jueves, 23 de marzo de 2017

Susana, Pedro y La Semana Santa (Artículo en clave sevillana)


Resuenan los penúltimos martillazos en la plaza de San Francisco, cobran forma por fin los palcos que agitan y aceleran, como cada año por estas fechas, la vida de la ciudad. Hemos pagado nuestra papeleta de sitio y ya tenemos el traje preparado, y los guantes, y el calzado, y el capirote nuevo... hemos visto el viacrucis de Montesión, vivido los triduos en San Buenaventura, los quinarios en Santa Cruz y en Los Servitas, hemos desfilado por el besapies de Los Panaderos y el besamanos de El Valle... El palio de la Candelaria ya está listo, como la túnica del nazareno de la O, o Caifás en el misterio de San Gonzalo... o el Cachorro, el crucificado entre los crucificados.

Los deberes están hechos, pero este año hay novedades. En 2017 las hermandades sevillanas tienen dura competencia a la hora de acaparar todo el protagonismo de estas singulares fechas. De San Telmo no sale ninguna cofradía, de momento, pero en la de los Estudiantes, que es la más cercana a la sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, andan pelín mosqueados. Cuando el domingo de Ramos, camino de la carrera oficial, llegue a la Universidad la comitiva de la Paz, seguro que respirarán más tranquilos una vez que hayan conseguido rebasar sin problemas el lugar desde donde la temida Susana Díaz irradia todo su poder.

¿Estáis ya en carrera oficial?, le preguntarán por el manos libres a los de La Borriquita Ningún problema en la Magdalena, ¿no?, le comentarán a los cofrades de Jesús Despojado mientras sus costaleros se lucen en magistral chicotá al son de “Caridad del Guadalquivir” interpretada por la Agrupación Virgen de los Reyes. Y resoplarán aliviados.

No tienen nada claro las cofradías que se resigne Susana Díaz, una semana entera, con primarias y congreso en su partido a la vuelta de la esquina, a dejar de acaparar primeras páginas de periódico y aperturas de informativos. Menudo dilema el miércoles santo para Canal Sur. Si ese día, a la misma hora, coinciden el Psoe reunido en San Vicente y los franciscanos del Buen Fin, que tienen el templo en la misma calle, saliendo de procesión, ¿qué darán en directo? Ni en San Telmo ni en San Vicente van a descansar, por muy cofrades que sean, a poco más de un mes de la subida de Susana Díaz a los cielos.

Si yo fuera Pedro Sánchez, me tiraba la semana santa entera en Sevilla. De cofradía en cofradía, contraprogramando. El lunes, en El Beso de Judas; el martes, La Bofetá; el miércoles, La Lanzada... La tarde del jueves santo, desfilando junto a los armaos y luciendo palmito por toda la ciudad, y la Madrugá en la Macarena, con la Sentencia. Echándole un pulso a la Esperanza de Triana y a su vecina la presidenta. ¡A ver quién acaparaba más primeras páginas de periódico! ¿Se imaginan a ese Pedro Sánchez, con su fiel escudero Alfonso de Celis, por las cofradías de barrio, haciéndose fotos a las doce de la mañana en el Tiro de Línea, en el Cerro, en la Sed... y por las tardes sentado en un palco de San Francisco frente a la tribuna oficial, mientras la Amargura o Las Penas le piden la venia al alcalde Juan Espadas con Susana Díaz al lado...

El Congreso del Psoe podría jugarse en la Semana Santa de Sevilla si Sánchez contara con asesores que le ayudaran a jugar esa baza. Y las cofradías, encantadas. Quizás perderían algo de protagonismo, pero al menos se divertirían. Que no todo va a ser estación de penitencia.

J.T.

