domingo, 29 de marzo de 2026

El “buen chico” que mató la Sanidad pública en Andalucía.



Como existe cierto desenfoque fuera de Andalucía a la hora de acercarnos al perfil de Juan Manuel Moreno Bonilla igual es bueno, ahora que estamos ya en precampaña electoral, refrescar algunas memorias, incluidas las de muchos andaluces que han olvidado que el actual presidente andaluz llegó al poder de chiripa, por pura carambola. Las elecciones de diciembre de 2018 las ganó la socialista Susana Díaz, pero la soberbia de esta haciendo cálculos le llevó a convocarlas por anticipado sin contar con la falta de escrúpulos de Moreno Bonilla. 


La prepotencia de Díaz, su enfrentamiento abierto con Pedro Sánchez y un fatal error de cálculo de ella y su equipo, abrieron una ventana que ni el propio Moreno podía imaginar. Este obtuvo los peores resultados del Partido Popular andaluz en su historia, un 20,75 por ciento de los votos, 26 diputados cuando la mayoría para gobernar exige sumar 55. Él mismo había sacado 33 escaños en 2015 y se tuvo que quedar en la oposición, pero tres años después vio la oportunidad y la aprovechó. No se anduvo con remilgos.. Sin los votos de Ciudadanos (21 escaños) y, sobre todo, sin el apoyo explícito de Vox (12 escaños), la investidura habría sido imposible. 


El 16 de enero de 2019, Moreno reunió 59 votos a favor frente a 50 en contra y así, por primera vez, un gobierno andaluz nacía con el oxígeno de la ultraderecha. Fue el primer parlamento español donde los fascistas consiguieron voz e influencia, conviene no olvidarlo nunca. Lo consiguieron gracias a la misma persona que no tendrá reparo en volver a repetir la jugada el próximo 17 de mayo si solo así le salen los números para continuar en la poltrona. 


Juanma fue quien abrió la veda. Es verdad que no metió a la ultraderecha en el gobierno, como algunos años después hicieron compañeros suyos en media docena de autonomías, pero él fue el primero que permitió a los fascistas enseñar su peligrosa patita desde dentro de las instituciones. Fueron solo 12 diputados, pero a fe que hicieron mucho ruido con un juez llamado Francisco Serrano como cabeza de lista, un personaje que a día de hoy está esperando ser juzgado por un presunto desvío de 2,5 millones de euros de ayudas públicas que le obligaron a abandonar el escaño en 2020 y enfrentarse a penas de prisión importantes. El juicio iba a celebrarse entre el 4 y el 26 mayo de 2026, pero mire usted por donde, ¡oh, casualidad!, ha sido aplazado y en estos momentos no está fijada la nueva fecha.


Moreno Bonilla, nacido en Barcelona y criado en Málaga, creció en las filas de Nuevas Generaciones del PP junto a un tal Santiago Abascal. Durante años perteneció al círculo de Soraya Sáenz de Santamaría, pero supo nadar y guardar la ropa para mantenerse al frente del partido en Andalucía a pesar de no ser santo de la devoción del entonces presidente Pablo Casado. Dentro de la organización muchos lo veían como un perfil gris, moderado de fachada, sin carisma suficiente para romper el techo de cristal que había impedido al PP gobernar en la comunidad durante 36 años de hegemonía socialista. Pero a la chita callando, ahí sigue y muchos de lo que no daban un duro por él hace ya tiempo que son historia.


Siete años y medio más tarde (las elecciones de 2022 las ganó por mayoría absoluta), Moreno hace tiempo que se dedica a practicar en Andalucía la misma política neoliberal que Isabel Díaz Ayuso en Madrid, Carlos Mazón en Valencia, Jorge Azcón en Aragón, María Guardiola en Extremadura o Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León. Recortes disfrazados de eficiencia, deriva de recursos públicos hacia lo privado y bajada de impuestos entre otras muchas lindezas. Con su sonrisa profidén permanente y un tono pausado de mosquita muerta, ha conseguido que tanto en Andalucía como al norte de Despeñaperros se le vea como un gestor moderado. Falso.


