miércoles, 13 de mayo de 2026

Lamine Yamal y la bandera palestina


La verdad es que la foto posee una fuerza descomunal. Como ha quedado demostrado desde que sucedió, Lamine Yamal enarbolando la bandera palestina en el autobús descapotable donde el Barça celebraba haber ganado su campeonato de Liga número 29 es una imagen potente, pero que muy potente. Y eficaz ¿Cuántos discursos políticos, cuántos editoriales de periódico, cuántos programas de televisión hacen falta para conseguir un impacto similar?


El gesto de Lamine tiene mucho más valor que si lo hubiera realizado cualquier otro de sus compañeros, las cosas como son. La gran joya del fútbol español y europeo, el rostro comercial de la próxima década, un futbolista destinado a protagonizar mundiales, Balones de Oro, contratos astronómicos, reivindicando Palestina en plena “rúa”. Impactó porque lo hizo a sabiendas de que le puede costar caro, si tenemos en cuenta la carencia de escrúpulos y prejuicios de los inabarcables poderes que apoyan a Israel y su genocidio. Que le pregunten a según qué actores y actrices Hollywood, por ejemplo.


No tardaron en salir a la palestra los guardianes de la neutralidad deportiva cuando se percataron del gesto de Lamine, los viejos predicadores que defienden que “el fútbol no debe mezclarse con la política”. Siempre que se trate de a Palestina, claro, porque si Messi se fotografía con Trump, eso no es política, ¿verdad? Ni que Laporta lo haga con una bandera de Israel, ni que Carvajal le niegue la mano a Pedro Sánchez. En fin.



Me llamó la tención que Hansi Flick lo criticara (“No me gustan estas cosas, nos dedicamos a jugar al fútbol”, dijo, aunque añadió que “respetaba la decisión del jugador”) y me alivió escuchar a Guardiola defendiéndolo. Vamos a ver si nos dejamos de tonterías: el fútbol jamás estuvo separado de la política, ni en los Mundiales organizados por dictaduras, ni en los himnos, ni en las banderas, ni el día a dia de tanto tejemaneje infame. Estados multimillonarios utilizan los clubes de fútbol como herramientas diplomáticas, ¿qué nos quieren venir a contar tanto sepulcro blanqueado que se rasga las vestiduras con el gesto de Lamine?


Se ponen de los nervios cuando el símbolo que se exhibe incomoda a los más poderosos contribuyendo así a remover las conciencias de quienes tienen poca información de la canallada genocida que sufren los palestinos. Van más de 72.000 muertos en Gaza, según distintas estimaciones citadas estos días en medios internacionales, de ellos 20.000 niños asesinados. Hay millones de seres humanos desplazados, hospitales arrasados, periodistas asesinados, ciudades convertidas en polvo, y nos van a venir ahora con que el escándalo es un futbolista joven con una bandera en un autobús.  


Con un  padre marroquí, madre ecuatoguineana, musulmán, catalán, estrella del Barça e ídolo de los adolescentes en más de medio planeta, la estrella con más futuro del fútbol español tiene exactamente la cara que más irrita a quienes siguen soñando con una identidad nacional congelada en blanco y negro. Su gesto no venía de un activista sino de un chaval que actúa con naturalidad a la hora de hacer lo que cree que debe hacer, por eso resultó todavía más potente.


Israel, conviene aclararlo, posee una gigantesca capacidad de presión política, mediática y diplomática en buena parte del mundo occidental. Cualquiera que cuestione públicamente la actuación de su gobierno se expone a campañas de descrédito y acusaciones sistemáticas de antisemitismo. Señalamientos, vetos silenciosos, presiones, algo que en el mundo del fútbol importa muchísimo porque estamos hablando de una industria global que mueve miles de millones, patrocinadores, federaciones, organizadores, televisiones, marcas, fondos de inversión… Todo el mundo toma nota, Yamal lo sabe, su entorno lo sabe y el Barça también.


