domingo, 28 de agosto de 2016

¡Cómo nos hacen perder el tiempo!

Llevan los tertulianos de guardia repitiéndolo todo este mes de agosto y lo cuentan como si estuvieran descubriendo la pólvora: Perdimos el tiempo en primavera -dicen- cuando elucubrábamos sobre pactos y variantes posibles para una imposible investidura. Perdimos el tiempo pensando que una solución era factible. Pues sí, queridos, perdisteis el tiempo con tanta ecuación, tanto caldo de cerebro y tanta paja mental, y lo que es peor: continuáis perdiéndolo ahora. Igual o más. Estamos todos perdiendo miserablemente el tiempo desde el mes de enero mientras los políticos juegan ahora al escondite, ora al mus o al póker, nos vacilan sin pudor o se ríen a carcajadas en nuestra propia cara. Y, como en la canción, nosotros nos empeñamos en continuar preguntándonos cuándo, cómo y dónde para que ellos siempre respondan quizás, quizás, quizás. Y así pasan los días, nosotros desesperando y ellos contestando quizás, quizás, quizás.

Cuesta trabajo asistir impasible a esta mascarada, a esta ceremonia de la confusión, a este cuento chino. Nunca fue la política en España más mentira que en este 2016. Nueve meses ya mareando la perdiz, un año perdido para todo lo que soñábamos y un año ganado por los poderosos, que saben que hay momentos históricos en que perder el tiempo es la mejor manera de acabar ganándolo. Se trata de hacer perder la paciencia a quienes queremos que las cosas cambien hasta que, desanimados, exhaustos... cautivos y desarmados, los pocos que se animen a votar en la próxima convocatoria lo hagan para refrendar que las cosas sigan como están y el desastre continúe.

Desorientados, los ciudadanos nos hemos ido cociendo en agosto en el fuego lento de nuestra propia desesperación mientras ellos tan panchos de puente en puente y de playa en playa, haciendo como que se reunían e intentando que nos creyéramos que buscan un acuerdo que ni quieren ni desean. Como en el refrán, "ni se muere ni cenamos". Un año más de desigualdades intolerables, un año más de aumento de la pobreza, de overbooking en Cáritas, de empleos miserables, de contratos laborales de juzgado de guardia... Un año más de corrupción, de recortes, de pérdida de derechos, de deterioro en la sanidad y en la educación públicas...

Nos hemos instalado en un limbo tan desconcertante como sospechoso y de propina, como diría Enric Juliana, los de Podemos haciendo el muerto en la orilla, instalados en aquella indolencia que otrora tanto combatieron. No entiendo nada. A los únicos que entiendo es a los de Ciudadanos, los más cínicos y desvergonzados de todos, pero también los más consecuentes. Nacieron para hacer justo lo que están haciendo, y a fe que están cumpliendo con su papel.

Pero no entiendo a Pedro, ni a Pablo, ni a ningún otro apóstol de los que, ya en el otoño pasado, andaban predicando una buena nueva que ni está ni se le espera. Tampoco entiendo a Mariano, tan ladino y cauto él, presentándose finalmente a una investidura que solo se explica si cuenta con un conejo en la chistera para sacarlo en el último minuto. ¡Ay, cuánto me acuerdo estos días de Tamayo y Sáez, aquellos dos socialistas que, con su cinematográfica ausencia en 2003 del pleno de investidura de Rafael Simancas permitieron la irrupción, cual elefante en cacharrería, de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid. 


Hay quien sostiene que el as en la manga de Mariano es el anunciado fracaso del PSOE en las elecciones vascas y gallegas y la posible necesidad del PNV del apoyo del PP para gobernar en Euskadi. A mí la verdad es que tanto ajedrez ya me aburre y me da mucha pereza. ¿Alguien me puede explicar todo este quilombo? Y mientras tanto, como en la canción, "así pasan los días y yo, desesperando y tú, tú contestando quizás, quizás, quizás".

J.T. 

viernes, 19 de agosto de 2016

40 años ya del asesinato de Javier Verdejo

A finales de la década de los sesenta, en los tiempos en que yo estudiaba los últimos cursos de bachillerato en el Instituto Masculino de Almería, el alcalde de la ciudad se llamaba Guillermo Verdejo Vivas y era farmacéutico. A Franco todavía le quedaban siete u ocho años de vida. Pero lo que no sabía su incondicional alcalde es que el quinto de sus hijos, de nombre Javier,  moriría apenas nueve meses después que el dictador. Lo asesinó un guardia civil en la playa de San Miguel en agosto de 1976, en aquellos convulsos y confusos momentos en que comenzaba la "celebrada" transición política. El joven Verdejo tenía 19 años, era ya universitario y estaba de vacaciones.

Fue el verano en que Adolfo Suárez se convirtió, merced a los designios reales, en presidente del gobierno. Apenas llevaba un mes en el poder cuando decidió pasar en el Cabo de Gata sus primeras vacaciones como primer ministro. Y justo en el Cabo de Gata, en el Arrecife de las Sirenas, Javier Verdejo y algunos de los amigos, Ana, Rosa y Fran entre ellos, decidieron pasar un fin de semana sin poder sospechar que a Javier, que surtía puntualmente a la pandilla de condones requisados en la farmacia de su padre, le quedaban apenas cuarenta y ocho horas de vida.

