sábado, 10 de junio de 2023

Alberto Primero el derogador


No propone nada, no explica nada, no ofrece ninguna alternativa, cada vez que abre la boca o se le dilatan las pupilas es para confundir algo, Extremadura con Andalucía, La Palma con Las Palmas, Valencia con Barcelona pero da igual. Subido en la ola del trumpismo patrio, aupado por la esperpéntica atmósfera ambiente en que andamos sumidos y que tanto recuerda las mejores páginas literarias de Valle Inclán, Alberto Núñez Feijoó puede soltar sin problema la mayor burrada que le venga a la cabeza, algo para lo que tiene demostrada sobrada habilidad, sin que eso parezca que le vaya a pasar factura haciéndole perder votos.

No sabemos qué quiere construir, pero a sus hooligans eso les interesa más bien poco: lo importante es destruir, demoler, destrozar el trabajo del Gobierno de coalición, ese ejecutivo al que no se han cansado de denostar e insultar a pesar del trabajo realizado para que no nos pillara el toro en estos tiempos convulsos, a pesar de los avances sociales y laborales, de los reconocimientos internacionales… Nada, cuando ganemos las elecciones lo tumbaremos todo, acabaremos con todo, repiten él y sus mariachis en bolos preelectorales llenos del odio con el que a diario riegan hasta los más recónditos rincones del país.

Derogaré, derogaré, derogaré… primera persona del singular del futuro imperfecto de indicativo en un verbo que el ínclito líder igual no sabe ni conjugar pero anda todo el día en la boca con él: derogaré la ley del sí es sí, derogaré la ley de Memoria, derogaré la ley de Vivienda, derogaré la ley Trans; la de eutanasia y la de Educación ya veremos, o también, qué demonios. Derogaré el sanchismo, pregona encantado cada vez que usa esta ocurrente frase-eslogan fabricada por su belicista equipo de propaganda.

Derogar, derogar, derogar, hacer no sé bien qué haré pero me voy a pasar todo el día derogando, borrando cualquier vestigio de la existencia de este Gobierno de coalición del que por fin vamos a conseguir librarnos. Nunca nadie proponiendo tan poco y dejando tan a la vista sus escasas entendederas consiguió tanto. Le basta con estarse quieto porque todo se lo dan hecho, se lo proporcionan en bandeja quienes lo eligieron para estar donde está, para interpretar el patético papel que le han adjudicado.

Casado se quiso mover y lo borraron de la foto, Ayuso se ha pasado de frenada y de momento la tienen callada recordándole que mucha chulería, pero que ha perdido  más de 33.000 votos en Madrid. Feijoó y sus mentores en cambio creen tener el santo de cara, o al menos así lo piensan cuando elaboran encuestas y abren informativos con unos datos que nos obligan a preguntarnos dónde están los millones de personas beneficiadas durante estos tres años y medio por las políticas del Gobierno de coalición.

No sé qué pensarán los pensionistas y los currantes de a pie que votan al PP sobre lo que significa el verbo derogar en boca de Núñez Feijoó ¿Se habrán planteado que se acabaron las subidas de pensiones, el aumento del salario mínimo, han pensado que disminuirá en un plis plas su poder adquisitivo, que se acabó la posibilidad de soñar con una vivienda decente, un alquiler asequible, una vida laboral que permita tener hijos y hacer planes de futuro? ¿Qué demonios pensará el elector medio que quiere decir Feijoó cuando habla de derogar el sanchismo? El término “sanchismo” no me acaba de gustar, pero entiendo que con él se pretende definir la política que nos ha permitido sobrevivir más o menos a los años terribles que hemos sufrido, deduzco que con “sanchismo” se refieren a todas esas leyes pensadas para mejorar la vida de los más desfavorecidos que el gobierno de Sánchez ha ido aprobando gracias entre otras cosas a la tenacidad de unos socios de coalición, Unidas Podemos, cuyos méritos nadie les quitará nunca por mucho que ahora no se hayan reflejado en las urnas lo suficiente.

No me cabe duda de que el tiempo terminará poniendo las cosas en sus sitio, pero para que acabemos entendiendo la magnitud de lo conseguido por el Gobierno de coalición da la impresión de que el requisito indispensable es que durante un tiempo nos gobierne una caterva de fachas que, hacha en mano, se disponga a destruir el trabajo realizado durante los últimos años por quienes se han visto obligados a lidiar con los contratiempos probablemente más complicados sufridos en España durante las últimas décadas.

Y al preclaro líder de la derecha que se nos viene encima no se le ocurre otra cosa que esgrimir el verbo derogar como santo y seña de lo que va a ser su política: derogaré, derogaré, derogaré. Sin más explicaciones, sin más datos. Me cuesta mucho entender el momento que estamos viviendo; siempre me escandalizó que personajes tan peligrosos como Donald Trump, cuyo estilo cada vez parece estar más presente en la manera de hacer política y periodismo en España, puedan jactarse de no perder votos aunque apuñalaran a alguien en pleno centro de Nueva York ¿De verdad que aquí también estamos en esas mismas?

“Derogaré, derogaré, derogaré… Suena a cantinela torpe de un candidato limitadito, pero no: se trata de algo muy peligroso porque solo quien se sabe respaldado para soltar ese tipo de simplezas se atreve a repetirlas una y otra vez con tanta soltura, con tamaño desahogo. Un desparpajo tal, solo se concibe cuando quien lo practica se sabe impune. E inmune.

J.T.

lunes, 5 de junio de 2023

Todavía estamos a tiempo de arreglar esto


La historia de España está llena de momentos en que las elecciones municipales lo pusieron todo patas arriba y este 28 de mayo volvió a ocurrir. El proceso de acoso y derribo que se inició el mismo día en que tomó posesión el gobierno de coalición, allá por enero de 2020, cristalizó el pasado domingo con unos resultados electorales que lo cambian casi todo. En el PSOE empezaron a afilar cuchillos aquella misma noche, aunque la eléctrica reacción del presidente del gobierno convocando elecciones generales inmediatas no parece haber conseguido acallar las veleidades golpistas en la vieja guardia de su propio partido, la que lo echó en octubre del 16 y no parará hasta volver a conseguirlo. Leer a Alfonso Guerra pidiendo la cabeza de Pedro Sánchez en un panfleto ultraderechista y desestabilizador como “The Objective”, permite intuir la dimensión de un operativo en el que participan también espectros como Rodríguez Ibarra o Redondo Terreros, quienes han vuelto a obtener los honores de aparecer en la primera página del ABC por poner a caldo al presidente del Gobierno.

