miércoles, 21 de enero de 2026

¿Este era el mundo que querían quienes votaron a Trump?


Trump insulta.

Trump humilla.

Trump amenaza.

Trump adopta represalias.


Este es el denominador común, el sujeto y el verbo con el que comienzan estos días casi todas las noticias en la sección de internacional de cualquier periódico. Este anciano ofendidito porque no le han dado el Nobel de la Paz, está empeñado en que no quede ni un rincón en el planeta al que no llegue su larga zarpa depredadora.


Megalómano de libro, mantiene frentes abiertos en los cuatro puntos cardinales. Tengo escrito que no hay guerra, crisis económica ni catástrofe natural que iguale el daño humano, político y moral que supone que el hombre más poderoso del planeta haya vuelto a ser este fanfarrón sin modales, sin empatía ni respeto alguno por la verdad. Un personaje que confunde gobernar con amenazar, negociar con chantajear y liderar con humillar. No hay hecho más luctuoso, ni noticia más deprimente para quienes aún creemos en la dignidad de las instituciones, que estar a merced de los caprichos de este matón de patio de colegio, de este maleducado sin escrúpulos.


Estas reflexiones las escribí no hace mucho, cuando no podía imaginarme que nada más comenzar el año año iba a secuestrar Nicolás Maduro en su residencia de Caracas para encarcelarlo y juzgarlo en Estados Unidos. Tampoco que iba a amenazar a Colombia, México, Cuba y Canadá ni que iba a publicar una foto con mandatarios occidentales sentados frente a él en su despacho mientras en uno de los laterales podía verse un mapa donde la bandera de Estados Unidos cubría la superficie de vario países soberanos. 


No cesa de ofender y agraviar y, en el primer aniversario de su regreso, ha decidido pisar el acelerador. Tras publicar wasaps personales de Macron, presidente francés y de Mark Rutte, secretario general de la OTAN, dejando claro que se la trae al pairo la confidencialidad, ha llamado estúpido a Starmer, el primer ministro inglés, por devolver a las islas Mauricio el archipiélago de las Chagos, donde en una de estas islas del Océano. Índico hay una base militar conjunta Estados Unidos-Reino Unido. Antes de irrumpir en Davos cual elefante en cacharrería, le ha dado tiempo también a publicar una imagen suya, generada con inteligencia artificial, en la que junto a Vance y Rubio, clavan una bandera de Estados Unidos en Groenlandia con un cartel bien explícito donde puede leerse “Greenland. US Territory Est. 2026”. 


¿Esto era el "Make America Great Again"? De esto se trataba, de tener asustado al mundo entero y humillados a muchos de sus gobernantes? ¿de expulsar inmigrantes sin compasión, de entrar a saco en ciudades como Los Ángeles o Chicago, de que la temida policía ICE (Immigration and Customs Enforcement) su Gestapo particular, asesine a sangre fría a activistas pro derechos humanos? ¿Ese era el mundo que querían quienes lo votaron? ¿Qué podemos esperar? ¿qué tiene que pasar para que este megalómano deje de poner el mundo patas arriba y podamos vivir en paz? Pero no en esa paz cuyo premio Nobel tiene encima la desvergüenza de reclamar.


J.T.

martes, 20 de enero de 2026

Buitres carroñeros en Adamuz



¿Cuál es la jerarquía de prioridades que un medio de comunicación debe aplicar a la hora de informar cuando se produce una catástrofe como la de Adamuz?


La prioridad absoluta ha de ser proporcionar datos que ayuden a salvar vidas y faciliten la gestión de la crisis, es decir, información útil y de servicio público por encima de cualquier otra consideración. Hay que difundir cuanto antes los teléfonos de atención a familiares e informar sobre cortes de tráfico, desvíos ferroviarios y el estado de los centros hospitalarios de refuerzo. Tenemos que funcionar con urgencia como altavoces de referencia para transmitir avisos de los servicios de emergencia y evitar colapsos en las zonas afectadas. 


Lo segundo es no propagar jamás un solo dato sin tenerlo completamente verificado. Si los rumores nunca son noticia, en una catástrofe como la de Adamuz, esa ha de ser la regla de oro. Si no lo has visto, no lo cuentes y si te cuentan algo que dicen haber visto, verifica antes de darlo por bueno. Dar a conocer un dato tres minutos más tarde es mejor que adelantarse y luego tener que rectificar. Siempre la información confirmada por autoridades y técnicos antes que las especulaciones de según qué presuntos testigos o datos extraídos de las redes sociales cuyas fuentes no estén suficientemente identificadas. Los medios profesionales hemos de procurar desmentir con la mayor celeridad cualquier noticia falsa sobre el número de víctimas o las causas del accidente. 


