martes, 7 de abril de 2020

Casado, déjalo ya!


Miro los gráficos y las estadísticas que desde hace casi un mes nos tienen sobrecogidos y extraigo, en líneas generales, una conclusión: se han estrellado todos los talentos, nunca tanta gente junta hizo tanto el ridículo a la vez en tan poco tiempo. Admitidlo de una vez, sobraos del mundo entero: no teníais/no teníamos ni puta idea de lo que se nos venía encima. Nadie. Así que anda, Casado, déjalo ya!

Boris Johnson, hospitalizado, muy probablemente esté ahora en la UCI no por su patética actitud negacionista de los primeros días, sino por indigestión: se ha tenido que comer, sin masticar siquiera, una buena ración de sus propias palabras, su autosuficiencia se ha llevado por delante la vida de muchos de sus compatriotas y lo que te rondaré morena. Casado, déjalo ya!

Donald Trump, sin despeinarse, no se ha olvidado de la laca pero sí de la vergüenza a la hora de decir una cosa y la contraria sobre la pandemia en horas veinticuatro. De ridiculizar a quienes se preocupaban por la propagación del coronavirus, pasó a los pocos días a amenazar a quienes no tomaran medidas y a admitir que, si al final su país pierde en esta batalla “solo” un cuarto de millón de vidas, lo considerará una victoria. Casado, déjalo ya!

La tercera parte de la humanidad confinada, ciento setenta y muchos países infectados, y aquí en España la irredenta oposición anda todavía jugando con los muertos intentando desgastar a un gobierno que, para su desgracia, está metiendo la pata bastante menos de lo que ellos hubieran deseado. Les jode que el número de muertos no suba más, les jode que las medidas aplicadas estén empezando a surtir efecto, les jode que ni una tragedia de estas dimensiones desgaste al gobierno lo suficiente para tumbarlo. Y mira que le ponen afición (práctica en encanallar el ambiente tienen toda la del mundo) para conseguirlo. Casado, déjalo ya!

Trece mil muertos son muchos muertos, qué duda cabe. Pero como ocurre con todo en la vida, depende de con qué se compare. Y en el resto del mundo las cifras son cada día más espeluznantes y no paran de crecer. Mientras tanto, en nuestro país, los números empiezan a estabilizarse, los picos pasan y la curva parece que baja, toquemos madera. No hay mayor desgracia para los golpistas vocacionales que no lograr que Sánchez fracase, porque si el Gobierno de coalición sale de esta y consigue que empecemos a levantar cabeza antes que otros muchos lugares, y encima acabamos enseñándole el camino de lo que hay que hacer a países como Estados Unidos, Francia o Reino Unido, van a tener muy difícil tumbarlo como sueñan cada día como verdaderos desesperados. Casado, déjalo ya, no te alinees con los golpistas generadores de cuentas falsas y promotores de bulos infames.

Olvídate de esos socios desaforados que en esta crisis, y sé de lo que hablo, están llegando a avergonzar incluso a muchos de sus propios votantes. No cuela lo de llamar comunistas a quienes proponen las mismas medidas que sugieren hasta Luis de Guindos o Toni Roldán. No cuela demonizar la aprobación de un ingreso mínimo vital cuando es algo que gobiernos de la Unión Europea, Canadá, y hasta el mismísimo Trump han puesto sobre la mesa. Casado, déjalo, ya!

Como no lo deje ya, el líder del PP lo va a tener difícil sobre todo porque, una vez que levantemos un poco la cabeza, medidas sociales que este gobierno podría haber tardado algún tiempo en desarrollar, es muy posible que consiga sacarlas adelante bastante antes de lo que tenían previsto.

Los gráficos que publican a diario los expertos sobre la evolución de la pandemia en todo el mundo parecen señalar que, si la cosa continúa como hasta ahora, en nuestro país podríamos presumir de estar haciendo bien los deberes. Lo reconoce la Organización Mundial de la Salud, cuyo director regional para Europa, Hans Kluge, ha expresado su "optimismo prudente" como resultado de la actuación del Gobierno español con medidas del Ministerio de Sanidad que considera "audaces", con “enfoques innovadores" y "decisiones valientes".

Si yo fuera el líder de la oposición recompondría sin más pérdida de tiempo la manera de relacionarme con el Gobierno de coalición antes de hacer el ridículo y que toda la opinión pública mundial acabe sacándome los colores, como ya ha hecho el Financial Times. “España –ha dicho el rotativo- es el único país donde la oposición ataca en plena crisis al gobierno que intenta contener el coronavirus. Mientras las muertes crecen, la confrontación ha vuelto con ánimo de venganza". Casado, déjalo ya, anda!

J.T.

miércoles, 1 de abril de 2020

TVE, en el túnel del tiempo


1. Darás cancha a los políticos de las derechas por muchas barbaridades que suelten: conviene tenerlos contentos y que se quejen de ti lo menos posible.

2. A los de Podemos ni agua, no vaya a ser que las derechas o el PSOE, lo que sería peor, acaben cabreándose y entonces, pobre de mí, qué va a ser de mi sillón.

Los diez mandamientos que parecen regir el comportamiento de los actuales responsables de informativos en TVE podrían resumirse en los dos que acabo de enunciar. Entre el resto estarían, por ejemplo, honrarás el bipartidismo sobre todas las cosas, santificarás la manera como se ha informado toda la vida o no pronunciarás el nombre de Pablo Iglesias en vano a menos que sea para meterle caña. El túnel del tiempo.

El Telediario1 de este martes 31 de marzo tenía que haberse interrumpido para dar paso a la rueda de prensa que en la Moncloa se estaba celebrando tras finalizar un Consejo de Ministros en el que se habían aprobado medidas de enorme calado social. En la comparecencia, el Vicepresidente segundo
del Gobierno explicaba decisiones que concernían al sector más desfavorecido de la ciudadanía: no a los desahucios, nada de miedo a quedarte en la calle aunque no tengas medios para pagar el alquiler, un dinero razonable para garantizar el sustento mínimo… Nada de todo esto tenía desperdicio pero, ¡ay! quien lo estaba contando era Pablo Iglesias, ¡lagarto, lagarto!