Podría haberse limitado a sonreír, bailar reguetón sobre el autobús y repetir frases vacías de manual corporativo, pero decidió tomar partido. Con 18 años, en vísperas además de una etapa decisiva para su carrera internacional, con el Mundial asomando en el horizonte y con media industria futbolística contando con el como una de las grandes imágenes comerciales del torneo. No es un detalle menor.


Parece claro que el fútbol continúa siendo el gran idioma popular del planeta, mucho más influyente que la mayoría de parlamentos y más eficaz que toneladas de discursos institucionales. Un solo gesto en un estadio puede llegar más lejos que cien ruedas de prensa diplomáticas. Lo saben las marcas, lo saben los gobiernos, lo saben las dictaduras y también quienes luchan por causas humanitarias. Todos saben que un muchacho con 42 millones de seguidores en Instagram levantando una bandera palestina supone un acontecimiento en toda regla y una demostración de que la propaganda ya no puede controlar las cosas que se empeñan en ocultarnos. 


De pronto, miles de chavales que solo hablaban del Barça han acabado preguntándose qué demonios está pasando en Gaza. Por eso el gesto de Lamine Yamal adquiere potencia política, porque ayuda a romper la normalización de la barbarie. Quienes sufren bajo las bombas necesitan no ser borrados del imaginario colectivo, no convertirse en ruido de fondo, no desaparecer bajo toneladas de propaganda, cinismo y cansancio informativo. Ojalá este gesto de Lamine Yamal no quede como una excepción, ojalá que de aquí en adelante no tengamos que seguir valorando como algo extraordinario que una figura pública pueda solidarse sin problemas con una población masacrada. 


J.T.

En la muerte de “El Cabrero”



Barba cerrada, bastón, aspecto de pastor serrano y una actitud completamente alejada del artista comercial. Cantaba seguiriyas, soleás y tonás con estilo muy áspero y profundo y se hacía llamar “El Cabrero”. En los últimos años de la dictadura se convirtió en un referente con letras combativas, libertarias y profundamente críticas con el poder, la injusticia social y el franquismo. Militaba en la rebeldía dentro del flamenco, y jamás se desprendió de sus raíces jornaleras y anarquistas.  


Este miércoles ha muerto en Aznalcóllar (Sevilla), el pueblo donde nació hace 81 años. José Domínguez Muñoz, El Cabrero. Antes que artista fue pastor, cabrero de verdad, y nunca dejó de serlo del todo. Incluso cuando ya era una figura internacional del cante, seguía volviendo al campo del que salió su nombre artístico y su manera de cantar áspera, seca y sin adornos innecesarios. 


Nos enseñan a matar

Mucho más que a sembrar un árbol

Y los que nos rebelamos 

Solo nos queda gritar

¡Ni guerra, ni dios ni amo!


Estas cosas cantaba El Cabrero, que nunca entendió el flamenco como mero entretenimiento. Cantó sobre los jornaleros, la pobreza, la dignidad y la rabia de los olvidados. Tras la muerte de Franco continuó con su combate y convirtió el flamenco en un territorio de resistencia moral y política. Sus letras hablaban del campo andaluz porque él venía de allí y porque jamás quiso abandonarlo del todo. Tenía una voz imposible de domesticar, ni limpia ni académica según los puristas, pero completamente reconocible. Cuando cantaba por seguiriyas o por soleá parecía que estuviera discutiendo con el mundo entero.


No quiero ver injusticias ni miserias;

no quiero ver militares ni princesas;

no quiero ver dictaduras ni pobrezas;

no quiero ver religiones ricas, ni reinas.

Que sólo quiero yo ver a los pobres sin miseria;

a los ricos sin dinero desnudos en esta tierra;

a infinitos corazones unidos por el amor

y unidos contra la guerra.

A la sombra de mi sombra

me estoy haciendo un sombrero

pero voy a dejar de hacerlo

para luchar con dos güevos.


