domingo, 21 de octubre de 2018

El escalofriante decálogo que define a la ultraderecha


Por si hay alguien por ahí con tal despiste que le quiere quitar importancia a la salida del armario de la ultraderecha en España, quizás convenga recordar los principales aspectos que, según dejó escrito Umberto Eco, retratan al fascismo, esos inquietantes síntomas que obligan a los demócratas a no bajar nunca la guardia ni un solo segundo, y que me permito resumir y parafrasear a continuación:

1. La ultraderecha rinde culto a la tradición y a las raíces. Y el tradicionalismo es más antiguo aún que el fascismo, que asume sus postulados.

2. Promueve el miedo al diferente. Los fascistas son racistas por definición. Alientan la xenofobia porque consideran a los extranjeros un peligro, y rechazan a las minorías, a los pobres, a los desheredados…

3. Utilizan sin pudor los problemas sociales para sumar adeptos, y se valen para ello de la demagogia y de la necesidad que los frustrados tienen de creer en cualquier promesa, aunque esta sea falsa.

4. Popularizan eslóganes simples y seductores (como “Nosotros primero”, el “American first” de Trump).

5. Generan y expanden sin pudor noticias que son mentira (los “fake news”) para perjudicar al adversario político y reforzar los miedos de aquellos ciudadanos que, desesperados por la adversidad, temen perder lo que ellos creen privilegios y que, en la mayor parte de los casos, suele ser mera calderilla.

6. Los fascistas, conspiradores por naturaleza, viven obsesionados con las intrigas y tienden a ver enemigos y complots por todas partes.

7. El control y la represión están en el adn del fascismo. Por eso sus partidarios combaten la libertad sexual, por eso son machistas y militaristas; por eso infravaloran a las mujeres y combaten la homosexualidad.

8. Son violentos, les gusta serlo y no lo disimulan. Para los fascistas, la acción suele anteponerse al uso de la razón. Utilizan la democracia para llegar al poder y acto seguido se ponen a la tarea para intentar acabar con ella cuanto antes.

9. Cultura no tienen mucha en términos generales los hooligans de los movimientos ultraderechistas, pero sus líderes sí saben cómo utilizar los eslóganes, cómo usar frases que calen y cómo repetir una falsedad mil veces hasta conseguir que parezca verdad.

10. Lo moderno casa mal con la intransigencia de los defensores de las tradiciones. Por eso los fascistas suelen plantearle al progreso y a las ideas de vanguardia una guerra sin cuartel, unas veces con desenfadada grosería y otras con la agresividad y la soltura propias solo de aquellos que se creen impunes (¿quizá con razón en según qué ocasiones?) y no temen demasiado a las consecuencias de sus transgresiones.

En estos diez puntos se resume la mayor parte de los usos y costumbres que definen a la ultraderecha europea, a Trump en Estados Unidos, a Bolsonaro en Brasil y ahora, en España, a Vox. ¡Que los hados nos sean propicios!

J.T.

viernes, 19 de octubre de 2018

Crónica en "El País", el 9.10.18, sobre la presentación de mi libro en Madrid el día anterior


Juan Tortosa: “El periodismo también necesita un 15-M”

El periodista presenta su obra 'Periodistas. Arte de molestar al Poder', un repaso de la profesión desde la Transición a la actualidad

VICENTE G. OLAYA

Madrid 9 OCT 2018 - 00:21

Periodistas. Arte de molestar al poder es un álbum de fotos que comienza en blanco y negro en 1977 en las viejas redacciones del centro de la ciudad llenas de humo, alcohol, máquinas de escribir que repiqueteaban y gritos y acaba a día de hoy en unas naves industriales impolutas en las que los redactores son mudos, sus teclados no suenan y solo escuchan, con los cascos puestos, música de Spotify. Juan Tortosa (Berja, Almería, 1953) ha plasmado en 315 páginas su radiografía del periodismo español, sin venganzas –“no es un ajuste de cuentas, dice”, aunque a continuación deja claro que el 80% de los profesionales “no representa al periodismo decente”. Lo dijo en la librería Alberti donde presentó su “deconstrucción” personal de la profesión rodeado de amigos y compañeros de los numerosos medios de comunicación por los que ha transcurrido su vida profesional.

Tortosa -que inició su carrera en el grupo Zeta y ha trabajado en TVE, Servimedia, Antena 3, CNN+ o Público, entre otros- realiza una “autocrítica tremenda del periodismo, pero a la vez lo ensalza”, según el periodista de RTVE Fran Llorente. “Es un secundario de la vida del periodismo que se convierte en protagonista con esta obra”, añadió.

Tortosa considera que no ha escrito “un libro de batallitas, sino un manifiesto de lo vivido”. Considera que “hay que dar un puñetazo encima de la mesa para que los periodistas seamos lo decentes que debemos ser”, porque el autor está convencido que la mayoría de la profesión no lo es. “El periodismo en España necesita un 15-M. Quiero que mi familia no se avergüence del periodismo, por lo que hago un llamamiento a que seamos más respetables. No me representan los tertulianos, los que llenan los medios”.

Para Tortosa, las empresas periodísticas y los políticos presionan a los profesionales para que se plieguen a sus deseos. "El becario no quiere molestar a su jefe, el jefe al director, este solo quiere mantener su bueno sueldo y, a su vez, no enfrentarse con el dueño, que busca conseguir los créditos que necesita", describe. Quizás, por ello, en sus páginas no muestra mucha piedad hacia políticos y periodistas, si bien hace excepciones con los empresarios Jesús Polanco (Prisa), Antonio Asensio (Zeta) y Juan Tomás de Salas (Grupo 16). “Y todos están muertos”, recuerda melancólico.

Igual de crítico –menciona en el libro a casi 800 profesionales, empresarios y políticos- se muestra con los medios públicos. “Cuando yo trabajaba allí, dedicaba el 80% del tiempo a defenderme de mis compañeros. Y ahora no es mejor por encanallamiento de las redes sociales”, si bien se muestra optimista al señalar: “Pero vamos consiguiendo que los malos no ganen una guerra”. Y remacha: “Deben entender que lo público no pertenece a quien ha ganado unas elecciones”.

