Marcelo no ha podido abandonar a Fernández Díaz. Un ángel como dios manda no hace eso, pero el exministro del Interior, que ha presumido de su ayuda hasta a la hora de encontrar aparcamiento, cuando le ha visto las orejas al lobo de verdad, se ve que ha preferido echar mano de la mentalidad práctica y aplicar el viejo refrán: “A Dios rogando, sí, pero con el mazo dando”.
lunes, 6 de septiembre de 2021
Al ángel Marcelo rogando… pero con el mazo dando
Marcelo no ha podido abandonar a Fernández Díaz. Un ángel como dios manda no hace eso, pero el exministro del Interior, que ha presumido de su ayuda hasta a la hora de encontrar aparcamiento, cuando le ha visto las orejas al lobo de verdad, se ve que ha preferido echar mano de la mentalidad práctica y aplicar el viejo refrán: “A Dios rogando, sí, pero con el mazo dando”.
sábado, 4 de septiembre de 2021
Al fascismo, ni agua
El blanqueamiento del racismo, el machismo, la homofobia o el odio que estamos percibiendo en muchos medios de comunicación supone un peligro inmenso para la democracia y esto hay que decirlo así. Lo más alto y más claro posible. Se está normalizando que un partido político proclame abiertamente que quiere deportar a españoles por ser negros y reivindique abiertamente la dictadura franquista. Esto no puede ser, disponga ese partido, o no, de escaños en las instituciones.
En el “regreso” de Pablo Iglesias
Utilizaron durante años la munición más rastrera contra él y su familia y, nada más ha vuelto a asomar la cabeza, retoman el raca-raca. La misma noche de su despedida de la política institucional, el pasado 4 de mayo, no era difícil imaginar dos cosas. La primera, que Pablo Iglesias no iba a desaparecer de escena así como así, y la segunda que cuando regresara a la palestra pública, lo hiciera como lo hiciera y ocurriera donde ocurriera, la persecución iba a continuar.Este lunes 6 de septiembre debuta en la renovada Hora 25 de Aimar Bretos, lo hará también en El Món a RAC1, el programa líder de la radio en Catalunya que Jordi Basté dirige y presenta de lunes a viernes desde las 6 de la mañana hasta las 12 del mediodía; trabajará además en la Universitat Pompeu Fabra y colaborará en Ctxt, la interesante y necesaria publicación digital dirigida por Miguel Mora y que el lector de Público tiene a su disposición también en esta misma web.Pues bien, a la jauría le ha faltado tiempo para saltarle a la yugular a Pablo Iglesias con todo tipo de elucubraciones. La mayoría de ellas, provenientes de las hordas fascistas y los profesionales de la intolerancia, tan despreciables todos ellos como previsibles. No merece la pena tenerlas en cuenta ni mucho menos comentarlas, pero hay un argumento en particular que, como profesional de la comunicación, me siento en la obligación de no pasar por alto. Tiene que ver con ese componente sectario que no solo no acabamos de sacudirnos en la profesión periodística sino que hasta hay quienes parecen empeñados en potenciarlo. Veamos:
Están teniendo las santas narices de cuestionar la intervención en los medios de Pablo Iglesias argumentando que no es periodista. Pero vamos a ver, señores, ¿qué es ser periodista? ¿Tener un título o un carnet después de despilfarrar varios años en la facultad escuchando profesores que jamás han hecho un reportaje? ¿Convertirte al acabar la presunta carrera en un becario que trabaja gratis o pésimamente pagado y que no tarda en descubrir que, si quiere prosperar en el oficio, tendrá que ser a base de pisar a otros y transmutarse en artífice de la manipulación más rastrera?
¿Qué es ser periodista? ¿Que te reconozcan en unas asociaciones de la prensa que en la mayoría de los casos actúan como correas de transmisión de los peores usos y costumbres instalados desde hace décadas en la economía y la política de este país? He trabajado con excelentes periodistas que nunca estudiaron periodismo y con licenciados, y hasta doctorandos en periodismo que no sabían hacer la “O” como un canuto, que no tenían chispa ni reflejos, que carecían de ese olfato imprescindible para detectar la noticia, la información de interés, la historia indiscutible… Hasta directores de El País ha habido que no estudiaron Periodismo, uno de ellos era químico y le bastó con un máster al terminar la carrera. Un máster de Prisa, eso sí.
