lunes, 12 de enero de 2026

Jordi Sevilla se tira a la piscina

Alguien le ha debido decir que ahora es el momento, él se lo ha creído y se ha tirado a la piscina. Tan pagado de sí mismo como siempre ha ido por la vida, Jordi Sevilla está cabreado con Pedro Sánchez desde que en enero de 2020 dimitió como presidente de Red Eléctrica por sus discrepancias con Teresa Ribera a propósito de la compra de Hispasat.


Quien también fuera ministro de Administraciones Públicas durante los tres primeros años del gobierno Zapatero, ha hecho público este lunes un manifiesto en el que reclama “una reorientación del PSOE” para que vuelva a la socialdemocracia de la que, según afirman, Pedro Sánchez ha alejado al partido. Aboga además este avezado economista (en su día se ofreció públicamente a Zapatero para “enseñarle economía en dos tardes”) por “un mayor entendimiento con el Partido Popular para hacer frente a cambios estructurales que precisa España ante el nuevo escenario mundial”.


El manifiesto, que aparece sin firmantes, se lanza desde una plataforma llamada Socialdemocracia 21 con la intención de ser, según puede leerse, “un espacio de encuentro, no de exclusión". Se titula “Por la reactivación política del PSOE y de la democracia” y pide un "cambio de rumbo político”. Defiende la creación de un proyecto que se sienta más "hijo de la transición y de la Constitución que nieto de la guerra civil y la dictadura franquista". "Nunca ha sido más necesaria la socialdemocracia que en estas primeras décadas del siglo XXI, se dice también en el manifiesto. Y nunca, paradójicamente, ha estado tan ausente del centro del debate político real", añaden. 


En un vídeo de 1 minuto 22 segundos distribuido en sus redes sociales Jordi Sevilla, descamisado y con un fondo neutro sin logos ni ningún otro tipo de signos identificativos, complementa el manifiesto de ocho folios con estas palabras textuales:


Todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo político de alianzas que nos ha conducido a una España donde la extrema derecha crece y el apoyo al socialismo disminuye. Para eso presentamos el manifiesto Socialdemocracia 21, para promover un debate autocrítico en el seno del PSOE que permita recuperar la autonomía política que nos pide una mayoría de ciudadanos y superar el callejón sin salida al que la crispación, la política de bloques enfrentados y la dinámica sanchismo-antisanchismo está conduciendo a España. Los partidos políticos, según nuestra Constitución, expresan el pluralismo político y no pueden convertirse en instrumentos empeñados en enfrentar a media España con la otra media. Son cauces democráticos de participación política, no sectas dogmáticas en torno a un líder carismático. Y no pueden fallar clamorosamente a la hora de prevenir y atajar la corrupción entre sus dirigentes o aquellas conductas personales reprobables desde nuestras convicciones, especialmente las que afectan a la dignidad de las mujeres”.


¿Quién está detrás de esto? ¿Por qué nadie más con nombre y apellidos da la cara, al menos hasta el momento de escribir estas líneas? Parece que nombres como Juan Lobato están de acuerdo y suenan otros como Susana Díaz, Eduardo Madina o Page, pero de momento nadie aparece, ni siquiera Felipe, que seguro andará por ahí entre bastidores haciendo palmas con las orejas. El que se ha tirado a la piscina solito ha sido Jordi Sevilla. ¿Por qué precisamente ahora? ¿Quién ha decidido el momento y para qué se da este paso? ¿A quién beneficia? ¿Quedará en agua de borrajas o se trata de la punta del iceberg de una conspiración en toda regla?


Llama la atención la reacción oficial de Enma López, portavoz adjunta socialista al poco de hacerse público el manifiesto-pronunciamiento. “Habrá que estudiarlo con cariño”, ha dicho, tras remarcar que el debate interno forma parte de la manera de ser del partido y que en la conferencia política que ha de tener lugar este semestre en Sevilla, los promotores del manifiesto podrán aportar “muchísimas ideas porque son compañeros muy valiosos”.


Ellos  sabrán, pero a mí este asunto me huele a chamusquina.


J.T.