Un tercer aspecto a tener en cuenta a la hora de contar lo que ocurre durante las primeras horas tras una tragedia como la de Adamuz es el respeto a las víctimas. El deber de informar ¡NUNCA! debe superar el derecho a la intimidad al tiempo que ha de respetar la dignidad de las personas por encima de todo. Tampoco hay que tener ninguna prisa por publicar nombres de fallecidos o desaparecidos hasta que sus familias no hayan sido notificadas oficialmente. Por supuesto, hay que evitar el sensacionalismo y el uso de imágenes explícitas que no aporten valor informativo y solo busquen el impacto emocional. Y también, claro está, no acosar micrófono en mano a víctimas ni familiares en los puntos de atención y duelo.


Una vez estabilizada la emergencia, y solo entonces, llegaríamos al cuarto punto en la jerarquía de prioridades. Sería el momento de preguntarse por las causas técnicas (el estado de la infraestructura o los posibles fallos en el sistema ferroviario), pero basándose en opiniones de expertos y no dedicándose a especular. Habría llegado también el momento de hablar de la responsabilidad institucional, de analizar la gestión de las autoridades y el cumplimiento de los protocolos de seguridad. 


Esta jerarquía de prioridades se fundamenta en marcos éticos y profesionales establecidos por organismos oficiales y códigos de autorregulación del sector periodístico en España, consideraciones que, por otra parte, ya dicta el sentido común. Claro que, como el sentido común es el menos común de los sentidos, ahí tenemos desde el mismo momento en que ocurrió la tragedia a una nutrida colección de buitres carroñeros transgrediendo estos preceptos desde el minuto uno para vergüenza de la profesión periodística e indignación de los centenares de familias afectadas. 


En nombre de quienes no compartimos tan intolerable falta de respeto como estamos soportando, quiero desde esta tribuna pedir disculpas a los afectados directamente por el accidente y a cuantos lectores, oyentes y espectadores se sienten ofendidos por la manera de actuar de aquellas personas y medios que, en ocasiones como esta, suelen aprovechar para envenenar los ánimos prostituyendo así la esencia de nuestro oficio y perjudicando el trabajo de quienes no queremos olvidarnos ni de la ética ni de a quién y cómo nos debemos. 


J.T.

lunes, 19 de enero de 2026

José Ramón González Cabezas, otro buen periodista que perdemos

 


Fuimos compañeros los cinco años de carrera. Primera promoción de Periodismo como disciplina universitaria en la Autónoma de Barcelona, allá por el año 1971. Estudiar en aquella facultad fue un auténtico privilegio. Profesores como Vázquez Montalbán, Josep Maria Cadena, Josep Pernau, Anna Balletbó o Romà Gubern no los tiene uno todos los días. José Ramón González Cabezas y unos cuantos privilegiados más, cuarenta aproximadamente, sí tuvimos esa suerte. En aquellos últimos años del franquismo, donde Bellaterra fue muchos días una auténtica barricada, nos curtimos una generación de alumnos que compaginábamos los estudios con prácticas en los periódicos catalanes. 


Teníamos prisa por publicar crónicas, por contar historias y, apenas pudimos comenzar a hacerlo, Moncho entró en La Vanguardia, donde transcurrió la mayor parte de su vida profesional. Tuvo cargos de responsabilidad y fue corresponsal en París. Además de compañeros de curso, fuimos también vecinos en Sant Cugat y en ocasiones, aunque nuestros caminos profesionales acabaron separándose, me encargó algún que otro trabajo, cuando el periódico pagaba aún las colaboraciones por giro postal, que siempre publicó sin tocar una coma. Teníamos la misma escuela, me decía con cierta sorna, así que no se iba a poner a corregirme los textos. 


Demostraba confianza y la ejercía desde la complicidad y el desenfado que definían su carácter. Daba gusto hablar con él porque todo lo complicado parecía fácil cuando trabajabas a su lado. Así fue durante el tiempo en que cursamos nuestros estudios universitarios y así continuó siendo durante los muchos años en que nos ganamos la vida contándole a la gente las cosas que le pasan a la gente. "El periodismo, solía decir, consiste básicamente en descubrir y dar a conocer lo que el público tiene derecho a saber". Y que por lo general, añadiría yo, los poderosos no quieren que se sepa.