Sánchez se ha ganado a pulso el cabreo que tanta gente tiene con él: por su falta de determinación para poner pie en pared con rtve o con la renovación del Poder Judicial, por respaldar una política de Interior como la de Marlaska, por mantener en vigor el espíritu de la ley Mordaza de Rajoy, por bajarse los pantalones ante las presiones para cambiar la ley del Solo Sí es sí, por mantener el predicamento de la Iglesia católica, por darle alas sin parar a la monarquía… Pero aún así hay que reconocer que le ha echado narices a más de una decisión política de las que se han tomado durante los últimos tres años y medio a instancias siempre, eso sí, de su socio de gobierno Unidas Podemos. Para cualquier análisis pasado, presente o futuro, conviene no olvidar nunca esto. Porque es justo lo que no se le perdona a la formación política con más agallas en el ejercicio parlamentario y gubernamental desde la muerte de Franco.

Que Unidas Podemos consiguiera llegar, con solo seis años de vida, a ostentar una vicepresidencia del gobierno y cuatro ministerios era para el sistema una anomalía de tal calibre que todas las fuerzas telúricas se confabularon para dinamitarla. Hasta tal punto se le pusieron los pelos de punta a tantos miles de vividores de copa y puro que el proceso para acabar cuanto antes con aquellos osados se puso en marcha a toda máquina, aunque la verdad es que tampoco lo tenían tan difícil. Mintieron y crisparon mucho más de lo que necesitaban porque la eterna propensión de las izquierdas a devorarse entre ellas les ha facilitado bastante el trabajo.

Además de la convocatoria de elecciones generales, entre los efectos inmediatos de ese terremoto llamado 28 de mayo está la desaparición de Ciudadanos, pero iremos descubriendo más consecuencias a medida que transcurran los días. Me consta que a más de uno en el PP le han temblado la piernas esta semana porque no las tienen todas consigo. Querían adelanto de elecciones, pero ahora ya no saben muy bien si lo querían o no; han tenido que tirar a la basura toda una hoja de ruta de acoso y derribo diseñada para seis meses y han de ponerse a trabajar, en pleno verano, pobres, para inventar nuevas insidias, bulos y eficaces consignas. De momento no acaban de dar con el tono que les permita sentirse cómodos en la nueva situación

En cuanto a Podemos, el correctivo ha sido tan grande como injusto; Compromis, En Comú Podem o Más Madrid, fuerzas en la órbita del recién nacido Movimiento Sumar, también han llevado su correspondiente varapalo… Solo hay una solución y lo saben: unirse y desplazar a segundo plano el resto de prioridades. De lo contrario Sánchez les robará la cartera como ya ha empezado a hacer de alguna manera, atribuyéndose en exclusiva los logros del Gobierno de coalición como si hubiera gobernando en solitario e intentando por otro lado apropiarse sin pudor del argumentario político de Unidas Podemos. Por ahí anda ya pregonando el hombre mensajes y consignas impensables en su boca hace solo unos días. De pronto parece haber descubierto, cual capitán Renault redivivo, que en este país, los medios de comunicación… ¡manipulan!, ¿no es maravilloso? Ha decidido volver a reencarnarse en el Sánchez que le lloraba a Évole tras ser decapitado por su propio partido. Si ahora vuelve a colar, es que los votantes no tenemos remedio.

Hemos tenido a nuestra disposición el único partido que llamaba a las cosas por su nombre y era capaz de presionar hasta sacar adelante políticas que han mejorado la vida de la gente y se lo hemos pagado dejándolos de votar, lo que significa respaldar el acoso y los ataques sistemáticos a los que sus dirigentes han sido sometidos sin piedad durante tres años y medio.

Todavía estamos a tiempo de arreglar esto. Tanto el PSOE como la derecha ultra y la ultraderecha solo se pondrán nerviosos si las izquierdas con motor Podemos –sí, con motor Podemos, como dice Iván Redondo- obtienen en julio los resultados necesarios para continuar trabajando en la línea en que han venido haciéndolo hasta ahora. Este país necesita profundizar en las políticas de progreso y no que los fascistas vuelvan al gobierno para retrotraernos a tiempos oscuros y siniestros. Parece tan obvio esto que hasta produce cierta vergüenza tener siquiera que plantearlo.

J.T.

jueves, 1 de junio de 2023

Podemos y los medios


La aparición en escena de Podemos les rompió los esquemas y desde entonces no se han repuesto. El nacimiento, hace ahora nueve años, de una formación política fresca, osada y resuelta pilló al universo mediático de nuestro país claramente con el pie cambiado. Acostumbrados como estaban a negociar a diario con sus fuentes de siempre, la súbita irrupción de una serie de jóvenes profesores universitarios que conectaban con la gente sin pedirles permiso a ellos, vacas sagradas de la comunicación habituadas a manejar el material informativo como les daba la gana, les desconcertó, no lo pudieron soportar. O sí, pero no estaban dispuestos a que el obsceno tinglado que tenían organizado desde hacía ya décadas corriera peligro. 

El asunto venía viciado desde muy atrás. En la banca había una inercia tácita que garantizaba el sometimiento de los partidos políticos merced a préstamos que pocas veces se cobraban y la prensa, por su parte, sabía qué tenía que decir y qué callar si quería seguir mamando de esas sabrosas tetas llamadas publicidad y subvenciones. Nunca se hizo un reportaje, por ejemplo, sobre por qué los dependientes de El Corte Inglés no llevaban barba, ni se osaba jamás cuestionar el funcionamiento de empresas como Iberdrola, compañía que durante años financió generosos viajes a primeros espadas de muchos medios de comunicación. 

Para formar parte de aquella obscena mesa de juego y poder sentarse a echar una partida parecía necesario pagar el correspondiente peaje y Podemos, la formación de aquellos jóvenes políticos recién llegados, no parecía dispuesta a hacerlo. Insoportable desvergüenza, como eso de negarse a pedir préstamos a los bancos, pero qué se habían creído.  

Se decretó pues sin excesiva demora la caza y captura de la nueva formación política, “el tiro al podemita” podríamos llamarlo, y desde entonces no han parado. Cuando el Psoe descubrió que se les había acabado el chollo de vivir pareciendo de izquierdas sin serlo recurrieron a los medios que les debían favores para que le pusieran inmediatamente la proa a aquellos insolentes recién llegados que amenazaban una parte del pastel electoral. El PP, por su parte, no tuvo que esforzarse mucho para que sus incondicionales turiferarios de siempre se dispusieran también a ello. Y en cuanto a los sindicatos, pelín aturdidos ellos para variar, decidieron ponerse de perfil, sobre todo los mayoritarios. Ahí siguen. 