El PP contra ZP



En su incansable política de palos de ciego, el PP más enrabietado, léase FAES, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales que preside José María Aznar, decidió enfilar hace un tiempo a José Luis Rodríguez Zapatero con la intención de incrementar la erosión contra Pedro Sánchez. Núñez Feijóo y sus superiores atribuyen al ex presidente del gobierno español buena parte de la responsabilidad de su fracaso electoral en julio de 2023 y no están dispuestos a que esto se repita.


No hace mucho que Ester Muñoz, portavoz popular en el Congreso, llegó a calificar de “vergüenza profunda” y “nefasta influencia” la actuación de Zapatero en asuntos internacionales como Venezuela o la política exterior española en Oriente Medio. Tres meses después, mire usted por dónde, resulta que Venezuela está empezando a liberar presos políticos y el presidente de la Asamblea Nacional de ese país declara que eso ha sido posible merced a los buenos oficios de Zapatero, Lula y Qatar.


También jugó el ex presidente español un papel importante en la concesión de asilo político en España a Edmundo González Urrutia, el candidato al que la oposición venezolana atribuye la victoria frente a Nicolás Maduro en las últimas presidenciales celebradas en aquel país. Las familias de los aún encarcelados, entre los que figuran políticos cercanos a María Corina Machado, continúan comunicándose con Zapatero y aseguran que cuentan con él para obtener su liberación.


En una palabra, el PP pierde una oportunidad tras otra de hacer oposición de Estado, continúa optando por la provocación y su todavía líder va quedando más en evidencia cada día que pasa. La última, su declaración telemática el pasado viernes ante la jueza de la Dana, donde reconoció abiertamente que mintió cuando dijo que Carlos Mazón lo había tenido informado en tiempo real.


En esta huida hacia delante de los populares participa también, cómo no, Isabel Díaz Ayuso, la que viaja a Argentina para hacerse fotos junto a Milei y su motosierra. La presidenta madrileña, que considera a Zapatero “el perejil de todas las salsas”, se ha sumado a la petición de comparecencia en el Senado que ha anunciado el Grupo Parlamentario Popular. Lo quieren citar en la Comisión de Investigación del “caso Koldo” y también para que explique el rescate de la aerolínea Plus Ultra, empresa con capital venezolano cuyo propietario mayoritario actual, el alicantino Julio Martínez Sola, es amigo de Rodríguez Zapatero.


En definitiva, un totum revolutum buscando desactivar a ZP y apartarlo de la escena cuando lleguen unas próximas elecciones. Sin Zapatero, piensan en el PP, Sánchez es más débil. Lo que les gustaría a Aznar, Miguel Ángel Rodríguez y compañía es que se comportara como Felipe González y por eso llevan fatal que el leonés les haya salido rana. ¿A quién se le ocurre, siendo ex presidente del Gobierno de España, no envejecer cabreado y antiSánchez como mandan los cánones? ¿Pero quién se ha creído que es, yendo por el mundo de pacificador y mediador exitoso? Busquémosle la ruina como sea.


Si Zapatero no es de fiar para las derechas, desde la izquierda cuesta cierto trabajo admitir su evolución sin recordar su cara B. No podemos olvidar que durante la crisis financiera global de 2008, reconoció tarde la gravedad de la situación. Cuando fue presionado por Europa para incumplir su programa electoral pudo disolver las Cortes y convocar elecciones, pero no solo no lo hizo sino que en agosto de 2011 impulsó la modificación del artículo 135 de la Constitución (que el PP apoyó encantado, hay que recordarlo también) para priorizar el pago de la deuda sobre las políticas sociales.


De nada le valió, perdió las elecciones poco después y desde entonces pasó a jugar un papel discreto pero siempre fiel a su partido. Esa lealtad le ha llevado a recuperar protagonismo desde que hace dos años y medio decidió desmelenarse y convertirse en el principal valedor de las políticas de Pedro Sánchez. Esto es lo que ha sacado de quicio a los populares y por lo que han decidido ponerle la proa para impedir que el actual presidente del Gobierno levante cabeza. Desde hace unos meses, ZP está en la misma lista que Begoña Gómez, David Sánchez o el Fiscal General del Estado, un objetivo más de ese entorno al que hay que desacreditar para conseguir que Sánchez acabe rindiéndose y convocando elecciones cuanto antes. Para que deje ya de romper España, de hacer concesiones a los catalanes y de aprobar leyes con terroristas. 