Me reconocía en él porque le gustaba el oficio tanto como a mí, y ambos éramos tan tolerantes con los despistes como inflexibles con la falta de profesionalidad. Tuvo un papel clave en la redacción de los primeros borradores del Código Deontológico del periodismo catalán, trabajó también en la Fundació Periodisme Plural y fue siempre ese colega al que se puede recurrir en momentos difíciles para verificar un dato o contextualizar un hecho con la seguridad de que te ayudará en todo lo que esté en su mano. De los que apenas hacen ruido pero no dejan de picar piedra. De los que gozan de una notoriedad pública discreta, pero son respetados y reconocidos en el oficio.


Su fallecimiento a los 75 años este pasado fin de semana nos ha dejado a muchos un poco más solos. El diario La Vanguardia le debe mucho, porque gracias a profesionales como él, a día de hoy es uno de los diarios españoles con mejor predicamento. Fue una suerte ser su compañero en la facultad y más tarde en el oficio. Buen viaje, amigo.


J.T.


domingo, 18 de enero de 2026

Los famosos, la política y el sexo.



Durante las últimas décadas, buena parte del mundo cultural español parecía, y en muchas ocasiones lo era, un auténtico bastión progresista. Actores, músicos, directores, bailarines y escritores que habían vivido la transición, el tardofranquismo o la euforia democrática parecían tener claro de qué lado estaba la libertad, la justicia social y la defensa de los derechos civiles. Pero desde un tiempo a esta parte, yo ya no entiendo nada. Algo ha pasado aquí que se me escapa y lleva ya un tiempo rompiéndome los esquemas.


Desde que Miguel Bosé asombró al mundo durante la pandemia arremetiendo contra las vacunas y Nacho Cano apareció en la Puerta del Sol rindiéndole pleitesía a Isabel Díaz Ayuso cuando esta le entrego en 2021 la Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo, el número de famosos que va escorando hacia la derecha cada día que pasa no hace más que crecer. Escuchar la otra noche a Antonio Banderas criticando al gobierno mientras a Pablo Motos se le caía la baba me desconsoló. Como ver a Santiago Segura presentando unos premios donde el fascista Vito Quiles figuraba entre los galardonados…



¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿Qué ha cambiado para que artistas a quienes creíamos demócratas, modernos, europeos y hasta progresistas compartan hoy discurso con quienes niegan la violencia machista, desprecian a los migrantes o hablan de “dictadura” cuando pierden privilegios? ¿Nos tenían engañados? Si no nos engañaban, ¿cómo se explica su evolución? ¿Qué es lo que les seduce de los intolerantes? ¿o es sencillamente cabreo con los gobernantes actuales?


¿Están enfadados porque pagan muchos impuestos, le molestan los derechos de los trabajadores cuando se meten a empresarios, se sienten menos mimados, le tienen miedo a perder status y privilegios, han solicitado favores y no se los han concedido? Sea por lo que sea, el caso es que nombres propios que todo el país admiró durante mucho tiempo se nos van cayendo del pedestal por unas razones o por otras.


Lejos de ser víctimas ingenuas, participan del juego. Atacan a Pedro Sánchez como si fuera su enemigo personal, entregan premios a agitadores ideológicos, callan ante los abusos de sus amigos y claman contra el Gobierno mientras disfrutan de contratos públicos, exenciones fiscales o favores institucionales en las comunidades y ayuntamientos donde gobiernan las derechas.


En otro plano no estrictamente político, aunque todo es político en el fondo, están los casos de Plácido Domingo o Julio Iglesias. De izquierdas precisamente nunca fueron ninguno de los dos, eso es verdad, pero sí eran personajes admirados por gentes de toda condición. Cuando empezaron a aparecer informaciones sobre cantantes de ópera que acusaban al tenor de haberlas acosado costó creerlo, como así les ha ocurrido a muchos tras conocerse estos días el escándalo en torno al comportamiento de Julio Iglesias con mujeres que trabajaban para él en su propia casa. Puede que fuera previsible, pero… ¿tanto? Escuchar a Ramón Arcusa, del Dúo Dinámico, o a Ana García Obregón, el perejil de todas las salsas, defendiendo al cantante de La vida sigue igual  puede que fuera predecible, sí, pero también descorazonador.


