lunes, 23 de marzo de 2026

AMAMA, la Junta y el periodismo andaluz



Coincidí con Ángela Claverol el pasado miércoles cuando en nombre de AMAMA, la asociación que preside, recogió el premio a la “Transformación Social” que en su edición de este año le ha otorgado la Red de Activistas de Sevilla. El discurso que pronunció nos conmovió a quienes estábamos allí presentes. Todo un alegato contra la injusticia y la desconsideración de la Junta de Andalucía para con miles de mujeres enfermas de cáncer. Cuando habla, Ángela transmite verdad. Cuenta las cosas con una naturalidad pasmosa, lejos del victimismo y también de la agresividad. Su mensaje es poderoso. 


La casualidad quiso que el mismo día del premio se conociera que el gobierno andaluz desoyó desde 2023 los avisos sobre el colapso en las mamografías, que desde entonces existían ya dos informes que avisaron al Servicio Andaluz de Salud (SAS) del tremendo colapso que había no solo en mamografías sino también en ecografías y tacs. Según el diario El País los médicos avisaron dos veces, en 2023 y en 2025. “Amama llevaba desde 2021 denunciando estos colapsos, nos contó Claverol, Moreno Bonilla lo sabía, los consejeros de Salud que han ido desfilando lo sabían, la directora del SAS lo sabía. Y sin embargo lo han negado, nos han llamado mentirosas, nos han amenazado. No tienen empatía ni vergüenza, continuó. Abandonaron a muchas mujeres andaluzas a su suerte por no hacer una ecografía que vale ochenta euros. Podían haber ahorrado cánceres avanzados a muchas compañeras, y a las familias de las que fallecieron la pena de haber perdido a sus familiares”. 


Escucho a Ángela y me recuerda a Pilar Manjón, la mujer que fue vituperada por Álvarez Cascos cuando esta pedía justicia para su hijo y las demás víctimas del atentado de los trenes de Atocha. Mientras se emociona el auditorio por la firmeza y contundencia con la que se expresa la presidenta de AMAMA, me acuerdo también de las víctimas de la Dana valenciana plantándole cara al desvergonzado Carlos Mazón. La escucho y me pregunto cómo es posible tal nivel de falta de sensibilidad por parte de los políticos del PP cuando han de gestionar una catástrofe.


El mismo Moreno Bonilla que soltó lágrimas por las víctimas del accidente de Adamuz permanece impasible ante la tragedia de los miles de mujeres que no recibieron a tiempo los informes de sus cribados de mama. Se intenta distanciar de la Ayuso del 7291 pero el ADN del partido al que pertenece es el que es. Claverol y su asociación, cuyo cometido es proporcionar apoyo integral a mujeres afectadas por el cáncer, se sienten ninguneadas, insultadas. Lo denuncian con firmeza, a pesar de los ataques inmisericordes de los que son objeto por parte de la Junta y sus palmeros mediáticos. No se quejan, luchan. Curioso que quienes por lo general plantan cara a la funesta gestión que el PP hace de las catástrofes (no me quiero acordar del Rajoy de los “hilillos de plastilina”, ni de Federico Trillo y el Yak-42) suelen ser siempre mujeres que luchan contra la amoralidad y la desidia de sus propios gobernantes.


¡Qué sensación de impotencia!, ¿no? Si quien gestiona tus problemas te ignora o te insulta, por no decir que te desprecia ¿qué te queda?¿a qué o a quién puedes recurrir? El escándalo de las dos mil primeras radiografías cuyos resultados nunca se comunicaron lo dio a conocer hace seis meses una mujer periodista, Mercedes Díaz, especialista en Tribunales de Radio Sevilla, premiada también la semana pasada, en su caso por la Asociación de la Prensa de la provincia. ¿Recuerdan la reacción de la Junta cuando aparecieron los primeros titulares? Darse por ofendida, negar la mayor, ofrecer excusas que el tiempo sea ha ido encargando de desmontar, señalar culpables y defenderse atacando. 


Esto es así de descarnado, pero cuesta que el ciudadano lo perciba. Con la televisión autonómica no se puede contar y la mayor parte de los medios callan porque maman sin parar de la generosa teta del gobierno autonómico. Callan o lo que es peor, difunden bulos como ha ocurrido en Málaga esta semana a propósito de las dificultades que el Ave tendrá para recuperar los viajes hasta la ciudad antes de Semana Santa. “Perderemos 1.300 millones de euros”, clama la Junta, y los periódicos malagueños se aprestan a reproducir la barbaridad sin molestarse en hacer cuentas y descubrir que, si eso fuera cierto, cada visitante tendría que gastarse 26.000 euros en sus vacaciones de Abril.