Asegura que las críticas que aparecen en su libro “no son personales, sino globales”. “Yo soy el primero que no me tomo en serio a mí mismo. No intento provocar, sino relatar. Es un punto de partida”. Sin ajustes de cuentas.

lunes, 15 de octubre de 2018

¿De verdad no les produce vergüenza ajena verse representados por tamaños iletrados?

Tengo amigos de derechas que acreditan una sólida formación universitaria. Algunos son bibliófilos empedernidos, de esos capaces de gastar mañanas enteras de domingo rastreando incunables en la madrileña Cuesta de Moyano, o de peregrinar incansables de exposición en exposición hasta tenerlas vistas todas. Otros han publicado libros imprescindibles, y también suelo frecuentar viejos profesores de quienes aprendí a trabajar con solidez y seriedad y a no dar un dato por bueno hasta tenerlo completamente verificado. Por lo general son intelectuales solventes y rigurosos, a menudo insatisfechos con su nivel de conocimientos y cuya aspiración, a lo largo de su carrera, ha sido esforzarse duro, con rigurosos y acreditados trabajos, para hacerse respetar en el ambiente intelectual al que pertenecen. Investigadores exigentes con los demás, pero también consigo mismos, que votan al PP desde que los conozco, antes a Alianza Popular o a UCD, pero cuya insatisfacción intelectual y ganas de contribuir a avanzar en las materias en las que se especializaron marcaron siempre sus ocupaciones diarias. Algunos, en tiempos, llegaron a dedicarse a la política y siempre hemos discutido y discrepado con firmeza, pero jamás de una manera estridente ni superficial.

A muchos de ellos, la vida te va dispersando, hace tiempo que no los veo pero a otros, con quienes aún coincido les pregunto, con el respeto que me merecen y sin ninguna intención de hacer demasiada sangre, cómo han podido permitir que las cosas en su partido hayan degenerado tanto, cómo es posible que quienes ahora parecen llevar la batuta apuesten por el encanallamiento analfabeto y no tengan ningún pudor en subirse a las tribunas para soltar auténticas barbaridades que luego los telediarios magnifican para mayor vergüenza y oprobio de la derecha civilizada y culta de toda la vida.

No tienen respuesta para esto, mis amigos de derechas. Ellos también están avergonzados, y algunos entienden que es un mal menor del momento que nos toca vivir y parecen aceptarlo resignados. El PP de los gestores con currícula solventes, que los hubo, la derecha de intelectuales como Calvo Sotelo, Alfonso Osorio, Ruiz Gallardón, Luis Alberto de Cuenca, Areilza, Antonio de Senillosa, incluso el mismísimo Manuel Fraga, políticos con reconocida y sólida formación, se ha transmutado en el PP de Egea, Casado o Levy,  jovenzuelos desprejuiciados resueltos a moverse sin vergüenza en el mundo de las barbaridades, las mentiras, las frases hechas, los chistes fáciles y las inexactitudes históricas.

Las cosas que dice y hace Pablo Casado desde que fue ungido líder del PP solo son comparables a las monstruosidades que profiere Albert Rivera, ambos mediocres universitarios cuyos pobres y cuestionados curricula devalúan el prestigio de las universidades donde presuntamente estudiaron. Tales comportamientos deprecian la dignidad de las instituciones que albergaron a alumnos, ahora líderes políticos, que no parecen tener ningún interés en respetar la dignidad y la importancia de los puestos que ocupan.

Mis amigos ilustrados de derechas comparten conmigo estos análisis y reconocen el bochorno que sufren de un tiempo a esta parte viéndose representados por tamaños indocumentados. Pero como la guerra es la guerra, negarán siempre haberme admitido lo que yo ahora cuento que les tiene avergonzados. ¡Pena!

J.T.



domingo, 14 de octubre de 2018

Making off de 'Periodistas. El arte de molestar al poder'. Publicado el 8.10.18 en "Huffpost"


"Hace ya algunos años que mi amigo Fernando Valls, crítico literario y profesor universitario de Lengua y Literatura, me lo venía diciendo: la colección de experiencias acumuladas a lo largo de mis décadas de trabajo como periodista bien podían convertirse en un libro. La primera vez que me lo sugirió empezaba a ser común disponer de un blog en internet. Allá por 2008 mi compañera Salomé Machío llegó una mañana a la delegación de CNN+ en Andalucía dispuesta a que todos nos abriéramos una cuenta en Facebook y un blog. Con lo de Facebook tuvo suerte, pero en cuanto al blog el acuerdo al que llegamos fue abrir uno conjunto que podríamos actualizar de manera alterna cuatro compañeros de la redacción: ella, Ana García Benítez, Alberto Navarro y yo.
Al blog lo llamamos Las carga el diablo y nuestra intención inicial fue dejar constancia por escrito del funcionamiento de la delegación andaluza de CNN+ y Cuatro, de nuestros avatares durante las coberturas de actualidad recorriendo de punta a punta Andalucía, el norte de África y el sur de Portugal y Extremadura. Pero al cabo de varios meses, el único que actualizaba el blog era yo, así que cuando mis entradas en solitario cumplieron el primer año, mis compañeros me cedieron el blog en herencia y yo decidí añadirle un subtítulo: "Periodismo y otras hierbas".
¿Podría ser ese el libro, una selección de los artículos que yo había escrito sobre el oficio de contar historias?
De vez en cuando, mi amigo Fernando me preguntaba por el libro y yo no sabía qué contestarle porque no acababa de animarme. Pero tras el cierre de CNN+ y mi marcha de Cuatro, cuando Las carga el diablo pasó a publicarse en el diario Público y los pinchazos se dispararon, volví a darle vueltas a la sugerencia de mi amigo. De los centenares de entradas que acumulaba ya, un considerable porcentaje estaba dedicado al periodismo y a los periodistas. ¿Podría ser ese el libro, una selección de los artículos que yo había escrito sobre el oficio de contar historias?