¡Uf! demasiado protagonismo para el líder de Podemos, mejor continuar con el Telediario y dar la rueda de prensa por el 24 horas que apenas llega al uno por ciento de audiencia. De juzgado de guardia, de tribunal ético, si las Asociaciones de la Prensa, que esa es otra, no estuvieran lo mangoneadas que están. ¿Qué sentido tiene la existencia de la televisión pública? Se supone que ser servicio público, ¿no? ¿Y qué criterio debe primar cuando se está produciendo un fenómeno informativo del calado del que tenía lugar este martes a la misma hora que el Telediario1?

Era información de Estado en una situación de crisis inédita, en un momento en que la pandemia del coronavirus nos tiene acojonados a todos. Y las medidas que anunciaban, mire usted por dónde, le ha tocado ponerlas en marcha a un Gobierno de coalición. ¿nos acostumbraremos en algún momento a asumir que tenemos un Gobierno de coalición, y que eso significa que la televisión pública del Estado tiene que ser útil a todo el mundo y hacer llegar todas las voces de ese gobierno al máximo de gente posible?

La tele pública del Estado debe brindar información de Estado y en los duros momentos que vivimos, más que nunca. No se puede discurrir por el mismo carril que el resto de los medios. Los periódicos están encanallados, las televisiones envenenadas, las radios histéricas y los tertulianos desorientados. ¿No nos merecemos al menos que la televisión pública aproveche esta oportunidad para recuperar el sitio que nunca debió perder?

En ningún hospital nos imaginamos a un médico moviéndose por criterios políticos a la hora de salvar vidas, tampoco en las clases on line, que estos días reciben cientos de miles de alumnos en todo el país, se nos ocurre pensar que sus profesores actúen movidos por otra razón que no sea su vocación de enseñar ¿por qué entonces en la televisión pública esto no ocurre? ¿Por qué la comparecencia de un vicepresidente de gobierno no se da en directo y en cambio sí se hace con las declaraciones del líder de la oposición, con cuyo despacho se conecta a las primeras de cambio aunque lo que tenga que decir no sean más que tonterías, sembrar cizaña y meternos en el cuerpo más miedo del que ya tenemos encima?

Lo de este martes fue especialmente grave, y si faltaba algo para redondear, remataron la faena en el TD2: como además de Iglesias habían comparecido la ministra Portavoz y la vicepresidenta Calviño, en compensación resuelven apostar por un directo con uno de los tres. ¿Con Pablo Iglesias quizás, que fue quien explicó las medidas más importantes? Por supuesto que no, con Nadia Calviño, que hay que tener contento al PSOE.

Y así todo. Continuamos para bingo en el túnel del tiempo. Y cumpliendo los mandamientos.

J.T.

PD. Ninguna otra televisión con cobertura en todo el Estado ofreció la rueda de prensa. Sí lo hizo Telearagón en una parte y Canal Sur completa, por lo que considero de justicia reflejarlo aquí.

lunes, 30 de marzo de 2020

Bilis y bulos


Muchos grupos de guasap están envenenando la convivencia. Las redes sociales andan endemoniadas y eso ayuda poco a la serenidad con la que necesitamos gestionar el espanto que estamos viviendo. Por si faltaba algo, la tele está desaprovechando la mejor oportunidad que ha tenido en su historia de dotar de sentido a su existencia y ofrecer el servicio público que siempre se esperó de ella.

El problema del veneno que destilan bastantes grupos de guasap, con todo el mundo practicando el copia y pega como si no hubiera un mañana, es la facilidad con la que se suelen asumir los bulos y la bilis que rezuman esos videos, fotos y memes que parecen multiplicarse por esporas. Son mentiras como castillos, pero cuelan porque hay miedo y si el miedo lo riegas con odio, el cóctel resultante ya nos lo podemos imaginar.

Los profesionales de propagar el pánico y el cabreo crean miles de cuentas nuevas en las que sus falsos titulares difunden las falacias y provocaciones que acaban llegando a nuestros teléfonos móviles. Es el método Bannon, como nos recuerda Julián Macías: si tienes liquidez y careces de escrúpulos puedes montar en las redes un pollo del carajo.

Resistir una crisis de las dimensiones de la que estamos viviendo es, ya de por sí, difícil para cualquier gobierno. Comprobar cada mediodía cómo se dispara la cifra de personas fallecidas no hay estómago que lo digiera fácilmente. Es como, si a diario, se estrellaran en España dos aviones 747. Muy fuerte, demasiado fuerte. Hiela la sangre constatar cómo el overbooking que padecen las Unidades de Cuidados Intensivos en los hospitales puede llevar a recurrir al triaje. Medicina de guerra.

Esto es una tragedia en toda regla, señores, y frente a ella resulta poco explicable que no seamos una piña, al margen de colores y tendencias políticas; asombra que no seamos capaces de aparcar por un tiempo la crispación y la mala leche para ponernos a currar juntos y doblarle el brazo a esta pesadilla cuanto antes.

Esto nos ha pillado en bragas a todos, no era predecible en absoluto y desde el reconocimiento de esa limitación es desde donde se debe trabajar para buscar salidas. Esta crisis gigantesca le ha tocado gestionarla al primer Gobierno de coalición que tenemos en España desde hace más de ochenta años. ¿Me quieren decir que alguno de los gobiernos de los cuarenta que llevamos de democracia lo hubiera hecho mejor? Lo dudo mucho, y creo que también lo dudan los mismos que no desaprovechan ni un segundo para lanzarse a la yugular de los actuales gestores. No me quiero ni imaginar cómo estarían siendo las cosas en materia de transparencia, de libertades, de medidas de ayuda social o de política laboral, entre otros muchos asuntos, si en la Moncloa estuviera el Partido Popular.