Nos merecemos un periodismo mejor. De la política no espero mucho pero en lo que al periodismo concierne, la indecencia tendría que acabarse. De ello depende la supervivencia del oficio y no de las subvenciones que amordazan. Mi aplauso desde aquí  a todas las Ángelas Claverol que desenmascaran la hipocresía de los políticos y se baten el cobre para que injusticias como las del caso de los cribados de mama en Andalucía no acaben silenciadas. Esperemos que impunes tampoco. 


J.T.

domingo, 22 de marzo de 2026

El ABC, siempre en su línea

Este domingo 22 de marzo de 2026, el diario ABC trae a primera página una foto enorme de Santiago Abascal. Titular a toda plana: “Santiago Abascal: “Sánchez podría volver a ganar si el PP se empeña en dañarnos”. Debajo, la entrevista donde el líder de Vox lanza su “voz de alerta” y, como guinda, otro titular que lo corona: “Orbán celebra a Abascal como líder de la ultraderecha europea”. Ni una crítica, ni un matiz. Ensalzamiento puro. Nada nuevo bajo el sol, porque ABC lleva noventa años haciendo exactamente lo mismo, pero aún así me ha dejado estupefacto.



En 1938, mientras Europa se desangraba, este mismo diario tituló a cuatro columnas: “Cuatro hombres de buena voluntad”. Los cuatro eran Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier y el periódico presentaba el pacto de Munich, la entrega de Checoslovaquia al nazismo, como un acto de paz civilizada. El diario monárquico y conservador más leído de España bendecía a los dos dictadores fascistas como salvadores de la civilización. 


Durante toda la década de los treinta, ABC abrió sus páginas a loas a Mussolini; el Duce era el hombre fuerte que había salvado Italia del “caos bolchevique”. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, sus crónicas lo presentaban como el líder enérgico que devolvía el orgullo a Alemania. Después llegó aquí el golpe militar y la guerra fratricida entre españoles que duró tres años y costó cientos de miles de muertos. Desde el mismo 18 de julio de 1936, el ABC de Sevilla se puso al servicio del golpe militar. Portada tras portada ensalzando a Franco como “salvador de España”, “caudillo invicto”, “restaurador del orden” y ponderando al criminal Queipo de Llano. Cuando Madrid cayó en 1939, el ABC madrileño se sumó al coro. Durante cuarenta años de dictadura, decenas y decenas de portadas glorificaron al dictador, silenciaron fusilamientos, justificaron el terror y vendieron la “paz de Franco” como si fuera un regalo divino. 


En ello siguen. Solo ha cambiado el nombre del protagonista. Ya no es Hitler, ni Mussolini, ni Franco. Ahora es Santiago Abascal, el líder ultra de un partido xenófobo, racista, machista, homófobo y pendenciero. Una formación política que fomenta el odio contra migrantes, contra mujeres, contra la diversidad. Un partido que quiere dinamitar los derechos laborales y sociales que costaron décadas de luchas, huelgas y muertos: el salario mínimo, las pensiones dignas, la sanidad pública, la educación gratuita. Abascal y los suyos apuestan por volver a la España de los privilegios y el ABC, fiel a su historia, les regla la primera página para echarle una mano al hombre, que con tanto lío interno igual pierde comba y no es cuestión.



En los años treinta decían que Hitler y Mussolini “defendían el orden”. Hoy dicen que Abascal “defiende España” y ponderan sus tesis. Todo el mismo hilo negro, el mismo odio disfrazado de patriotismo, el mismo desprecio a los derechos humanos y a los derechos sociales y laborales conquistados a base de lucha y firmeza ciudadana.


Poca duda de que está en el ADN de ABC esta forma de entender el “periodismo”. El fascismo nunca llega solo. Los titulares que lo hacen parecer razonable son parte de la estrategia.


J.T.

sábado, 21 de marzo de 2026

El futuro que nos espera en el mundo de la información. 10 apuntes


Alexandra Geese, europarlamentaria alemana


1. Elon Musk está manipulando el algoritmo deliberadamente para difundir contenidos políticos divisivos en X. Existen estudios contrastados que lo demuestran de forma fehaciente. En Alemania, X ha concedido mayor visibilidad a contenidos de extrema derecha.


2. Lo que Google está haciendo ahora mismo con su 'modo IA' y su 'resumen de IA' es acabar con la libertad de prensa, y la Comisión Europea no está gestionando esta situación como es debido. 


