sábado, 24 de septiembre de 2016

Esa maravillosa sintonía entre "El Mundo" y "El País"


elpais-751


Me encanta la desprejuiciada sintonía que de un tiempo a esta parte exhiben, parece que orgullosos, dos periódicos de papel antaño tan antagónicos -¿o nunca lo fueron tanto?- como El Mundo y El País. Este viernes 23, por tercera vez en menos de un mes, sus aperturas en primera página trataban el mismo tema utilizando prácticamente los mismos términos:
elmundo-751– “Sánchez, dispuesto a uncongreso parahacerse fuerte en el cargo”, titulaba El País
– “Sánchez, dispuesto a forzar un congreso para blindarse”, escribía El Mundo
Y este sábado 24 volvieron ¡oh, casualidad! a coincidir:
Titular en primera de El País: “Los líderes del PSOE harán frente al plan de Sánchez
Titular en primera de El Mundo: “Los barones se movilizan para frenar los planes de Sánchez
elpais-750¿No es maravilloso? Me encanta la diversificación de la oferta en los quioscos. Si no nos formamos nuestra propia opinión contrastando versiones es porque no queremos, que en las redacciones bien que se esfuerzan, los pobres. En las salas de máquinas de esos tebeos a los que todavía algunos denominan periódicos, como ABC ó La Razón, también andan de los nervios por la preocupante “deriva” del líder socialista y este viernes aportaban, cómo no, sus siempre impagables granitos de arena a esta llamada de socorro coral y casi unánime.
elmundo-750– “Sánchez planea blindarse con una consulta a la militancia el 23 de Octubre”, alertaba el ABC
– “Sánchez busca la “vía 170” con los soberanistas para un pacto “anti-Rajoy”, proclamaba La Razón el viernes, para redondear el sábado titulando que “Los barones vetarán a Sánchez la “vía 170″ con los independentistas”
Lo nombran secretario general y encima va el tío y quiere ejercer el cargo, ¿a quién se le ocurre?  Solo les ha faltado decir algo así. Y además este Pedro, el muy cabezón, lo quiere ejercer en contra de lo que a nosotros nos interesa. Pero ¡qué se habrá creído!, ¿qué es eso de consultar a la militancia? “Parece olvidar los intereses de España —e incluso los de su propio partido— para centrarse en su pura supervivencia” se podía leer este viernes en El País, en un editorial que remataba con esta frase: “Hay que convocar un congreso, sí; pero no para apuntalar al secretario general de cara a otras elecciones. Primero hay que evitar esas terceras elecciones dejando que gobierne el partido más votado, y luego emprender la refundación de un PSOE capaz de volver a ilusionar a los españoles con el proyecto socialdemócrata y europeísta que le hizo grande”. ¡Que vuelva el bipartidismo ya, que nos estamos empezando a acojonar!, les ha faltado decir.
abc-750¡Que vienen los malos, que llega el apocalipsis, que este insensato de Sánchez es capaz de buscarnos la ruina pactando con esa “patulea“, con esa “basura“, términos textuales empleados por Carlos Herrera -el que faltaba para el duro- en su matutina soflama de este viernes en la cadena de radio propiedad de la santa iglesia católica y apostólica. ¡Removámonos todos, realicemos nosotros mismos el esfuerzo redentor! “Resulta evidente -se podía leer en el editorial de El Mundo de este viernes- que (Pedro Sánchez) está tentado de llegar a La Moncloa aupado en fuerzas que no creen en la unidad nacional. De llevarlo a cabo, sería desastroso para su partido y para España”.
Todos preocupados por el PSOE, todos preocupados por España, ¿serán cínicos? Solo les preocupa lo que les ha preocupado siempre: sus propios traseros, tan larga y excelentemente bien aposentados gracias al bendito bipartidismo que dios guarde muchos años. En América no se habla de otra cosa que no sea la mala cabeza de Pedro Sánchez, que no deja gobernar a la derecha, según nos contaba El País el jueves con generoso despliegue de medios, y en Europa están que no duermen según ABC (La peor apuesta de Sánchez”, sentenciaba en su editorial de este viernes) y La Razón, para quien todo lo que no sea un gobierno PP, pone en peligro en Plan de Estabilidad de la Eurozona.
larazon-750¡Que nos gobiernen Errejones, Iglesias y Rufianes! ¿cabe más felicidad? se preguntaba Herrera este viernes con ese tono perdonavidas y presuntamente gracioso que le caracteriza. Pues sí, amigo Carlos, cabe la felicidad de ver cómo Rajoy y su cohorte de corruptos pierden el blindaje del poder y, sin plasmas ni televisiones públicas manipuladas, se ven obligados a rendir cuentas y responder donde corresponda por todos los desastres que han organizado durante los últimos cinco años; cabe la felicidad de que, aquellos que representan a quienes no quieren que Rajoy continúe en la Moncloa, esos a los que llamáis basura y patulea, intenten algo distinto para que disminuya la desigualdad y que los que no se presentan a las elecciones dejen de ser los amos del cotarro. Cabe la misma felicidad que están viviendo esas ciudades donde ya no gobierna el PP desde el verano de 2015 y lo hacen, con probada competencia y buenos resultados a pesar de la virulencia de los ataques, los llamados ayuntamientos del cambio. Esos ayuntamientos a los que le vaticinasteis la ruina y desde el minuto uno no habéis escatimado esfuerzos por hundirlos.
No se ha hundido el mundo, no han llegado las siete plagas de Egipto, más bien al contrario. Nada de eso ha ocurrido, ni tampoco ocurrirá si llegara a darse esa mágica conjunción astral que permitiera en España un gobierno del cambio. Con tanta pelea en la izquierda nadie lo diría, pero a juzgar por el despliegue armamentístico de los guardianes del calabozo -por tierra, mar, aire, televisión y periódicos- , está claro que no las tienen todas consigo, que no se fían y que admiten la posibilidad de un acuerdo que pudiera hacerles perder el poder. Saben, por experiencia, que nunca se puede decir “fú” hasta que no pasa el último gato.
J.T.





jueves, 15 de septiembre de 2016

¡Menudo otoño nos espera!