No hubo ni un solo medio público o privado que no considerara una amenaza la aparición de Podemos. Les costaba entender que pronto alguien llevara la iniciativa en campos que hasta entonces habían sido un suculento y rentable coto cerrado. No tardarían en organizarse tertulianos, columnistas y directores de periódico para cerrar filas contra aquellos atrevidos jovenzuelos ¿Qué hicieron los periodistas en nómina de periódicos, radios y televisiones cuando vieron el panorama? Pues la mayoría someterse a los dictados de sus jefes y vender su dignidad por un plato de lentejas. Debieron entender que sus puestos de trabajo, o sus privilegios, estaban en juego si no se dedicaban a demonizar a conciencia a esos recién llegados, a los“radicales” de Podemos. Lo de los puestos de trabajo no era verdad, pero lo de la pérdida de privilegios era posible.  

Años y años recibiendo cajas de vino y jamones por navidad en las secciones de Economía, discos y libros todo el año en las de Cultura, generosos sobres los cronistas de toros o viajes de ensueño en secciones de moda, deportes o motor, por poner solo algunos ejemplos, no es algo a lo que se pueda renunciar de la noche a la mañana porque aparezca una formación política predicando la decencia.  

Cuando en 2016 Podemos se plantó en el Congreso de los Diputados con 69 escaños acabaron saltando todas las alarmas, y tanto políticos como periodistas se revolvieron visiblemente incómodos, llevaban dos años intentando cargárselos y habían fracasado. Intentaron entonces sin éxito colocarlos en el gallinero para quitarles visibilidad, y políticas como Celia Villalobos o periodistas como Pilar Cernuda llegaron incluso a decir que los nuevos diputados olían mal. Les molestaba su desenvoltura, su indumentaria, les fastidiaba en definitiva su existencia. Eran como agentes extraños que, para los periodistas y políticos que tan cómodamente habían coexistido por los predios parlamentarios durante cuarenta años, no encajaban en aquel plácido y alcanforado ecosistema. 

Abdicó el rey, hubo golpes de estado internos en los partidos, del PP se desgajó una facción ultraderechista, nació y murió Ciudadanos, ese “Podemos de derechas” con el que bancos, eléctricas y petroleras quisieron contrarrestar el impacto de los morados, se repitieron elecciones generales en dos ocasiones, jueces por un lado y medios digitales fachas que se reproducían por esporas por otro pusieron en marcha un implacable lawfare al que acabaron sumándose los medios de siempre… Había no solo que diluir la capacidad de seducción del mensaje de un partido que al final había logrado calar hasta propiciar que fuera posible formar el primer gobierno de coalición en ochenta años, sino que había también que dedicarse a desprestigiarlo a toda costa hasta conseguir acabar con él. 

El Gobierno de coalición cumplió en enero su tercer año de existencia y la gota malaya contra Podemos continúa. Contrarrestar sus efectos exige un esfuerzo enorme pero no es imposible. Saludo con todo mi afecto la aparición de Canal Red, me gusta mucho su trabajo y hago votos porque su manera de hacernos ver la otra cara de la luna permita, a tanta gente como la echa de menos, contar con una información a la que tiene derecho y que, a día de hoy, resulta muy difícil, por no decir imposible, encontrar en ninguna otra parte.  

J.T.

Diez consideraciones de urgencia


1. Nada de victimismos que nos distraigan de lo sustancial: el 23 de julio es una oportunidad que no se puede desaprovechar.

2. Cualquier análisis de lo sucedido este pasado domingo  precisa una buena distancia si queremos realizarlo con la perspectiva necesaria. Si nos acercamos demasiado, perdemos foco.

3. Los medios, los jueces, las cloacas y la instrumentalización de la mentira no pueden tener la culpa de todo. Aquí está pasando algo más. Y conviene diagnosticarlo cuanto antes.

4. Generales y municipales no son la misma cosa. Ni mucho menos.

5. El electorado no puede ser tonto solo cuando vota a las derechas y listo cuando no lo hace.6. Suponiendo que en la abstención resida parte del problema, que tampoco es nunca exactamente así, lo que se impone es estudiar con urgencia cómo conseguir que esta disminuya.

6. Suponiendo que en la abstención resida parte del problema, que tampoco es nunca exactamente así, lo que se impone es estudiar con urgencia cómo conseguir que esta disminuya.7. La crispación nunca es el camino.

7. La crispación nunca es el camino.

8. Aunque el odio pueda ser un medio para alcanzar el poder, resulta más complicado que lo sea para gestionar el día a día.

9. Nos hemos caído, ¿verdad? Pues toca levantarse y dejarse de tonterías.

10. Hay mucho trabajo por hacer de aquí al 23 de julio. Y merece la pena.

J.T.

lunes, 1 de mayo de 2023

Doñana. Moreno Bonilla se mete en un buen charco


Mucho me temo que a Moreno Bonilla, el “moderado” presidente andaluz, se le ha subido la mayoría absoluta a la cabeza. En lo de los regadíos de Doñana vio una oportunidad de tocarle las narices al gobierno central y conseguir los asientos que le faltan para que el Partido Popular mande en la Diputación de Huelva. Decidió pues remover el patio a las madrileñas maneras y parece que le está saliendo el tiro por la culata.

Cuando el pasado 13 de abril su partido, con el innecesario apoyo de Vox, aprobó en el Parlamento andaluz cambiar las reglas del juego en los regadíos de las tierras que rodean al Parque Nacional, Bonilla quizás no sabía aún (o puede que sí) que acababa de abrir la caja de los truenos al proponer la amnistía para agricultores que llevan diez años cultivando cientos de hectáreas de frutos rojos (fresas, arándanos y frambuesas) extrayendo de pozos ilegales el agua necesaria para regarlas.

Si no se imaginó la tormenta que iba a desencadenar, malo; y si contaba con ello… peor. La verdad es que hace falta mucho arte para situar a tanta gente en contra al mismo tiempo: los conservacionistas han puesto el grito en el cielo, también un considerable número de juristas especializados en el tema; el Gobierno de la nación ha dicho hasta aquí hemos llegado y los órganos europeos que en Bruselas se ocupan de los temas ambientales han desautorizado la propuesta de manera contundente.