Creo que el mundo del espectáculo español se acostumbró durante años a una adoración incondicional, carente de crítica, con las revistas del corazón dominando un relato edulcorado y banal que fue agriándose a medida que este tipo de periodismo iba siendo importado a programas televisivos. Hoy las redes, el feminismo, el Me Too y una ciudadanía más vigilante están empezando a conseguir romper según qué tabúes. De repente se ha abierto por fin el melón, se ha empezado a hablar y escribir de lo que solo se hablaba en según qué cenáculos y en voz baja en muchos casos, cómo se trataba a las mujeres, cómo se conseguían ciertos éxitos… Y muchos famosos no lo han asumido. Tampoco políticos como José Luis Ábalos, que no han sabido, o no han querido, adaptarse a ese nuevo escenario. Ni el personaje de la revistas del corazón por excelencia, Juan Carlos de Borbón, quien aún no acaba de entender que los pactos de silencio en torno a sus aventuras y corruptelas hayan saltado estrepitosamente por los aires. 


En ese nuevo escenario, políticos desprejuiciados como Ayuso han descubierto un excelente caldo de cultivo para obtener rentabilidad política. Apoya a Nacho Cano o a Julio Iglesias porque políticamente le interesa defender un modelo cultural basado en la impunidad del poderoso, en la confusión entre crítica y ataque, entre justicia y persecución. Ella y sus mentores protegen a defraudadores confesos o riegan de subvenciones a periódicos ultras porque así marcan territorio.  


Y por esa misma razón, para que quede claro quién manda aquí, denuncian a quienes no le bailan el agua, como Nacho Duato, a quien han conseguido que le cierren su cuenta de Instagram, donde el prestigioso bailarín se manifestaba implacable contra la marioneta de Miguel Ángel Rodríguez en vídeos cuyas diatribas muchos celebrábamos por la claridad y contundencia con que se manifestaba. Reconforta saber que aún quedan referentes del mundo de la cultura que no han cambiado de bando. Como Javier Bardem, José Sacristán y algunos otros, aunque la cosa ya no es ni mucho menos lo que era. A ver qué pasa este año en la gala de los premios Goya, el próximo 28 de febrero en Barcelona. 

J.T.




¡Un gin-tonic a tu salud, Fernando Reinlein!



Fernando Reinlein no necesita un obituario. Los obituarios ordenan una vida y la convierten en expediente. Prefiero escribir de él como hablaba con él, sin adornos ni palabras grandilocuentes, entre otras razones porque estoy seguro que a él no le gustaría otra cosa. A Fernando lo conocí en Madrid cuando era compañero de piso de mi amigo Carlos Santos, allá por el pleistoceno. Además de los buenos momentos vividos en aquella casa, muchas noches transcurrían en “El Avión”, un bar de la calle Hermosilla donde un pianista llamado César animaba con sus melodías a que todos acabáramos cantando entre cervezas, gin-tonics, mucho humo y montañas de pipas.


Eran los primeros años de la transición y en “El Avión” confraternizábamos hasta altas horas de la madrugada políticos y periodistas de toda clase y condición. Reinlein fue periodista desde el día en que Juan Tomás de Salas, presidente del Grupo 16, lo fichó para el diario poco después de salir de la cárcel y ser aministiado. Había formado parte de la Unión Militar Democrática, la UMD, aquel grupo de oficiales jóvenes que entendieron antes que muchos civiles que el país no podía seguir sosteniéndose sobre el miedo y la obediencia ciega. En julio de 1975, pocos meses antes de la muerte de Franco, él y ocho compañeros más fueron encarcelados y expulsados del ejército. Nunca volvieron, aunque años después se les reconocería el grado y la antigüedad.Hubo que esperar hasta 2010 para que su papel en aquellos años duros fuera reconocido oficialmente por parte del Congreso y del Gobierno de la nación.