Como si se tratara de fichas de dominó situadas en vertical una detrás de la otra, parece que las piezas empiezan a caer tras el primer empujón. Empujón suave, eso sí, pero suficiente. Empujón tardío porque no había manera de que el dedo que todo lo señala terminara de decidirse. No le quedó otra a Rajoy quien, con todo el dolor de su alma, tuvo que dejar caer a su incondicional José Manuel Soria. La siguiente ficha, Rita Barberá, era una pieza de caza mayor. El martes 13 de septiembre se conoció que el Tribunal Supremo la investigará por el supuesto blanqueo del PP valenciano así que... segunda ficha de dominó al suelo. Rita tenía que caer sí o sí, pero hasta que no supo que sería expulsada del PP si no dimitía, la ex alcaldesa de Valencia aguantó el pulso. Se rindió tras una tensa llamada de Cospedal pero solo a medias, porque devolverá su carnet número tres, con antigüedad de los tiempos de Alianza Popular, pero se atrincherará en el Senado -"el escaño es míííío"- aunque eso conlleve sentarse en el Grupo Mixto junto a los representantes de EH Bildu y Compromís. El aforamiento es el aforamiento. Como los niños cuando juegan al escondite y consiguen gritar "¡Casa!" para evitar que los atrapen.

Más fichas: Rodrigo Rato, otrora vicepresidente del reino de España, empieza a desfilar por los juzgados para responder de sus muchas y todavía presuntas irregularidades. Esta vez tenía que justificar la contratación de un cuñado para Bankia con un sueldo más que generoso, casi medio millón de euros al año; Jaume Matas, en su día ex ministro con Aznar y más tarde presidente de la autonomía balear, ya sabe lo que es la cárcel y no quiere volver a ella. Para evitarlo está dispuesto a cantar, una detrás de otra, todas las óperas de Verdi si es preciso, así que ha pactado con el fiscal confesar sus delitos a cambio de no ir a prisión de nuevo. Para ello testificará que recogió un sobre en Génova con instrucciones para amañar la adjudicación del Gran Hospital de Baleares. Y ahí aparece el nombre de Javier Arenas, hasta ahora de perfil, ¿otra nueva ficha? ¿Y de Guindos, se salvará? Su patética comparecencia en Comisión Parlamentaria para explicar el caso Soria, amañada por un árbitro casero llamado Ana Pastor, lo dejó claramente en evidencia, aunque de momento haya evitado tener que dar explicaciones en un Pleno a los 350 diputados del Congreso.

Al mismo tiempo que todo esto ocurría, esta semana frenética nos regalaba una mosqueante marcha atrás de Luis Bárcenas a las puertas del comienzo del juicio del caso Gürtel, fijado para el próximo 4 de octubre. El tesorero pepero, en un súbito ataque de generosidad, ha decidido retirar la acusación por la destrucción de sus ordenadores. Por otra parte su antecesor, Álvaro Lapuerta, ha quedado fuera del juicio por "demencia sobrevenida", algo que también hemos conocido esta semana.

Más: este jueves se ha levantado el secreto de sumario del caso "Taula", ya saben: aquel que destapó en Valencia Marcos Benavent, el autodenominado "yonkie del dinero" que ahora va de místico, y vuelven a saltar los nombres de Francisco Camps y Alfonso Rus entre otros muchos, además de conocerse que el PP llegó a manejar hasta cinco cajas B diferentes...

De fondo, las elecciones gallegas y vascas con sus candidatos Feijóo y Alonso cabreados por el daño que todo esto les puede llegar a hacer a sus expectativas de voto el próximo día 25. Así que a palos están los unos con los otros. Pero a palos están también los socialistas por tierra, mar y twitter, que ya que no consiguen hacer sangre en Ferraz, pues la hacen en las redes.

¿Suficiente? ¡Qué va, ni mucho menos! Queda más madera. Este jueves día 15 hemos conocido también que el fiscal pide para el ex presidente de la Junta José Antonio Griñán seis años de prisión y treinta de inhabilitación por un delito continuado de malversación y otro de prevaricación en el caso de los ERE; cárcel también pide la fiscalía para cuatro ex consejeros: ocho años para José Antonio Viera, Antonio Fernández y Francisco Vallejo y seis para Carmen Martínez Aguayo. El delito que se les imputa a todos ellos; malversación de caudales públicos. Al expresidente Manuel Chaves se le piden diez años de inhabilitación por prevaricación.

Cuesta llevar el hilo, ¿verdad? ¡Y todavía no ha llegado el otoño! A la espera de las múltiples comparecencias en los juzgados anunciadas para este trimestre que ahora empieza; a la espera, no nos olvidemos, de la sentencia de Urdangarín, Torres, la infanta y compañía; a la espera de los resultados de las elecciones vascas y gallegas, y de lo que vaya sucediendo en Catalunya... las encuestas anuncian que, si hay terceras elecciones, los resultados variarán más bien poco. ¿Cómo desatascamos esto?

