sábado, 26 de mayo de 2018

Personas, animales o cosas de las que me gustaría no tener que hablar más en la vida





Carles Puigdemont
Los lazos amarillos
Las cruces de las playas
Los políticos presos
Kim, perdón, Quim Torra
Eduardo Zaplana
Rodrigo Rato
El tres por ciento
Los sobresueldos en negro
Las empresas que los financian
José María Aznar
La Gürtel
Luis Bárcenas
Francisco Correa
Álvaro Pérez, “El Bigotes”
Esperanza Aguirre
Cristina Cifuentes
Francisco Camps
La manipulación informativa en las televisiones públicas
Esos españoles que ve Albert Rivera por todas partes
Ignacio González
Francisco Granados
Carlos Fabra
Ricardo Costa
Sonia Castedo
Preferentes
Tarjetas black
Bancos rescatados
La Púnica
Palma Arena
Mercamadrid
Lezo
Aquamed
Urdangarín
Nóos
Jaume Matas
Caso Campeón
Caso Carioca
Caso Pokémon
El dichoso chalé
El dichoso procés

 …/…Continuará, me temo.

Que nos dejen en paz sin perder más tiempo, que permitan hacer a la justicia su trabajo. Que no me mientan más, que ya no me caben más trolas en el saco. Que metan en la cárcel sin más dilación a quienes están condenados y andan por ahí tan ricamente esperando a que caiga la breva. Que nos dejen de vacilar. Visto lo visto, bienvenida sea la moción de censura, pero siempre que sirva para acabar de una puñetera vez con tanta porquería. Como no se acabe la impunidad, como sigan transcurriendo los días y tanto jeta como anda suelto continúe sin recibir su merecido, yo de este autobús me bajo pero ya. Jartito de tanto jartible. ¡Estoy hasta las narices! ¿Ustedes no?.

 J.T.

jueves, 10 de mayo de 2018

Tercer #viernesnegro. ¡Tiembla, Montoro!


Han encontrado el tono y el momento. El hashtag #asisemanipula que las @mujeresrtve pusieron en circulación en redes sociales a primeros de mayo ha hecho fortuna y encontrado la repercusión suficiente para que los políticos que meten a diario sus sucias manos en los medios públicos empiecen a ponerse nerviosos y a soltar tonterías como las de Montoro esta semana en el Congreso (“Si no le gusta tve, cámbiese, que hay más canales”).

Es muy de agradecer el paso adelante de las mujeres de Radiotelevisión Española atreviéndose a dar la cara (unas más que otras) y contar a quien quiera oírlas o leerlas, vía twitter, Facebook, Instagram, periódicos, revistas, radios o televisiones, sonadas manipulaciones perpetradas por los directivos de TVE colocados por el PP, de las que ellas han sido testigo o víctimas directas. Saben que se la juegan, pero se han atrevido, rematando así un serio trabajo que el Consejo de Informativos lleva haciendo varios años. Olé por ellas, por ser capaces de promover iniciativas como #viernesnegro para reclamar un cambio urgente en la cúpula de la radiotelevisión pública, cambio que por cierto fue pactado por todas las fuerzas políticas en septiembre del año pasado pero que el PP torpedea con todas las triquiñuelas legales a su alcance para dilatar su puesta en práctica lo más posible.

La bola de nieve será imparable si no se apocan y logran resistir presiones y amenazas. Los veinticuatro mil seguidores cosechados en twitter en quince escasos días es un elocuente termómetro. Cuentan, por ejemplo, cómo les impiden ser equilibradas en sus informaciones, cómo en las instrucciones de los jefes para elaborar una pieza de telediario priman los intereses políticos del partido en el gobierno y el criterio profesional les importa un pimiento si lo que se cuenta no satisface a Génova o a la Moncloa. Apenas desvelan nada que no supiéramos o sospecháramos ya, pero lo cuentan. Y lo firman. Con nombre y apellidos. Esa es la novedad, esa es la fuerza, ese es el colosal valor añadido.

Que, tras el éxito de las protestas del pasado ocho de marzo, en RTVE sean las mujeres quienes hayan decidido dar este paso al frente incrementa la potencia de la denuncia. Es una poderosa semilla que, si consigue germinar, acabará asustando a los mandamases, tan seguros siempre ellos de sus certezas e impunidades. ¡Tiembla, Montoro! No puedo evitar soñar con actuaciones similares a la de @mujeresrtve en otros medios públicos -¡ay, las televisiones autonómicas!-, y también en los privados, donde a la manipulación existente (en todas partes cuecen habas, y bien gordas por cierto) hay que sumar la pornográfica precariedad laboral. Es demasiado bonito para que sea verdad. ¿Conseguirán las protestas de @mujeresRTVE la fuerza suficiente para que el gobierno y sus sicarios no tengan más remedio que ponerse a la faena para cambiar las cosas?