En una situación así, todos lo sabemos, hagas lo que hagas, tienes muchísimas posibilidades de meter la pata con frecuencia: has de tomar infinidad de decisiones cada día y sería estadísticamente insólito acertar siempre. No se le puede dejar de presuponer la buena fe al gobierno de coalición encargado de gestionar esta crisis. Me parece pornografía pura escuchar cómo Casado, Abascal y compañía parecen esperar ansiosos la más mínima pifia para acto seguido airearla a los cuatro vientos y comprobar luego cómo sus cortes de voz abren informativos y portadas de periódico relegando a segundo término la información que todos buscamos, que se resume básicamente en conocer cómo llevar mejor todo lo que nos está pasando y cuándo y cómo puede acabar remitiendo esta pesadilla. Me parece delincuencia pura que haya responsables políticos de algunas autonomías que en lugar de cerrar filas con el Gobierno de coalición se dediquen a poner palos en las ruedas de la bicicleta. Nosotros muriéndonos a centenares y ellos jugando a ver quién mete mejor el dedo en el ojo.

Luego llegan las redes y los grupos de guasap contagiando el veneno y la insidia a mayor velocidad casi que la propagación del propio virus, insultando, amenazando y llenando el aire de dudas y mal rollo. Y para remate, la tele: me pongo en el lugar de tanto anciano cuyo único medio de información es la televisión y me los imagino temblando horrorizados con el panorama que cada mañana pintan programas como el de Quintana o Griso. Minerva Piquero ponía el otro día el dedo en la llaga con un dramático SOS en su cuenta de twitter: “no acojonéis más a nuestros mayores, por favor, decía, ¿de verdad no podéis ofrecerles información que los entretenga, los distraiga, los alivie? ¿No os da vergüenza tenerlos asustados temiendo ser ellos los próximos en caer?”

Unos acojonando y otros poniendo a caldo sin parar al gobierno de coalición, unos con el desvergonzado “nosotros ya lo sabíamos” cuando no tenían ni puñetera idea y otros, como Pedrojota, yendo más lejos aún y proponiendo, en su línea desestabilizadora de siempre, la formación de un gobierno de concentración.

Vamos a ver, ¿de verdad no podemos bajar el balón al suelo un ratito, chicas y chicos? Ya que no sabemos cómo puñetas va a acabar esta historia, ya que cada vez nos cuesta más reírnos de algo, ¿no podríamos aparcar las miserias por unos días? ¿El Gobierno de coalición lo podría estar haciendo mejor? De eso no tengo ninguna duda, pero tampoco la tengo de que si fuera el PP quien se encontrara al frente de la gestión, esto sería ahora mismo una ruina. ¿Acaso nos hemos olvidado ya del 11-M, el Prestige, el Yak-42 o la guerra de Irak? Y eso sin hablar de corrupción, de rescates bancarios ni de cloacas.

J.T.

sábado, 21 de marzo de 2020

Guerra al coronavirus... y al gobierno de coalición!

No soportan que Sánchez, por culpa de la presencia de Podemos en el Gobierno, se haya atrevido a promover medidas de gran calado social con las que afrontar esta espantosa crisis. Ni en estos jodidos momentos parece dispuesta la derecha a levantar pedal. Ni coronavirus ni gaitas, a continuar con el raca-raca sin tregua así se caiga el mundo, que por cierto se está cayendo, porque de lo que se trata es de conseguir dinamitar el gobierno de coalición cuanto antes. Deprisa, deprisa, no vaya a ser que las medidas anunciadas funcionen y queden en evidencia tantos años de mentiras neoliberales.

No hay que olvidarlo: la única diferencia entre la manera de afrontar la crisis en 2008 y la de 2020 es la presencia de Podemos en el Gobierno. Por aquel entonces, Zapatero no dudó en machacar derechos sociales, con el célebre hachazo al artículo 135 de la Constitución, para plegarse a las exigencias de los supercicutas europeos y priorizar la estabilidad en las cuentas aunque eso supusiera, como así fue, el incremento de la desigualdad y la ruina para los más débiles.

Las medidas adoptadas en el Consejo de Ministros del sábado 14 de marzo, ¿habrían sido las mismas si no hubiera habido segundas elecciones en noviembre y el Psoe estuviera gobernando desde el verano de 2019 con el apoyo de Ciudadanos? “Hay que echar a estos perroflautas del poder cuanto antes”. Esa es la única obsesión, el único objetivo de una derecha que no soporta ver a un señor con coleta ejercer con solvencia sus responsabilidades como vicepresidente del Gobierno. Por eso cada mañana, desde muy temprano, empiezan a bombardear:

Queridos jóvenes, queridos españoles, no seáis como Iglesias y demos ejemplo. Respetemos la cuarentena y estemos en casa. No se puede estar más pendiente de un sillón en el CNI que de proteger a los sanitarios que se juegan la vida.” (Teodoro García Egea, todavía secretario general del PP, en twitter) “Muchos padres no hemos podido ni ver a nuestros hijos en el día del Padre más que por las redes, mientras un tío que es VP del gobierno rompe la cuarentena, con un par de huevos, para echarnos un mitin.” (Rafael Hernando, intentando hacer méritos en el PP para volver a primer plano, también en twitter).

Los periódicos disparan desde primera hora sin piedad, así como las radios, cadena Ser incluída, donde la mañana de este viernes, por cierto, se despacharon a gusto contra Iglesias en el programa de Ángels Barceló y Miguel Ángel Aguilar remató la faena en su famoso “telegrama” de las noticias del mediodía. De postre Televisión Española, que no se sabe a qué juega, y si lo sabe peor, volvió a meter una cuña infecta en una pieza del Telediario de este viernes en la que se hacía eco, como de pasada, de una recogida de firmas en change.org contra Iglesias sin añadir más explicaciones.

¿Tendrá algo que ver con todo esto que el vicepresidente se pronunciara a favor de la libertad de expresión que protege a los muchos ciudadanos que por todo el país protagonizaron una contundente cacerolada el pasado miércoles a la misma hora en que Felipe VI hablaba por la tele?

¿Sería mucho aventurar que existe un movimiento coordinado para minar la cohesión en el ejecutivo y propiciar un gobierno de concentración PP-Psoe, esa ansiada gran coalición con la que los poderes de siempre llevan tanto tiempo soñando?

No han dejado pasar ni los primeros cien días –todavía falta un mes para ello-, ni parecen dispuestos tampoco a respetar el momento tan complicado que estamos viviendo. Guerra al coronavirus, sí, pero al gobierno de coalición, también.