Cambió pues Reinlein el uniforme por la palabra escrita, otra forma de resistencia. El periodismo fue para él una continuación lógica de lo que había hecho hasta entonces, contar, explicar y no aceptar versiones oficiales sin verificarlas. En 1989 fue mi jefe. Yo acababa de ser nombrado por Enrique Badía director de Diario 16 Málaga, un proyecto frágil, lleno de intuiciones y carente de certezas. Como Fernando era el responsable de todas las ediciones regionales de Diario 16, se vino a Málaga durante las semanas previas a la salida de nuestro periódico para ayudarnos a Jesús Pozo como redactor jefe y a mí a sacar adelante el proyecto. Y a Ramón Triviño, nuestro jefe de política, quien por cierto también nos dejó hace una semana. Cuando el diario estuvo ya en los quioscos, Fernando se quedó con nosotros los primeros días, los más delicados, para ayudarnos a hacer frente a la hostilidad abierta de Paco Rosell, entonces director de Diario 16 Andalucía, quien había intentado impedir por todos los medios la segregación de Málaga como periódico propio.


Fernando no levantaba la voz ni buscaba el choque, pero sabía imponerse. Sus trucos eran el sentido del humor, la socarronería, los silencios sabios cuando entendía que sus interlocutores no merecían réplica, una envidiable habilidad para contar anécdotas y una campechanía que desarmaba. De él aprendí entre otras muchas cosas que el poder no debe ejercerse nunca de manera explícita, sino desde la autoridad moral. 


Desde que se jubiló, pasaba buena parte del año en el Cabo de Gata, donde hace tres veranos celebró rodeado de amigos, en un bar del paseo marítimo, el 50 aniversario de su boda con Antonia Ballesteros, la madre de sus cuatro hijos. Desde el pasado quince de enero ya no está con nosotros. Aunque quien más quien menos ya nos hemos quitado también de los gin-tonics, digo yo que alguno que otro tendrá que caer estos días a la salud del Reinlein. Al menos en mi caso, así será. ¡Salud y República, querido Fernando!


J.T.

sábado, 17 de enero de 2026

Corina Machado: Ni vergüenza, ni dignidad, ni amor propio



Solo le faltó fotografiarse de rodillas. María Corina Machado, líder opositora venezolana y ganadora del reciente Premio Nobel de la Paz, viajó a la Casa Blanca para reunirse con Donald Trump y ofrecerle a este su propia medalla como señal de gratitud por su “apoyo”. Un apoyo que hasta ahora ha consistido en humillarla públicamente cada vez que ha hablado de ella y en recibirla a hurtadillas, casi por la puerta de servicio. Ni vergüenza, ni dignidad, ni amor propio. Ella sabrá.


El presidente estadounidense aceptó la medalla, la exhibió con orgullo y, al mismo tiempo, dejó claro que no hay vuelta atrás. Por el momento la persona que prefiere para estar al frente de Venezuela se llama Delcy Rodríguez, una chavista de toda la vida que representa ante su pueblo todo lo contrario que Corina. Hay quien podría argumentar que Machado actuó desde la gratitud hacia quien decidió la caída de Nicolás Maduro. Es cierto además que la dinámica geopolítica y los juegos de poder entre Estados Unidos y Venezuela son complejos y frágiles. Pero el gesto de ofrecer la medalla implica confundir el agradecimiento con la sumisión. El Comité del Nobel ha dejado claro que el galardón es intransferible y que lo que ha hecho Machado, además de perder su propia dignidad en un gesto inútil a efectos prácticos y legales, supone toda una desconsideración para con la decisión del jurado.


El propio Trump, que recibió la medalla casi con desdén y se fotografió junto a la ganadora y al galardón enmarcado exhibiendo su forzada y repelente sonrisa, no ocultó su indiferencia. Esta repugnante escena refleja en parte una tendencia más amplia en la política global de hoy en día, la que lleva a la descomposición de cualquier noción de ética pública cuando enfrente nos encontramos calculadores fríos que solo trabajan por su beneficio personal o partidista. Se trata de un tipo de conducta que resulta dañino para la salud de la democracia porque termina confundiendo a la ciudadanía al convertir la política en un espectáculo detestable donde los líderes son capaces de vender a su propia madre si con eso creen que algún día pueden llegar a obtener algún tipo de beneficio.


El riesgo es que las nuevas generaciones confirmen definitivamente sus sospechas de que la política es intrínsecamente rastrera, que la dignidad no importa y que cualquier medio justifica cualquier fin. Vamos, si no estamos ya instalados en ella, hacia una distopía democrática donde la lealtad política acabará midiéndose solo en gestos groseros y actos grandilocuentes de sumisión. Por este camino, toda iniciativa que defienda valores universales como la justicia, la igualdad o la libertad acabará siendo ignorada cuando no directamente combatida. Esto es lo que hay.