El PP andaluz se ha quedado solo (con Vox de la manita), entre otras cosas, porque nadie entiende que haya que tramitar por el procedimiento de urgencia la ley que permitiría tamaño desmán. Aunque parece que empiezan a recular, en principio querían tenerla aprobada, y publicada en el Boletín Oficial andaluz, antes de las vacaciones de verano.

Resumen de este embrollo: O la muerte de los acuíferos que alimentan al Parque Nacional por culpa de las extracciones ilegales que PP y Vox pretenden amnistiar, o la reducción de casi dos mil hectáreas de cultivo entre los cinco municipios del entorno de Doñana (Almonte, Bonares, Lucena del Puerto, Moguer y Rociana del Condado) que chupan agua del llamado “acuífero 27”, cuyo cada vez más precario caudal es imprescindible para la supervivencia del espacio natural protegido.

Yo estaba en la tribuna del Parlamento andaluz el día que se aprobó la tramitación urgente de la ley. Durante el debate previo, cuando la portavoz de Adelante Andalucía vertió arena en el escaño de Moreno Bonilla (“así, como un desierto quedará pronto todo Doñana”, dijo mientras extendía el contenido de un frasco por todo el asiento del presidente ausente), una veintena de presuntos agricultores sentados muy cerca de donde me encontraba, encorbatados y bien alimentados todos ellos, se levantaron indignados de sus asientos y comenzaron a insultar a Maribel Mora mientras el presidente de la cámara regional intentaba poner orden sin éxito pidiendo “¡un poquito de por favor!. Las banderitas españolas que lucían en pulseras y relojes dejaban bien a las claras a quién acabará beneficiando la ley si finalmente sale adelante.

Que Bonilla empezó pronto a percatarse de que se ha metido en un buen charco lo demuestra que envió a Bruselas a su consejero de Sostenibilidad (así no se quema él) con la complicada misión de defender lo indefendible. Han querido emular en la capital europea las astracanadas de Feijoó y Casado cuando se presentan en Bruselas para atacar al Gobierno de su país, y han salido trasquilados. Bueno, ha salido trasquilado el consejero Ramón Fernández Pacheco, cuyo equipo de comunicación no sabe cómo hacer para que su jefe salga de este entuerto lo menos chamuscado posible.

El comunicado del comisario europeo de Medio Ambiente (el lituano Virginijus Sinkevicius) no pudo ser más claro: lo que quiere Moreno Bonilla con el apoyo de Voxdegradaría el humedal protegido. Un mayor deterioro del estado de las masas de agua subterránea, añadía, tendría efectos desastrosos para la conservación de los frágiles ecosistemas de los humedales de Doñana, uno de los puntos críticos de biodiversidad de la UE”.

Es lo mismo que sostiene el Gobierno de coalición, que ya ha anunciado que llevará la norma andaluza al Tribunal Constitucional si Moreno Bonilla se empeña en continuar con la tramitación urgente. Según los especialistas, la ley de PP y Vox daría el visto bueno a la ampliación de los regadíos de la zona en un 20 por ciento, exactamente 1.903 hectáreas, como pormenorizaba Raúl Bocanegra el pasado miércoles en este diario.

En una cosa tiene razón el PP: El PSOE también responsable del desastre actual: tanto Chaves como Griñán y Susana Díaz tiraron la piedra y escondieron la mano durante años promulgando leyes confusas en torno a los pozos ilegales y dejando pasar el tiempo con sanciones ambiguas. El miedo a perder votos los hizo indolentes y ahora el PP intenta ganarse el favor de los paisanos haciéndoles la pelota y de paso conseguir así los cuatro escaños que hay en juego de cara a contar con mayoría en la Diputación provincial.

El agua es competencia del Estado, de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, no de la Diputación, pero igual deben creer que así pueden ejercer más presión. Saben que el asunto se les ha ido de las manos, que han jugado con fuego y se han quemado, pero de momento continúan con el raca-raca.

Y con una especie de primo de Zumosol que de súbito ha aparecido en Bruselas, el presidente del PP europeo (Manfred Weber), que acusa al Comisario de Medio Ambiente de hacer, con su comunicado contra el proyecto de ley andaluz, ni más ni menos que campaña a favor… ¡de Pedro Sánchez! Me parece que nos estamos volviendo todos un poco locos.

J.T.

lunes, 24 de abril de 2023

El Rocío y los ofendiditos


“Esto no se puede explicar. Esto hay que vivirlo”
. Estas dos frases siempre las escuché en el Rocío cuando hacía coberturas informativas y nunca las entendí. Como lo viví, lo puedo explicar perfectamente: una frikada. Lo siento, amigos rocieros, pero alguien tenía que decirlo.”

Recupero este tuit que publiqué hace casi un año, y que me costó algún que otro disgusto, porque me sirve para introducir las reflexiones a las que me han llevado estos días pasados las reacciones de tanto ofendidito como ha salido por ahí rasgándose las vestiduras porque en TV3 “osaron” emitir un sketch humorístico con “la reina de las marismas” como protagonista.

A estas alturas no podemos estar aún así, amigas y amigos, lo siento mucho. No puede ser que en pleno 2023 andemos todavía con estos tiquismiquis cada vez que se toca un tema como el Rocío ¿Qué demonios nos pasa que no logramos sacudirnos esa caspa?¿Aún hay que andar tentándose la ropa no vaya a ser que unos intolerantes nos monten el pollo cada vez que hablamos de sus creencias y no ponemos el foco donde ellos quieren?

Al novelista Alfonso Grosso se le ocurrió radiografiar algunas interioridades de la fiesta del Rocío en su novela “Con flores a María” y durante años sufrió los efectos de la censura. La escribió en los sesenta y no consiguió publicarla hasta 1981, por la misma época en que el cineasta Fernando Ruiz Vergara filmó un documental sobre el tema y la película acabó censurada y denostada: familiares que consideraron vulnerado el honor de sus antepasados, a quienes en el guión se atribuían ciertas tropelías cometidas en Almonte durante la guerra civil lo denunciaron, y el director fue condenado a varios meses de cárcel que afortunadamente no cumplió, aunque sí tuvo que pagar diez millones de pesetas de multa.

El asunto tiene miga, y Nieves Concostrina nos lo recordaba hace unos días en La Ventana de la Ser: al llegar la República, aunque en ningún momento se puso en cuestión la celebración de la romería, algunos almonteños retiraron del ayuntamiento un azulejo con la imagen del Rocío en cumplimiento de la legislación laica vigente. Los poderosos y los rancios del lugar lo consideraron una ofensa intolerable y cuando llegó el golpe de estado del 36 promovieron una revancha ejecutada por falangistas, miembros a su vez de la hermandad matriz de Almonte. Con la medalla del Rocío al cuello algunos, y a la luz de los faros de un camión, fusilaron en la noche a un centenar de paisanos algunos de cuyos cadáveres todavía andan buscando a día de hoy.