3. La solución es la creación de fondos para que los medios de comunicación puedan impulsar una plataforma social europea, una especie de aglutinador de medios que permita un modelo de negocio sostenible para los periodistas.


4. Hemos sido extremadamente ingenuos al confiar nuestro espacio democrático a plataformas estadounidenses y chinas cuyos intereses distan mucho de la supervivencia o el buen funcionamiento de nuestras democracias 


5. La verificación de la información no sirve a la hora de contrarrestar la desinformación. 


6. A menos que cambiemos los algoritmos, la desinformación seguirá propagándose más que la información de calidad.


7. La alfabetización mediática parte de la premisa de que las personas deben contrastar sus fuentes y ser capaces de distinguir la información verdadera de la falsa. 


8. Hoy en día la mayoría de la población solo lee los titulares en las redes sociales y eso es lo que recuerda. Tan solo una pequeña parte de la ciudadanía dispone del tiempo para profundizar y contrastar las fuentes, y, aun así, nunca resulta del todo eficaz.


9. Los usuarios tienden a consumir desinformación entre seis y diez veces más que información fiable, y está comprobado que eso basta para que nuestro cerebro considere que la desinformación es “más verdadera” que los hechos.


10. La Comisión Europea reconoce que la democracia está en peligro, pero no identifica a los agentes que se esconden tras esta amenaza porque estos tienen demasiado poder.


Estas diez reflexiones están extraídas de una entrevista a Alexandra Geese, diputada alemana del Partido Verde en el Parlamento Europeo, que fue publicada originalmente en el Green European Journal en inglés, en colaboración con la Fundación Heinrich Böll. y que en nuestro país recogió El Salto Diario en su edición de ayer viernes 20 de marzo de 2026. Geese afirma también que el Escudo Europeo de la Democracia, presentado el pasado noviembre, es incapaz de frenar la desinformación.


J.T

viernes, 20 de marzo de 2026

Si lo hace Podemos, entonces está mal


Hace años que me fascina la animadversión que veo salir de las tripas de muchos colegas de profesión cuando se trata de hablar de Podemos. Se les aplica un tratamiento sistemático de descrédito que roza lo patológico. El pasado jueves se anunció que Irene Montero, eurodiputada y secretaria política de esta formación política, y Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, compartirán escenario el próximo 9 de abril en Barcelona. Moderará Xavier Domènech, exlíder de los Comuns. “Què s’ha de fer?” se preguntan. En principio, se trata sencillamente de un diálogo abierto, constructivo, entre dos referentes de la izquierda alternativa para explorar el futuro del espacio progresista. 


Pues bien, buena parte del censo patrio de plumillas y tertulianos, lejos de valorar este esfuerzo en un momento tan complicado, han optado desde el minuto uno por el sensacionalismo barato: “terremoto”, “ponen patas arriba el tablero”, “sacudida a la izquierda”. Otros se lanzan a especular con “cálculos electorales” o posibles pactos en un ecosistema mediático donde todo lo que hace Podemos está mal por definición. Si propone diálogo, es porque llega tarde. Si no lo propone, bloquea. Si habla, molesta. Y si calla, también. 


“Podemos no quiere la unidad, Podemos no quiere la unidad”, repetían una y otra vez hasta la saciedad en los últimos días. Irene y Gabriel anuncian una sencilla conversación… “Nooo, nooo, esa unidad no, eso es más de lo mismo con los mismos”, clama Antón Losada para satisfacción de un Fortes que aviva el fuego encantado. Y así sucesivamente. Este es el patrón. Unos actúan de esta manera por animadversión ideológica, otros quizás por falta de información y otros sencillamente por inercia, porque mola poner a parir a una formación de la que ignoran su lucha durante años contra las injusticias y por combatir la desigualdad. A nadie parece interesarle, en un contexto de fragmentación evidente, que Montero y Rufíán se sienten a hablar. Si lo hace Podemos, desconfía, lagarto lagarto.


Hablaré solo de un caso: las leyes de igualdad y contra la violencia sexual promovidas por Montero han situado a nuestro país como referente internacional. El Parlamento Europeo ha aprobado definiciones de consentimiento idénticas a la de la ley “solo sí es sí”, no olvidemos esto nunca, después de la que le dieron. Organismos como ONU Mujeres y referencias explícitas en foros globales (como la Conferencia de Beijing) reconocen que España, gracias a estas políticas, se ha colocado “a la par de los países más avanzados” en protección de derechos de las mujeres. 