En Sanidad, el gran talón de Aquiles de su gestión, la comunidad andaluza encabeza a día de hoy las listas de espera en España. Más de 200.000 personas aguardan una intervención quirúrgica y alrededor de 850.000 una consulta con especialista. La demora media supera en muchas provincias los cinco meses. Desde Huelva hasta Almería, dos millones de ciudadanos, según denuncias de la oposición y los sindicatos, están atrapados en algún tipo de lista de espera si se incluyen pruebas diagnósticas no publicadas con transparencia desde 2019. Mientras, la Junta ha destinado más de 4.600 millones de euros a conciertos con la sanidad privada. En resumen, récord de seguros privados y un sistema público que se desangra. 


El escándalo de los cribados de cáncer de mama ha sido, quizá, el punto más doloroso. Miles de mujeres -se habló inicialmente de 2.000 afectadas, aunque las cifras oficiales han sido opacas y controvertidas- sufrieron retrasos graves en las mamografías del programa de detección precoz. Asociaciones de pacientes y familiares han denunciado casos de tumores que avanzaron por falta de seguimiento, con consecuencias fatales en algunos de ellos. Moreno Bonilla  minimizó al principio el problema, habló de “dos o tres casos” o de un uno por ciento aislado, y solo reaccionó con un plan de choque cuando la presión mediática y social le resultó insoportable. La consejera de Salud acabó dimitiendo y él prometió auditorías y “decisiones drásticas”. En esas estamos. 


No es el único desmán. La dependencia se ha convertido en “el gran fraude” de esta legislatura: tiempos de espera que superan los 500 días —muy por encima del límite legal de 180—, miles de personas han fallecido antes de recibir la prestación a la que tenían derecho (más de 6.700 solo en 2025 según algunas estimaciones) y una financiación insuficiente que condena a muchos mayores a morir en el abandono. La contratación sanitaria ha generado investigaciones judiciales por presuntos fraccionamientos de contratos y adjudicaciones a dedo que habrían desviado más de 1.500 millones a la privada sin los controles habituales. Tres altos cargos del SAS han sido imputados. Casos de corrupción en feudos locales del PP andaluz, el más flagrante en el entorno de la Diputación de Almería, salpican periódicamente al Gobierno sin que desde San Telmo se haya producido hasta ahora nigunna una reacción contundente.


Llegó prometiendo normalidad, diálogo sin cordones sanitarios y que solo estaría ocho años en el poder. Pero una vez en la poltrona, una vez metido… nada de lo prometido. Por eso conviene refrescar la memoria y recordar que Moreno Bonilla no llegó al poder por un tsunami electoral propio, sino por la suma de un mal resultado ajeno y el primer pacto infame que los populares firmaron con la derecha radical. Su gestión no ha supuesto una mejora en la eficiencia, al contrario, un aumento de las políticas que destrozan servicios públicos esenciales para enriquecer la iniciativa privada. Y en cuanto a Canal Sur, la televisión autonómica… Un escándalo, el súmmum de la manipulación, una auténtica vergüenza. 


J.T.

jueves, 26 de marzo de 2026

La "mala memoria" que nos sigue escupiendo a la cara

He terminado de leer el libro de Jesús Pozo "La mala memoria. Pobreza, Iglesia y represión en los colegios del franquismo" (El Mono Libre, 2026), y todavía me arde la mejilla. Nieves Concostrina lo advierte en el prólogo, las experiencias personales que se cuentan aquí son solo "el primer cachete, luego viene la bofetada." Duele, y duele porque no es una historia lejana precisamente. El autor nos enfrenta a una realidad cercana incómoda porque España no ha cerrado aún su pasado, entre otras razones porque nunca lo hemos querido mirar de frente.


Pozo arranca con testimonios crudos de niñas pobres en internados religiosos. Hambre, palizas, humillación sistemática, mentes secuestradas, discriminación inmisericorde entre alumnos ricos y pobres. Una educación, en definitiva, que olía a lo peor del siglo XIX. El libro demuestra, con datos y rabia contenida, que las mismas malas artes que usó la iglesia católica en los años treinta para torpedear la reforma republicana, donde se apostó por una educación laica, digna y gratuita, sobrevivieron intactas a la tramposa transición y siguen vivas aún a día de hoy. La enseñanza continúa secuestrada, y en gran parte en manos de curas y monjas. Eso es un maldito huevo de serpiente que ayuda a entender el resurgir del fascismo y de la intolerancia en nuestros días. Nuestra “mala memoria”, amnesia la llamaría yo en muchos casos, tiene gran parte de culpa. 