Van a ir, están yendo ya, a por ellas, para intimidarlas, silenciarlas, asustarlas. Hay amenazas y riesgo de represalias. Quizás ha llegado el momento en que los demás debamos hacer algo más que limitarnos a aplaudirlas o darle al botón de me gusta en sus denuncias a través de twitter, Facebook o instagram.

J.T.

martes, 6 de febrero de 2018

Sobremesas, deporte de riesgo


Cada día que pasa le temo más a las reuniones de sobremesa. Lo mejor que te puede pasar si decides abrir la boca en ellas es que termines con la impresión de haber perdido el tiempo. La otra opción es acabar discutiendo acaloradamente con tus contertulios, ya sean familia, amigos de toda la vida o meros conocidos circunstanciales. Tanto en Andalucía, como en Cataluña o Madrid, poner sobre la mesa el asunto catalán es apostar por el mal rollo.

No hay voluntad de ponernos de acuerdo, cada cual hemos decidido cuál es nuestra posición y parece que no estamos dispuestos a bajarnos del burro. Por narices hay que llevar colgada una etiqueta. O te la cuelgas, o te la cuelgan. O estás a favor o estás en contra. Y si te niegas a entrar en el juego, te endosan el cartel de la tercera vía: eres equidistante.

Si en una tertulia entre progres madrileños se te ocurre defender que los nacionalismos son de derechas, muchos torcerán el gesto y te replicarán que cómo se te ocurre, que cómo puedes decir eso de las gentes de ERC. Si la cháchara transcurre en Andalucía, perderás el tiempo cada vez que intentes recordar que generalizar a la hora de demonizar a los catalanes es olvidarse de la mitad de ellos. Y si la sobremesa es en Cataluña, digas lo que digas acaba pillándote el toro. Los que apuestan por llegar hasta el final, porque ya no quieren otra cosa que no sea ganar a cualquier precio y los que no son soberanistas porque se cabrean contigo si se te ocurre ser mínimamente ecuánime.

Me muevo en los tres ambientes con asiduidad y antes yo era feliz. Me reía en los tres sitios, discutíamos, claro que sí, nos llamábamos de todo si era necesario y luego pelillos a la mar. El motivo del debate podía ser el fútbol, Podemos, Trump, el Brexit o incluso el procès, pero al acabar nos despedíamos con ganas de vernos de nuevo para volver a divertirnos peleándonos entre cervezas y/o cubatas.

Ahora no. Ahora cada vez que salgo de una casa tengo menos ganas de volver, cada vez que al acabar una reunión social estrecho la mano de un conocido circunstancial deseo secretamente que pase mucho tiempo antes de tener que volver a hacerlo. Intento espaciar las comidas regulares que mantengo con los amigos de siempre porque me da mucha pereza, mucha, saber de antemano que cuando llegue el instante del monotema, no te permitirán mantenerte callado y que apenas hables, habrá alguien dispuesto a saltarte a la yugular digas lo que digas.

Reclamo el derecho a reírme, a sentirme libre cuando hablo y a no tenerle miedo a lo que digo. No hay nada que me haga más feliz que andar por el mundo con la guardia baja, decir tonterías, gastar bromas pesadas a mi gente querida y padecer las suyas, disfrutar de la vida en definitiva. Pero hay amigos del alma a cuyas casas, cuando acudo ahora a cenar, lo hago ya como oveja que llevan al matadero. En Andalucía, en Madrid o en Cataluña. Son mis amigos, no tengo otros, ¿qué hago? Es mi familia, no tengo otra, ¿qué hago?

J.T.

sábado, 20 de enero de 2018

“Los archivos del Pentágono”, un desagravio al buen periodismo


Reconforta mucho descubrir cómo tres monstruos de la historia del cine, Meryl Streep, Steven Spielberg y Tom Hanks, han decidido proporcionar foco al problema central que los periodistas hemos de encarar siempre que en nuestro trabajo nos enfrentamos a los intereses de los poderosos.