J.T.

martes, 13 de septiembre de 2016

Sobre la película de Roldán y Paesa


Quien a partir del próximo 23 de septiembre, fecha prevista para su estreno en salas de cine, decida ver "El hombre de las mil caras" sin conocer de antemano los hechos en que está basada la película, tendrá la impresión de asistir a una historia imposible por lo fantástica y exagerada que llega a parecer en algún momento. Que la policía española acompañe al siniestro ex espía Francisco Paesa hasta la misma puerta de la embajada de Laos en París y éste, tras entrar solo en el edificio se limite a preguntar por los lavabos, saque allí de su portafolios un tampón con tinta verde y unos documentos de extradición firmados previamente por el ministerio español del Interior, y falsifique descaradamente la firma y el sello de Laos sin que quienes le iban a pagar 300 millones de pesetas por entregar a Luis Roldán intuyan el engaño, suena a auténtico cachondeo. Como tantas otras escenas del film, se trata de una recreación cinematográfica de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, pero se ajusta bastante a lo que sucedió en realidad.

Que al estafador la jugada le saliera bien y que tras el timo estuviera ni más ni menos que la extradición de un ladrón español que había sido director general de la Guardia Civil y a quien el gobierno de su país quería apresar vivo o muerto donde quiera que estuviera, refuerza la impresión de estar presenciando la historia de un guionista y un director propietarios de una imaginación prodigiosa. La tienen, pero aquí no les hizo falta: el relato está basado en hechos completamente reales.

Ese guión hace ya más de veinte años que figura, marcado a fuego para siempre, en la historia de España. En el transcurrir de unos años negros y trepidantes en los que cada mañana nos desayunábamos con historias de policías y ladrones, a cuál más inquietante y escandalosa. No es que se pueda decir que hayamos mejorado mucho con el paso del tiempo, pero lo que Alberto Rodríguez, director de "El hombre de las mil caras", nos cuenta que ocurría en la España de los noventa ayuda a entender muchas cosas de las que aún continúan sucediendo en 2016. "Thriller de tramposos e impostores", lo ha subtitulado.

Aunque se presenta este sábado 17 en el Festival de Cine de San Sebastián, he tenido el privilegio de haber visto ya la película, basada en un libro de mi amigo Manuel Cerdán cuya primera edición se publicó hace diez años, y me alegro por dos cosas: por lo que significa de reconocimiento al documentado trabajo de mi viejo colega y porque creo que es bueno que la historia de Roldán y Paesa no se olvide jamás. Todo lo que se narra en el film es sobradamente conocido, la fuga de Roldán cuando iba a ser llamado a declarar, su misteriosa reaparición tras diez meses en paradero desconocido, el papel que jugó el ex espía Paesa durante el tiempo en que el ex director general de la Guardia Civil anduvo desaparecido, la rocambolesca entrega-detención del prófugo en el aeropuerto de Bangkok, capital de Tailandia, el doble juego del hombre de las mil caras, que por un lado engaña a Roldán y se apropia del dinero que éste había acumulado procedente de comisiones ilegales de obras y de fondos reservados (1.500 millones de pesetas) y por otro le cobra 300 millones más a Belloch, ministro de Interior y Justicia con Felipe González, a cambio de traicionar a su protegido...


Es conocido, sí, que el famoso sinvergüenza Francisco Paesa, a quien en la película da vida el actor Eduard Fernández,  nunca pisó la cárcel y que llegó incluso a simular una muerte falsa pero aún así, el trepidante ritmo con el que está contada la historia hace que nos vuelva a interesar casi como si no la conociéramos. Aquellos acontecimientos ocuparon decenas de primeras páginas en los periódicos españoles y extranjeros, y abrieron muchos informativos de radio y televisión. Los seguimos durante meses, durante años incluso, incrédulos y escandalizados. Ahora, al verlos resumidos en una película de dos horas, parece como si fuera imposible que todo eso hubiera podido llegar a suceder.

Sorprende constatar, por mucho que conozcamos la historia, que con la manera chapucera de desenvolverse que tenía Paesa, éste fuese capaz de tener en vilo a todo un país durante casi un año dejando además en ridículo a los servicios secretos españoles, al gobierno y a las fuerzas de seguridad del Estado. Roldán nunca estuvo en Laos, pero Paesa nos hizo creer a todos, empezando por el gobierno español, que era ese país quien lo extraditaba y accedía a entregar al fugado en el aeropuerto de la capital de Thailandia, cuando en realidad mercenarios pagados por Paesa lo tenían escondido en un barrio de París. Nos hizo creer que un falso militar laosiano al que bautizó como capitán Khan -pitorreo puro- en homenaje a un célebre personaje televisivo de los programas infantiles de los sesenta llamado el capitán Tan, estaba al frente de la operación: en realidad se trataba de un conocido suyo, cocinero vietnamita en París, al que pagó  por prestarse al juego. Y redondeó la faena porque contaba con la fidelidad de un piloto aéreo, que fue quien trasladó a Roldán (Carlos Santos) hasta Bangkok con documentación falsa. Piloto que en la ficción encarna José Coronado y bajo cuyo punto de vista está contada la historia.

El guión de Cobos y Rodríguez, que como ya hemos dicho no se ajusta a la realidad en todos sus detalles, transmite sin embargo con mucha fidelidad la atmósfera del momento y el ambiente en el que se movían los personajes. A Cerdán, autor del libro en el que se inspiran, le parece bien el trabajo resultante. A los extranjeros y a quienes por edad no conozcan la historia de aquellos dos pícaros españoles de finales del siglo veinte llamados Roldán y Paesa, este nuevo trabajo de Alberto Rodríguez, como siempre ocurre con las películas del director andaluz, les permitirá aprender y ayudará a pensar.