La misma amnesia que permite que miles de cuerpos sigan pudriéndose en cunetas, fosas comunes y barrancos. Restos mortales de personas que fueron fusiladas por defender la República, por ser maestros, por ser rojos, por ser personas coherentes y comprometidas. La guerra civil no acabó en 1939, continuó en las escuelas, en las cárceles y en el silencio impuesto. Continúa cada vez que el gobierno actual titubea sin acabar de asumir, o si, que con su flacidez está facilitando que la ultraderecha vaya recuperando terreno.


Las asociaciones de memoria histórica reclaman verdad, justicia y reparación. Sin verdad, no hay justicia. Sin justicia, no hay reparación. Y sin esas tres patas, cualquier relato de reconciliación es una impostura. España arrastra una anomalía histórica, que es ser una de las democracias europeas con más desaparecidos en fosas comunes sin exhumar. Durante años se ha instalado una equidistancia tramposa que diluye responsabilidades y convierte a víctimas y verdugos en actores intercambiables. La mala memoria desmonta ese relato con datos y testimonios. 


Urge promover una solución urgente. Que la Ley de Memoria Democrática no sea papel mojado. Que se dote de recursos reales, de calendarios firmes, de voluntad política sin complejos. Que las asociaciones reciban el apoyo que merecen en lugar de migajas y desprecio. Que lo que ocurrió en los colegios del franquismo se convierta en asignatura obligatoria para conocer aquellos desmanes y, en consecuencia, nunca más una sotana o un hábito de monja decida quién estudia para mandar y quién para obedecer. Que nunca más vuelva a suceder lo que  remarca Carlos Santos en el epílogo, que “las que pagaban vivían como reinas, y las que no eran alumnas de segunda cuando no criadas baratas. Hijas de perdedores que habían terminado la guerra en la miseria, en la cárcel, el cementerio o la cuneta”.


Jesús Pozo ha escrito un libro necesario. Ahora nos toca a nosotros no dejar que se convierta en otra mala memoria. Mientras quede un solo cadáver anónimo en alguna cuneta, la transición seguirá siendo una estafa. El autor nos lo recuerda en cada página, la mala memoria facilita que los mismos que secuestraron la escuela sigan condicionando la manera como se cuentan las cosas. Eso se tiene que acabar.


J.T.

miércoles, 25 de marzo de 2026

“El Español” de Pedrojota


Por mucho que Pedrojota Ramírez jure en sus memorias -"Palabra de director" (Planeta, 2021)-, que nunca publicó una mentira, la historia le desmiente con saña. Nacido en Logroño en 1952, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, este riojano se sentó en 1980, con solo veintiocho años de edad, en la poltrona de director de Diario 16 y de director ejerce desde entonces, Cuarenta y seis tacos de almanaque han pasado. Despedido en 1989 por Juan Tomás de Salas, ofendidísimo este porque había osado atacar en un editorial a su amado Jorge Semprún, Pedrojota fundó El Mundo y lo dirigió hasta 2014. Despedido otra vez, en esta ocasión a instancias de la por entonces todopoderosa Soraya Sáenz de Santamaríaen octubre de 2015 lanzó El Español  con una indemnización de 25 años que él mismo convirtió en capital semilla, Tres periódicos, dos despidos y un mismo método, usar la redacción como ariete contra el poder cuando este es socialista y como escudo cuando conviene al PP.


Hay quien se pregunta si, con Pedrojota al frente, es posible que un periódico se limite a hacer periodismo y no aspire a influir en la política del país. La respuesta, rotunda, es no. Su trayectoria demuestra que no dirige diarios, sino que los usa. Es un actor político con herramientas periodísticas, alguien que entiende la información como palanca, como presión, como capacidad de alterar escenarios. Y en eso, hay que reconocerlo, es extraordinariamente eficaz. Tiene intuición, oficio y la habilidad  de rodearse de equipos que convierten proyectos en negocios viables.