Detallar esto en el documental fue lo que le costó a Ruiz Vergara la condena, ratificada por el Supremo. Abrumado y sin apoyos, decidió dejar de rodar películas para siempre y se marchó a vivir a Portugal, donde en 2011 murió con 69 años en el Hospital Casa de Misericordia de Lisboa. Aquella película maldita, que a día de hoy se puede ver en youtube, contiene algunos de los mejores planos que jamás se han rodado de la fiesta del Rocío. El guión de Ana Vila, impecable, muy trabajado, se limita a contar hechos, contextualizarlos, aportar datos y dejar respiros que permiten al espectador escuchar con claridad el sonido ambiente de unas tomas rebosantes de elocuencia.

“Esto no se puede explicar, esto hay que vivirlo”, continúan exclamando a día de hoy quienes cada año se reúnen en la aldea. Traducción: o lo explicas como yo quiero o puede que tengas problemas. Que se lo cuenten si no a Alfonso Grosso, autor de una veintena de libros brillantes, pero que siempre tuvo a su alrededor gente empeñada en afearle haber descrito con su magnífica prosa en “Con flores a María” la impunidad, usos y abusos con que se desenvuelven los señoritos en el Rocío. En los últimos años de su vida, la miseria económica y la enfermedad se apoderaron del cuerpo y la mente de Grosso, quien sobrevivió un tiempo gracias a una ayuda del ministerio de Cultura hasta que en 1995 murió en Valencina de la Concepción a los 67 años.

El Rocío ofrece ángulos muy distintos y permite múltiples miradas. Lo que cuentan Grosso y Ruiz Vergara no solo es completamente cierto sino que se quedan cortos. El Rocío es una exhibición de poder de la iglesia y de los señoritos a caballo, por mucha gente corriente que se implique en la romería. Cada ¡viva la Blanca Paloma! es un disimulado muera la República”, le contó en su día algún parroquiano al periodista y escritor Manuel Chaves Nogales. Ni imaginarme quiero lo que deben estar pensando cada vez que lo gritan a día de hoy.

“Esto no se puede explicar, esto hay que vivirlo”, insisten. Claro que se puede explicar, rocieras y rocieros de nuestras entretelas, lo que pasa es que no os gusta cómo lo explican quienes no acaban abducidos por tanta parafernalia ni hipnotizados por una puesta en escena que la iglesia diseñó con indiscutible pericia hace ya unos cuantos siglos.

No es agua pasada lo de Grosso y Ruiz Vergara: a día de hoy, si no explicas el Rocío como ellos quieren ni te callas lo que no les conviene que se sepa, aún te estigmatizan y si pueden te persiguen hasta que lamentes el atrevimiento. Ahí tenemos sin ir más lejos el episodio de TV3, con Moreno Bonilla rasgándose las vestiduras escandalizado, ejerciendo así de palmero de los fundamentalistas y olvidando que es presidente de millones de andaluces que no quieren saber nada de estas historias.

Continúa existiendo un cierto efluvio tabú en el ambiente rociero que se puede respirar y oler entre el polvo del camino y la histeria del salto a la reja. El tabú y la intolerancia son primos hermanos y aquí llega la eterna pregunta: ¿cómo ser tolerante con los intolerantes? ¿Cómo sentirse libre para hacer humor con quienes están dispuestos a ofenderse a las primeras de cambio y poner en marcha toda la maquinaria mediática con la que cuentan para conseguir intimidarte?

No puede ser que a estas alturas estemos en esas, a ver qué ocurre en las próxima romería del Rocío, que coincide con la fecha de las elecciones municipales. Pronostican que en las marismas se reunirán un millón de personas el domingo 28 de mayo ¿Un millón de abstenciones? No caerá esa breva.

J.T.

lunes, 17 de abril de 2023

La APM y el corporativismo periodístico


La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha vuelto a hacerlo. El pasado miércoles 12 de abril difundió una nota cuyo contenido me avergüenza reproducir pero no me queda más remedio que hacerlo:

Exigimos a Podemos rezaba el comunicado- que cese en sus señalamientos e insultos a periodistas que se muestras críticos con la actividad de esa formación política. La libertad de expresión –continuaba el texto- no puede convertirse en un instrumento para tratar de intimidar a los profesionales de la información.

- Y como creo que me estás intimidando, pues te intimido yo, ¿no es eso? ¡Ea!

Mucho estaban tardando en volver a las andadas. Esta vez les ha tocado enfadarse porque Podemos “ha osado” criticar en un video promocional de esta formación política a personajes de tan “impecable” trayectoria periodística como Ana Rosa Quintana o Antonio García Ferreras. Yo no sé si estas dos personas tienen carnet de la Asociación o no; yo sí lo tengo y si algo tengo también claro es que por mí nunca saldrían públicamente a dar la cara.

Como no han salido tampoco a denunciar, por ejemplo, las injusticias laborales que tantos periodistas han sufrido durante los últimos años en radios, televisiones y empresas editoriales varias, o como tampoco han levantado la voz con la contundencia exigible contra la precariedad laboral de la mayor parte de profesionales que a día de hoy se dedican a la información. Y de la situación de compañeros de oficio como Pablo González, encarcelado en Polonia desde hace más de un año, ¿qué me dicen?

Como se recordaba en este periódico el mismo día en que se hizo público el comunicado de marras, lo cierto es que en Público no se tuvieron noticias de la Asociación de la Prensa de Madrid cuando en junio de 2016 la Policía se presentó sin orden judicial en la redacción para pedir las conversaciones destapadas en exclusiva por este diario en las que el ministro del Interior de entonces, Jorge Fernández Díaz, conspiraba contra líderes de formaciones independentistas catalanas.

Como tantas otras instituciones españolas que llevan décadas necesitando con urgencia un profundo reseteado que nunca llega, la APM pasó de las ubres del franquismo a las del Psoe sin solución de continuidad aunque el progresismo en sus juntas directivas, si alguna vez existió, ha sido por lo general breve y casi siempre minoritario. Con jamones en navidad y descuentos en los teatros y en los trenes, todos contentos. A estas alturas ese tipo de prebendas han desaparecido prácticamente, pero quedan las inercias y, por supuesto, hay aún demasiado alcanfor tanto en sus dependencias como en los trajes de un buen porcentaje de quienes componen las juntas directivas.

