viernes, 15 de julio de 2016

Todos no somos Messi

En el país de los Pujol y sus pornográficos tejemanejes, de Granados y su Púnica, de los Eres andaluces, de Bárcenas y la Gürtel... en el país donde hay políticos que cuentan los billetes de las mordidas escondidos en un coche, donde algunos miembros de la familia real acaban en el banquillo y el partido que tiene más casos de corrupción pendientes de juicio consigue más votos cada vez que se presenta a unas elecciones, en ese país encaja perfectamente que a un personaje como Lionel Messi se le haga la ola colectiva tras haber sido declarado culpable de tres delitos fiscales por la Audiencia Provincial de Barcelona.

¡Señoras y señores! Ese joven muchacho tan correcto como soso, con pinta de no haber roto un plato en su vida, ese chico tan aparentemente impoluto y políticamente correcto, que hasta los escupitajos en el césped los suelta con gracia el chaval, acaba de ser condenado a 21 meses de cárcel, que no cumplirá, por haber defraudado al fisco -con "ignorancia deliberada"- 4,1 millones. Aunque la sentencia está recurrida al Supremo, el joven icono ha sido juzgado y condenado.

Me resulta difícil entender la tolerancia social de la que gozan los deportistas, hasta el punto que mientras escribo esto, ya me estoy imaginando que me va a caer la del pulpo. Hace unas semanas tuvimos el turbio asunto del portero de Gea -presunto, claro-, sobre el que de momento se ha corrido un tupido velo; MARADONA GORDO 3ahí están también las siniestras historias de dopaje en el ciclismo, o el ascenso y caída de atletas como Ben Johnson o Javier Sotomayor; del caso Maradona mejor ni hablamos... En fin, el caso es que estos ídolos de masas -caídos o no, juguetes rotos en unos casos y en otros siempre héroes hagan lo que hagan- gozan de un grado de comprensión hacia sus actos delictivos infinitamente mayor que la que se nos concede al común de los mortales por transgresiones mucho menos graves.

Antes de continuar, una declaración de principios: me gusta seguir los espectáculos deportivos y, aunque no soy del Barça, reconozco que sus jugadores, con Messi a la cabeza, me han hecho disfrutar mucho con su fútbol durante la última década. Dicho esto, añado: me parece inadmisible que Messi se escaquee a la hora de cumplir con sus obligaciones fiscales y me desconcierta que el equipo que le paga la sustanciosa nómina lance una vomitiva campaña -"Todos somos Messi"- para apoyar al "pobre chico". No vaya a ser que se deprima el muchacho, pierda la inspiración en el campo y les busque la ruina. Pero lo que menos me gusta de todo es la condescendencia y la comprensión de la parroquia para con este tipo de fechorías, dispuesta siempre a mirar para otro lado y exculpar al inocente jovenzuelo, víctima el angelito de las tropelías de un entorno que, con su "papá" al frente, roba en su nombre sin que él se entere de nada. "Ignorancia deliberada"

Coincide la publicación de la sentencia de Messi con la proyección en los cines de "The program" ("El ídolo"), la película en la que Stephen Frears narra con pelos y señales el escandaloso fraude que fue la historia del ciclista estadounidense Lance Amstrong, antes y después del cáncer de testículos que sufrió a los 25 años. Amstrong ridiculizó aquel viejo refrán que sostiene que "no se puede engañar a todos todo el tiempo" porque él lo hizo durante toda su carrera deportiva. 150126163747_lance_armstrong_624x351_afpGanó siete Tours de Francia seguidos dopado hasta las cejas y nunca lo pillaron. Y si no hubiera dejado tirado a su otrora fiel gregario Floyd Landis cuando éste dio positivo en el Tour de 2006, todavía al tejano continuaría disfrutando de una fama y un reconocimiento que nunca mereció. Porque fue Landis, que durante años se dopó con él y junto a él, quien decidió tirar de la manta cuando se vio abandonado por quien había sido su jefe de filas.

Como hice durante tantos meses de  julio en mi vida, veo estos días, a la hora de la siesta, algunos finales de etapa del Tour de Francia y no puedo evitar preguntarme si por por fin habrán conseguido limpiar el pelotón de delincuentes o si, por el contrario, dentro de unos años volveré a enterarme de atrocidades de estos tiempos como ahora se cuentan en "The Program" las  que ocurrieron durante la última década del siglo XX y la primera del XXI.

Hace tiempo que tengo claro que no hay que creer en nada ni en nadie, pero... ¿de verdad se lo tengo que contar así a mis hijas? ¿de verdad les tengo que contar a los ilusionados jóvenes que conozco que todos sus ídolos son mentira, que no aspiren nunca a ser como ellos, que muchos de aquellos a quienes tanto admiran se mueven al margen de la legalidad y defraudan al fisco, se dopan o se drogan porque se creen inmunes, porque está convencidos de que cuentan con una tolerancia social prima hermana de la impunidad?
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¿Quieres robar y que no te pase nada? Pues primero hazte figura del fútbol, atleta o ciclista y luego todo te será perdonado. O peor: no te andes con miramientos y drógate, que todos lo hacen, como dice Amstrong en la "The program". Solo tienes que ser más listo que ellos y que no te pillen. Y si no te pillan, que te quiten lo bailao.

