sábado, 3 de enero de 2026

Venezuela. Primera estación


Hay mucho que digerir sobre lo sucedido en Venezuela este endiablado primer sábado de 2026. Siguiendo los acontecimientos al minuto, desde el bombardeo de media noche al secuestro de Maduro, y escuchando los primeros palos de ciego de muchos analistas tras las comparecencias de Trump y Delcy Rodríguez, resulta difícil en estas primeras veinticuatro horas extraer una conclusión clara de lo que realmente está sucediendo. Más complicado aún aventurarse a pronosticar qué puede ocurrir. Si no he entendido mal, Trump anuncia que Estados Unidos tutelará una transición encabezada por la vicepresidenta de Maduro, y declara que no cuenta con Corina Machado. En estos momentos de confusión, selecciono aquí algunas de las reflexiones que a lo largo de este 3 de enero he podido leer en las redes sociales:


Olga Rodríguez: Los bombardeos y ataques de EEUU ilegales contra Venezuela, la injerencia militar y el secuestro de Maduro y su esposa constituyen un claro crimen de agresión, en  términos de derecho internacional. Es otra grave violación del derecho internacional en un contexto de consolidación del brutalismo militar, de la ley del más dispuesto a usar la fuerza bruta, sin reglas.


Carlos Bardem: El premio de la paz de la FIFA, jaleado por la Premio Nobel de la Paz, bombardea, secuestra y prepara el saqueo de otro país. Cualquier ficción de derecho internacional acaba aquí. Vuelve el Imperialismo del XIX. Lo que sigue está en los libros de historia.


Ernesto Ekaizer: Es el petroleo ¡estúpido! Las primeras reservas mundiales (300.000 millones de barriles) son de Venezuela, incluso más que Arabia Saudí (número 2) y Canadá (número 3).


Rosa María Artal: O sea que se van a quedar en Venezuela y van a dirigir la transición y cuando ya hayan robado todo lo que haga falta, van a tomar el mando de las petroleras para hacerlas más rentables y ya pensarás si se van. Vaya emplasto democrático verdad?


Juan Carlos Monedero: Ofreció a Trump privatizar el petróleo y dárselo barato. Trump le ha dicho en la rueda de prensa imperial: "barato no, lo quiero como yo lo quiera. Y tú, pobre diabla, no me puedes garantizar nada". Roma no paga traidoras.Y como Trump no quiere tampoco pagar con vidas de marines una invasión y faltar a su promesa electoral, sabe que no puede olvidar que el chavismo sigue mandando en Venezuela. En el mundo de Trump no hay leyes ni derecho: solo negocios.


Paloma del Río: Después de lo que ha ocurrido hoy, ando buscando el derecho internacional por algún lado pero no lo encuentro....


José Antonio Troyano: Si Putin secuestra a Zelenski el martes (cosa que ya intentó en 2022), dejando al vicepresidente ucraniano seguir en el poder, ¿cuánto creéis que tardaría Europa en reaccionar militarmente? Lo digo porque Trump hoy concedió el derecho de Pernada a Putin-Ucrania y a Xin-Taiwan.


Lourdes Lancho: Resumen. Van a gobernar Venezuela, se quedan el petróleo, no descartan entrar por tierra si hace falta. A Corina Machado no la quieren. Y que Cuba se vaya preparando. Ya lo dijeron en su documento estratégico y lo están haciendo, así de claro. Dominar el hemisferio occidental


Enric Juliana: Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, documento emitido a finales de noviembre.

Controlar todo el hemisferio occidental.

Se está cumpliendo el programa. 

Siguiente objetivo: desmantelar la Unión Europea.


Laura Arroyo: A ver qué dicen ahora los “demócratas” que hacen equidistancia entre invasor y país invadido porque “se recupera la democracia en Venezuela” o porque la situación era “inasumible” cuando Trump anuncia que los EEUU van a gobernar un país que no es el suyo.


Pedro Blanco: Resumen no oficial de la rueda de prensa. Vamos a gobernar Venezuela hasta que nos hagamos más ricos. Vosotros creéis que vamos a llevaros la libertad pero en realidad vamos a llevarnos vuestro petróleo. Creo tanto en la democracia que ya os voy a decir yo quién puede gobernar.


Cerraré con esta frase de Eduardo Galeano: Cada vez que Estados Unidos “salva” a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio. 