ROCA EDITORIAL

Decidí agruparlos por temas y elaborar un índice: la manipulación, la propiedad de los medios, la dificultad de los profesionales para escribir en libertad, la precariedad laboral, la pesadez de los políticos metiendo siempre las manos en las televisiones públicas, el futuro del periodismo digital, la decadencia de la prensa de papel... la siempre difícil relación, en definitiva, entre los periodistas que quieren hacer bien su trabajo y los poderosos que hacen todo lo posible por impedirlo.
Todo eso podía ser la columna vertebral del libro definitivo, pero en una primera selección llegué a reunir casi seiscientas páginas, así que me dispuse a cribar, mientras el tiempo continuaba transcurriendo y yo escribía y retocaba sin acabar de dar con el enfoque adecuado. Pensé en titularlo El oficio más canalla del mundo y, tras una concienzuda elaboración en la que más de tres cuartas parte del nuevo manuscrito nada tenían que ver con los textos del blog, imprimí para corregir sobre papel unas cuatrocientas páginas cuyo contenido no me desagradaba. Pero faltaba el gancho.
Al tiempo yo continuaba actualizando el blog, y muchos de los artículos nuevos que escribía también encajaban en el proyecto que me traía entre manos. Más páginas, pues, que venían a engordar el tocho sin que yo acabara de dar con la tecla. Aquello crecía pero había algo que me echaba para atrás a la hora de dar por bueno el trabajo acumulado. Para Fernando, lo interesante era que, durante los últimos cuarenta años, yo había trabajado en redacciones de muy distintos medios (periódicos, revistas, radio y televisión) y desde esa posición había sido testigo privilegiado de lo que había ocurrido en España desde que comenzó la Transición hasta que el fenómeno Podemos irrumpió en el escenario político.
¿Unas memorias, entonces? ¿Un manual de periodismo, quizás? Igual podía funcionar como ensayo, dado el volumen de citas bibliográficas que iba incluyendo. Entre citas y notas a pie de página volví a superar las doscientas mil palabras. Y con ellas, ya jubilado, me dispuse a viajar por Europa tomando como cuartel general en un primer momento la casa en Berlín de mi hija Patricia. Fue allí, durante un día de trabajo en la cercana biblioteca pública de Brunnenstrasse, donde recordé cómo en su libro La orgía perpetua, Vargas Llosa nos cuenta la crueldad de los amigos de Flaubert con algunos de sus escritos y cómo estos le decían que, tomadas una a una, las historias que contaba estaban muy bien, pero les faltaba un hilo que las uniera para poder componer el collar.
A mi presunto libro le faltaba un hilo para contar la historia. Y entonces fue cuando decidí que el hilo sería yo.
El hilo. Esa era la cuestión. A mi presunto libro le faltaba un hilo para contar la historia. Y entonces fue cuando decidí que el hilo sería yo. Por un lado reescribía a toda velocidad y por otro enhebraba, y tras ese proceso llegó el de adelgazamiento. En esas estaba cuando, en febrero del 2017, coincidí con Fernando Valls en Berlín y le enseñé el borrador.
Sin perder un minuto, al tiempo que lo leía, Valls inició una labor de edición con el manuscrito que pensé duraría dos o tres jornadas como mucho. No sabía lo equivocado que estaba. Su trabajo era tan minucioso y preciso que, cuando llegó el día en que yo tenía previsto iniciar un viaje por distintos países de Europa del Este, aún íbamos por la página cuarenta de un original cada vez menos voluminoso. Fernando me dijo que el viaje no suponía ningún problema: me iría enviando sus correcciones y sugerencias por correo electrónico y yo podría ir incorporándolas al texto allá donde estuviera.
Así que un viaje en el que tenía pensado dedicarme a tomar notas de mis experiencias para ir contándolas en el blog cambió por completo de enfoque. A mis caminatas por cada ciudad que visitaba se sumaba el trabajo de corrección de mi libro a medida que recibía los envíos de mi amigo Fernando. Y a la necesidad de encontrar dónde realizar este trabajo en condiciones óptimas tengo que agradecer gozosas experiencias en los institutos Cervantes de Praga y Belgrado, la biblioteca universitaria de Budapest o la Gazi Husrec-bey's Library de Sarajevo en el barrio turco, un lujoso edificio financiado por el emirato de Qatar donde daba gusto trabajar.
Llegaban las revisiones de Fernando y yo percibía cómo, gracias a sus sugerencias, sus análisis y sus criticas, el libro se enriquecía e iba tomando más cuerpo. Del borrador inicial al que ya por entonces nos ocupaba, habíamos dejado en el camino cerca de ochenta mil palabras. En octubre del año pasado quedamos citados en su despacho de la Universidad Autónoma de Barcelona para llevar a cabo el penúltimo repaso. Con unas ciento cuarenta mil palabras dimos el libro por terminado mientras me proporcionaba un último consejo: dejar reposar el texto unas seis semanas, leerlo entonces una vez más, y si el resultado no me desagradaba, habría llegado el momento de ponerme a buscar editorial.
Sobre que la empresa ideal para publicar el resultado de mi trabajo era Roca Editorial existía cierta unanimidad entre los compañeros y amigos, expertos en la materia, que consultamos Alicia Gómez Montano y yo. No se equivocaron. Blanca Rosa Roca, su directora, a quien conocía desde mis tiempos en el Grupo Zeta, mostró su interés desde el primer momento. Lo leyó y me comunicó su decisión de publicarlo. El texto final llegaría tras la edición realizada por Enrique Murillo. A pesar de las quince mil palabras más que me hizo quitar, conocer a Enrique ha sido otro regalo más para esta aventura en la que ahora debuto".
***
'Periodistas. El arte de molestar al poder' (Roca Editorial) se presenta este lunes 8 de octubre en la librería Rafael Alberti de Madrid.

sábado, 13 de octubre de 2018

Artículo de Emilio Ruiz sobre mi libro, publicado en "La Opinión de Almería" y "La Voz de Almería". Copio y pego



Juan Tortosa, de ‘La Soli’ a ‘La Tuerka’ pasando por 'La Voz'

Emilio Ruiz, 10.10.18

➤ Durante 40 años, de 1939 a 1979, se publicaba en Barcelona La Soli, nombre familiar con el que se conocía al periódico Solidaridad Nacional, editado por Prensa y Radio del Movimiento. Tras la caída del régimen, nadie lo leía. Su último director, entre 1975 y 1979, fue un almeriense, el abderitano Francisco Gutiérrez Latorre, más conocido por su labor como presidente de la Casa de Almería en Barcelona que como director de un periódico. Fue precisamente en este singular diario donde Juan Tortosa (Berja, 1953) hizo sus primeras prácticas de Periodismo. Los paisanos están para algo, y en la vida profesional de Juan Tortosa, para algo más que algo, como él mismo reconoce.


