jueves, 21 de noviembre de 2019

Chaves y Griñán


“Manuel Chaves, siempre cordial, era más bien soso y algo estirao. Pepe Griñán creo que mantenía una relación de amor-odio con el ejercicio de la política, y a veces daba la impresión de estar preguntándose qué puñetas hacía él metido en semejante sarao. O supieron engañarme muy bien, a mí y a otros muchos durante bastante tiempo, o ninguno de los dos me parece un delincuente.

Durante mis años como delegado de Cuatro Televisión y CNN+ en Andalucía (1999-2010), mantuve una relación periódica tanto con Chaves como con Griñán. Coincidíamos con frecuencia y me tocó entrevistarlos muchas veces, así que eso me permitió, creo, extraer datos suficientes para hacerme una idea de la personalidad de ambos.

Con la autoridad moral que entiendo me otorga no haberles dorado nunca la píldora, y haber denunciado en múltiples ocasiones tanto el sectario funcionamiento clientelar del PSOE andaluz como lo nefasta que me parecía la ausencia de alternancia en el gobierno de la Junta durante más de treinta y cinco años, me permito decir que creo que Chaves y Griñán no se merecen ni el duro castigo que suponen las penas de la sentencia, ni tampoco el calvario que afrontan desde que dio comienzo la investigación judicial de los ERE. Nunca entendí el débil apoyo público de sus correligionarios, empezando por una Susana Díaz que tras llegar a presidenta de la Junta gracias a los designios de Griñán, no tardaría demasiado en ponerse de perfil.

¿Hicieron algo mal Chaves y Griñán? Decidieron eliminar trabas burocráticas para acudir en ayuda de los Expedientes de Regulación de Empleo que muchas grandes empresas estaban llevando a cabo en Andalucía durante la primera década del siglo. A ese procedimiento se le llamó transferencias de financiación y  fue tramitado, y aprobado sin problemas por el Parlamento autonómico, cuando Magdalena Álvarez era consejera de Economía y Hacienda, y Griñán ni siquiera era aún miembro del gobierno andaluz. Necesitaban los socialistas comprar paz social con urgencia para no poner en peligro la permanencia en el poder y eso les llevó a perder la perspectiva. Y el pudor.

Claro que, siguiendo la lógica por la que se procesó a Chaves, a Griñán y a una veintena de cargos públicos, desde este martes condenados buena parte de ellos, por esa misma razón quizás tendrían que haber encausado también a los miembros de todos los gobiernos andaluces en pleno habidos durante doce años. Y a todos los parlamentarios que dieron el visto bueno.

¿Tuvieron responsabilidad Chaves y Griñán en el asunto de los ERE? Sobre todo, la de no haberse enterado, o no haberse querido enterar, de la cantidad de sinvergüenzas que robaron dinero merced a la ausencia de control de unas partidas presupuestarias destinadas a pagar jubilaciones anticipadas.
Tienen responsabilidad por no haber conocido, o no haber querido conocer, la abultada nómina de buitres que revoloteaban en torno suyo a cuenta de ese dinero y a quienes debían haber marcado mucho más de cerca, como era su obligación: subordinados malversadores y prevaricadores, sinvergüenzas y cocainómanos, compañías de seguros, sindicalistas y ladrones varios tan largos de lengua como cortos de mente, y hábiles para meter la mano allá donde veían dinero con menos control oficial del recomendable. Gentes que distrajeron más de cien millones de euros nunca empleados en los fines para los que estaba destinada una partida que en total acabó llegando casi a los setecientos. Vergonzoso retrato de una época de arrogancia y corrupción en las instituciones, cuyo reto ahora es conseguir que queden limpias para siempre.

La mayor parte de ese dinero, cuyas cifras ha habido costumbre de manejar en las informaciones sobre los ERE con más desahogo y ligereza que rigor y exactitud se empleó, y se emplea aún a día de hoy, en pagar jubilaciones anticipadas a muchos trabajadores víctimas de expedientes salvajes de regulación. Es cierto que una parte se la quedaron varias docenas de sinvergüenzas, pero me habría costado mucho admitir que entre ellos se encontraran también Manuel Chaves o Pepe Griñán. La sentencia reconoce que ninguno de los dos se llevó ni un euro, pero ellos tenían la obligación de velar porque tal cosa no sucediera en ningún caso. Y sucedió.”

(Texto -actualizado- extraído de mi libro “Periodistas, el arte de molestar al poder”, Barcelona, Roca Editorial, 2018, págs. 269-271).

J.T.

viernes, 15 de noviembre de 2019

El silencio de los obispos


Tras la firma del preacuerdo entre Podemos y el Partido Socialista “para conformar un Gobierno progresista de coalición”, todos los cabreos que vemos aireados desde el martes en redes, televisión y demás medios de guardar eran previsibles. Y si me apuráis, hasta adivinables en los términos en que se van produciendo así que, desde este punto de vista, no parece que exista nada nuevo bajo el sol. Faltan los obispos, que aún no han dicho esta boca es mía. Si no ladraran quienes ya lo están haciendo a pleno pulmón es cuando habría que preocuparse, porque significaría que no se cabalga.

A tenor de los espumarajos que sueltan por la boca personajes como Rodríguez Ibarra, Leguina o Felipe González, algo importante está empezando a pasar. No hay que descartar que haya sido el miedo de Sánchez a las veleidades golpistas de sus propios correligionarios lo que propiciara la celeridad con la que se fraguó el contenido de los dos folios del preacuerdo. Que Pedro y Pablo se hayan prometido lealtad y respeto hasta que la muerte política los separe es algo muy difícil de digerir para los patriarcas de la familia socialista y para los tradicionales jerarcas de este país, acostumbrados como han estado siempre a decidir quién se casa con quién, en qué momento y con qué dote.