“A la sombra de mi sombra” se llamaba la pieza donde estaban incluidos estos versos, que resumían una mezcla de orgullo herido y resistencia íntima que solo él sabía sostener. Era el monólogo de un hombre que había decidido ir por la vida sin tener por qué pedirle permiso ni perdón a nadie. Ahí residía la mayor parte de su fuerza y así es como labró su carisma. 


Cantaba desde su mundo y conseguía convertir su experiencia campesina en poesía directa y amarga. Grabó tangos argentinos, colaboró con artistas alejados del flamenco ortodoxo e incluso compartió proyectos con figuras internacionales como Chick CoreaPeter Gabriel. Pero jamás perdió el acento de su tierra ni la garra de la sierra. Se convirtió, probablemente sin proponérselo, en un símbolo respetado también por quienes no compartían sus ideas, entre otras razones porque nunca suavizó su discurso ni pidió perdón por cantar como cantaba ni por pensar como pensaba.



Andalucía, qué mal vives!

Pueblo labraor y minero

Estás en manos de rateros

Que a su voluntad te exprimen

Siendo tan rico tu suelo.


Chapeau, admirado Cabrero! 


De las elecciones del próximo domingo en Andalucía, mejor ni hablamos, ¿verdad? Allá donde estés, no te cabrees demasiado con los resultados, que somos muchos los que seguiremos luchando en tu nombre y en tu memoria pase lo que pase. Tenemos mucho trabajo por delante, lo sabemos, pero nos vendremos arriba escuchando tus canciones.


J.T.

martes, 12 de mayo de 2026

La campaña electoral de José Ignacio García

Cartel electoral de "Adelante Andalucía" 


Representa una rara avis en la política andaluza. La figura de José Ignacio García, candidato a presidente de la Junta por la formación “Adelante Andalucía”, ha crecido en esta campaña autonómica del 17 de mayo porque se desenvuelve con la frescura y la naturalidad que tanto tiempo llevamos echando de menos en los políticos de esta tierra. José Ignacio no cuenta con ningún aparato estatal detrás, está muy lejos de la hipérbole institucional del PP y no tiene nada que ver con los modos y maneras de un PSOE que se piensa que puede vivir de las rentas. La manera de decir las cosas de García suena a verdad y conecta con el personal de a pie, esa es la clave. Un arte quizás sencillo, pero del que carecen la mayoría de los políticos de izquierdas de toda la vida. Su capacidad pedagógica, su franqueza, seducen. Hasta el punto de que algunas encuestas y análisis lo sitúan como el candidato mejor valorado de la campaña. 


José Ignacio García nació en Jerez de la Frontera en 1987, es psicólogo y orientador educativo de la pública y procede del activismo social, del 15M, del sindicalismo andaluz y de Anticapitalistas”. Participó en la construcción inicial de Podemos” en Andalucía y después en la fundación de “Adelante Andalucía” junto a Teresa Rodríguez. Su perfil político mezcla andalucismo de izquierdas, defensa de los servicios públicos, discurso social duro y una estética política distinta, menos institucional y mucho más cercana. 


Durante esta campaña electoral andaluza, José Ignacio ha conseguido destacar frente a sus adversarios. En los dos debates electorales retransmitidos por televisión ha dejado en evidencia a una María Jesús Montero muy por debajo de sus capacidades, a un Antonio Maíllo que no acertaba con el tono, un Moreno Bonilla que no disimulaba su escaso interés por estar en el plató y un fascista de Vox de cuyo nombre no quiero ni acodarme ¿Cómo ha conseguido esto? Veamos algunas de las posibles razones: 


Una, la autenticidad. Incluso medios poco cercanos ideológicamente reconocen que el candidato de “Adelante Andalucía” conecta con un electorado joven y desencantado porque, como decíamos más arriba, habla sin la rigidez clásica de la izquierda institucional. Utiliza las redes sociales sin parecer un community manager disfrazado de político y su lenguaje directo es reconocible y profundamente andaluz.  