Dos días después, ya en Almería, el quinto hijo de quien fuera alcalde franquista de la ciudad, "garbanzo negro" de la  familia, miembro de la Joven Guardia Roja, había quedado con algunos compañeros de militancia. Se dirigieron a la playa y allí escogieron una pared blanca donde decidieron reclamar "Pan, Trabajo y Libertad". Javier empezó a escribir la pintada que nunca terminaría. Se quedó en la cuarta letra. La irrupción de la guardia civil obligó al grupo a dispersarse y buscar donde esconderse. Con tan mala fortuna para Javier, que la caseta en la que se refugió fue lo último que vio en su vida. Le dispararon cerca y en la garganta, y acto seguido arrastraron su cuerpo hasta la orilla.

Yo estaba en Ceuta, en la mili, y la noticia me conmovió y me impactó con la violencia de una descarga eléctrica. Habían matado a Javier en la playa de San Miguel, junto a la Ciudad Jardín y el Zapillo, en la arena y el agua que habían marcado la memoria sentimental de mi infancia y mi adolescencia. Cerca de mi instituto, cerca del Cable, en aquella orilla donde de niños no sabíamos evitar que el alquitrán que soltaban los barcos se nos quedara pegado a los pies. La noche de su asesinato, la orilla de la playa llena de alquitrán, seguro que se mezcló con la sangre de Javier.

Me contaron, porque yo no pude estar, que la familia decidió no reclamar, que la capilla ardiente fue en la casa de los Verdejo, cerca del Parque y que al joven fallecido lo amortajaron con hábito de franciscano. Que tras el funeral, se armó un importante pollo en la plaza de San Pedro entre los allegados de Javier y sus compañeros de militancia.

Me contaron que al autor del disparo lo cambiaron de destino y que nunca se conoció oficialmente su nombre ni pagó por ello, que el abogado laboralista que se interesó por no dejar dormir la causa, conocido como "Pirri", falleció al año siguiente, en el Arrecife de las Sirenas, de un corte de digestión cuando se estaba bañando después de comer y que con su muerte se enterró definitivamente el interés por remover el asesinato de Verdejo.

Me contaron también que el resuelto Adolfo Suárez apenas prestó atención a las protestas por este asesinato, que las relegó en sus orden de prioridades o que nunca se interesó a fondo por el asunto. Almería está demasiado esquinada para figurar en ningún orden de prioridades. En esta provincia andaluza, los desaprensivos cuentan con más ventajas que en otras para moverse y actuar a sus anchas. Ocurrió en los tiempos en que mataron a Javier Verdejo y continúa sucediendo ahora. Porque a la sensación de impunidad, y casi de inmunidad, con la que se mueven por todo el país, en Almería los corruptos y los granujas cuentan con un valor añadido: la pereza del centralismo para ocuparse de lo que ocurre en lo que muchos llaman "el culo del mundo" sin cortarse un pelo.

Ya no hay alquitrán en las playas de Almería. Desde hace mucho tiempo cuando me acuerdo del alquitrán, no puedo dejar de acordarme también de la sangre de Javier.

J.T.

sábado, 13 de agosto de 2016

¿Qué significa "complicidad" para Rajoy?

"Si consigo tener la "complicidad" del PSOE, iré a la investidura; si el señor Sánchez se mantiene en el "no", volveremos a repetir elecciones". Una vez soltado esto, contestar solo las preguntas que él consideró "importantes" y añadir que "no podemos perder más tiempo", Mariano Rajoy recogió sus papeles, abandonó el estrado el pasado miércoles y se marchó a preparar sus vacaciones del puente de Agosto. Apagón hasta el 17.

Si grave es aplazar una semana lo que podía haber resuelto en horas, si intolerable la falta de respeto a las preguntas y el aire de chantaje del que rodeó su comparecencia, lo peor de todo fue el empleo que hizo del término "complicidad", ¡qué rara sonó esa palabra en su boca!

La complicidad es algo demasiado serio para invocarlo a la ligera. Muy íntimo, muy intenso. Ser cómplice es creer en el otro, apostar por él, dar la cara por él, sentir que él te defiende, te apoya, y emite en la misma longitud de onda que tú.

Ser cómplice es, en muchos casos, mucho más que ser amigo, es saber que el otro no te va a traicionar, que va ser de por vida depositario seguro de tus confidencias y apoyo incondicional en las adversidades. Ser cómplice es sentir la piel y los sentimientos del otro y estar seguro que las fuerzas sumadas de ambos os van a permitir comeros el mundo.

El término complicidad contiene un cierto punto erótico, estimulante, fresco, es vida pura compartida sin contrapartidas. La complicidad es, sin duda ninguna, de izquierdas. Tiene que serlo. Por eso me chirriaron tanto las neuronas este miércoles cuando se la escuché pronunciar a Rajoy tras su entrevista-tongo con Albert Rivera.

Sí, queridos amigos, el todavía presidente en funciones osó pronunciar la palabra "complicidad" y a mí me rompió los tímpanos ¿Le traicionó el subconsciente, fue un lapsus o lo dijo a propósito? Sea como fuere, yo no pude evitar pegar un bote en la silla desde la que estaba siguiendo la comparecencia en directo. Pero vamos a ver, pero... ¿cómo osa? ¿cómo se atreve un personaje como Rajoy a profanar un término tan "sagrado" como "complicidad" para tirarle los tejos a su eterno adversario de toda la vida?

