sábado, 26 de agosto de 2023

Ellas pasarán a la historia; Rubiales, no

Frente a las pornográficas manifestaciones públicas de Luis Rubiales y su negativa a dimitir, me encuentro entre quienes lamentan que el grosero episodio de violencia machista que este protagonizó en Australia haya acabado ensombreciendo la gigantesca victoria de 23 jóvenes españolas que hace solo unos días hicieron vibrar al país entero ganando la Copa del Mundo de Fútbol.

El día que se jugó en Nueva Zelanda la semifinal España–Suecia, martes 15 de agosto, diez de la mañana, varios clientes de un bar pidieron al dueño que sintonizara el partido. Aquí no se pone la tele para ver fútbol de tías, contestó este. En breves instantes todos los clientes pidieron la cuenta, abonaron sus consumiciones y el bar se quedó vacío ante el desconcierto de un machirulo que, al estilo del camorrista presidente de la Federación Española de Fútbol y su cohorte de turiferarios, no acaba de enterarse que este país ya no es lo que era.

El combinado español ganó 2-1 aquel partido y esa mañana nos aprendimos al menos dos nombres: Salma Paralluelo, 19 años y Olga Carmona, 23, las autoras de los goles del pase a la final de la Copa del Mundo. A nadie le importaba en ese momento cómo demonios podía apellidarse el presidente de la Federación. De un día para otro, buena parte de este país había descubierto que aquí existían mujeres que jugaban al fútbol y que, si el domingo día 20 ganaban en Sídney, podían traerse para España el trofeo más importante de este deporte por primera vez en la historia.

Así fue: ganaron 1-0 a Inglaterra el domingo día 20 al mediodía (gol también de Olga Carmona), dejaron durante dos horas las playas semivacías y dispararon los índices de audiencia de una TVE que hacía tiempo que no se había visto en otra. En pleno mes de agosto y en las antípodas del planeta, 23 españolas acababan de dejar en evidencia la caspa de un país con millones de machistas que de pronto no sabían cómo gestionar sus convicciones de tantos años, tantas certezas mal entendidas.

La repugnante actitud del presidente de la Federación besando en la boca a una de sus jugadoras sin su consentimiento es la elocuente prueba de una confusión en la que militan no solo hombres como él o el dueño del bar al que nos referíamos al principio, sino incluso muchas mujeres. La pesadilla que llevamos viviendo esta última semana evidencia el largo camino que queda por recorrer hasta que todos entendamos de qué va el acoso laboral, de qué va la violencia sexual.

Las futbolistas españolas dejaron además en evidencia, al ganar el mundial y traerse con ellas la Copa del Mundo, tanto postureo como se estila en el fútbol masculino. Con su impecable victoria emocionaron, hicieron llorar incluso a millones, sí, millones de personas. Nos pusieron en el mapa mundial del deporte femenino certificando así una revolución, silenciada más que silenciosa, que hace ya tiempo que se estaba produciendo entre la gente joven a pesar de quienes, comenzando por el trumpista presidente de la Federación Española de Fútbol, parecen empeñados en ignorarla.

Menos mal que Salma, Olga, Alexia, Cata o Mariona son un reflejo fantástico de la diversidad de un país que se mueve a años luz de la España casposa que aún defiende tanto intolerante como todavía anda suelto por oficinas, despachos y escaños parlamentarios. Ivana, Ona, Alba, Jessi o Aitana no solo han desnudado a los niñatos multimillonarios y chulitos que van por el mundo sacando pecho porque saben darle pataditas a un balón, sino a todo ese entorno machista y prepotente que lleva decenios mangoneando en el fútbol de manera impune y pontificando mientras se fuman un puro, se rascan los genitales o ambas cosas a la vez.

Las jugadoras de la selección femenina de fútbol también han dejado en evidencia a ese periodismo baboso y genuflexo que se empeña en dorar la píldora a cretinos de medio pelo. Con su desfachatez, desahogo barriobajero, chulería y horterez supina acreditadas el pasado viernes, Luis Rubiales nos ha jodido la fiesta, ha empañando buena parte de la alegría que supuso que 23 jóvenes mujeres ganaran la Copa del Mundo jugando magistralmente al fútbol.

Las 23 españolas de Sidney (campeonas, que no campeones, por mucho que insistan tanto el nefasto Rubiales como el entrenador Jorge Vilda) han ganado mucho más que un campeonato mundial de fútbol: han contribuido a dar un paso de gigante, de gigantas, en la lucha por la igualdad de las mujeres en España, en la pelea por la equiparación de derechos. Quizás porque se trata de una revolución en toda regla, y toda revolución es política, quizás por eso estamos donde estamos, con Rubiales y sus secuaces revolviéndose como gatos panza arriba. Por mucho que se empeñen, más pronto que tarde serán olvidados. La gesta de las futbolistas, en cambio, pasará a la historia, es ya historia.

De ellas será para siempre el mérito de haber contribuido a situar los derechos de la mujer en el centro del debate. Por muchas consejerías y concejalías de Igualdad que los ultras se empeñen en hacer desaparecer, el trabajo y la victoria en Sidney de 23 jóvenes españolas el pasado 20 de agosto pone fecha al arranque de un tiempo nuevo y mejor.

J.T.

lunes, 21 de agosto de 2023

Lenguas del Estado frente a la madrileñidad tóxica

Francina Armengol, presidenta del Congreso de los Diputados

Aunque hace décadas que son idiomas oficiales, el uso tanto del catalán como del euskera o el gallego continúa siendo demonizado en muchas partes de España, con ese Madrid cada día más tóxico a la cabeza de las hostilidades. Las derechas no parecen dispuestas a entender, mucho menos a admitir que la pluralidad lingüística, además de constituir una realidad con raíces de siglos, contribuye a enriquecer un patrimonio cultural que aporta a nuestra convivencia calor, color y vida.

Hasta este jueves esa realidad no había dado ningún paso para abrirse camino en el Congreso de los Diputados. Lo ha hecho Francina Armengol, su flamante presidenta, y a partir de ahora comienza un tiempo en el que se tendrán que ajustar muchas bielas, claro que sí, pero eso no impide celebrar que en una institución con sede en Madrid se utilicen por fin todas las lenguas del Estado. Por ahí se empieza, por ahí se tenía que haber empezado hace mucho. Resulta difícil entender cómo es posible que haya pasado tanto tiempo antes de adoptar esta decisión ¿Tanta caja de los truenos es?