J.T.

jueves, 15 de enero de 2026

Alberto, no hables a menos que sepas mejorar el silencio

Acudió Núñez Feijóo ayer miércoles a Onda Cero sin renunciar a su obstinada costumbre de soltar una mentira tras otra y le salió el tiro por la culata. Afirma que ningún agricultor afectado por la dana ha cobrado ayudas y Carlos Alsina le contesta que 6.000 lo han hecho. Añade a continuación que no piden los créditos ICO y Alsina tira de documentación para recordarle que hay 3.000 solicitudes. Intenta colar que las autonomías han pagado y Alsina lo frena en seco precisando que son ayudas del gobierno central.


Siempre la técnica “Gish Gallop” (ametralladora de falacias) con la que confundió a Pedro Sánchez en un ya célebre debate electoral. Consiste en abrumar al oponente con un caudaloso río de afirmaciones breves y de rápida sucesión sin necesidad de que estas sean ciertas, de tal modo que a su interlocutor le resulte complicado refutarlas. Con Alsina no coló, y eso que sobre el papel se trata del conductor de un programa en una emisora amiga. Nunca fue Alberto el lápiz más afilado del estuche, pero la impaciencia le lleva a cometer, cada vez más, una torpeza tras otra. Ya ni los profesionales que trabajan en medios afines parecen dispuestos a que les continúe tomando el pelo. 


Cada se vez se pasa más de frenada. Como la insinuación pública que hizo el pasado domingo en Zaragoza advirtiendo que alguien "podría utilizar la figura del suplicatorio para que el presidente "esquive a la Justicia" ante posibles investigaciones. Recordemos que un suplicatorio es un permiso que el Tribunal Supremo debe solicitar al Congreso para poder procesar penalmente a un parlamentario debido a su condición de aforado.


No paró ahí la cosa, porque aún se le calentó más la boca a Feijóo. Proclamó que "la historia no amnistiará al sanchismo" y que su gobierno tampoco lo hará. ¿Qué estaba queriendo decir? ¿Que sabe cosas por las que Pedro Sánchez podría ser procesado? Si es así, ¿por qué no hace lo que tenga que hacer en lugar de que se le vaya la fuerza por la boca”. Y si no es así, ¿por qué no se calla?


Hasta en el ABC tuvieron que salir a poner según que puntos sobre la íes. Lo hizo Ignacio Camacho dedicándole el lunes su columna habitual. Aquí, algunas de sus admoniciones:


1. Fantasear con ese supuesto (el del “suplicatorio”) parece a día de hoy una especulación poco razonable… salvo que el líder la oposición sepa algo que desconocen los demás mortales. Mientras no haya al respecto información relevante, y por ahora no la hay, los populares deberían dejar de soñar con ver al presidente en el banquillo y concentrarse en la obligación de ganarle, un objetivo que tienen a su alcance sin necesidad de distraerse con espejismos fantasmales.


2. El principal error del anuncio de Feijóo consiste en presentar el asunto como una medida “ad hominenm” con un solo y concreto destinatario, lo que implica la conjetura de que Pedro será procesado de modo inmediato. Presunción... que refleja cierta desconfianza en el propio liderazgo y en su capacidad de lograr que el relevo de poder lo ejecuten los ciudadanos en uso de su libre albedrío democrático. Como si le atormentara el recuerdo de su primer gatillazo.


3. El sanchismo caerá cuando los votantes quieran, y la tarea del PP es convencerlos sin esperar soluciones externas, esa vieja y peligrosa tentación de la derecha cuando se deja arrastra por una mezcla de frustración y de impaciencia. 


Traducción: Alberto, deja de llamar a las puertas del golpismo y cúrrate a diario los votos que necesitas para gobernar. Y si sabes algo grave que implique al presidente del Gobierno, déjate de insinuaciones maliciosas y cumple con tu obligación. Si no puedes, entonces no hables a menos que puedas mejorar el silencio.