J.T.

viernes, 2 de enero de 2026

Dinamarca retira los buzones y cierra Correos como servicio público


¿Cuándo fue la última vez, querido lector, querida lectora, que le escribió usted una carta a un ser querido? Una carta de aquellas largas en las que le contábamos lo que habíamos hecho en el día a nuestros padres, a nuestros hijos o a la persona con la que andábamos de novios. Cartas desde la mili, desde el internado, desde el lugar a donde habíamos emigrado para buscarnos la vida. Cartas que las abuelas besaban cuando las recibían y que los nietos más avispados les leían en voz alta: “Queridos padres, me alegraré que al recibo de la presente os encontréis bien. Yo bien A.D.G. (que quería decir gracias a dios)"


No hace tanto tiempo de esto, apenas algo más de una generación. Pero ya es historia. Ya no nos escribimos cartas, ya no escribimos direcciones en los sobres, ni pegamos en ellos el sello correspondiente antes de pasar la lengua por la solapa posterior, escribir el remite y cerrarla con el mayor de los amores. Ya hace mucho que no acudimos a depositarla en el buzón más cercano. Por cierto, ¿saben ustedes dónde está el buzón amarillo más cercano a su casa? 


En Dinamarca los buzones son rojos, pero en pocos días desaparecerán de sus calles porque las autoridades han decidido que, desde el pasado día uno de enero, ya no se recogen ni reparten más cartas. El Correos danés desaparece como servicio público. El que quiera mandar o recibir cartas que haga lo mismo que con los paquetes, que recurra al mundo comercial de la mensajería. Otra triste victoria más de los tiempos que corren. Cuatrocientos años de historia desaparecen así de un plumazo en este país escandinavo.


Las autoridades se amparan en los datos: de 1.500 millones de cartas enviadas en el año 2000, la cifra ha bajado hasta 122 millones en 2024, según cuenta hoy Josep Fita en La Vanguardia. Más de un 90 por ciento de caída. En España, los envíos postales han descendido un 64 por ciento en los últimos diez años, según cifras de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Los números, siempre tan poco sentimentales, certifican lo que llevamos tiempo percibiendo a diario, que ya no nos escribimos, que ya no se envían postales en los viajes, ni tarjetones por navidad, ni felicitaciones de cumpleaños. Se acabó. 


Aunque Dinamarca es el primer país en tomar la decisión de hacer desaparecer Correos como servicio público, otros como Australia, Alemania, Reino Unido o Canadá ya apostaron en su día por recortar servicios, reducir días de entrega o incluso liberalizar parte de la actividad, pero sin eliminar de momento el reparto nacional de cartas). Todo llegará. Demasiado costoso, dicen, demasiado lento para los tiempos que corren. Ahora todo es inmediato, se acabó esa magia de esperar la llegada del cartero, lo siento señora, hoy no tengo carta para usted, ya no hay huella en ningún papel que conserve lo que nos dijimos, no hay cajones llenos de sobres amarillentos que alguien encontrará dentro de treinta años. Tampoco caligrafía que delate el estado de ánimo, ni tachones, ni manchas de café. 


Igual que en su día debió dejar de ser rentable fabricar relojes de cuerda o mantener abiertos la mayoría de los cines de barrio, parece que ha llegado el momento de cuestionar la existencia de los carteros. Mal asunto reducir a términos de rentabilidad un servicio ciudadano. Enviarnos cartas era una opción que muchos llevamos desaprovechando desde hace bastante tiempo. Demasiado castigo que nos priven para siempre de la posibilidad de volver a utilizarla. Hoy ha sido Dinamarca, pero conocemos bien aquello de las barbas del vecino. Las cartas tenían vida propia y un indiscutible punto poético que ni los guasaps ni los avances que le sucedan podrán proporcionarnos nunca. No es una buena noticia que los buzones desaparezcan. 


J.T.

jueves, 1 de enero de 2026

Quién es y qué ha prometido el flamante alcalde de Nueva York



Se llama Zohran Mamdani, tiene 34 años y este primero de enero de 2026 ha tomado posesión de su cargo. Musulmán, de izquierdas y nacido en Uganda, arrasó contra pronóstico en las elecciones municipales del pasado 4 de noviembre al conseguir más del 50 por ciento de los votos de los neoyorkinos. Tiene todas las papeletas para convertirse en un personaje cuyas decisiones y actuaciones no van a pasar desapercibidas. Le dedicaremos pues unas líneas a recordar quién es y de dónde viene.