Porque ni contemplar quiero la posibilidad -¿o tendría que hacerlo?- de que Mariano estuviera pensando en la segunda acepción de la palabra cuando la empleaba: la que define complicidad como la "participación de una persona junto con otras en la comisión de un delito o colaboración en él sin tomar parte en su ejecución material".

Conste que soy de los que piensa que el partido cortejado, al menos algunos de sus miembros, puede que acaben dejándose querer. Pero ¿de verdad que el registrador pontevedrés aspira a conseguir no ya los votos sino, nada menos que la complicidad del Partido Socialista para continuar en el poder?

Me parece muy fuerte. Mucho. Toda una profanación, insisto. una profanación para quienes crecimos, por ejemplo, leyendo a Benedetti y escuchando a Nacha Guevara ponerle voz a aquellos maravillosos versos:

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Ningún comentario más. O sí: solo uno. Si algunos en el PSOE estaban pensándose apoyar a Rajoy, solo por su repugnante empleo del término "complicidad", solo por lo obsceno que sonó cuando salió de sus labios, yo me lo pensaría. Feliz puente.

J.T.


jueves, 11 de agosto de 2016

¿Por quién llora Albert Rivera?


Hartazgo, desidia, cabreo... En su comparecencia de este miércoles, tras su entrevista-tongo con Rajoy, el siempre impoluto y atildado Rivera dijo entender que los ciudadanos estemos ya hasta las mismísimas narices de todos ellos. Y añadió: llevan razón. Con la chapucera puesta en escena de un acuerdo más que cocido, PP y Ciudadanos intentan adornar de ridículo suspense un timo de manual. Buscan coartadas infantiles con las que tapar sus vergüenzas y no pueden evitar, o les da igual, que les veamos el plumero.

Recurre Rajoy a Rivera para quitarse de encima dos de sus más incómodos marrones: Rita Barberá y... José María Aznar, que tendrá que acudir a declarar. Y sobre los demás, "ya veremos". Remedando a la irrepetible duquesa de Alba, el líder catalán de Ciudadanos asegura salir todos los días "llorado de casa" intentando justificar así los voluminosos sapos que a diario engulle a dos carrillos. Pero... ¿por quién llora Albert Rivera? ¿por los votos que sabe que perderá? ¿por el daño que le producen los hilos de marioneta a los que le tienen atado? ¿por la coña marinera que se traen con él víctimas suyas como Rosa Díez? ¿por la vergüenza perdida? Desde luego, por quienes no llora es por todos aquellos a los que engañó consiguiendo sus votos para luego usarlos según para dónde sople el viento.

¿Llora quizás de orgullo porque de verdad se ha creído que es el perejil de todas las salsas? ¿llora tal ve de emoción porque ve la posibilidad de tocar pelo en breve? ¿O quizás le tiemblan las piernas porque intuye el precio que tendrá que pagar? ¿De dónde saca pa tanto como destaca? El apuesto y encorbatado Rivera intenta utilizar a su favor, a sabiendas de que puede salir trasquilado, todos los fuegos y tormentas que suceden a su alrededor, la corrupción del PP, la discordia en el PSOE, el shock de Podemos... Quiere recoger todos los peces posibles en un río revuelto sin calma a la vista. Él sabrá.

Quien suspire aliviado por la irrupción en escena de Ciudadanos se equivoca. Están cumpliendo la misión para la que fueron creados: hacer el trabajo sucio necesario para que nada cambie, para que el amenazado bipartidismo renazca de sus cenizas, para que en nombre del "hartazgo, la desidia y el cabreo" saturen de demagogia los informativos de Agosto.

Rivera y los suyos siguen al dictado, y a la perfección, la hoja de ruta para la que fueron diseñados. Quienes los crearon, acertaron.

J.T.












jueves, 4 de agosto de 2016

Queipo de Llano continuará en la Macarena


¿Saldrán alguna vez los restos de Queipo de Llano de la Basílica de la Macarena? Ochenta años después del comienzo de la Guerra Civil, el ayuntamiento de Sevilla se ha puesto de acuerdo, por fin, para condenar el golpe de Estado que lo propició y para repudiar la figura del sangriento general que sembró el terror en la ciudad aquel trágico verano, el golpista y asesino que, durante los primeros meses de la guerra civil, liquidó sin contemplaciones a todo el que había tenido algún tipo de predicamento en el mundo político y social sevillano durante la república. Abogados, médicos, arquitectos, filósofos, profesores, notarios –entre ellos Blas Infante- fueron fusilados por las tropas rebeldes que mandaba Gonzalo Queipo de Llano.

Muchos de los asesinados eran miembros de la cofradía de la Macarena. En Sevilla pertenecer a una cofradía -más de sesenta salen a la calle en semana santa- es un hecho social. Una costumbre. Una pasión si queréis pero en muchos casos al margen de las cuestiones de religión.Y la Macarena, como todo el mundo sabe, es una de las cofradías punteras. Doce años después de finalizar la guerra civil, en 1951, muere Queipo y lo entierran… ¿dónde? Sí, señor, en la Macarena. Nada más entrar a la izquierda, ahí lleva sesenta y cinco años. En 2008 decidieron maquillar la lápida, y donde ponía “excelentísimo teniente general” puede leerse desde entonces “hermano mayor honorífico”. La fecha
de la rebelión, que también figuraba, fue hábilmente cubierta con el escudo de la cofradía. Cincuenta y ocho años tuvieron que pasar para que alguien se atreviera a retocar la inscripción. Un timidísimo parche producto de muchos años de debate que dejaba pendiente el asunto fundamental al que nadie parece querer meterle mano: ¿por qué los restos de Gonzalo Queipo de Llano continúan en la Macarena?