Pues algo de eso parece que hay, por mucho que el catalán, el euskera y el gallego sean lenguas tan españolas como el castellano. Termino de escribir esta frase y tengo la impresión de haber soltado una perogrullada si no fuera por la eterna hostilidad centralista. Dado lo empeñados que están en llamar español a solo uno de los idiomas del Estado, y lo que desprecian el uso del resto, parece necesario repetir esta idea cuantas más veces mejor. Voy a ello: el catalán es una de las lenguas de España, tan mía, la hable o no la hable, y si no la hablo peor para mí, como el euskera, el gallego o el castellano. Punto.

Que haya quien desprecie esta reflexión no es casual, como tampoco lo es la constante y grosera intromisión en la vida nacional de la madrileñidad tóxica. Ojalá el uso de todas las lenguas oficiales en el Congreso contribuya a ir “desmadrileñizando” una política nacional últimamente tan endemoniada, a quitarle algo de presión a esa olla a punto de estallar en que últimamente se ha convertido la capital del Estado.

Ha llegado la hora de cambiar el chip, por mucho trabajo que exija ese cambio de mentalidad. Donde lo exija, porque la diversidad lingüística no es un problema en ninguna de las comunidades donde se practica. No solo no altera ni perjudica la convivencia, como en su día Wert o Esperanza Aguirre se empeñaron en sostener, sino que hace ciudadanos más competentes y plurilingües. Y si las políticas educativas contienen deficiencias en algunas autonomías, pues sentémonos y hablemos sobre ello, ¿no? ¿o nos dedicamos toda la vida a cerrarnos en banda por ambos lados?

La palabra es diálogo. A eso es a lo que creo que otorgó carta de naturaleza Francina Armengol el pasado jueves haciéndose eco de la España real y dejando por fin a un lado, como tercera autoridad del Estado, la estomagante propaganda de radios, teles y periódicos empeñados en hacernos volver, junto a la derechas más intolerantes, a las tinieblas de los tiempos. Lo hizo entre citas de Salvador Espriu (en catalán) y María Zambrano, la expresión de solidaridad con los afectados por el incendio de Tenerife y una mención específica a la selección femenina de fútbol. Siguió así la línea que minutos antes, durante el breve espacio de tiempo en que presidió la mesa de edad, había esbozado Cristina Narbona: Honestidad, rigor, empatía, respeto...

Si defiendo mi lengua natal y exijo respeto, ¿por qué no he de respetar o admirar las otras de mis compatriotas?, se preguntaba alguien en redes estos días. Recordaba hace poco Guillermo Toledo aquella frase de Ovidi Montllor: Hay gente a la que no le gusta que se hable, se escriba o se piense en catalán, (euskera o gallego). Es la misma gente a la que no le gusta que se hable, se escriba o se piense”.

Sin ánimo de lanzar al vuelo ninguna campana, igual es buen momento para la llegada de la imaginación y la creatividad al Congreso de los Diputados. La primera bola de partido, el primer “match ball” ha caído del lado que favorece esa opción frente a los partidarios de las derogaciones, la intolerancia y la madrileñización tóxica de la vida nacional. Ahora toca rematar la faena con la investidura; que no vuelva a pasar como aquel día de 1873 en que Estanislao Figueres, primer presidente de la primera república, decidió abandonar sus responsabilidades empleando el catalán para hacerlo con una frase ya mítica: “Estic fins als collons de tots nosaltres”. Ciento cuarenta años han pasado.

J.T.

lunes, 14 de agosto de 2023

El próximo día 17 empieza todo


En yates fondeados por calas ibicencas, o en suntuosas mansiones veraniegas cántabras o mallorquinas, algunos de los prebostes que continúan partiendo el bacalao en los cenáculos políticos urden estos días de agosto las estrategias, más bien estratagemas, con las que las derechas tensarán y crisparán cuanto puedan el comienzo del nuevo curso parlamentario, el arranque de la próxima legislatura.

Una vez celebradas las elecciones, incómodo trámite que desde hace décadas soportan a regañadientes, no les queda otra que disimular y hacer ver que aceptan los pasos que marca la Constitución para formar un nuevo gobierno. Cuando sus marionetas no hacen bien el trabajo encomendado y eso desemboca en que es posible constituir un ejecutivo plural que les plante cara, los grandes poderes de este país empiezan a levantar teléfonos y mover dinero para impedirlo. Que parezca un accidente. En eso están. Como siempre.

No admiten otra opción: cueste lo que cueste, la realidad ha de acabar acomodándose a sus fantasías. El bipartidismo los mantuvo contentos durante décadas y los resultados de las elecciones generales en los últimos tiempos los tienen en un sinvivir. Todo estuvo controlado hasta que por una parte los nacionalismos dejaron de bailarle el agua y por otra apareció una fuerza política llamada Podemos que dejó en evidencia el sospechoso acomodo de Izquierda Unida a ser de por vida un convidado de piedra.

No han parado ni un minuto para conseguir que todo volviera a su cauce. Unos años de infame acoso y derribo han bastado para volver a descafeinar a la izquierda, para despojarla de la pujanza y el vigor que tantas cosas puso patas arriba en este país. Bien, pues no les parece suficiente, los poderes reales quieren más caña. Además de los rojazos podemitas, sobran también los catalanes y los vascos, y las mujeres, claro, que han votado izquierda en más de un sesenta por ciento. No se les puede dejar solas.

Creo no equivocarme si digo que reflexiones así han pasado estos días por la cabeza de Núñez Feijoó y su cohorte, obligados a soportar desde el 23 de julio las broncas que les llegan de sus indignados tutores desde yates fondeados en calas ibicencas o desde suntuosas mansiones veraniegas. En el PP no saben cómo justificar ante sus dueños, los que nunca se presentan a las elecciones y siempre quieren ganarlas, que no fueron capaces de conseguir los votos suficientes para gobernar. Por eso andan de un lado para otro, tres semanas ya, como pollos sin cabeza negando la realidad, resistiéndose a admitirla, convirtiendo en patéticos manotazos su manifiesta desesperación.

Hemos triturado a la izquierda pero teníamos que haberle dado menos cancha a Vox, piensan ahora. Por eso han metido la directa para acabar con ellos y recuperar sus votos si hay repetición electoral. Lo intentarán. Teledirigidos por sus mentores desde el mismo domingo 23 de julio, los ganadores-perdedores de las elecciones pondrán toda la carne en el asador para intentar subvertir la legitimidad democrática con parecidos procedimientos a los de los mejores tiempos del bipartidismo, procurando a su vez que no se les vea demasiado la patita ultra, que hay que quedar lo mejor posible con Europa.