Me he encontrado con “Los archivos del Pentágono” entre los estrenos de este viernes casi por sorpresa, porque no había visto promoción previa de este acontecimiento cinematográfico, no sé si porque últimamente ando demasiado concentrado en mis cosas o porque realmente tal promoción no ha existido. Así que apenas me he enterado, me he dirigido a la sala de proyección más cercana y he comprado una entrada para la primera sesión disponible. He vivido emocionado desde la primera secuencia hasta la última y la película se me ha hecho muy corta. Todo lo que se cuenta me toca muy de cerca y he salido del cine con la sensación de que la historia que en ella se relata desagravia en cierto modo a los muchos periodistas que, durante su vida profesional, se han estrellado una y otra vez clamando por poder escribir en libertad sin conseguirlo.

Es un verdadero placer y un honor escuchar a Streep y a Hanks, en los papeles de la dueña y el director del Washington Post, defender el derecho a publicar, en 1971, una información que interesaba a los ciudadanos de los Estados Unidos por mucho que hacerlo pudiera perjudicar a su gobierno. Emociona verlos sufrir presiones de la Casa Blanca, de la fiscalía, de los bancos, de los propios accionistas, y ver cómo resisten. Entristece comprobar cómo, pasado casi medio siglo, las cosas no solo no han cambiado para bien en el mundo sino al contrario: empeoran con el paso del tiempo. Los papeles del Pentágono que Nixon hizo todo lo posible para que no se publicaran demostraban cómo varios presidentes de los Estados Unidos no habían tenido reparo alguno en continuar con la guerra de Vietnam, incluso a sabiendas de que nunca la ganarían.

Las cosas no solo no han cambiado, sino que con Trump en la Casa Blanca empeoran peligrosamente. Y en nuestro país, qué quieren que les diga. Cuando escuchaba las conversaciones que en la película tienen lugar durante las sesiones del consejo de administración del Post, me estaba imaginando cómo deben ser ese mismo tipo de reuniones en El País por ejemplo, con los representantes del Santander, el HBSC, Telefónica o los fondos cataríes sentados en el Consejo de Administración. Cuando veía las cenas o las reuniones sociales de periodistas y editores con miembros del gobierno, me daba por hacer paralelismo con lo que sucede en nuestro país y me entraba la risa.

En 1971, Ben Bradlee, director del Washington Post, y Katharine Graham, dueña del rotativo, se la jugaron y apostaron por los intereses de sus lectores a riesgo de quedarse sin periódico, ser procesados e incluso acabar en la cárcel. Se la jugaron y ganaron. ¿Dónde está el propietario de medios o el director de periódico que a día de hoy esté dispuesto a eso? En Estados Unidos no sé, de momento no se atisba a nadie en el horizonte, pero en España da risa solo pensarlo. En un oficio atestado de responsables de medios que mendigan subvenciones, de políticos dispuestos a comprar silencios por las buenas o por las malas, de periódicos que parecen panfletos, de radios y televisiones que funcionan como portavoces oficiales de gobiernos o partidos políticos, en unas redacciones con menos periodistas cada día que pasa, donde la mayoría de los que quedan están mal pagados y aún así viven acojonados por perder su puesto, ¿dónde están los profesionales dispuestos a buscar y elaborar información que interese a los ciudadanos por mucho que ésta moleste al poder?

Me parece un verdadero privilegio que en tiempos de crisis, confusión y desaliento, el gran Spielberg haya decidido sumar a su carrera profesional una película dedicada a los profesionales del periodismo y su necesidad de publicar en libertad le pese a quien le pese. Me parece un lujo que los papeles principales de esa película los hayan encarnado Meryl Streep y Tom Hanks. Creo que “Los archivos del Pentágono” ayuda a la causa de la libertad de expresión de la mejor manera posible. Que estos tres gigantes del cine le hayan puesto voz y cara a este espinoso asunto por muy conocido que sea, lo dota de una dimensión que supone un valioso espaldarazo para la prensa en tiempos tan difíciles. Gracias sean dadas a los tres. Hay que hablar de esta película todo lo que sea posible, que funcione el boca-oreja, que no se quede nadie sin verla, por poca promoción que esté teniendo.

 J.T.

martes, 9 de enero de 2018

Interviú y Tiempo, criaturas predilectas de Antonio Asensio


Interviú nació el veintidós de mayo de 1976, dieciocho días después del diario El País, cuando se cumplían los primeros seis meses de la muerte de Franco. Ambas publicaciones se anticiparon a la llegada de Adolfo Suárez a la presidencia del gobierno y, con Diario16, cuyo primer número salió a la calle el dieciocho de octubre del mismo año, se convirtieron en los altavoces más frescos de los acontecimientos políticos de aquel entonces: el referéndum para la reforma política, la disolución de las cortes franquistas, las primeras elecciones constituyentes o la redacción de la Constitución y el referéndum que la respaldó.

