Respetado Xabi:
Te metiste en la boca del lobo y te ha devorado. Demasiado buena persona para entrenar al Real Madrid. En lugar de ser fiel a ti mismo quisiste complacer y te equivocaste. A Florentino no le gustan las buenas personas. Le gustan los malos, los maleducados, los mentirosos, los árbitros sumisos que hacen lo imposible para que su equipo gane siempre, ya sea por lo civil o por lo militar. Las debilidades del presidente en el vestuario son los soberbios, los malcriados, los pretenciosos. Le gusta verse reflejado en ellos y que solo sean dóciles ante él, como en el mundo de la política lo son Almeida y Ayuso, por ejemplo, quienes le rinden pleitesía encantados de la vida. Núñez Feijóo lo intenta, pero no le sale porque ni para hacer la pelota vale, el pobre.
¿Cómo alguien con tu trayectoria, tu inteligencia futbolística y tu prestigio se dejó convencer para sentarse en el banquillo más angustioso del fútbol europeo? ¿Seguro que no sabías que más que un banquillo ese puesto es una picadora de carne de entrenador? El Madrid administra vanidad e impone su ley, que es ganar y ganar. Como sea, pero ganar. Si no se gana, si se falla el penalti en el minuto 93 o el árbitro, por una vez, no mira hacia otro lado, quien en ese momento sea el míster del equipo ha de saber que la culpa acabará siendo suya.
El domingo en Arabia perdiste por 2-3 la final de la Supercopa contra el Barça, renunciaste a tu sistema, quisiste parecerte a Mourinho y ahí fue cuando empezaste a equivocarte, cuando abjuraste de tu estilo porque habías empezado a verle las orejas al lobo y cediste a la tentación de querer sobrevivir. Es verdad que tus todavía pupilos hicieron un partido más presentable que otras veces y que ahí estuvo también el árbitro, aplicado el hombre, como todos los colegiados que pitan al Madrid, prolongando una eternidad los minutos añadidos del primer tiempo hasta que empatasteis 2-2. Pero al final perdisteis, Xabi, y el gran preboste tiene prisa y hambre, no está dispuesto a que se le escape un solo trofeo. Como la madrastra de Blancanieves, no soporta que el espejo le diga que hay un equipo que juega mejor que el suyo y donde además sus futbolistas son más guapos, más humildes y en el vestuario practican una camaradería y una complicidad que en el Madrid a día de hoy resulta impensable.
El Madrid no puede perder nunca y tú lo sabías, amigo. Estar cuatro puntos por debajo del Barça en la Liga a mitad de temporada y perder contra ellos una final más, ya van unas cuantas, el equipo del régimen no lo soporta. Creo que la razón por la que te han echado es porque no servías para sostener la ficción de que todo sigue bajo control. Porque no eras del todo obediente al guion. Pensaste que habría consideración, una cierta deferencia, un poquito más de paciencia hasta que los resultados acompañaran. Pero hay demasiada desesperación en los despachos del Bernabéu. Puede que te tuvieran cierto cariño, pero no eres de los suyos porque no respondes al perfil del tajante depredador que ellos necesitan.
No sé si estarás de acuerdo, pero pienso que hay un cierto paralelismo entre lo que sucede en el Real Madrid y lo que ocurre en la derecha española. Si para ganar hay que presionar o comprar jueces, pues se hace, que además muchos son fans y lo harán encantados de la vida. Estos días, impotentes, ahí anda toda la cohorte florentinesca sacando a pasear de nuevo el fantasma de Negreira. No le faltan al presidente Pérez turiferarios en los medios dispuestos a complacerlo.
Te deseo toda la suerte del mundo, Xabi. Fuera de ese banquillo podrás volver a entrenar fútbol y no quimeras. A construir equipos de verdad con jugadores que se diviertan jugando y no se crean los reyes del mambo por ser capaces de darle cuatro patadas a un balón con cierta habilidad. Mientras el dinero, los medios y los árbitros sigan alineados, el Madrid seguirá ganando muchas veces en el último minuto. Cuando no sea así, siempre habrá un entrenador al que fulminar. Has hecho bien en marcharte. Hay concesiones que no merecen la pena.
Ahora llega Álvaro Arbeloa. Otro cordero para el sacrificio. Uno de la casa, eso sí, formado en la obediencia, en el discurso correcto, en saber cuándo callar y cuándo señalar al árbitro “hostil”, si es que aún queda alguno que se atreva a tener criterio propio frente a las presiones de Florentino. Le deseo a quien te sustituye la misma suerte que a ti, y que cuando le den la patada consiga salir de ahí como tú lo has hecho, con la dignidad intacta, que no es poco.
Lo dicho. Mucha suerte, amigo.
J.T.

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