En Diario 16 y El Mundo destapó los GAL, Filesa y el cesarismo felipista hasta derribar a Felipe González. Con José María Aznar coqueteó y, cuando llegó el 11-M, proporcionó alas al mayor bulo de la democracia. Insistió durante años, incluso después de las sentencias de la Audiencia y el Supremo, en que los atentados de Atocha fueron obra de ETA o, al menos, “engendrados en el regazo de los aparatos del Estado”. Primeras páginas, series, “Yo acuso” en 2009… Todo desmontado por jueces, policías y víctimas. Pero el daño estaba hecho: polarización, desconfianza, dolor añadido a 191 muertos. Periodismo de investigación, tenía las narices de llamarlo.  


A día de hoy, en  El Español, repite el guion contra Pedro Sánchez. El equipo de este medio digital es diverso, hay firmas de izquierda y centro, pero el producto final es un cañón apuntado al Gobierno. No hay día sin “exclusiva” con olor a filtración del PP, cada editorial es una llamada a la dimisión de Sánchez o a elecciones anticipadas. Exactamente igual que con González, repetición de la jugada. El “servicio a la democracia” que pregona en su web es, en realidad, el servicio a una determinada idea de democracia, la que les gusta a él y a quienes le siguen la corriente.


El Español nació con los 5,3 millones de indemnización que recibió Pedrojota, más 3,6 millones de crowdfunding de 5.624 pequeños inversores (récord mundial entonces) y otras "aportaciones" hasta llegar a los 18 millones de euros. Promovió un modelo mixto que abarcaba publicidad, suscripciones (muro de pago que ya superó objetivos) y eventos. En 2023 facturó 25,6 millones con EBITDA positivo. Con la generosa guinda de Ayuso y Almeida, más de dos millones de euros públicos en cinco años vía contratos y publicidad institucional. Dinero madrileño del PP financiando al mismo hombre que aireó el bulo del 11-M hasta el infinito. 


Pedrojota es amoral y peligroso. Tiene olfato periodístico de viejo sabueso y probada capacidad, como apuntábamos más arriba, para rodearse de gestores que sacan dinero a las piedras. Sabe monetizar el odio y la polarización. Con El Español estamos ante la tercera encarnación de un proyecto personal que nunca aceptó el límite entre informar y derribar. 


J.T.

Así sería la España sin inmigración que propugnan los ultramontanos



Los incautos, abducidos o no por Vox y demás fascistas, sueñan con una España sin inmigración. Limpia, ordenada, católica, nada sentimental y fea, muy fea, claro está. Un país donde solo suene el castellano de toda la vida (en Catalunya gritarían “habla en cristiano” a quienes se expresasen en catalán), un mundo donde en los bares los camareros fueran genuino producto nacional (bruto) y donde todos fuéramos blancos blanquísimos. Los he llamado incautos porque, si esto fuera así, según un informe de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE), esa España que creen idílica sería en realidad un geriátrico.


He escuchado esta mañana el resumen de este informe en la Cadena SER, y si se redujeran solo un treinta por ciento los flujos migratorios, en el año 2075 España tendría quince millones de habitantes menos. Eso significaría menos gente en edad de trabajar, más jubilados por cada cotizante, colegios cerrados en los pueblos, hospitales que no encontrarían médicos y hectáreas y hectáreas de terreno agrícola que se quedarían sin manos para recoger la aceituna o la fresa, por ejemplo. El Producto Interior Bruto (PIB) anual bajaría dieciocho mil euros por habitante, un veintidós por ciento. Con un treinta por ciento menos de inmigrantes, cada trabajador tendría que cotizar dos mil euros más al año para sostener, y con dificultades, las pensiones y el Estado del bienestar. 


Quienes propugnan políticas racistas lo saben, aunque callan: los inmigrantes, en su conjunto, aportan más de lo que consumen. Llegan en edad de producir, cotizan, consumen, pagan impuestos y son el oxígeno que evita que el sistema se colapse por pura demografía. Los necesitan, pero debajo de los invernaderos durante el día. A la noche, que desaparezcan.


