viernes, 13 de febrero de 2026

Sobre la repugnante ofensa de Rosa Belmonte a Sarah Santaolalla



Cuando una mujer es capaz de decir de otra públicamente que es "mitad tonta y mitad tetas", ya no queda sitio para el análisis.


Cuando esa mujer profiere una burrada así en un programa de televisión por la noche, en horario familiar, ahí se estrellan todos los talentos.


Cuando quienes acompañan a quien profiere tamaña barbaridad se callan o deciden reírle la gracia, ya no quedan muchos más límites por traspasar.


Cuando al día siguiente, tras percatarse de la dimensión de lo sucedido, los autores de la ignominia (autora de la frase y presentador del programa) deciden arreglarlo pidiendo disculpas con la boca pequeña, lo que hacen es redondear la infamia.


Cuando la mujer de uno de los que acompañaban en plató a la autora del exabrupto decide colgar en redes un mensaje de seis minutos de video intentando justificar a su marido, algo se está saliendo definitivamente de madre.


Lo sucedido se explica solo: es la culminación de una serie de dislates, de faltas de respeto y de la práctica del aquí todo vale que los responsables de Antena Tres Televisión, y de quienes hacen El Hormiguero en este caso particular, llevan perpetrando con la mayor de las impunidades desde hace ya demasiado tiempo. Desde que el programa decidió cambiar el registro de entretenimiento familiar para entrar cada noche en la arena política, el listón de las barbaridades ha ido subiendo hasta llegar al extremo de la otra noche, donde la falta de pudor tocó techo y rebasó el límite de lo permisible. 


La cagaron con todas las de la ley y no van a tener manera de recomponerlo. Desde luego, los modos y el tono elegido para pedir disculpas no son en absoluto suficientes. Una profesional que trabaja en la tele fue vituperada por otra de la manera más zafia y machista posible, la repercusión de lo sucedido les desbordó, se pasaron veinte mil pueblos y ahora no saben cómo arreglarlo. Entre otras cosas porque no hay arreglo posible La apuesta por otorgar barra libre al “aquí todo vale” tiene un límite y ese límite ha llegado. 


El Hormiguero es basura y los contenidos basura sobran en los medios de comunicación. Pablo Motos ha demostrado con creces carecer de escrúpulos a la hora de defender su chiringuito, y ese celo le ha transportado a estos lodos. Como todo el que lleva tiempo subido a un pedestal, ha perdido perspectiva y todo lo humano empieza a resultarle ajeno. Por encima del bien y del mal como cree estar, actúa con patenta de corso, dado que el sistema le hace la ola y los reaccionarios están encantados de encontrar un huequecito entre sus hormiguitas. Motos es el mejor ejemplo de algo anda mal en el mundo de nuestra televisión. El camino no puede ser cabrearse con los que te hacen la competencia, con los invitados que no te prefieren, con quienes no te doran la píldora día y noche. Los tertulianos que le rodean captan el mensaje, se ponen a decir cosas con las que creen que le hacen la pelota y claro, llega el día en que desbarran. Insisto, la noche en que Rosa Belmonte humilló a Sarah Santaollala se traspasaron todos los límites. 


El mundo de la comunicación no puede continuar por este camino. En el mundo del periodismo es preciso hacer las cosas con decencia y no puede ser que exista la sensación de enfrentamiento entre colegas hasta el punto en que llega un día en que una de ellas entiende que tiene vía libre para soltar contra otra la barbaridad más grande que se le ocurra.


No es un buen momento para el mundo de la comunicación y alguien tiene que parar esto. Si Mauricio Casal en Atresmedia y Cristina Garmendia en Mediaset no lo hacen, alguien tendrá que hacerlo. El panorama, la verdad, está chungo porque con los tribunales no se puede contar, y con las asociaciones de la prensa, por lo general, tampoco. Es lo que hay ¿Alguien tiene alguna idea para parar esta deriva de una vez por todas? 


J.T.

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