Tiempo nació en 1982, un año largo después del intento de golpe de Estado del 23 de febrero, tras una etapa embuchada como suplemento de Interviú. La puso en marcha Julián Lago hasta que años más tarde fue sustituido por Pepe Oneto, quien cambió la dirección de la batalladora Cambio16 por la de la revista con la que Antonio Asensio Pizarro aspiraba a consolidar su oferta informativa en los quioscos. Interviú fue la piedra sobre la que se construyó el Grupo Zeta y Tiempo el papel celofán con el que Antonio Asensio, su fundador, quiso revestir la empresa una vez conseguido el éxito económico. El éxito económico fue indiscutible y se debe a la osadía de cuatro jóvenes catalanes –Jerónimo Terrés, José Ilario, Javier Salvadó y Antonio Asensio- dispuestos a quitarle la caspa al periodismo del país y la ropa a cuanta famosa no tuviera inconveniente en aparecer desnuda en las páginas de aquella revista.

Interviú contaba con un brillante director ejecutivo llamado Darío Giménez de Cisneros y un prestigioso director periodista que respondía al nombre de Antonio Alvarez Solís, pero quien realmente mandaba en la revista era Antonio Asensio. Él era quien cortaba el bacalao, a él correspondían las decisiones últimas, el manejo de la escaleta y la potestad para cambiar de opinión en el último momento y sustituir el tema principal o la portada incluso a escasas horas del cierre de la edición. Era el patrón y ejercía. Asumía el riesgo, no echaba la culpa a nadie cuando algo no salía bien y, en consecuencia, le correspondía la mayor parte del mérito cuando las decisiones eran acertadas. Dieron con la fórmula a base de aplicar la vieja técnica de ensayo-error. En los primeros tres meses se equivocaron muchas veces, pero a partir de entonces las ventas se dispararon hasta llegar al millón de ejemplares semanales. Además de las chicas desnudas, el secreto consistía en ofrecer un cóctel donde cabían investigaciones de las fechorías del franquismo, denuncias de corrupción, reportajes provocación con Luis Cantero como redactor estrella, una sección de sucesos con reporteros de la talla de Pedro Costa Muste o Margarita Landi, entrevistas políticas de primer nivel, columnas de opinión en las que firmaban personajes tan dispares como Eleuterio Sánchez o José Luis de Vilallonga y viñetas de humor de los mejores dibujantes que había entonces en España. La revista dio tanto dinero que sus inventores no tardaron en promover un periódico diario y una treintena de cabeceras más, de periodicidad semanal o mensual, para cuya supervivencia aplicaban sin piedad el método marca de la casa: cuando algo no funcionaba, se cerraba inmediatamente y a otra cosa mariposa.

Contrató Asensio a los mejores periodistas de las revistas de la competencia por el infalible método de pagarles el doble de lo que cobraban en sus respectivas empresas. En el Consejo Editorial del Grupo, reconocidos profesionales de derechas como Manuel Martín Ferrand cohabitaban con combativos periodistas de izquierdas como Eliseo Bayo o polémicos conductores de programas deportivos como José María García. En las páginas de Interviú y de Tiempo se encuentra buena parte de los mejores trabajos periodísticos de una época clave en la historia de España. Las crónicas y entrevistas que en ambas publicaciones pueden consultarse nos ayudan a entender lo que pasó durante los primeros quince años que transcurrieron desde la muerte de Franco. Luego todo cambió, cuando los intereses de Asensio derivaron hacia la propiedad de una televisión, Antena Tres, la inversión en equipos de fútbol y la pugna por los derechos de retransmisión de los partidos.

Me pregunto qué hubiera pasado si Antonio Asensio no hubiera muerto en el 2001, cuando solo tenía 53 años. Estoy seguro que sus herederos y sucesores al frente de la gestión del grupo lo han hecho lo mejor que han sabido, pero siempre nos quedaremos sin conocer qué habría pasado si el fundador de Zeta viviera aún. Quizás, puede ser, habría cerrado Interviú y Tiempo mucho antes, si hubiera concluido que eran productos que no daban más de sí. Las habría cerrado antes que los números rojos llegaran a los siete millones de euros, pero se habría inventado otra cosa. En los tiempos de internet y de las redes sociales, no me cabe la menor duda que el espíritu con el que fueron creados Interviú, Tiempo, El Periódico y tantos otros productos del Grupo Zeta habría sabido asombrarnos de nuevo.