Quieren el poder, el manejo de la economía, de los presupuestos, de las decisiones importantes en materia de política sanitaria y educativa, necesitan controlar la gestión en Interior, Justicia y Exteriores, atar en corto la política energética, mantener unas buenas relaciones con la iglesia católica, que la monarquía continúe siendo referente indiscutible… Esas cosas no pueden estar jamás en manos del rojerío ni de los independentistas.

Estos días previos al jueves 17 de agosto, fecha en la que se conformará el nuevo Congreso de los Diputados, conoceremos hasta dónde han llegado las conspiraciones veraniegas para intentar torpedear el resultado de las urnas. El peligro es el PP, no Vox, mira que lo ha repetido veces Rodríguez Zapatero y parece como si no acabáramos de creérnoslo. El PP y sus jueces en el Constitucional, claro, haciendo horas extras veraniegas para torpedear posibles pactos de gobernabilidad tras decidir bloquear el recurso de Puigdemont donde solicitaba anular su orden de arresto. El PP y la Junta Electoral Central, rechazando la revisión de 30.000 votos nulos en Madrid...

Veremos hasta dónde quieren llevar su resistencia peperos, voxeros  y tanto desesperado compañero de viaje como tienen a su alrededor, hasta acabar admitiendo lo inapelable: que una mayoría clara de ciudadanos legitimó el domingo 23 de julio a los parlamentarios suficientes para impedir que el PP llegue al poder con los votos de los fascistas, para frenar en seco la vocación derogadora de Feijoó y para conseguir que leyes que significan libertad y conquista de derechos básicos no solo mantengan su vigencia y se apliquen con rigor, sino que se pueda continuar peleando para mejorar la vida de quienes más lo necesitan. Somos muchos más los que queremos una España moderna, progresista y multicolor. A ver cuándo lo entienden.

J.T.J.T.

miércoles, 9 de agosto de 2023

Por favor, ¡que vuelva el periodismo ya!

 


¿Dónde está aquel espíritu periodístico que se mamaba en los periódicos y revistas de antes, aquellos jefes que te decían vete a la calle y no se te ocurra volver hasta que no traigas una buena historia?

¿Dónde están los Enrique Vázquez de ahora, dónde los jefes como él, que siendo director de informativos de tve confiaba en nuestro trabajo y pocas veces, o ninguna, lo revisaba antes de la emisión?

¿Dónde están los José Antonio Plaza de ahora, que cuando fue mi jefe en Antena Tres de Radio, nos daba las instrucciones por la mañana temprano para trabajar los temas asignados y, a partir de ahí, ya solo veía el guión cuando iba a leerlo en antena y lo hacía palabra por palabra, tal y como se lo habíamos escrito?

¿Dónde están los Martín Ferrand de ahora, un señor de derechas, sí, pero sumamente respetuoso con el trabajo de sus reporteros, a quienes nos decía que lo único que le importaba es que a él no le tuvieran que sacar los colores porque un reportaje nuestro no estuviera suficientemente verificado y contrastado?

¿Dónde están los José Antonio Gurriarán de ahora para quien, como director, su preocupación máxima era no defraudar al lector y siempre te animaba a sacar lo mejor de ti cuando estabas trabajando en un tema?

¿Dónde están los Álvarez Solís de ahora, quien dirigiendo una revista como Interviú, y con el reconocimiento que ello comportaba, no se le caían los anillos por ir a declarar ante los jueces cada vez que un reportero suyo se metía en un charco?

¿Donde están los Vázquez Montalbán de ahora, que nos enseñen en la facultad a diferenciar entre una noticia y un rumor, que sean tan rigurosos para publicar una información como empecinados defensores del punto de vista propio a la hora de escribir una columna de opinión?

Dónde están los Darío Giménez de Cisneros de ahora, que como director ejecutivo de Interviú no tenía reparos en tirar una información a la basura, por mucho que hubiera costado elaborarla, si tenía la más mínima sospecha de que contenía inexactitudes?

¿Donde están los Josep Pernau de ahora, quien tanto como director de diario o como profesor en la facultad dejaba siempre bien claro que un periodista tiene la obligación de ir a los sitios donde están pasando las cosas, ver bien, oír mejor, preguntar a los testigos y solo entonces ponerse a redactar una información?

¿Dónde la Anna Balletbó de ahora quien, a pesar de dedicarse a la política, nos enseñó discernir entre política y periodismo e insistía mil veces en que jamás se debe confundir ni mezclar nunca una cosa con otra?

¿Dónde están los Martínez Albertos de ahora, enorme profesor con la humildad suficiente par aclararnos que lo que nos enseñaba era teoría, que él no había ejercido el oficio, y por eso nos dejaba cancha libre para que complementáramos sus enseñanzas con nuestras experiencias propias, ejercicios de prácticas que nunca olvidaremos quienes fuimos sus alumnos?

¿Dónde están las Mar Fontcuberta de ahora, también teórica ella, pero defensora de la veracidad, la verificación, el carácter de servicio del oficio periodístico, dónde están?

¿Dónde los Miguel Ángel Bastenier, con su mala leche entrañable, transmitiendo con cada gruñido sabiduría y esfuerzo por mejorar?

¿Dónde los Josémarías Izquierdo, siempre minuciosos y tolerantes con las debilidades y los fallos, pero jamás con las trampas de los listillos?

¿Que diría ahora Juan Teba si pudiera presenciar la deriva de antiguos compañeros suyos a los que enseñó a hacer bien las cosas, qué diría si pudiera ver la cara dura que esos mismos le echan ahora a la vida y el antiperiodismo que practican?

¿Dónde la Margarita Landi de ahora?, con su pipa y su seiscientos pateándose las comisarías de toda España, documentándose a fondo sobre cada crimen del que escribía, hablando con todo el que podía y no escribiendo nunca nada que no hubiera contrastado antes? ¿Qué diría ahora ante quienes se dedican a hablar y escribir de sucesos con desvergüenza, sensacionalismo y falta de respeto a las familias de los muertos?

¿Qué diría Pere Oriol Costa, con la mejor cantera que supo crear en Tele/eXprés, si comprobara que todo aquel espíritu de respeto al ciudadano con el periodismo que se practicaba entonces, prácticamente ha desaparecido?

¿Qué diría Josep María Cadena, que siempre nos infundió el amor al dato, a la comprobación, a la búsqueda en los archivos, a las fechas, y que no consentía que se titulara con inexactitud, ni que se emplearan adjetivos o juicios de valor en las informaciones?