¿Dónde queda eso en la prensa española? Enterrado bajo toneladas de titulares hostiles, editoriales cargados de veneno y silencios cómplices. Mientras en Bruselas y en foros internacionales se cita a Montero como ejemplo de avance feminista, aquí se la reduce a “radical”, “polémica” o “apestada electoral”. El oficio periodístico, cuya esencia es el rigor y pluralidad, se ha convertido en nuestro país en ariete contra todo lo que huela a Podemos. Da igual que se trate de un acto de diálogo unitario, una ley pionera o una propuesta concreta. La respuesta es siempre la misma, ataque, caricatura o ninguneo.


Fuera de nuestro país el fenómeno Podemos lleva años siendo objeto de estudios académicos, de reconocimiento y de análisis políticos serios. Se podrá estar de acuerdo o no, pero se les analiza. Aquí se les demoniza y se les ataca sin misericordia. Esta degradación del periodismo no se sostiene ni con la excusa de la “libertad de expresión”. La información que llega al ciudadano sobre Podemos pasa sistemáticamente por el filtro del desprecio o la distorsión. La prensa española ha decidido negarles el pan y la sal y ahí andan, a degüello. 


La conversación del 9 de abril puede salir bien, mal o regular. Puede aportar algo o quedar en nada, puede ser relevante o pasar desapercibida. Pero pase lo que pase, el periodismo ha de limitarse a esperar a que suceda, verlo, escucharlo y contarlo. Porque de eso va ser periodista, ¿no, queridos colegas?


J.T.

jueves, 19 de marzo de 2026

Periodista, si el poder no se molesta con tu trabajo, algo estás haciendo mal.

Pepe Fernández me hace entrega del premio en presencia 

de Cristóbal Ráez, miembro de la Red de Activistas


Dejo por aquí el discurso de agradecimiento que pronuncié ayer tras recoger el premio que la Red de Activistas de Sevilla ha tenido la amabilidad de otorgarme en esta su segunda edición. 


“Amigos de la Red de Activistas, no os podéis imaginar cuánto os agradezco vuestra distinción. Un verdadero honor. Da gusto disfrutar del aire que se respira en atmósferas como esta. Gente crítica, libre e independiente. Y ya se sabe que el poder en España perdona todo menos la independencia. Esto último lo solía decir Gregorio Morán, compañero que murió el pasado 23 de febrero tras habernos dejado libros eternos sobre la transición, el partido comunista o el país vasco. Por no hablar de “El cura y los mandarines”, menuda obra!


También decía Morán que el periodista que no molesta al poder acaba siendo parte de su decoración y que hay en nuestro país más periodistas pendientes de conservar la silla que de hacer preguntas. En un contexto como el sevillano yo añadiría, y me vais a perdonar, que puede que haya más pasos de semana santa que periodistas con la posibilidad de trabajar de manera libre e independiente.


No son buenos tiempos para el oficio, como no lo son tampoco para las políticas progresistas y por eso me parecen hermosos encuentros como este, donde constatamos que no estamos solos y nos retroalimentamos para seguir en la pelea. Yo no soy activista, no soy mucho de megáfonos ni pancartas pero tengo un teclado y la determinación de no callarme frente a las injusticias. He pagado y estoy dispuesto a seguir pagando el precio pero merece la pena. El periodista que no molesta al poder, algo está haciendo mal.


Esto lo aprendí de mi querido Fernando Reinlein, que también ha muerto este 2026, el pasado 15 de enero. Reinlein fue militar en el franquismo, de la UMD, estuvo en la cárcel, lo echaron del ejército y Juan Tomás de Salas, el presidente del Grupo 16, lo convirtió en periodista. Fue compañero y maestro y en estos últimos años de su vida, retirado en el Cabo de Gata, cuando le preguntaba qué hacía me contestaba: yo por las mañanas no hago nada y por las tardes lo paso a limpio. Era mentira, porque hasta el final miró al poder con espíritu crítico y, cuando hacía falta, con bastante mala leche, pero le quedaba bien la boutade. Nació un 14 de abril de 1945 y ese día, que este año cumpliría 81, le rendiremos homenaje en el Cabo.


El periodismo no es una profesión más. De nuestro trabajo depende que la sociedad pueda ejercer su derecho a estar bien informada. De nuestro trabajo, aunque no solo de él, depende la libertad, la igualdad y la democracia. Por eso no caben excusas para mentir u ocultar. En caso de hacerlo se nos deberían exigir responsabilidades profesionales e incluso penales. Esto tampoco es mío. Lo escribió Carlos Hernández, otro compañero que hemos perdido el pasado 3 de febrero. Un cáncer se lo ha llevado a los 56 años. 