España lleva décadas con la natalidad en mínimos, 1,2 hijos por mujer, y a su vez con una de las esperanzas de vida más altas del planeta. El saldo natural (nacimientos menos muertes) es negativo desde hace años. Sin inmigración, la población estaría ya cayendo en picado desde hace mucho tiempo. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha repetido hasta la saciedad que sin saldo migratorio positivo, hacia 2070-75, seríamos un país envejecido, con menor dinamismo, menos innovación, menos vida en las calles, menos profesores, menos cuidadores para nuestros mayores…


Los que agitan el fantasma de la “invasión” y emplean el termino “avalancha” para referirse a la llegada de inmigrantes suelen callar cuando se les recuerda que, muchas de esas personas, son los que a día de hoy sostienen la hostelería, la construcción, los cuidados a domicilio y la agricultura de exportación. Negar la evidencia demográfica y económica por puro prejuicio ideológico es, además de insolidario e inviable, completamente suicida.


El informe de la ONPE es un ejercicio de prospectiva serio y sus conclusiones confirman la percepción diaria de cualquier ciudadano que no se deje llevar por prejuicios ni veleidades discriminatorias. Sin inmigración neta, este país sería más pobre, más viejo y estaría mucho más aislado. Quien quiera ponerle puertas al campo lo tiene crudo, por muy fascista que sea.


J.T.

lunes, 23 de marzo de 2026

AMAMA, la Junta y el periodismo andaluz



Coincidí con Ángela Claverol el pasado miércoles cuando en nombre de AMAMA, la asociación que preside, recogió el premio a la “Transformación Social” que en su edición de este año le ha otorgado la Red de Activistas de Sevilla. El discurso que pronunció nos conmovió a quienes estábamos allí presentes. Todo un alegato contra la injusticia y la desconsideración de la Junta de Andalucía para con miles de mujeres enfermas de cáncer. Cuando habla, Ángela transmite verdad. Cuenta las cosas con una naturalidad pasmosa, lejos del victimismo y también de la agresividad. Su mensaje es poderoso. 


La casualidad quiso que el mismo día del premio se conociera que el gobierno andaluz desoyó desde 2023 los avisos sobre el colapso en las mamografías, que desde entonces existían ya dos informes que avisaron al Servicio Andaluz de Salud (SAS) del tremendo colapso que había no solo en mamografías sino también en ecografías y tacs. Según el diario El País los médicos avisaron dos veces, en 2023 y en 2025. “Amama llevaba desde 2021 denunciando estos colapsos, nos contó Claverol, Moreno Bonilla lo sabía, los consejeros de Salud que han ido desfilando lo sabían, la directora del SAS lo sabía. Y sin embargo lo han negado, nos han llamado mentirosas, nos han amenazado. No tienen empatía ni vergüenza, continuó. Abandonaron a muchas mujeres andaluzas a su suerte por no hacer una ecografía que vale ochenta euros. Podían haber ahorrado cánceres avanzados a muchas compañeras, y a las familias de las que fallecieron la pena de haber perdido a sus familiares”. 


Escucho a Ángela y me recuerda a Pilar Manjón, la mujer que fue vituperada por Álvarez Cascos cuando esta pedía justicia para su hijo y las demás víctimas del atentado de los trenes de Atocha. Mientras se emociona el auditorio por la firmeza y contundencia con la que se expresa la presidenta de AMAMA, me acuerdo también de las víctimas de la Dana valenciana plantándole cara al desvergonzado Carlos Mazón. La escucho y me pregunto cómo es posible tal nivel de falta de sensibilidad por parte de los políticos del PP cuando han de gestionar una catástrofe.


