sábado, 13 de junio de 2026

La expulsión de los "cantaires" de la Sagrada Familia


La tarde-noche del miércoles 10 de junio, durante la misa solemne presidida por el papa León XIV y la posterior inauguración de la Torre de Jesús, acto central del centenario de la muerte de Gaudí, unos 500-600 cantaires de diversos coros catalanes (de lugares como Puig-Reig, Vilafranca, Girona, etc.) fueron expulsados del interior de la basílica por la Policía Nacional. Entre el fulgor de los drones, la pirotecnia y los coros infantiles, se amputó una parte del espectáculo y se atentó claramente contra la libertad de expresión. Este episodio ha sido tratado con guante de seda por  muchos medios  o directamente han silenciado. 


Los coros habían participado activamente en la misa cantando durante la ceremonia y al final, mientras interpretaban El Virolai, el himno dedicado a la virgen de Monserrat, la policía entendió que algunos cantaires tenían la intención de desplegar esteladas que llevaban impresas en el reverso de las partituras y cantar Els Segadors, así que decidió actuar con contundencia para impedirlo. Rodearon al grupo completo y sacaron del templo a todos los adultos componentes de los coros. La intervención fue violenta y humillante, según contaron los afectados. Los empujaron y los obligaron a abandonar la Sagrada Familia mientras aún cantaban la segunda estrofa del Virolai. Una vez en la calle, los cantaires entonaron Els Segadors y El Cant de la Senyera. De todo esto existe escasa documentación audiovisual, pero alguna se puede encontrar.


La actuación policial supuso que el espectáculo final perdiera parte de su alma coral. Se había vendido el acontecimiento como la celebración universal de la belleza y la creatividad, pero se impidió que voces catalanas expresaran su identidad cultural a través de una canción y unos símbolos que forman parte del imaginario colectivo de buena parte de la sociedad catalana. Els Segadors es el himno oficial de Cataluña, reconocido por el Parlament. La estelada representa una aspiración política legítima en democracia. Expulsar a los cantaires significa tratar la discrepancia política como una amenaza. 


Mientras el espectáculo deslumbraba al mundo, se silenció una expresión cultural. La Torre de Jesús se inauguró con pompa internacional, pero dentro del templo se impuso el control ideológico. La protesta se produjo, pero fuera de foco, rodeados de policía en la calle Mallorca. En medio de la fiesta de la belleza y la técnica, se recordó que en Catalunya persiste una herida abierta por la intolerancia a la disidencia simbólica y la tendencia a criminalizar preventivamente al adversario político. Gaudí, siempre catalanista, soñó un templo para todos. 


Si la realización televisiva fue magnífica y el concepto ambicioso, estos nubarrones empañan la ceremonia por muy "discreta" que fuera la represión. Al día siguiente, el pasado jueves 11, cientos de personas cortaron el tráfico en la calle Sardenya, frente a la Sagrada Familia, desplegaron una estelada gigante y cantaron Els Segadors  en una concentración convocada por redes donde se denunció la censura y la vulneración de la libertad de expresión y a la que asistió el ex president Quim Torra, representantes de Junts y de la Assemblea Nacional Catalana (ANC). Junts ha registrado iniciativas parlamentarias pidiendo explicaciones al ministerio del Interior y a la delegada del Gobierno. 


J.T.

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