Claro que, en el fondo, esa directiva del Barça que ha tenido que pactar con Hacienda y pagar 5, 5 millones para cerrar el vidrioso asunto Neymar, la misma que ahora promueve la campaña "Todos somos Messi" intentando manipular la buena fe de los socios, lo que hace es moverse en el mismo fango al que nos tienen acostumbrados esos políticos que no paran de abrir telediarios protagonizando casos de corrupción. Roban a manos llenas y luego les llenamos las urnas de votos. ¿Por qué van ser menos el Barça y sus chicos?

J.T.

martes, 12 de julio de 2016

Tras la muerte de Víctor Barrio

No me gusta que maten a los toros, pero mucho menos me agrada aún que alguien se alegre de la muerte de un torero. Si todos los fundamentalismos son peligrosos, el talibanismo antiaturino está comenzando a adquirir visos de intimidadora amenaza mafiosa. La vejación a la que ha sido sometida en redes sociales la persona y la memoria de Víctor Barrio desde su muerte el pasado sábado en la plaza de toros de Teruel transmite una suerte de incómoda ansiedad ¿De verdad existen argumentos para justificar que un ser humano se alegre de la muerte de otro?

A Víctor Barrio lo mató el toro "Lorenzo" la tarde del nueve de julio y prácticamente desde el mismo instante en que murió, lo remataron en redes con un linchamiento tan violento como desaforado. Bien es cierto que, cuando comprobaron la monstruosa dimensión que iba adquiriendo el despiadado ataque al torero muerto, las principales asociaciones antitaurinas decidieron desmarcarse: "No compartimos ninguna de esas opiniones y comentarios", declaró Laura Duarte, portavoz del Partido Animalista Pacma; "Me desagrada que haya personas que se planteen esto como un combate", dijo Chesús Yuste, portavoz de la Asociación Parlamentaria de Defensa de los Animales (Apdda)...

También Carmen Méndez, presidenta de la Asociación Defensa Derechos Animal (ADDA), se apresuró a desvincular a su organización de este tipo de comentarios, aunque añadió que "quienes más deberían replantearse la fiesta de los toros y estos espectáculos son los propios taurinos". Pero Méndez, como Duarte y como Yuste, saben que es muy posible que estas declaraciones conciliadoras quizás lleguen pelín tarde. Hace ya bastante tiempo, años, que la deriva antitaurina estaba adquiriendo tintes preocupantes. Yo no sé si hay que acabar con la fiesta de los toros o no, lo más probable es que su desaparición caiga por su propio peso con el transcurso del tiempo, pero mientras esto ocurre, conviene no olvidar que estamos hablando de un espectáculo legal en torno al que pivotan las fiestas más importantes del año en buen número de pueblos y ciudades de nuestro país. Y que se trata de un fenómeno que va más allá de los planteamientos ideológicos: ser de izquierdas no tiene porqué conllevar ser antitaurino, ni ser de derechas lo contrario, como más de uno parece empeñado en sostener.

Todos mis amigos progres y antifascistas navarros, que en tiempos se jugaron la vida corriendo delante de la policía en comprometidas manifestaciones políticas, también corrieron y corren delante de los toros por las calles de Pamplona cuando llegan los Sanfermines. Algunos llevan cuarenta años haciéndolo y, por supuesto, tienen abono en la plaza de toros, donde se desgañitan en los tendidos de sol cantando a voz en grito "La chica yeyé", "Mi gran noche" o "Sigo siendo el rey". Así de complejo y contradictorio es el asunto.

Quienes apuestan por la abolición de la fiesta tienen tanta razón como quienes piensan lo contrario. Pero los abolicionistas han ido por ahí encendiendo tantas mechas que al final ha acabado llegando un incendio que se les ha escapado de las manos. Hubo un momento, no hace demasiado tiempo, en que el acoso y la intimidación llegaron a ser de tal calibre que en el mundo taurino no supieron cómo reaccionar: optaron por el silencio, pasó el tiempo y nadie salía a dar la cara.

Tuvo que ser un francés, el torero Sebastián Castella, el primero en atreverse a "salir del armario" y protestar públicamente recordando que se estaban vulnerando sus derechos ciudadanos y laborales. Un famoso presentador televisivo había llamado públicamente, y en su cara, "asesinos en serie" a sus compañeros Fran Rivera y Julián Lopez "El Juli", y Castella decidió terciar, hace ahora un año, con una carta pública en la que invocaba la legislación española y también la europea, pedía amparo y reclamaba respeto:

"...se vulnera nuestro derecho al honor acusándonos día tras día de asesinos y se nos priva de nuestro derecho al trabajo...hoy son los cosos taurinos -continuaba, pero mañana será cualquier otra manifestación artística que no les caiga en gracia... El toreo no es de izquierdas ni de derechas. No es político. Es de poetas, pintores y genios. De Lorca y de Picasso, dos artistas poco sospechosos de fascistas ni asesinos..."