El equipo de profesionales que preparaba los programas de La Tuerka en los que tuve el honor de intervenir alguna vez como tertuliano se regía por un criterio periodístico impecable. Los dirigía Pablo Iglesias, el mismo a quien televisiones y radios se disputaban sin pudor para conseguir tenerlo en sus programas porque automáticamente las audiencias se disparaban. El exvicepresidente del actual Gobierno de coalición continúa teniendo mucho que decir y sus reflexiones no solo interesan sino que en este momento pueden resultar sumamente ilustrativas. A unos les ayudará a reflexionar, a nutrirse intelectualmente y a otros, como tantas veces, les proporcionará munición de primera mano para cebarse con él y de paso vender más periódicos. O tener más visitas en las webs.Estos últimos andan ya estos días, al modo de los peores lobbies, cuestionando las reapariciones anunciadas de Iglesias, discutiendo su derecho a hacerlo, puntualizando que eso no es periodismo crítico y no sé cuántas milongas más. Hasta el día que se anunció que en la cadena Ser iba a compartir mesa de debate (Ágora creo que lo van a llamar) con Carmen Calvo (Psoe) y García Margallo (PP) todo era discutir su derecho a intervenir en tertulias. Ahora se han callado de golpe, como si de pronto hubieran descubierto que la lista de políticos y ex políticos que copan tertulias tanto televisivas como radiofónicas es casi interminable.
Los mismos que ahora cuestionan su derecho a intervenir andaban desde hace semanas criticándolo porque llevaba más de tres meses sin abrir la boca. No hay quien entienda a estos desaforados. Muchos de los que no quieren que vuelva a hablar han sido los primeros en hacerse eco a bombo y platillo de los escasos tuits publicados últimamente por Iglesias, entre ellos uno en el que aludía al editorial de Ctxt sobre la factura de luz, texto con el que otorgaba visibilidad a uno de los medios con los que va a colaborar.
El corporativismo más nefasto en el mundo de la comunicación suele levantarse en armas cada vez que funciona bien algo que no controlan. Pasó hace unos días en el mundo del deporte con un joven triunfador en twich llamado Ibai Llanos, a quienes pusieron a parir y llamaron intruso porque había conseguido hablar en exclusiva con el futbolista Lionel Messi recién incorporado este a su nuevo equipo en París ¿Qué pasa? Que hace pupa? Pues poneos las pilas y dejad de llorar, chicas y chicos del llamado periodismo deportivo. Y en cuanto al universo de la información política, queridos sepulcros blanqueados, ¿qué hacéis rasgándoos las vestiduras con lo de Iglesias los mismos que lleváis años prostituyendo el oficio de informar recurriendo al más rastrero de los activismos políticos?
El mundo de la comunicación no se entiende si se cuestiona la libertad con la que cualquiera que tenga algo que decir puede y debe moverse en él. Punto.
J.T.
sábado, 28 de agosto de 2021
Periodismo oscuro, casi negro
La deriva histérica que últimamente sufrimos en periódicos, radios y televisiones, ¿es inercia o se trata de algo diseñado a conciencia? El desequilibrio que existe en nuestro país entre los medios de comunicación que informan desde una perspectiva de derechas y la de aquellos que lo hacen desde la izquierda ha llegado a tales extremos que hasta quienes lo propician puede que estén empezando a temer que tanto descaro acabe perjudicándoles.
Hablar bien de Pablo Casado por sistema es tratar de tonto al ciudadano medio, pero la mayoría de los medios no paran de hacerlo mañana, tarde y noche. Elevar a Díaz Ayuso a los altares, con fotos místicas y titulares babosos es menospreciar la inteligencia de quien todavía te compra o te lee. Ofrecer la información sobre la vuelta de Millán Astray al callejero madrileño, escondiéndola en página par, es contribuir al suma y sigue del infame chantaje de la ultraderecha. Rivalizar cada día a ver quién idea la portada más agresiva contra el Gobierno de coalición resulta patético. Y una vergüenza para el oficio periodístico.