¡Que debe estar pensando Paco Basterra de los canales de información continua, de los debates, de las tertulias actuales, con el amor y la exquisitez con la que él puso en marcha la parrilla de programación de CNN+

¿Qué nos ha pasado?

¿No nos da vergüenza el periodismo que estamos haciendo?

¿No nos parece a todos que esta deriva en la que hemos ido desembocando tiene que tener fecha de caducidad más pronto que tarde?

Por favor, que vuelva el periodismo ya!!!

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NOTA 1. Este artículo está inspirado en reflexiones mías durante la procesión laica a la que asistí días atrás por el cementerio civil de Madrid, tras la despedida definitiva a Ramón Lobo. Siguiendo sus instrucciones y con Nieves Concostrina como maestra de ceremonias, íbamos depositando en tumbas como las de Carmen de Burgos, Almudena Grandes, la Pasionaria o Giner de los Ríos las flores de las coronas que le habían enviado a nuestro amigo reportero recién fallecido. La presencia de muchos buenos periodistas hoy ya ancianos, retirados desde hace bastante tiempo pero que acudieron allí y formaron parte de la nutrida comitiva, fue lo que me indujo a hacerme parte de las preguntas que dejo escritas más arriba.

NOTA 2. Por cierto, el periodista Pablo González Yagüe lleva ya más de 500 días encarcelado en una prisión polaca. Es bueno recordarlo –y denunciarlo- cada vez que se pueda.

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Publicado en la web de Canal Red

lunes, 7 de agosto de 2023

Aquel discurso del rey en octubre de 2017


En el hit parade de los discursos políticos pronunciados durante los últimos tiempos en España, existe uno que ocupó en su día lugar preeminente y que recobra jugosa vigencia en este agosto de falsa calma chicha, en este verano de conspiraciones y cuchillos largos en el que quizás estemos viviendo uno de los momentos políticos más complicados desde que finalizó la dictadura.

El verano suele ser tiempo de relecturas, de recopilaciones musicales o cinematográficas donde títulos de años atrás vuelven a ponerse de moda, así que en esta época de pactos políticos que buscan conseguir la investidura que permita gobernar los próximos cuatro años, una pieza como el discurso que Felipe VI pronunció el 3 de Octubre de 2017 quizás sea oportuno incluirlo también entre los remakes estivales de la temporada.

Casi seis años después, aquel discurso de setecientas palabras escasas adquiere de nuevo suma importancia. Sobre todo porque partidos políticos catalanes protagonistas en aquel entonces del 1-O, tan demonizados y fustigados por Felipe VI en su discurso de dos días después, figuran entre quienes tienen en sus manos a fecha de hoy la gobernabilidad del Estado. Dentro de pocos días, una vez se constituya el parlamento el próximo 17 de agosto, el monarca está obligado a recibir y escuchar, antes de proponer candidato para la investidura, a los representantes de aquellos mismos partidos a los que en su momento puso a caldo.

Si él ha olvidado los términos en que se expresó por entonces, nosotros no. 

Aquí dejo el vínculo donde se puede volver a leer el discurso completo, y a continuación me permito resumir algunas de las perlas que el jefe del Estado soltó en aquel ya histórico discurso del 3 de octubre de 2017:

- “Buenas noches, Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática.

- Determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía.

- Han demostrando una deslealtad inadmisible…
…han quebrantado
…socavado la armonía y la convivencia
…menospreciado

…conducta irresponsable
…inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas
…se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia.

- Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional.

- Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles.

- Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia.”

***

Hasta aquí las lindezas desgranadas por “su majestad” en la parte del discurso dedicada a lo que podríamos llamar “el diagnóstico”. Ahora vienen las admoniciones:

- “Por todo ello y ante esta situación de extrema gravedad…

- Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles.

- Termino ya estas palabras, dirigidas a todo el pueblo español, para subrayar una vez más el firme compromiso de la Corona con la Constitución y con la democracia, mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles, y mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España.”

A ver: “Mi entrega al entendimiento y la concordia entre españoles”, dijo textualmente, ¿verdad? Imagino que entre esos “españoles” deberían estar incluidos también los dos millones de ciudadanos catalanes a quienes ignoró en su discurso, y a cuyos líderes llegó a acusar de “deslealtad inadmisible”. Sí, ya sé que ahora son menos los votantes de partidos independentistas, según los resultados de las elecciones del 23J, pero sus representantes políticos, a quienes acusó de “conducta irresponsable” continúan estando ahí, catorce escaños en el Congreso, y no solamente tiene el rey que hablar con ellos estos días, sino que además ha de tener en cuenta tanto su opinión como los pactos a los que estos lleguen con otros partidos si quiere que la gobernabilidad del país sea factible.

La sombra de aquel discurso de octubre del 17 planeará todo este mes de agosto de 2023, y puede que algún tiempo más, por el palacio de la Zarzuela. Voy a ir preparando las palomitas.

J.T.

lunes, 31 de julio de 2023

No me fío nada de las derechas



Iban a incendiar Catalunya, a derogar cuantas leyes significaran avances sociales, destituir desde el primer día de legislatura a los responsables de Correos, el CIS, RTVE... Iban a entrar a sangre y fuego, espada flamígera en mano, dispuestos a acabar con todo vestigio del Gobierno de coalición saliente. Por fin iban a recuperar el poder "los que siempre tienen que estar", aquellos a quienes por ley natural les corresponde regir nuestros destinos porque así lo creen en su fuero interno, están convencidos de que el país es suyo, y sostienen y sostendrán siempre que las izquierdas mandando son una maldita anomalía.

Estaban tan seguros PP y Vox de que por fin el país iba a ser todo suyo que, en plena campaña y sin pudor alguno, cerraron pactos autonómicos donde han colocado negacionistas, xenóbos, machistas y homófobos al frente de instituciones en Valencia, Aragón, Extremadura o Baleares. Si la estrategia de la crispación, el mal rollo eterno, no les había pasado factura en las municipales, ¿por qué se la iba a pasar ahora?

Estaban tan convencidos de que el Gobierno de coalición caería fulminado, que para ellos la campaña electoral era solo un incómodo trámite a solventar casi sin despeinarse. Todo el pescado estaba ya vendido, así que ¿para qué esforzarse en acudir a debates, para qué realizar propuestas u ofrecer datos correctos, por qué no mentir, por qué no intimidar a quien tuviera la osadía de replicarte y demostrar que tus datos no son correctos?