martes, 21 de marzo de 2017

Pedir amparo a la APM es perder el tiempo

Aplaudo la decisión de la dirección del diario Público. Recurrir a las asociaciones de la prensa para que te amparen no sólo es perder el tiempo, sino correr el riesgo de llevarte un enorme disgusto. El periodismo es un oficio insolidario. Existe, eso sí, y no siempre, una cierta complicidad con el compañero de la mesa de al lado, o con aquellos con quienes coincides a diario en las coberturas callejeras. Pero hasta ahí. Todo lo demás es indefensión.
No defiendo el sectarismo que practican algunos colegios profesionales, y menos la impunidad con la que en ciertos casos llegan a blindar a sus asociados, pero cuando un arquitecto, un abogado o un médico tienen problemas, por lo general cuentan con un sólido colegio profesional detrás que les apoya y defiende. De las Ascociaciones de la Prensa no puede decirse lo mismo. Si el periodismo necesita reinventarse, las asociaciones de periodistas lo precisan mucho más.
Como en tantas otras instituciones del país, en las Asociaciones de la Prensa, la dejadez, las dichosas inercias y la existencia de oscuros intereses con los que no se pudo, o no se quiso, acabar en su momento, mantuvieron para sus directivos durante décadas costumbres y prebendas heredadas del franquismo ¿El precio? La docilidad. Tardaron demasiado tiempo en entender las Asociaciones, algunas todavía no lo han entendido, que su verdadera función, la razón de su existencia, es defender a los profesionales. De lo contrario, más vale que desaparezcan.
La APM continúa sin entenderlo. Nunca se me ocurrió recurrir a ella cuando tuve problemas con la justicia a lo largo de mi vida profesional, y eso que hubo momentos en que llegué a sumar más de cien expedientes judiciales abiertos, principalmente en juzgados de Barcelona, pero también en la Audiencia Nacional. Siempre tuve claro que, a pesar de estar asociado y pagar religiosamente mi cuota trimestral, nunca se preocuparían por mis problemas. Era algo que podía entenderse apenas pisabas sus alcanforadas dependencias.
Continúan siendo acólitos del poder como en tiempos del abuelo de Aznar o de aquel fascista llamado Juan Aparicio (que no se me enfaden las excepciones, pero esas excepciones saben perfectamente que lo son, y desde aquí mi reconocimiento una vez más a su lucha, casi siempre estéril).
Claro que, incluso a la hora de relacionarse con el poder, también parecen usar diferentes varas de medir. Cuando a Manuela Carmena se le ocurrió poner en marcha una web para informar sobre asuntos del ayuntamiento de Madrid, faltó tiempo para que la APM y la Federación de Asciaciones de la Prensa (FAPE) elaborasen un comunicado haciendo pública su más enérgica protesta.
Algún despistado puede argumentar que acaban de amparar a varios profesionales que se quejaban de ser presionados por personas afines a Podemos, pero ese despistado me va a permitir que me desahogue dedicándole una sonora carcajada.
Me cuesta aceptar que al frente de la Asociación de la Prensa de Madrid se encuentre una persona como Victoria Prego, a quien en otro tiempo tanto admiré. Me cuesta entender el papel que desempeñan en la junta directiva respetados amigos y compañeros como Jesús Maraña o Antonio San José. No sé si en sus manos estará hacer algo contra las presiones a las que está siendo sometido el diario Público desde que comenzó a sacar a la luz los trapos sucios de las cloacas del ministerio del Interior. Pero cuando, sin orden judicial, la policía se presentó un día de fiesta en la redacción exigiendo las grabaciones publicadas por Patricia López y Carlos Enrique Bayo, el periódico no obtuvo ningún amparo por parte ni de la APM, ni tampoco de la FAPE.
Por eso entiendo a Ana Pardo de Vera, cuando a las preguntas este martes de Fernando Berlín sobre su intención de pedir amparo a la asociación, tras haber denunciado en el periódico amenazas directas a miembros de su redacción, responde que no. Toda mi solidaridad, directora. Para ti, para Patricia y para Carlos Enrique.

viernes, 17 de marzo de 2017

Los autobuses verticales de Dresde


Nada más llegar a la Neumarket Platz de Dresde, casi tropiezo con tres enormes autobuses colocados en vertical en medio de la explanada. En realidad yo me dirigía a la Frauenkirche, famosa basílica que quedó reducida a escombros en febrero de 1945 y cuya reconstrucción completa no finalizó hasta 2005. Mi intención era subir a la cúpula, previo pago de ocho eurazos y contemplar, desde lo que ha vuelto a ser uno de los puntos más altos de la ciudad, cómo es la Dresde de 2017, cómo se va sacudiendo las heridas del cruel bombardeo al que la sometieron los aliados hace setenta y dos años, casi al final de la  Segunda Guerra Mundial.

Cuando estoy a punto de darme de bruces con los tres autobuses, boca arriba ellos cual caballos encabritados a los que solo les falta relinchar descubro que, con lo que en realidad he tropezado, es con una obra de arte colocada ahí hace poco más de un mes. Una escultura cuyo autor, Manaf Halbouni, ha bautizado con una sola palabra: Monument. El artista, 32 años, padre sirio y madre alemana, cuenta que la inspiración le llegó cuando, en marzo de 2015, vio una foto de Aleppo distribuida por AFP. En una de las calles de esta ciudad siria aparecían tres autobuses, juntos y en vertical, formando una original barricada que protegía eficazmente a la población civil de los francotiradores.

 Halbouni, que vive en Dresde, quedó tan impactado con esta imagen que ideó un proyecto artístico basado en ella y se lo propuso al alcalde de la ciudad. Dirk Hilbert acogió la idea con interés, la apoyó y el pasado 7 de febrero tuvo lugar la inauguración. Se escogió la Neumarket Platz para la instalación temporal de la obra (está previsto que se desmonte el próximo 3 de abril) basándose en algo en lo que parece coincidir mucha gente: ese lugar es el corazón de una ciudad que simboliza la enorme capacidad del ser humano para sobreponerse a los desastres y empezar de nuevo partiendo
prácticamente de cero.