En los titulares y en cómo está orientada una noticia, se puede percibir cómo cambia el tratamiento y el empleo de verbos y adjetivos según el partido político del que se esté hablando:
- ¿Pufos judiciales del PP? Redacción comedida, que no es cuestión de jugarse el puesto.
- ¿Exabruptos de Vox? Si los sueltan, tendremos que hacernos eco, ¿no?
- ¿Reproducir mentiras? Si mienten, no es problemas nuestro, nosotros nos limitamos a reproducir lo que dicen. ¿Contrastarlo, verificarlo?, ¡qué pereza!
- ¿Críticas al Gobierno de coalición? Se abre la veda. Aquí ya empieza el desahogo en el empleo del lenguaje. Si es pelín virulento mejor, que a los lectores eso les gusta. Y a los jefes también.
-¿Unidas Podemos? A degüello y sin compasión alguna. ¿Para qué están los adjetivos y los verbos valorativos sino para usarlos donde además parece que últimamente hasta queda cool hacerlo?
Y a fe que usan los verbos a conciencia, claro que sí: He aquí algunos ejemplos:
“Podemos exige al PSOE restar 3.200 millones a las eléctricas por la luz (El Mundo del martes 24); “Podemos amenaza con salir a la calle por el precio de la luz y abre otro frente con Sánchez (El Correo del 12 de agosto); Podemos presiona al PSOE para forzar una rebaja urgente del recibo de la luz (La Vanguardia del martes 24); Los socios aprietan al Gobierno para que cumpla la agenda legislativa pactada (Ideal del lunes 23);“La presión sobre la parte socialista del Gobierno para que aborde la reforma del mercado eléctrico crece cada día. Dentro del Ejecutivo, Unidas Podemos no ceja en su ofensiva...” (El País del jueves 26)
¿Para qué usar términos como "solicita", "reclama" o "pide" si puedo utilizar "exige", "amenaza", "presiona", "aprieta" o "no ceja"? A nadie se le ocurre tener en cuenta que Unidas Podemos lo que hace es limitarse a recordar la obligación que tiene todo el Gobierno de coalición de que se cumplan los pactos firmados que hicieron posible ese Gobierno. Porque los contratos, y un pacto de Gobierno es un contrato, están para ser cumplidos. Que se cumplan ha de ser lo normal y no lo extraordinario, como parece deducirse de según qué textos firmados por turiferarios mediáticos que se dedican a rasgarse las vestiduras cuando UP recuerda, como es su obligación, el carácter sagrado de los acuerdos firmados y la necesidad de su cumplimiento.
A lo largo de mi vida profesional he compartido guardias, coberturas y noches de cierre con muchos de los profesionales de la información que últimamente se han echado al monte. Muchos de ellos andan ahora apostados en digitales de cuyos nombres no quiero acordarme, o diseminados por tertulias varias, u ocupando puestos de responsabilidad en radios y televisiones, incluso también hay algún radiopredicador que otro en esa lista... Muchos de ellos, como decía, eran excelentes periodistas, doy fe ¿Por qué decidieron olvidar buena parte de lo que ellos mismos enseñaban en su día? ¿Qué fue lo que les llevó a pasarse al lado oscuro?¿Codicia, ambición, inseguridad? Era, y por tanto tienen que seguir siendo, listos, currantes y competentes ¿Qué es lo que ha pasado pues, qué es lo que me he perdido?
Como escribía al principio, tanto desequilibro en el panorama informativo, donde hay que buscar con lupa medios en los que, como este en el que tengo el honor de escribir, se enfoque la información desde una óptica decente, no puede traernos nada bueno. La descarada derechización de la mayoría de los medios españoles es una seria amenaza tanto para la credibilidad del periodismo como para la supervivencia del oficio de informar. El asunto anda muy oscuro, casi negro.