La muerte de Víctor Barrio ha avivado un fuego que pide a gritos ser apagado cuanto antes. Repito: a mí no me gusta que maten a los toros, pero mucho menos me agrada aún que alguien se alegre de la muerte de un torero. Las bajezas de estos días en twitter, además de promover las denuncias de los taurinos ante la policía, están consiguiendo justo el efecto contrario al que muchas organizaciones animalistas aspiran de manera legítima. Los ataques fortalecen, y los ataques violentos fortalecen mucho más. Los que quieren que la fiesta desaparezca han dado un paso atrás con las ofensas y las injurias de algunos de sus simpatizantes, quizás porque estos no tuvieron en cuenta que la cornada que le partió el pecho a Víctor Barrio, a muchos nos partió el alma.

J.T.

J.T.

lunes, 11 de julio de 2016

Por unas fiestas libres de agresiones sexistas


Lo primero que me llamó la atención la mañana del pasado 6 de julio en Pamplona fue el pin que adornaba buen número de camisas y camisetas blancas de quienes celebraban por sus calles las horas anteriores y posteriores al chupinazo sanferminero. La imagen de la insignia era una mano roja abierta con los cinco dedos cortados, como si se tratara de cinco ramas de un árbol recién podado. Luego vi carteles con el mismo emblema y una frase contundente: "Por unas fiestas libres de agresiones sexistas" y poco después, cuando recalé en la animadísima Plaza del Castillo, advertí la existencia de un "Centro de Orientación e Información" sobre agresiones y acoso machista.

El ayuntamiento que preside Joseba Asirón se había conjurado este año contra las agresiones machistas; Laura Berro, concejala de Igualdad, promovía por segundo año consecutivo una trabajada y potente campaña por los "Sanfermines en Igualdad" y toda la corporación de este "municipio por el cambio" decidió apostar fuerte por erradicar una pesadilla que les avergüenza. "No al miedo ni a las agresiones, sí al ligoteo sano y a vivir las fiestas libremente”, proclamaban. Y anunciaban también a bombo y platillo que este 2016 se ampliaban los recursos disponibles en materia de atención sanitaria, psicológica, judicial o policial... cámaras de alta definición diseminadas por toda la ciudad, reiteradas invitaciones a la colaboración ciudadana...

Pues bien, a pesar de todo ello la campaña no tardó en fracasar ni veinticuatro horas. A las seis y media de la mañana del día siete, cuando cruzaba yo la calle Paulino Caballero camino del primer encierro de los Sanfermines, me enteré que pocas horas antes, en uno de los portales de esa céntrica zona, cinco energúmenos habían violado a una chica madrileña de diecinueve años, grabaron la humillación con un teléfono móvil y le robaron el suyo a la joven agredida.

La misma tarde del día 7, decenas de miles de pamploneses se manifestaron para protestar contra el desgraciado comienzo de las fiestas. Pero ni así: la noche del sábado día 9 otra joven, esta vez una francesa de 22 años, denunció haber sido violada: otro perturbado fue detenido por meterle mano a una policía local y un tercero acabó también en el calabozo por acosar y manosear a una chica que descansaba en el césped de un parterre.

Hay quien piensa que, gracias a toda esta campaña, se visibiliza un problema hasta ahora casi tabú porque anima a las víctimas a dar el paso y denunciar, lo que contribuye a que presuntos agresores se lo piensen dos veces y, en consecuencia, disminuya el número de abusos. Aún así, quienes manejan los datos sostienen que campañas como la de estos días en Navarra consiguen que, como mucho, se atreva a denunciar el diez por ciento de las personas agredidas.

En esa ciudad han tenido el valor de abrir la caja de los truenos y poner sobre la mesa un problema que en otros muchos lugares no acaba de abordarse de manera contundente por miedo a perjudicar el prestigio de las fiestas y la presencia de visitantes. O porque no acaban de asumir la importancia y gravedad del asunto. O por machismo , o por inercia social, o simple y llanamente, porque no les da la gana.

El camino de Pamplona es un camino lento, tortuoso, duro. Hay que luchar contra el machismo social, la vergüenza de las afectadas, la reticencia de quien piensa que eso no es bueno para la ciudad ni para las fiestas... pero tiene toda la pinta de que se trata de una iniciativa que acabará dando fruto. Un camino que siguen ya algunos otros ayuntamientos como Málaga, San Sebastián o Vigo, decididos a atajar los abusos de desaforados que confunden divertirse con delinquir y por el que discurrirán otros muchos cuando comprueben que esta decisión del ayuntamiento de Pamplona de coger el toro por los cuernos (nunca mejor dicho) acabará consiguiendo que la política de "Tolerancia Cero" sea asumida, y practicada, por todo el mundo.

Como dice Asirón, "no podemos consentir que haya un cincuenta por ciento de nuestra ciudadanía que tenga que pagar un impuesto de seguridad por salir a la calle, según por qué sitios y según a qué horas". El encarcelamiento de los cinco violadores (presuntos) del día siete en Pamplona es un buen precedente. Que el Ayuntamiento se persone como acusación particular, también. La mala noticia para los andaluces es que los detenidos procedan de Sevilla. Uno de ellos, como ya se sabe, se graduó como guardia civil en Baeza hace solo unos días.