Esas inercias desfasadas, antediluvianas, son las que les llevan de vez en cuando a darse por ofendiditos cuando, por ejemplo, un partido político difunde un video que no les gusta. Se ofenden y, además exigen el cese de lo que consideran “señalamientos e insultos. Exigen. Pero vamos a ver, ¿cómo que exigir, ¿cuál va a ser el próximo paso, llamar a los Abogados Cristianos para que interpongan una demanda si no “se comportan”?

El corporativismo es el cáncer de cualquier profesión, una puerta abierta a la corrupción en muchos casos, y en el periodismo un gran peligro cuando se aspira a desarrollar el trabajo en libertad. La frase más desafortunada durante años en el oficio periodístico fue “perro no come carne de perro” y, aunque esa manera de proceder hace tiempo que ya pasó prácticamente a la historia, aún hay quien la reivindica. Se supone que si eres periodista no debes criticar a otro periodista aunque haga mal su trabajo, ¿y eso por qué?, me pregunto. Si Televisión Española emite unos informativos infames y las tertulias te parecen parciales, ¿te tienes que callar porque “eres del gremio”, como alguien me apuntó la semana pasada cuando se me ocurrió criticar en redes la factura del programa “La noche en 24 horas”? Xabier Fortes tiene demostrado que sabe hacerlo mucho mejor, ¿qué pasa pues ahora?

Pero hombre Juan, ¿cómo se te ocurre meterte con tus compañeros?, me preguntaron el otro día. Pues mira, contesté, pues porque estoy hasta las narices de sentir vergüenza ajena, porque me gusta mi oficio, me parece un cometido imprescindible y noble, y creo que los medios están contribuyendo muy poco últimamente a que se nos tenga la consideración que merecemos. Tal y como anda el panorama de la comunicación en España en los últimos años, ni con insultos, intimidaciones o apelaciones a la contención vamos a conseguir ganarnos el respeto de nadie, si es que aún nos queda el de alguien.

Y por si era poco el follón que ya hay liado, viene ahora la Asociación de la Prensa de Madrid y remata la faena una vez más con un comunicado infecto poniendo el grito en el cielo por un par de adjetivos a su juicio inapropiados en el video promocional de un partido políticos. Matizaré: del único partido político con el que se atreven a ofenderse. La protesta, faltaría más, ha sido respaldada por la Federación de Asociaciones de la Prensa de toda España (FAPE).

Soy miembro de la APM y de la FAPE, y muchos compañeros que se han ido dando de baja desanimados, cabreados y aburridos por la deriva de la institución me conminan a hacer lo mismo que ellos, bórrate, me insisten, que eso no tiene solución. Pues mirad amigos, lamento contrariaros. Entre las asociaciones de Barcelona y Madrid, he pagado puntualmente mi cuota durante 46 años y si alguien se tiene que ir es en todo caso quien denigra el oficio difundiendo comunicados intimidatorios, no yo.

No vamos por buen camino, lo sé y créanme que lamento muy seriamente tener que hablar de estas miserias. O acabamos con los corporativismos en el mundo de la información, o será el corporativismo el que acabe con el escaso porcentaje de buen nombre que aún puede que le quede al periodismo. Los silencios son propios de quienes aman sobrevivir poniéndose de perfil. Lo siento, no es mi caso.

J.T.

lunes, 10 de abril de 2023

La larga sombra del Magariños


Oigo y leo a los crispadores de guardia, que no han parado ni en Semana Santa, y la evidencia parece bien clara: el domingo de Ramos metimos la pata, podría ser el resumen de sus intervenciones. Pensamos que apoyando a Yolanda Díaz nos comeríamos con patatas a Podemos a las primeras de cambio y nos equivocamos, admiten ahora compungidos en ciertos cenáculos mediáticos progresistas, también en el seno de ese batiburrillo impreciso llamado Sumar… y hasta en el PSOE, instigador clave de la proclamación del Magariños.

Magariños, el lugar donde Yolanda admitió por fin que quiere ser presidenta del Gobierno de la nación, fue la nada envuelta en celofán, solo faltaba Paulo Coelho predicando ese buen rollo falso que le hizo millonario. Todo muy guay, muy fashion, muy tierno y muy blanco pureza, pero ya durante la misma celebración de tan distópico show empezaron a darse cuenta que ese pastiche organizado al margen de Podemos iba a ser muy difícil que funcionara.

Cuando te empeñas en que alguien se asocie contigo por lo civil o por lo militar ninguneando su peso especifico, cuando lo haces intentando que agachen el lomo sin prever del todo cuáles pueden ser las consecuencias si no tragan, las posibilidades de que, si insistes en seguir adelante, te quedes con el culo al aire son muy altas. Y así parece que está siendo.

Tras la subida de Yolanda Díaz a los altares se ha producido durante esta Semana Santa un llamativo giro de guión en el que “las personas que no querían que Podemos acabara confluyendo con Sumar se han puesto nerviosas ante la posibilidad cierta de que Podemos no acabe confluyendo con Sumar, según resumía un reconocido tuitero. Lo único que pareció quedar claro hace ocho días es que Yolanda Díaz no quiere tutelas a pesar de que el empleo de tal expresión inquieta y siembra dudas: “ni tutelas ni tutías”, tenía que haber rematado, pero no se atrevió.

Se conoce que prefiere directamente abrazos de oso como el que le prodigó el presidente del Gobierno cediéndole un buen porcentaje de protagonismo durante la moción de censura de la ultraderecha. Es el momento de las mujeres, repitió una y otra vez en el sermón del Magariños, a pesar de llevar meses evitando a Ione Belarra e Irene Montero, sus dos principales compañeras en el grupo minoritario del Gobierno de coalición.

Sostiene un amigo mío que Pedro Sánchez y Yolanda Díaz están tomando decisiones dando por hecho que la izquierda perderá el poder en las elecciones generales de final de año. La tesis de mi amigo puede ser descabellada, pero a lo mejor no lo es tanto: según él, el presidente solo piensa ya en un cargo europeo, Yolanda se ha creído que el PSOE no tendrá relevo después de Sánchez y en consecuencia será ella quien se quede con el voto de izquierdas. Como se ve heredera del electorado del PSOE, pone todo el empeño que puede en agradar a esa parroquia y la verdad es que, repasando con detenimiento el sermón de Magariños, parecía más una candidata del PSOE que muchos del propio PSOE.

