Durante más de trece años vivió en el palacio de la Moncloa. Era la mujer de Felipe González cuando este presidió el gobierno de la nación, pero su espacio era su espacio y siempre procuró marcar perfil propio. Carmen Romero, setenta y nueve años, decidió hace unos días volver a salir a escena para ayudar a María Jesús Montero, candidata socialista a presidir la Junta de Andalucía, durante la precampaña y la campaña electoral de las elecciones autonómicas convocadas para el próximo 17 de mayo. “ Nos hacen falta un millón de votos más”, señaló. Y para recuperar todos los posibles, ha decidido ponerse a disposición de su partido.
Romero se afilió al PSOE en 1968, cuando al partido le faltaban aún más de ocho años para ser legalizado. Profesora de Literatura y traductora, militó en UGT Enseñanza, peleó para que existiera un mínimo del 25 por ciento de representación femenina en las listas electorales cuando llegó la democracia y se presentó a diputada por Cádiz en 1989. Catorce años estuvo en el Congreso, y cinco en Bruselas como eurodiputada. Cuando le diagnosticaron un cáncer de mama en 2014, se retiró con la misma discreción con la que siempre había vivido. Y ahora ha pensado que tenía que volver. "Estoy aquí como homenaje a esta generación nuestra. Cuando hay incertidumbre, hay que mirar al pasado para reforzar la autoestima”, dijo al presentar a Montero en un acto público celebrado hace unos días en Sevilla.
Nada que ver con González, padre de sus tres hijos y con quien durante cuarenta años compartió vida. Él ha tirado casi todo su patrimonio político anterior por la borda; ella mantiene una coherencia que sus cercanos conocen de siempre y que ahora exhibe en público porque asume que puede ser útil. Él se ha instalado en el olimpo de los “estadistas” que critican al actual gobierno de coalición; ella sigue en la trinchera, en su línea de compromiso y de militancia de siempre.
Carmen Romero ha vuelto para trabajar y no para dar lecciones a nadie; Felipe, en cambio, posa con las derechas dejándose mecer por la cuna de la crispación, la insidia y el frentismo. Hace unos días se mostró encantado de la vida al compartir, también en la capital andaluza, un acto con Moreno Bonilla en honor a la duquesa de Alba. Para eso ha quedado aquel abogado laboralista que vestía chaquetas de pana y que, apadrinado por Olof Palme y Willy Brandt , se codeaba con François Mitterrand y toda la crème de la crème de la internacional socialista. Él mismo apuntó cierto día que los ex presidentes son como los jarrones chinos, que llega un momento en que nadie sabe dónde colocarlos ni qué hacer con ellos. Nunca imaginé que llegara a tener tanta razón con aquella ocurrencia.
Un viejo líder que no acepta el paso del tiempo frente a la militante que, sin hacer ruido, sigue creyendo en la causa ¿Qué le ha pasado a Felipe González? ¿En qué momento decidió dedicar su vida a torpedear aquello que él mismo ayudó a construir? Carmen Romero, por el contrario, ha decidido ayudar con el mismo talante de siempre y haciendo el mínimo ruido posible. Toda una lección.
J.T.

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