A pesar de las crisis gordas vividas durante el noviazgo, son muchas los desafíos en que la pareja Sánchez-Iglesias parece haberse puesto de acuerdo, como apostar por la justicia social, garantizar la convivencia, acabar con el frentismo de este país o terminar con la delincuencia fiscal. El escollo más peliagudo, como siempre desde hace tanto tiempo en España, continuará siendo la Iglesia, que sigue manteniendo prebendas y privilegios impropios de un país cuya sociedad es abierta y moderna. Mucho están tardando los obispos en piar y no sé por qué me temo que cuando lo hagan -el lunes 18 tienen convocada una Asamblea Plenaria- no va a ser para nada bueno. De momento ya han enseñado la patita apenas la ministra de Educación en funciones ha cuestionado el actual estatus de los centros educativos concertados. "Espero que sea un lapsus", ha dicho el portavoz de la Conferencia Episcopal.

Si, con sus conspiraciones, la Iglesia puede desestabilizar el acuerdo lo hará; sus movimientos de ajedrez serán más peligrosos que los de todos los miembros del Ibex 35 juntos. Que la bolsa baje o suba apenas afecta al ciudadano medio, al fin y al cabo solo el once por ciento de la población tienen algún dinero invertido en acciones, pero los tentáculos de las sotanas, a día de hoy, aún continúan llegando hasta el último rincón del país.

Inquietante cóctel el de las sotanas cabreadas y la ultraderecha en plena ebullición. Ahí está el verdadero peligro, no en los militares, los banqueros ni los empresarios, sectores cuya proyección internacional les pone difícil apostar por desvaríos decimonónicos sin hacer el ridículo en foros e instituciones europeas. El follón lo van a montar los curas y los fachas, aunque ojalá me equivoque. Costará hacerles entender, si el acuerdo Psoe-Podemos llega a buen puerto, que el mal rollo en blanco y negro no va tener sitio en la nueva España por construir, y que ya va siendo hora de poner al día aulas y púlpitos, tal como ordena la Constitución.

 J.T.

jueves, 7 de noviembre de 2019

¡Disparen a ese periodista!


Es lo único que les falta ya por decir. No es ninguna broma y ya está bien de cachondeo. Estoy harto. Los pasquines en paredes de calles catalanas señalando a seis de mis compañeros con nombres y apellidos es la gota que ha colmado el vaso. Estoy francamente cabreado, muy cabreado, porque, como suelo decir a menudo, no se puede ser tolerante con los intolerantes, y quienes señalan a profesionales de la información porque no les gustan las cosas que cuenta, son unos impresentables de la peor ralea que no merecen más tratamiento que el desprecio.

Entre los seis compañeros señalados con foto y filiación hay algunos que trabajan para medios cuya línea editorial no me gusta en absoluto, pero la gravedad de lo sucedido está muy por encima de mis posibles discrepancias. Esto no puede ser, no puede ser que los periodistas acabemos siendo siempre el pim pam pum fuego de los cabreados de este país, pertenezcan al sector que pertenezcan.

El día en que mi querida Laila Jiménez fue escupida, vejada y maltratada cuando el dos de octubre intentaba hacer una conexión en directo desde las calles de Barcelona para Telecinco ya vi claro que el asunto había rebasado los límites de lo aguantable. No puede ser, y no puede ser tampoco que ni Laila, ni los seis retratados en esos infames pasquines, ni a tantos como han tenido que recurrir a informar con casco como si estuviéramos en los peores tiempos de Beirut o Sarajevo, no reciban una llamada de apoyo y solidaridad por parte de los representantes de las instituciones. No puede ser pero se entiende, porque estos representantes resultan ser los mismos que consideran que es bueno para sus objetivos que la imagen de Cataluña en el extranjero sea la de un perpetuo estado de conflictividad callejera e histeria colectiva.

No se trata solo de Catalunya, ni mucho menos: la profesión periodística está siendo víctima de un maltrato contra el que es necesario alzar la voz y plantarse de una vez. Esta es la lista de los medios vetados por los fascistas de Vox a fecha de hoy, siete de noviembre de 2019, según recopilación de Christian Sellés: El País, Cadena Ser, CRTVG,TV3, Catalunya Radio, EITB, Onda Cero, Eldiario.es, El Español, Público, La Sexta, La Marea, Infolibre, Ctxt, El Mundo (excepto dos periodistas), El Plural, Todo es mentira y El Intermedio. 

Son fascistas, luego es normal que apliquen la intolerancia, pero lo que no es de recibo es que estos radicales se estén beneficiando de los instrumentos de tolerancia que les permite el sistema, porque eso nos sitúa a los demás en inferioridad de condiciones frente a ellos. No es justo, no puede ser, esto hay que arreglarlo, llevamos mucho tiempo cediendo terreno y he aquí los resultados.

¿Dónde están las asociaciones profesionales denunciando todo esto e interponiendo las querellas correspondientes, en nombre de todos nosotros, para que se acabe con unas agresiones contra el ejercicio de la actividad periodística que no se pueden consentir ni un minuto más?

No dudo que en todos los oficios cuecen habas, pero no creo equivocarme mucho si afirmo que la profesión periodística es a día de hoy una de las más maltratadas en nuestro país. Los periodistas nos ayudamos poco los unos a los otros, y las entidades que en teoría representan y defienden nuestros derechos hace mucho tiempo que sobreviven poniéndose de perfil. Teniendo en cuenta estas consideraciones, quizás nos esté bien empleado lo que nos ocurre, porque deberíamos borrarnos todos de aquellas colegios y entidades profesionales que no dan la cara por nosotros ni se baten el cobre por defender nuestros derechos, algo que la gravedad de la situación está pidiendo a gritos desde hace tiempo ya. Pero no, como mucho, cuando algún desmán clama al cielo, se limitan a sacar un comunicado de protesta y a otra cosa mariposa. Así nos va.