No creo que Asensio hubiera podido remediar la crisis que vive el sector, claro que no, pero también es cierto que en el panorama informativo de nuestro país necesitamos empresarios de prensa audaces dispuestos a jugarse el tipo por publicar una información, tal como en su día lo hicieron él, Juan Tomás de Salas o Jesús de Polanco. Ahora no hay personajes así; ahora quienes mandan en los periódicos y en los medios de comunicación en general son los bancos, Telefónica, El Corte Inglés, fondos de inversión sin alma y representantes de países del Golfo que no saben qué hacer con el dinero que ganan con el petróleo. Interviú y Tiempo llegaron a ser lo que fueron porque ofrecían periodismo fresco. Es triste que esa etapa se haya acabado sin que hayamos sido capaces de encontrar el recambio. En 1976 nacieron Interviú, El País y Diario16. De los tres solo queda El País, pero esa es ya otra historia.

J.T.

viernes, 5 de enero de 2018

Por qué Junqueras continuará en la cárcel de momento


Estos son algunos de los argumentos por los que el Tribunal Supremo ha decidido mantener en prisión a Oriol Junqueras, "sin perjuicio de que nuevas circunstancias puedan aconsejar al Instructor una modificación de la situación personal del recurrente o de los demás investigados":

1. Existen indicios de delito de rebelión, sedición y malversación de fondos públicos.

2. Hay riesgo relevante de reiteración delictiva "al no existir ningún dato que permita entender que el recurrente tiene la intención de abandonar la vía seguida hasta ahora”.

3. No ha prescindido de la opción unilateral y por tanto existe, a juicio de los tres magistrados firmantes del Auto, riesgo de que reitere su conducta delictiva si sale libre.

4. Ha ido “mucho más lejos” al participar en un plan de declaración unilateral de independencia “alzándose contra el Estado español, contra la Constitución, contra el Estatuto de Autonomía y contra el resto del ordenamiento jurídico”.

5. Tal comportamiento supone, según puede leerse textualmente en el auto del Supremo que desestima el recurso de apelación presentado por los abogados de Junqueras, "un hecho ilegítimo, gravísimo en un Estado democrático de Derecho, en el que el cumplimiento de la ley como expresión formalizada de la voluntad popular aprobada por sus representantes legítimos, y también la misma lealtad al propio sistema democrático que nos rige, imponen ciertos límites que deben ser respetados en aras de una convivencia pacífica y ordenada”.

6. Incitó a movilizarse en la calle y forzar al Estado a aceptar la independencia, lo que significaba, precisa el Auto, asumir y aceptar “previsibles y altamente probables episodios de violencia para conseguir la finalidad propuesta” como los que tuvieron lugar los días 20 y 21 de septiembre contra una comisión judicial en la Conselleria de Economía de la Generalitat.

7. Llamó a depositar el voto a miles de personas y a abrir los colegios electorales para un referéndum
ilegal el día uno de octubre pese a conocer que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tenían la obligación de impedirlo en cumplimiento de las leyes vigentes.

8. La negociación y el diálogo de los que habla quien fuera vicepresidente de la Generalitat, éste sólo los contempla si el Estado español reconoce la independencia de Catalunya. “El ofrecimiento de esa clase de diálogo o la invocación de la bilateralidad en esas condiciones, recoge textualmente el Auto, no puede valorarse como un indicio de abandono del enfrentamiento con el Estado mediante vías de hecho con la finalidad de obligar a aquel a reconocer la independencia de Cataluña”.

Estos argumentos del Tribunal Supremo vienen a poner en contexto unos hechos que, con el paso de
los días, las semanas y los meses tienden a ser olvidados frente al relato de quienes prescinden de ellos en su discurso diario. En su texto de veinticinco páginas, los tres magistrados que han decidido por unanimidad mantener al líder de Esquerra Republicana en la cárcel nos recuerdan asuntos que en los titulares de los periódicos han ido quedando relegados, quiero pensar que por la velocidad a la que se suceden los acontecimientos. En su huida hacia adelante, Puigdemont continúa arrancando titulares con sus audaces y sorprendentes propuestas, al tiempo que la pelea sin cuartel entre su partido y el de Junqueras nos mantiene a su vez entretenidos, despistados y un tanto fuera de foco. Hasta que un auto del Supremo ha vuelto este viernes cinco de enero a centrar el asunto: Puigdemont está huido y Junqueras en la cárcel porque no respetaron la legalidad vigente. Defender la opción política de independencia de una parte del territorio nacional es legítimo porque la Constitución admite la defensa de cualquier posición política, incluidas las que defienden la desaparición de la Constitución misma pero, como recuerda el Auto, tal empresa "ha de propugnarse sin cometer delito
alguno”.