Su madre, Mira Nair, de nacionalidad india, es una de las más grandes cineastas de su país; su padre, Mahmood Mamdani, es historiador, politólogo y profesor de la Universidad de Columbia. El pequeño Zohran creció pues en la encrucijada de dos legados, el del cine comprometido y el del pensamiento crítico, dos formas de resistencia al olvido y al orden establecido.

    

Entre las principales propuestas de Mamdani como candidato a la alcaldía de Nueva York están:

- Crear 200.000 pisos de vivienda social con impuestos a los ricos.

- Supermercados comunitarios de propiedad municipal con alimentos asequibles

- Salario mínimo de 30 dólares la hora.

- Cuidado infantil totalmente gratuito hasta los 5 años.

- Autobuses completamente gratuitos en toda la ciudad.

- Prohibir Airbnb. 

- Reducir el gasto policial y transferirlo a programas comunitarios sobre salud. mental y contra la pobreza.


Pero hay más:

- Congelar los precios de los alquileres.

- Comida asequible en nuevas tiendas.

- Aumentar un 2 por ciento los impuestos a los multimillonarios.

- Aumentar la tasa de impuestos corporativos de la ciudad. 

- Arrestar a Netanyahu si entra en New York City y oponerse a todas las políticas de Donald Trump.


Durante el período transcurrido entre este primero de enero y el día en que ganó las elecciones, Mamdani ha aprovechado para hacerse visible participando en mítines no electorales o apoyando por ejemplo, junto al senador Bernie Sanders, las huelgas de los trabajadores de Starbucks. Se ha dejado ver también repartiendo chocolate caliente a inquilinos con problemas en sus alquileres, ha mantenido reuniones con trabajadoras de guarderías para hablarles de su plan de cuidado infantil universal y ¡oh, sorpresa! se ha entrevistado con el presidente Trump en la Casa Blanca.


Para asombro del mundo, ambos exhibieron durante el encuentro una insólita sintonía que ya veremos en qué queda con el paso del tiempo. Durante la campaña, Mamdani había prometido convertirse en “la peor pesadilla de Donald Trump”. Y no faltaban motivos para creerlo dado que siendo socialista, inmigrante, musulmán, significaba todo aquello que el trumpismo ha usado durante años como espantajo electoral. Trump, fiel a su estilo, respondió calificándolo de "comunista" y amenazando con cerrar el grifo de los fondos federales si la Gran Manzana caía en sus manos. El choque de trenes parecía inevitable, pero fue conocerse en persona y todo cambió, o al menos eso quisieron ambos que pareciera a tenor de las sonrisas, los elogios cruzados y las declaraciones sobre propósitos compartidos. Hay quien lo explica argumentando que Trump suele respetar, al menos en principio, a los ganadores. Veremos.


Mamdani, eso es cierto, es un ganador indiscutible. Nada más dar comienzo este año 2026 tomó posesión de su cargo en una ceremonia casi clandestina en una estación de metro abandonada, con la mano sobre el Corán. La mayoría ciudadana que lo votó celebra alborozada que un joven que se parece más a sus camareros y repartidores que a sus banqueros lleve a partir de hoy el bastón de mando de la metrópoli con el titánico reto de gestionar nada menos que la ciudad de Nueva York. Palabras mayores.


J.T.


miércoles, 31 de diciembre de 2025

El mundo en manos de un fanfarrón



Lo peor que le ha pasado a 2025 ha sido Donald Trump. No hay guerra, crisis económica ni catástrofe natural que iguale el daño humano, político y moral que supone que el hombre más poderoso del planeta haya vuelto a ser este fanfarrón sin modales, sin empatía ni respeto alguno por la verdad. Un personaje que confunde gobernar con amenazar, negociar con chantajear y liderar con humillar. No hay hecho más luctuoso, ni noticia más deprimente para quienes aún creemos en la dignidad de las instituciones, que ver cómo este matón de patio ha regresado a la Casa Blanca y vuelve a tener a su cargo la maleta nuclear. Un espanto. 