Impresiona ver los tres autobuses en medio de la plaza, leer los mensajes que cuelgan de sus panzas, ver las flores que dejan junto a ellos y comprobar el largo rato que la mayoría de visitantes dedica a contemplar este monumento efímero, de vocación itinerante, con el que su autor aspira a crear un vínculo entre Dresde y Aleppo, entre gentes de Oriente Medio y Europa conectados por el sufrimiento, pero también por la aspiración de rehacer sus vidas en paz.

Suena muy bonito, pero no parece tan fácil. El mismo día de la inauguración de Monument, miembros de la ultraderecha intentaron ya boicotear el acto. Eran unos fanáticos de Pegida (Europeos Patrióticos contra la Islamización de Occidente), movimiento anti inmigracion y anti islam que desde finales de 2015 ha elegido Dresde como cuartel general de sus soflamas. Argumentan estos peligrosos neonazis que los autobuses verticales de Halbouni son una provocación. Ni más ni menos.
Parece una broma pero no lo es porque, en las últimas semanas, tanto el alcalde como el autor de Monument hannecesitado protección policial tras recibir serias amenazas de muerte en las redes sociales, según contaba María-Paz López el pasado 9 de febrero en LaVanguardia. No solo Pegida es beligerante con Monument.

También la rama sajona del partido derechista populista Alternativa para Alemania (AfD) ha acosado a Halbouni, a quien llama “migrante desarraigado” porque, según ellos, el sirio-germano contribuye con su obra a “una reorientación de Europa bajo dominación árabe-musulmana”. La instalación, lógicamente, permanece bajo vigilancia. El escultor repite una y otra vez que él solo lucha por la paz y la reconciliación. Y porque esa ciudad en ruinas que es Aleppo, como en su día lo fuera Dresde, supere cuanto antes el caos y la destrucción de seis largos y horribles años.

Más de setenta tienen ya las marcas de la guerra en Dresde, latentes sobre todo en las piedras,
ennegrecidas por el fuego, que se emplearon en muchos de los edificios reconstruidos. Desde la cúpula de la Frauenkirche, la “Nôtre Dame” de la ciudad, donde finalmente subí, pude fotografiar una metrópoli bulliciosa y renacida en uno de cuyos espacios más emblemáticos, la Neumarket Platz, hay tres autobuses verticales que todo lo que están pidiendo es una oportunidad para la paz.
J.T.

sábado, 11 de marzo de 2017

¡Fuera el "bien pagao" de RTVE! ¡Ya!