Desde entonces han transcurrido más de cuatro décadas. La vitalidad e inquietud de Juan Tortosa permanecen intactas a los ojos del lector de sus artículos, si bien posicionadas lejos de los herederos de aquella forma de hacer periodismo –con el que nada ha tenido que ver en su carrera- y cerca de las nuevas formas de estilo e ideológicas que marcan medios como Público o La Tuerka próximos a los postulados ideológicos de Podemos. El almeriense incluso ha sido propuesto por este partido para formar parte del Consejo de Administración de la nueva RTVE.

Condensar cuarenta años de actividad profesional periodística en un solo volumen es una tarea difícil. Juan Tortosa tiene la ventaja de su habilidad y de su experiencia. En Periodistas: El arte de molestar al poder (Roca Editorial, octubre de 2018) lo hace con esmero y ágil estilo, incluso descendiendo a detalles que pueden parecer nimios para el lector poco introducido en ese mundo y aquella época. No es mi situación ni en un caso ni en otro, y por eso me he dado un atracón de placer.
La suerte, si es que no el privilegio, de Juan Tortosa es que su carrera profesional la ha disfrutado por los más diversos escenarios
La suerte, si es que no el privilegio, de Juan Tortosa es que su carrera profesional la ha disfrutado por los más diversos escenarios. La empezó, prácticas aparte, como se solía empezar por aquel tiempo, y por éstos: echando mano de los amigos. Los paisanos, otra vez, en esta ocasión Jerónimo Terrés, cofundador de Interviú y del Grupo Zeta. Le asignaron la dirección de dos revistas eróticas, Lib y Yes, donde reconoce que era un director de paja. A cambio, recibía un buen salario y numerosas citaciones judiciales.

Juan Tortosa, con su nuevo libro
A finales de los 70 Juan Tortosa cambió Barcelona por Madrid para activar El Periódico de Madrid y una revista que pretendía competir con el¡Hola!de nombre Protagonistas. Los dos proyectos fracasaron y se apuntó al INEM. En el paro, otra vez recurrió a la agenda del paisanaje: en Pueblo, en 1983, estaba de director José Antonio Gurriarán, hermano de la concejala socialista de Almería Charín Gurriarán, madre de Carlos Santos. Le encargaron un suplemento ecologista. Tras pasar por Informe Semanal, donde ganaba más prestigio que dinero, Carlos Santos se lo llevó a Cambio 16. Un día bajó a Andalucía a hacer un número especial sobre nuestra tierra. Aquí, nuevamentese tropezó con otro paisano, Miguel Ángel Urquiza, que era director general de Comunicación de la Junta. Ni qué decir tiene que acabó en Canal Sur. Le asignaron la corresponsalía en Madrid.

No es amigo Tortosa de embadurnar su libro de anécdotas. Pero hay una que produce asombro. Cuenta que un día de 1989 tenía que acompañar al presidente Rodríguez de la Borbolla a Lyon a una reunión del Consejo de las Regiones. Viajó desde Madrid con un fotógrafo “y el presidente desde Sevilla, solo, sin nadie que le acompañara. Quedamos la víspera en el hotel de Lyon, donde los tres  cenamos juntos”. ¿Quién pagaría la cuenta? “Cada uno lo suyo”. Echando mano de los tópicos habría que decir que el virgitano actuó más como catalán que como almeriense. Y el presidente, inaudito: “Seguro que vosotros tenéis mejores dietas que yo”. Las cosas de Pepote.
En la dirección de Diario16 Málaga se encontró con un director de la edición matriz sevillana que no estaba por la labor de hacerle la vida fácil: Francisco Rosell
Tras su paso por la nuestra, Juan Tortosa continuó con su peregrinar profesional, a cual parada más interesante. En la dirección de Diario16 Málaga (otra vez dos paisanos, Juan María Rodríguez, que lo recomendó, y Jesús Pozo) se encontró con un director de la edición matriz sevillana que no estaba por la labor de hacerle la vida fácil: Francisco Rosell. Tortosa tiene palabras de alabanza para mucha gente: Polanco (Prisa), Asensio (Zeta), Salas (Cambio 16)… El hoy director de El Mundo no entra en ese apartado. Después vendría Servimedia, Quién sabe dónde (TVE), La sonrisa del Pelícano (A3TV), la delegación andaluza de CNN+, Cuatro, el departamento de prensa de la UGT Andalucía… y su blog Las carga el diablo, sintonizado con los medios afines a Podemos. Última entrada: “El peligro real es Ciudadanos”. Hombre, Juan…

Un capítulo de Periodistas… lo dedica Juan Tortosa a su paso por La Voz de Almería. Había recibido una buena indemnización de TVE y decidió tomarse un año sabático, y para ello eligió su tierra. El mono profesional le desesperaba. Fue a La Voz a saludar a su amigo José Luis Martínez, editor del periódico, que conocía desde el paso de ambos por la televisión pública. Pedro Manuel de la Cruz le ofreció coordinar la edición de los lunes en sustitución de Antonia Sánchez, que estaba de baja por maternidad. El trabajo “me dejaba libre los días laborables y me permitía tomarle el pulso a los asuntos que se cocían en mi propia tierra”. Fue a los ocho meses cuando recibió el encargo de poner en marcha la corresponsalía andaluza de CNN+.
Las autobiografías siempre presentan el punto de vista de parte interesada, como es obvio, pero el valor de la narración de Juan Tortosa es que transmite credibilidad, sinceridad y honestidad
Periodistas: El arte de molestar al poder es un valioso documento para conocer los entresijos del periodismo en los años del postfranquismo. Las autobiografías siempre presentan el punto de vista de parte interesada, como es obvio, pero el valor de la narración de Juan Tortosa es que transmite credibilidad, sinceridad y honestidad. Huye de anécdotas inocuas para adentrarse en los tejemajes profesionales del periodismo, y también en los empresariales, un mundo este último en el que nunca ha querido ser protagonista porque entre el ejercicio periodístico y el ejercicio de la gestión, siempre se ha inclinado por el primero. “Ahora, a los gerentes solo les falta confeccionar ellos mismos el planillo de los periódicos y las revistas; y a los productores de televisión, las escaletas de los informativos”, denuncia. Según comunica Tortosa, la primera remesa del libro enviada a Almería se ha agotado a las pocas horas. No es extraño. Merece la pena leerlo.