El mismo Moreno Bonilla que soltó lágrimas por las víctimas del accidente de Adamuz permanece impasible ante la tragedia de los miles de mujeres que no recibieron a tiempo los informes de sus cribados de mama. Se intenta distanciar de la Ayuso del 7291 pero el ADN del partido al que pertenece es el que es. Claverol y su asociación, cuyo cometido es proporcionar apoyo integral a mujeres afectadas por el cáncer, se sienten ninguneadas, insultadas. Lo denuncian con firmeza, a pesar de los ataques inmisericordes de los que son objeto por parte de la Junta y sus palmeros mediáticos. No se quejan, luchan. Curioso que quienes por lo general plantan cara a la funesta gestión que el PP hace de las catástrofes (no me quiero acordar del Rajoy de los “hilillos de plastilina”, ni de Federico Trillo y el Yak-42) suelen ser siempre mujeres que luchan contra la amoralidad y la desidia de sus propios gobernantes.


¡Qué sensación de impotencia!, ¿no? Si quien gestiona tus problemas te ignora o te insulta, por no decir que te desprecia ¿qué te queda?¿a qué o a quién puedes recurrir? El escándalo de las dos mil primeras radiografías cuyos resultados nunca se comunicaron lo dio a conocer hace seis meses una mujer periodista, Mercedes Díaz, especialista en Tribunales de Radio Sevilla, premiada también la semana pasada, en su caso por la Asociación de la Prensa de la provincia. ¿Recuerdan la reacción de la Junta cuando aparecieron los primeros titulares? Darse por ofendida, negar la mayor, ofrecer excusas que el tiempo sea ha ido encargando de desmontar, señalar culpables y defenderse atacando. 


Esto es así de descarnado, pero cuesta que el ciudadano lo perciba. Con la televisión autonómica no se puede contar y la mayor parte de los medios callan porque maman sin parar de la generosa teta del gobierno autonómico. Callan o lo que es peor, difunden bulos como ha ocurrido en Málaga esta semana a propósito de las dificultades que el Ave tendrá para recuperar los viajes hasta la ciudad antes de Semana Santa. “Perderemos 1.300 millones de euros”, clama la Junta, y los periódicos malagueños se aprestan a reproducir la barbaridad sin molestarse en hacer cuentas y descubrir que, si eso fuera cierto, cada visitante tendría que gastarse 26.000 euros en sus vacaciones de Abril.


Nos merecemos un periodismo mejor. De la política no espero mucho pero en lo que al periodismo concierne, la indecencia tendría que acabarse. De ello depende la supervivencia del oficio y no de las subvenciones que amordazan. Mi aplauso desde aquí  a todas las Ángelas Claverol que desenmascaran la hipocresía de los políticos y se baten el cobre para que injusticias como las del caso de los cribados de mama en Andalucía no acaben silenciadas. Esperemos que impunes tampoco. 


J.T.

domingo, 22 de marzo de 2026

El ABC, siempre en su línea

Este domingo 22 de marzo de 2026, el diario ABC trae a primera página una foto enorme de Santiago Abascal. Titular a toda plana: “Santiago Abascal: “Sánchez podría volver a ganar si el PP se empeña en dañarnos”. Debajo, la entrevista donde el líder de Vox lanza su “voz de alerta” y, como guinda, otro titular que lo corona: “Orbán celebra a Abascal como líder de la ultraderecha europea”. Ni una crítica, ni un matiz. Ensalzamiento puro. Nada nuevo bajo el sol, porque ABC lleva noventa años haciendo exactamente lo mismo, pero aún así me ha dejado estupefacto.



En 1938, mientras Europa se desangraba, este mismo diario tituló a cuatro columnas: “Cuatro hombres de buena voluntad”. Los cuatro eran Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier y el periódico presentaba el pacto de Munich, la entrega de Checoslovaquia al nazismo, como un acto de paz civilizada. El diario monárquico y conservador más leído de España bendecía a los dos dictadores fascistas como salvadores de la civilización. 


Durante toda la década de los treinta, ABC abrió sus páginas a loas a Mussolini; el Duce era el hombre fuerte que había salvado Italia del “caos bolchevique”. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, sus crónicas lo presentaban como el líder enérgico que devolvía el orgullo a Alemania. Después llegó aquí el golpe militar y la guerra fratricida entre españoles que duró tres años y costó cientos de miles de muertos. Desde el mismo 18 de julio de 1936, el ABC de Sevilla se puso al servicio del golpe militar. Portada tras portada ensalzando a Franco como “salvador de España”, “caudillo invicto”, “restaurador del orden” y ponderando al criminal Queipo de Llano. Cuando Madrid cayó en 1939, el ABC madrileño se sumó al coro. Durante cuarenta años de dictadura, decenas y decenas de portadas glorificaron al dictador, silenciaron fusilamientos, justificaron el terror y vendieron la “paz de Franco” como si fuera un regalo divino. 