Claro que, por otra parte, con el porcentaje de impresentables que cada día practican la delincuencia en muchos medios de comunicación con la coartada de que son periodistas, reconozco que la madeja está demasiado enmarañada y no es precisamente fácil sacar el hilo y poner un poco de orden en todo esto.

Aún así, hay cosas que no se pueden tolerar. Lo de los pasquines señalando a mis compañeros Xavier Sardá, Maika Navarro, Xavier Rius, Joan Guirado, Laura Fàbregas y Estefanía Molina no es admisible bajo ningún punto de vista. Hasta aquí hemos llegado, ya está bien. Toda mi solidaridad, compañeras y compañeros. En cuanto al resto, una pregunta, periodistas todas y todos: ¿Hacemos algo ya o dejamos que, con cualquier excusa y en cualquier sitio, continúen humillándonos y amenazándonos impunemente cuando y como les dé la gana?

J.T.

Vox, la gran pesadilla

A medida que transcurren las horas, la ultraderecha xenófoba y machista goza de mejor salud electoral sin que sus adversarios políticos hayan manifestado durante la campaña excesivos síntomas de preocupación por ello. Meses llevamos ya así y, si nadie lo remedia, este domingo puede que acabemos llevándonos un buen susto. Un sobresalto histórico. Había mucho más miedo a Vox en abril del que se detecta en el ambiente las vísperas de estos comicios, y eso que las encuestas otorgan a la formación radical más del doble de los escaños conseguidos en la primavera pasada.

¿A qué se ha debido pues este relajo? Resulta difícil de entender, porque desde que saltaron al ruedo en diciembre pasado, cuando consiguieron doce representantes en el Parlamento de Andalucía, estos liberticidas van de éxito en éxito (Región de Murcia, Ayuntamiento y Comunidad de Madrid…) sin que se hayan disparado las alarmas todo lo deseable.

Solo Aitor Esteban (PNV) se negó a estrechar la mano al representante de Vox en el debate del primero de noviembre en Tve. Los demás han normalizado una relación que jamás puede ser normal, porque los fascistas cuestionan las mismas reglas del juego de las que se sirven y, como nos enseña la historia, cuando triunfan dinamitan sin miramientos al mismo sistema que les aupó.

¿Por qué, en el debate de los primeros espadas del pasado día cuatro, apenas se plantó cara al despechugado Abascal como se merecía? Solo Iglesias se encaró con él en un par de ocasiones, pero los demás le dejaron verter sus soflamas anti derechos humanos sin apenas réplicas, y en ningún momento se tocó, por ejemplo, el asunto de las escandalosas irregularidades practicadas en materia urbanística por el el matrimonio Monasterio-Espinosa de los Monteros.

¿Por qué nadie le rebatió al líder de Vox sus mentiras cuando criminalizaba a los inmigrantes? ¿por qué, cuando se permitió proclamar que sus vecinas le tenían miedo a los menores del centro del acogida del barrio, no se le contestó como merecía? Espero que no acabemos pagando demasiado cara tanta unanimidad en el ninguneo a un desafío de tal calado a nuestro sistema de convivencia, un sistema de libertades y derechos arrancado con enormes esfuerzos tras décadas de pelea, y que estos desaprensivos se proponen desmontar apenas cuenten con la más mínima oportunidad de hacerlo.

El caballo de Troya está ya dentro de la ciudad, la ultraderecha tiene en sus manos más poder, influencia y vigencia de lo que tendemos a creer y el diez de noviembre puede incrementarla de manera espantosa si no andamos con cuidado. Nadie duda de lo que ocurrirá si los números de las tres derechas terminan sumando, por eso resulta muy difícil entender la deriva hacia la derecha que Pedro Sánchez viene manifestando desde el verano y que se ha acentuado aún más durante la campaña electoral. Por eso parece más necesario que nunca que a la izquierda del Psoe exista una fuerza con gran respaldo de votos. Solo unos buenos datos de participación proporcionarán fortaleza a esta opción, que hoy más que nunca resulta imprescindible para conformar junto a los socialistas una izquierda de progreso que haga imposible un gobierno de derechas con el fascismo dentro.

Sigo sin entender por qué hemos bajado tanto la guardia, justo en este extraño momento político en el que todo anda desmadrado y las proclamas racistas y machistas de Vox continúan calando entre una más que abultada ciudadanía cabreada.

En el PP andan convencidos de que, como pasó en Madrid tras las municipales y autonómicas, los números podrían resultarles favorables. Si las tres derechas suman, no duden que Casado saldrá inmediatamente a las puertas de Génova para fotografiarse dibujando la uve de la victoria como hizo en Mayo junto a Ayuso y Almeida. No le hará falta ni cerrar antes trato alguno con Vox, porque su apoyo se da por descontado. Por peligrosos, racistas y machistas que estos sean, los populares no van a andarse con remilgos si el apoyo de Abascal significa instalarse en la Moncloa.

No tiene por qué ser tan descabellado contemplar la posibilidad de que, si este diez de noviembre no ponemos remedio con nuestras votos, la ultraderecha puede acabar asaltando las instituciones del Estado, devolviéndonos así a tiempos y miedos que creíamos superados para siempre. Estamos a tiempo de evitarlo.

J.T.

jueves, 31 de octubre de 2019

Nadia Calviño y la mochila austríaca


Me extraña la escasa repercusión que han tenido estos días unas recientes declaraciones de Nadia Calviño en las que apuesta sin medias tintas por propinarle un hachazo de muerte al estado del bienestar en nuestro país. “Hay que explorar, dijo el otro día la ministra de Economía y Empresa en un Foro organizado por el Consejo General de Economistas de España, la posibilidad de introducir un sistema como el de la mochila austríaca”.