Me llamó mucho la atención una frase de Espinosa de los Monteros durante el desangelado debate del miércoles en el Congreso de los Diputados: “Miedo me da –vino a decir el portavoz de la ultraderecha- que le ocurra a usted algo, señor Sánchez, y acabemos teniendo a Iglesias (también citó a Calvo) en la presidencia del Gobierno ¡Cómo me hubiera gustado que el realizador nos hubiera ofrecido en ese momento un contraplano de Cayetana o de Casado para ver la cara que estaban poniendo! Ahora va a resultar que Sánchez les gusta a todos, ¿no es maravilloso?
J.T.

miércoles, 11 de marzo de 2020

¿Por qué La 1 de TVE no ofreció la rueda de prensa de Sánchez sobre el coronavirus?


Se cierran los centros de enseñanza, se cancelan viajes al extranjero, la Champions se juega a puerta cerrada, se postergan las Fallas, se considera no autorizar las procesiones de Semana Santa y la histeria colectiva vacía los supermercados como si estuviera a punto de empezar la Tercera Guerra Mundial… ¿Cómo es posible que con este panorama generado por la expansión del coronavirus, el presidente del gobierno comparezca tras participar en una Cumbre europea extraordinaria celebrada por videoconferencia, y la Primera Cadena de la televisión pública del Estado decida continuar con su programación habitual como si no pasara nada postergando al Canal 24 horas la retransmisión en directo de la rueda de prensa?

Era la primera aparición de Pedro Sánchez para abordar la crisis producida tras el alarmante aumento de las cifras de afectados por el coronavirus en nuestro país. No se trataba de una de las habituales comparecencias del competente técnico habitual, Fernando Simón, ni siquiera del Ministro de Sanidad: era el presidente del gobierno hablando por primera vez de la crisis más seria vivida en este país en los últimos tiempos, intentando tranquilizar los ánimos, dando cuenta de sus gestiones y anunciando medidas de enorme calado que en las próximas semanas van a afectar y condicionar de manera directa la vida diaria de buena parte de la ciudadanía. Pues no, la Primera Cadena de Televisión Española no lo estaba dando.

Sentado frente al televisor, yo no podía creérmelo. Escribí un mensaje en redes denunciándolo y manifestando mi estupefacción: “Como no doy crédito, concluía en el texto, espero que en breves minutos este tuit no tenga sentido”. Pues tuvo sentido, porque en la Uno continuaron hablando de animalitos, comidas y temperaturas mientras Sánchez iba explicando asuntos de máximo interés para la vida que nos espera en los próximos quince días: suspendidos los viajes del Imserso, protección a los trabajadores de baja por el virus, suministro de productos sanitarios para prevención, recomendación del teletrabajo, aplazamientos o moratoria en el pago de impuestos, ayudas económicas para empresas y familias que sufran las consecuencias del coronavirus, en especial para los padres que no puedan ir a trabajar porque necesitan cuidar de sus hijos, liquidez para las pymes... Para combatir la crisis, remató Sánchez, "haremos lo que haga falta, donde haga falta y cuando haga falta”.

Hasta las nueve de la noche pude al menos seguirlo en el Canal 24 horas pero… ¿qué ocurrió a partir de ese momento? Pues que tampoco pude, que abandonaron también la retransmisión en directo, cortaron la rueda de prensa de Moncloa y conectaron con el TD2 que trataba lo que en esos momentos sucedía en directo en Moncloa como un asunto más introduciendo en la cabecera una de las frases pronunciadas por Sánchez unos minutos antes en esa misma comparecencia. Solo la Sexta continuó con la retransmisión, y algunas emisoras de radio. Siguieron haciendo periodismo, que es para lo que estamos, pero también se convirtieron en transmisores de un momento de Servicio Público desempeñando una función que por obligación le correspondía haber ofrecido en primer lugar a la televisión pública del Estado.

Tanto despropósito no puede ser casualidad ¿Negligencia? Cuesta creerlo ¿A qué puede ser atribuible? Se supone que los servicios informativos están comandados por periodistas que conocen su oficio, ¿entonces, qué demonios pasó? ¿O acaso hay que contemplar la posibilidad de que en alguna alta instancia existía cierto interés por restarle importancia a la comparecencia de Sánchez?

Quien quiera que haya sido responsable de esta desidia, sea en los predios políticos o en los profesionales, compromete muy seriamente el sentido y el futuro de la televisión pública en España. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? ¿Será posible que esto tenga remedio alguna vez?

J.T.

miércoles, 4 de marzo de 2020

La incógnita Omella


El 26 de junio del 2005, los obispos convocaron una manifestación en Madrid contra la legalización del matrimonio homosexual. Juan José Omella (Cretas, Teruel, 1948), por entonces obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, no fue porque se encontraba participando en una marcha contra la pobreza, según contó en su día Jesús Bastante. Pero al mismo tiempo, en una nota difundida por todas las iglesias de La Rioja, según refiere este martes en Público mi compañero Danilo Albín, el flamante presidente de la Conferencia Episcopal Española criticaba con dureza a quienes “no quieren admitir que el matrimonio es de uno con una y para siempre”.

Recuerda Juan G. Bedoya que en junio de 2017 en el Vaticano, apenas 24 horas antes de recibir del Papa Francisco la birreta cardenalicia, Omella advirtió que ya no iba a cambiar. “A los 71 años –dijo- el arbolito está hecho. Sigo llevando la cartera, salgo con la bolsa de plástico del Corte Inglés. No entiendo el cardenalato como un ascenso de categoría." Humilde sí, pero combativo también si tenemos en cuenta que en marzo de 2005, según la información de Albín, en sus cartas pastorales no faltaban las condenas al aborto y la eutanasia.

Este perfil no ha debido parecerle mal a Francisco, dado su interés en imponer el nombramiento del arzobispo de Barcelona como presidente de la Conferencia Episcopal Española para el próximo cuatrienio. Siete años le ha costado al Papa colocar como jefe de la Iglesia en nuestro país a alguien de su cuerda. De 87 obispos, 55 fueron disciplinados este martes y votaron a Omella siguiendo las directrices del Vaticano, aunque en tercera votación, eso sí, que siempre es bueno resistirse un poco.