viernes, 12 de octubre de 2018

Copia y pega de mi entrevista en eldiario.es

Cuarenta años dedicado a la misma profesión dan para mucho. Cuando Juan Tortosa empezó a trabajar, tras haberse licenciado en la primera promoción de Periodismo de la UAB, seguía vigente el delito de escándalo público según el cuál era fácil verse entre rejas si publicabas un artículo considerado inmoral para la justicia heredera del franquismo. Bastaba con una foto de un pecho - como las que hoy censura Facebook-, o un comentario malsonante para verse declarando en un juzgado. Incluso existía un Registro Oficial de Periodistas en el que era indispensable figurar para ejercer.

Inició su carrera en el grupo Zeta, y desde entonces ha trabajado desde en publicaciones eróticas hasta en suplementos sobre ecología . En los ochenta trabajó en Antena 3 Radio y en Informe Semanal. A las puertas del nuevo milenio creó la corresponsalía andaluza de CNN+ y la de Cuatro. Dice que nunca buscó vivir los acontecimientos que relata, pero su carrera le ha llevado a ser testigo desde una redacción del 23-F, el 11-S, el 11-M, la entrada de España en la OTAN, las primeras elecciones europeas, los gobiernos desde Suárez hasta Rajoy, el nacimiento de la televisión privada y la llegada de Internet.
Juan Tortosa es un pedazo vivo de historia de la comunicación de nuestro país. Tiene muy interiorizado el panorama periodístico español y sus etapas. Ahora, él mismo se encarga de repasar su trayectoria, lo que le ha tocado vivir y cómo ha evolucionado la España mediática desde el 77 hasta hoy. Lo hace en su libro Periodistas: el arte de molestar al poder, que publica Roca Editorial. Cuando saluda, te llama compañero si vienes con grabadora en la mano y mochila a las espaldas. 
¿Cómo nace Periodistas,  y por qué decide repasar su trayectoria precisamente ahora?
Todo empezó hace diez años cuando nació Las carga el diablo, un blog coral que iniciamos en la redacción de CNN+ y Cuatro en Andalucía. En teoría era para ir volcando todas nuestras experiencias en la profesión. Ten en cuenta que esta redacción no solo cubría lo que acontecía en Andalucía, también la costa de África, Ceuta, Melilla, Marruecos, sur de Portugal, Gibraltar… Igual podíamos estar viendo como metían en la cárcel al alcalde de Marbella, como asistiendo a como un submarino nuclear atracaba en Gibraltar, o recogiendo muertos en una patera dos minutos antes de salir en directo.
Sin embargo, aunque era un tema común y participaban muchas personas, me fui quedando solo en su actualización. Cuando descubrí que llevaba un año escribiendo yo solo, les pedí permiso para llevarlo yo. Y entonces decidí dedicarlo a reflexionar sobre el periodismo y su relación con la política. Ahora hace tres años me dio por pensar qué pasaría si recopilaba todo lo que había escrito en ese blog. Lo volqué a un Word de tropecientas páginas que no daba para un libro, sino para tres.
Y empezó la labor de cortar y podar…
Tanto corté y podé que con el paso del tiempo, dando enfoque y análisis, de lo que era el blog a lo que es este libro quedará un 15%, como mucho. Quien haya seguido mi blog todos estos años, que no creo que haya nadie tan insensato, reconocerá en el libro pocas cosas, porque el proyecto fue creciendo solo.
En determinado momento me di cuenta de que sí, que el material estaba bien pero que parecía más una colección de retazos. Por aquel entonces andaba leyendo un libro de Vargas Llosa que se llamaba La orgía perpetua y que hablaba de Flaubert y la creación de Madame Bovary. Y en aquel libro Vargas Llosa contaba la desesperación de Flaubert cuando le decían: 'esto es muy bonito, pero son las piedras de un collar, te falta el hilo con el que atarlas'. Y de pronto me di cuenta de que ese hilo no era otra cosa que yo mismo.
Esta deconstrucción pasa por sus primeros años en revistas eróticas. Dice que nunca nadie fue procesado por escándalo público tantas veces como usted. ¿Cómo cree que ha cambiado este panorama, viendo como hoy en día los periodistas de este país siguen terminando en los juzgados por contar la verdad?
Creo, de hecho, que ha habido un retroceso de un tiempo a esta parte. Afortunadamente la situación jurídica no es la misma que recién muerto Franco. Quiero decir, que entonces había un Código Penal cuyo artículo 431 te mandaba directamente a prisión, te multaba con 600.000 pesetas de la época, y te inhabilitaba durante seis años para ejercer la profesión tan solo por sacar una teta en portada.
Al final yo no fui a la cárcel y ese Código Penal se reformó. La Transición fue lenta pero –salvando las distancias–, ahora parece tener más similitudes con la actualidad de las que podríamos pensar. En la Transición los periodistas luchábamos contra determinadas fuerzas institucionalizadas herederas del franquismo, ahora percibo que sucede algo similar con los herederos de aquellos a los que se les ganó la partida. Es decir, algo se debió dejar a medias cuando ahora resucitan según qué fantasmas…
"Necesitamos desenmascarar a quienes creen que el periodismo funciona gracias a la connivencia con la política"
No tenemos ese Código Penal pero sí Leyes Mordaza que hacen que exista miedo a decir ciertas cosas, o a publicar según qué informaciones.
Tal vez es, simplemente, que yo he tenido mucha suerte en mi trayectoria. Pero no te puedo negar que entonces no veía el encanallamiento en los medios que ahora percibo, ni tampoco la división que es norma hoy. A lo mejor eran otros los empresarios que eran dueños de los medios, a lo mejor eran otras las hipotecas que arrastraban, pero yo percibía un aire de renovación y un atrevimiento a publicar a pesar de los riesgos, que hacía que el sector tuviese cierto frente común.
El carácter del medio en el que trabajas siempre condiciona tu trabajo, pero ahora cada vez pasa más que de lo que tiene miedo un redactor es a perder su precario contrato si molesta a su jefe inmediato, o al director, o no cumple con una cuenta de resultados.
De hecho, en el capítulo en el que reflexionas sobre el miedo a las represalias en la comunicación contemporánea, dices que a veces "tenemos más miedo a quedarnos sin trabajo que a jugarnos nuestro prestigio profesional". ¿La precariedad es un signo inherente al periodismo de mi generación?
Siempre ha habido un punto de precariedad en el mundo del periodismo, aunque en aquella época sí se podían pagar las facturas. Pero todo ha cambiado en muchos sentidos. Me refiero a que entonces solo teníamos tres facultades de periodismo en toda España. Hoy seguro que son más de treinta y tres. ¡Tenemos miles de licenciados en periodismo al año!