No se puede tener tanta cara. Si en lugar de un salario de casi ciento ochenta mil euros anuales, José Antonio Sánchez ganara la mitad, el todavía presidente de RTVE estaría cobrando mucho más de lo que se merece. No se puede ir tan de sobrao por la vida.
– Menos mal que estoy bien pagao, soltó mientras resoplaba cuando le explicaban el tiempo que aún quedaba para que finalizara su comparecencia parlamentaria del pasado jueves.
Ocupa Sánchez uno de esos sillones estratégicos que permiten al Partido Popular llevar la batuta en aquellos lugares clave del país donde verdaderamente se parte el bacalao. Lo importante es a quién nombras. Si puedes colocar en los puestos decisivos de las instituciones a gentes que dependan de ti, ése es el poder. Y ahí no hay cáscara: el órgano que quita y pone a la gente es el gobierno, aunque esté en minoría, y aunque no pueda legislar como cuando tenía mayoría absoluta. Con esa potestad, se puede mandar muchísimo. Y a fe que mandan, como hemos podido comprobar en el feo asunto de los cambios en el ministerio fiscal. Consigue así el PP que la percepción del ciudadano de a pie sea que las cosas siguen igual que cuando gobernaban con mayoría absoluta. Para alegría de sus hinchas y desesperación de quienes soñaban con el fin de aquella etapa.
Pero lo que no creo que se le escape a Sánchez ni a sus mentores es que ahora son menos fuertes de lo que creen y hacen creer. Si el resto de partidos se lo propone, en negociados como el de RTVE las cosas podrían ser ya muy diferentes. Aunque, con el desahogo que le caracteriza, Sánchez argumente que fue elegido en 2012 por el parlamento, él sabe que decir eso es insultar la inteligencia de quien le escucha. La realidad es que lo eligió el PP usando su mayoría absoluta tras arrinconar el acuerdo firmado con el PSOE seis años antes, un pacto en virtud del cual la televisión pública estatal vivió una de las etapas más dignas de su historia. Con unos informativos que se caracterizaban por cabrear a todos los partidos por igual, incluido el partido del poder, lo que significaba que Fran Llorente y su equipo estaban haciendo bien su trabajo.
En algo sí lleva razón José Antonio Sánchez: quien ahora tiene el control de Televisión Española es el Parlamento, no el gobierno. Por eso, con la composición de la cámara surgida de las elecciones de junio del 2016, se puede pasar a la acción y echar a la calle mañana mismo al “bien pagao”. La ocasión la pintan calva. ¿Para qué queremos una oposición si ésta no es capaz ni de quitar al presidente de RTVE aún teniendo la posibilidad técnica de hacerlo? ¿A qué esperan?
¿A qué esperan en Ciudadanos, después de las humillaciones a las que están siendo sometidos a diario en el Congreso, para dar un puñetazo encima de la mesa y que no se les acabe tomando definitivamente por el pito del sereno? De momento han presentado una proposición de ley para volver a la situación de 2012. Es un paso, ahora hay que buscar acuerdos.
¿Qué hará la Gestora del PSOE? ¿Le interesa soltar aún más la bandera de la izquierda, hasta el punto de mantener en su puesto a José Antonio Sánchez? ¿Y Podemos? ¿Es lógico que con 71 diputados no tengan aún representación en el Consejo de Administración? Tampoco la tiene Ciudadanos y en cambio sí continúa un representante de la antigua Convergència, una formación política desaparecida y cuyo relevo no tiene ya ni grupo propio en el congreso. ¿Hasta cuándo se va a prolongar este esperpento, que dura ya tres legislaturas gracias a una mayoría absoluta del PP que perdió hace nada menos que año y medio?
Conclusión: Si Ciudadanos y PSOE están por la labor, junto a Podemos los números salen y solo hace falta voluntad política para dar el paso. La baza la tienen. Sería la primera cosa de calado que harían juntos. Una decisión barata, fácil… y también rápida, si quieren.
Con las más de dos mil firmas que los trabajadores han hecho llegar al Parlamento, a través del recién renovado Consejo de Informativos de TVE , denunciando una situación que consideran insostenible, se les está diciendo a los partidos de la oposición que se acabó la historia. Que ya no es momento de quejarse de lo que ocurre en TVE, que ya no vale con protestar porque, desde el mes de octubre, cambiar las cosas es posible.
De ahí la campaña de los trabajadores también a través de las redes, recordándole a los partidos que firmaron para acabar con la actual situación de la televisión pública que se muevan de una vez. Lo prometisteis, tenéis que cumplirlo, les recuerdan. Y tienen que cumplirlo porque pueden hacerlo.
Basta con que la tramitación de la proposición de ley continúe su curso, con votar juntos cuando llegue el momento y recordar así a los representantes del Partido Popular que son mortales, y que se acabó aquello de hacer lo que les da la gana, que ya no tienen mayoría absoluta. Y el “bien pagao”, a su casa, que es donde tendría que estar desde hace mucho tiempo.
J.T.


viernes, 10 de marzo de 2017

El periodismo no es oficio para miedosos


A instancias de los nazis, el amoral capitán Renault ordena desalojar el café Rick de Casablanca. Indignado por el atropello, el dueño del establecimiento, al que da vida Humphrey Bogart en la película, le pide explicaciones al prefecto francés.
- ¿Con qué derecho me cierra usted el local?, le pregunta Rick.
- ¡Qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!, argumenta un sarcástico Renault.
El crupier llega hasta ellos y deposita unos billetes en manos del representante de la ley.
- Sus ganancias, señor
- Muchas gracias -contesta el capitán mientras se guarda los billetes y continúa despejando la sala- ¡Todo el mundo fuera!

Pues eso es, señores, ¡qué escándalo, hemos descubierto que aquí se presiona! Victoria Prego y la APM han descubierto la pólvora a estas alturas de la película! Se presiona, se ha presionado y se presionará. Aquí, en Carolina del Norte y en Ciudad del Cabo ¿dónde está la novedad? Periodismo es el arte de resistir y sobrevivir a las presiones. En cuarenta años de oficio periodístico no he vivido un solo día en que las presiones no hayan revoloteado, tercas y amenazantes, a mi alrededor. Presiona el jefe, presiona el dueño, presiona el político, presiona el tendero, el amigo, el primo, el vecino, unos para que digas y otros para que no digas, unos para que tengas cuidado con lo que cuentas y otros para que lo cuentes cuanto antes. Unos con amenazas más sutiles que otros. Y solo hay una medicina contra el defecto de presionar: la virtud de no dejarse.