¿Qué es la mochila austríaca? Pues un timo de la estampita en toda regla que si saliera adelante acabaría triturando buena parte de los derechos laborales que aún quedan vigentes en España. Se trata de lo siguiente: el empresario te descuenta de la nómina un porcentaje al mes (en Austria es del 1,53 por ciento), a continuación lo mete en un fondo privado y con el paso del tiempo, lo aportado mas sus correspondientes intereses es lo que acabarás cobrando cuando te despiden o te jubilas. Solo eso. En resumen y traducido a roman paladino: despido gratis y muerte lenta de la pensión pública de jubilación. Pero, eso sí, te puedes cambiar de empresa voluntariamente y no pierdes derechos de antigüedad, afirman sus defensores con toda su cara de cemento armado. El empresariado encantado, aunque algunos incluso así ponen en duda su viabilidad económica; el sindicalismo descolocado y los currantes mirando a ver quién los protege de un robo a mano armada más, de los muchos ya sufridos, y cuyo objetivo es extinguir derechos conquistados con sangre durante décadas.

Atención al eufemismo: a la mochila austríaca la llaman Sistema de Cuentas Individuales de Capitalización para la Movilidad, ¿no es maravilloso? Esto ya lo propuso Calviño hace meses en Bruselas (por cierto, sin la anuencia del ministerio de Trabajo) y ha vuelto a manifestarlo en público dos días antes del comienzo de la campaña electoral. Ahí queda eso, por si alguien tenía dudas aún de por dónde irán los tiros después del 10 de noviembre si los números le dan a los socialistas para entenderse con el PP o con Ciudadanos. Con Ciudadanos, por cierto, ya hablaron de la mochila austríaca en los primeros meses del 2016, aquellos en que acabaron firmando un pacto para gobernar con 130 escaños, aquel hecho consumado con el que se empeñaron en contar con la bendición de Podemos.

No solo no han tenido jamás intención los socialistas de derogar la reforma laboral perpetrada por el gobierno de Soraya y Rajoy sino que, siempre tan dispuestos Sánchez y su gabinete a apostar por la tranquilidad, la centralidad y la estabilidad, proponen ahora sin disimulo, aunque con tímido bombo, apretar un poquito más la tuerca, pero hacia abajo, faltaría más.

Existe ya una planificación, Agenda del Cambio la llaman, en la que se plantea la posibilidad de aplicar la mochila austríaca en nuestro país, de manera gradual, a partir del 2020. Es decir, que apenas se pueda los nuevos contratados vayan ya aceptando abrir ese tipo de cuentas. La justificación técnica de los promotores de la mochila austríaca no deja tampoco de tener su miga: “si se hace, afirman, se reduciría la brecha de costes entre trabajadores fijos y temporales” ¡Ea! ¿Por qué no lo llaman claramente socialización de la precariedad, que es lo que es, y dejan de insultar nuestra inteligencia?

Ni Guindos ni Montoro se atrevieron a tanto. Si los socialistas ganan con holgura estas elecciones, nadie podrá extrañarse que, además de mantener la reforma laboral que iban a derogar, además de no atreverse a subirle los impuestos a las grandes compañías como prometieron ni ser capaces tampoco de frenar la escandalosa subida de los alquileres, además de todo eso, los economistas del PSOE acaben practicando una política conjunta y pactada con el Partido Popular.

¿Escucharon este miércoles a Cayetana Álvarez de Toledo? “Es probable, dijo, que los resultados electorales próximos obliguen a una nueva forma de entendimiento entre el Partido Popular y el Partido Socialista.” La excusa es Catalunya, pero el trasfondo va mucho más allá: una política económica conjunta en la que tanto la educación como la sanidad y la dependencia continúen privatizándose, y la mochila austríaca acabe debutando con todos lo honores, a cara descubierta ya y no por lo bajini como hasta ahora. En resumen: si los socialistas consiguen formar un gobierno sin contrapesos por la izquierda, no me cabe duda que tendrán pocos reparos en blindar el bipartidismo y promover la reforma laboral soñada por los grandes poderes.
J.T.

sábado, 26 de octubre de 2019

Los Franco, unos gamberros


El perfil, por desgracia, nos resulta demasiado familiar: chulos, pendencieros, maleducados y faltones. Crecieron creyéndose los amos del mundo y como tales se empeñan en continuar actuando, groseros y convencidos de que todo les está permitido por llamarse como se llaman. Tenían prohibido grabar y grabaron; tenían prohibido gritar y gritaron, hasta se permitieron ningunear a la representante del gobierno… ¿qué hubiera hecho su abuelo en un caso similar?

Alguien podría argumentar que han vivido durante toda su existencia carentes de perspectiva, y que eso les mantiene inhabilitados para tener conciencia real del mundo en el que están. Hasta los aristócratas los desprecian, por advenedizos, y en ningún lugar parecen encontrar fácil acomodo. Fueron niños ricos desde la cuna merced a su abuelo el sátrapa, crecieron desconociendo sus desmanes y nunca supieron muy bien lo que significa trabajar para ganarse el sustento.

Pensaba yo estas cosas el pasado jueves en Cuelgamuros, ante la verja que da entrada al Valle, entre periodistas guiris y dispositivos de seguridad innecesarios. Hacía frío esa mañana en la carretera de El Escorial y, a las puertas de la verja de entrada al complejo, donde la policía había fijado el límite de acceso, había más periodistas internacionales que fachas nostálgicos. Hasta más vacas conté, en la finca de enfrente, que alborotadores patéticos junto a nosotros, camorristas cuya irrelevancia numérica ponía de manifiesto la atronadora soledad en la que la familia del dictador iba a llevar a cabo el traslado de los restos de su criminal antepasado.