Cuando tú pones esos miles de profesionales en el mercado cada año, y lo multiplicas por décadas, te das cuenta de que el tiempo ha abaratado la carne de periodista. Y eso se lo pone mucho más fácil a los que mandan: si un redactor se pone tonto porque cree que es insustituible, rápidamente descubrirá que está equivocado porque por lo que ganaba él, el gerente ahora contrata a tres.
En las facultades siempre se habla de una época pretérita, y se habla con romanticismo de ella, así que es comprensible que muchos periodistas jóvenes se sientan estafados.
Yo sé que lo que estoy diciendo es probablemente una postura romántica e imposible a medio o largo plazo, pero… ¿no habrá un término medio? Es verdad que el Grupo 16 al final se arruinó, que el Grupo Zeta no es lo que era, que el Grupo Prisa fue Dios en España y ahora está en manos de especuladores y buitres financieros, pero tal vez podamos aspirar a un término medio. 
Uno que haga que la propiedad de la empresa ayude a que quien trabaja para ellos, empezando por el propio director, pueda apostar por el periodismo sin ningún tipo de hipotecas. Soy consciente de la servidumbre publicitaria también, pero es otro debate. Y ten en cuenta que hablamos de empresa privada, porque si cogemos ya a los medios públicos, la cosa cambia a peor.
Porque se supone que son un servicio público…
No, 'se supone' no: lo son constitucionalmente hablando. Pero no hay político que yo conozca que no aspire a acaparar el máximo de poder, a ganar unas elecciones, y que no esté convencido de que con ese poder le llega también la televisión. ¡Creen que todo va en el kit  de acceder al cargo! ¡Y no hay manera de convencerlos de lo contrario!
¿Y cómo hemos llegado a esto? ¿Ya pasaba en el 77?
Esto ha pasado siempre, con la diferencia de que en aquellos años solo había una televisión pública que además era heredera de una manera de hacer las cosas durante el franquismo. Pero fíjate, yo creo que ayudó el hecho de que Adolfo Suárez hubiese sido director de RTVE, para que entendiese que las cosas en ese ente se debían hacer de otra forma. Hubo un cambio brutal y estaba plagado de profesionales interesantes. Pero no duró mucho.
Después de aquella época comenta que los sucesivos gobiernos de Felipe González, dada su falta de respeto a la libertad de expresión, habían ido acumulando hechos para enfadar a muchos miembros de la profesión periodística.
No sé cómo lo expreso pero eso no responde a mi idea de Felipe González. No creo que despreciase la libertad de expresión. Era y es un demócrata. Lo que sí descubrieron como partido, y quizás más con Alfonso Guerra -que era quien tenía a un amigo íntimo en la dirección general de la televisión llamado Calviño-, fue que la televisión era un elemento de propaganda potentísimo.
Pero bueno, volviendo a lo de Felipe González, no creo que lo diga así. Si nos referimos al González de ahora, sin ninguna duda. Pero entonces yo no tenía esa sensación. A él le ha pasado como al chiste del tipo que de banderillero de torero se convertía en Gobernador Civil. Entonces un obrero le preguntaba a otro: '¿Y cómo es posible?'. Y el otro contestaba: 'Pues degenerando, ¿cómo si no?'. Yo creo que él ha degenerado mucho, él sabrá por qué.
¿Y qué ha pasado para que los medios en nuestro país vean mermada su salud y su independencia? ¿Es posible volver recuperarse?
Creo que es fundamental desenmascarar a quienes creen que el periodismo funciona gracias a la connivencia con los políticos. Puede que durante la Transición este acercamiento tuviese sentido porque todos, políticos y periodistas, luchaban por lo mismo: la libertad de expresión, la modernización del país, la universalización de la sanidad y la educación, y una justicia independiente mucho más acorde con los tiempos.
Así que en aquella época estaban todos en la misma línea. Pero, ¿qué pasa cuando gana el PSOE? En este país, periodistas y políticos confunden los papeles y olvidan que, tal vez, ya no tienen que ser tan amigos. La obligación del periodista en aquella fase tendría que haber sido apartarse y vigilar al poder, pero hubo mucha, muchísima connivencia entre ambos mundos.
Y todo esto, con el tiempo, ha degenerado. Cuando el boom del digital ni te cuento, porque nacieron muchos portales que nadie sabía como se financiaban. Entonces aparecen medios como Periodista Digital u OKDiario. Medios que nacen antes que Público, que Infolibre o que el mismo eldiario.es. Pero mientras que a los primeros todo el mundo les pide explicaciones sobre su financiación, de los primeros nadie sabe nada. Esta connivencia se ha extralimitado tanto, y se han ido escorando tanto las posiciones, que parece que hayamos asistido a un ambiente de guerracivilismo. Y esto me asusta.
En la presentación del libro comentaba que el problema que tenemos ahora mismo en la comunicación en España es que la política ha tenido su 15M, pero el periodismo no. En la política ha salido a la calle gente de tu generación para decir 'no nos representáis', hace falta que los periodistas salgan a la calle diciendo 'no nos representáis'.
¿Cree que este ambiente crispación también es consecuencia de cómo vivimos el hecho comunicativo en redes sociales?
Mira, un instrumento es satánico o beatífico dependiendo del uso que se le da, no del instrumento en sí. Un bisturí se puede utilizar para operar un corazón, o para metérselo a alguien en el pecho y matarlo. Creo que Internet y lo que significan las redes sociales ha cambiado nuestras vidas para bien.
Dicho esto, es posible que la administración de ese instrumento haya podido propiciar un ambiente de enfrentamiento. Pero es que antes no teníamos la posibilidad siquiera porque los medios tenían el monopolio de la información. ¡Bendita sea esa posibilidad! ¡Bendita la desaparición de los privilegios de quienes se creían impunes porque controlaban lo que la gente debía saber! Es absolutamente positivo que las redes sociales hayan traído una democratización del hecho informativo. Ahora quien tiene algo que decir y no tiene dónde hacerlo, puede hacerse oír en redes.
Me parece que eso es de una grandeza que ha cambiado la historia de la comunicación. Pero ha sido tal el terremoto que han generado que aún estamos mareados. Nos queda mucho, muchísimo que avanzar y aprender en este terreno.