En segundo lugar el andalucismo, pero no un andalucismo folclórico ni autonomista de despacho. García apuesta por una identidad política andaluza que combine conciencia territorial y agenda social. 


Tercero, la coherencia estética y política. Mientras otros candidatos se rodean de consultores que le dan medido lo que tienen que decir y lo que no, lo que tienen que hacer y lo que no, García parece haber apostado por una campaña humilde, callejera y emocional. La camiseta con los nombres de las 2317 mujeres afectadas por los fallos en los cribados de cáncer de mama se ha convertido en uno de los símbolos políticos más potentes de la campaña.  

Y en cuarto lugar, intenta construir un mensaje que cale en el común de la ciudadanía en vez de tirarse el día criticando y denunciando. Su discurso sobre vivienda, turismo, privatización sanitaria o universidades privadas ha encontrado eco porque está claro que conecta con los problemas cotidianos de buena parte de la población andaluza.  


Como candidato a la presidencia de la Junta por “Adelante Andalucía”, José Ignacio García parece haber entendido que la izquierda andaluza no puede sobrevivir hablando siempre el idioma de Madrid. Los medios con los que cuenta para dar a conocer el proyecto de su partido son claramente inferiores a los del resto de sus adversarios políticos. A ver cuando se abran las urnas el próximo domingo, hasta qué punto, y a pesar de luchar contra todo tipo de elementos adversos, ha conseguido que cale su mensaje.


J.T.

lunes, 11 de mayo de 2026

Cinco años ya sin Arcadi Oliveres


Había una vez un hombre que hablaba claro y hacía política sin aspirar a ocupar nunca ningún cargo institucional. Se llamaba Arcadi Oliveres i Boadella, era economista de formación y agitador de conciencias por vocación. Nació en Barcelona en 1945 y murió el 6 de abril de 2021 en su casa de Sant Cugat del Vallès, víctima de un cáncer de páncreas que afrontó con la misma entereza con la que había vivido, sin victimismo, con gratitud y sin perder la esperanza. El pasado sábado 9 de mayo en Sant Cugat, varias organizaciones (Centre Delàs, Justícia i Pau, Lafede y Unipau) organizaron un homenaje en su honor ahora que se han cumplido cinco años de su fallecimiento. 

Licenciado en Económicas por la Universidad de Barcelona y doctor por la Autónoma, Oliveres impartió clases a miles de alumnos que, gracias a él, descubrieron conceptos que jamás aparecían explicados en los manuales: decrecimiento, banca ética, comercio injusto, desarme, fiscalidad internacional o gasto militar. Desde las asambleas clandestinas del Sindicat Democràtic d’Estudiants y la Caputxinada de 1966 hasta la Assemblea de Catalunya, su trayectoria fue siempre la de un activista comprometido. Estaba vinculado a movimientos como Cristians pel Socialisme o Pax Christi y presidió Justícia i Pau de Barcelona durante trece años (2001-2014). 


Sus principales ideas eran tan sencillas como revolucionarias: 


1. El norte rico explota al sur

2. El gasto militar es un robo a la humanidad 

3. La deuda externa es un mecanismo de dominación 

4. El capitalismo, en su versión neoliberal, genera pobreza estructural. 


Durante décadas, en Catalunya Arcadi fue mucho más que un economista, un profesor universitario o un activista pacifista. Era capaz de entrar en un aula, en un centro cívico o en un teatro abarrotado y explicar con las palabras más sencillas cómo funcionan las cloacas económicas del planeta, por qué la deuda externa es una forma sofisticada de colonialismo o cómo el militarismo necesita del miedo para sobrevivir. 


Defensor del decrecimiento, de la banca ética, de la objeción fiscal al gasto militar y del 0,7% para cooperación, Oliveres procuraba no hablar ni escribir solo para especialistas. Sus libros, Diguem prou. Indignació i respostes a un sistema malat, ¿Quién debe a quién? (en colaboración con J.M. Alier), El meu camí cap a la utopia y, sobre todo, sus miles de conferencias por pueblos y ciudades, convertían la economía en herramienta de denuncia y esperanza. Era el maestro de la palabra activa, hablaba, explicaba, indignaba y, al final, convocaba a la acción. Con Teresa Forcades promovió el Procés Constituent apostando por una Catalunya independiente, republicana y de izquierdas. 