Este primer año de su segundo mandato ha sido un máster acelerado en degradación democrática. Trump ha vuelto para vengarse y para exhibir su catálogo de bajezas. Hemos ido viendo, con estupefacción y asco infinito, sus bravuconadas diarias en redes sociales, donde confunde la geopolítica con un programa de telerrealidad de ínfima categoría; también chantajes inquietantes a los aliados de la OTAN y amenazas comerciales al mundo entero con los dichosos aranceles cuyos porcentajes cambiaban en función de su estado de ánimo. Un sinvivir.


Sus discursos son cada vez más una sucesión de mentiras descaradas, medias verdades y exageraciones grotescas. No parece que tenga el más mínimo interés en parecer un estadista. Cada amenaza lanzada contra algún aliado, cada insulto a organismos internacionales, cada gesto de desprecio hacia los derechos humanos refuerza una idea devastadora: que la amoralidad tiene premio, que las normas son un estorbo y que el poder solo lo merece quien se atreve a usarlo sin complejos. 


¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí? ¿Qué hemos hecho para merecernos esto? Horrible el efecto dominó que ha generado el proceder de este chulo de discoteca. Su regreso solo ha servido para encanallar mas aún las relaciones internacionales, institucionalizar la crispación y reírse en la cara del mundo entero al tener la desfachatez de reclamar el premio Nobel de la Paz. Desde las capitales europeas hasta el Cono Sur, los aprendices de dictador andan envalentonados desde su regreso. Si el jefe del imperio insulta, ellos ladran; si él desprecia los derechos humanos, ellos los trituran. 


El primer año de esta segunda era Trump ha sido una sucesión de ataques a la prensa, purgas en la administración y un uso del poder tan zafio que se agotan los calificativos cuando nos ponemos a hablar de ello. Y todavía nos quedan tres años! Feliz 2026, queridos lectores!


J.T.

martes, 30 de diciembre de 2025

Por qué nos fiamos cada vez menos de lo que cuentan los periódicos



Se me caen los periódicos y las revistas de las manos. Literalmente. Empiezo a leer y, a las pocas líneas empiezo a tener la sensación de que me toman el pelo descaradamente. Me pasa igual con las radios, antes me quedaba alguna, ahora ni eso: no hay mañana en que no la apague cabreado. Prensa y radio me cuentan las cosas tarde, sesgadas, jerarquizadas de manera tendenciosa y opinadas. De la televisión mejor ni hablamos. Ni siquiera en tve, donde últimamente parece que han mejorado algo las cosas, los informativos acaban de gustarme. 


Durante décadas el periodismo fue un lugar al que acudir para entender el mundo. No para que te dieran la razón, sino para ayudarte a pensar. Hoy, en demasiadas ocasiones, se ha convertido en un altavoz de consignas, un campo de batalla partidista o, peor aún, el eco barato de lo que ya circula sin control por las redes sociales. La confianza de la ciudadanía en los medios tradicionales no deja de caer. El consumo de prensa escrita se desploma, las audiencias de la tele, también de la radio, envejecen y los jóvenes se informan mayoritariamente en los móviles a través de plataformas colonizadas por los malditos algoritmos.  


Los titulares de la mayoría de los periódicos se diseñan para provocar indignación confundiendo por sistema información con opinión, muchas informaciones sustituyen el contraste por el clic fácil… En resumen, que todo esto es pan para hoy y hambre para mañana en un oficio cuya razón de ser ha sido siempre, y necesita seguir siéndolo, respetar a las personas a quienes nos dirigimos, no publicar algo hasta tenerlo definitivamente contrastado, tampoco ahorrarnos lo que molesta ni jamás exagerar algo de manera gratuita.


El problema no es solo económico, aunque también, las redacciones precarizadas, los periodistas mal pagados, la dependencia excesiva de la publicidad y de intereses empresariales o políticos... Todo eso pesa, pero hay algo aún más grave, la renuncia a la responsabilidad. El periodismo no está para competir con Twitter o TikTok, sino para hacer lo que ahí no se hace, es decir, contextualizar, verificar, explicar, incomodar al poder en definitiva.


En España arrastramos además un vicio añadido, que es el alineamiento descarado. Los medios funcionan como trincheras ideológicas. No informan para ciudadanos, sino para parroquias, con lo que alimentan la polarización y empobrecen el debate público. En consecuencia, el lector, el oyente o el espectador que busca datos y argumentos para formarse su propia opinión acaba marchándose apenas percibe que le están vendiendo descaradamente motos infumables.