domingo, 7 de octubre de 2018

El peligro real es Ciudadanos



Del PP ya lo sabemos todo, pero de Ciudadanos, muy poco, quizá porque aún no han tocado pelo por mucho que hayan servido de muleta a diestra y a siniestra. Del PP sabemos que son ladrones, mentirosos, gamberros, tramposos, que tienen a una amplia nómina de sus antiguos prohombres procesados y a algunos de ellos, pocos aún, en la cárcel cumpliendo condena por meter la mano donde no debían. Pero los jovenzuelos y jovenzuelas de Ciudadanos parecían buenos chicos. Guapos, repeinados, limpios y redichos. Y lo son, todo eso lo son, pero también son, lo llevo avisando tiempo, más amorales que el PP, más indocumentados y más irresponsables, que ya es decir.

La ridícula competencia en la que han entrado para ver quién es más español, quién se envuelve con más garbo en la bandera nacional produce vergüenza ajena, pero también miedo. Porque estos novatos son capaces de cualquier cosa que entiendan les puede beneficiar. Ni cien balcones con banderas de España en los Remedios de Sevilla o en el madrileño barrio de Salamanca me preocupan tanto como me preocupa Rivera en un mitin andaluz sin banderas andaluzas o los aires agresivos de Inés Arrimadas en la tribuna del parlamento catalán con la bandera en la mano, enseña que, por otra parte, figuraba ocupando el espacio constitucional que le corresponde justo a sus espaldas. Si quería referirse a ella, bastaba con que la hubiera señalado. Pero no, ellos quieren la foto, porque en Ciudadanos, carentes de mensajes u ofertas que seduzcan al electorado, sobreviven a base de fotos y de brindis al sol.

El lechuguino de Rivera, más lechuguino que Casado que ya es decir, no ha realizado una propuesta clara desde que se despelotó para presentarse en sociedad cuando tenía veintiséis años. Es don me opongo, don criticón, pero propuestas cero: la nada envuelta en celofán y adornada con la habilidad dialéctica que adquirió compitiendo en olimpiadas de debate durante sus tiempos universitarios. Pero poco más.

Todo lo que han hecho desde que existen pone los pelos de punta: los pactos en Andalucía con el PSOE o en Madrid con el PP, esa manera de desperdiciar la oportunidad para hacer oposición responsable y constructiva en Catalunya… Pero no, mejor echar gasolina al fuego y si revienta todo, que reviente. No me cansaré de repetirlo: el peligro real es Ciudadanos, porque a los demás ya los conocemos. Un peligro que ha aumentado sobre todo desde que el discurso fascista de Vox viene echándoles el aliento en la nuca tanto a ellos como al PP y ambos partidos, temerosos de perder un millón de votos por el flanco más radical en las próximas elecciones generales, no dejan de competir a diario a ver quién suelta el despropósito más gordo. Luego no me digáis que no avisé con tiempo.

J.T.

martes, 2 de octubre de 2018

Calvo y Celaá derrapan al hablar de libertad de expresión


Cien días en el poder y ya empieza a estorbarles la prensa. ¡Uy, uy, uy, peligro! Hace unos días, Carmen Calvo no pudo evitarlo y, con la coartada de los fake news, durante la inauguración de unas jornadas de la Asociación de Periodistas Europeos, pronunció la palabra maldita: regulación. “La libertad de expresión, dijo, no lo resiste todo, no lo acoge todo. Es el momento, añadió, de empezar a reconsiderar la situación saliendo del dilema regulación o autorregulación".  Y yo lo siento mucho, pero cuando escucho la palabra regulación en boca de alguien con poder, inmediatamente desenfundo. ¡Lagarto, lagarto! Que sí, que el acoso es mucho, que el bombardeo por tierra, mar y aire es constante ¿Y qué? Pues a aguantarse tocan, señora vicepresidenta ¿No tiene usted a nadie cerca que se lo recuerde? ¿acaso están ya sus asesores haciendo dejación de funciones y diciéndole solo lo que usted quiere oír para no poner en peligro sus puestos de trabajo? Demasiado pronto, ¿no?

Los pelos de punta se me pusieron también este lunes cuando escuché en la Ser a Isabel Celaá continuar por el mismo camino: “Cada viernes, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, le dijo la ministra a Pepa Bueno, me encuentro con preguntas que son de entrada condenatorias cual sentencia de tribunales y esto, obviamente, arrolla la libertad de expresión y toda presunción de inocencia". Puede ser, pero… ¿y qué? ¿Nadie le ha dicho a la responsable de las relaciones del gobierno con los medios de comunicación que tiene que aprender a tragar, poner buena cara y contestar las preguntas con el mejor temple posible por mucho que le molesten?

Sí, señora ministra, a mí tampoco me gustan según que compañeros de profesión y tengo dejada cada clara constancia de lo mucho que me avergüenzan algunas primeras páginas de diarios o la amoralidad manifiesta de según qué tertulianos. Pero que la actitud impresentable de este tipo de personajes le sirvan a usted y a la vicepresidenta para insinuar algún tipo de control, eso ni en broma. Eso no autoriza a ningún ministro ni ministra de ningún gobierno a pontificar como hizo usted este lunes: “Yo creo, añadió, que hace falta hacer una reflexión conjunta, juntamente con los medios de comunicación para deslindar la verdad de la posverdad. Estamos sufriendo mucha moda extranjera casi, desde Estados Unidos (fake news…) que estorba muchísimo lo que es la verdad periodística que debe ser una verdad basada en datos y contrastada. Y hacer una reflexión con los medios de comunicación es importante.”