J.T.
domingo, 22 de agosto de 2021
Periodistas sobre-cogedores
sábado, 21 de agosto de 2021
El precio de la luz, arma de combate de la derecha
Decidieron levantarse en armas el mismo momento en que se conoció que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias habían llegado a un acuerdo para formar un Gobierno de coalición. Corría el martes 12 de noviembre de 2019 y hasta el 7 de enero del año siguiente, fecha en la que Sánchez fue investido presidente, no dejaron de intentar impedirlo por todos los medios.
Dado que el partido de Albert Rivera, tantas veces objeto de deseo por las mentes biempensantes, había fracasado estrepitosamente en las elecciones del 10 de noviembre, aquel mes de diciembre habían volado cuchillos, presiones y amenazas en todas direcciones, especialmente hacia Catalunya y el País Vasco, pero no consiguieron impedirlo. Finalmente, la votación salió adelante por mayoría simple (167 votos a favor, 165 en contra y las abstenciones de ERC y EH-Bildu).
El lunes 13, diecisiete ministros del PSOE y cinco de Unidas Podemos tomaron posesión de sus cargos y, desde los despachos acostumbrados a partir el bacalao en España durante decenios, salió la orden tajante: guerra a muerte a estos pazguatos por tierra, mar y aire, sin un momento de respiro, hay que echarlos de la Moncloa antes de que empiecen a tocarnos las narices. Dicho y hecho: sus incondicionales lacayos se remangaron y se dispusieron a hacer los deberes en el parlamento, en los periódicos, en la policía, la justicia, las teles, las radios, las redes sociales…
La pandemia vino a trastocar los primeros planes golpistas, pero no tardaron en recomponerse para convertir lo que tenía que haber sido una etapa de tregua frente a la incertidumbre sanitaria, el overbooking hospitalario y el escandaloso número de muertes, en uno de los períodos de mayor crispación en el parlamento cada vez que había que renovar el Estado de Alarma. Insultos e insolencias sin medida en unas sesiones quincenales cuya retransmisión televisiva nos ponía los pelos de punta mientras permanecíamos encerrados en nuestras casas sin saber por cuánto tiempo se alargaría aquella pesadilla.
Mientras el gobierno llegaba a acuerdos con sindicatos y patronal para poner en marcha medidas como ayudas a los ERTES que permitieran atenuar las consecuencias del confinamiento, Casado se iba a Bruselas a decir, más o menos resumido con brocha gorda, que los fondos con los que debíamos afrontar la crisis deberían llegar a nuestro país, sí, pero cuando él estuviera gobernando.
Al mismo tiempo, provectos intelectuales y políticos teóricamente retirados (González y Aznar incluidos) se dedicaban a echar leña al fuego insinuando la conveniencia de un gobierno de concentración (la resurrección del bipartidismo) para capear el temporal y, según ellos, “reconducir” una situación insostenible. Incluso llegó a circular el nombre de Margarita Robles como posible cabeza de un hipotético gobierno.
La Comunidad de Madrid, con su inefable presidenta al frente, se convirtió en ariete de oposición a cara de perro con las políticas sanitarias del Gobierno de coalición. Cada día había que montar un pollo, por lo menos: hoy con las mascarillas, mañana con los bares, pasado con la residencias… Las derechas copiaron el hosco estilo Trump y atiborraron las redes de fake news especialmente contra los ministros de Unidas Podemos en el Gobierno. Las cloacas multiplicaron su obsceno trabajo con esmero y dedicación consiguiendo llevar a los juzgados nimiedades y falsedades de las que periódicos, radios y televisiones, Televisión Española incluida, se hacían inmediatamente eco con puntual diligencia y apasionada entrega a la causa. Era el lawfare a la española en todo su apogeo.
Por si faltaba algo ahí estaba Catalunya, con unas elecciones que ponían en bandeja pervertir el ambiente desde Madrid lanzando torpedos políticos y mediáticos a diario contra el independentismo, los presos, Waterloo, los posibles indultos… Potenciaron el ideario fascista de la ultraderecha, y así fue como Vox consiguió meter una docena de diputados en el Parlament.