Pensaba esto mientras veía llegar, escoltadas por la guardia civil, las tres furgonetas (del Parque Móvil) en que viajaban los herederos gamberros del genocida al que en pocos minutos iban a desalojar del lugar que nunca debió ocupar. En silencio y con mucho frío la familia del dictador llegó sola, estuvo arriba sola y se marchó sola.

Sola y derrotada, tras año y medio incordiando para intentar retrasar lo más posible lo que no tenía más remedio que acabar sucediendo, una reparación histórica que necesitaba ser consumada de una vez. Los vi pasar, a Francis Franco con la bandera fascista y a los demás con caras de circunstancias, quizás pensando en la pasta que podrían sacar vendiéndole a la revista Hola unas imágenes que tenían prohibido tomar.

Apenas las furgonetas que los trasportaban pasaron por mi lado de vuelta, en dirección a Mingorrubio, y el helicóptero con los restos del dictador se preparaba para despegar, emprendí el camino hacia el Pardo carretera de la Coruña abajo. Aparqué a casi un kilómetro del cementerio, cuando me encontré con el cordón de seguridad donde otros cuatro frikis, apenas un centenar –nada de trescientos, e incluso seiscientos, como llegaron a decir en alguna tele- intentaban inquietar sin éxito a los escasos guardias que vigilaban unas vallas de contención que apenas eran necesarias. La presencia entre ellos del nonagenario golpista Antonio Tejero ponía la guinda que redondeaba el carácter patético de aquella protesta.

Prescindí de la acreditación que, como periodista, me hubiera permitido avanzar apenas unos metros más y preferí quedarme entre aquellos alborotadores light cuya trasnochada liturgia era la más elocuente expresión de su derrota. Salvo cuatro o cinco anatomías imponentes, de esas cuyos propietarios suelen moldear en los gimnasios para poder trabajar como porteros de discoteca, la mayoría eran ancianos decrépitos como Tejero que lo único que consiguieron con su presencia allí, alejados del lugar donde la comitiva y el helicóptero protagonizaban el resto de la ceremonia, fue aportar con sus cánticos, sus banderas y sus brazos en alto imágenes basura a programas desprejuiciados de unas teles que, huérfanas de imágenes –por su carácter privado- de esta segunda parte de la función, se empeñaban en estirar el chicle y sacar petróleo de donde no lo había.

Los miembros de la familia Franco no acaban de digerir que por fin se les ha acabado el poco cuento que aún les podía quedar y se empeñan en continuar actuando como si las cosas fueran igual que cuando su abuelo estaba vivo. Quizás por eso hasta llegaron a atreverse el jueves a enfrentarse con la policía en el interior del cementerio cuando se descubrió que, a pesar de la prohibición, algunos de los Franco se empeñaban en grabar la ceremonia de inhumación del abuelo con sus teléfonos móviles.

Quienes sostienen que aquello fue un funeral de Estado tenían que haber estado, como yo, en el Valle y en el Pardo, percibiendo la irrelevancia de las protestas, por mucho que la retransmisión pudiera magnificar lo que estaba sucediendo, tanto en un lado como en otro. La foto cenital de Emilio Naranjo que la agencia Efe distribuyó a sus abonados, con la explanada vacía y la familia sola, en medio de la nada, con el féretro camino del coche fúnebre, es el mejor resumen de lo que sucedió.

¿Podía haber sido todo más sobrio aún? ¿Podía no haber salido a hombros de sus herederos el ataúd con los restos del genocida? También, pero a mí aquella manifiesta soledad, aquella incontrolada necesidad que, aún así, parecía tener la familia de continuar haciendo el gamberro lo resume todo. Han perdido. Por fin. No son nadie. Ahora solo les queda devolver propiedades y prebendas de las que llevan disfrutando ocho décadas entre ellos y sus padres, y que no les corresponden en absoluto. Al final solo les quedará la soberbia y el gamberrismo. Y las exclusivas en el Hola, claro.

J.T.

viernes, 25 de octubre de 2019

La obscena insolencia de la familia Franco


Ahora, que pidan perdón. Eso es lo que deben hacer cuanto antes los veintidós miembros de la familia Franco, pedir perdón por los crímenes del abuelo y agradecer el respeto y la excesiva generosidad con la que tanto ellos como los restos mortales del dictador fueron tratados este jueves durante su traslado al cementerio de Mingorrubio desde el Valle de los Caídos. No se lo merecían. Estuvieron insolentes, groseros, maleducados y hasta llegaron a transgredir lo estipulado al romper el silencio de la explanada de Cuelgamuros con un par de proclamas cuando introducían el féretro en el coche fúnebre.

Aún así, las imágenes de esos instantes contenían una potencia formidable, la secuencia del momento en que, sin aviso previo, se abrió la puerta de la basílica después de dos horas y veintitrés minutos cerrada, y el plano de la realización institucional mostraba a Luis Alfonso de Borbón y Francis Franco, en la parte izquierda del féretro, llevando a hombros los restos del tirano cubiertos por una bandera granate y una corona de laurel. Ocho porteadores en total, rodeados por el resto de familia presente, mas el díscolo prior de la abadía y el abogado de los Franco, Utrera Molina. A prudente distancia, la ministra de Justicia y dos representantes más del gobierno, se mantenían serios e impasibles a las puertas de la basílica.

Tejieron los Franco, a la sombra del poder de su abuelo, tal red de estómagos agradecidos, que 44 años después cuentan aún con prebendas y propiedades de las que nunca debieron disfrutar. Durante la dictadura, a la familia le bastaba con sacar a pasear su apellido para que cualquier empresario con ganas de prosperar en la vida se mostrara dispuesto a hacerla depositaria de sus favores. Así, a medida que la estirpe crecía, aumentaba el número de impunes urdangarines a quienes nadie osó nuncacontrariar.