En ello siguen. Solo ha cambiado el nombre del protagonista. Ya no es Hitler, ni Mussolini, ni Franco. Ahora es Santiago Abascal, el líder ultra de un partido xenófobo, racista, machista, homófobo y pendenciero. Una formación política que fomenta el odio contra migrantes, contra mujeres, contra la diversidad. Un partido que quiere dinamitar los derechos laborales y sociales que costaron décadas de luchas, huelgas y muertos: el salario mínimo, las pensiones dignas, la sanidad pública, la educación gratuita. Abascal y los suyos apuestan por volver a la España de los privilegios y el ABC, fiel a su historia, les regla la primera página para echarle una mano al hombre, que con tanto lío interno igual pierde comba y no es cuestión.



En los años treinta decían que Hitler y Mussolini “defendían el orden”. Hoy dicen que Abascal “defiende España” y ponderan sus tesis. Todo el mismo hilo negro, el mismo odio disfrazado de patriotismo, el mismo desprecio a los derechos humanos y a los derechos sociales y laborales conquistados a base de lucha y firmeza ciudadana.


Poca duda de que está en el ADN de ABC esta forma de entender el “periodismo”. El fascismo nunca llega solo. Los titulares que lo hacen parecer razonable son parte de la estrategia.


J.T.

sábado, 21 de marzo de 2026

El futuro que nos espera en el mundo de la información. 10 apuntes


Alexandra Geese, europarlamentaria alemana


1. Elon Musk está manipulando el algoritmo deliberadamente para difundir contenidos políticos divisivos en X. Existen estudios contrastados que lo demuestran de forma fehaciente. En Alemania, X ha concedido mayor visibilidad a contenidos de extrema derecha.


2. Lo que Google está haciendo ahora mismo con su 'modo IA' y su 'resumen de IA' es acabar con la libertad de prensa, y la Comisión Europea no está gestionando esta situación como es debido. 


3. La solución es la creación de fondos para que los medios de comunicación puedan impulsar una plataforma social europea, una especie de aglutinador de medios que permita un modelo de negocio sostenible para los periodistas.


4. Hemos sido extremadamente ingenuos al confiar nuestro espacio democrático a plataformas estadounidenses y chinas cuyos intereses distan mucho de la supervivencia o el buen funcionamiento de nuestras democracias 


5. La verificación de la información no sirve a la hora de contrarrestar la desinformación. 


6. A menos que cambiemos los algoritmos, la desinformación seguirá propagándose más que la información de calidad.


7. La alfabetización mediática parte de la premisa de que las personas deben contrastar sus fuentes y ser capaces de distinguir la información verdadera de la falsa. 


8. Hoy en día la mayoría de la población solo lee los titulares en las redes sociales y eso es lo que recuerda. Tan solo una pequeña parte de la ciudadanía dispone del tiempo para profundizar y contrastar las fuentes, y, aun así, nunca resulta del todo eficaz.


9. Los usuarios tienden a consumir desinformación entre seis y diez veces más que información fiable, y está comprobado que eso basta para que nuestro cerebro considere que la desinformación es “más verdadera” que los hechos.


10. La Comisión Europea reconoce que la democracia está en peligro, pero no identifica a los agentes que se esconden tras esta amenaza porque estos tienen demasiado poder.


Estas diez reflexiones están extraídas de una entrevista a Alexandra Geese, diputada alemana del Partido Verde en el Parlamento Europeo, que fue publicada originalmente en el Green European Journal en inglés, en colaboración con la Fundación Heinrich Böll. y que en nuestro país recogió El Salto Diario en su edición de ayer viernes 20 de marzo de 2026. Geese afirma también que el Escudo Europeo de la Democracia, presentado el pasado noviembre, es incapaz de frenar la desinformación.