JT

lunes, 25 de diciembre de 2017

El discurso previsible


Si, como sostienen varios científicos de la universidad estadounidense de Notheastern (Massachussets), el comportamiento humano es previsible en un noventa y tres por ciento, el discurso navideño de Felipe de Borbón certificó con creces su condición humana: quienes se lo escribieron decidieron no hacer uso siquiera del siete por ciento que los estudiosos conceden a la improvisación o a la capacidad de sorprender: el preparado monarca fue previsible al cien por cien.

Los resultados de las elecciones del jueves pasado en Catalunya habían dejado en evidencia su agresivo discurso del pasado tres de octubre, en el que el rey tomó partido por una de las partes. Ahora, pues, no le quedaba más remedio que buscar la manera de reconducir mínimamente la situación, tragarse sus propias palabras sin que se notara demasiado e intentar buscar una vía de salida para salvar los muebles.

“Hay que reconocer que no todo han sido aciertos; que persisten situaciones difíciles que hay que corregir y que requieren un compromiso de toda la sociedad para superarlas” –reconoció. Música muy diferente a la de su alocución dos meses antes, cuando espetó: “Sé muy bien que en Catalunya hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro estado”.

El tono de Nochebuena, tras los resultados del 21D, obligaba a plegar velas: “Estoy seguro de que nadie desea una España paralizada o conformista, sino serena y atractiva –dijo textualmente-, que ilusione, una España serena, pero en movimiento y dispuesta a evolucionar y a adaptarse a los nuevos tiempos. Sobre la base sólida -añadió- de los principios democráticos y valores cívicos de respeto y diálogo que fundamentan nuestra convivencia”. ¿Abrió Felipe VI con esta frase la puerta a reformar la Constitución, como interpreta en su editorial navideña el diario El País?

Los representantes del nuevo Parlament, continuó el rey en su previsible discurso, “ahora deben afrontar los problemas que afectan a todos los catalanes, respetando la pluralidad y pensando con responsabilidad en el bien común de todos. El camino no puede llevar de nuevo al enfrentamiento o la exclusión que, -como sabemos ya- solo generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y -por supuesto- económico de toda una sociedad”.

Nada de recordar lo atípico de unas elecciones con candidatos en la cárcel o en el extranjero, nada de reconocer que gran parte de la responsabilidad del momento que se vive la tiene él mismo por la manera de echar gasolina al fuego en su discurso anterior. Nada de lo siento, me he equivocado, no volverá a suceder, sino templar gaitas sin que se note mucho apelando a “la serenidad, la estabilidad y el respeto mutuo de manera que las ideas no distancien ni separen a las familias y a los amigos”. A buenas horas, mangas verdes.

Como recuerda Ana Pardo de Vera en su columna de Público este 25 de diciembre, ¿acaso “se creyó el monarca que con unas elecciones convocadas por el gobierno central en Catalunya se acababa el problema? Mal monarca tenemos, entonces, que carece de la intuición del observador neutral y se deja llevar por las pasiones electoralistas y cobardes del gobierno de parte”. Con palabras de Lluís Bassets, también de este lunes, en la edición digital en El País, Felipe VI “empezó su reinado en 2014, el año escogido por el independentismo para llegar a la autodeterminación, coincidiendo con el tricentenario de la caída de Barcelona en la guerra de sucesión, el referéndum escocés y la oportunidad que ofrecían la crisis económica, política e incluso institucional. En este persistente envite se lo juega todo, su reinado y su corona, identificada como nunca con la democracia y la Constitución. Al final de la partida, será rey de Catalunya o no será”. Pues eso. Parece lógico pues, que con estos mimbres, el discurso acabara siendo perfectamente predecible, dictado quizá por el instinto de supervivencia, el más humano de los instintos. Predecible y pelín aburrido, que todo hay que decirlo.

 J.T.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Mis amigos catalanes


Me cuesta mucho reconocer en mis amigos catalanes favorables al soberanismo a aquellas personas con las que fui feliz durante tantos años cuando podíamos hablar y discutir de cualquier cosa sin que ninguna discrepancia pusiera jamás en peligro nuestros afectos.

De un tiempo a esta parte mis conversaciones con ellos, aunque continuemos disfrutando de sofisticados gintonics cuando nos vemos, o de rebuscados platos regados con prestigioso vino catalán, por supuesto, ya no son lo que eran. Si escogemos hablar de literatura, música, fútbol o política internacional, todo va bien por mucho que nuestros puntos de vista no coincidan en absoluto pero ay, amigo, cómo cambia la cosa cuando llegamos a la cosa, la gran cosa, esa única cosa que parece existir en el mundo desde hace ya tantos meses, ¿o son años? Cuando la conversación desemboca en el dichoso asunto, la tal cosa nos engulle sin miramientos y la atmósfera empieza a enrarecerse hasta que el aire se hace irrespirable porque todo se transmuta, todo se agría, todo se jode sin remedio.