J.T.

sábado, 9 de julio de 2016

Pamplona. 38 años sin Germán Rodríguez

Han pasado 38 Sanfermines y nunca se supo quién lo mató. Se llamaba Germán Rodríguez, tenía 27 años y era hijo de una conocida familia de Pamplona. Murió de un disparo en la frente en pleno centro de la ciudad el segundo día de las fiestas de 1978. Los turistas huyeron y los Sanfermines se acabaron ahí. Muy pocas veces en su ya larga historia se suspendieron las universales fiestas de Pamplona. Antes de aquel año solo ocurrió en 1937 y 1938, durante la guerra civil. Conviene recordarlo y repetirlo. La memoria es el principal patrimonio de una sociedad libre.

Perdonar, si; olvidar, no. Así lo proclamaban este 8 de julio en Pamplona quienes desde hace 38 años mantienen viva la memoria de aquel joven militante de la LCR con un emotivo acto que cada año celebran ese día en la confluencia de las calles Roncesvalles y Carlos III. Allí pude presenciarlo yo este viernes, en el lugarexacto donde Germán cayó herido de muerte durante aquellos trágicos Sanfermines sin que hasta hoy se sepa quién fue el autor de aquel asesinato. O sí.

¿Qué fue lo que pasó?

Aquel verano de 1978 en que faltaban pocos meses para que la Constitución se sometiera a referéndum, cuando el ministro del Interior de Adolfo Suárez se llamaba Rodolfo Martín Villa, el ambiente en el País Vasco y Navarra estaba muy  caldeado. Se había iniciado un proceso de amnistía muy parcial y nada satisfactorio, y en ese ambiente tenso y crispado llegaron los Sanfermines. El día 8, al finalizar la faena del sexto toro del segundo festejo, muchos integrantes de las peñas saltaron al ruedo como es tradicional en la plaza de toros de Pamplona, donde la celebración de la fiesta tiene desde siempre una personalidad y un sabor propios. Faltaban pocos minutos para las nueve de la noche. Saltaron también a la arena un grupo de personas que desplegaron una pancarta reclamando amnistía y libertad para los presos navarros y vascos.

Hubo aplausos, silbidos y enfrentamientos en las gradas y en las andanadas. La tragedia empezó a mascarse cuando cerca de cuarenta "grises", que era como por entonces se llamaba a los miembros de la Policía Armada, irrumpieron en el ruedo con material antidisturbios para "restablecer el orden". Dispararon primero pelotas de goma y botes de humo hasta que, finalmente, recurrieron al fuego real. Hubo siete heridos de bala en la plaza. Un verdadero desastre, sobre todo si se tiene en cuenta que la plaza de toros de Pamplona es la tercera más grande del mundo y las veinte mil personas que caben dentro aún no habían podido abandonar el recinto.


Veinte mil personas de las que la mayoría entraron en pánico y huyeron despavoridas  por las calles adyacentes a la plaza, pero hubo muchos que decidieron hacer frente a la tropelía de los antidisturbios y los enfrentamientos se extendieron con más policía y más ciudadanos cada vez, por muchas calles de la ciudad. Apenas una hora después de iniciarse la refriega fue cuando mataron a Germán Rodríguez, que falleció pocas horas más tarde en el Hospital Provincial de Navarra sin que los médicos pudieran salvarle la vida. Los disturbios se convirtieron en una revuelta. La batalla duró hasta la madrugada. Los manifestantes intentaron asaltar el Gobierno Civil y el palacio de la Diputación Foral. El día 9 por la mañana, el centro de Pamplona presentaba un aspecto dantesco y solitario: oficinas bancarias, tiendas y bares destrozados; decenas de coches, utilizados como barricadas –todavía no había contenedores de basuras en las calles- incendiados. Miles de turistas, aterrorizados, abandonaron la ciudad. El balance final de víctimas, además de Germán, fue de once heridos de bala y otros 150 con diferentes lesiones.

38 años después de aquellos hechos, he tenido el honor de acudir al primer acto de homenaje a Germán que se realiza sobre una plataforma colocada por el Ayuntamiento. Nunca hasta ahora el colectivo organizador había contado con apoyo oficial. Pero esta vez, por segundo año ya, allí estaba
Joseba Asiron, el alcalde. Y por primera Ana Ollo, portavoz del gobierno foral. El Ayuntamiento ha colocado una placa nueva en euskera y castellano: "En memoria de Germán Rodríguez Saiz, muerto por disparo de la Policía el 8 de julio del 78".

El lugar donde murió Germán Rodríguez suele ser visitado por las peñas antes de la corrida de toros todos los días ocho de julio por la tarde. Ya en la plaza, ese día mantienen silencio a la salida del segundo toro. Al finalizar el festejo, abandonan el coso  con las pancartas plegadas y sin música. Todo lo que ocurrió en aquellos Sanfermines de 1978 está estupendamente contado en un documental elaborado por Juan Gautier y José Ángel Jiménez, que en el año 2005 se presentó en el Festival de Cine Español de Málaga. En él pueden verse imágenes inéditas tanto de los enfrentamientos en las calles como de la entrada de "los grises" en la plaza de toros. Imágenes, estas últimas, conseguidas gracias a los archivos de una televisión francesa. TVE las emitió en los informativos del nueve de julio del 78 y desde entonces nunca más se supo. Desaparecieron de los archivos y punto.