¿Qué hacer entonces? La respuesta no es sencilla, pero existen puntos innegociables. El primero sería no renunciar jamás a la honestidad intelectual, decir lo que se sabe, reconocer lo que no y separar nítidamente información y opinión. Un segundo aspecto sería, como decíamos más arriba, no olvidar nunca que nos debemos al lector y a nadie más; y el tercer punto de partida sería no olvidar nunca que las cosas que pasan hay que contarlas tal como son y punto, sin adornos ni restricciones. A corto plazo, actuar así puede que no resulte rentable pero será la única manera de salvar el oficio.  


El periodismo no puede competir en velocidad con las redes sociales, ni tiene por qué intentarlo. Si los medios quieren que el lector no pierda la fe, tienen que empezar por merecerlo.Y eso implica no renunciar jamás a lo que siempre fue una de las reglas de oro del oficio periodístico, que la credibilidad tenemos que ganárnosla, a pulmón, cada día. Feliz año!


J.T.


lunes, 29 de diciembre de 2025

Lenguas de serpiente, ayer y hoy



"Hombre blanco hablar con lengua de serpiente", cantaba Javier Krahe en 1986, refiriéndose a Felipe González. Una vez se vio en el poder, el entonces presidente “socialista” del gobierno de la nación, el hombre que prometió sacar a España de la OTAN, decidió mantenernos en la Alianza Atlántica convocando un referéndum tramposo. González, el gran converso, nos tomó el pelo a los ingenuos cuervos que le creímos.


“Tú decir que si te votan

Tú sacarnos de la OTAN,

Tú convencer mucha gente,

Tú ganar gran elección,

Ahora tú mandar nación,

Ahora tú ser presidente.

Hoy decir que es alianza

Ser de toda confianza

Incluso muy conveniente,

Lo que antes ser muy mal

Permanecer todo igual

Y hoy resultar excelente.

Hombre blanco hablar con lengua de serpiente”


Esto contaba Krahe en una canción cuya emisión llegó a ser prohibida en algún programa de TVE, la única televisión que por entonces existía en España. Desde aquellos momentos hasta ahora, casi cuatro décadas más tarde, el fantasma de esa serpiente reaparece en el Gobierno de Pedro Sánchez, con Margarita Robles como maestra de ceremonias ¡Por Manitú!, que dirían los indios de Krahe, ¡la historia se repite siempre! 


El pasado mes de septiembre, el Ejecutivo aprobó un Real Decreto-ley que consolidaba el embargo de armas a Israel, prohibiendo importaciones y exportaciones en respuesta al horror en Gaza. Sánchez aparecía así como paladín de la paz, cortando lazos con el Gobierno de Netanyahu. Pero, ¡ay, la realidad! Tres meses después, en el último Consejo de Ministros del año –el pasado 24 de diciembre, víspera de Nochebuena, con nocturnidad y alevosía navideña–, autorizaron transferencias de "material de defensa y doble uso" procedente de Israel para Airbus.


Margarita Robles ha defendido este lunes, en una entrevista en La Hora de la 1 esta decisión asegurando que no hay contradicción, que no se trata de armamento sino de material industrial, que "no es política militar sino cumplimiento de contratos". El lenguaje vuelve a retorcerse hasta hacerle perder cualquier rastro de honestidad. La ministra de Defensa sabe muy bien, como lo sabe el presidente del Gobierno, que no es honesto justificar negocios militares con un Estado genocida mientras se proclama una política exterior basada en los derechos humanos. No se puede condenar la violencia en abstracto mientras por la puerta de atrás se mantiene un flujo de material que contribuye a sostenerla. No se puede hablar de legalidad internacional y, al mismo tiempo, buscar excepciones, cláusulas y atajos para no molestar a los grandes intereses industriales y geopolíticos.


Aquí es donde Krahe vuelve a cobrar sentido. Su canción "Cuervo ingenuo" no atacaba solo a Felipe, sino a la desprejuiciada lógica política de quienes creen que el electorado olvida, que basta con cambiar el relato, que las palabras pueden sustituir indefinidamente a los hechos. Felipe González fue el gran normalizador de esa cultura política en la España democrática. Margarita Robles es hoy una de sus herederas más disciplinadas.