Ese es el nivel. El contenido de sus patrañas no se lo creen ni ellos, pero están convencidos de que les funciona. No saben hacer oposición constructiva y además tienen prisa, una prisa terrible antes de que estalle el caso Montoro y empiecen las comparecencias en el caso Kitchen y demás juicios pendientes con encausados del PP. Por eso van a muerte a por un ZP al que nunca tragaron y cuyo protagonismo actual entienden que perjudica seriamente sus intereses.


J.T.

domingo, 11 de enero de 2026

De la OTAN hay que irse. Ya.


Clémence Guetté, vicepresidenta de la Asamblea Nacional por La Francia Insumisa, ha tenido la “osadía” de poner sobre la mes la retirada de Francia de la OTAN. Mientras en el país vecino se recupera la dignidad soberana, en España los opinadores de la teórica "pata izquierda" del sistema, en palabras de la diputada balear Lucía Muñoz Dalda, los que van con el carné del PSOE en la boca y al mismo tiempo aplauden el envío de armas, han salido en tromba a ridiculizar cualquier cuestionamiento de nuestra sumisión militar. Salir de la OTAN, sostienen, es una quimera; cerrar las bases estadounidenses en España, un suicidio y rechazar el envío de tropas a Ucrania, hacerle el juego al enemigo. Le están poniendo una alfombra roja al fascismo global y no se enteran.

Parece mentira que no hayamos aprendido nada de la historia. La moderación no salvó a la República de Weimar, entre otras razones porque cogérsela con papel de fumar nunca es una opción. Aún así, ahora que los estadounidenses se han dejado de disimulos y anuncian sus próximos desmanes sin cortarse un pelo, volvemos a repetir la jugada. Intentar frenar los vejatorios planes de Donald Trump y sus compinches con tibios comunicados es una solemne ridiculez. Al fascismo solo se le para con planteamientos de izquierdas, y eso hay que hacerlo desde la radicalidad y la coherencia. Es un inmenso error pedir permiso para existir, y lo es más aún si esto se hace en los márgenes de una alianza militar que nació para el control, aunque nos hayan intentado siempre hacer creer que era para la defensa.


Los voceros de la izquierda oficialista necesitan que la ciudadanía crea que no hay más alternativa que ser un socio dócil del imperialismo genocida de Estados Unidos. Critican a Trump de boquilla, pero se cuadran ante el Pentágono. Ante un Donald Trump que practica el “bullying” planetario, Europa no se planta. El magnate tiene acongojado a medio mundo con su política de tierra quemada y aquí seguimos, pagando la cuota de un club que nos desprecia. Claro que… mire usted por dónde, al final puede que no vaya a hacer ni falta que insistamos en marcharnos de la OTAN porque igual acaba desmoronándose sola.


Si Trump cumple su amenazas de anexionarse Groenlandia (por las buenas o por las malas, ha dicho textualmente), estaríamos ante el agresión de un miembro de la Alianza Atlántica a otro cuando la razón de ser de la organización, tal como contemplan sus estatutos, es que si un Estado es atacado, el resto de socios acuden en su ayuda ¿Qué hacer pues cuando es precisamente uno de sus miembros quien, pasándose por el forro dicho postulado, decide atacar a otro?


Igual significa el acta de defunción definitiva de una organización nacida con el cuento de la defensa mutua, veremos porque ¿qué sentido tiene pues, a estas alturas, empeñarnos en continuar perteneciendo a una estructura donde el líder declara abiertamente que solo se rige por su propia moral de casino y especulación? España sigue hipotecando su soberanía y su seguridad en nombre de unos acuerdos que el propio Washington está dispuesto a pisotear. 