Fundamental recordar, fundamental no olvidar, reivindicar la memoria y mantener siempre vivo algo que explica unos años de nuestra historia tan convulsos como mal resueltos. Nunca es tarde. El acto de homenaje en Pamplona, este ocho de julio, a Germán Rodríguez, ha sido uno de los episodios más emotivos que he vivido en estos Sanfermines de 2016. Los primeros, por cierto, a los que acudo en mi vida.

J.T.

jueves, 30 de junio de 2016

El Watergate de Fernández Díaz

Cada día que pasa, Jorge Fernández Díaz me recuerda más al insigne José María Ruiz Mateos. Cuando alguien del Opus le echa cara a la vida, no hay quien le gane. Amparados por ángeles de la guarda y rodeados de vírgenes condecoradas, los miembros de la Obra son imbatibles a la hora de plantar cara a la adversidad: "lo tengo todo en contra, pero tengo a dios conmigo".

Sigue nuestro todavía ministro del Interior al pie de la letra el apotegma número 12 de "Camino", el librito de meditaciones donde Escrivá de Balaguer insta a sus discípulos a "crecerse ante los obstáculos. La gracia del Señor -escribió el santo varón- no te ha de faltar: "inter medium montium pertransibunt aquae!" ¡Pasarás a través de los montes!" Y en esas parece estar Fernández Díaz, echado al monte directamente, como Ruiz Mateos en sus mejores tiempos.

Que te pillen con las manos en la masa, conspirando en tu despacho oficial para buscarle la ruina a opositores políticos, espiándolos a ellos y a sus familias, manejando pruebas falsas y planeando cómo difundirlas... que esas conversaciones estén grabadas y que tu voz se escuche con tal nitidez que no deja lugar a dudas, eso es un watergate en toda regla.

Que acto seguido decidas actuar demonizando el hecho de haber sido grabado, dejando de lado la gravedad del contenido de lo hablado, igual es un acto reflejo de quien, acostumbrado a confesarse con frecuencia, tiende a confundir sus blindados diálogos de confesionario con el peligro intrínseco de las conversaciones que mantiene en su despacho. El ministro está tardando en entender que no todos los interlocutores son curas obligados al secreto de confesión, y que los teléfonos móviles son peligrosos artefactos que carga el diablo. Si no andas fino, te pueden dejar con el culo al aire.

Se revuelve Fernández Díaz como gato panza arriba porque, desde su atalaya, le cuesta asimilar que no exista la impunidad absoluta, que los mecanismos de poder en los que se mueve, y que con tanto desahogo maneja, no estén sirviendo en este caso para atajar la publicación de sus maquinaciones y sus intrigas. Tardará en dar su brazo a torcer, nada de transigir, como recomienda Escrivá de Balaguer en la máxima número 398 de Camino: "La intransigencia no es intransigencia a secas: es "la santa intransigencia". No olvidemos -añade el fundador del Opus Dei- que también hay una "santa coacción". Esa convicción de estar siendo coaccionado fue la que llevó a Ruiz Mateos a ponerse el mundo por montera.

Es muy posible que la manera de actuar del ministro se deba a su convencimiento de que también está siendo coaccionado, olvidando que sus conspiraciones contra políticos catalanes independentistas es un asunto demasiado serio. Por eso se defiende atacando, como hizo PedroJota cuando lo de Exuperancia. Pero mucho me temo que no es lo mismo. Más pronto que tarde lo entenderá, como le ocurrió al presidente estadounidense Richard Nixon quien, hasta que las evidencias no acabaron acorralándole, no asumió que si espías a rivales políticos con los mecanismos que el Estado pone a tu disposición desde tu puesto de responsabilidad, y te pillan, la única salida es hacer mutis por el foro. Nixon tardó dos años en entenderlo. ¿Cuánto tardará Fernández Díaz? ? ¿O pensará quizás que si se confiesa y el cura lo absuelve, ya no tiene que rendir cuentas a nadie más?

J.T.




miércoles, 29 de junio de 2016

10 cosas que podré hacer sin escrúpulos gracias a los resultados del 26J


1. Podré montar una empresa y explotar inmigrantes sin problemas, putear becarios, contratar en precario pagando sueldos de miseria y obligar a los empleados a trabajar más horas de las estipuladas sin rechistar, si no quieren que les eche a la calle sin contemplaciones y sin indemnización.

2. O quizás monte un colegio en el que podré cobrar un pastón a indocumentados horteras que no quieren que sus hijos compartan pupitre en un centro público con niños magrebíes, subsaharianos o hijos de familias con problemas para sobrevivir.

3. Podré montar una clínica privada con médicos mileuristas en la que atender, mal pero pronto y en salas de espera minimalistas y fashion, a esos esnobs más preocupados por no cruzarse con inmigrantes en la seguridad social que por la calidad de la atención médica que reciben.

4. Podré especular en bolsa invirtiendo en empresas amorales pero eficaces, contaminantes pero rentables.

5. O quizás me dedique a comprar pisos a precios ridículos en las subastas, arreglarlos un poco, esperar un tiempecito y luego venderlos por el cuádruple de lo que me costaron.