Que levante la mano el periodista que no haya recibido presiones en su vida. Habremos caído o no en ellas, pero haberlas, háylas, húbolas y habralas. De toda la vida de dios y de todos los colores y procedencias. Pocos deben ser los que alguna vez no han pagado un alto precio por resistirse a ellas. ¿Por qué le ha dado entonces, precisamente ahora, a la entrañable Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), por montar el pollo que ha montado denunciando acoso y amenazas por parte de miembros de Podemos a varios periodistas cuyos nombres desconocemos?

¿Ha usado la APM a Podemos porque antes no se atrevió con ningún otro partido? ¿Ha querido aprovechar esta oportunidad para abrir la caja de los truenos y ponerle altavoz a un secreto a voces? Podría ser, pero no me lo creo. Más bien tiene toda la pinta de ser un torpe ejercicio de hipocresía cuyos efectos no calcularon lo suficiente. ¿O sí?

¿Acaso los veinticuatro miembros de la directiva de la APM no han sufrido presiones en su vida? ¿Pidieron alguna vez amparo?¿Por qué escogen a varios acojonados anónimos para rasgarse las vestiduras y precisamente ahora? ¿Nunca antes encontraron un momento propicio? Nadie acude a ellos a protestar, argumentan. Suponiendo que eso fuera cierto, ¿qué pasa, que nunca han encontrado un motivo para intervenir de oficio ante la divulgación de según qué informaciones de vergüenza? ¿Ni siquiera en TVE o en Telemadrid? Nunca me planteé recurrir a la Asociación para que me defendiera de nada y, tras este bochornoso numerito, jamás se me ocurrirá. Total, ¿qué sería de nuestro oficio si no existiera la presión? Cuando no cabreas a alguien con la información que publicas, decía Orwell, pregúntate en qué te estás equivocando.

Siempre combatí las presiones defendiendo mi independencia a codazo limpio. Mi sueño es que desaparezca toda aquella presión ejercida desde el poder y no dejaré de luchar siempre por ello con el privilegiado instrumento que tengo a mi alcance, la palabra. Peleo porque los políticos saquen de una vez sus manos de los medios públicos y porque puedan existir medios independientes sin banqueros ni fondos buitre en los consejos de administración ¿Es contra todo esto contra lo que pretende luchar la APM aunque hayan empezado la casa por el tejado. Si es así, de acuerdo, pero... ¿a que no es así, queridos escandalizados?

Hay colegios profesionales que al menos funcionan como un poderoso lobby, pero en el periodismo no valemos ni para eso. Nos asociamos para que nos den un carnet y un jamón por navidad. O para optar a unas prebendas médicas ya desaparecidas porque eran un privilegio insostenible que costaba cada año a la ciudadanía más de ocho millones de euros. Espero que no sea por esta decisión, en la que Podemos tuvo algo que ver, por lo que se actúa ahora contra ellos. No, ¿verdad que no, queridos amparadores?

No es oficio para miedosos el periodismo. No me cabe la menor duda que los presuntamente acosados y amenazados tendrán sus buenas razones para haber pedido amparo a mamá Asociación de la Prensa. Pero permitidme que os diga que, si no fuera porque el asunto se está encanallando, a mí todo esto me parece una ridícula riña de patio de colegio. Como dice mi compañero Antonio Rubio, yo lo que quiero es que me presionen. Que los poderosos se cabreen conmigo, pero no los de Podemos, que acaban de llegar y apenas han tocado pelo todavía, los pobres.

Como en las novelas de misterio, igual para entender este quilombo basta con preguntarse a quién beneficia que manden desalojar el local de Humphrey Bogart en Casablanca.

-¡Qué escándalo, aquí se juega!, ¡qué escándalo, aquí se presiona!

J.T.

miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Se equivoca Iñaki Gabilondo?