En la Moncloa, y quizás también en la Generalitat, respiran aliviados porque por lo visto la opción Omella era la menos mala dado que la alternativa era el incombustible y controvertido Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia, o alguien peor aún: Jesús Sanz Montes, obispo de Oviedo, que el pasado 8 de enero dio la bienvenida al Gobierno de coalición con esta lindeza en twitter: “La incertidumbre dibuja hoy el horizonte. Sabemos que tras las nubes y tormentas, el sol amanece devolviendo el color a cuanto la torpeza, la mentira y la vanidad nos había secuestrado. Pido a Dios que ese sol que nace de lo alto alumbre nuestro camino. Santina, sálvanos y salva España. 29 de los 87 votos ha conseguido este aventajado discípulo del ultraconservador ya jubilado Antonio María Rouco Varela, el emérito cuya sombra continúa siendo aún larga en los cenáculos de poder de la Iglesia española.

El famoso y veterano padre Aradillas se ha apresurado a pedirle al recién elegido que resucite el espíritu conciliador entre la Iglesia y el Estado que caracterizó durante la Transición al cardenal Vicente Enrique y Tarancón, y el teólogo Juan José Tamayo ha recordado que Omella llegó a protagonizar en su día actuaciones polémicas en su diócesis. De hecho, aunque habla catalán y se lleva bien con Oriol Junqueras, con Carles Puigdemont y los suyos no parece que sea lo mismo. En octubre del 2017 no tuvo ningún éxito en sus intentos de mediación, y en el referéndum del 1-O se puso de perfil: un grupo católico llamado Cristians per la independència le exigió que cediese locales para votar y Omella guardó silencio pero contempló, también en silencio, cómo lo hacían muchos de sus párrocos.

Para el gobierno de Pedro Sánchez, en especial Carmen Calvo, encargada de las relaciones del gobierno de coalición con la Iglesia, parece claro que la elección de Juan José Omella, dentro de lo malo, es lo mejor que podía ocurrir. En los próximos dos años se jubilarán casi la mitad de los obispos actuales y habrá nombramientos nuevos. A ver entonces qué pasa, porque ahora en breve van a empezar a saltar chispas con los asuntos que Gobierno e Iglesia tienen pendientes de abordar:

1. Ley de eutanasia. El gobierno sacó adelante hace poco tramitarla por tercera vez con el apoyo de 201 diputados. En esta ocasión todo parece indicar que saldrá adelante.

2. Las inmatriculaciones. Otra patata caliente. Según el Colegio de Registradores, hay más de 30.000 fincas que la Iglesia inscribió a su nombre entre los años 1998 y 2015. Buen número de estos registros se realizaron de manera indebida y el gobierno se propone revertirlas.

3. La gestión de la educación concertada, algo que cambiará apenas se tramite en el Parlamento el proyecto de la nueva ley de Educación aprobado este mismo martes en el Consejo de Ministros y que quitará peso a la asignatura de Religión. Su oferta ya no será obligatoria en Primero y Segundo de bachillerato y las calificaciones no computarán para el acceso a la universidad o la obtención de becas.

4. El pago del Impuesto de Bienes Inmuebles en los espacios propiedad de la Iglesia que no son de culto, igual que sucede en Francia o Italia.

5. El cumplimiento en los centros religiosos de la ley de Memoria Histórica.

Aunque tiene fama de ser enérgico actuando, el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal también la tiene de ser dialogante. Es, aseguran quienes lo conocen, flexible en sus modales y partidario de implicarse en los conflictos con la intención de suavizarlos. Parece pues que la vía del diálogo Iglesia-Estado está abierta, contando como cuenta también, desde los tiempos en que fuera nombrado miembro de la Congregación para los Obispos (viajaba con mucha frecuencia al Vaticano) con la complicidad del equipo del papa Francisco, en especial la de Bernardito Auza, actual Nuncio del Vaticano en España.

A pesar de las reticencias de sectores independentistas en Catalunya, son mayoría los que piensan que Omella será una aliado en la Mesa de diálogo. “Nos necesitamos. Estamos dispuestos a colaborar siempre”, fueron las primeras palabras que pronunció al comparecer tras su nombramiento en una rueda de prensa donde midió cada frase y puso especial cuidado (en eso él y sus compañeros son verdaderos expertos) en no meterse en ningún charco. A ver qué pasa. Y a ver cómo lo cuenta 13TV.

J.T.

lunes, 2 de marzo de 2020

Galicia es la cuestión



Ha pasado ya más de medio año desde que Ayuso y Almeida son las máximas autoridades en la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Algo que ni el propio PP pudo imaginar hasta que ocurrió y que fue posible merced a un infame pacto con Ciudadanos y con el partido verde vómito, similar a los firmados también en Murcia y Andalucía. No parece haberle servido esto de mucho a los populares porque, aunque ejercen así el poder en esos predios, no acaban de levantar cabeza ni como partido ni como proyecto.

Pablo Casado, que durante la campaña electoral del otoño reciente moderó el estridente tono de abril, lo que le permitió recuperar más de veinte diputados con respecto a las generales celebradas seis meses antes ha vuelto a esgrimir, tras la toma de posesión del gobierno de coalición, el estilo agrio y frentista que creíamos olvidado. Esto impide ser optimistas a quienes apuestan por la existencia de una derecha mesurada y comprometida en los asuntos de la gobernabilidad del Estado. A juzgar por lo que dice y hace, el líder de los populares no parece muy dispuesto a llegar a acuerdos: ni en la justicia, ni en los medios públicos ni mucho menos en Catalunya, donde no para de echar leña al fuego ni de clamar por la aplicación del articulo 155 de la Constitución.