6. Puedo montar cualquier tipo de empresa que se convierta en proveedora de una institución pública. Una imprenta, una ferretería, una proveedora de agua mineral o de bolígrafos de punta fina, da igual. El caso es saber tener contento al cliente ya sea concejal, consejero, director general o diputado provincial soltándole la correspondiente mordida convenientemente incluida en el montante inflado de la factura pertinente.

7. Podré comprar acciones de bancos rescatados cuyas cotizaciones subirán como la espuma gracias a la falta de pudor con la que continuarán desahuciando hipotecados con dificultades para pagar la cuota  y chupándole sin piedad la sangre a sus ingenuos y desamparados clientes.

8. O no, mejor apuesto por  esas constructoras que obtienen suculentos contratos gracias a su desvergüenza para pagar comisiones millonarias a los políticos corruptos que tanto nos gusta votar, o por esas empresas de gas, petróleo o electricidad que tienen en sus consejos de administración ex ministros y ex presidentes de gobierno. Eso sí que es negocio seguro.

9. Contra Rajoy se vive mejor. Podré ponerme ciego criticando la gestión del gobierno, despotricaré, les llamaré de todo y al mismo tiempo aprenderé a que mi mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha. Así, mientras me escandalizo con sus decisiones de gobierno y denuncio su falta de sensibilidad social, podré aprovecharme de sus medidas prevaricando, moviendo dinero negro, malversando o practicando el tráfico de influencias, lo que haga falta.

10. Y si todo sale mal, ningún problema. Como la política del PP es posible que repercuta en una más rápida independencia de Catalunya, así tendré un país amado en el que pedir asilo político.

En resumen, loado sea Mariano Rajoy y bendito sea este PP nuestro, benefactor de los hipócritas, los desprejuiciados y los amantes de lo ajeno. Y benditos sean sus votantes.

J.T.







sábado, 25 de junio de 2016

La democracia es lo que tiene, que nunca llueve a gusto de todos


Tras los resultados del referéndum británico, asombrado estoy con la cantidad de gente que anda por ahí rasgándose las vestiduras, ¿qué es lo que temen exactamente? O jugamos a la democracia, o rompemos la baraja, ¿no? La grandeza de la democracia es que la decisión de la mayoría después de una votación no tiene por qué coincidir con los intereses de una buena parte de los que acuden a las urnas. Las reglas del juego son que quienes no obtienen la mayoría aceptan la decisión de quienes consiguen reunir el mayor porcentaje de votos.

¿Dónde está lo malo de que el resultado de una votación no coincida exactamente con lo que en principio eran nuestros intereses? ¿Quién nos dice que nosotros estábamos en lo cierto y quienes pensaban lo contrario, no? Y si quienes pensaban lo contrario resultan ser más, ¿qué pasa, que estaban equivocados, que yo no tengo que ponerme delante del espejo y plantearme por qué me he creído que era el rey del mambo y que la razón pasaba exactamente por donde yo me planteaba? Pues mire usted, pues no, usted estaba equivocado porque hay una mayoría que ha decidido que las cosas tienen que ser exactamente lo contrario de como usted se creía. Y si usted es un verdadero demócrata, lo que tiene que hacer es agachar las orejas, acatar la decisión mayoritaria y poner todas sus energías al servicio del nuevo mapa político y económico, de la nueva decisión mayoritaria.

Esto de la democracia o nos lo tomamos en serio, o de lo contrario maldita la gracia. Lo que ha pasado en Gran Bretaña es un terremoto en toda regla. No nos lo esperábamos, pero ahí están los resultados, ¿cuál es el problema? Lo que toca es asimilarlos y ponerse a trabajar para que ese resultado tenga las mejores consecuencias. Los apocalípticos son siempre sospechosos. Detrás de cada apocalíptico hay alguien que quiere preservar algo que él mismo sospechaba de antemano que no contaba con la aprobación de la mayoría. Hay una grandiosa lección democrática detrás de los resultados del referéndum británico: las cosas no son como tú quieres que sean, sino como son, y si realmente eres un demócrata lo que te toca es remangarte y empezar a trabajar cuanto antes para gestionar esos resultados, no ponerte a llorar como Boabdil cuando perdió Granada.

Se abre un tiempo interesante y con enormes desafíos, pero yo no tengo por qué creerme que lo que nos toca vivir como consecuencia de la decisión de los británicos este 23 de junio tenga que ser necesariamente malo. Por encima de cualquier otra consideración, siempre defenderé la grandeza de la democracia, de la consulta, de contar con la opinión de los ciudadanos, entre otras cosas porque los políticos, salvo en las dictaduras, han de funcionar siempre como empleados de aquellos que los votamos, y si quieren trabajar en esto, lo que les toca es demostrar su competencia para estar donde están gestionando los resultados de cada decisión de la gente que los ha puesto ahí.

Eso justamente, es lo que nos espera este 26 de junio en nuestro país. Quienes resulten elegidos han de subirse las mangas y ponerse a gestionarlo inmediatamente. Y dejarse de gaitas de una puñetera vez, que ya está bien. Son nuestros representantes, nuestros empleados, y como tales han de comportarse. Y si no, les firmamos la carta de despido -con la legislación laboral vigente, para que sepan lo que vale un peine-, y a otra cosa mariposa.