J.T.


sábado, 10 de septiembre de 2016

La semana del machismo

Hasta este viernes solo había una mujer con el grado de teniente coronel que estuviera al frente de una unidad operativa del ejército español. Desde este fin semana ya son... ¡dos! La primera promoción en la que se permitieron incorporaciones femeninas al ejército fue en 1988. Veintiocho años después, solo doce soldados de cada cien son mujeres. En la carrera judicial, las mujeres son ya el 52 por ciento, y si hablamos de jueces menores de cincuenta años, el porcentaje supera el 62. Pues bien, la foto de la inauguración del año judicial continúa rebosando testosterona por mayoría aplastante. De cada cien españoles con estudios universitarios, cincuenta y siete son mujeres. En cambio, ocupan apenas el 20 por ciento de las plazas de profesorado y, según nos cuenta Laura Freixas, solo hay una mujer que sea rectora de universidad.
Y así podríamos continuar hasta el infinito, cuando finaliza una atropellada semana en la que la realidad continúa certificándonos, para nuestra vergüenza, el impresentable machismo que aún llevamos dentro. En un campo de fútbol de la provincia de Tarragona, un espectador enfadado con una decisión arbitral de Marta Galego, la mandó a gritos “a fregar los platos”. La jueza interpelada no dudó en detener inmediatamente el partido que disputaban los equipos de la UE Valls y Cambrils, y el encuentro no continuó hasta que el grosero fue expulsado del campo.
En Madrid, a las puertas del Centro Comercial Moraleja Green, un estresado ejecutivo se dirigía este miércoles, acelerado, a la parada de taxis. No toma el primero de la fila, a cuyo volante espera una mujer, y se encamina hacia el segundo. Se equivoca, el otro coche está primero, le dice el taxista situado en segundo lugar. Ya, le contesta el presunto cliente, pero es que voy mal de tiempo para coger el AVE y las mujeres conducen más lento…. Debió perder el AVE , porque ni el segundo taxista ni los demás compañeros de parada accedieron a realizar el servicio. El machista amenazó con llamar a la policia. Llame, llame, le contestaron los conductores, no caerá esa breva. Hasta que se marchó avergonzado, con el rabo entre las piernas.
En Madrid, también esta misma semana, dos cargos políticos femeninos, la portavoz del ayuntamiento de la capital y una de las diputadas de la Comunidad en el Congreso convocan a los medios, junto a otros compañeros, para hacer pública una nueva sensibilidad política dentro de Podemos. Se llaman Rita Maestre y Tania Sánchez pero los medios de la caverna, y no sólo los de la caverna, pasan de lo que tienen que contar y se empeñan en resaltar, por encima de cualquier otra consideración, su condición de exparejas de Iñigo Errejón y Pablo Iglesias respectivamente.
Rita y Tania se han cansado y han explotado: “La política no es el cortijo de los hombres, las mujeres no venimos de invitadas, somos protagonistas…” han escrito en las redes. Pero es inútil. En la política, la universidad, la judicatura, incluso en el ejército, las mujeres van subiendo peldaños, pero ni por asomos consiguen situarse en el nivel de igualdad que les corresponde. Imperdonables los años de retraso que llevamos. En periodismo ni hablamos, todas las redacciones atestadas de mujeres y poquísimas en los sillones directivos, aunque en Público tenemos la suerte de contar, desde comienzos de mes, con una de ellas: mi admirada Ana Pardo de Vera, a quien aprovecho para felicitar también públicamente.
Aunque cuenten con la complicidad de todos los que luchamos para acabar de una puñetera vez con la discriminación por razones de sexo, abrirse paso entre tanta hostilidad continúa suponiendo un esfuerzo añadido para las mujeres. Y mucho más, creo para las que apuestan por abrirse camino en mundos como el del taxi o el del fútbol. Ahí sí que la presencia femenina pierde por goleada en las estadísticas. Lo que quiere decir que perdemos todos, porque mientras haya quien insulte en los campos de fútbol o se niegue a tomar un taxi conducido por una mujer, la responsabilidad de que eso suceda será de todos. Y de todas.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

¿Podría el “caso Soria” acabar con Rajoy?