Esta vez, querido maestro, no puedo estar de acuerdo contigo. No entendí tu videoblog del pasado martes. Y digo que no lo entendí porque prefiero no entenderlo a entender lo que entendí.
Veamos: el lunes seis de marzo, transgrediendo el más elemental catón del periodismo, la presidenta de la APM (Asociación de la Prensa de Madrid) hace pública una petición de socorro de varios informadores anónimos que aseguran estar siendo amenazados e intimidados por Podemos. Acto seguido, ancha es Castilla, sin preguntarse ni quiénes son los denunciantes, ni en qué consiste la presión, ni quiénes sus autores, El País coloca en primera la información a tres columnas frotándose las manos y añade el pertinente editorial, faltaría más. Y al día siguiente, tú también decides entrar en harina dedicándole tu homilía matinal a los presuntos coaccionadores.
El introito ya me rechinó: ”Ignoro los hechos”, decías. Y añadías: “No sé si hay razón suficiente para un documento público de esa naturaleza”. “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”-escribía Wittgenstein al final de su célebreTractatus, que seguro has leído. Pero esta vez no lo hiciste. ¿Por qué?
Dijiste tres cosas:
1. “Un partido político que sale a la palestra diciendo públicamente que quiere actuar contra el Sistema, debe esperar que el sistema se defienda”
En palabras de una amiga mía llamada Mariate, esto “no es verdad. El llamado Sistema es el que ofrece la libertad para criticar, no para defenderse, y es el que debe ser respetado como única atmósfera politica que permite esta dialéctica. No es el Sistema, pues, el que reacciona sino el que permite la crítica en todas las direcciones; también por supuesto contra Podemos“.
2. “Los medios, en su mayoría, formamos parte del Sistema y por tantoPodemos debe dar por supuesto que las líneas editoriales no le van a ser favorables. Esto es elemental”
Elemental, claro está, siempre y cuando no llamemos línea editorial a mentir impunemente en portada (currículum de Monedero, por ejemplo) y rectificar inexactitudes, cuando lo hacen, en letra pequeña y página par.
3. “También Podemos forma parte del Sistema y juega en esta liga” -añades
Juega, por supuesto, en el terreno democrático, pero lo hace para intentar cambiar las cosas, que es para lo que han sido votados. Además, como dice mi compañero Fernando López Agudín, “no presiona quien quiere sino quien puede, y no es Podemos precisamente quien más puede”
Acto seguido pasaste a hablar de la autocensura, recuerdas tu diagnóstico sobre este peliagudo asunto en el que atribuyes la culpa al paro, y admites resignado que eso acobarda. Pues será así, pero no tiene por qué serlo. Tú y yo estuvimos en una empresa informativa maravillosa, llamada CNN+ y allí nadie renunció nunca a su dignidad. Nos cerraron, me puedes contestar, pero sembramos una semilla que todo el mundo recuerda y que estoy seguro germinará.
“Está en el comportamiento humano una especie de tendencia hacia la precaución, hacia la supervivencia” -añades. Pero vamos a ver, querido jefe, ¿tú no eres aquel director de informativos que plantó cara a los golpistas enTVE? ¿No eres aquel que dimitió porque estaba harto de llamadas de ministros y decidió dejar de ser jefe sin que eso perjudicara tu carrera profesional sino más bien al contrario? ¿Cómo es posible que ese periodista al que siempre admiré intente a estas alturas justificar la resignación cristiana?
Hablabas de todo esto partiendo de datos que dices ignorar, y admitiendo no saber tampoco si existen razones suficientes para un documento como el hecho público por Victoria Prego. Aún así, rematas tildando de pardillos a los cuadros de Podemos, a quienes atribuyes “uñas de acero” para unas cosas y “piel de mantequilla” para asumir “la ferocidad de la política democrática”, a pesar de lo “cualificados e inteligentes” que son, y lo “preparados”que están. Recurro de nuevo a mi amiga Mariate, que últimamente está sembrada en su cuenta de Facebook, cuando recuerda que “una excelente formación, en absoluto es garantía de comportamientos democráticos. La historia demuestra que se puede ser persona de gran formación y, a la vez, fascista o comunista o liberal”.
Y terminaste afirmando que los cuadros de Podemos están “equivocados”. Puede ser, Iñaki, pero me chirría verte repartiendo ese tipo de carnets, la verdad. Yo jamás osaría decir que tú estás equivocado, pero me vas a permitir que esta vez no esté de acuerdo contigo.
J.T.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Hay que prohibir el infame autobús color butano?

Toda prohibición suele provocar el efecto contrario al que se busca, porque denota impotencia para combatir la monstruosidad desde sus raíces. Por mucha autoridad moral con la que se cuente para hacerlo, prohibir es prohibir, y eso iguala a los demócratas con los intolerantes.

Cuando apuesta por la prohibición, el tolerante pierde la partida frente a los intolerantes. La libertad de expresión es incómoda en ocasiones, pero ceder a la tentación de limitarla acaba siendo a la larga mucho más peligroso. Toda prohibición, por aparentemente justificada que pueda estar, genera un peligroso precedente. ¿Dónde pones los límites? ¿Hasta dónde sí y a partir de dónde no?

La prohibición dota de autoridad moral a los amantes de todo tipo de prohibiciones y les proporciona impagables coartadas para cuando tienen oportunidad de hacer de las suyas. Es ponerle en bandeja a los enemigos de la libertad argumentos que legitiman su manera de ir por la vida. Es ponerse a su altura. Con prohibir ocurre como con el comer y el rascar, que todo es empezar.

Los demócratas no prohíben, convencen. Agotan todas las posibilidades a su alcance antes de recurrir a soluciones drásticas. ¿Se han agotado en el caso del autobús naranja de Hazte Oír o, sencillamente, se ha optado por el camino más fácil y rápido inmovilizando el dichoso vehículo?

