La silla de la foto que ilustra este texto se encuentra en La Riera de Mataró, la calle hoy peatonal donde se encuentra el ayuntamiento de esta ciudad que en 1939 tenía ya casi treinta mil habitantes. En aquel entonces, su alcalde era de Esquerra Republicana y se llamaba Josep Abril i Argemí. Lo era desde 1931, tras la victoria republicano-socialista en las elecciones municipales de aquel año. Desde el balcón del Ayuntamiento proclamó la Segunda República en la ciudad y se convirtió en una figura importante del nuevo régimen.
Josep Abril escribió varios libros y fundó dos periódicos, El Diario de Mataró y El Nuevo Ideal, portavoz del republicanismo federal. Siempre defendió la igualdad, la fraternidad, la educación de calidad y la mejora de las condiciones sociales y laborales de los trabajadores. Fue detenido y encarcelado unos meses tras la huelga general revolucionaria de 1934, y durante los años de guerra civil fue brevemente también juez y fiscal de Mataró. Cuando los fascistas entraron en Barcelona, determinó que no se exiliaría. Se quedó porque creía en lo que había hecho, porque pensaba que gobernar una ciudad no podía convertirse en un delito.
Se equivocó. Fue detenido en febrero de 1939, encarcelado en La Modelo y juzgado en consejo de guerra sumarísimo. Lo condenaron a muerte y fue ejecutado en el Camp de la Bota el 16 de marzo de 1939. Tenía 68 años,
Durante demasiado tiempo, el nombre de Josep Abril se diluyó entre el miedo y la desmemoria. Hoy, cuando su figura reaparece en libros, monumentos o actos institucionales, igual conviene preguntarse en qué clave se le homenajea, porque hay una gran diferencia entre homenajear a un fusilado y entender por qué fue fusilado ¿De verdad hemos terminado de asumir que hubo alcaldes ejecutados por el simple hecho de defender las urnas, una buena educación y por luchar contra la desigualdad?
La silla agujereada que hoy lo recuerda en La Riera de Mataró, a pie de calle, es un potente símbolo que interpela al transeúnte. Quien pasa a diario junto a ella puede que no le otorgue la importancia que tiene, pero el monumento continúa ahí un día tras otro. Recordándonos que en esa silla se sentaba Josep Abril, un alcalde al que mataron por querer una ciudad más justa y unos ciudadanos más libres y mejor educados.
J.T.


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