"Cuervo ingenuo no fumar la pipa de la paz con tú", rezaba el estribillo. Hoy, esos cuervos somos nosotros, votantes engañados una vez más por gobernantes como Sánchez y Robles, que repiten el guión felipista de hace cuarenta años. Si González nos vendió la OTAN como "conveniente", ahora nos cuelan excepciones armamentísticas como "inevitables". 


“Mujer blanca hablar con lengua de serpiente”, cantaría hoy Krahe. ¡Por Manitú!


J.T.

domingo, 28 de diciembre de 2025

¡Larga vida a la RTVE de 2025!

José Pablo López, presidente de la Corporación RTVE


Televisión Española ha resucitado. Después de años de languidecer con audiencias mediocres, este 2025 que ahora acaba la televisión pública ha vuelto por fin a ser una cadena competitiva, plural y, sobre todo, útil para la ciudadanía. Lo ha hecho cumpliendo aquello para lo que fue creada: funcionar como el servicio público que es.


El artífice principal de esta transformación es José Pablo López, presidente de RTVE desde diciembre de 2024. Expulsado en su día de la dirección general de Telemadrid por Isabel Díaz Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez, López ha apostado tanto en TVE como en RNE por la gestión eficiente, el uso discreto pero eficaz de las redes sociales y por responder de manera respetuosa y documentada durante sus comparecencias parlamentarias tanto en el Congreso como en el Senado. Sus contestaciones nunca crispadas, en ocasiones salpicadas de fina ironía, han hecho furor en redes y aumentado la cifra de su número de seguidores. En apenas un año ha conseguido zarandear un gigante dormido, infestado de reticencias internas, apostando por aplicar mentalidad práctica, siendo resolutivo allá donde podía y siguiendo un orden de prioridades que según parece está funcionando. 


Los datos hablan por sí solos y desmienten a quienes intentan minimizar el éxito. En noviembre de 2025, La 1 alcanzó un 12,3% de share, su mejor noviembre en catorce años, con un crecimiento de 2,1 puntos respecto al año anterior. Aunque en los Servicios Informativos queda aún bastante trabajo por hacer, aún así los telediarios han vivido también su mayor subida histórica el mes pasado. Apuestas como “Ena” han supuesto un rotundo éxito, con el mejor estreno de una serie histórica en La 1 en los últimos 12 años, e incluso apuestas arriesgadas como “Aria, locos por la ópera”, un talent show de música clásica en prime time, han demostrado que TVE puede atreverse a innovar sin renunciar por ello a la calidad cultural. Los centros territoriales, reforzados con nuevos horarios y mayor proximidad, han visto también cómo sus informativos crecen en audiencia superando la de muchas televisiones autonómicas en lugares donde gobierna el Partido Popular. 


La audiencia importa, claro que sí, sobre todo porque dota de autoridad moral y sostenibilidad económica al medio que la consigue, pero no es el único objetivo. El verdadero objetivo de una televisión pública ha de ser ganarse el respeto de la ciudadanía con una oferta honesta y plural. Lo están consiguiendo, y por eso la derecha ultra y la ultraderecha están que se suben por las paredes. Los mismos que no toleran en las televisiones autonómicas de las comunidades donde gobiernan ni el diez por ciento de la pluralidad que ofrecen debates en programas de actualidad como Mañaneros 360, La Hora de la 1 o Malas lenguas, esos mismos tienen la desfachatez de llamar a TVE “Telepedro”.


Amenazan, intentan desacreditar, insultan… Vox ha hablado abiertamente de entrar “con motosierra o lanzallamas” en Prado del Rey y el PP ha alimentado bulos sobre manipulación de audímetros y ha cuestionado la independencia justo cuando TVE es más atractiva y competitiva que nunca. Están desatados porque las derechas nunca han querido ni querrán una televisión pública fuerte y para todos. Lo que les interesa es una oferta débil que aburra y traslade la audiencia a unas televisiones privadas cada día más impresentables. El mismo mecanismo que con la Sanidad, el mismo que con la Educación: cabrear con la ineficacia de lo público para que nos rindamos y no nos quede más remedio que acudir a lo privado y allí nos desangren ya sea el bolsillo o el cerebro.