Con cada paso que da, transmite Casado más la impresión de andar perdido, sin ideas, propinando palos de ciego. Su entente con Ciudadanos carece de respaldo en Galicia, como ha quedado claro, y para imponer en Euskadi su acuerdo con lo que aún queda del partido naranja ha tenido que desempolvar el baúl de los recuerdos y fulminar a sus anteriores gestores. No es fácil encontrar fuera del PP de Madrid ejemplares tan estólidos como Ayuso y Almeida, pero en este caso parece que ha habido suerte y han conseguido dar con alguien que casi los hace buenos: ahí está Iturgaiz redivivo, recién salido del túnel del tiempo, agitando de nuevo el fantasma de ETA y deshaciéndose en elogios hacia el partido de la ultraderecha. Será el candidato a lehendakari en las elecciones vascas previstas para el domingo de Ramos, ¿no es maravilloso?

A Feijóo en Galicia, que rechazó tajantemente el pacto con Ciudadanos para ir juntos a las elecciones autonómicas, solo se le ha ocurrido para intentar salvar los muebles reducir el anagrama del PP a la mínima expresión en pancartas y atriles de los actos de campaña. Les invito a buscar dónde está el logo en la foto que encabeza este artículo, porque cuesta trabajo encontrarlo. Necesitarán una lupa.

¿Qué hay detrás de esta maniobra de ninguneo? ¿Por qué actúa así el candidato gallego a la presidencia autonómica? ¿Son sencillamente discrepancias con la dirección actual?, ¿le avergüenzan las salidas de tono de sus todavía compañeros Ayuso y Almeida? ¿Están las siglas del PP definitivamente quemadas?

La corrupción de muchos de sus miembros, todavía pendientes de comparecer ante la justicia, va a continuar sin duda perjudicando a la marca PP a medida que, con el paso de los meses y los años, se vayan celebrando juicios y conociendo sentencias. Quién sabe si la maniobra gallega de Feijóo no es un primer paso para acabar cambiando primero el nombre y luego las caras del partido.

Claro que para eso el líder gallego tiene primero que volver a ganar la presidencia de la Xunta, algo que a día de hoy no está nada claro. Necesita mayoría absoluta, 38 de 75 escaños, porque de lo contrario gobernará la izquierda -socialistas, BNG y Galicia en Común (UP, Anova y mareas municipalistas)-. Y la encuesta de Key Data que mi compañero Carlos E. Bayo dio a conocer el pasado jueves en Público sitúa el escaño 38 en el filo de la navaja.

La victoria de Feijóo podría significar el comienzo de la reconquista, dentro del PP, del sector que considera a Casado, García Egea, Cayetana y compañía un equipo de transición. Pero si se queda en 37 escaños y no consigue el número 38, la historia de Galicia cambiará con el Partido Popular en la oposición.

Y esa circunstancia pondrá irremisiblemente en marcha una especie de efecto dominó que podría llevar a los populares a la hecatombe, a disolverse como un azucarillo si la derecha civilizada, que por algún sitio andará, digo yo, no espabila y se reinventa, dado que Ciudadanos ni está ni se le espera. A menos que lo que quieran sea renunciar a su espacio y dejárselo enterito a ultramontanos y fascistas.

J.T.

viernes, 28 de febrero de 2020

El móvil de Dina Bousselham, la justicia y el periodismo de las cloacas


No sé a ustedes, pero a mí la lentitud con la que funciona la justicia me desespera, no consigo acostumbrarme. Cuando un presunto delito empieza a cobrar forma y aclararse en los juzgados, mucha gente ya ni se acuerda de asuntos que, por pura salud democrática, convendría no olvidar nunca. ¿Recuerdan ustedes cuando le robaron el móvil a la asistente de Pablo Iglesias? Más de cuatro años han pasado ya, y ahora es cuando empiezan a saberse cosas que permiten concluir que aquel robo no fue precisamente una casualidad. El 1 de noviembre de 2015, Dina Bousselham y su pareja andaban de compras por uno de los centros de IKEA en Madrid, cuando de pronto les desaparece el abrigo donde estaba el móvil. ¿Los estaban siguiendo? ¿Eran cacos vulgares o algo más serio? ¿pudo ser un encargo del ministerio del Interior bajo el gobierno de Mariano Rajoy?

La información que contenía ese móvil, números de cuenta bancarios de Iglesias incluidos, llegaron misteriosamente a la redacción de la ya desaparecida revista Interviú; Alberto Pozas, su director, le pasó la patata caliente al presidente de su empresa y este se la entregó al líder de Podemos. Pero mire usted por dónde Villarejo come un día con Pozas y con uno de sus redactores de apellido Rendueles, y tras esa comida, ¡alé,hop!: el polémico comisario dispone de una copia en pen drive del contenido del móvil sustraído a la asistente de Iglesias. Magia potagia y ¿robo blanqueado?.

Villarejo le entrega el pincho a la Dirección Adjunta Operativa de la Policía Nacional que por entonces dirigía Eugenio Pino, no sin antes hacer una copia, y al poco irrumpe en escena otro personaje bien conocido: Eduardo Inda, que queda a comer con Villarejo (hay que ver lo que le daban de sí a este hombre las comidas) en junio del 16, justo unos días antes de que aparezca en OKdiario la información del móvil robado a la asistente de Iglesias.

Por el juzgado que instruye el caso han pasado ya a declarar Pozas, el redactor que le acompañó a comer con Villarejo, el presidente de Zeta, y el propio Villarejo. ¿Eduardo Inda? ¡Qué va! Este no. Según se ha conocido tras el levantamiento del secreto de sumario, en el texto se dice que citar a declarar a Inda sería “prematuro”. Ahí queda eso.

Si cualquier cosa relacionada con policías y juzgados suele ser ya de por sí compleja, que por medio haya periodistas enredando no parece de recibo. Los profesionales de la información vivimos de las fuentes, claro está, pero no de las connivencias. ¿Por qué hay quien se empeña en confundir una cosa con la otra? De aquí a que el asunto del robo del móvil de Dina Bousselham llegue a juicio transcurrirá aún bastante tiempo, y mientras tanto los protagonistas de este tipo de turbios asuntos seguirán campando por sus respetos: en la policía, en los juzgados, en el ministerio del Interior, en el periodismo…

No quiero pensar que ha sido el temor a lo que ocurra cuando la investigación vaya avanzando, lo que ha llevado al director de Okdiario a manifestar en twitter su preocupación porque el vicepresidente Iglesias tenga acceso a la información del Centro Nacional de Inteligencia. Qué casualidad además que la opinión de Inda coincida con la de los expresidentes González y Aznar… y hasta con la del comisario Villarejo, encarcelado desde noviembre de 2017, que este mismo jueves ha declarado que la presencia de Iglesias en la comisión del CNI “abre una dramática brecha de seguridad”. ¡Ea!