Hace mucho tiempo que teníamos que estar fuera, pero dado que hasta ahora no ha sido así, quizás haya llegado el momento de mandarles a freír espárragos. ¿Cómo es posible que las bases de Rota y Morón sigan siendo el trampolín de las agresiones estadounidenses? La francesa Clémence Guetté nos ha marcado el camino. Si la OTAN ya no sirve ni para proteger a los socios de su propio líder, ¿qué demonios hacemos todavía dentro de ese cortijo?


J.T.

sábado, 10 de enero de 2026

Josu Jon Imaz, de lehendakari en potencia a lacayo del imperio.



Josu Jon Imaz, huérfano de padre desde los ocho años, nació en Zumárraga (Guipúzcoa) en 1963, estudió Química en la Universidad del País Vasco y entró muy joven en la arena política del PNV. Con veintisiete años era ya alcalde de su pueblo (diez mil habitantes) y se mantuvo al frente del municipio durante dos legislaturas, cargo que llegó a compaginar con un escaño en Bruselas como europarlamentario. Entre 1999 y 2004 fue consejero de Industria, Comercio y Turismo con Ibarretxe, y con 40 años sustituyó al legendario Xabier Arzallus al frente de la presidencia del PNV.


Cuatro años más tarde, en enero de 2008, dimitió por discrepancias internas. Cuentan las crónicas que Imaz quería un PNV más centrista, pragmático, opuesto al soberanismo extremo que algunos impulsaban y se marchó. "No quiero ser parte de un proyecto que divide", dijo entonces, en una rueda de prensa que sonó a despedida honrosa. Parecía un hombre de principios, un "buen chaval", alguien que priorizaba el bien común sobre el poder personal.


Mas hete aquí que, apenas unos meses después de dejar la política, julio de ese mismo año, ¡alé hop! aterrizó en Petronor, la refinería vasca filial de Repsol, como presidente. Un "puertas giratorias" de libro. De regulador a regulado, de consejero de Industria a directivo de una petrolera que había supervisado. En 2012, ascendió a director general de Repsol, y desde 2014 es su consejero delegado, el CEO que manda en una multinacional con tentáculos en todo el mundo. En 2024 percibió más de cuatro millones de euros en retribuciones, según los informes anuales de la compañía. Un carrerón en toda regla que ahora remata viajando a Washington para postrarse de hinojos ante el gran sátrapa global.


Ayer viernes, el secuestrador de Maduro reunió en la Casa Blanca junto a Josu Jon Imaz a los buitres petroleros de todo el mundo para repartirse el botín venezolano, ExxonMobil, Chevron, Eni, Trafigura, Vitol Americas, Continental, Valero o Halliburton. Y allí Imaz, en nombre de Repsol, no solo reverenció, aplaudió y estrechó la mano del gran batracio naranja sino que continuó haciéndole la pelota sin pudor asumiendo el relato del depredador cuando le tocó el turno de palabra: "Pese a ser una compañía española, dijo, Repsol está totalmente comprometida con Estados Unidos y también con Venezuela que operamos en el Golfo de América" ¡Golfo de América!, en boca de Imaz. Si Trump decide que el Golfo de México ya no se llama Golfo de México, pues se acata y punto. 


Estamos listos para invertir más en Venezuela hoy, añadió el ex presidente del PNV durante la reunión en el ala este de la Casa Blanca, estamos produciendo 45.000 barriles diarios brutos y estamos listos para triplicar esta cifra en los próximos dos o tres años invirtiendo fuertemente en el país, siguiendo su recomendación, si nos lo permite, por supuesto”. Lo voy a repetir: “Siguiendo su recomendación, si nos lo permite, por supuesto” ¿Cabe mayor autohumillación, puede uno arrastrarse más?


La compañía que dirige aquel joven zumarragano de familia humilde explota a día de hoy, junto a la petrolera italiana Eni, uno de los principales yacimientos de gas natural del mundo. La Perla, situado en el Golfo de Venezuela, representa el quince por ciento de la producción total de Repsol, una empresa cuyo accionista con mayor numero de participaciones es el fondo buitre BlackRock. 


Ni rastro de aquel político que lloró de emoción en 1998, cuando nació su hijo Asier coincidiendo con la tregua de ETA, pensando en un futuro pacífico. De lehendakari en potencia a lacayo del imperio. Es lo que hay.