Ahora me critican mis artículos, me llaman equidistante, me instan a tomar partido entre los buenos y los malos y a mí me cuesta reconocerlos en tal deriva. Hay que elegir, Juan, o ellos o nosotros, llegó a decirme mi amigo M. el otro día. Y yo, claro, me asusto, porque esto hace tiempo que dejó de ser una broma, aunque fuera de Catalunya muchos hasta ahora no se hayan acabado de caer del guindo, y me asusto sobre todo cuando verifico que quienes han llegado a tal punto son amigos míos queridos, no gente ajena ni lejana.

Me asustan ellos y me asustan también aquellos otros colegas y familiares catalanes que se sitúan al otro lado del tablero. La lluvia de mensajes de guasap que recibo estos días, tanto de unos como de otros transpiran frentismo, agresividad, rencor. Histeria. Se acusan entre ellos de las mayores atrocidades, y se insultan y amenazan como nunca imaginé que lo harían gentes que conforman un pueblo cuya manera de entender la vida me fascinó hace ya muchos años hasta el punto de llegar a enamorarme, pero que a día de hoy me mantiene confuso y desconcertado.

Ahora solo quiero ganar, Juan, lo demás no importa, me decía el otro día mi amigo O. de Girona, incondicional del procés desde hace cuatro años y activista entregado a la causa desde entonces en cuerpo y alma. Tenemos que derrotar a los golpistas como sea, me comentaba al día siguiente J.M., de Cornellà. ¿Que hay que apoyar a Arrimadas? Pues se le apoya, remataba este miembro del psc de toda la vida.

Y cuando les preguntas qué van hacer con la victoria, cómo van a gestionar los resultados, ahí empiezan ya a estrellarse los talentos tanto en un lado como en otro. Están partidos por la mitad y se niegan a pensar, o a decir lo que tienen pensado, para más allá del día veintiuno, fecha de la convocatoria electoral autonómica. A muchos todo esto les parece una ópera bufa, pero a mí empieza a parecerme una tragedia que no me pienso tomar a la ligera.

Las muchas barbaridades aparecidas en twitter en estas últimas semanas son un pésimo síntoma, un aviso de que cualquier chispa podría acabar provocando un incendio de complicado control. Ya sé que suena alarmista y lo lamento, pero la historia está llena de ejemplos sobre la delgada línea que a veces separa a quienes muy bien pueden estar un día en el bar contándose chistes entre caña y caña, y a la jornada siguiente matándose entre ellos sin compasión alguna. “La Vaquilla”, de Berlanga y las parodias de Gila: oiga, ¿es el enemigo, podríais retrasar la guerra unos días, que tenemos que votar? ¡Ah! ¿que vosotros también votáis? ¿y eso por qué?

J.T.

lunes, 23 de octubre de 2017

Plantar cara al PP

Seduce el punto rebelde de la asonada catalana, esa determinación para hacer partícipe de sus convicciones al mundo entero, esa habilidad para colocar sus mensajes, unos con más verdades que otros, esa probada eficacia a la hora de organizar movilizaciones. Pero no consiguen, y bien que lo intentan, hacer olvidar que Puigdemont y compañía son los herederos del partido del tres por ciento con un patriarca jefe, ahora desparecido en combate, cabecilla de una trama corrupta familiar cuyo hijo mayor lleva ya un tiempo durmiendo en la cárcel. La derecha corrupta catalana ha desafiado a la derecha corrupta del resto de España, robándole de paso la cartera a una izquierda nacida tras el 15M que se dispersa en sus propias peleas, y otra antigua izquierda, la socialista, que sobrevive desde hace tiempo a base de manotazos desesperados para no acabar ahogándose del todo.
La derecha corrupta catalana le ha plantado cara al PP y con ello ha conseguido algo que era obligación de la izquierda española haber demostrado. Ha puesto en evidencia la verdadera cara de Rajoy, su partido y su gobierno. Ha logrado que por fin actúen como corresponde al ADN del espíritu fundacional del Partido Popular. Los seis años de gobierno PP cierran ahora un ciclo de atropello a las libertades y a infinidad de derechos sociales y laborales para entrar, a partir de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en una dura etapa de tintes totalitarios, ya sin disimulo alguno, en la que comienzan con Catalunya, pero que podría continuar en otras Comunidades.
Pero ni el carácter tiránico que tiene la manera elegida por el PP para aplicar el 155 permite olvidar el escandaloso desarrollo de los plenos del Parlament los días 6 y 7 de septiembre. Dos derechas corruptas se encuentran enfrentadas a cara de perro y una de ellas está arropada por la monarquía. Moncloa y Zarzuela se han embarcado en una apuesta de incierto desenlace. Podíamos haberle presentado a Europa la imagen de un país dialogante que sabe resolver civilizadamente sus discrepancias y sin embargo estamos ofreciendo la versión triste de una comunidad de vecinos cutre que Es capaz de liarse a palos por el importe de la derrama. Olvidan Rajoy y el rey que a Bruselas le da igual que seamos una monarquía o una república: lo que quieren es que no les toquemos las narices con una pelea que amenace la estabilidad del proyecto europeo.
La izquierda ha perdido la oportunidad de plantarle cara al corrupto y nacionalista PP y, mire usted por dónde, quienes se encaran a Rajoy son otros nacionalistas corruptos. Y Albert Rivera, frotándose las manos.

