miércoles, 31 de marzo de 2021

El postureo de Gabilondo

Sin la convulsión que ha supuesto la candidatura de Pablo Iglesias a la presidencia de la Comunidad de Madrid el PSOE sabe, y Ángel Gabilondo probablemente se entere alguna vez, que las elecciones del 4-M lo hubieran acabado barriendo del mapa a él y a su inanidad, esa flácida manera de entender el ejercicio de la política que tiene el hierático e impávido catedrático universitario.

El PSOE y Gabilondo saben que si existe alguna posibilidad de neutralizar a Isabel Díaz Ayuso es merced a la aparición de Iglesias en el escenario, y que tal decisión ha dejado desconcertada a la derecha y a la ultraderecha, a esta última porque si ya se temía que muchos de sus hooligans acabaran votando a Ayuso, ahora empiezan a considerarlo casi inevitable. Gabilondo y el PSOE saben que esto puede desembocar en que Vox no llegue ni al cinco por ciento, Ayuso se quede a un paso de la mayoría absoluta y haga falta la suma de todos los demás escaños para impedir la continuidad de la actual presidenta.

Así las cosas, ¿por qué el candidato socialista ataca con más saña a Unidas Podemos que a sus rivales de la derecha y la ultraderecha? ¿quién le engaña haciéndole pensar que ese postureo, porque más vale que sea postureo, puede ayudarle a reunir más votos de los que obtuvo en 2019? Nos ha tenido desesperados toda la legislatura, sin plantar apenas cara a los desvaríos y frikadas de Ayuso, y ahora solo se le ocurre buscar adeptos a su derecha respaldando hasta las medidas fiscales del PP. El PSOE sabe que con la escasa trempera que demuestra Gabilondo solo puede aspirar al suelo de votos que le aseguran los incondicionales siempre que la modorra no lleve a estos, incluso a los más adeptos, a quedarse en casa dando la batalla por perdida de antemano.

Desde que se abrió el fuego, desde que empezó la precampaña, Ángel Gabilondo solo parece haber espabilado a la hora de meterle caña a Iglesias, a quien ha atacado más en quince días que a Díaz Ayuso en casi dos años. Ni una sola de las monstruosidades de la presidenta, que ya se cuentan por centenares, ha tenido por parte del líder del PSOE en la Asamblea de Madrid la contundente réplica que tantas veces se ha merecido. Para tachar de radicales a Unidas Podemos, en cambio, le ha faltado tiempo, igual que para lanzar al aire la primera frase con tintes de eslogan salida de la factoría monclovita: “Con este Iglesias, no”.

¿Acaso hay algún otro Iglesias, señor Gabilondo? Sabe que no, así que entonces… ¿por qué brinda munición gratis a los altavoces de la derecha? Dos años desaparecido en combate y justo resucita para segarle la hierba bajo los pies a una formación que bajo ningún concepto podrá ignorar si finalmente es posible echar a Ayuso y todo lo que esta representa ¿O es que acaso no quiere? Nombrándole a usted como candidato es lo que parece que pretende el PSOE. Proclama sin pudor que aspira a entenderse ahora con Ciudadanos, partido junto al que podía haber promovido una moción de censura hace ya más de un año, pero tampoco se atrevió. Y eso a pesar de lo bien que conecta con los chicos del partido“Hacendado”del PSOE, la marca blanca con la que hubiera podido sumar mayoría más que suficiente.

Mucho van a tener que trabajar los fontaneros de Moncloa si quieren sacar algún partido de usted, aunque si obtienen el mismo éxito que con Illa en Catalunya o con la frustrada moción de censura en Murcia, apañados estamos. Si creen los socialistas que en Madrid hay que derechizarse para ser votados se equivocan tanto usted como Redondo y sus chicos. En Madrid hay miles y miles de personas, muchas más de la que se piensa, deseando, ansiando, necesitando que las cosas cambien pero ya. En muchísimos casos, porque es la única manera de reparar los destrozos de 25 años y devolver la luz a la autonomía madrileña, en otros por simple supervivencia y en otros muchos... por dignidad pura y dura.

Produce mucha vergüenza tener como presidenta de tu Comunidad a una persona de la catadura de Isabel Díaz Ayuso. También indignación, porque no transcurre un día sin que nos tome el pelo; ahora acaba de rematar con la promesa de bajar impuestos, tratándonos una vez más como tontos a quienes, además de sufrir en la vida cotidiana una gestión al estilo de Trump o Bolsonaro, vemos cómo van desfilando por los juzgados, por corruptos o presuntos corruptos, todos los cargos importantes que el Partido Popular ha tenido en su historia reciente. Uno a uno, sin que falte nadie. Le puede pasar lo mismo a Ayuso apenas pierda el poder, algo que está en las manos de un Gabilondo que en vez de ponerles el espejo a diario y denunciar sus mentiras, su perfidia, su vileza y su falta de pudor, se dedica a imprecar a aquellos con quienes no tendrá más remedio que pactar si los números acaban haciendo posible un gobierno progresista.

Ser soso, incluso serio y formal, no tiene por qué ser sinónimo de carencia de sangre en las venas. Póngase las pilas, por favor, señor Gabilondo, aunque solo sea para que los que votan siempre al PSOE sin importar quién encabece la lista, no acaben desmotivados y tirando la toalla antes de tiempo. Los votos de los suyos cuentan, así que no los espante también, no equivoque el tiro y espabile de una vez, haga usted el favor. Ahora o nunca. Déjese ya de postureo, remánguese y empléese a fondo en desenmascarar a esa derecha dispuesta a jodernos la vida si gana ella. Aunque usted se empeñe en lo contrario, queda mucho partido por jugar.

J.T.

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