J.T.


viernes, 9 de enero de 2026

El micrófono callejero no es periodismo

Las entrevistas que radios y televisiones realizan a pie de calle a la primera persona que pasa no son periodismo. En directo son ridículas y por lo general fallidas, por eso primero las hacen, luego se editan y después se emiten. Ahí es donde el periodismo sale por la ventana porque, cuando tú editas de esta manera, seleccionas. Al seleccionar escoges, sea mejor o peor la intención con la que lo haces, solo una parte del material reunido. Eso significa que lo que se acaba emitiendo responde a la voluntad inicial de lo que buscabas. En realidad es relleno barato, respuestas que no tiene valor no ya periodístico, sino tampoco estadístico. 

Ponerle el micrófono a un transeúnte (vox pop le suelen llamar) no es periodismo porque escoges un tema, preguntas por él y, depende hasta del barrio que escojas para hacerlo, estarás ya segmentando la información final. Si buscas voces críticas con el gobierno, eliges un distrito conservador; si quieres mayor complacencia, vas a un feudo progresista. Durante las elecciones de 2019, por ejemplo, televisiones como TVE emitieron vox pops sobre la crisis catalana donde predominaban voces españolistas en barrios madrileños, editadas para reforzar narrativas polarizadas.


A las entrevistas callejeras no les preocupa la información ni el análisis, lo que buscan es una frase, un gesto o una ocurrencia que encaje con la idea previa del editor. En directo suelen ser incómodas, confusas y, a menudo, ridículas. Editar es necesario y legítimo, claro que sí, pero cuando realizas un determinado número de entrevistas callejeras y las seleccionas estás eligiendo, y cuando eliges descartas. Es muy posible, además, que la persona que realiza la “encuesta” se dé por satisfecha cuando tiene la frase que quiere, el sujeto, verbo y predicado que se buscaban. El resultado final suele responder menos a lo que dijeron los ciudadanos y más a lo que el medio quería confirmar desde el principio. Si se busca indignación, aparecerá indignación. Si se busca frivolidad, se encontrará frivolidad. La calle siempre acaba diciendo lo que se le pide… si se edita de manera adecuada.


El sociólogo francés Pierre Bourdieu, en su libro Sobre la televisión (Sur la télévision, 1996), ya advertía de este mecanismo cuando hablaba de la televisión como un medio que simplifica y deforma para encajar en formatos breves y espectaculares. Los periodistas estadounidenses Bill Kovach y Tom Rosenstiel, en Los elementos del periodismo (Aguilar, 2012), recuerdan que la primera obligación del periodista es con la verdad, no con el impacto ni con la rapidez. El micrófono al azar incumple ambas cosas.


Preguntar por una reforma laboral, una guerra o una ley educativa a cuatro personas en una calle concreta de un barrio concreto es, de entrada, modificar la realidad. No nos cansaremos de insistir. El periodismo no consiste en poner un micrófono y concederle entidad a lo primero que te suelten, se trata de contextualizar, contrastar y explicar.


J.T.

jueves, 8 de enero de 2026

Ocho millones de pobres energéticos


En millones de hogares españoles se pasa frío durante el invierno. Padecen pobreza energética y se trata de personas que viven en nuestros mismos barrios, en nuestros pueblos y hasta en el portal de al lado. El ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico define pobreza energética como la incapacidad de un hogar para satisfacer sus necesidades básicas de suministros a un precio asequible. Es decir, tener dificultades para mantener la vivienda a una temperatura adecuada, al menos 18-21 grados en invierno, refrigerarla en verano, o simplemente pagar las facturas de luz y gas sin verse obligados a sacrificar comidas o medicinas.


Según el IX Informe FOESSA de Cáritas, presentado en noviembre de 2025, la pobreza energética afecta a más del 18 por ciento de los hogares españoles, lo que significa un incremento del 138 por ciento desde el año 2008. Son más de ocho millones de personas las que tienen dificultades para poder calentarse en lugares de nuestro país donde el frío invernal se ceba con los más vulnerables, familias que no pueden mantener sus hogares a una temperatura adecuada, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. 