La provocación que supuso proponer a José Manuel Soria para director ejecutivo del Banco Mundial no fue una equivocación más de Mariano y sus muchachos, porque el asunto lleva ya camino de acabar convirtiéndose en La Gran Equivocación. Cinco años mintiendo como bellacos, tratándonos como tontos y administrando el poder como si el país fuera un cortijo privado a su entera disposición, y mira tú por dónde lo que puede acabar con Rajoy va a ser esta “tontería” con trazas de bola de nieve.
Porque tontería fue el momento escogido para el anuncio, justo al final del fallido debate de investidura, tontería las burdas explicaciones posteriores de Rajoy y de Guindos, – “decisión técnica y no política”, “si un funcionario no puede ser funcionario,entonces… ¿esto qué es?”- y tontería también fue, sin duda, no abandonar la soberbia ni la chulería cuando por fin entendieron que no tenían más remedio que dar marcha atrás.
Una tontería que en el Partido Popular ha puesto de los nervios a mucha gente y ha roto el tradicional cierre de filas en torno al hierático líder. Demasiado cachondeo ya, incluso para la ilustres tragaderas de sus señorías peperas. Tras los cabreos públicos expresados en días anteriores por Feijóo, Cifuentes, Monago, Herrera, Moreno y compañía, y una vez tomada la decisión de obligar a Soria a quitarse de enmedio, hacía gracia escuchar la mañana de este miércoles a Jesús Posada afirmar que la rectificación “es la mejor solución posible y lo mejor para todos”, a Andrea Levy asegurar que “lo importante es que al final las cosas se han hecho acertadamente”, o a Javier Maroto recurrir al “rectificar es de sabios” añadiendo además, sin asomo de rubor, que “cuando uno toma una decisión, la recapacita y rectifica y, además, lo hace en la buena dirección, hay que aplaudirlo”. ¡Ahí queda eso!
El “affaire” Soria tiene pinta de bola de nieve porque, si en el horizonte hubiera podido existir la remota posibilidad de contar con once abstenciones en octubre para hacer presidente a Rajoy, ¿quién va a ser ahora en el PSOE, después de la última gamberrada rajoyniana el guapo, o la guapa, que va a atreverse a proponer echarle una mano al PP? Los de Ciudadanos, por su parte, están que se suben por las paredes porque se les ha quedado cara de tontos y lo saben. “Hay algunos que no tienen remedio”, comentó Rivera cuando se enteró de lo de Soria el viernes por la tarde tras la sesión de no-investidura, apenas una hora después de haber sido víctima de la mala educación de Rafael Hernando y sin haber tenido la oportunidad de contestarle.
En resumen, que la tontería Soria ha destrozado cualquier expectativa de posibles apoyos para octubre y que, llegados a este punto, parece difícil que todo continúe como hasta ahora. La capacidad de aguante de Rajoy empieza a agotar la paciencia de sus todavía leales compañeros de partido, y la hipótesis de que no sea el actual presidente en funciones quien encabece las listas si hay terceras elecciones parece que empieza a ser plausible.
A pesar de lo acostumbrados que están a mentir y hacer siempre lo que les ha dado la gana sin que nunca pase nada, esta vez parece que no ha colado. Un retiro dorado más, como los de Wert, Ana Mato o Cañete, pues va a ser que no. Al vaso de las provocaciones ya no le caben más desvergüenzas y se ha desbordado. Para Rajoy y para el PP, el “affaire” Soria puede que no haya sido simplemente una equivocación más. Puede que acabe convirtiéndose en “La Gran Equivocación”.


J.T.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Soria le pone precio a su silencio

Hace falta tener la cara de cemento armado. Gamberradas como la del caso Soria recuerdan a los chistes de Jaimito, aunque no quiero situar este asunto en el terreno de la travesura o la pillería, porque eso sería hacerles al Partido Popular y al Gobierno un favor que no se merecen. Que el ministerio de Economía haya propuesto al mentiroso José Manuel Soria para la dirección ejecutiva del Banco Mundial es una provocación que linda con el recochineo, la desconsideración y la chulería. Y qué me dicen de la alevosía añadida, hacer pública la propuesta a los pocos minutos de finalizar el fallido debate de investidura del pasado viernes.

Quien hasta el día 15 de abril de 2016 fuera ministro de Industria, Energía y Turismo del gobierno de Rajoy y se viera obligado a dimitir -cuando quedó demostrado que había mentido al afirmar que nunca tuvo firma en una empresa domiciliada en paraíso fiscal-, cobrará a partir de noviembre en su nuevo trabajo 226.500 euros anuales ¡después de impuestos! Esto sí que es una indemnización en diferido que ríete tú de las puertas giratorias. Casi 20.000 euros al mes limpios, insisto. Mas dietas, viajes y demás prebendas. Un escándalo más, una desvergüenza más, una prueba más de que Rajoy y los suyos continúan actuando como dueños absolutos de unas instituciones que tutelan en funciones. Pero el carácter provisional de sus cargos parece que se las trae al pairo.

Aún así, algunos miembros del Partido Popular están que se suben por las paredes: Con las elecciones gallegas ahí mismo, a Feijóo el asunto Soria le ha sentado como una patada en la entrepierna; en Euskadi Borja Sémper, también metido ya en precampaña, ha mostrado su disgusto y cuestionado “la idoneidad” de Soria para el cargo “por muy preparado que esté”: para el presidente del PP de Burgos la promoción del ex ministro es “simplemente inapropiada”…

¿Le buscamos posible explicación? Vamos a ver, repasemos: ¿quiénes han conformado durante los últimos cinco años el entorno de confianza más próximo a Rajoy? Ana Pastor, Margallo, Fernández Díaz, José Manuel Soria... Lo de éste último viene de lejos. En 1995, el ahora polémico ex ministro había ayudado a poner orden a Rajoy en el PP de Canarias y desde entonces se hicieron buenos amigos; en el Congreso valenciano del PP del año 2008, cuando Aguirre, Aznar y compañía querían acabar para siempre con Mariano, el hoy todavía presidente del gobierno contó, además de con el apoyo de los valencianos, con la incondicional complicidad de José Manuel Soria, que fue quien se encargó de redactar la ponencia política de un crispado cónclave que acabaría ganando Mariano.

Leyendo los periódicos de estos días, allegados y adversarios de Rajoy recuerdan en sus comentarios y columnas que el todavía presidente en funciones está en deuda con Soria y no podía negarle el favor que le ha pedido. Se hacen eco de su enfrentamiento con Montoro por el caso Abengoa, de sus reticencias a permitir la fusión de Antena Tres y la Sexta, opción que patrocinaba la mismísima Soraya SS… La lealtad y sintonía de Soria con Rajoy eran tales que el amigo canario llegó incluso a figurar en las quinielas de posibles candidatos a liderar el PP cuando se celebrara el próximo congreso.