¿Dónde queda aquella frase atribuida falsamente a Voltaire: “no estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo? ¿NO habíamos quedado en que el mayor desprecio es no hacer aprecio?

Yo creo que nos hemos vuelto un poco locos con este asunto y que, como ha escrito mi compañero David Torres, la prohibición de circular con su autobús color butano a estos peligrosos ultras les ha brindado una publicidad que jamás hubieran imaginado. Pagarla sí que hubieran podido, como ha documentado en Público mi compañero Danilo Albin.

En asuntos así, como en tantos otros, ayuda bastante recurrir al sentido del humor, como es el caso de Wyoming y de las inspiradas y mordaces parodias que circulan por las redes. El rechazo de la sociedad y de las instituciones democráticas tenía que ser suficiente. Y, por supuesto, la revocación de cualquier tipo de ayuda pública.

Lo único que sí creo que es de juzgado de guardia es el color butano del autobús de esta asociación declarada en su día “de utilidad pública”. Por eso, por tener tan mal gusto, por eso sí lo hubiera prohibido yo. A lo mejor el ayuntamiento de Madrid lo hizo, quién sabe.

J.T.

jueves, 2 de marzo de 2017

Cernuda, García Montero, Sabina y las medallas

En la ceremonia de entrega de las medallas de Andalucía, el poeta Luis García Montero, granadino que vive en Madrid, flamante hijo predilecto andaluz, concluía su discurso de agradecimiento el pasado martes recordando esta frase de su tocayo Cernuda:

“Confesaré que solo encuentro apetecible un edén… que para mí bien pudiera estar situado en Andalucía

Perfecto, suena de maravilla si no fuera porque… el poeta sevillano se marchó de Andalucía para siempre con 26 años de edad. Murió a los 61, en México.

Mucho te quiero, perrito, pero pan poquito. El planeta entero está lleno de Cernudas que aman con locura Andalucía, pero que se marchan, nunca más vuelven y se mueren bien en México como el autor de “Los placeres prohibidos”, bien en Buenos Aires, Carolina del Norte o Astaná, capital de Kazajistán. ¿Por qué hay tanto andaluz que se marcha de su tierra si, como también cantaba Cernuda, Andalucía “es un edén donde el tiempo se desliza insensiblemente entre las hojas de las palmas y el lánguido aroma de las flores meridionales”?

Tener tan buen clima y tantos kilómetros de costa parece que no es suficiente. Ni tampoco tanto arte, ni tanto salero, a juzgar por el generoso porcentaje de artistas agraciados con las medallas 2017. Si dejamos las instituciones al margen, entre el resto de premiados este año había una actriz, una cantante, un cantaor, un guitarrista flamenco, una gimnasta, una compositora, dos escritores y un periodista (al que incluyo en este apartado porque al personaje, la verdad, se le puede considerar un verdadero “artista”) Nueve de doce. A los tres restantes, un científico jiennense especializado en inteligencia artificial, un ingeniero experto en robótica y un empresario turístico malagueño les tocó la pedrea, así que no sé de qué nos quejamos.

Sin cuestionar los méritos de los galardonados, y sin entrar a analizar el carácter perverso de este tipo de parafernalias, que acaban siendo una cuestión de escalafón porque los años pasan y a veces cuesta encontrar candidatos, ¿de verdad no hay más andaluces que estén haciendo cosas importantes en el mundo de la ciencia, de la investigación, de la industria, de la agricultura que merezcan las medallas? ¿solo el veinticinco por ciento del total? Si los hay y no son premiados, malo. Y si no los hay, pues… qué quieren que les diga!

Para intentar entenderlo, mejor le pido unos ripios prestados al también exiliado Joaquín Sabina, hijo predilecto andaluz un año antes que su compadre García Montero (el escalafón corre, ya saben), de entre los que el cantante de Úbeda pronunció durante su discurso de agradecimiento, todo él en verso:

“pa ser buen andaluz no es necesario 
tocarle tantas palmas al ombligo, 
mejor pasar a limpio los pecados, 
los eres, la ignorancia, el desempleo, 
Andalucía sabe demasiado 
lo ingrato que es bailar con el más feo”

miércoles, 1 de marzo de 2017

Instalados en la crisis se vive mejor

Los expertos, esos señores que viven de dar consejos que no darían si tuvieran la certeza de la eficacia de su aplicación, se empeñan en presionarnos para que cada día que pasa nos apretemos más el cinturón, sin molestarse siquiera en preguntar si tenemos algún cinturón que ponernos.

Corría el año setenta y tres del siglo pasado. Había estallado la primera crisis del petróleo y sesudos economistas de todo el mundo buscaban como locos alguna solución a lo que se nos venía encima. Fue entonces cuando el canadiense-estadounidense John Kenneth Galbraith (1908-2006), solvente economista, cansado de estériles análisis y ridícula palabrería, decidió dejarse de rodeos y hablar clarito:

- No sé por qué nos empeñamos una y otra vez en buscar soluciones para salir de la crisis. De lo que se trata –añadía Galbraith- es de aprender a vivir “instalados en la crisis”.