Uf! Cómo se le vio el plumero, señora Celaá. ¿Qué reflexión, con qué medios, con qué objetivos? ¡Uy, uy,uy! Luego remató afirmando que “la libertad de prensa es fundamental para sostener una democracia”. Si de verdad cree esto último, ¿a qué vienen según qué insinuaciones? Ni en broma, señoras ministras, alusiones sobre posible control de los medios, ni una, ¿está claro? La libertad de expresión tiene sus servidumbres y ampara a muchos miserables. Es una putada, sí, pero es así, y ahí el poder no tiene nada que decir. Y si lo tiene, malo.

El intento de Carmen Calvo de dotarse de autoridad moral recurriendo a otros países de Europa resultó inquietante: "Están tomando –dijo la vicepresidenta- decisiones sobre regulación, es decir, de intervenir; se lo están planteando Francia, Alemania, Reino Unido e Italia, que están abandonando el famoso eje de que la mejor ley que regula el ámbito de la libertad de expresión y del derecho a la información es la que no existe". ¿Cómooooo? ¡Nos está diciendo la vicepresidenta de un gobierno de cambio y progreso que hay que regular? Pues eso parece, sobre todo cuando añadió: “La UE tendrá que empezar a revisar de forma conjunta la legislación sobre este asunto porque los países miembros necesitan "seguridad".

Estas tentaciones, de las que no parece librarse nadie apenas toca poder, hay que denunciarlas bien alto y muchas veces, porque no son una anécdota ni mucho menos. La libertad de prensa les molesta, les toca soberanamente las narices por mucho que cuenten hasta cien antes de hablar. “Hay medios de comunicación muy exquisitos, derrapó  Celaá para rematar este lunes en la Ser, que a veces amplifican la primera toma de contacto del gobierno con respecto a un tema, donde puede producirse alguna disfunción, y se alejan del resultado final, cuando el Ejecutivo ya ha sido capaz de hacer una buena gestión” Traducción: (sé que no hace falta, pero por si acaso) “Jo, es que son muy malos los medios, cuando nos equivocamos hacen sangre sin piedad y cuando rectificamos van y se callan."

Puede ser, señora portavoz, pero si así fuera, ¿qué pasa? ¿dónde está el problema? Que sí, que les doy la razón, a usted y a Calvo, que hay mucho impresentable dirigiendo medios y no digamos ya entre los empresarios de prensa. Pero esas son las reglas del juego. Métanselo bien en la cabeza, por favor. No jueguen con las cosas de comer y tengamos la fiesta en paz. Ustedes a gobernar y la prensa a molestar, que es su trabajo. Que algunos colegas míos se pasen mil pueblos no les autoriza a ustedes a derrapar ni un solo centímetro.

Lo tengo escrito ya en otras ocasiones: la información no es como el algodón, el trigo o la leche. Cuando nos referimos a información, nunca –y cuando digo nunca es NUNCA- deben emplearse los términos regulación ni control. Esa película jamás acaba bien. Como periodista no quiero que nadie me proteja para tener libertad. Porque no hay protección sin precio.

J.T.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Rosa María Mateo y José María Aznar



En los últimos días, dos comparecencias parlamentarias han contado con todos los ingredientes que necesita cualquier espectáculo televisivo: José María Aznar y la de Rosa María Mateo son personajes conocidos, interesaba lo que pudieran decir, despertaba curiosidad tanto el interrogatorio como las posibles respuestas, era casi seguro que ambos proporcionarían buenos titulares… Y así fue. Ambas comparecencias estuvieron a la altura de las expectativas, pero en cambio los medios, por razones que se me escapan, decidieron otorgarle perfil bajo.

José María Aznar, durante su actuación ante la comisión que investiga en el Congreso la financiación ilegal del PP estuvo chulo, desafiante, prepotente, y de tan sobrado que iba se le atragantaron algunas de las cuestiones que le fueron planteadas, sobre todo por Pablo Iglesias. En algunos cortes emitidos se le vio titubeante, desconcertado, los labios le temblaban y los gestos delataban su palpable incomodidad. Pero el verdadero espectáculo televisivo pasó desapercibido porque para eso habría que haber seguido la retransmisión si no completa, al menos en secuencias pregunta-respuesta que ayudaran a entrar en situación. Si disponen de tiempo, les aconsejo que busquen la grabación porque se divertirán. Es más entretenida que un capítulo, o dos, de una buena serie, aunque la realización del congreso deja mucho que desear y desprecia contraplanos en momentos donde el cuerpo te está pidiendo ver la reacción de quien escucha.

Pocos días después, Rosa María Mateo tampoco nos defraudó, aunque por razones distintas. La falta de vergüenza de algún parlamentario, como el popular Ramón Moreno, dio pie a que la administradora provisional única de tve dejara constancia de un talante poco dispuesto a dejarse acorralar en la llamada comisión de control de televisión. Quien solo haya visto alguna de sus frases entresacadas en los informativos tampoco se ha podido hacer una idea de lo que ocurrió exactamente. Fue un espectáculo delicioso que merece la pena saborear si se tiene oportunidad.

No entiendo por qué las televisiones, los medios en general, han pasado tan de puntillas por estos dos sabrosos episodios parlamentarios. No comprendo por qué no le han sacado más jugo. ¿Falta de reflejos? ¿Inercia? ¿Periodismo de carril? En el caso de Aznar, si este no hubiera hecho el ridículo como lo hizo y le hubiera ganado la batalla dialéctica a Iglesias, habría pasado tan desapercibida su comparecencia? Si Rosa María Mateo se hubiera dejado acorralar y no hubiera contestado con la contundencia con la que lo hizo, ¿habría sido tan escaso el número de titulares tras su paso por el Congreso?

Villarejo nos marca la agenda, repiten quienes a su vez parecen encantados con la carnaza que tan siniestro personaje suministra al ritmo que le da la gana. Triste, que los entuertos de esta mafia cutre releguen a segundo plano asuntos que explican muchas cosas, nutren, ayudan a sacar conclusiones, permiten tener criterio propio y además, son un verdadero espectáculo. Casualidad, desde luego, no es.

J.T.