“Es una decisión técnica y no política”, ha dicho Luis de Guindos, responsable del ministerio que ha propuesto a Soria para ser uno de los 25 presidentes ejecutivos del Banco Mundial durante los próximos dos años. Como Técnico Comercial del Estado por oposición que es, el “mentiroso de Jersey” parece que tiene derecho a optar a esa plaza, para la que cuenta con méritos y currículum suficientes, según la ´comisión que ha evaluado su solicitud. No era el único con méritos, también estaba Álvaro Nadal, en su día número dos de Soria en el ministerio. Pero, ¡oh, casualidad, el bueno de Nadal ha retirado su candidatura. “Si un funcionario no puede ser funcionario, entonces… ¿esto qué es?”, se ha preguntado desde Hangzhou un trémulo y arisco Rajoy, sin duda contrariado por las adversidades que sufre su amigo Soria, quien desde el día que dimitió, hace ya casi cinco meses, no ha abierto la boca. Hay silencios que valen oro.

J.T.

Publicado en "Confidencial Andaluz"

jueves, 1 de septiembre de 2016

Pamplona y las tumbas de Mola y Sanjurjo

Pasan los años y ahí sigue, en pleno centro de Pamplona, visible prácticamente desde todos los ángulos de la ciudad. Ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo el monumento de “Navarra a sus muertos en la Cruzada”, una agresiva e insolente construcción que alberga los esqueletos de insignes pertenecientes al bando vencedor de la guerra civil. Entre ellos dos fascistas first class:Emilio Mola Vidal y José Sanjurjo Sacanell, dos golpistas vocacionales con vidas paralelas. Africanistas, profesionales de la sublevación y la crueldad, grandes ambiciosos, con dotes de liderazgo y organización, y adictos al placer que proporciona la potestad de mandar y ser obedecidos. Mola nació en Cuba y Sanjurjo en Pamplona, pero su primer destino como teniente fue Cuba. Pelín gafes ambos, eso sí, porque los dos la liaron parda y a los dos acabó saliéndoles el tiro por la culata.
Emilio Mola fue el diseñador del aquel desastre de golpe de Estado del 36 que acabaría desembocando en sangrienta guerra civil. El considerado “director” del “glorioso alzamiento” resultó ser un chapuzas. Y su todavía compañero de tumba, José Sanjurjo, no se le quedó atrás: sus veleidades golpistas le habían llevado a encabezar en 1932 un pronunciamiento que fue un rotundo fracaso. Lo condenaron a muerte, le conmutaron la pena por cadena perpetua y aunque no le permitieron regresar al ejército, al año siguiente lo amnistiaron y se marchó a Portugal, al exilio. Debió pensar que era un hombre de suerte y volvió a tentar al destino con 64 años: en el golpe de julio del 36 sería el jefe del gobierno militar, pero no. Decididamente era gafe, o vaya usted a saber, pero el caso es que la avioneta que acudió el 20 de julio a Estoril para trasladarlo a Burgos se estrelló al poco de despegar y Sanjurjo nunca pudo llegar a ponerse al frente de los golpistas.
Para continuar con los paralelismos, a Mola solo le quedaba estrellarse también en un accidente de avión. Lo conseguiría en cuestión de meses: el 3 de junio del 37, cuando viajaba desde Vitoria al frente de Valladolid, el avión que lo transportaba se estrelló, dicen que por culpa del temporal, en la montaña de un pueblo de Burgos llamado Alcocero. Tenía 50 años. Las dos muertes beneficiaron a Francisco Franco: pista libre para el golpista de El Ferrol, quien desde entonces lideró el fratricidio sin que nadie de su bando osara cuestionar sus decisiones.
Ni Mola ni Sanjurjo supieron nunca que sus espantosos sueños conseguiría acabar materializándolos aquel general bajito y de voz atiplada al que nunca
tuvieron en excesiva consideración. La “mosquita muerta”, no obstante, decidió serles agradecido una vez ganada la guerra y en 1942 ordenó levantar en Pamplona, al final de la avenida de Carlos III, el tétrico edificio que perpetuaría la memoria de sus siniestros mentores con el que intentó humillar, sin conseguirlo nunca, la dignidad del pueblo navarro.
Pero el edificio ahí sigue, míralo, míralo. Y con los restos de Mola y Sanjurjo dentro, viendo pasar el tiempo, quince meses después de la llegada a la alcaldía de Joseba Asirón. Por fin el ayuntamiento del cambio parece que se va a decidir a coger el toro por los cuernos. Ochenta años después del golpe -¡ochenta años!- y aún cogiéndosela con papel de fumar no vaya a ser que alguien se enfade. Ochenta años después y con una ley de Memoria Histórica que lleva un lustro pidiendo a gritos ser cumplida. Ochenta años después del comienzo de la guerra civil y aún recurriendo, -¿por miedo a pisar callos?- a la diplomacia de altos vuelos con la iglesia, que cuando cedió la propiedad del edificio al ayuntamiento, lo hizo con algunas condiciones… Diplomacia también con los herederos y allegados de los enterrados. Todo con vaselina, que no duela, en fin… tendrá que ser así.
En un par de meses se exhumarán los restos, la decisión municipal ya está tomada, y se cerrará el edificio. Luego se abrirá un debate para ver qué se hace con él. No se descarta la demolición.
J.T.

domingo, 28 de agosto de 2016

¡Cómo nos hacen perder el tiempo!