Su coherencia se forjó también en el dolor personal. En 2011, mientras el 15M llenaba plazas con consignas que él llevaba décadas defendiendo, Marcel, uno de sus cuatro hijos, fallecía de cáncer a los 28 años de edad. Arcadi no se amilanó, al contrario, continuó en la lucha y cuando en febrero de 2021 le diagnosticaron su propio cáncer terminal que acabaría con su vida en menos de dos meses, lo asumió con una serenidad pasmosa. “Son mis últimos días, pero son felices”, repetía. Murió rodeado de su familia y de un cariño popular que desbordaba cualquier tipo de etiquetas políticas. 


Entre las personas que intervinieron el pasado sábado en el homenaje en su honor celebrado en Sant Cugat del Vallès se encontraban personalidades como Adolfo Pérez Esquivel, Mónica Terribas, Neus Sotomayor, Xavier Domènec, Gemma Xarles o David Fernández. Tanto ellos como quienes asistieron al acto seguro que estarán de acuerdo si afirmo que Oliveres llevaba décadas promoviendo exactamente lo que practicaba: vivir sin odio, sin codicia y sin miedo. 


Frente al cinismo, decencia, defendía.
Frente al odio, pedagogía.
Frente al ego, compromiso.
Frente al negocio de la guerra, cultura de la paz. 


Ese era Arcadi.


J.T.

No se rinde un gallo rojo más que cuando está muerto


Puede que este domingo las derechas ganen en Andalucía, pero puede también que no, ¿o damos ya por descartada esta posibilidad y nos ponemos todos a llorar como Boabdil cuando perdió Granada? No entiendo esta especie de “resignación cristiana” que parece haber abducido últimamente a las izquierdas. Ni la entiendo ni estoy dispuesto a asumirla. Los escucho y concluyo que no están luchando para ganar, sino solo para que la derrota sea lo menos estrepitosa posible. Y no doy crédito mientras veo cómo Moreno Bonilla anda de mitin en mitin con una única preocupación, si conseguirá o no la mayoría absoluta.


¿En qué momento las izquierdas se dejaron comer el terreno hasta llegar aquí? ¿en qué momento la mayoría de los andaluces decidimos comprar el discurso hipócrita y torticero de un PP que nunca hubiera llegado al palacio de San Telmo sin las muletas de Vox en enero de 2019? ¿en qué momento los jornaleros de esta tierra, muchos más que los terratenientes, decidieron que votar a los señoritos convenía a sus intereses? ¿qué puñetera distopía es esta? La sanidad pública hecha unos zorros, listas de espera récord, pobreza y paro liderando las estadísticas nacionales y el personal votando a un candidato que miente más que habla.


Más de 200.000 andaluces esperan una operación con una media de 173 días, casi seis meses, el peor dato de toda España, y otros 850.000 aguardan consulta con algún especialista mientras se destinan cientos de millones a la privada y se tiene la desfachatez de presumir de eficiencia. Educación y dependencia siguen el mismo camino de degradación disfrazada de modernidad, la vivienda para los jóvenes una ruina, así como sus perspectivas de futuro. Pues nada, entras en un bar y de quien oyes hablar mal es de Pedro Sánchez, quedas con amigos y conocidos de toda la vida para tomar unas cañas y si tienes la mala suerte de que les dé por hablar de política más vale que te calles o que te marches. Poner a parir sin parar al gobierno de Sánchez se ha convertido en el deporte nacional. 