Entre los más afectados destacan las familias monoparentales, los jubilados y los jóvenes. Dos millones y medio de menores de 30 años sufren exclusión severa, lo que se traduce en que la pobreza energética se entrelaza con la alimentaria y la habitacional. Cáritas resalta casos estremecedores, como por ejemplo hogares que acumulan deudas de hasta 1.500 euros en facturas obligados a elegir entre luz o cena. El impacto en la salud es brutal: resfriados crónicos, problemas respiratorios y un aumento del dos por ciento en mortalidad invernal entre los pobres, como advierten estudios de la OMS. 


Más de tres millones de hogares españoles dedican más de lo que se pueden permitir a pagar sus suministros, y hay casi un diez por ciento en una situación grave de “pobreza energética escondida”, que ni siquiera aparece en las estadísticas tradicionales porque reducen su consumo hasta niveles peligrosamente bajos.


¿Qué hacen las instituciones para combatir esta vergüenza? El Gobierno ha prorrogado el Bono Social Eléctrico hasta diciembre de 2026 con descuentos del 42,5 por ciento para personas vulnerables, aquellas cuyos ingresos anuales no llegan a los 11.278 euros anuales. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia asegura que esto beneficia a unos 1,65 millones de hogares, 


La nueva Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética 2025-2030 promete mejoras: automatización del bono para evitar trámites engorrosos, prohibición de cortes de suministro en hogares vulnerables y fondos para rehabilitación energética, con 6.000 millones de euros de los Next Generation EU destinados a aislar viviendas. Comunidades autónomas como Cataluña y Madrid ofrecen también bonos térmicos adicionales. 


Cáritas, en su informe, aplaude estos pasos, pero los califica de insuficientes porque solo el 30 por ciento accede al bono por falta de información o complejidad administrativa. Además, no cubre el gas natural, que calienta a la tercera parte de los hogares ni aborda la raíz, tantos y tantos edificios como tenemos obsoletos, lo que inevitablemente conlleva despilfarro de energía. Todo esto, recordemos, mientras las eléctricas obtienen beneficios récord. 


J.T.

miércoles, 7 de enero de 2026

El PP de Feijóo, entre el desconcierto y el ridículo

Núñez Feijóo y el PP andan estos días como pollo sin cabeza a la hora de adoptar posiciones sobre lo que ocurre en Venezuela. Intentan equilibrar un discurso nacional que ya no da más de sí con una realidad internacional que les viene grande. Resulta tragicómico observar las contorsiones de Génova tras años utilizando el drama venezolano como arma arrojadiza doméstica. Ahora, tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte de Donald Trump, parece claro que no saben hacia dónde tirar. Reclaman una "transición democrática", pero sin dejar de mirar de reojo hacia la Casa Blanca. 


No saben los populares a quién criticar, no saben a quién rendir pleitesía, no saben cómo no molestar al emperador del pelo naranja, ¿acabarán humillándose ante él como Corina Machado? Harían más el ridículo de lo que ya lo están haciendo, porque el hombre de Trump en España es Santiago Abascal, en quien tiene puestas todas sus complacencias porque Feijóo para él ni existe. Me extraña que en el PP, aunque su todavía líder no se entere, no tengan eso claro a estas alturas de la película. Trump no quiere ni en pintura a Pedro Sánchez, pero a Feijóo menos. Y tanto en nuestro país como en el resto de Europa, desde el despacho oval se está trabajando para que la ultraderecha crezca en nuestro continente hasta acabar siendo hegemónica.


Por eso había que estar ayer en París, que fue lo que hizo el presidente español, en la Coalición de Voluntarios por Ucrania, fijando garantías de seguridad cruciales y cerrando filas contra las ambiciones de Trump sobre Groenlandia, pero el PP prefirió una vez más mirar el dedo y no la luna. Para Feijóo y sus portavoces, lo relevante no era que España estuviera formando parte de la mesa donde se diseña la seguridad del continente, sino que Sánchez no hiciera acto de presencia en la Pascua Militar con el Rey. 


