miércoles, 11 de febrero de 2026

Felipe, ¿por qué no te retiras y nos dejas en paz?


Llevo años pensándolo, y creo que diciéndolo:

¿Cómo y cuánto de graves hubieron de ser las fechorías que Felipe González debió cometer durante los años en que ejerció el poder para que tenga tanto miedo a que gobierne alguien que pueda destapar lo que hizo? O lo que dejó de hacer.


Que Felipe diga lo que quiera, allá él, que continúe ladrando su rencor por las esquinas, pero me pregunto yo: ¿qué necesidad hay de servirle en bandeja un entorno como el Ateneo madrileño para que suelte su iniquidades? No sé qué dirían según qué  ilustres ateneístas si levantaran la cabeza, Galdós, Clarín, Concepción Arenal o Valle Inclán por ejemplo.


Este tipo de encuentros entre políticos y periodistas se celebran en una institución que en la actualidad preside Luis Arroyo, provecto socialista de toda la vida que, dicho sea de paso, nunca supe a qué juega exactamente. Sigo sin saberlo. Esther Palomera (diario.es), Lucía Méndez (El Mundo) Y Pedro G. Cuartango (ABC) dándole cuartelillo a Felipe en estos momentos y nada menos que en el Ateneo madrileño ¿Qué podía salir mal?


Todo bien cocinado para que el guiso tuviera el sabor justo, el de un anciano  desquiciado echando espumarajos por la boca, el de un resentido cuyas actuales soflamas nada tienen que ver con la ilusión por el cambio que nos vendió en 1982.


Se sabía lo que iba a decir, ergo,… por qué lo invitaron? Pues me parece que está claro: porque querían que dijera lo que dijo. Madrid no quiere dejar de marcar la agenda, el rumbo del cacao político nacional, así que sus periodistas caldean el ambiente y el Ateneo se suma a la fiesta.  


Saque el lector conclusiones, mientras hago mías la palabras de Rafael

Escuredo: 


- Felipe ¿por qué no te retiras y nos dejas en paz?


J.T.

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