Pasaban los meses y el Gobierno de Sánchez no solo no caía, sino que por un lado llegaban las primeras vacunas y por otro se empezaban a cerrar importantes cantidades de dinero que empezarían a llegarnos a partir de mediados del 2021. Así que el PP no tardó en echarse atrás en pactos prácticamente cerrados para resolver los relevos en TVE, Consejo General del Poder Judicial, Tribunal de Cuentas o Defensor del Pueblo. Una vez asegurada su cuota de poder en TVE con la inclusión de tres representantes en el nuevo Consejo de Administración, se olvidó de todos los demás acuerdos y así seguimos hasta hoy.
Que, pese a tantos palos en las ruedas, chantajes, amenazas, portadas infectas y presiones de todo tipo, el Gobierno de coalición consiguiera aprobar los Presupuestos, es algo que los políticos de la derecha y la ultraderecha, tampoco los poderes que mandan sobre ellos, han acabado de asimilar. Que Iglesias decidiera abandonar primero el gobierno y luego la política no les valió para sentirse satisfechos. La hostilidad hacia Sánchez y su gobierno continúa, y mucho nos tememos que este otoño van a volver a la carga con renovada mala leche.
El precio de la luz puede que sea el pistoletazo de salida de la nueva estrategia, donde las eléctricas han decidido elevar el listón del hostigamiento. Ya que sus esbirros son unos “torpes” que no valen para a hacer el trabajo sucio, fuera máscaras, que para eso sus consejos de administración están bien nutridos de ilustres veteranos de la política; para eso les pagan viajes y prebendas a muchos cabezas visibles de los más importantes medios de comunicación… Empieza el momento de cobrarse favores y recordarle a quienes se creen que gobiernan que ganar elecciones en este país no es sinónimo de poder ejercer el poder.
Con el precio de la luz parecen haber dado por fin con un camino rentable para sus intereses. ¿Qué Gobierno de coalición es capaz de sobrevivir a una pandemia, a insultos, calumnias y mentiras sin parar durante año y medio ya? ¿Que aún resiste? Pues nada, habrá que cabrear un poco más al personal subiendo el recibo de la luz hasta que acaben estallando, se les termine la paciencia y no los voten nunca más.
J.T.
Cuando el fútbol se convierte en pornografía
A mí me gustaba el fútbol de los domingos a las cinco de la tarde, del olor a puro habano, marcador simultáneo “Dardo”, quinielas cantadas al son de los anuncios de Anís de la Asturiana… El fútbol del Levante-Las Palmas, equis, el fútbol donde podían ser aspirantes al título el Hércules de Alicante o la Real Sociedad de San Sebastián, el fútbol donde, como mucho, se permitía incluir dos jugadores extranjeros por equipo.
sábado, 14 de agosto de 2021
Andalucía merece mejor suerte
Es grave que los postulados de la ultraderecha hayan calado tanto en algunas comarcas de Andalucía desde que gobierna el PP. No es bueno para ningún sector desfavorecido: ni para los inmigrantes, tampoco para las víctimas de la violencia de género, ni para la educación, ni para la mejora de los servicios sociales, ni para -a la vista de los resultados- atraer inversiones que signifiquen prosperidad…
Me cuesta entender que el socialismo estuviera más de treinta y cinco años en el poder y dejara en Andalucía tantos deberes sin hacer poniéndole así tan en bandeja la gestión a la derecha y a la ultraderecha. No solo eso, sino que potenciara costumbres y valores que ni en la rancia España franquista tuvieron nunca tanto predicamento. Si en 1976 me llegan a decir que las procesiones de Semana Santa, por ejemplo, acabarían teniendo la notoriedad de la que gozan hoy día en todos los pueblos y ciudades andaluzas no hubiera dado crédito. Nada de incomodar a la iglesia, ni a las cofradías, ni a las familias de rancio abolengo que partían el bacalao en cada provincia, ni a los colegios concertados, ni a los constructores corruptos, ni a los presidentes de equipos de fútbol por muy controvertidos que estos fueran…
En la comunidad donde más peso tiene el fenómeno de la inmigración, donde más magrebíes y subsaharianos hay trabajando en condiciones precarias -ilegales en buen número de casos-, en la región a cuyas costas han llegado miles de pateras en los últimos treinta años, el partido que estuvo en el poder desde los primeros ochenta hasta casi el 2020 no resolvió ni puso en marcha una política de inmigración que garantizara un buen futuro a esos miles y miles de personas muchas de ellas ya con hijos aquí, que tendrán nietos pronto y que vinieron para quedarse.