En las filas de la derecha saben que están representados por un líder que cada vez que habla la pifia, pero no ponen remedio a su ridícula estrategia, basada en que no importa mentir ni soltar tonterías, dado que de lo que se trata es de llevar la iniciativa en la comunicación, como le dijo a Mazón la trágica noche de la Dana. Todo lo basan en que si eres tú quien hablas primero, el adversario se verá obligado a contestar a lo que le digas antes que a acusarte de incompetencia. Feijóo y sus acólitos parecen preferir el ridículo ante el mundo antes que reconocer algún logro ajeno. Mientras tanto en Vox, calladitos, se frotan las manos. 


Cuesta entender que el PP prefiera embarrar el terreno con polémicas menores antes que fijar una posición clara sobre Venezuela, Trump o el nuevo equilibrio europeo. Claro que fijar posición implica riesgos, y asumir riesgos exige convicciones. Y esas convicciones, hoy por hoy, brillan por su ausencia. El PP no sabe si quiere ser un partido que aspire a gobernar España en un mundo convulso o una fuerza que se limite a sobrevivir electoralmente entre el miedo a Vox o la tentación de copiarlo.


Mientras Trump avanza, aquí los populares, atrapados en su distópico laberinto, corren el riesgo de quedarse en tierra de nadie. Demasiado moderados para entusiasmar al trumpismo, demasiado inconsistentes para resultar creíbles como alternativa de gobierno. Quizá ese sea el mayor peligro para Feijóo, no que Trump lo desprecie, sino que ni siquiera lo tenga en cuenta.


J.T.



martes, 6 de enero de 2026

El digital ultra The Objective, "pelín" desorientado desde el secuestro de Maduro



The Objective es un diario digital con sede en Madrid, un centro de operaciones mediáticas afín a intereses ultraderechistas y desestabilizadores que cuenta entre sus firmas con nombres como Alfonso Guerra, Esperanza Aguirre, Joaquín Leguina, Manuel Pimentel, Gloria Lomana, Rosa Díez o Fernando Savater, para espanto de quienes alguna vez confiamos en alguno de ellos. 


The Objective Media S.L., la empresa editora, acumula pérdidas pero sigue publicándose gracias a inyecciones de capitales externos. Como propietaria del medio figura Paula Quinteros, quien posee conexiones claras con ambientes empresariales del exilio venezolano. Según contó hace ya tiempo Manu Levin en Público, esa red es parte de lo que han dado en llamar la “internacional mediática de la ultraderecha”, medios digitales levantados por la diáspora venezolana conservadora en España.  


Más allá del dinero, lo que llama la atención es que The Objective acoge en sus páginas a opinadores como los que hemos citado más arriba, además de otras firmas “insignes” como Juan Luis Cebrián o Felipe González. Intentan establecer una alianza en principio impensable, pero que encaja bastante cuando vemos los caminos por lo que últimamente se mueve el diario El País, deriva que recuerda la nefasta época en la que al frente del periódico estuvo Antonio Caño. Un Caño, por cierto, que estos días se ha despachado en The Objective con una columna de opinión titulada “Bienvenidos al nuevo orden mundial” y en la que, entre otras lindezas, escribe lo siguiente: 


“Hay múltiples razones de carácter emocional y humanitario para comprender la satisfacción con la que millones de venezolanos celebraron la caída del hombre que destruyó sus vidas. De hecho, habría que tener el corazón de piedra o ser un fanático antiamericano para no sumarse a ese regocijo. Pero, fuera de esa explicación emocional, no encontrarán una sola razón para justificar este acto de acuerdo a las normas que deben imperar en una sociedad civilizada”. Nadando y guardando la ropa, dado que los políticos venezolanos de los que él es partidario se han quedado, al menos de momento, colgados de la brocha y sin escalera.


The Objective es un artefacto bien lubricado por la oligarquía venezolana, una plataforma involucionista que intenta buscar legitimidad intelectual con sus fichajes, políticos y periodistas cabreados con el momento que vive nuestro país y no encuentran mejor sitio donde vomitar su odio. Cada uno tendrá sin duda sus razones personales, pero existe un denominador común entre ellos: todos odian a Pedro Sánchez, quieren hacer luz de gas a Podemos, maldicen a los nacionalistas y piensan que son más listos que nadie.