 J.T.

jueves, 23 de junio de 2016

Pero ¿es que nadie nos quiere gobernar?


Me llama mi amigo P. desde Catalunya. Se marchan fuera de casa este fin de semana

- ¿Y no vais a votar?, le pregunto
- Claro que sí, hemos votado por correo. Yo al PSC y mi mujer a En Comú Podem, como la niñas. Yo soy el único díscolo.

Le hablo desde Almería, donde continuaré hasta el domingo para votar en el colegio en el que estoy empadronado y después me iré a Madrid, para vivir allí la noche electoral. En mi bar preferido de Vícar, donde me tienen adoptado porque es como mi segunda casa, mis amigos Juan y Miguel aparecen a última hora , exultantes, y se piden una cerveza fresquita con vaso helado.

- Venimos de Roquetas, Juan, me dicen, del mitin de Susana. ¡Qué tía, pedazo de discurso que se ha marcao, casi una hora!
- No hace falta que os pregunte a quién vais a votar, ¿verdad?
- Nosotros, al Psoe, como toda la vida.

Al día siguiente hablo con Madrid, con amigos y amigas queridos y queridas. Dudan, me cuentan que están cabreados/cabreadas con Pedro Sánchez, que no entienden cómo fue capaz de pactar con Ciudadanos. Me aseguran que esta vez no, que esta vez van a votar a Podemos, pero lo mismo me dijeron el 20-D y acabaron metiendo en la urna la papeleta del Psoe. En Alicante, mi amigo T., a quien llamo para felicitarle por las fiestas de San Juan, me confirma que volverá a votar al Psoe así caigan chuzos de punta.

Descubro, tras mi nada planificado sondeo, que éste es el suelo del Partido Socialista: buena parte de mis afectos son el seguro de vida de un partido que se desmorona, pero sobrevive porque gente como mis amigos catalanes, andaluces, madrileños y alicantinos lo van a votar. Amigos cuya media de edad supera los cincuenta y cinco años. El Psoe sobrevivió siempre gracias sobre todo a Andalucía y Catalunya. Su clientela se hace mayor, pero todavía no se le muere, como le ocurre cada vez más al PP.  Y en Andalucía, merced a la misma política que Convergència practicó en Catalunya, los socialistas continúan teniendo garantizada una buena cosecha de agradecidos apoyos. En el País Vasco no tienen nada que hacer, ni en Galicia, ni ahora tampoco en Catalunya, a pesar del voto fiel de mi amigo P.

- ¿Os habéis dado cuenta, les pregunto a todos, que quienes votáis al Psoe sois unos carrozones con más mili que el palo de la bandera?

Busco las encuestas andorranas del día y me confirman que los incondicionales del Psoe continúan inasequibles al desaliento: volverán a votarlo. Pedro Sánchez les parece un pánfilo pero les da igual, así pusieran a King Kong encabezando las listas.

Esta es la cera que arde, éste es el mapa que tenemos: En Euskadi, Galicia, Valencia, Baleares, Canarias... soplan vientos de cambio. También en Catalunya, y en Aragón... Por debajo de los cincuenta años disminuye sensiblemente la gente que piensa votar al bipartidismo, pero el cambio está duro de pelar. Resiste el Psoe de Sánchez, se revuelve como gato panza arriba, dispuesto a demostrar que se equivocan los agoreros del "sorpasso". Si eso es así, se batirá un nuevo récord en la historia de nuestras refriegas electorales, porque nunca nadie tan anodino e insulso como el actual candidato socialista tuvo tanta gente detrás dispuesto a votarlo, a pesar de que cada vez que abre la boca, sube el pan. Y mira que Rajoy puso en su día el listón bien alto. Y en cuanto a Podemos... me pregunto: ¿por qué, teniendo el viento a favor en tantas cosas, no acaban de rematar la faena? ¿Miedo a morir de éxito?

Mientras tanto, Rajoy, cuando le preguntan si le va a volver a decir al rey que no se presenta a la investidura, mantiene esa actitud impasible que lo mismo le sirve para gestionar el puñetazo en la cara de un muchacho de Pontevedra que para encarar el watergate de su ministro del Interior que ha destapado Público. Pero ¿es que nadie nos quiere gobernar? ¿Hasta cuándo va a durar este cansino, tedioso y antipático "día de la marmota"?

A ellos, los políticos, igual les tenemos que mandar a freír espárragos. Pero quienes los votamos somos nosotros, y lo que hagamos el domingo será exclusiva responsabilidad nuestra. Se merecen una lección, ¿por qué no se la damos?

J.T.



martes, 21 de junio de 2016

Cuidado con lo que deseas, que a lo mejor se cumple


Soñé, hace menos de tres años, que más pronto que tarde nacería una fuerza política que acabaría propinándole un buen meneo al bipartidismo... y pasó.

Soñé, hace ya menos tiempo, que un puñado de gente joven y preparada acabaría saltando a la arena política y que, recogiendo el descontento ciudadano que reflejaban tantas movilizaciones en España desde el 15 de mayo de 2011, conseguiría remover la zona de confort en la que llevaba ya demasiado tiempo instalado el Partido Socialista... y sucedió.