Estos asuntos tan enrevesados llevan mucho tiempo destripándolos en Público Patricia López y Carlos E. Bayo, que conocen el tema a fondo y no se les escapa ni una. Servidor, profano en estas lides, se siente orgulloso de sus compañeros y su pelea constante por luchar contra el olvido. Me solidarizo con ellos y en casos como el del móvil de Dina no me quiero mantener al margen porque, entre otras muchas cosas, lo que está en juego es la dignidad del oficio periodístico.

¿Quién y por qué robó a la asistente de Iglesias  el abrigo en el que se encontraba el teléfono? ¿Por
qué las falsas informaciones que intentaban desacreditar al líder de Podemos coinciden en el tiempo, unas con el momento de las primeras negociaciones para formar gobierno en enero de 2016 (el famoso informe PISA -Pablo Iglesias, S.A.-) y otras con las elecciones de junio de ese mismo año? (Villarejo e Inda se vieron justo en esos días, como aparece reflejado en la hoja de la agenda del comisario incluida en el expediente judicial que se le instruye, y cuya reproducción ilustra estas líneas).

Quienes urdieron el robo del móvil de Bousselham, y más tarde difundieron parte de su contenido, deben aclarar al detalle todo lo que ocurrió. Las responsabilidades penales las dirimirán los jueces, pero las connivencias entre policías y periodistas no se pueden tolerar. De ninguna manera.

Han tenido que pasar cuatro elecciones generales y una moción de censura, entre otros muchos acontecimientos políticos de gran calado, antes de que los detalles de este turbio asunto hayan empezado a salir a la luz. Para intentar acabar con Podemos y con su líder no dudaron en utilizar todos los métodos (mafiosos o no) que tenían a su alcance, pero les salió el tiro por la culata. Lo dicho: me desespera la lentitud judicial.

J.T.

miércoles, 26 de febrero de 2020

A los de color verde vómito, ni agua

Dejemos de hablar de ellos, por favor. Propongo que nos abstengamos de citarlos por sus siglas, nada de publicidad gratuita. Sugiero que dejemos de mentarlos ni siquiera para denostarlos. No se les puede ignorar, es verdad, ni se debe, porque hacen y dicen cosas que es mejor conocer para así no olvidar la peligrosa catadura de aquellos con quienes nos estamos jugando los cuartos. Pero sí podemos ningunearlos, otorgarles la cancha justa y ni un milímetro más, ni un segundo de más. Reduzcamos al mínimo imprescindible su presencia en los medios porque nada de lo que promueven es inocente, nada es irrisorio ni mucho menos ridículo, aunque lo parezca.

Sí, ya sé que los medios de comunicación públicos están obligados por ley a darles cancha proporcional a la representación parlamentaria conseguida. En los informativos vale, porque así es preceptivo, pero en los programas, ¿por qué? Con los intolerantes no se puede ser tolerante ¿o me vais a decir que sí? ¿Os da igual que sean bilis pura, odio militante, filoviolentos, racistas, machistas, liberticidas? No señor, por mucho que lo intenten no conseguirán eclipsar ni profanar el verde resplandeciente de la ecología y la esperanza porque su verde vómito es asco puro.

Son asesinos de libertades, no lo olvidemos, como no debemos ignorar tampoco que la chulería, la soberbia y la sensación de impunidad con la que se desenvuelven son posibles porque creen que pueden y aún piensan que, como ocurriera en tiempos pretéritos, andan blindados por la vida. Y claro, de momento hay hechos que parecen darles la razón, porque nadie les mete mano por mucho que en sus hojas de servicios aparezcan fraudes inmobiliarios o proyectos arquitectónicos firmados sin título que los respalde, por ejemplo.

Busco en las hemerotecas, sin éxito, críticas de Felipe González contra estas corrupciones y contra la llegada de la ultraderecha a algunos ayuntamientos y gobiernos autonómicos. Pero no los encuentro, debe estar el hombre muy ocupado pidiendo explicaciones a Sánchez, con cuyo gobierno afirma no sentirse representado, por la excesiva cancha que a su juicio otorga a Iglesias. Ocupado y preocupado por si este, con su acceso al Centro Nacional de Inteligencia, acaba sabiendo de según qué secretos que el mandamás de otros tiempos no tiene ningún interés en que se conozcan.

Por favor, dejemos de regalarle cancha a las astracanadas de los fascistas, tan frecuentes y disparatadas como arteramente planificadas. Dejemos de caer por más tiempo en sus trampas, ya está bien. El neofascismo no puede tener altavoces, y si se los proporcionamos nos convertimos de alguna manera en cómplices de sus fechorías, de las de ahora y de las del futuro. Porque si tienen la oportunidad de que esa manera de actuar vaya a más, no lo dudemos: aprovecharán la oportunidad. Lleva razón Willy Toledo: igual en algún momento, tras haberle reído las gracias a estos liberticidas sin reflexionar sobre las consecuencias de actuar así, tengamos que lamentar cómo llegan hasta nuestras puertas para cerrarnos la boca, y no precisamente con esparadrapo.

Sueltan tantas burradas y proponen asuntos tan descabellados, están tan lejos de la sociedad próspera y moderna que la mayoría de los españoles queremos disfrutar, que igual la actitud recomendable es dejarlos que se vayan cociendo en su propio patetismo y continúen proponiendo iniciativas que a los únicos que ponen de los nervios es a los lechuguinos del PP, perdidos como están buscando su rumbo entre el noviazgo con Ciudadanos y los halagos al líder de los ultramontanos.