Yolanda ha reconocido en círculos privados, y a veces no tan privados, que tiene un proyecto para diez años; que se ve como presidenta, sí, pero no en estas próximas elecciones. Si Sánchez pierde el Gobierno y ella conserva el apoyo de los mismos aliados mediáticos que tiene ahora, durante la próxima legislatura podría convertirse en la única diputada del Congreso con peso suficiente para hacer oposición, porque el nuevo secretario general que deberían elegir los socialistas es posible que tuviera un perfil más bien soso, tipo Juan Lobato o Juan Espadas, actuales líderes del partido en Madrid y Andalucía, o incluso fuera alguien que ni siquiera contara con escaño parlamentario.

Esto permitiría entender por qué a Sumar puede que no le preocupe tanto el número de diputados que la “plataforma” consiga en las próximas elecciones generales, aunque en lugar de cincuenta sean solo veinte. Lo único que necesita Yolanda Díaz es que nadie le haga sombra en el Congreso, ni Ione Belarra, ni Irene Montero, de cuyos linchamientos ya se encarga el equipo mediático habitual; ni tampoco Ada Colau o Mónica García, a quienes apoya para ayudarles a ganar en Barcelona y Madrid. Mejor lejos que sentadas a su lado con actas de diputadas, que la competencia es “mu mala”.

Si otorgamos aunque sea una mínima credibilidad a estas hipótesis, ¿verdad que no resulta descabellado deducir que a los “sagaces estrategas” de Sumar puede que no les importe tanto concurrir a las elecciones generales de diciembre sin contar con nadie más?

Magariños no ha sido precisamente un buen comienzo para acabar con Podemos, quizás habían pasado por alto que el partido morado cuenta con más fuerza, empuje y respaldo del que pensaban; en el PSOE y en Sumar se dieron cuenta de su error nada más finalizar el acto del polideportivo y ahora andan de los nervios buscando cómo deshacer el entuerto cuanto antes.

Para que el resultado de las generales de diciembre no les importe a Sumar y compañía, estos han de conseguir primero que se cumpla la premisa de partida: acabar con Podemos, ese gran sueño húmedo de tantas y tantos. Saben que lo tienen muy difícil y que si no lo logran el chiringuito, la plataforma o como demonios quieran llamar a ese invento con tanta fachada como tan poca sustancia, se les irá al traste.

En resumen, que a Podemos le toca ahora resistir con más empeño que nunca para que Pedro Sánchez y Yolanda Díaz no se salgan con la suya. Es posible. Una vez más, sí se puede, pero como siempre toca pelea.

J.T.

domingo, 2 de abril de 2023

Tom y Jerry, o la desesperación del PP


No saben ya qué hacer para que los torpedos inmisericordes que a diario lanzan contra el Gobierno de coalición acaben surtiendo efecto. Están desesperados. Me recuerdan a Tom, el gato que salía trasquilado cada vez que intentaba atrapar a Jerry, el ratón: no había sabotaje que le saliera nunca bien al felino porque Jerry siempre se escurría y al final era a Tom a quien acababa explotándole el petardo en la cara. Tom y Jerry: un viejo guión que no pierde actualidad.

Me imagino a la plana mayor del Partido Popular gritando ¡malditos roedores! en la sala de máquinas de Génova, 13 cada vez que intentan una maniobra para desgastar al Gobierno de coalición y al final acaba saliéndoles el tiro por la culata. No paran de pegar escobazos sin conseguir atizarle nunca a unos adversarios que siempre se las arreglan para salir relativamente indemnes de la agresión de turno.

Pero ¿cómo es posible?, se preguntan desconcertados. Nosotros que tenemos de nuestro lado a todos los primos de Zumosol posibles, nosotros que contamos con el apoyo de bancos y grandes empresarios, es decir, con todo el dinero del mundo, nosotros que disponemos de los mejores instrumentos de presión existentes, nosotros que somos los putos amos… ¿cómo es posible que no haya manera de endiñarle al Gobierno de coalición un buen escobazo que los deje temblando?

Les hemos llamado de todo, hemos mentido sobre todo, le hemos la dado la vuelta a cualquier buena noticia que pudiera favorecerles, hemos acojonado de lo lindo al personal, hemos logrado que muchos infelices piensen que los vamos a sacar de la miseria, hasta hemos hecho creer a los pensionistas que la subida de la jubilación era mala, pan para hoy y hambre para mañana; en fin, que nunca le hemos hecho asquitos a la más mínima oportunidad que se nos haya brindado para retorcer la realidad cuanto más mejor…

Hemos copiado las peores artes de Trump, plagiado a Berlusconi y perfeccionado el arte de divulgación de noticias falsas hasta tal extremo que ríase usted de la Fox estadounidense. Tenemos a Vox en horas bajas tras el sonoro ridículo brindado por ese bluff llamado Tamames, las radios no paran de arrearles estopa, las teles son nuestras, los periódicos comen en nuestras manos... y aún así los muy cabrones del gobierno logran salir a flote.

Conseguimos hasta quitarles la televisión pública y ni por esas, cinco años con el Poder Judicial sin renovar y nada, en los juzgados ya no saben cómo retrasar más tiempo los juicios de corrupción que aún quedan pendientes contra nosotros y nos instan a espabilar, es decir, a llegar al gobierno cuanto antes y como sea, porque ya no saben qué más hacer para favorecernos; las cloacas han practicado sin pudor alguno el mayor juego sucio posible intentando sobre todo buscar la ruina a los socios minoritarios del Gobierno de coalición… Y aun así, no hay manera de despegar con claridad en las encuestas. Ni siquiera en las que cocinan los nuestros. Pero ¿qué está pasando aquí?

Una pandemia del carajo de la vela, un volcán, una guerra en Ucrania que nos empobrece a todos… Pues nada, ni por esas hemos conseguido que la legislatura se acortara. Hacen pactos, llegan a acuerdos, sellan consensos, y ahora que nos las prometíamos tan felices soñando con un revés en el asunto de la reforma de las pensiones, va Europa y bendice los acuerdos entre Gobierno de coalición y sindicatos ¡Con lo bonito que hubiera sido un buen pollo en otoño por las calles de toda España llenas de contenedores ardiendo a pocos meses vista de las elecciones generales!

En resumen, desocupado lector, que los guionistas del negocio pepero andan desesperados. No dan con la tecla para que despeguen las expectativas del llamado principal partido de la oposición. Y algunos de los muñidores de las eternas conspiraciones internas hace ya un tiempo que se preguntan cómo fueron capaces de apostar por el inútil de Núñez Feijoó. Menudo chasco. Los periodistas y predicadores en nómina cada vez lo tienen más difícil para remendar o tapar sus antológicas meteduras de pata, los pobres.

