer. Nuestro elector medio no traga a los ricos, pero tampoco quiere disgustos con los ahorrillos ni con el piso de la playa y sabe que nosotros le proporcionamos tranquilidad. El porcentaje de votos de Podemos en todo el país debe llegar como mucho entre el quince y el veinte por ciento, que es lo máximo que los partidos a la izquierda del PSOE han conseguido siempre en Andalucía.

3. Los nacionalismos en nuestros dominios no ofrecen nada mejor que lo que proporcionamos los socialistas. Juegan a progresistas pero son de derechas, como todo nacionalismo. Por poco progresistas que seamos nosotros, siempre lo seremos más que ellos. Por eso hemos conseguido que se queden prácticamente sin votantes.

4. Cuando otros partidos deciden aliarse contra nosotros, lo que consiguen es que salgamos reforzados, como ocurrió entre 1994 y 1996 cuando Partido Popular e Izquierda Unida practicaron aquella célebre “pinza” para intentar desgastarnos porque gobernábamos en minoría.

5. Cuando otro partido gobierna en coalición con nosotros, acabamos desactivándolos. Tanto Partido Andalucista como Izquierda Unida perdieron apoyo en las elecciones posteriores a aquellas legislaturas en que gobernaron en coalición con nosotros.

6. Hay agricultores de Jaén, Córdoba o Sevilla, pequeños empresarios y gentes de clase media en toda Andalucía que son de derechas, pero que votan socialista en las autonómicas porque saben que salen ganando. Solo hay que convencerlos de que votar socialista en las generales también será bueno para ellos.

Si a estas seis reflexiones le sumamos la destreza del aparato para los cálculos matemáticos, las purgas y los premios a la fidelidad, artes que llevan perfeccionando cuarenta años, nos encontramos con una máquina perfectamente engrasada y dispuesta para ser importada de la calle San Vicente en Sevilla, sede del Partido Socialista Andaluz, a la calle Ferraz de Madrid.

Todo esto es lo que piensan también en el club de los dinosaurios, al que últimamente alguien ha venido en llamar “socialismo tradicional”, aquellos que el 26 de marzo, fueron a Fibes a hacerse la foto y a cerrar incondicionales filas con la gran esperanza blanca de Triana. El know how andaluz exportado a toda España. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, piensan, y si en Andalucía llevan gobernando cuarenta años seguidos por algo será. Si los trabajadores de su manipulada televisión arman menos ruido que otras, por algo será. Si a pesar de los pésimos índices de bienestar en la Comunidad, a Susana se la comen a besos en las plazas de los pueblos que visita, por algo será.

Todo eso es lo que hay detrás de las desahogadas expresiones del responsable en Málaga del aparato del PSOE en la provincia. Lo que dijo es lo que piensan la mayoría de quienes, instalados en las instituciones desde hace decenios, no están dispuestos a que nadie ponga en peligro su, por otra parte, única fuente de ingresos que han tenido en su vida. Como se pregunta Odón Elorza, habría que saber cuántas charlas “formativas” de ese tipo se han dado a las juventudes socialistas para justificar el golpe de octubre demonizando a Pedro Sánchez, al PSC y  a los diputados socialistas que se negaron a abstenerse cuando se le otorgó el gobierno a Mariano Rajoy.


El triunfo del estilo andaluz en las primarias y en el congreso del PSOE tendría, si llega a producirse, carácter de acontecimiento histórico. Si más tarde consiguieran convertirlo en votos en unas elecciones generales, habría que quitarse el sombrero y reconocer que son unos genios.

J.T.