Llevan los tertulianos de guardia repitiéndolo todo este mes de agosto y lo cuentan como si estuvieran descubriendo la pólvora: Perdimos el tiempo en primavera -dicen- cuando elucubrábamos sobre pactos y variantes posibles para una imposible investidura. Perdimos el tiempo pensando que una solución era factible. Pues sí, queridos, perdisteis el tiempo con tanta ecuación, tanto caldo de cerebro y tanta paja mental, y lo que es peor: continuáis perdiéndolo ahora. Igual o más. Estamos todos perdiendo miserablemente el tiempo desde el mes de enero mientras los políticos juegan ahora al escondite, ora al mus o al póker, nos vacilan sin pudor o se ríen a carcajadas en nuestra propia cara. Y, como en la canción, nosotros nos empeñamos en continuar preguntándonos cuándo, cómo y dónde para que ellos siempre respondan quizás, quizás, quizás. Y así pasan los días, nosotros desesperando y ellos contestando quizás, quizás, quizás.

Cuesta trabajo asistir impasible a esta mascarada, a esta ceremonia de la confusión, a este cuento chino. Nunca fue la política en España más mentira que en este 2016. Nueve meses ya mareando la perdiz, un año perdido para todo lo que soñábamos y un año ganado por los poderosos, que saben que hay momentos históricos en que perder el tiempo es la mejor manera de acabar ganándolo. Se trata de hacer perder la paciencia a quienes queremos que las cosas cambien hasta que, desanimados, exhaustos... cautivos y desarmados, los pocos que se animen a votar en la próxima convocatoria lo hagan para refrendar que las cosas sigan como están y el desastre continúe.

Desorientados, los ciudadanos nos hemos ido cociendo en agosto en el fuego lento de nuestra propia desesperación mientras ellos tan panchos de puente en puente y de playa en playa, haciendo como que se reunían e intentando que nos creyéramos que buscan un acuerdo que ni quieren ni desean. Como en el refrán, "ni se muere ni cenamos". Un año más de desigualdades intolerables, un año más de aumento de la pobreza, de overbooking en Cáritas, de empleos miserables, de contratos laborales de juzgado de guardia... Un año más de corrupción, de recortes, de pérdida de derechos, de deterioro en la sanidad y en la educación públicas...

Nos hemos instalado en un limbo tan desconcertante como sospechoso y de propina, como diría Enric Juliana, los de Podemos haciendo el muerto en la orilla, instalados en aquella indolencia que otrora tanto combatieron. No entiendo nada. A los únicos que entiendo es a los de Ciudadanos, los más cínicos y desvergonzados de todos, pero también los más consecuentes. Nacieron para hacer justo lo que están haciendo, y a fe que están cumpliendo con su papel.

Pero no entiendo a Pedro, ni a Pablo, ni a ningún otro apóstol de los que, ya en el otoño pasado, andaban predicando una buena nueva que ni está ni se le espera. Tampoco entiendo a Mariano, tan ladino y cauto él, presentándose finalmente a una investidura que solo se explica si cuenta con un conejo en la chistera para sacarlo en el último minuto. ¡Ay, cuánto me acuerdo estos días de Tamayo y Sáez, aquellos dos socialistas que, con su cinematográfica ausencia en 2003 del pleno de investidura de Rafael Simancas permitieron la irrupción, cual elefante en cacharrería, de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. 


Hay quien sostiene que el as en la manga de Mariano es el anunciado fracaso del PSOE en las elecciones vascas y gallegas y la posible necesidad del PNV del apoyo del PP para gobernar en Euskadi. A mí la verdad es que tanto ajedrez ya me aburre y me da mucha pereza. ¿Alguien me puede explicar todo este quilombo? Y mientras tanto, como en la canción, "así pasan los días y yo, desesperando y tú, tú contestando quizás, quizás, quizás".

J.T. 

viernes, 19 de agosto de 2016

40 años ya del asesinato de Javier Verdejo

A finales de la década de los sesenta, en los tiempos en que yo estudiaba los últimos cursos de bachillerato en el Instituto Masculino de Almería, el alcalde de la ciudad se llamaba Guillermo Verdejo Vivas y era farmacéutico. A Franco todavía le quedaban siete u ocho años de vida. Pero lo que no sabía su incondicional alcalde es que el quinto de sus hijos, de nombre Javier,  moriría apenas nueve meses después que el dictador. Lo asesinó un guardia civil en la playa de San Miguel en agosto de 1976, en aquellos convulsos y confusos momentos en que comenzaba la "celebrada" transición política. El joven Verdejo tenía 19 años, era ya universitario y estaba de vacaciones.

Fue el verano en que Adolfo Suárez se convirtió, merced a los designios reales, en presidente del gobierno. Apenas llevaba un mes en el poder cuando decidió pasar en el Cabo de Gata sus primeras vacaciones como primer ministro. Y justo en el Cabo de Gata, en el Arrecife de las Sirenas, Javier Verdejo y algunos de los amigos, Ana, Rosa y Fran entre ellos, decidieron pasar un fin de semana sin poder sospechar que a Javier, que surtía puntualmente a la pandilla de condones requisados en la farmacia de su padre, le quedaban apenas cuarenta y ocho horas de vida.

Dos días después, ya en Almería, el quinto hijo de quien fuera alcalde franquista de la ciudad, "garbanzo negro" de la  familia, miembro de la Joven Guardia Roja, había quedado con algunos compañeros de militancia. Se dirigieron a la playa y allí escogieron una pared blanca donde decidieron reclamar "Pan, Trabajo y Libertad". Javier empezó a escribir la pintada que nunca terminaría. Se quedó en la cuarta letra. La irrupción de la guardia civil obligó al grupo a dispersarse y buscar donde esconderse. Con tan mala fortuna para Javier, que la caseta en la que se refugió fue lo último que vio en su vida. Le dispararon cerca y en la garganta, y acto seguido arrastraron su cuerpo hasta la orilla.