Merced a sus esbirros en las redes, gracias también a sus acólitos mediáticos y demoscópicos, que llevan años mascando rabia y sembrando odio, las derechas habían conseguido, o al menos eso creían ellas, instalar en las izquierdas la sensación de que había poco que hacer para evitar su victoria, que todo estaba perdido. En los bares, en las calles, en las reuniones familiares, en el trabajo o de paseo con tu pareja, solo escuchabas alrededor la voz de quienes soltaban pestes de Pedro Sánchez, insultaban sin parar a Podemos o se reían de Yolanda Díaz y su nuevo proyecto.

Reconozcámoslo: consiguieron que nos acojonáramos. Desde el día de las elecciones municipales y autonómicas, el 28 de mayo, teníamos el susto metido en el cuerpo, la campaña para las generales tampoco nos ofrecía razones para ser optimistas salvo unos cuantos destellos, y el domingo 23 de julio, cuando tocó ir a votar, muchos lo hicimos temiéndonos lo peor. Quizás por eso esté costando digerir los resultados (a ellos más) aunque es verdad que se pudo respirar con cierto alivio cuando quedó certificado que el monstruo fascista no iba a poder cumplir sus amenazas. Aún así, yo apostaría por la prudencia y me abstendría de lanzar las campanas al vuelo. Tiempo habrá.

No olvidemos que el think tank del odio no va a descansar ni un solo día, por muy agosto que sea. Estoy con quienes sostienen que la presión en la redes y en los medios este verano va a ser más violenta y procaz de lo que llevamos viviendo desde primeros de mayo. Procurarán por todos los medios, como ya estamos pudiendo comprobar, poner el mayor número de palos en las ruedas de la negociación con los nacionalistas, se negarán a aceptar los resultados todo el tiempo que puedan y trabajarán a destajo para intentar revertirlos. La aceptación es la quinta fase del duelo y aún van por la segunda, la ira, tras superar la primera que es la negación (“esto no me puede estar pasando a mí"). 

Van por la segunda y ahí andan a piñón, sugiriendo tamayazos y empeñados en llamar perdedoras a todas las fuerzas políticas que tienen posibilidades de conseguir mayoría absoluta y que no quieren saber nada con ellos. Fuerzas perdedoras, por cierto, a las que el líder popular envía cartas de amor sin que se le caiga la cara de vergüenza, lo que significa que ya está aquí la tercer fase del duelo, la negociación. Tras el zasca de Sánchez no creo que tarde mucho en entrar en la cuarta, la depresión.

Feijoó, Abascal y las formaciones que ambos encabezan padecen el síndrome de la madrastra de Blancanieves. Ni soportan ni quieren oír las verdades del espejo: que no son los más guapos porque Europa prefiere la continuidad de un Gobierno de coalición progresista, porque la economía va bien, porque en Bruselas hay alivio desde que hemos parado a la ultraderecha en las urnas, vamos, que no los quieren ni en pintura.

Las dificultades no van a faltar, menos aún con la entrada de Puigdemont en escena, pero parece poco factible que volvamos a oler a naftalina y alcanfor; tardarán en aceptar que España es plural por mucho que ahora sean capaces hasta de hacerle ojitos a Junts, se revolverán y montarán pollos de todo tipo hasta asumir que, al menos de momento, no han conseguido sus objetivos por mucho que el grueso de los medios de comunicación y un escandaloso porcentaje de jueces continúen actuando de espaldas a la voluntad mayoritaria de la ciudadanía.

Mejor no bajar la guardia y no fiarse ni un pelo. Mejor andarse con pies de plomo y dejar el cava para el día en que Sánchez, como presidente de un nuevo Gobierno de coalición, vuelva a prometer el cargo. 

J.T.

domingo, 23 de julio de 2023

Domingo de suspense


Ni el PP de Aznar en sus peores tiempos suscitó jamás tanto miedo como el de Núñez Feijoó. Votamos este domingo dejando atrás, posiblemente, la peor campaña electoral desde que se restauró la democracia. La más triste, la más crispada, la más enconada. El gallego, a quien muchos creyeron moderado cuando aterrizó en Madrid tras la defenestración de Pablo Casado, ha resultado ser la peor opción posible para una convivencia en paz.

Llegamos a esta jornada electoral exhaustos por un lado y aliviados por otro, al menos quien esto escribe. Llego exhausto por haberme visto tantas veces obligado a gestionar lo mejor posible la indignación que me producían los mensajes de odio de esta derecha salvaje que nos ha tocado en suerte mientras una izquierda escasamente beligerante exhibía pegada endeble y se dejaba comer la tostada. Por otro lado, decía, siento alivio porque ya se acabó y ahora, por fin, toca votar.

Por fin quedaron atrás el festival de mentiras a granel de Feijoó, el tormentoso cara a cara con Pedro Sánchez; por fin quedó atrás el irresponsable intento de sembrar dudas sobre el funcionamiento de Correos con el objetivo de reventar la campaña al más puro estilo trumpista, por fin quedaron atrás las entrevistas con Alsina, Motos, AnaRosa, La pija y la quinqui; quedó atrás el debate a siete, y el último a tres, sin Feijoó y con una Yolanda Díaz más agresiva de lo habitual pero apenas alejada del discurso de Pedro Sánchez…

Hoy veremos si tanta confraternización Yolanda/Pedro-Pedro/Yolanda consiguió tapar o no la fuga de votos de Sumar al PSOE, ¿o no era ese el objetivo? Si lo era, igual hubiera resultado mejor para la izquierda que tanto ese debate como la campaña electoral entera hubieran girado en torno a los marcos de un Gobierno de coalición del que ambos parecen renegar ahora, al menos en parte. Como decía al comienzo, es el PP el que debe darnos miedo y no Vox, porque la amenaza ultra no transmite la impresión de ser tanta como para que la gente corra en masa a votar izquierda.

El PP, que no arrimó el hombro en toda la legislatura, ni siquiera durante los peores tiempos de la pandemia, y que cuando no gobierna siempre demoniza a su rival y lo intenta deslegitimar es, repito el verdadero peligro. Cualquier candidato de izquierdas no habría salido vivo de una campaña electoral en la que se hubieran exhibido fotos suyas de vacaciones con un narcotraficante cuando, según Feijoó, “solo” era contrabandista. Ningún candidato de izquierdas hubiera podido resistir tampoco tras ser pillado in fraganti soltando mentiras tan de grueso calibre como asegurar que el PP subió siempre las pensiones conforme al IPC o que el caso Pegasus se archivó por falta de colaboración del presidente del Gobierno.