Los restos de alguien cuyas aterradoras soflamas radiofónicas a través de los micrófonos de Radio Sevilla sembraron el pánico entre una población literalmente ultrajada: "Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad"- bramaba Queipo. Y continuaba: "...también a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen. Vayan las mujeres de los "rojos" preparando sus mantones de luto. Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad".

Este es el sátrapa cuyos restos reposan, junto a los de su mujer Genoveva Martí, en la basílica de la Macarena, entrando a la izquierda. Y allí van a continuar, a pesar de la moción de IU que el ayuntamiento sevillano aprobó por unanimidad el pasado día 29 repudiando su figura y condenando el golpe del 18 de julio. Allí continuará porque los concejales del PP votaron en contra el punto de la propuesta en el que se proponía su traslado. Los de Ciudadanos se abstuvieron. “Como Ayuntamiento no somos nadie para mostrar nuestro rechazo a lo que diga su hermandad y su familia, que quieren que esté allí”, argumentan los populares. Y la verdad es que, pensándolo bien, se trata de un asunto entre los católicos y la familia del asesino. Así que quizás lo lógico sea desentenderse y que lo arreglen entre ellos. O no.

J.T.

lunes, 1 de agosto de 2016

¿Resucitará Canal 9?

No escarmientan. No hay político que no se ponga cachondo cuando aparece en el horizonte la posibilidad de manipular una televisión pública y en Valencia estos días, para nuestra vergüenza y oprobio, lo estamos comprobando una vez más. La tele continúa siendo el juguete más deseado, al que nadie con poder parece dispuesto a renunciar por mucho que se sepa, y se sabe, que la única opción decente para que la cosa funcione es hacerse a un lado y dejar trabajar a los que saben.

Leo con  verdadero interés la información de mi compañera Laura L. David sobre los tejemanejes que se traen los políticos valencianos en el intento de resucitar Canal Nou y, una vez más, me entra el bajón. No puede ser. No puede ser que antes de hacerla renacer ya la estén matando con las mismas intrigas, conspiraciones y zancadillas de siempre. Horror.

Aprueban el 15 de julio una ley en la que se especifica claramente (punto 2 del artículo 11) que el presidente de la Corporación ha de ser elegido mediante convocatoria pública del Consejo Audiovisual Valenciano entre un máximo de tres candidatos y... solo cuatro días después, los mismos partidos que la habían aprobado, ya se la estaban pasando por el forro: que si yo propongo a López, que si yo a Fernández, que si yo a Xambó... No, ese no, que a mí no me gusta, pues a mí tampoco me gusta el tuyo, pues entonces me enfado y no juego...

Vamos a ver, amigos políticos valencianos ¿serían ustedes tan amables de explicarme cómo es posible tamaño recochineo? Ese miedo a la independencia de la persona que gestiona un medio público tiene que desaparecer ya. Se están ustedes cargando una oportunidad de oro, la de demostrar que otra televisión pública es posible. Y están defraudando, mucho, a quienes soñamos con la posibilidad de que ustedes sí, ustedes serían capaces de hacerlo cuando devolvieron la ilusión a tantos ciudadanos valencianos, y del resto de España, hartos de corruptos peperos en esa Comunidad.

Podían ustedes haber demostrado, y me niego a asumir que aún no estén a tiempo, que se ha acabado ya esa pesada broma de que quien llega al poder consigue en el lote el derecho de manipulación informativa de los medios públicos. Están ustedes dejando pasar la excelente oportunidad de servir de referente para el juego limpio y sacarle los colores a quienes hasta ahora no han sido capaces de gestionar con decencia la parcela de la comunicación en España. Una gestión cuya regla básica es simple: quitarse de en medio y dejar hacer a los profesionales. Y he dicho a los profesionales, no a los lameculos ni a los turiferarios que merodean por los predios de los poderosos, a esos expertos en acudir al panal de rica miel dispuestos a satisfacer los intereses de quienes los nombren y olvidarse acto seguido del único sentido que debe tener su trabajo: servir al ciudadano desde el respeto y la imparcialidad honrando el carácter de público que ha de tener cualquier medio de comunicación institucional.

Terrible que no se tome nota de tanto fracaso. Dramático que nadie esté dispuesto a dar el primer paso en este triste callejón en el que cuesta ver la salida. Nos cuenta Laura L. David que, impotentes para resolver discrepancias y rifirrafes, la única solución que han encontrado los políticos valencianos para resucitar o no lo que otrora fuera Canal 9 ha sido... postergar el problema.  Ya llegará septiembre. ¡Qué pereza, tanta lentitud! ¡Menuda plaga. Nadie se mueve, nadie decide, nadie da un paso al frente! Duermen en los cajones problemas que nadie quiere resolver o no sabe cómo hacerlo. Como si esperaran que el tiempo se encargara de solucionarlos por sí solos. ¡Qué triste escuela está fomentando el nefasto Rajoy!

Ni gobiernos como los de siempre ni gobiernos del cambio, como el valenciano, donde el pp volvió a subir en votos en la última convocatoria electoral. Da igual. Los corruptos continúan campando a sus anchas y quienes prometían higiénicos cambios acaban cayendo, a las primeras de cambio, en las mismas trampas de siempre apenas aparece en el horizonte el caramelo de la televisión pública. Demasiado apetitoso para recordar esa coherencia que prometieron practicar.