J.T.

miércoles, 14 de enero de 2026

Previsible Julio Iglesias

¿Por qué será que tampoco me sorprende tanto? Si el ser humano es previsible por definición, en el caso de Julio Iglesias las cosas que sobre su vida suenan estos días parecen bastante verosímiles. El cantante español que más discos ha vendido en el mundo, el truhán, el señor, el que pregonaba de gala en gala lo mucho que le gustaban el vino y las mujeres está desde este martes en el ojo del huracán por la denuncia de dos mujeres que trabajaron en sus mansiones del Caribe hace unos cinco años y han denunciado abusos, miedo y explotación sexual. Al parecer, no todo era glamour en su vida, sino que existe una cara B bastante sombría. Presuntamente, por supuesto.


La investigación conjunta de elDiario.es y la cadena estadounidense Univisión, avalada por tres años de entrevistas y documentaciones cruzadas, describe un ambiente laboral de control absoluto, de jornadas deshumanizantes y violencia sexual sistemática en residencias privadas del cantante en Punta Cana y Lyford Cay (Bahamas). 


Una de las mujeres relata cómo era llamada a la habitación de Iglesias por la noche, repetidamente, para ser penetrada sin consentimiento, insultada y abofeteada, episodios que solo cesaban cuando la esposa del artista estaba en la casa o había invitados. La otra denunciante describe tocamientos no deseados, besos forzados y proposiciones sexuales explícitas, incluso en espacios públicos como la playa o la piscina. El informe de elDiario.es y Univisión afirma que se han contrastado los relatos con mensajes, fotos, registros de llamadas e informes médicos que dan coherencia y persistencia a las denuncias. Los testimonios describen un sistema opresivo donde las empleadas trabajaban en régimen interno, sin contrato escrito, bajo un control severo de sus movimientos y comunicaciones, con restricciones de salidas y vigilancia del cuerpo que recuerda más a una prisión que a un empleo doméstico.


Lo más preocupante es que estos abusos se inscriben en una estructura de poder y privilegio tan acostumbrada a la impunidad que, hasta ahora, nadie cuestionaba la imagen políticamente correcta que durante décadas vendió el cantante. Que estas denuncias lleguen a manos de la Fiscalía de la Audiencia Nacional y se investiguen penalmente es imprescindible. La justicia debe dilucidar la veracidad de las acusaciones sin miedo a posibles represalias mediáticas, económicas o institucionales que, habida cuenta de los recursos y contactos globales con los que cuenta Julio, alguien podría ejercer en su nombre. 

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Impresentable la reacción de ciertos sectores que, antes de escuchar a las posibles víctimas, han salido a blindar al artista. Intolerable la defensa cerrada de personajes como Ayuso o Almeida, quienes no tardaron en salir en defensa pública del señalado apenas se conoció la noticia. Esto no es una cruzada personal contra la persona de Julio Iglesias. Se trata de poner sobre la mesa la exigencia ética y jurídica que debería existir para que ninguna persona, por muy famosa que sea, se considere por encima de la ley ni del dolor de quienes reclaman justicia. La fama no puede ser una patente de corso para la impunidad. 


Que una persona con enorme repercusión mediática no pueda sentirse impune, por un asunto de presuntos abusos es sin duda una buena noticia para tantas mujeres víctimas de atropellos que nunca se atrevieron a denunciar. Es buena noticia por la ayuda que esto supone para esas personas por un lado, y por otro porque ya va siendo hora de que personajes con notoriedad pública como el autor de "La vida sigue igual" entiendan que no se puede ir por el mundo haciendo lo que te da la gana, abusando de mujeres que trabajan para ti, sin que te ocurra nada. 


Se defenderá como gato panza arriba, pero solo que se hable de este asunto, por mucho que algunos medios apuesten por quitarle importancia o silenciarlo descaradamente, es bueno como aviso a caminantes. Es bueno para que tanto “desahogado” como aún anda suelto empiece a pensárselo dos veces antes de perpetrar las mismas fechorías de las que ahora se acusa a este latin lover gallego con residencia en tierras caribeñas, para que tantas víctimas de abusos como hasta ahora han callado decidan por fin dar el paso de denunciar a sus agresores. 


J.T.

martes, 13 de enero de 2026

Carta a Xabi Alonso, hasta ayer entrenador del Real Madrid



Respetado Xabi:


Te metiste en la boca del lobo y te ha devorado. Demasiado buena persona para entrenar al Real Madrid. En lugar de ser fiel a ti mismo quisiste complacer y te equivocaste. A Florentino no le gustan las buenas personas. Le gustan los malos, los maleducados, los mentirosos, los árbitros sumisos que hacen lo imposible para que su equipo gane siempre, ya sea por lo civil o por lo militar. Las debilidades del presidente en el vestuario son los soberbios, los malcriados, los pretenciosos. Le gusta verse reflejado en ellos y que solo sean dóciles ante él, como en el mundo de la política lo son Almeida y Ayuso, por ejemplo, quienes le rinden pleitesía encantados de la vida. Núñez Feijóo lo intenta, pero no le sale porque ni para hacer la pelota vale, el pobre. 