Las papeletas en las urnas deberían hacer justicia y zanjar tanto mal rollo pero mucho me temo que, ocurra lo que ocurra, no va a ser así. Si gana el PP y le dan los números para gobernar con la ultraderecha, el panorama no puede ser más inquietante. El aperitivo vivido este último mes con los pactos autonómicos será un juego de niños comparado con la presencia en el gobierno de la nación de un partido como Vox, que ya ha anunciado sin cortarse un pelo que piensa presionar para incendiar Catalunya y el País Vasco, resucitar el franquismo, perseguir inmigrantes y derogar leyes progresistas una tras otra: memoria histórica, violencia de género, LGTBI… Eso para ir abriendo boca.

Ocurrirá así si gana el PP, pero si los números dieran para que fuera posible conformar un gobierno de coalición PSOE-Sumar, no dudemos que entonces continuaríamos, a partir del minuto uno, con el infumable raca-raca que enfangó la legislatura que ahora acaba ¿Serán capaces de cuestionar el resultado como Arenas y Gallardón hicieron en 1993? En aquel entonces fue Aznar quien desautorizó el intento al reconocer públicamente la victoria socialista. Pero ni Feijoó es Aznar, ni el Aznar de ahora tiene nada que ver con el de entonces, cuando hablaba catalán en la intimidad y llamaba a ETA Movimiento Vasco de Liberación.

Si a la izquierda le dan los números este domingo y las derechas aceptan el resultado sin montar ningún pollo, aún así me pregunto cómo actuarán cuando se constituya el parlamento y posteriormente un nuevo Gobierno de coalición ¿Volveremos a las andadas en las sesiones parlamentarias, a la crispación, la descalificación y el insulto como único método de hacer oposición? ¿Otra legislatura más intentando tumbar el gobierno legítimo desde el primer día?

Una jornada electoral como la de este domingo merece más paz que la que hemos tenido durante la campaña. Si la participación es masiva igual hay remedio, porque España es progresista y en esta legislatura, en palabras de Rodríguez Zapatero, “se han hecho las cosas bien. Aunque ni Yolanda ni Pedro, por cierto, hayan defendido la gestión del Gobierno de coalición durante la campaña con la vehemencia suficiente. Ni con la contundencia que hubiera sido esperable.

J.T.

martes, 18 de julio de 2023

El periodismo de Silvia Intxaurrondo


Hay tres maneras de analizar la famosa entrevista a Feijoó en La Hora de la 1 de tve y la bola de nieve en que se ha convertido que la periodista Silvia Intxaurrondo dejara desnudo al líder del PP limitándose sencillamente a hacer bien su trabajo. La primera de ellas podría ser el estilo trumpista abrazado ya sin discusión por el PP y su líder a la cabeza; la segunda, esa balsa de pirañas llamada Televisión Española y la tercera, el pésimo momento por el que atraviesa el ejercicio del periodismo en España.

Confieso que gocé viendo cómo Silvia, compañera de fatigas en los tiempos de CNN+ y Cuatro, hacía gala una vez más de su contrastada profesionalidad y acababa de un plumazo con esa impunidad con la que Feijoó lleva mintiendo puede que toda su vida, pero sobre todo desde que empezó la campaña y en especial durante ese momento culmen del cara a cara con Pedro Sánchez en Antena Tres. El líder del PP debió creer que continuaba teniendo enfrente a Vicente Vallés, se encontró con Silvia y se cortocircuitó porque no podía entender que alguien “osara” rebatirle sus mentiras.

Puede que al gallego amigo de narcotraficantes lo que le ocurra es que en la cohorte que le rodea no haya quien se atreva a decirle nunca la verdad, puede que se haya acostumbrado a que buena parte del mundillo periodístico actúe como una prolongación de Génova13 y claro, cuando alguien le cuestiona el discurso evidencia su falta de costumbre para reaccionar con serenidad. La chulería, la prepotencia y la mala educación con la que se comportó frente a Intxaurrondo así parece certificarlo. “Espero que usted rectifique” llegó a decirle, y cuando descubrió que la había cagado intentó salir al paso en redes con matizaciones ridículas creyendo que así solventaría el asunto y pasaría la tormenta.

Pues no, no se ha solventado el asunto ni ha pasado la tormenta porque lleva tanto tiempo "pasándose" tantos pueblos, tanto tiempo yendo con el cántaro a la fuente que al final, claro, se ha roto en pedazos. Mintió no solo con lo de las pensiones sino también con un asunto muy serio relacionado con la seguridad del Estado. En una radio teóricamente amiga como es Onda Cero, ya sufrió días antes un revolcón cuando Carlos Alsina tuvo que precisarle que el asunto del Pegasus se había archivado por falta de colaboración de Israel, una falta de colaboración que Feijoó atribuyó a Pedro Sánchez argumentando que lo había leído en un teletipo. Cuando en tve Intxaurrondo le preguntó si recordaba de qué agencia era el teletipo, el candidato popular respondió que no. Pues claro que no, ¿cómo iba a recordar algo que era otra mentira más?

En línea con el segundo enfoque posible del análisis de la entrevista, admito también que tras disfrutar viendo un ejercicio de buen periodismo en la televisión pública, acto seguido, y dado el conocimiento que tengo de las tripas de esa casa, me temí lo peor y así ha sido: Intxaurrondo ha recibido en redes apoyos de compañeros a título personal, es verdad, pero a la hora en que escribo estas líneas todavía no se ha producido ningún apoyo institucional. Algo que, a tenor de la deriva que ha ido adquiriendo el asunto, sería muy de agradecer por parte de quienes queremos creer que tve tiene todavía solución.

Pero no, entre los que temen por su sacrosanto plus, quienes están tan a gustito en sus sillones y quienes se dedican a dinamitar desde dentro la convivencia en la corporación, el caso es que nadie acaba de dar en la mesa ese higiénico puñetazo que sería tan de agradecer por quienes vemos en peligro la libertad de expresión y echamos tantas veces de menos el ejercicio profesional del periodismo en las televisiones públicas. No quiero pensar que la escasez de apoyo a Intxaurrondo tenga nada que ver con que es contratada y no es una periodista “fija de la casa”. No quiero pensar que estemos ante un nuevo caso Cintora, no quiero pensar que acabe ocurriendo lo mismo que en Telemadrid cuando Silvia, haciendo el periodismo que ella sabe, puso en apuros a Díaz Ayuso y al poco tiempo dejó de trabajar allí.