Prometieron resucitar Canal 9 y lo único que resucitan son las artimañas de siempre y las mismas prácticas de conchabeo. Mal empiezan. Aunque empezar lo que si dice empezar... tampoco es el caso. A lo tonto a lo tonto, el "gobierno del cambio" de Valencia lleva ya un año en el poder. Y ni cenamos, ni se muere padre.

J.T.






viernes, 15 de julio de 2016

Todos no somos Messi

En el país de los Pujol y sus pornográficos tejemanejes, de Granados y su Púnica, de los Eres andaluces, de Bárcenas y la Gürtel... en el país donde hay políticos que cuentan los billetes de las mordidas escondidos en un coche, donde algunos miembros de la familia real acaban en el banquillo y el partido que tiene más casos de corrupción pendientes de juicio consigue más votos cada vez que se presenta a unas elecciones, en ese país encaja perfectamente que a un personaje como Lionel Messi se le haga la ola colectiva tras haber sido declarado culpable de tres delitos fiscales por la Audiencia Provincial de Barcelona.

¡Señoras y señores! Ese joven muchacho tan correcto como soso, con pinta de no haber roto un plato en su vida, ese chico tan aparentemente impoluto y políticamente correcto, que hasta los escupitajos en el césped los suelta con gracia el chaval, acaba de ser condenado a 21 meses de cárcel, que no cumplirá, por haber defraudado al fisco -con "ignorancia deliberada"- 4,1 millones. Aunque la sentencia está recurrida al Supremo, el joven icono ha sido juzgado y condenado.

Me resulta difícil entender la tolerancia social de la que gozan los deportistas, hasta el punto que mientras escribo esto, ya me estoy imaginando que me va a caer la del pulpo. Hace unas semanas tuvimos el turbio asunto del portero de Gea -presunto, claro-, sobre el que de momento se ha corrido un tupido velo; MARADONA GORDO 3ahí están también las siniestras historias de dopaje en el ciclismo, o el ascenso y caída de atletas como Ben Johnson o Javier Sotomayor; del caso Maradona mejor ni hablamos... En fin, el caso es que estos ídolos de masas -caídos o no, juguetes rotos en unos casos y en otros siempre héroes hagan lo que hagan- gozan de un grado de comprensión hacia sus actos delictivos infinitamente mayor que la que se nos concede al común de los mortales por transgresiones mucho menos graves.

Antes de continuar, una declaración de principios: me gusta seguir los espectáculos deportivos y, aunque no soy del Barça, reconozco que sus jugadores, con Messi a la cabeza, me han hecho disfrutar mucho con su fútbol durante la última década. Dicho esto, añado: me parece inadmisible que Messi se escaquee a la hora de cumplir con sus obligaciones fiscales y me desconcierta que el equipo que le paga la sustanciosa nómina lance una vomitiva campaña -"Todos somos Messi"- para apoyar al "pobre chico". No vaya a ser que se deprima el muchacho, pierda la inspiración en el campo y les busque la ruina. Pero lo que menos me gusta de todo es la condescendencia y la comprensión de la parroquia para con este tipo de fechorías, dispuesta siempre a mirar para otro lado y exculpar al inocente jovenzuelo, víctima el angelito de las tropelías de un entorno que, con su "papá" al frente, roba en su nombre sin que él se entere de nada. "Ignorancia deliberada"

Coincide la publicación de la sentencia de Messi con la proyección en los cines de "The program" ("El ídolo"), la película en la que Stephen Frears narra con pelos y señales el escandaloso fraude que fue la historia del ciclista estadounidense Lance Amstrong, antes y después del cáncer de testículos que sufrió a los 25 años. Amstrong ridiculizó aquel viejo refrán que sostiene que "no se puede engañar a todos todo el tiempo" porque él lo hizo durante toda su carrera deportiva. 150126163747_lance_armstrong_624x351_afpGanó siete Tours de Francia seguidos dopado hasta las cejas y nunca lo pillaron. Y si no hubiera dejado tirado a su otrora fiel gregario Floyd Landis cuando éste dio positivo en el Tour de 2006, todavía al tejano continuaría disfrutando de una fama y un reconocimiento que nunca mereció. Porque fue Landis, que durante años se dopó con él y junto a él, quien decidió tirar de la manta cuando se vio abandonado por quien había sido su jefe de filas.

Como hice durante tantos meses de  julio en mi vida, veo estos días, a la hora de la siesta, algunos finales de etapa del Tour de Francia y no puedo evitar preguntarme si por por fin habrán conseguido limpiar el pelotón de delincuentes o si, por el contrario, dentro de unos años volveré a enterarme de atrocidades de estos tiempos como ahora se cuentan en "The Program" las  que ocurrieron durante la última década del siglo XX y la primera del XXI.

Hace tiempo que tengo claro que no hay que creer en nada ni en nadie, pero... ¿de verdad se lo tengo que contar así a mis hijas? ¿de verdad les tengo que contar a los ilusionados jóvenes que conozco que todos sus ídolos son mentira, que no aspiren nunca a ser como ellos, que muchos de aquellos a quienes tanto admiran se mueven al margen de la legalidad y defraudan al fisco, se dopan o se drogan porque se creen inmunes, porque está convencidos de que cuentan con una tolerancia social prima hermana de la impunidad?
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¿Quieres robar y que no te pase nada? Pues primero hazte figura del fútbol, atleta o ciclista y luego todo te será perdonado. O peor: no te andes con miramientos y drógate, que todos lo hacen, como dice Amstrong en la "The program". Solo tienes que ser más listo que ellos y que no te pillen. Y si no te pillan, que te quiten lo bailao.