Conviene no olvidar además que este medio ha normalizado la manipulación y la intoxicación en sus “informaciones” del día a día. Financiado con capital extranjero pues, funciona con sus mensajes afines a la derecha radical como herramienta de desestabilización. Desde que Trump secuestró a Maduro, respaldó a Delcy Rodríguez y ridiculizó ante el mundo a Corina Machado parece que andan un poco despistadillos. A ver ahora por dónde acaban saliendo. Una cosa parece clara: caña a Sánchez le seguirán dando igual. Y de paso, a Zapatero.


J.T.

lunes, 5 de enero de 2026

Baltasar Moreno Bonilla, una provocación


Si hay algo en Sevilla que trasciende el folclore y se eleva a símbolo social colectivo, eso es la Cabalgata de Reyes Magos. Aquí, esta celebración es cultura popular en estado puro, un rito laico en el que niños y mayores depositan toda su ilusión y muchas de sus expectativas para el año que empieza. Encarnar a uno de los magos en este desfile es un honor que, históricamente, suelen ostentar figuras que despiertan cariño o respeto ciudadano. No es el caso precisamente de quien este año ha representado la figura del rey Baltasar, Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía.

 

Que un presidente autonómico utilice una celebración de este tipo como  palanca de propaganda a pocos meses de las elecciones autonómicas es caricaturesco, antiestético y hasta pornográfico, si me apuran. Desde fuera de la ciudad podría parecer una anécdota, pero Sevilla no funciona así. En Sevilla la cabalgata es símbolo, magia y termómetro. Y el contexto importa. Sobre todo si tenemos en cuenta que el malagueño Moreno Bonilla no atraviesa precisamente su mejor momento de popularidad como presidente autonómico desde su lamentable gestión de los cribados de mama, un asunto grave que ha dejado a miles de mujeres andaluzas afectadas y marcadas para siempre. Mujeres que, indignadas, se han manifestado y alzado la voz porque se sienten engañadas y abandonadas. "Sanidad Pública" se escuchaba corear por calle Feria cuando  la carroza de Baltasar circulaba por ella cerrando el cortejo.


En este contexto, la imagen del presidente andaluz convertido en Baltasar adquiere una dimensión ofensiva, de profanación. El rey mago que trae regalos, protección y esperanza representado por un gestor cuya apuesta, priorizar la sanidad privada, ha  generado mucho dolor. Quienes llevan meses esperando explicaciones a su indefensión, lo que han visto este cinco de enero ha sido al responsable de sus males subido a una carroza lanzando caramelos encantado de haberse conocido.


En lugar de asumir responsabilidades políticas, Moreno Bonilla parece decidido a minimizar la percepción pública de sus fracasos apostando por la foto. Este triste episodio, intolerable para unos y burdo para otros, ha provocado reacciones tanto por parte de los partidos políticos que se han preguntado qué ilusión puede transmitir a los niños quien no garantiza hospitales ni escuelas dignas, como de una buena parte de la ciudadanía sevillana que, indignada, considera una burla la presencia en la cabalgata del responsable de sus desgracias. 


La designación, por otra parte, de un hombre blanco para encarnar al rey Baltasar ha encendido también la chispa de un debate más profundo, la práctica del "blackface". Colectivos antirracistas lo han calificado de “profunda vergüenza”, un gesto insensible en pleno siglo XXI que perpetúa estereotipos dañinos y excluyentes, algo especialmente llamativo cuando quien protagoniza la escena es nada menos que el presidente de la Junta de Andalucía. 


En Sevilla, donde la Cabalgata es todo un patrimonio colectivo, hay quienes consideran que el presidente de la Junta ha empañado la magia de un día para soñar, no para apuntalar carreras políticas. Que Moreno Bonilla se vea más cómodo tirando caramelos desde una carroza que enfrentando sus propios fiascos de gestión es todo un síntoma. Yo diría aún más: ha sido toda una provocación. 


J.T.