No quiero pensarlo, pero me preocupa que significativos cargos del PP como González Pons hayan hecho públicos tuits intimidatorios tachando a tve de “partido político”. En parte les está bien empleado esto a quienes durante toda la legislatura han dejado que el PP campara por sus respetos en la columna vertebral de la casa, que son los Telediarios, ofreciendo una información sesgada, nunca progubernamental, tolerante con Vox y siempre antiPodemos “por miedo a que el PP se enfadara”. Eso ha sido literalmente así porque entre los responsables de informativos hay algún que otro cobarde de libro ¿De qué les ha servido? Ahí tienen a su mimado PP, advirtiéndoles que los días están contados para ellos si ganan el próximo domingo. Aquello de Roma y los traidores, ya saben.

Esta es la cera que arde, y arde sobre todo por la dinámica vergonzante que se ha instalado en el desempeño de la profesión periodística, tercer ángulo que proponía al comienzo para analizar el trabajo de Intxaurrondo frente a las descaradas mentiras de Feijoó. Manda narices que tenga que ser noticia que una periodista haga bien su trabajo. Manda narices que hayamos olvidado que la función de un informador no consiste en ponerle un micrófono a un político para que suelte lo que le venga en gana sin recibir la réplica adecuada. Manda narices que un “sabio” como Margallo se pasee por las tertulias escandalizándose porque una profesional del periodismo hace lo que todos deberían hacer.

¿Cómo es posible que los hayamos acostumbrado tan mal? ¿Cómo es posible que nos hayamos echado tanta tierra encima que ahora cueste tanto defender la esencia del periodismo, su razón de ser, que es controlar al poder, impedirles que practiquen la impunidad, pedirles cuentas de sus actos? El periodista existe para que la ciudadanía vea y sepa lo que los políticos no quieren que se vea ni que se sepa. ¿Cómo es posible que haya que desgañitarse reivindicando esto? ¿Cómo es posible que las Asociaciones de la Prensa no actúen con la mayor celeridad, como ha hecho el Sindicato de Periodistas, para poner los puntos sobre las íes en un asunto en el que está en juego no solo el poco prestigio que le queda a la profesión, sino cuál va a acabar siendo su papel en el futuro? ¿Lo harán?

J.T.

domingo, 16 de julio de 2023

La pija, la quinqui y Pedro Sánchez


La pija y la quinqui no ven televisión, se informan a través de las redes no solo para conocer las noticias de actualidad sino las últimas tendencias en música, series, películas interesantes… Están al día de lo que se cocina en el mundo sin necesidad de sentarse en el sofá con el mando a distancia en la mano. Su único artilugio, sacrosanto instrumento, es el teléfono móvil. Así lo pudimos comprobar en la entrevista que le hicieron a Pedro Sánchez para el podcast que difunden en spotify. 

Entre copas con vino blanco y cerveza, que ya está bien del hipócrita vaso de agua o de tazas que impiden saber si lo que beben los contertulios es coca cola o güisqui, podía verse también una discreta tablet en la que os entrevistadores consultaban sus notas. En realidad les podía haber bastado con un smartphone. Como el del presidente, revestido con un funda roja casi a juego con la desenfadada camisa rosa con la que se presentó en el estudio de estos dos jóvenes representantes de la llamada generación Z

Desde el minuto uno, la pija (Carlos Peguer) y la quinqui (Mariang Maturana) le hablan de tú al invitado, quien acaba de reconocer con naturalidad que hasta hace unos días no tenía ni idea de quiénes eran sus ahora anfitriones. Le llaman Bizcochito con la misma naturalidad que otros le pueden llamar señor presidente, hablan de música, de Taylor Swift, de Los Ronaldos… Para prepararse la entrevista, le habían rastreado su playlist y su cuenta de twitter hasta el punto que consiguieron encontrar uno de hace más de diez años en el que Sánchez contaba que se estaba tomando una pizza cojonuda en un determinado restaurante que desde entonces bautizó así esa variedad: “pizza cojonuda”.  

La pija y la quinqui decidieron obsequiarlo con una pizza adquirida en ese mismo local, así que junto a unas tijeras la sacaron, la cortaron y la compartieron en directo; fría, eso sí. Sánchez les correspondió con un kit de merchandising sobre la Unión Europea, cuadernos, lápices, tazas, abanicos y foulards con el logo “UE23” o “Presidencia del Gobierno”. Así fue como coló el mensaje de que este semestre España, es decir, él, está ejerciendo la presidencia de los 27, la presidencia de la Comisión Europea. 

Hablaron también de perros, que a él le gustan porque creció en una familia donde siempre hubo perros, pero que a su mujer no. Negociando con ella, que no soltaran pelo fue la condición que le puso Begoña, al final ha conseguido tener en casa una pareja de perros de agua. Sabe que le llamen “Perro Sánchez” y asegura que no le molesta, y en cuanto a “Falconetti” precisó que le parecía ingenioso.  

Para hablar del poder de los bulos contó una anécdota durante el confinamiento en Moncloa, con parte de la familia contagiada cuando una de sus hijas, que hasta ese día se creía todo lo que le llegaba por redes, apareció con una noticia en el móvil donde se contaba que la familia presidencial estaba pasando la pandemia en Doñana tan ricamente. 

Cuando Carlos Peguer, natural de Don Benito (Badajoz) y Mariang Maturana, de Cartagena, le dirigieron la pregunta que en su famoso podcast le hacen a todos los invitados (“¿Tú que te consideras, más pija o más quinqui?”) Sánchez contestó que se crió entre Aluche y Tetuán (dos barrios populares de Madrid) por lo que pija no se veía mucho. En poco menos de una hora, dos jóvenes veinteañeros han dejado en evidencia a los entrevistadores convencionales, a tanto hierático profesional del postureo, a tanto relamido periodista empeñado en preguntar una y otra vez las mismas cosas que no interesan a nadie. O a casi nadie. En todo el tiempo que duró la conversación, creo recordar que de la oposición se habló una vez. O ninguna.  

La pija y la quinqui cuentan con un segmento de audiencia que incluye a los casi dos millones de jóvenes que van a votar el 23J por primera vez en unas elecciones generales. No sé si la intervención de Sánchez en el podcast puede influir o no en el resultado de las elecciones, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que este empieza a ser el camino más eficaz de llegar a la gente de a pie. Las entrevistas de los periódicos son largas y cansinas, reiterativas, pesadas. En televisión y radio, aunque a veces parecen combates de boxeo, tampoco obtienen ya las audiencias mayoritarias de otros tiempos. 