Cuentan con palacetes, aparcamientos y edificios, muchos de ellos fruto de donaciones forzosas. Mariano Sánchez, en su libro Los Franco S.A., o Ángel Viñas, en La otra cara del Caudillo entre otros investigadores, repasan el patrimonio que continúa gestionando esta altiva dinastía a la que, al contrario de lo ocurrido con familias de dictadores en otros países, nadie ha revertido aún la legitimidad de sus escrituras de propiedad. Según estos autores, además del Pazo de Meirás, los herederos de Franco cuentan con posesiones en Madrid, Galicia, Asturias, Guadalajara, Costa del Sol, Miami o Filipinas, además de lo que han ido vendiendo durante los últimos años para obtener liquidez. A eso hay que sumar también obras de arte y títulos nobiliarios.

Son muchas las cosas que aún quedan pendientes para cumplir con las disposiciones de la Ley de Memoria Histórica, pero además es preciso indagar, sin más demora ya, la procedencia del patrimonio de esos veintidós Franco que este jueves, dentro de la basílica, osaron hablar de profanación y en ningún momento del acto le dirigieron la palabra a la notaria mayor del reino, ministra de Justicia del gobierno de todos los españoles, presente allí para dejar constancia oficial de lo que sucedía.

¿Cómo no van a estar agradecidos al abuelo? ¿Qué habría sido de sus vidas si el apellido no les hubiera servido para tener, y mantener, los riñones escandalosamente forrados? Forman parte de un linaje que ha perdido la mejor oportunidad de callarse que han tenido en su vida, de acatar la ley, comportarse con elegancia y demostrar que entienden que este país no tiene ya nada que ver con el sufrió los desmanes de su abuelo durante cuarenta largos años.

¿Quién les aconsejó beligerar contra la decisión democrática de trasladar los restos del dictador?, ¿por qué se han dedicado durante año y medio a tocar las narices y marear la perdiz, aún a sabiendas de que las posibilidades de tener éxito en su empeño eran escasas? Al final el genocida ha abandonado el lugar donde nunca debió estar y han sido ellos, su propia familia, quienes lo han transportado fuera de las dependencias regalando a la historia una foto impagable. Conociendo su adeene, repleto de chulería, prepotencia y mala educación, cabe deducir que a pesar de haber tenido que acatar una decisión democrática donde ya no cabía ningún tipo de apelación, no parecen dispuestos a ceder.

¿Por qué el Estado ha sido, y continúa siendo, tan tolerante con esta casta de intolerantes dispuestos según parece a mantener el pulso hasta el infinito? ¿Hasta cuándo tanta obscena impunidad? ¿cuándo se va a investigar a fondo la fortuna de los Franco? Siempre tuvieron fácil reconciliarse con las víctimas del dictador. En lugar de resistirse al cambio de los tiempos, igual habría sido un buen comienzo que en algún momento de los últimos 44 años se hubieran planteado pedir perdón públicamente por los crímenes de su abuelo.

J.T.

martes, 22 de octubre de 2019

Pedro, ¡levanta el teléfono ya, hombre!


En la extraña relación que Pedro Sánchez parece mantener con los aparatos telefónicos, resulta preocupante que confunda lo personal con lo institucional. A Pablo Iglesias lo tuvo en ascuas todo el verano, pendiente este de citas para buscar acuerdos que nunca se produjeron. Ahora es el turno de Quim Torra, cuyas llamadas rechaza una y otra vez. ¡Un presidente de gobierno negándose a hablar con el de una autonomía!

Sánchez es el inquilino de la Moncloa que menos tiempo ha tardado en caer preso del síndrome de aislamiento que la ocupación de esas dependencias parece conllevar sin remedio. No solo transmite la impresión de haber perdido la noción de lo que realmente está pasando en la calle, sino que su reclusión llega hasta el extremo de evitar comunicarse por teléfono con quien en ningún momento debería renunciar a hacerlo.

Olvidar las obligaciones institucionales, confundir ese papel con el del estado de ánimo personal, es una actitud irresponsable que invita a pensar que el candidato socialista ha perdido definitivamente la perspectiva. Mientras Torra sea el legítimo presidente de la Generalitat, la obligación del presidente del gobierno es atender la llamada del máximo representante del Estado en Catalunya, por muy censurable que pueda parecerle el comportamiento que éste ha mantenido durante los disturbios que en las calles de su demarcación territorial han tenido lugar durante los últimos días.

Cuando están sucediendo cosas tan graves, no contribuye en absoluto a serenar el ambiente el comportamiento infantil del presidente en funciones, más propio de la rabieta en un patio de colegio que de quien está obligado a rebajar cuanto antes el clima de crispación que desde el lunes 14 sufre la ciudadanía española en su conjunto. Por si la afrenta a Torra fuera poca, Sánchez remató la faena ignorándolo durante su visita este lunes a Barcelona, y acudiendo solo a la sede de la policía y al hospital donde se recuperan los antidisturbios heridos en los enfrentamientos callejeros. ¿Cómo habrá interpretado el presidente del gobierno que la dirección del centro sanitario no le recibiera, o que una parte del personal le manifestara el malestar que les producía su presencia allí? ¿Habrá entendido que lo que está ocurriendo en Catalunya tiene mucha más importancia de lo que él cree?