Como en la película Don't Look Up (No mires arriba,) protagonizada en 2021 por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence, el meteorito está a punto de caernos encima y no solo no nos apartamos sino que nos negamos a admitir su existencia. “Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad”, ¿cuántos telediarios le quedan a este himno de Andalucía? Mirad a Juanma y a su cuadrilla cuando lo cantan y veréis lo que les cuesta disimular los sarpullidos que les produce. Cuesta poco imaginarse lo que sucederá apenas los fascistas pillen un mínimo cacho de poder. 


Andalucía sigue liderando el riesgo de pobreza y exclusión social en España con un 35 por ciento, casi tres millones de personas; la pobreza infantil afecta a más del 40 por ciento de los menores andaluces, tenemos la renta per cápita más baja del país y el empleo creado sigue muy ligado a sectores precarios como el turismo, la agricultura o los servicios de bajo valor añadido, ¿de qué demonios se jactan pues Moreno Bonilla y sus palmeros? Uno de cada tres andaluces al borde de la exclusión y él presumiendo de locomotora económica.


Insisto, no entiendo cómo las izquierdas en Andalucía se han podido dejar comer la tostada hasta tal punto. Quiero seguir pensando que revertir esto ha de ser posible. Quiero creer que no será necesario sufrir, con mayor inquina aún, las políticas depredadoras de la ultraderecha para despertar de la hipnosis, que no será necesario continuar perdiendo lo que tanto costó conseguir y acabar llorando por la leche derramada para que salgamos del letargo.


Lo que pase en Andalucía este 17 de mayo influirá más pronto que tarde en lo que suceda en el resto del Estado. Cuando antes desenmascaremos a un Moreno Bonilla que se pasea por los pueblos perdidos engañando a los pensionistas poniéndoles ojitos y cara de cordero degollado, antes empezaremos a parar esta deriva ultra que va transmitiéndose de autonomía en autonomía y que, como no espabilemos, acabará fagocitándonos a todos.


El voto de izquierdas de toda la vida en Andalucía ha de recuperarse. Y es muy fácil, se trata de levantarse el domingo, ir hasta el colegio electoral y votar lo que hay que votar. Los señoritos son pocos y nosotros somos muchos más. Eso es lo que dicen las matemáticas, solo hay que trasladarlo a las urnas. Quiero pensar que aún mantienen su vigencia aquellos versos de Chicho Sánchez Ferlosio: “Gallo negro, te lo advierto/no se rinde un gallo rojo/más que cuando está ya muerto”.


J.T.

domingo, 10 de mayo de 2026

45 años del "caso Almería"

Lo voy a contar una vez más, ahora que se cumplen 45 años de aquel crimen imperdonable. Un joven almeriense que trabajaba en Santander llamado Juan Mañas decidió acudir en mayo de 1981 a la celebración de la primera comunión de su hermano pequeño, y aprovechó la ocasión para invitar a dos de sus amigos a conocer la tierra donde nació. 


Mientras atravesaban en coche la península de norte a sur, en Madrid tres militares mueren tras sufrir un atentado en la calle Conde de Peñalver esquina Goya. En algún lugar, alguien decidió que las caras de dos de los presuntos autores que aparecían en los periódicos ilustrando la noticia eran idénticas a las de dos de los tres jóvenes que viajaban de Santander a Almería. Ya en su tierra, Juan apenas tuvo tiempo de presentar la familia a sus amigos, Luis Cobo y Luis Montero, y dar una vuelta con ellos porque la guardia civil no tardó en detenerlos. Al poco tiempo, en el desierto de Tabernas-Gérgal y cercano a una carretera, apareció carbonizado el coche en el que llegaron a Almería con los cuerpos de los tres jóvenes destrozados y prácticamente irreconocibles. 


El teniente coronel Castillo Quero, que así se llamaba el jefe de la Comandancia provincial, y sus hombres declararon que cuando se proponían trasladar a Madrid a los tres detenidos, al poco de iniciar el viaje se vieron obligados a disparar a las ruedas del coche para que estos no escaparan; el automóvil cayó por un terraplén y, tras incendiarse, los tres murieron sin que ellos pudieran hacer nada por salvarlos. La explicación no podía ser más burda para un asunto tan espantoso. 