Con su conversación con Pedro Sánchez, emitida a través de Spotify y luego troceada en twiter, tik tok o instagram, el programa de despedida de La pija y la quinqui esta temporada, cuya audiencia y repercusión desconozco cuando estoy escribiendo estas líneas, ha demostrado que las antiguas maneras de abordar la comunicación cuando un político quiere llegar a la gente van muriendo poco a poco. Ya no valen, o al menos no valen tanto. 

Si los jóvenes de veintipocos, o veintimuchos años, no mira ya la tele, la tele o cambia o muere; si ni siquiera los menores de cuarenta se acercan a un quiosco para comprar un periódico ni por equivocación, la prensa o cambia o muere. Solo la radio parece que flota una vez más, pero que no se engañen demasiado: eso es gracias a los insomnes, a los viajes en coche y a las caminatas salutíferas de tanto personal como sale a pasear o correr con los auriculares puestos. Y porque las emisoras han apostado por los podcasts.  

Sin duda fue una entrevista eficaz para los objetivos que tanto el presidente del gobierno como sus asesores se fijaron cuando decidieron aceptar la invitación a conversar con una pareja de jóvenes tan desinhibidos como habilidosos. Supieron acercarse al perfil humano de Sánchez sin recurrir a tópicos y sin que pareciera que se esforzaban, ni ellos ni el invitado, en esquivar temas espinosos. Aquello iba de lo que iba. Y funcionó. 

Visto lo visto y escuchado lo escuchado, una cosa parece clara: el camino de los debates con mal rollo, las entrevistas kilométricas o los vídeos de propaganda encorsetados tienen los días contados, al menos en las campañas electorales.  

J.T.

La infame campaña del PP


El éxito del fútbol se debe, entre otras cosas, a que es una excelente parábola de la vida misma. Ya puedes estar excelentemente preparado, ser brillante, practicar un juego bonito y deslumbrar con tu habilidad… que siempre te vas a encontrar frente a ti en el rectángulo de juego con alguien dispuesto a romperte las piernas y mandarte largo tiempo a la enfermería. Por no hablar de la importancia de los árbitros si deciden no quitar ni poner rey, pero ayudar a su señor, poderoso caballero. Si además hay días en que sales a jugar sin estar inspirado, entonces ya ni hablamos.

Nadie recuerda con el paso del tiempo a quien quedó en segundo lugar, suelen argumentar los amorales; lo importante es ganar, y da igual cuáles sean los caminos para conseguirlo, añaden. Así que como lo primordial es eso, el resultado, quienes son respetuosos con las reglas del juego acaban encontrándose en inferioridad de condiciones cuando, con el balón en los pies, han de driblar a quienes carecen de prejuicios y no dudan en recurrir al juego sucio para impedirles el paso.

Como el fútbol, también la política es la vida misma; claro que tal como anda el patio, quizás tanto el fútbol como la política deberían estar prohibidos en horario infantil: en ambos casos impera la máxima del sálvese quien pueda, nada que ver con la moral judeocristiana (esa que predica que los malos acaban perdiendo y los buenos ganando) que tanto perjudica a quien se la cree y la practica. Proliferan las trampas, la corrupción, los negocios turbios: el peor ejemplo posible.

PP y Vox llevan varios años encanallando la dinámica parlamentaria y contribuyendo con ello a empobrecer la convivencia. Tres años y medio insultando sin parar entre bulos, lawfare y cloacas infectas. Y por si nos faltaba algo, importan de Galicia a una mosquita muerta llamada Núñez Feijoó, protagonista de la más infame primera semana de campaña en unas elecciones generales desde que recuperamos la democracia. Con las afrentas de Vox ya contábamos, incluso con las lonas canallas en las fachadas de edificios apostando por el regreso del peor de los fascismos pero la amoralidad, el desahogo con el que miente y el desprejuicio con el que actúa el candidato popular nos ha pillado a muchos con el pie cambiado.

Sobre el debate del lunes 10 de julio se ha dicho ya casi todo, pero se equivocan quienes piensan que lo perdió solo Pedro Sánchez: lo perdimos todos aquellos que trabajamos para que en este país no vuelva a instalarse ese fascismo al que el PP ha abierto la puerta sin comedimiento alguno. Como los defensas-carniceros en los campos de fútbol, Núñez Feijoó y los “insensatos sin escrúpulos” que le rodean han apostado por una campaña en la que no dudan a la hora romper todas las piernas que consideren necesarias para ganar el partido.

La sospecha contra el funcionamiento de Correos es otra infamia intolerable. Como los ultrajantes pactos en las Comunidades Autónomas, cediendo a las exigencias totalitarias de la ultraderecha, que ya ha empezado a prohibir obras de teatro, películas, canciones y según qué lecturas en las bibliotecas. La mayoría asistimos a este siniestro espectáculo creyendo que somos solo público pero no, somos protagonistas, porque el desastre que se está fraguando nos concierne muy directamente.

El muñidor-jefe de todo esto, el gallego con amigos narcotraficantes, no cesa de echar leña al fuego cada día que pasa. Tanto él como su lugarteniente Gamarra son capaces de negar sin inmutarse que su partido votó contra la revalorización de las pensiones conforme al IPC, contra el matrimonio homosexual, el divorcio, el aborto, la eutanasia, la subida del SMI, la ley rider. contra igualar permisos de maternidad y paternidad… Mientras por un lado exigen que gobierne el más votado, por otro convierten en presidente de Canarias al segundo. Demonizan a Bildu al tiempo que organizan coaliciones con el fascismo en Valencia y Extremadura. Si añadimos Castilla y León, Vox va a gobernar ya las vidas de uno de cada cinco españoles. Ante lo espantoso del panorama, quizás no vendría mal hacer estas cuentas con mayor frecuencia.

Para el PP de Núñez Feijoó, lo primordial es el resultado; no importan los métodos, el que mata sigue vivo y los muertos acaban olvidándose. Dinámica bélica pura donde anda en juego el bienestar de todos, nuestro futuro, nuestra calidad democrática. Hemos trabajado mucho para que esto no llegara a suceder, pero los ayuntamientos y autonomías en que eso ha ocurrido son ya demasiados. Algo sin duda hemos hecho mal. Aún nos quedan los penalties. Todavía nos queda el 23J para rectificar. Tenemos la obligación de votar en defensa propia.

J.T.