¿Cómo alguien con tu trayectoria, tu inteligencia futbolística y tu prestigio se dejó convencer para sentarse en el banquillo más angustioso del fútbol europeo? ¿Seguro que no sabías que más que un banquillo ese puesto es una picadora de carne de entrenador? El Madrid administra vanidad e impone su ley, que es ganar y ganar. Como sea, pero ganar. Si no se gana, si se falla el penalti en el minuto 93 o el árbitro, por una vez, no mira hacia otro lado, quien en ese momento sea el míster del equipo ha de saber que la culpa acabará siendo suya.

 

El domingo en Arabia perdiste por 2-3 la final de la Supercopa contra el Barça, renunciaste a tu sistema, quisiste parecerte a Mourinho y ahí fue cuando empezaste a equivocarte, cuando abjuraste de tu estilo porque habías empezado a verle las orejas al lobo y cediste a la tentación de querer sobrevivir. Es verdad que tus todavía pupilos hicieron un partido más presentable que otras veces y que ahí estuvo también el árbitro, aplicado el hombre, como todos los colegiados que pitan al Madrid, prolongando una eternidad los minutos añadidos del primer tiempo hasta que empatasteis  2-2. Pero al final perdisteis, Xabi, y el gran preboste tiene prisa y hambre, no está dispuesto a que se le escape un solo trofeo. Como la madrastra de Blancanieves, no soporta que el espejo le diga que hay un equipo que juega mejor que el suyo  y donde además sus futbolistas son más guapos, más humildes y en el vestuario practican una camaradería y una complicidad que en el Madrid a día de hoy resulta impensable.


El Madrid no puede perder nunca y tú lo sabías, amigo. Estar cuatro puntos por debajo del Barça en la Liga a mitad de temporada y perder contra ellos una final más, ya van unas cuantas, el equipo del régimen no lo soporta. Creo que la razón por la que te han echado es porque no servías para sostener la ficción de que todo sigue bajo control. Porque no eras del todo obediente al guion. Pensaste que habría consideración, una cierta deferencia, un poquito más de paciencia hasta que los resultados acompañaran. Pero hay demasiada desesperación en los despachos del Bernabéu. Puede que te tuvieran cierto cariño, pero no eres de los suyos porque no respondes al perfil del tajante depredador que ellos necesitan. 


No sé si estarás de acuerdo, pero pienso que hay un cierto paralelismo entre lo que sucede en el Real Madrid y lo que ocurre en la derecha española. Si para ganar hay que presionar o comprar jueces, pues se hace, que además muchos son fans y lo harán encantados de la vida. Estos días, impotentes, ahí anda toda la cohorte florentinesca sacando a pasear de nuevo el fantasma de Negreira. No le faltan al presidente Pérez turiferarios en los medios dispuestos a complacerlo. 


Te deseo toda la suerte del mundo, Xabi. Fuera de ese banquillo podrás volver a entrenar fútbol y no quimeras. A construir equipos de verdad con jugadores que se diviertan jugando y no se crean los reyes del mambo por ser capaces de darle cuatro patadas a un balón con cierta habilidad. Mientras el dinero, los medios y los árbitros sigan alineados, el Madrid seguirá ganando muchas veces en el último minuto. Cuando no sea así, siempre habrá un entrenador al que fulminar. Has hecho bien en marcharte. Hay concesiones que no merecen la pena. 


Ahora llega Álvaro Arbeloa. Otro cordero para el sacrificio. Uno de la casa, eso sí, formado en la obediencia, en el discurso correcto, en saber cuándo callar y cuándo señalar al árbitro “hostil”, si es que aún queda alguno que se atreva a tener criterio propio frente a las presiones de Florentino. Le deseo a quien te sustituye la misma suerte que a ti, y que cuando le den la patada consiga salir de ahí como tú lo has hecho, con la dignidad intacta, que no es poco.


Lo dicho. Mucha suerte, amigo.


J.T.