Y desde entonces, con este consejo-dictamen, vamos tirando como podemos. Cuarenta y cuatro años han pasado y aquí estamos, como Clodomiro, el de la canción de Carlos Mejía Godoy, tarareando sin cesar aquel pegadizo sonsonete: "me defiendo, me defiendo como gato panza arriba".

Instalarse en la crisis, cualquier crisis, admitir que existe. Buscar la manera de vivir como queremos hacerlo a pesar de la crisis, con la crisis o por encima de la crisis, es sin lugar a dudas una inteligente opción sobre todo para quien sabe ver que, más pronto que tarde, lo más probable es que venga a visitarnos otra igual o peor.

De ahí que cada vez que veo en cualquier revista de prensa, o en las redes sociales, aquello de “diez consejos para ser feliz”, o “rompa con todo y busque su verdad” o “eres lo mejor del mundo, te lo digo yo”, no pueda evitar recordar la idea de Galbraith: “Aprender a instalarse en la crisis…" Punto. Todo lo demás, es mentira.

Los libros de autoayuda son un excelente negocio para los editores. Superventas año tras año, en los escaparates más accesibles cambia a menudo el autor, el título, la portada o la manera de venderlos. Pero todos los mandamientos que recitan estos libros, con autores como Bucay o Coelho, que no saben dónde guardar todo el dinero que ganan engañando a tanto incauto, se resumen en dos: El primero: Sé tú mismo -ahí queda la chorrada-. El segundo: Mientras me hagas caso, me compres, me leas y me recomiendes, el editor y yo nos lo continuaremos llevando crudo.

¿Libros de autoayuda? No, gracias.

Si hay a quien le valen… pues me alegro. Pero a mi juicio, el mejor libro de autoayuda es asumir el dictamen de Galbraith: dejarse de tonterías y aprender a sobrevivir lo mejor posible “instalados en nuestra propia crisis”.

J.T.

domingo, 26 de febrero de 2017

Las plaquitas de cobre de Berlín

Camino del supermercado me las encuentro en la calle Acker. O en Brunnenstrasse, cuando voy a la biblioteca. Salgo a pasear por Torstrasse, Rosenthaler… y apenas me despisto, ya he pisado alguna. No puedo evitar estremecerme cada vez que sucede.

Resulta difícil caminar por Berlín y no encontrarte con alguna de ellas con espantosa frecuencia: su tamaño apenas supera el de un miniadoquín y en la inscripción se recuerda un nombre, una fecha y un lugar que indica el campo de concentración en el que fue exterminado quien residía justo en el edificio a cuya entrada se encuentran estas plaquitas de cobre.

Miras la fachada de la casa, la puerta, y te imaginas a quienes vivían ahí saliendo para nunca más volver, para ser gaseados en los campos de exterminio. Reconozco que quienes residen en Berlín de manera permanente debe hacer ya tiempo que se habituaron a pisarlas sin conmoverse. Pero yo evito, si puedo, poner el pie encima.

Desde mi rol de ciudadano berlinés ocasional que lleva varios meses viviendo en un apartamento del Este, me cuesta mucho trabajo habituarme a pasear sin más por las calles de esta ciudad trufada de plaquitas de cobre. Por lo general, es algo que no aparece en esas guías turísticas que sí te hablan de
la sinagoga, el museo judío o el monumento de losas de hormigón que Peter Eisenman y Buro Happold construyeron hace quince años no lejos de la puerta de Brandenburgo. Pero hay más de cinco mil “stolpersteine” (piedras-obstáculo) diseminadas por todos los barrios de Berlín, Mitte, Kreuzberg, Neukölln…. Cuarenta y cinco mil por toda Alemania, producto de una iniciativa del artista alemán Gunter Demning que crece cada día.

También evito pisar el cristal que me encuentro cuando paseo por la Bebelplatz y disfruto de los impresionantes edificios que la rodean. Entre adoquines, descubro de pronto ese cristal de un metro cuadrado que muestra debajo una habitación
cubierta de blancas estanterías vacías, decenas de baldas desiertas, sin un solo volumen encuadernado, sin una sola obra impresa. Así ha decidido el Berlín de hoy recordar la quema de libros que tuvo lugar aquí mismo el 10 de mayo de 1933, la llamada Noche de la vergüenza.

Entre adoquín y adoquín de estas calles berlinesas no puedo evitar pensar en tantos españoles como murieron en cunetas o paredones y a los que todavía les debemos aunque sea una diminuta plaquita a la puerta de su casa.

 J.T.