Claro que, en el fondo, esa directiva del Barça que ha tenido que pactar con Hacienda y pagar 5, 5 millones para cerrar el vidrioso asunto Neymar, la misma que ahora promueve la campaña "Todos somos Messi" intentando manipular la buena fe de los socios, lo que hace es moverse en el mismo fango al que nos tienen acostumbrados esos políticos que no paran de abrir telediarios protagonizando casos de corrupción. Roban a manos llenas y luego les llenamos las urnas de votos. ¿Por qué van ser menos el Barça y sus chicos?

J.T.

martes, 12 de julio de 2016

Tras la muerte de Víctor Barrio

No me gusta que maten a los toros, pero mucho menos me agrada aún que alguien se alegre de la muerte de un torero. Si todos los fundamentalismos son peligrosos, el talibanismo antiaturino está comenzando a adquirir visos de intimidadora amenaza mafiosa. La vejación a la que ha sido sometida en redes sociales la persona y la memoria de Víctor Barrio desde su muerte el pasado sábado en la plaza de toros de Teruel transmite una suerte de incómoda ansiedad ¿De verdad existen argumentos para justificar que un ser humano se alegre de la muerte de otro?

A Víctor Barrio lo mató el toro "Lorenzo" la tarde del nueve de julio y prácticamente desde el mismo instante en que murió, lo remataron en redes con un linchamiento tan violento como desaforado. Bien es cierto que, cuando comprobaron la monstruosa dimensión que iba adquiriendo el despiadado ataque al torero muerto, las principales asociaciones antitaurinas decidieron desmarcarse: "No compartimos ninguna de esas opiniones y comentarios", declaró Laura Duarte, portavoz del Partido Animalista Pacma; "Me desagrada que haya personas que se planteen esto como un combate", dijo Chesús Yuste, portavoz de la Asociación Parlamentaria de Defensa de los Animales (Apdda)...

También Carmen Méndez, presidenta de la Asociación Defensa Derechos Animal (ADDA), se apresuró a desvincular a su organización de este tipo de comentarios, aunque añadió que "quienes más deberían replantearse la fiesta de los toros y estos espectáculos son los propios taurinos". Pero Méndez, como Duarte y como Yuste, saben que es muy posible que estas declaraciones conciliadoras quizás lleguen pelín tarde. Hace ya bastante tiempo, años, que la deriva antitaurina estaba adquiriendo tintes preocupantes. Yo no sé si hay que acabar con la fiesta de los toros o no, lo más probable es que su desaparición caiga por su propio peso con el transcurso del tiempo, pero mientras esto ocurre, conviene no olvidar que estamos hablando de un espectáculo legal en torno al que pivotan las fiestas más importantes del año en buen número de pueblos y ciudades de nuestro país. Y que se trata de un fenómeno que va más allá de los planteamientos ideológicos: ser de izquierdas no tiene porqué conllevar ser antitaurino, ni ser de derechas lo contrario, como más de uno parece empeñado en sostener.

Todos mis amigos progres y antifascistas navarros, que en tiempos se jugaron la vida corriendo delante de la policía en comprometidas manifestaciones políticas, también corrieron y corren delante de los toros por las calles de Pamplona cuando llegan los Sanfermines. Algunos llevan cuarenta años haciéndolo y, por supuesto, tienen abono en la plaza de toros, donde se desgañitan en los tendidos de sol cantando a voz en grito "La chica yeyé", "Mi gran noche" o "Sigo siendo el rey". Así de complejo y contradictorio es el asunto.

Quienes apuestan por la abolición de la fiesta tienen tanta razón como quienes piensan lo contrario. Pero los abolicionistas han ido por ahí encendiendo tantas mechas que al final ha acabado llegando un incendio que se les ha escapado de las manos. Hubo un momento, no hace demasiado tiempo, en que el acoso y la intimidación llegaron a ser de tal calibre que en el mundo taurino no supieron cómo reaccionar: optaron por el silencio, pasó el tiempo y nadie salía a dar la cara.

Tuvo que ser un francés, el torero Sebastián Castella, el primero en atreverse a "salir del armario" y protestar públicamente recordando que se estaban vulnerando sus derechos ciudadanos y laborales. Un famoso presentador televisivo había llamado públicamente, y en su cara, "asesinos en serie" a sus compañeros Fran Rivera y Julián Lopez "El Juli", y Castella decidió terciar, hace ahora un año, con una carta pública en la que invocaba la legislación española y también la europea, pedía amparo y reclamaba respeto:

"...se vulnera nuestro derecho al honor acusándonos día tras día de asesinos y se nos priva de nuestro derecho al trabajo...hoy son los cosos taurinos -continuaba, pero mañana será cualquier otra manifestación artística que no les caiga en gracia... El toreo no es de izquierdas ni de derechas. No es político. Es de poetas, pintores y genios. De Lorca y de Picasso, dos artistas poco sospechosos de fascistas ni asesinos..."