El neofascismo en España dejó de ser una mera anécdota hace ya más de un año, cuando irrumpieron en el Parlamento de Andalucía pero aún así, y a pesar de las zig zags peperos, es posible bajarles los humos y hacerles perder votos. Hay quien piensa que vamos tarde, que en Madrid, Murcia y Andalucía se han rebasado líneas que en países como Alemania, por ejemplo, continúan siendo rojas, pero me niego a creer que esta deriva no se pueda detener. El 5 de abril en Euskadi estoy seguro -la encuesta que Público da a conocer este miércoles así lo vaticina- que los votantes no van a respaldar la estrategia de Casado-Iturgaiz, y en Galicia espero que apenas toquen pelo.

El neofascismo no puede ni debe prosperar. Por sentido común, por sentido de la justicia, por lógica. Si lo consigue será porque los demócratas no estamos haciendo bien nuestro trabajo. Así que no perdamos ni un minuto más. A los de color verde vómito, ni agua.

J.T.

lunes, 24 de febrero de 2020

La década perdida


Tiende la derecha cuando gobierna a detener el tiempo, a parar el reloj de la historia y devolvernos siempre a tiempos pasados y superados. Más que conservadores parecen gamberros, niñatos –y niñatas- cuya cultura, adquirida en costosos colegios, no suele ir en absoluto pareja con sus modales soberbios, altivos y a menudo barriobajeros. Cuando gobiernan arrasan con todo, y cuando les toca estar en la oposición se dedican a torpedear cualquier posibilidad de acuerdo que ayude a que el país funcione mejor. En materia autonómica y fiscal, ni agua, eso es así, pero es que ni siquiera facilitan el correcto funcionamiento de la justicia o de los medios de comunicación públicos, organismos que precisan de acuerdos parlamentarios amplios para ser renovados.

Los años de gobierno de Rajoy dejaron el país hecho un triste guiñapo. Tras dedicarse cada viernes a quitar derechos laborales y sociales, el PP consiguió destrozar en poco tiempo buena parte de lo conseguido durante las dos legislaturas anteriores. El desastre de Catalunya tiene mucho que ver con el recurso al Estatut que el Partido Popular interpuso para cargarse artículos que en Andalucía pactaron y continúan vigentes. Fue una década monstruosa, años para olvidar que piden a gritos recomponer los desperfectos cuanto antes.

El actual gobierno de coalición era una necesidad higiénica, y por eso ha sido factible. Tanto desmán no podía ser eterno. El problema es que, además de haber metido la mano en todas las cajas posibles, de haberse forrado como si no hubiera un mañana, la derecha lo ha dejado todo hecho unos zorros y poner orden en tanto estropicio va a costar bastante trabajo.

Además de encanallar el ambiente en Catalunya, Rajoy y los suyos echaron a millones de jóvenes de España, robaron sueños y expectativas a cientos de miles de trabajadores, rebajaron las posibilidades de vivir con dignidad a un gran porcentaje de la ciudadanía, despreciaron las necesidades de pensionistas, enfermos, ancianos y dependientes... Encontrar un trabajo digno y mínimamente estable se convirtió en una quimera y expresarse en libertad empezó a costarle caro a cantantes, humoristas, dibujantes y comunicadores varios. Por no hablar del escándalo de las cloacas del Estado que mi compañera Patricia López lleva denunciando años en este periódico. La televisión daba asco verla por mentirosa y manipuladora y los paniaguados medios de comunicación, teóricamente privados y abrumadoramente mayoritarios, demonizaban sin parar la aparición de una nueva opción política, surgida tras el 15-M, que denunciaba la inmoralidad de todo lo que estaba ocurriendo.

Un sueldo mínimo irrisorio, pensiones con un ridículo 0,25 por ciento de aumento anual, contratos de miseria, explotación pura y dura con amenazas de quedarte en la calle a las primeras de cambio, incluso si te encontrabas de baja por enfermedad. Ahí estaban, en su salsa y forrándose sin vergüenza alguna cuando de pronto, en enero de 2020 llega un gobierno nuevo, el primer gobierno de coalición de izquierdas desde la guerra civil, y se empieza a demostrar que otra manera de hacer las cosas no solo era posible sino que los cambios que se están haciendo ayudan a que mejore la vida de mucha gente.

Los empresarios acuerdan pactar, con gobierno y sindicatos, un salario mínimo mejor; quienes se negaban al diálogo en Catalunya descubren, mire usted por dónde, que parece que sí se puede... y la derecha responsable del desastre anterior, en lugar de reconocer sus errores y su torpeza, continúa haciendo el vándalo incrementando la crispación y echando al fuego toda la leña que puede. Lo hace refugiándose en sus medios afines y, por si faltaba algo, con la complicidad de la escisión ultraderechista del PP, esa formación de color verde vómito cuyo efímero éxito no se lo creen ni ellos, ese partido estridente y totalitario que no desaprovecha ninguna ocasión en la que regar de miedo el ánimo ciudadano con propuestas de escaso recorrido, pero con las que consiguen repercusión en portadas y debates. Portadas y debates que pilotan presuntos periodistas, directores y presentadores que denigran el oficio de contar lo que pasa y a quienes cada vez respaldan menos anunciantes, lectores, oyentes o espectadores.

Todo esto es la consecuencia de los diez años en que Rajoy y sus adláteres destrozaron España. Toca recomponer el rompecabezas y le toca a un gobierno de coalición que habrá de trabajar sin descanso para mantenerse cohesionado frente a quienes, desaforados, rezan cada día para que salte en mil pedazos cuanto antes. Ni cien días, ni cincuenta, ni treinta. Lo quieren hecho añicos ya.

Seguro que cuesta, pero eso no puede ni debe pasar. Por mucho que Felipe González, manda narices, afirme no sentirse representado o Miguel Ángel Aguilar use sus tribunas para demonizar y ridiculizar el trabajo de un gobierno que parece claro que no le gusta. Están de los nervios, ellos y esa oposición que no acaba de encontrar fisuras, vías de agua que buscan como locos. Por eso no dejan de ladrar mientras el gobierno de coalición, que tendrá sus discrepancias y sus desencuentros, como es lógico, continúa cabalgando: ley de educación, muerte digna, libertad sexual, regulación del juego, no más falsos autónomos... Señores de la derecha, dejen trabajar en paz, ¿acaso no han tenido suficiente con haber tirado a la basura el derecho al progreso en nuestro país durante los últimos diez años?

J.T.