Si a los impulsores del procés, como ha reconocido recientemente Carme Forcadell, les faltó empatía para con esa mitad larga de catalanes que no está por la independencia, parece que a Sánchez y a sus consejeros aúlicos les faltan a su vez muchas horas de pisar suelo catalán, de escuchar bastante y hablar poco, para obtener así conclusiones que la reclusión en la Moncloa no pone fáciles. No parece que el punto de vista de Iceta y los responsables del PSC esté consiguiendo tener el peso adecuado en las reflexiones de Sánchez, porque si este escuchara en serio a sus propios compañeros de partido en Catalunya, quizás no mantendría un comportamiento como el que le lleva a negarse a conversar con el presidente catalán. Tiene la obligación de hacerlo por mucho que le moleste y sería bueno que lo entendiera cuanto antes. A partir de ahí que discuta, discrepe y se pelee todo lo que quiera, pero que se ponga al teléfono.

Lo contrario se llama intransigencia, y ese tipo de comportamientos hay que dejarlos para la derecha; el responsable de un partido presuntamente de izquierdas no puede cerrar nunca puertas, hacerlo solo posterga la solución y engorda el problema: pan para hoy y hambre para mañana.

No se puede copiar a Rajoy, el rey del tancredismo, apostando como él por dejar pasar el tiempo, aún a sabiendas de que lo más probable sea que eso empeore las cosas. Procastinar solo es propio de irresponsables. Las rabietas no pueden encontrar espacio en momentos donde nos jugamos tanto, donde están tan cerca unas elecciones que piden a gritos bajar el balón al suelo cuanto antes. ¡Pedro, levanta el teléfono, collons!

J.T.

sábado, 19 de octubre de 2019

Cinco noches de tele y fuego


“Creo que voy a apagar la tele. Me duele tanto lo que veo que no lo puedo soportar”. Cuando, a las once de la noche de este viernes, mi amiga Gemma Soriano colgó esta frase en twitter, yo estaba pensando exactamente lo mismo mientras iba cambiando de canal cada minuto. En TVE1, 24 horas, Antena 3, La Sexta, Telemadrid, TV3, mis compañeras (la mayoría eran mujeres) informaban por quinto día consecutivo ¡con casco! y entre fuegos, carreras, enfrentamientos, detenciones, calles asoladas y mobiliario urbano destrozado. Como en las cuatro noches anteriores, con el móvil en una mano y el mando de la tele en otro, me empeñaba en continuar negándome a mí mismo la importancia de lo que estaba viendo.

Las teles aprovechan para hacer caja, no les importa amplificar lo que está pasando con tal de llenar la hucha, son solo unos pocos cientos de desalmados, defendía ante mi familia, en Catalunya la gente está tranquila y continúa haciendo su vida normal. Las marchas pacíficas han sido un éxito pero a estas horas, cuando están ardiendo muchas esquinas del centro de Barcelona, ya nadie habla de ellas. Es verdad, los provocadores son una maldita minoría, pero esa maldita minoría lleva cinco noches abriendo telediarios y acaparando portadas de periódicos.

Las redes confirmaban mi diagnóstico mientras veía imágenes en las que dos policías se llevaban a rastras, detenido, al fotógrafo de El País Albert García. “Lo que faltaba -escribía el compañero Ferran Garrido-. Nos hostian los indepes, nos corren a ladrillazos los radicales, nos insultan los fascistas y ahora nos detiene la policía. De puta madre.” Buscaba sin éxito en la red el punto de vista de los todólogos de las tertulias, esos sesudos próceres que a diario pontifican sobre lo divino y lo humano, pero ninguno bajaba a la arena, ninguno se mojaba. Silencio. Silencio ellos y silencio Torra, Colau, Moncloa…

Me los imagino a unos y a otros, como yo, viendo en las teles cómo pasaban las horas y los fuegos continuaban, ahora en Balmes con Gran Via, con Diputació o Consell de Cent, ahora en Trafalgar; ahora en Roger de Flor, en Roselló, Passeig de Sant Joan… Desbordada la policía, desbordados los bomberos, desbordada la capacidad de asombro. Silencio oficial mientras las horas van pasando. Continúo buscando analistas de guardia en la red, pero permanecen mudos, o de perfil, el periodismo está lleno de maestros en el arte de ponerse de perfil. Expertos en mojarse solo cuando tienen claro que pisan sobre seguro. Esta quinta noche de protestas les ha roto los esquemas, a ellos y a quienes, desde altos despachos, tanto en Madrid como en Barcelona, no saben ya cómo minimizar lo que está ocurriendo. Silencio.

Los días pasan, la tempestad no amaina, y cada minuto está más cerca el diez de noviembre. Son las doce de la noche y los fuegos se reproducen por esporas. Periodistas con casco continúan entrando en directo, cada vez desde emplazamientos  diferentes, reforzando con su presencia la importancia de una imágenes que hablan por sí solas. Un compañero de TV3 enseña a cámara un bate de béisbol y pelotas de goma de distinto calibre, todo ello encontrado entre los restos de la batalla que acaba de tener lugar en la esquina desde la que retransmite. “Vergonzoso -escribe mi compañera de Público Patricia López-, un suicidio organizado que anula el civismo de los independentistas, con el que nos solidarizamos demócratas de todas partes".

Los alborotadores puede que sean cuatro gatos, cuatro desalmados, infiltrados o provocadores venidos de otros lares, lo que se quiera, pero ¿pensamos seguir regalándole al mundo estas imágenes muchos días más? “La gestión de la frustración va a ser compleja. De momento esta semana nadie ha sido capaz de pararla”, escribe este sábado Jordi Évole en La Vanguardia. “No sabemos si esto es el inicio de algo, pero lo que sí sabemos es que siempre que algo terrible empieza, lo hace de esta forma”, señala Fernando Berlín en su video blog de Infolibre…

¿A quién beneficia todo esto? ¿Qué juegos ocultos hay detrás de tanto despropósito? ¿Qué pasa, Pedro, hay alguien ahí, era esto lo que tenías previsto?