Soñé después que la derecha en el poder se ponía nerviosa y que, por primera vez en muchos años se tentaba la ropa viendo cómo un grupo de recién llegados los dejaba a diario en evidencia... y ocurrió.

Soñé que Izquierda Unida dejaba de estar en manos del viejo y conformista aparato de siempre... y acabó sucediendo.

Soñé que abdicaba el rey... y ocurrió.

Soñé también que los empresarios salían en tromba a demonizar a esos jovencitos osados que habían revolucionado el ánimo ciudadano y la escena política, que los banqueros se revolvían inquietos en sus mullidas poltronas buscando desesperadamente un "Podemos de derechas"... y pasó.

Soñé que la derecha en el poder utilizaría todos los mecanismos a su alcance para intentar hundir en la miseria a los promotores de la nueva organización política que, desde que en mayo de 2014 consiguieron cinco escaños en el Parlamento Europeo, no dejaban de crecer en predicamento y en expectativas de voto... y pasó.

Soñé que los periódicos de papel, en manos todos ellos de los garantes del sistema, buscando y rebuscando en el historial personal de los cabecillas de la osadía magnificarían, manipularían y mentirían sobre el pasado de cada uno de ellos... y, por supuesto, ocurrió.

Soñé que Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz, A Coruña y otras muchas ciudades españolas tendrían alcaldes progresistas dispuestos a que las cosas dejaran de ser como habían sido durante tantos años... y en mayo de 2015 sucedió.

Soñé que se acababa el chollo de las puertas giratorias, las mamandurrias, las dietas y privilegios varios de la clase política... y está a punto de pasar.

Soñé que los corruptos recibían su merecido, que los policías detenían y los jueces juzgaban y condenaban a quienes durante tanto tiempo parecían intocables... y empezó a pasar.

Soñé que un buen día los indignados, machacados, y hartos de perrerías que había en este país se unirían para echar a los causantes de sus desgracias y apostarían con sus votos por una opción nueva que ganaría las elecciones generales... y está a punto de suceder.

Recordé entonces aquel viejo adagio: "Cuidado con lo que sueñas, cuidado con lo que deseas porque a lo mejor se cumple".

¿Quién dijo miedo?

Hasta el domingo 26 de junio por la noche, amigas y amigos.

J.T.


jueves, 16 de junio de 2016

Las gamberradas de Albert Rivera

En todo político suele existir por lo general un cierto punto gamberro. Y como ocurre con el punto de sal en las comidas, pocas veces se acierta con la dosis justa. La política es un campo abonado para que broten los gamberros y a fe que aquí hemos tenido excelentes cosechas durante años. El gamberro de moda se llama Albert Rivera, un maestro de la mentira y la infamia que deja pequeños a muchos de sus ilustres predecesores. Gamberro fue Felipe, como el tiempo se ha encargado de demostrar sobradamente; gamberros fueron Cascos y Aznar, que apenas sabían disimilar lo que les divertían sus propias travesuras; gamberro fue y continúa siéndolo Alfonso Guerra, quien hubo un tiempo en que hasta cayó simpático como le ocurría también a otro ilustre osado, Adolfo Suárez. La desvergüenza seduce y, si la política es seducción, la caradura parece imprescindible como instrumento de trabajo para quien elige este oficio.

Gamberro fue, es y será el gallego Rajoy, y gamberros son buena parte de la cohorte que le rodea. Cuando ves, por ejemplo, a Rafael Hernando cerca de una alcachofa a punto de conceder un canutazo, te preparas ya para escuchar una gamberrada, y percibes, por la expresión de su rostro, cómo disfruta con su peculiar manera de ganarse la vida, buscando titulares a base de a ver qué bellaquería suelto hoy, cómo retuerzo la realidad, cómo eludo la evidencia, cómo provoco al rival y le hago entrar en mi juego...

Con Albert Rivera, a todos les ha salido un discípulo aventajado. Tras vender en Catalunya odio y enfrentamiento durante casi dos décadas, saltó a la política nacional apadrinado por  quienes necesitaban con urgencia un Podemos de derechas, armado de una cara de niño bueno que, cada día que pasa, engaña a menos incautos.

Rivera vende nada envuelto en el celofán de una habilidad dialéctica moldeada a fuego lento en las olimpiadas universitarias de debate. Como gamberro supera a los otrora llamados tahúres del Missisipi, gana por goleada a quienes no les importó nunca que el gato fuera blanco o negro, sino que cazara ratones; o a aquellos otros que hablaban catalán en la intimidad. Ya se le vio el plumero al líder de Ciudadanos en la recta final de la campaña pasada, donde consiguió treinta escaños menos de los que llegaron a otorgarle algunas encuestas para el 20-D, y en esta ocasión vuelve por sus fueros mintiendo y calumniando desde el minuto uno. No es verdad, por ejemplo que Ada Colau sea independentista por mucho que él lo repita día tras día, ni tampoco que Podemos esté por la salida del euro. Pero sigue con el raca-raca sin ninguna vergüenza. Los gamberros suelen contar con la mala memoria y la falta de información del ciudadano medio, y en muchas ocasiones la jugada les sale bien. Vende mejor la maldad, la perversión, la astucia... Veremos qué pasa este 26-J.

J.T.