Sin vergüenza alguna, ya han anunciado que apenas lleguen a la Moncloa no dejarán títere con cabeza. Habrá que trabajar pues para que no lo consigan. Mientras tanto, disfrutemos de esta televisión cuyos gestores y muchos de sus profesionales han demostrado que, cuando uno se remanga y se pone a la tarea, doce meses pueden dar para mucho. Estoy seguro que, si se mantienen durante todo el año 2016, podremos llevarnos más sorpresas agradables en materia de programación y honestidad informativa. TVE es un monstruo donde cualquier decisión ejecutiva ha de sortear múltiples dificultades burocráticas que impiden avanzar con rapidez. Como ocurre con los automóviles, arrancar cuesta. Diríase que han puesto primera y segunda y están a punto de poner tercera velocidad. Si la lentitud en los avances no ha impedido que se perciban ya resultados, no quiero ni imaginarme lo que puede llegar a ocurrir cuando coloquen la directa. Por eso las derechas están peleando con todas sus fuerzas para que eso no llegue a suceder.


Si continúan así, no creo que sea muy descabellado aventurar que conseguirán convertirse en líderes de audiencia por encima de cualquier otra oferta televisiva. Acaban 2025 en el segundo lugar del ranking, no demasiado lejos ya de Antena 3. Por eso los ejecutivos de las privadas andan de los nervios buscando cómo evitar que TVE continúe disparándose en aceptación y reconocimiento. La tele pública demostrando que apostar por lo público merece la pena y puede funcionar, es un "mal precedente", algo que quienes mueven los hilos de todo el tinglado político y económico no están dispuestos a tolerar. Mis mejores deseos en 2026 para quienes en este año que ahora acaba me han hecho reconciliarme con la televisión pública.


J.T. 



Programa de la derecha ultra y la ultraderecha


Principales promesas electorales, unas más confesables que otras

(Reconozco que puede parecer una transcripción algo burda, pero voy con ello):


Por un lado, impido que la juventud tenga cualquier plan de futuro con pisos por las nubes, sueldos de chichinabo y horizontes cada vez más apocalípticos.

Por otro, meto el miedo en el cuerpo a los mayores amenazando sus pensiones.


Por un lado, demonizo el aborto y aliento concentraciones frente a las clínicas que lo practican.
Por otro, no impulso ni una sola política que facilite que las parejas puedan tener hijos.


Por un lado, cierro a cal y canto las puertas a la inmigración.
Por otro, convenzo a los pobres de que la culpa de sus desgracias la tienen quienes son todavía más pobres, para que se peleen entre ellos y no tengan tiempo de pensar en las putadas que les hago.


Por un lado, me desentiendo de los más desfavorecidos y de su educación.
Por otro, hago crecer los colegios privados y concertados como setas. Y si son del Opus, mejor que mejor.


Por un lado, lleno la judicatura de hijos de papá, en el sentido más literal del término.
Por otro, me dedico a delinquir con la tranquilidad que da saberse protegido.


Por un lado, me invento una policía patriótica para vigilar a los díscolos.
Por otro, creo medios de comunicación centrados en la desinformación y compro periodistas que difundan bulos como si no hubiera un mañana.


Por un lado, convenzo a la monarquía de que le conviene estar de mi parte.
Por otro, se me llena la boca de patria, himno y bandera.


Lleno la vida social de supercherías sectarias: da igual que sean de la religión dominante, de los evangélicos, del Opus o de Hakuna; lo importante es que manipulen bien y me hagan el trabajo sucio.

Me cargo las autonomías.
Ilegalizo los partidos nacionalistas.
Acabo con las ONG.

Dejo de preocuparme por las personas con discapacidad.

Cierro los recursos de ayuda a las mujeres víctimas de la violencia de género.
Promuevo hospitales privados y concertados con dinero público y abandono la sanidad pública.
Nada de derechos laborales ni seguros sociales para quienes limpian casas por horas.
Bajo los impuestos a saco, como si no hubiera un mañana.
Fuera la ley de dependencia.

Recupero la ley contra vagos y maleantes.
Se acabó “tanta historia” del mundo LGTBI.
Termino con el matrimonio igualitario.
Me cargo, por supuesto, la ley del solo sí es sí.
Salario mínimo congelado.
El cambio climático no existe.
Nada de energías limpias.


Y ya estaría: MAYORÍA ABSOLUTA.


P. D. Ríanse, pero aunque hoy sea el Día de los Inocentes, muchas de estas propuestas figuran en el programa electoral de Vox y bastantes, algo más disimuladas, en el del PP.


J.T.