Yo estaba en Ceuta, en la mili, y la noticia me conmovió y me impactó con la violencia de una descarga eléctrica. Habían matado a Javier en la playa de San Miguel, junto a la Ciudad Jardín y el Zapillo, en la arena y el agua que habían marcado la memoria sentimental de mi infancia y mi adolescencia. Cerca de mi instituto, cerca del Cable, en aquella orilla donde de niños no sabíamos evitar que el alquitrán que soltaban los barcos se nos quedara pegado a los pies. La noche de su asesinato, la orilla de la playa llena de alquitrán, seguro que se mezcló con la sangre de Javier.

Me contaron, porque yo no pude estar, que la familia decidió no reclamar, que la capilla ardiente fue en la casa de los Verdejo, cerca del Parque y que al joven fallecido lo amortajaron con hábito de franciscano. Que tras el funeral, se armó un importante pollo en la plaza de San Pedro entre los allegados de Javier y sus compañeros de militancia.

Me contaron que al autor del disparo lo cambiaron de destino y que nunca se conoció oficialmente su nombre ni pagó por ello, que el abogado laboralista que se interesó por no dejar dormir la causa, conocido como "Pirri", falleció al año siguiente, en el Arrecife de las Sirenas, de un corte de digestión cuando se estaba bañando después de comer y que con su muerte se enterró definitivamente el interés por remover el asesinato de Verdejo.

Me contaron también que el resuelto Adolfo Suárez apenas prestó atención a las protestas por este asesinato, que las relegó en sus orden de prioridades o que nunca se interesó a fondo por el asunto. Almería está demasiado esquinada para figurar en ningún orden de prioridades. En esta provincia andaluza, los desaprensivos cuentan con más ventajas que en otras para moverse y actuar a sus anchas. Ocurrió en los tiempos en que mataron a Javier Verdejo y continúa sucediendo ahora. Porque a la sensación de impunidad, y casi de inmunidad, con la que se mueven por todo el país, en Almería los corruptos y los granujas cuentan con un valor añadido: la pereza del centralismo para ocuparse de lo que ocurre en lo que muchos llaman "el culo del mundo" sin cortarse un pelo.

Ya no hay alquitrán en las playas de Almería. Desde hace mucho tiempo cuando me acuerdo del alquitrán, no puedo dejar de acordarme también de la sangre de Javier.

J.T.

sábado, 13 de agosto de 2016

¿Qué significa "complicidad" para Rajoy?

"Si consigo tener la "complicidad" del PSOE, iré a la investidura; si el señor Sánchez se mantiene en el "no", volveremos a repetir elecciones". Una vez soltado esto, contestar solo las preguntas que él consideró "importantes" y añadir que "no podemos perder más tiempo", Mariano Rajoy recogió sus papeles, abandonó el estrado el pasado miércoles y se marchó a preparar sus vacaciones del puente de Agosto. Apagón hasta el 17.

Si grave es aplazar una semana lo que podía haber resuelto en horas, si intolerable la falta de respeto a las preguntas y el aire de chantaje del que rodeó su comparecencia, lo peor de todo fue el empleo que hizo del término "complicidad", ¡qué rara sonó esa palabra en su boca!

La complicidad es algo demasiado serio para invocarlo a la ligera. Muy íntimo, muy intenso. Ser cómplice es creer en el otro, apostar por él, dar la cara por él, sentir que él te defiende, te apoya, y emite en la misma longitud de onda que tú.

Ser cómplice es, en muchos casos, mucho más que ser amigo, es saber que el otro no te va a traicionar, que va ser de por vida depositario seguro de tus confidencias y apoyo incondicional en las adversidades. Ser cómplice es sentir la piel y los sentimientos del otro y estar seguro que las fuerzas sumadas de ambos os van a permitir comeros el mundo.

El término complicidad contiene un cierto punto erótico, estimulante, fresco, es vida pura compartida sin contrapartidas. La complicidad es, sin duda ninguna, de izquierdas. Tiene que serlo. Por eso me chirriaron tanto las neuronas este miércoles cuando se la escuché pronunciar a Rajoy tras su entrevista-tongo con Albert Rivera.

Sí, queridos amigos, el todavía presidente en funciones osó pronunciar la palabra "complicidad" y a mí me rompió los tímpanos ¿Le traicionó el subconsciente, fue un lapsus o lo dijo a propósito? Sea como fuere, yo no pude evitar pegar un bote en la silla desde la que estaba siguiendo la comparecencia en directo. Pero vamos a ver, pero... ¿cómo osa? ¿cómo se atreve un personaje como Rajoy a profanar un término tan "sagrado" como "complicidad" para tirarle los tejos a su eterno adversario de toda la vida?

Porque ni contemplar quiero la posibilidad -¿o tendría que hacerlo?- de que Mariano estuviera pensando en la segunda acepción de la palabra cuando la empleaba: la que define complicidad como la "participación de una persona junto con otras en la comisión de un delito o colaboración en él sin tomar parte en su ejecución material".

Conste que soy de los que piensa que el partido cortejado, al menos algunos de sus miembros, puede que acaben dejándose querer. Pero ¿de verdad que el registrador pontevedrés aspira a conseguir no ya los votos sino, nada menos que la complicidad del Partido Socialista para continuar en el poder?

Me parece muy fuerte. Mucho. Toda una profanación, insisto. una profanación para quienes crecimos, por ejemplo, leyendo a Benedetti y escuchando a Nacha Guevara ponerle voz a aquellos maravillosos versos:

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Ningún comentario más. O sí: solo uno. Si algunos en el PSOE estaban pensándose apoyar a Rajoy, solo por su repugnante empleo del término "complicidad", solo por lo obsceno que sonó cuando salió de sus labios, yo me lo pensaría. Feliz puente.

J.T.