sábado, 25 de junio de 2016

La democracia es lo que tiene, que nunca llueve a gusto de todos


Tras los resultados del referéndum británico, asombrado estoy con la cantidad de gente que anda por ahí rasgándose las vestiduras, ¿qué es lo que temen exactamente? O jugamos a la democracia, o rompemos la baraja, ¿no? La grandeza de la democracia es que la decisión de la mayoría después de una votación no tiene por qué coincidir con los intereses de una buena parte de los que acuden a las urnas. Las reglas del juego son que quienes no obtienen la mayoría aceptan la decisión de quienes consiguen reunir el mayor porcentaje de votos.

¿Dónde está lo malo de que el resultado de una votación no coincida exactamente con lo que en principio eran nuestros intereses? ¿Quién nos dice que nosotros estábamos en lo cierto y quienes pensaban lo contrario, no? Y si quienes pensaban lo contrario resultan ser más, ¿qué pasa, que estaban equivocados, que yo no tengo que ponerme delante del espejo y plantearme por qué me he creído que era el rey del mambo y que la razón pasaba exactamente por donde yo me planteaba? Pues mire usted, pues no, usted estaba equivocado porque hay una mayoría que ha decidido que las cosas tienen que ser exactamente lo contrario de como usted se creía. Y si usted es un verdadero demócrata, lo que tiene que hacer es agachar las orejas, acatar la decisión mayoritaria y poner todas sus energías al servicio del nuevo mapa político y económico, de la nueva decisión mayoritaria.

Esto de la democracia o nos lo tomamos en serio, o de lo contrario maldita la gracia. Lo que ha pasado en Gran Bretaña es un terremoto en toda regla. No nos lo esperábamos, pero ahí están los resultados, ¿cuál es el problema? Lo que toca es asimilarlos y ponerse a trabajar para que ese resultado tenga las mejores consecuencias. Los apocalípticos son siempre sospechosos. Detrás de cada apocalíptico hay alguien que quiere preservar algo que él mismo sospechaba de antemano que no contaba con la aprobación de la mayoría. Hay una grandiosa lección democrática detrás de los resultados del referéndum británico: las cosas no son como tú quieres que sean, sino como son, y si realmente eres un demócrata lo que te toca es remangarte y empezar a trabajar cuanto antes para gestionar esos resultados, no ponerte a llorar como Boabdil cuando perdió Granada.

Se abre un tiempo interesante y con enormes desafíos, pero yo no tengo por qué creerme que lo que nos toca vivir como consecuencia de la decisión de los británicos este 23 de junio tenga que ser necesariamente malo. Por encima de cualquier otra consideración, siempre defenderé la grandeza de la democracia, de la consulta, de contar con la opinión de los ciudadanos, entre otras cosas porque los políticos, salvo en las dictaduras, han de funcionar siempre como empleados de aquellos que los votamos, y si quieren trabajar en esto, lo que les toca es demostrar su competencia para estar donde están gestionando los resultados de cada decisión de la gente que los ha puesto ahí.

Eso justamente, es lo que nos espera este 26 de junio en nuestro país. Quienes resulten elegidos han de subirse las mangas y ponerse a gestionarlo inmediatamente. Y dejarse de gaitas de una puñetera vez, que ya está bien. Son nuestros representantes, nuestros empleados, y como tales han de comportarse. Y si no, les firmamos la carta de despido -con la legislación laboral vigente, para que sepan lo que vale un peine-, y a otra cosa mariposa.

 J.T.

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