Una patata caliente más para el Gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) en aquella primavera de 1981, año que ya venía de por sí bastante cargadito: en enero había dimitido Adolfo Suárez, al mes siguiente tuvo lugar el intento de golpe de Estado en el Congreso de los Diputados (23F); poco después el Banco Central de Barcelona fue asaltado por un grupo armado que, tras encerrarse con casi trescientos rehenes, pedía la liberación de Tejero y de varios golpistas más; además, una intoxicación masiva producida por el consumo de aceite de colza causó la muerte de trescientas personas y afectó, con graves secuelas en algunos casos, a más de veinte mil…


Cuando Juan José Rosón, ministro del Interior, se vio obligado a comparecer para explicar qué demonios había pasado en Almería, lo calificó de “trágico error” y se quedó tan pancho. Costó mucho trabajo que la cosa no quedara ahí, dado que los intentos por correr un tupido velo desde instancias oficiales fueron muchos. Darío Fernández, el abogado que se hizo cargo del caso en nombre de las familias de las víctimas (consiguió que al teniente coronel y a dos de sus hombres se les condenara por tres delitos de homicidio) fue sometido a todo tipo de presiones y amenazas durante el tiempo que duró la instrucción del caso. 


Aunque los jueces denegaron la reconstrucción de los hechos, en la sentencia quedó probado que “el teniente coronel Castillo y sus hombres torturaron hasta la muerte a los tres detenidos en un cuartel abandonado llamado Casasfuertes y que posteriormente, y con el fin de intentar eliminar evidencias, despeñaron su vehículo por un terraplén, le dispararon numerosas veces y le prendieron fuego”.


Imagínense la sensación de impotencia de las familias de Cobo, Montero y Mañas. Durante un tiempo se llegó a insinuar que, aunque había sido un error, se trataba de delincuentes comunes. Cuando faltaban solo unos meses para que el PSOE llegara al poder, se intentó organizar un festival para recaudar fondos con los que ayudar a pagar los gastos judiciales. Entre otros, iban a actuar Paco Ibáñez y Carlos Cano, pero el gobernador civil de Almería prohibió el concierto. Así estaban las cosas en España cuando hacía ya casi siete años que había muerto Franco y la celebrada Transición estaba a punto de acabarse. 


Hasta 1999 no supimos que los tres condenados -por homicidio, que no por asesinato- estuvieron cobrando durante años con cargo a los fondos reservados. Y hasta enero de 2023, es decir, hasta hace solo tres años, a las familias no se les pidió nunca perdón. Les pedimos perdón “desde el corazón del Estado”, les dijo el secretario de Estado de Memoria Democrática tras entregarles tres diplomas de reparación en una acto celebrado en la Subdelegación del Gobierno de Almería. “No cabe justificación”, añadió la directora general de la Guardia Civil, “aquellos terribles hechos no deberían haberse producido jamás”“Demasiado tarde”, comentó Francisco, el hermano de Juan Mañas que iba a celebrar su primera comunión aquel 10 de mayo de 1981 y que ya cuenta cincuenta y cinco. 


Desde luego, es demasiado tarde para casi todo, pero no para luchar contra el olvido. En el lugar del crimen, un pequeño monumento recuerda lo sucedido, como lo hace también la película que Pedro Costa Musté dedicó al caso (protagonizada por Iñaki Miramón, Juan Echanove y Antonio Banderas, que se puede ver en Filmin), o los libros de Antonio Ramos Espejo, “Mil kilómetros al sur” y “Abierto para la historia”. 

Abierto sigue, dado que aquel juicio cerrado en falso (entre otras razones porque en los hechos participaron once guardias civiles y solo fueron juzgados tres) acabó –técnicamente- con la posibilidad de que algún día pueda saberse la verdad de lo que ocurrió y por qué ocurrió. Por eso este 10 de mayo, 45 años después, lo vuelvo a contar. Lo seguiré contando.


J.T.