Cada vez que viajan a Bruselas hacen el ridículo, visitan al Papa y este les ningunea en su cara. Y claro, se agobian y desesperan tanto viendo correr el reloj y las hojas del almanaque, que al final no se les ocurre nada mejor que recurrir a la distopía de los telepredicadores latinos de tinte bolsonarista, a sus bendiciones y sus aleluyas: ¡Almeida, aleluya, Ayuso, aleluya, Señor Feijoó, ruega por nosotros, aleluya! ¿Puede existir mayor reconocimiento de impotencia?

¡Malditos roedores, los miembros de este Gobierno de coalición. Pensábamos que con los insultos, la crispación en el Congreso de los Diputados, la tele pública a nuestro favor y esa manipulación mediática en la que nuestros turiferarios son verdaderos maestros, nos los íbamos a comer en pepitoria a las primeras de cambio y ahí andan todavía, vivitos y coleando tres años largos después. Corriendo y zafándose divertidos de nuestros escobazos, como el ratón Jerry mientras nosotros, como el gato Tom, acabamos estrellándonos contra la pared cada vez que intentamos acabar con ellos.

¡Malditos roedores!

J.T.

lunes, 27 de marzo de 2023

Esa incesante hostilidad contra Podemos


¿De verdad vais a tener las narices de culparles de todos los males? ¿De verdad vais a acabar certificando que las derechas, junto a los golpistas que colonizan la médula espinal de las instituciones, han hecho bien su trabajo con tanto bulo, tanto lawfare y tanta infamia? Los quieren enfrentar, y en buena parte han conseguido su objetivo, al tiempo que el común de los mortales ha acabado cayendo en la trampa: los malos de la película son los de Podemos. Pues mire usted, pues va a ser que no. Permítanme algunas preguntas:

¿Qué tiene Podemos para suscitar tanta animadversión por parte de segmentos políticos y periodísticos tan diversos? ¿Qué es lo que hace tanta pupa? ¿Qué es lo que les convierte en destinatarios eternos de arremetidas tan inmisericordes? ¿A qué viene tanta hostilidad?

Desde el día en que El País, años ha, 28 de enero de 2015, publicó a tres columnas en primera página una noticia falsa afirmando que Juan Carlos Monedero "falseó la mayor parte de su currículo académico"  hasta el pasado 19 de marzo, cuando este mismo diario publicó un largo informe titulado Podemos desafía la unidad de Sumar, la formación política no ha dejado ni un solo día de encontrarse en el punto de mira de todo el espectro periodístico, no solo de los recalcitrantes medios ultras cada vez más numerosos.

Más preguntas: ¿Cómo es posible que un proyecto político que removió los cimientos de un país dormido se encuentre pocos años después en el punto de mira incluso de una buena parte de quienes salieron beneficiados con su irrupción en escena? ¿Qué es lo que suscita tanta inquina? Si son tan malos, si son tan nocivos, ¿cómo es que han conseguido tantas cosas? Si en Podemos son ya tan pocos, ¿cómo es que se les sigue haciendo tanto caso?

¿Qué extraña conjunción astral ha tenido que darse para que ahora intenten comparar a Podemos con Cayo Lara? ¿Que extraños movimientos telúricos se me están escapando, que a medida que leo y escucho entiendo menos? Entre las muchas cosas que no entiendo está el buenismo de quienes predican “vamos a llevarnos bien” al tiempo que no dejan de meter el dedo en el ojo.

No entiendo a quienes, en nombre de la mentalidad práctica, invitan a pasar por alto humillaciones y vejaciones porque “lo importante es que los números den” ¿Y en nombre de que los números den vale todo? No entiendo a quienes asustan anunciando que viene el lobo de la ultraderecha y usan este argumento para desplazar y ningunear el proyecto, el programa y la decisión política que hizo posible el escenario que propició los avances sociales conseguidos en los últimos tres años.

¿A qué viene tanto miedo?¿Qué significa que Yolanda Díaz e Íñigo Errejón “gusten”, pero Podemos no? Pues solo una cosa: que la propaganda de derechas ha hecho pleno al 15 consiguiendo lo que siempre buscó: primero demonizarlos a todos y luego ir desactivándolos por partes como en la fábula del cuervo y el zorro: Qué bonitas plumas, seguro que cantas igual de bien, y el cuervo, cegado por la vanidad, abrió el pico para cantar y dejó caer el queso mientras el zorro lo cogía rápidamente y, antes de salir corriendo, le recordó al incauto que el adulador vive siempre a costa del que lo escucha.

Lo hicieron con Errejón, lo intentan ahora con Yolanda; lo hicieron y continúan haciéndolo incluso con Mónica García, líder de la oposición por Más País en la Comunidad de Madrid, pero de quien no podemos olvidar que hace cuatro años fue la principal responsable de que Díaz Ayuso esté gobernando a día de hoy: se negó a elaborar una lista conjunta con Pablo Iglesias cuando este abandonó la vicepresidencia del Gobierno de la nación, y si no lo hubiera hecho, hoy la autonomía estaría gobernada por la izquierda.

Estoy rodeado de gente que nada tiene que ver con la derecha, que nunca los votó ni los votará, pero que a estas alturas lo que dicen y piensan se resume en que Yolanda Díaz les cae bien pero Pablo Iglesias no. Pero vamos a ver, les digo, que Pablo no tiene ya ningún cargo, que no está en ninguna lista. Solo se explica esta disgresión cuando asistes al bombardeo diario de medios de todos los colores que consiguen confundir no solo a quienes se informan de oído sino a gentes que siguen la actualidad con interés pero que quizás hayan olvidado, por ejemplo, que cuando Iglesias le ofreció a Yolanda ser ministra de Trabajo Alberto Garzón y Enrique Santiago, responsables de Izquierda Unida y del PCE respectivamente, se opusieron. Los mismos que hoy beben los vientos a su lado.

La izquierda fragmentada es el mejor negocio de la derecha. Demostrado ha quedado en Andalucía y en Castilla y León, demostrado ha quedado en Francia, donde que se presentaran cinco izquierdas a las elecciones yuguló las muchas posibilidades con las que contaba Mélenchon para convertirse en presidente de la República francesa. Es la eterna historia de siempre. Y continuamos cayendo en las mismas trampas de siempre.

J.T.