jueves, 5 de octubre de 2017

La semana del mal rollo

La causa del sudor con el que me desperté el pasado lunes 2 de octubre no fue precisamente esa temperatura veraniega que cada año parece más empeñada en robarle al otoño días y protagonismo. Aquel sudor amanecía acompañado por severas cosquillas en el estómago y por un ingenuo anhelo: que gran parte de los episodios ocurridos en Catalunya el día anterior, cuya retransmisión, inquieto y preocupado, había seguido durante horas por la tele, no hubieran ocurrido en realidad. Volví a amanecer sudando el martes, el miércoles, el jueves... Quizás debido a mi mala memoria, no recuerdo en mis seis largas décadas de vida tantos días de mal rollo continuado. Mal rollo, peores augurios y perspectivas poco alentadoras a medio plazo.

Me cuenta mi hija las encendidas discusiones que mantiene últimamente con amigos y conocidos en sus chats de guasap. Chats en los que hasta hace pocos días se dedicaban a mandarse fotos, intercambiar canciones y complicidades, organizar quedadas o reírse con ganas y punto. Pero esta semana parece que han mandado a paseo las buenas vibraciones, y el mal rollo se ha instalado de golpe en sus vidas de veinteañeros. ¿Lo de Catalunya va en serio, papá? -me pregunta. Y, de pronto, descubro que a su lado soy sin duda un privilegiado, porque he vivido cuarenta años más que ella sin incertidumbres como ésta. Y me avergüenzo por la cuota de responsabilidad que me toca al no haber luchado lo suficiente para conseguir evitar una sensación de desamparo e incertidumbre que yo hasta ahora nunca tuve en mi vida, ni siquiera en los tiempos de las protestas universitarias de los setenta, ni tras la muerte de Franco, ni con el intento de golpe de febrero de 1981.

Y a estas alturas, tres décadas después de convertirnos en europeos de pleno derecho, cuando pertenecer a las más codiciadas instituciones occidentales parecía que nos blindaba de sobresaltos y aportaba un cierto plus de calma chicha a nuestra rutina diaria, el invento salta por los aires y nos da por pelearnos entre nosotros a cara de perro sin que nadie se atreva a aventurar cómo demonios acabará todo esto: porrazos de la policía y la guardia civil a ciudadanos que querían votar, resistencia ciudadana plantando cara a las agresiones, una capacidad de organización que consiguió abrir centenares de colegios y hacer llegar hasta ellos miles de urnas que ninguna intervención policial pudo detectar previamente, Ciudadanos exigiendo leña al mono y más mano dura, Podemos intentando mediar entre los dos matones de patio de colegio cuando estos ya se miran enrabietados, con las mangas de la camisa subidas y los puños en posición de combate, los socialistas haciendo corro sin atreverse a tomar partido, los jueces dictando autos y las televisiones públicas, tanto TV3 con TVE, echándole al fuego más gasolina cada día que pasa.

Un mal rollo terrible ahora ya en toda España, que viene a rematar años de discusiones en Catalunya entre familiares y amigos de toda la vida, y al que Felipe de Borbón y Puigdemont, mientras Rajoy se fuma un puro tras otro, han puesto la guinda con los discursos institucionales más inquietantes que recuerdo. Insensatos sin escrúpulos, como diría aquel periódico de entonces, que hace tanto tiempo ya que no es el mismo.

J.T.