J.T.

domingo, 13 de octubre de 2019

24 horas con los pensionistas camino de Madrid


Esta tarde en Tembleque (Toledo), masajistas y fisioterapeutas tienen sobrado trabajo. Desde Madridejos hasta aquí han sido casi treinta kilómetros que este grosero calor de octubre ha hecho más duros de lo previsto… Los claxon solidarios de coches y camiones con los que se cruzaban han supuesto una buena inyección de adrenalina para estos bregados pensionistas que no parecen dispuestos a desfallecer ni en el camino ni en sus reivindicaciones.

Es la etapa número veintiuno desde Rota, donde Ángel Guerra y Ángel Novo se pusieron al frente de una aventura que teóricamente transcurriría en otoño. Ni una gota de agua les ha caído hasta ahora. Dolo, encargada de redes, ha subido a facebook una fotografía tomada al rebasar la señal que indica los cien kilómetros que faltan para llegar a Madrid. El martes 15 estarán en la Puerta del Sol y de nuevo al día siguiente, para ir desde allí hasta el Congreso de los Diputados, donde entregarán sus demandas: pensión mínima de 1.080 euros, revalorización automática con el IPC real, desaparición de la brecha de género…

La sala del centro social donde dormirán este viernes es el lugar habitual de ensayo de la banda de música local. Los colchones de gomaespuma, sin sábanas, sobre los que colocan sus sacos de dormir, hay que juntarlos más de lo que viene siendo habitual en otros lugares porque en la otra estancia andan preparando los actos para celebrar la fiesta de la patrona de la guardia civil. Antonio, escultor malagueño de 83 años que se incorporó a la marcha en Córdoba, acepta encantado un masaje mientras presume de no haber necesitado ni un solo día recurrir al coche de apoyo. Cada jornada sigue el ritmo sin dificultad, lo que eleva el listón de quienes sienten la tentación de lamentarse, aunque la media de edad supere con creces los sesenta años. Ampollas, rozaduras, vendas, olor a linimento… Ese es el panorama, pero nadie osa quejarse.

Cuando iniciamos la etapa de este sábado 12 de octubre María, jienense del Sindicato Andaluz de Trabajadores, ha decidido no sentir dolor por muy reventados que lleve los pies. Como la mayoría de compañeros de caminata, su currículum de lucha es largo: marcha por la dignidad, ocupaciones de fincas, multas judiciales… Esto merece mucho la pena, me dice, somos gente pequeña haciendo cosas pequeñas, pero así es como dice el refrán que se consiguen las cosas grandes, ¿no?

Un grupo de jóvenes nos recibe a la entrada de La Guardia, pasada la una de la tarde, con aplausos y una pancarta: “Gobierne quien gobierne, las pensiones se defienden”. “Levanta del sillón y defiende tu pensión”, corean los caminantes a medida que se adentran por las calles del pueblo, “Menos ladrones y más pensiones”, “Hoy por mí, mañana por ti”. Entre aplausos de los vecinos llegamos hasta la sede local del Pce, con bandera republicana en el balcón, donde nos han preparado un cocido poco recomendable para los catorce kilómetros que aún quedan hasta Dos Barrios, el ú A Juan, de Alcalá de Henares, o a Antonio, de Alameda (Málaga), no se les nota nada preocupados por la envergadura del desafío. Otro Juan decide arrancarse por fandangos a los postres: “Ni curas, ni dios, ni rezos./Cuando yo muera mañana,/poned sobre mi pecho/bandera republicana”.

Aplausos, abrazos, fotos y vuelta al camino. Elvira, tinerfeña de 64 años acostumbrada a subir al Teide con frecuencia, demuestra su pericia dejando a todo el mundo atrás cada vez que abordamos una cuesta, pero nadie se arredra: agua en las gorras para refrescar el empuje y determinación, que no se embarcaron en esto para andarse con remilgos ni desalientos. Son unos treinta, quizás pocos, pero saben que no es un empeño menor el que están promoviendo y que, junto con los compañeros que caminan desde Bilbao, contribuyen a proporcionar mayor dimensión a la manifestación del día 16 en Madrid. Los políticos han entendido que solo hacerse fotos con ellos no cuela y se remangan. En Dos Barrios gobierna la derecha pero los reciben con la misma cortesía, o más, que en muchos de los municipios con gobiernos de izquierda en los que han pernoctado.

Como llevan haciendo en cada pueblo donde finalizan una etapa, Ángel Novo y Ángel Guerra se dirigen megáfono en mano a la gente concentrada en la plaza del ayuntamiento y van exponiendo las reclamaciones de la Plataforma en defensa de las pensiones públicas: “Queremos que la pensión de viudedad sea del 85%. Ahora está en el 60, y eso porque fue una condición del PNV para aprobar los últimos presupuestos de Rajoy; hay que eliminar ya el copago farmacéutico y restablecer todos los derechos sanitarios; las pensiones tienen que ser un derecho constitucional, blindado de los vaivenes políticos…”

Salvo alguno de los organizadores, que ha debido atender llamadas de prensa o de Protección Civil durante la marcha, nadie ha mirado el móvil en todo el día. La energía, me dice Olga, de Mérida, hay que administrarla para poder gritar con fuerza en Madrid el miércoles 16, desde Sol hasta el Congreso de los Diputados, en la manifestación convocada por la coordinadora estatal. Hay quien habla de dejar allí, además del manifiesto con las reivindicaciones, las zapatillas con el polvo de casi setecientos kilómetros. Otros prefieren llevárselas a casa, lavarlas bien y colgarlas en la pared, quizás con un marco, dicen, o solo una inscripción en la que pueda leerse algo así. “Este fue el calzado con el que empecé la lucha por las pensiones de mis hijos y mis nietos”.

J.T.