Los socialistas no acabaron con el señoritismo, ni siquiera le pusieron freno, ni con las grandes tierras improductivas, ni con las inercias que durante tantos años nos hicieron más pobres y menos competitivos que otras muchas regiones de España. Hicieron pactos con empresarios y sindicatos, sí, con los que probablemente frenaron un desastre mayor, pero nuestra curva de crecimiento en los tiempos menos malos siempre estuvo por debajo de la mayoría de territorios españoles.
No supieron cómo enfrentarse a la marcha de empresas que dejaban en mantillas buena parte de la actividad económica que teníamos (Delphi, Santana Motor, Astilleros, Minas de Riotinto...) y no se les ocurrió otra cosa que inventarse los expedientes de regulación de empleo para comprar paz social y que no se les alborotara el gallinero. Teníamos pocas empresas y tuvimos menos. No crecimos. Ni el vino, ni el algodón ni el girasol salían a cuenta. Si me apuran, ni el aceite. Había que estar subvencionados, con la PAC (Política Agraria Común) por un lado y con el PER (Plan de Empleo Rural) por otro para que las zonas agrarias no acabaran quedándose desiertas. El objetivo era mantener el poder a base de tener contentos con subvenciones los votos que convenía asegurarse.
Pan para hoy y hambre para mañana. Nada de modernización, nada de inversión para el futuro en la tierra con mejor clima, con mejor sol, con un patrimonio para sacarle partido por los cuatro puntos cardinales… y solo pensamos en el turismo y en la construcción. Que el fascismo se reprodujera aquí mejor que en cualquier otro lugar era algo predecible y casi inevitable.
Las fresas en Huelva y los tomates en el Poniente almeriense estaban en manos de minifundistas analfabetos con miedo a la preparación y la capacidad de las personas a quienes se veían obligados a emplear (cualquier inmigrante de El Ejido habla árabe, francés y español como mínimo mientras muchos de sus empleadores se limitan a pegarle patadas al diccionario de la lengua española cada vez que abren la boca).
La llegada de la derecha al Palacio de San Telmo estaba cantada. Como parece cantado también que puede que se queden un buen tiempo. La izquierda en Andalucía ha despilfarrado un patrimonio único que podía haber convertido esta tierra en una de las más prósperas de toda España. Se hizo el AVE, se hizo la Expo y luego todo murió.
Habría que pedirle cuentas a quienes se dedicaron a mantener las cosas como estaban, a perpetuarse en el poder como prioridad máxima relegando todo lo demás a segundo plano. Habría que pedirle cuentas por todo eso a aquellos socialistas y a sus sucesores, quienes ahora ejercen la oposición parlamentaria, más vigor y más punch a la hora de controlar al gobierno autonómico del PP. ¿O la falta de gancho se debe a la falta de experiencia? Claro que si no se supieron controlar a sí mismos durante los muchos años que ocuparon el poder, se entiende que no sepan hacerlo con quienes lo ocupan ahora ¿O están conchabados?
En Andalucía, el relevo en el poder no había ocurrido hasta enero de 2019. Igual ahora para lo único que trabajan PSOE y PP es para perpetuarse. Si yo salgo entras tú y que el espectáculo continúe. No me extrañaría nada ¡Viva el bipartidismo forever! Tal como actuaron los socialistas y como lo hacen ahora los populares da la impresión de que los verdaderos problemas de Andalucía les importan un pimiento. Por mucho que cada 28 de febrero conmemoremos el referéndum y por mucho que cada 4 de diciembre recordemos la gran manifestación por la autonomía andaluza que le costó la vida en Málaga a un joven llamado García Caparrós.