La muerte de Víctor Barrio ha avivado un fuego que pide a gritos ser apagado cuanto antes. Repito: a mí no me gusta que maten a los toros, pero mucho menos me agrada aún que alguien se alegre de la muerte de un torero. Las bajezas de estos días en twitter, además de promover las denuncias de los taurinos ante la policía, están consiguiendo justo el efecto contrario al que muchas organizaciones animalistas aspiran de manera legítima. Los ataques fortalecen, y los ataques violentos fortalecen mucho más. Los que quieren que la fiesta desaparezca han dado un paso atrás con las ofensas y las injurias de algunos de sus simpatizantes, quizás porque estos no tuvieron en cuenta que la cornada que le partió el pecho a Víctor Barrio, a muchos nos partió el alma.

J.T.

J.T.

lunes, 11 de julio de 2016

Por unas fiestas libres de agresiones sexistas


Lo primero que me llamó la atención la mañana del pasado 6 de julio en Pamplona fue el pin que adornaba buen número de camisas y camisetas blancas de quienes celebraban por sus calles las horas anteriores y posteriores al chupinazo sanferminero. La imagen de la insignia era una mano roja abierta con los cinco dedos cortados, como si se tratara de cinco ramas de un árbol recién podado. Luego vi carteles con el mismo emblema y una frase contundente: "Por unas fiestas libres de agresiones sexistas" y poco después, cuando recalé en la animadísima Plaza del Castillo, advertí la existencia de un "Centro de Orientación e Información" sobre agresiones y acoso machista.

El ayuntamiento que preside Joseba Asirón se había conjurado este año contra las agresiones machistas; Laura Berro, concejala de Igualdad, promovía por segundo año consecutivo una trabajada y potente campaña por los "Sanfermines en Igualdad" y toda la corporación de este "municipio por el cambio" decidió apostar fuerte por erradicar una pesadilla que les avergüenza. "No al miedo ni a las agresiones, sí al ligoteo sano y a vivir las fiestas libremente”, proclamaban. Y anunciaban también a bombo y platillo que este 2016 se ampliaban los recursos disponibles en materia de atención sanitaria, psicológica, judicial o policial... cámaras de alta definición diseminadas por toda la ciudad, reiteradas invitaciones a la colaboración ciudadana...

Pues bien, a pesar de todo ello la campaña no tardó en fracasar ni veinticuatro horas. A las seis y media de la mañana del día siete, cuando cruzaba yo la calle Paulino Caballero camino del primer encierro de los Sanfermines, me enteré que pocas horas antes, en uno de los portales de esa céntrica zona, cinco energúmenos habían violado a una chica madrileña de diecinueve años, grabaron la humillación con un teléfono móvil y le robaron el suyo a la joven agredida.

La misma tarde del día 7, decenas de miles de pamploneses se manifestaron para protestar contra el desgraciado comienzo de las fiestas. Pero ni así: la noche del sábado día 9 otra joven, esta vez una francesa de 22 años, denunció haber sido violada: otro perturbado fue detenido por meterle mano a una policía local y un tercero acabó también en el calabozo por acosar y manosear a una chica que descansaba en el césped de un parterre.

Hay quien piensa que, gracias a toda esta campaña, se visibiliza un problema hasta ahora casi tabú porque anima a las víctimas a dar el paso y denunciar, lo que contribuye a que presuntos agresores se lo piensen dos veces y, en consecuencia, disminuya el número de abusos. Aún así, quienes manejan los datos sostienen que campañas como la de estos días en Navarra consiguen que, como mucho, se atreva a denunciar el diez por ciento de las personas agredidas.

En esa ciudad han tenido el valor de abrir la caja de los truenos y poner sobre la mesa un problema que en otros muchos lugares no acaba de abordarse de manera contundente por miedo a perjudicar el prestigio de las fiestas y la presencia de visitantes. O porque no acaban de asumir la importancia y gravedad del asunto. O por machismo , o por inercia social, o simple y llanamente, porque no les da la gana.

El camino de Pamplona es un camino lento, tortuoso, duro. Hay que luchar contra el machismo social, la vergüenza de las afectadas, la reticencia de quien piensa que eso no es bueno para la ciudad ni para las fiestas... pero tiene toda la pinta de que se trata de una iniciativa que acabará dando fruto. Un camino que siguen ya algunos otros ayuntamientos como Málaga, San Sebastián o Vigo, decididos a atajar los abusos de desaforados que confunden divertirse con delinquir y por el que discurrirán otros muchos cuando comprueben que esta decisión del ayuntamiento de Pamplona de coger el toro por los cuernos (nunca mejor dicho) acabará consiguiendo que la política de "Tolerancia Cero" sea asumida, y practicada, por todo el mundo.

Como dice Asirón, "no podemos consentir que haya un cincuenta por ciento de nuestra ciudadanía que tenga que pagar un impuesto de seguridad por salir a la calle, según por qué sitios y según a qué horas". El encarcelamiento de los cinco violadores (presuntos) del día siete en Pamplona es un buen precedente. Que el Ayuntamiento se persone como acusación particular, también. La mala noticia para los andaluces es que los detenidos procedan de Sevilla. Uno de ellos, como ya se sabe, se graduó como guardia civil en Baeza hace solo unos días.

J.T.

sábado, 9 de julio de 2016

Pamplona. 38 años sin Germán Rodríguez

Han pasado 38 Sanfermines y nunca se supo quién lo mató. Se llamaba Germán Rodríguez, tenía 27 años y era hijo de una conocida familia de Pamplona. Murió de un disparo en la frente en pleno centro de la ciudad el segundo día de las fiestas de 1978. Los turistas huyeron y los Sanfermines se acabaron ahí. Muy pocas veces en su ya larga historia se suspendieron las universales fiestas de Pamplona. Antes de aquel año solo ocurrió en 1937 y 1938, durante la guerra civil. Conviene recordarlo y repetirlo. La memoria es el principal patrimonio de una sociedad libre.