J.T

viernes, 20 de marzo de 2026

Si lo hace Podemos, entonces está mal


Hace años que me fascina la animadversión que veo salir de las tripas de muchos colegas de profesión cuando se trata de hablar de Podemos. Se les aplica un tratamiento sistemático de descrédito que roza lo patológico. El pasado jueves se anunció que Irene Montero, eurodiputada y secretaria política de esta formación política, y Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, compartirán escenario el próximo 9 de abril en Barcelona. Moderará Xavier Domènech, exlíder de los Comuns. “Què s’ha de fer?” se preguntan. En principio, se trata sencillamente de un diálogo abierto, constructivo, entre dos referentes de la izquierda alternativa para explorar el futuro del espacio progresista. 


Pues bien, buena parte del censo patrio de plumillas y tertulianos, lejos de valorar este esfuerzo en un momento tan complicado, han optado desde el minuto uno por el sensacionalismo barato: “terremoto”, “ponen patas arriba el tablero”, “sacudida a la izquierda”. Otros se lanzan a especular con “cálculos electorales” o posibles pactos en un ecosistema mediático donde todo lo que hace Podemos está mal por definición. Si propone diálogo, es porque llega tarde. Si no lo propone, bloquea. Si habla, molesta. Y si calla, también. 


“Podemos no quiere la unidad, Podemos no quiere la unidad”, repetían una y otra vez hasta la saciedad en los últimos días. Irene y Gabriel anuncian una sencilla conversación… “Nooo, nooo, esa unidad no, eso es más de lo mismo con los mismos”, clama Antón Losada para satisfacción de un Fortes que aviva el fuego encantado. Y así sucesivamente. Este es el patrón. Unos actúan de esta manera por animadversión ideológica, otros quizás por falta de información y otros sencillamente por inercia, porque mola poner a parir a una formación de la que ignoran su lucha durante años contra las injusticias y por combatir la desigualdad. A nadie parece interesarle, en un contexto de fragmentación evidente, que Montero y Rufíán se sienten a hablar. Si lo hace Podemos, desconfía, lagarto lagarto.


Hablaré solo de un caso: las leyes de igualdad y contra la violencia sexual promovidas por Montero han situado a nuestro país como referente internacional. El Parlamento Europeo ha aprobado definiciones de consentimiento idénticas a la de la ley “solo sí es sí”, no olvidemos esto nunca, después de la que le dieron. Organismos como ONU Mujeres y referencias explícitas en foros globales (como la Conferencia de Beijing) reconocen que España, gracias a estas políticas, se ha colocado “a la par de los países más avanzados” en protección de derechos de las mujeres. 


¿Dónde queda eso en la prensa española? Enterrado bajo toneladas de titulares hostiles, editoriales cargados de veneno y silencios cómplices. Mientras en Bruselas y en foros internacionales se cita a Montero como ejemplo de avance feminista, aquí se la reduce a “radical”, “polémica” o “apestada electoral”. El oficio periodístico, cuya esencia es el rigor y pluralidad, se ha convertido en nuestro país en ariete contra todo lo que huela a Podemos. Da igual que se trate de un acto de diálogo unitario, una ley pionera o una propuesta concreta. La respuesta es siempre la misma, ataque, caricatura o ninguneo.


Fuera de nuestro país el fenómeno Podemos lleva años siendo objeto de estudios académicos, de reconocimiento y de análisis políticos serios. Se podrá estar de acuerdo o no, pero se les analiza. Aquí se les demoniza y se les ataca sin misericordia. Esta degradación del periodismo no se sostiene ni con la excusa de la “libertad de expresión”. La información que llega al ciudadano sobre Podemos pasa sistemáticamente por el filtro del desprecio o la distorsión. La prensa española ha decidido negarles el pan y la sal y ahí andan, a degüello. 


La conversación del 9 de abril puede salir bien, mal o regular. Puede aportar algo o quedar en nada, puede ser relevante o pasar desapercibida. Pero pase lo que pase, el periodismo ha de limitarse a esperar a que suceda, verlo, escucharlo y contarlo. Porque de eso va ser periodista, ¿no, queridos colegas?


J.T.