J.T.
domingo, 8 de agosto de 2021
La guardia pretoriana de la monarquía
sábado, 7 de agosto de 2021
La España mestiza y multicultural que Tokio ha visibilizado
Esa bandera de la España mestiza y viva que nuestros atletas han exhibido en los juegos olímpicos ha mostrado al mundo entero la verdadera cara de una tierra próspera y tolerante. La cara plural y multicultural donde los malos rollos solo tienen cabida en mentes crispadas y nostálgicas que se obstinan, sin conseguirlo, en prostituir los símbolos que nos representan a todos.
En materia de racismo, el franquismo dejó serias secuelas en pueblos y ciudades de este país, los gitanos estaban demonizados y hasta los andaluces, gallegos o extremeños que se marchaban a trabajar a regiones más industrializadas percibían el estigma de la discriminación en los lugares a cuya prosperidad estaban contribuyendo.
No ha mejorado la cosa con la irrupción de la ultraderecha en el panorama político. Estamos en la prehistoria de la asimilación de una realidad multicultural que no tiene marcha atrás por mucho que xenófobos e intolerantes de medio pelo se empeñen en ello. Por mucho que los inmigrantes parezcan invisibles en los mismos sitios donde son imprescindibles.
Por eso lo que ha ocurrido en Tokio 2020 tiene a mi entender tanta importancia. Además de imprescindibles, ya no son invisibles. Si en los invernaderos del Poniente almeriense por ejemplo, levantáramos por un momento los plásticos que cubren las cosechas de tomates, pimientos, calabacines y sandías, descubriríamos más de ochenta mil personas de piel oscura sudando a mares a diario. Seres humanos que para los fascistas no solo son invisibles, sino explotables e ignorables en el momento en que dejan de ser útiles.
En efecto, cuando, exhaustos, acaban la jornada laboral por la que, en el mejor de los casos, cobran cincuenta euros, magrebíes y subsaharianos toman sus bicicletas y desaparecen. No hacen vida social en Roquetas, Vícar, El Ejido o La Mojonera. No se les ve en los bares, ni en ningún centro de ocio. Solo en los Centro de Salud cuando están enfermos o en el Mercadona cuando acuden a comprar provisiones.
Hace ya unos treinta años que empezaron a llegar y seguimos viviendo de espaldas. Sin darnos cuenta que empiezan a tener hijos que van al cole, niños que ya sí se relacionan con los de aquí de toda la vida, niños que se hacen grandes y van a la universidad y al gimnasio. Niños que ya son adultos y que ganan medallas en Tokio. Niños que a su vez ya tienen niños…
Esto es lo que han dejado en evidencia los Juegos Olímpicos de Tokio, que no hay marcha atrás, por mucho retrógrado de banderita en la muñeca que se resista. Los nuevos españoles serán abogados, médicos, peritos o ingenieros técnicos agrícolas y conformarán una sociedad mestiza y moderna que trabajará por un futuro mejor en la tierra donde crecieron.
En los censos de los principales municipios del Poniente almeriense figuran inscritos ciudadanos de más de cien nacionalidades distintas. Los partidos políticos no han aprendido aún a digerirlo. Los del PP han sobrevivido hasta ahora intentando maquillar su racismo congénito como mejor han podido para que no se les escaparan las alcaldías, y las izquierdas exhiben una escandalosa carencia de reflejos a la hora de poner en marcha proyectos de integración para un futuro multicultural.
A veces dan la impresión de que no acaban de creerse que los inmigrantes vinieron para quedarse, que será aquí donde ellos y sus descendientes echarán raíces. Y si algún partido sabe ver el beneficio que todo esto supone para el futuro de nuestro país, no se percibe que actúe en consecuencia. Por eso Vox les come la tostada, pero por eso también los momentos mágicos que hemos vivido en Tokio estos días pueden contribuir a que quienes deben tomar nota de una vez, se pongan a ello.
La España que viene es mestiza y multicultural, es una España de Peleteiros y Zapatas. Qué bonito altavoz el de Tokio para que saquen conclusiones quienes aún manifiestan dudas a la hora de combatir el racismo y la xenofobia de la ultraderecha con la mayor de las firmezas.
J.T.