Perdonar, si; olvidar, no. Así lo proclamaban este 8 de julio en Pamplona quienes desde hace 38 años mantienen viva la memoria de aquel joven militante de la LCR con un emotivo acto que cada año celebran ese día en la confluencia de las calles Roncesvalles y Carlos III. Allí pude presenciarlo yo este viernes, en el lugarexacto donde Germán cayó herido de muerte durante aquellos trágicos Sanfermines sin que hasta hoy se sepa quién fue el autor de aquel asesinato. O sí.

¿Qué fue lo que pasó?

Aquel verano de 1978 en que faltaban pocos meses para que la Constitución se sometiera a referéndum, cuando el ministro del Interior de Adolfo Suárez se llamaba Rodolfo Martín Villa, el ambiente en el País Vasco y Navarra estaba muy  caldeado. Se había iniciado un proceso de amnistía muy parcial y nada satisfactorio, y en ese ambiente tenso y crispado llegaron los Sanfermines. El día 8, al finalizar la faena del sexto toro del segundo festejo, muchos integrantes de las peñas saltaron al ruedo como es tradicional en la plaza de toros de Pamplona, donde la celebración de la fiesta tiene desde siempre una personalidad y un sabor propios. Faltaban pocos minutos para las nueve de la noche. Saltaron también a la arena un grupo de personas que desplegaron una pancarta reclamando amnistía y libertad para los presos navarros y vascos.

Hubo aplausos, silbidos y enfrentamientos en las gradas y en las andanadas. La tragedia empezó a mascarse cuando cerca de cuarenta "grises", que era como por entonces se llamaba a los miembros de la Policía Armada, irrumpieron en el ruedo con material antidisturbios para "restablecer el orden". Dispararon primero pelotas de goma y botes de humo hasta que, finalmente, recurrieron al fuego real. Hubo siete heridos de bala en la plaza. Un verdadero desastre, sobre todo si se tiene en cuenta que la plaza de toros de Pamplona es la tercera más grande del mundo y las veinte mil personas que caben dentro aún no habían podido abandonar el recinto.


Veinte mil personas de las que la mayoría entraron en pánico y huyeron despavoridas  por las calles adyacentes a la plaza, pero hubo muchos que decidieron hacer frente a la tropelía de los antidisturbios y los enfrentamientos se extendieron con más policía y más ciudadanos cada vez, por muchas calles de la ciudad. Apenas una hora después de iniciarse la refriega fue cuando mataron a Germán Rodríguez, que falleció pocas horas más tarde en el Hospital Provincial de Navarra sin que los médicos pudieran salvarle la vida. Los disturbios se convirtieron en una revuelta. La batalla duró hasta la madrugada. Los manifestantes intentaron asaltar el Gobierno Civil y el palacio de la Diputación Foral. El día 9 por la mañana, el centro de Pamplona presentaba un aspecto dantesco y solitario: oficinas bancarias, tiendas y bares destrozados; decenas de coches, utilizados como barricadas –todavía no había contenedores de basuras en las calles- incendiados. Miles de turistas, aterrorizados, abandonaron la ciudad. El balance final de víctimas, además de Germán, fue de once heridos de bala y otros 150 con diferentes lesiones.

38 años después de aquellos hechos, he tenido el honor de acudir al primer acto de homenaje a Germán que se realiza sobre una plataforma colocada por el Ayuntamiento. Nunca hasta ahora el colectivo organizador había contado con apoyo oficial. Pero esta vez, por segundo año ya, allí estaba
Joseba Asiron, el alcalde. Y por primera Ana Ollo, portavoz del gobierno foral. El Ayuntamiento ha colocado una placa nueva en euskera y castellano: "En memoria de Germán Rodríguez Saiz, muerto por disparo de la Policía el 8 de julio del 78".

El lugar donde murió Germán Rodríguez suele ser visitado por las peñas antes de la corrida de toros todos los días ocho de julio por la tarde. Ya en la plaza, ese día mantienen silencio a la salida del segundo toro. Al finalizar el festejo, abandonan el coso  con las pancartas plegadas y sin música. Todo lo que ocurrió en aquellos Sanfermines de 1978 está estupendamente contado en un documental elaborado por Juan Gautier y José Ángel Jiménez, que en el año 2005 se presentó en el Festival de Cine Español de Málaga. En él pueden verse imágenes inéditas tanto de los enfrentamientos en las calles como de la entrada de "los grises" en la plaza de toros. Imágenes, estas últimas, conseguidas gracias a los archivos de una televisión francesa. TVE las emitió en los informativos del nueve de julio del 78 y desde entonces nunca más se supo. Desaparecieron de los archivos y punto.

Fundamental recordar, fundamental no olvidar, reivindicar la memoria y mantener siempre vivo algo que explica unos años de nuestra historia tan convulsos como mal resueltos. Nunca es tarde. El acto de homenaje en Pamplona, este ocho de julio, a Germán Rodríguez, ha sido uno de los episodios más emotivos que he vivido en estos Sanfermines de 2016. Los primeros, por cierto, a los que acudo en mi vida.

J.T.