sábado, 11 de abril de 2020

¿Por qué se llaman patriotas cuando quieren decir golpistas?

Se les llena la boca de vocablos como patria y de himnos como el de la legión, desparraman mala leche por las calles y banderas por los balcones, banderas que son de todos y que no conseguirán confiscar por mucho que se empeñen en ello. Se autoproclaman patriotas. ¿Patriotas de qué? Os lo voy a decir:

Patriotas de la crispación.
Del frentismo.
Del encanallamiento.
Del bulo.
Del gamberrismo.
Del insulto en las cuentas de twitter. De poner palos en las ruedas a todo lo que sea contribuir a buscar soluciones a lo mal que lo está pasando tanta gente.
De rechazar la mano tendida de los gestores de la crisis para buscar soluciones que nos saquen cuanto antes de esta pesadilla.
De frotarse las manos cuando sube el número de infectados y fallecidos.
e practicar el “cuanto peor, mejor”, algo en lo que, como certifica la historia, son verdaderos maestros.

¿Qué buscan ejerciendo una oposición tan desaforada? ¿En qué ayudan las caceroladas para que dejemos de morir como chinches y podamos salir a la calle pronto? ¿De verdad se creen, como proclaman a voz en grito, que el Gobierno de coalición trabaja con mala voluntad, que nos quiere buscar la ruina a propósito? ¿De verdad piensan que ellos lo harían mejor, de verdad se creen más competentes que el ejecutivo al que le ha tocado gestionar esta crisis inédita e imprevisible? ¿Qué gobierno proponen formar? ¿Con qué nombres? ¿Para hacer qué?

¿Pero no se dan cuenta que el común de la ciudadanía andamos acojonados sin ser capaces de imaginar qué va a ser de nuestras vidas, qué va a pasar con nuestros planes, con nuestro futuro? La mayor parte de los mamporreros de estos ultramontanos propaga sin parar consignas en las que probablemente ni crean, pero se ve que no atinan a divisar en el horizonte mejor manera de ganarse el sustento. Pan para hoy y hambre para mañana, pero no debedarles la cabeza para pensar a largo plazo. Esos mamporreros, columnistas, tertulianos y opinadores varios son mileuristas que para sobrevivir en el oficio han optado por convertirse en incondicionales de quienes les pagan sus miserables sueldos y que son, mire usted por dónde, los mismos que apenas puedan empeorarán sus condiciones de vida más aún de lo que ya están.

¿A qué aspiran estos golpistas que se autoproclaman patriotas? ¿Qué diseño de país proponen? ¿El de Aznar? ¿El de Rajoy? ¿El de Faes? ¿El de un Felipe González al que no reconocería ni la madre que lo parió? ¿El de Rosa Díez? ¿De verdad? ¿Están hablando en serio?

En otras ocasiones he dejado constancia de que Pedro Sánchez no ha sido precisamente santo de mi devoción. Pero da la casualidad que en este infausto momento es él quien preside un Gobierno de coalición que nos representa a todos y, en consecuencia, tiene a su cargo gestionar la mayor maldición que el mundo entero, no solo nuestro país, ha sufrido en los últimos cien años.

¿No sería lógico que la oposición arrimara el hombro y le echara una mano para sacar el agua de esta inundación antes de que nos ahoguemos todos? ¡Ay, qué a cuento viene aquel “Suiza, patria querida” con letra de Forges y música de Luis Eduardo Aute que mi compañera Patricia López se ha encargado de recordarme!:

“Ser patriota no es sinónimo de idiota
yo la bandera la llevo en la billetera
me da canguelo si me huelo algún revuelo
me sienta fatal la reforma fiscal

Ay, Suiza Patria Querida
Ay, Suiza de mis amores
Yo tengo una cuenta en Suiza
con muchísimos millones
Vivan las cuentas en clave
la fuga de capital 
el tráfico de divisas…

O incluso esto otro, pelín más rotundo, de La Polla Records, que me trae a la memoria Albert Vivó:

“Todos los fascistas viven (Cara al culo)
Por eso no ven más allá de su nariz (Cara al culo) 
Ya que sois tan religiosos (Cara al culo)
Por qué no le dais la paliza a Dios (Cara al culo)."

Intentar extraer rédito político, o económico, de lo que nos está tocando vivir es, lisa y llanamente, de malnacidos. Lo haga quien lo haga. Lo intente quien lo intente.

Todo lo que he leído y escuchado en los últimos días, y a fe que he leído y escuchado mucho, me lleva a una conclusión: nadie tiene puñetera idea de cómo frenar, ni mucho menos acabar, con la pandemia. Los talentos del mundo siguen dando palos de ciego. Sería pues de desear que los fascistas dejaran para otro momento sus irredentas ganas de pescar en río revuelto.

¿Por qué insisten en llamarse patriotas cuando lo que quieren decir es golpistas?

J.T.

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