Parece mentira que no hayamos aprendido nada de la historia. La moderación no salvó a la República de Weimar, entre otras razones porque cogérsela con papel de fumar nunca es una opción. Aún así, ahora que los estadounidenses se han dejado de disimulos y anuncian sus próximos desmanes sin cortarse un pelo, volvemos a repetir la jugada. Intentar frenar los vejatorios planes de Donald Trump y sus compinches con tibios comunicados es una solemne ridiculez. Al fascismo solo se le para con planteamientos de izquierdas, y eso hay que hacerlo desde la radicalidad y la coherencia. Es un inmenso error pedir permiso para existir, y lo es más aún si esto se hace en los márgenes de una alianza militar que nació para el control, aunque nos hayan intentado siempre hacer creer que era para la defensa.
Los voceros de la izquierda oficialista necesitan que la ciudadanía crea que no hay más alternativa que ser un socio dócil del imperialismo genocida de Estados Unidos. Critican a Trump de boquilla, pero se cuadran ante el Pentágono. Ante un Donald Trump que practica el “bullying” planetario, Europa no se planta. El magnate tiene acongojado a medio mundo con su política de tierra quemada y aquí seguimos, pagando la cuota de un club que nos desprecia. Claro que… mire usted por dónde, al final puede que no vaya a hacer ni falta que insistamos en marcharnos de la OTAN porque igual acaba desmoronándose sola.
Si Trump cumple su amenazas de anexionarse Groenlandia (por las buenas o por las malas, ha dicho textualmente), estaríamos ante el agresión de un miembro de la Alianza Atlántica a otro cuando la razón de ser de la organización, tal como contemplan sus estatutos, es que si un Estado es atacado, el resto de socios acuden en su ayuda ¿Qué hacer pues cuando es precisamente uno de sus miembros quien, pasándose por el forro dicho postulado, decide atacar a otro?
Igual significa el acta de defunción definitiva de una organización nacida con el cuento de la defensa mutua, veremos porque ¿qué sentido tiene pues, a estas alturas, empeñarnos en continuar perteneciendo a una estructura donde el líder declara abiertamente que solo se rige por su propia moral de casino y especulación? España sigue hipotecando su soberanía y su seguridad en nombre de unos acuerdos que el propio Washington está dispuesto a pisotear.
Hace mucho tiempo que teníamos que estar fuera, pero dado que hasta ahora no ha sido así, quizás haya llegado el momento de mandarles a freír espárragos. ¿Cómo es posible que las bases de Rota y Morón sigan siendo el trampolín de las agresiones estadounidenses? La francesa Clémence Guetté nos ha marcado el camino. Si la OTAN ya no sirve ni para proteger a los socios de su propio líder, ¿qué demonios hacemos todavía dentro de ese cortijo?
J.T.


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