El trabajo de Carlos en materia de memoria histórica está pidiendo gente que lo continúe. En su carta póstuma, que Olga Rodríguez dio a conocer cuando falleció, Carlos insistía en que las víctimas del nazismo y de otras dictaduras no dejaron de repetir nunca que el fascismo no había muerto, que seguía agazapado esperando el momento de resurgir. A ver si entre todos conseguimos que no acabe teniendo razón.


Gracias, queridos amigos de la Red de activistas. La iniciativa de estos premios me parece todo un halago y todo un hallazgo. Dejando a un lado que hoy me ha tocado a mí estar aquí subido, os auguro un gran futuro porque es una gran idea. Somos más, aunque se nos vea menos de lo que sería deseable. Como decía antes, seguiremos en la pelea. Y para terminar, permitidme que me ponga en modo Bardem: ¡No a la guerra y Viva Palestina Libre!"


Sevilla, 18 marzo 2026 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Carta a un/a joven que solo se informa por internet



Querido/a amigo/a,


No sé exactamente qué edad tienes, pero te imagino entre los veinte y los treinta y tantos. Lo suficiente joven como para creer que el mundo se conquista con un scroll infinito, y lo bastante adulto como para empezar a notar que algo no encaja del todo en ese flujo constante de imágenes, titulares y verdades que te llegan a golpe de pulgar.


Te escribo porque intuyo que tu visión del mundo llega casi entera por la pantalla: TikTok, Instagram, reels que duran lo que un suspiro, hilos que prometen explicarlo todo en tres líneas, opiniones que se disfrazan de hechos. Es rápido, es gratis, es adictivo. Y es, sobre todo, peligrosamente sesgado.


No es culpa tuya. Es el diseño. Los algoritmos no buscan informarte; buscan retenerte. Te sirven más de lo mismo: lo que te indigna, lo que te confirma, lo que te hace sentir parte de un bando. Te encierran en una burbuja donde el matiz se evapora y el contrario deja de ser alguien con quien hablar para convertirse en un enemigo al que aplastar. Así, sin darte cuenta, te van moldeando una realidad a medida, incompleta y, muchas veces, directamente falsa.


Por eso te propongo algo que hoy suena casi subversivo: lee libros. Libros de verdad, libros que no caben en un minuto, que te contradicen, que te obligan a volver páginas atrás y a dudar. Libros de historia, de política, de filosofía, de quienes ya pensaron lo que ahora te venden como novedad absoluta. Sal de la pantalla. Busca cafés, ateneos, charlas, debates donde la gente se mire a los ojos y escuche antes de soltar la réplica. Lugares donde el argumento pese más que el like.


Busca fuentes alternativas: periódicos que contrasten, radios que investiguen, webs que documenten sin prisa. Desconfía de lo que te aparece en el timeline solo porque es viral. Lo fácil casi nunca es lo cierto. La realidad es más lenta, más gris, más complicada que cualquier reel perfectamente editado.


Y sobre todo, recuerda esto: el futuro está en tus manos. Más pronto que tarde te/nos volverá a tocar ir a votar. Ese gesto tan sencillo decide qué sociedad vamos a sostener. Mira alrededor: en las autonómicas de Castilla y León de marzo de 2026, el PP ganó pero Vox se mantiene fuerte, rozando el 14-15 por ciento en muchos sondeos previos y confirmando su crecimiento sostenido. Capitalizan el cabreo, el miedo, y cuentan con que te vas a creer sus promesas de soluciones rápidas.


Te intentarán seducir con cantos de sirena, con discursos de odio disfrazados de valentía, con relatos de enfrentamiento que señalan culpables claros, con promesas de arreglarlo todo de un plumazo. Suenan potentes, a veces incluso liberadores. Pero son atajos peligrosos porque el odio busca destruir. La violencia envenena y nunca resuelve nada. Aprende a identificar quién defiende la igualdad y quién la socava, quién amplía derechos y quién los recorta en nombre de una supuesta pureza, quién construye puentes y quién necesita muros y chivos expiatorios para existir.


Mantén los ojos bien abiertos. Y confía más en tus tripas que en cualquier paquete perfecto que te intenten colar. Ese nudo incómodo en el estómago cuando algo no encaja, aunque no sepas nombrarlo del todo, suele ser más honesto que mil discursos por muy redondos que parezcan.


Vivimos tiempos muy convulsos, sí. Pero estamos a tiempo. A tiempo de no repetir errores viejos, de no dejar que el ruido ahogue la reflexión, de no entregar por apatía o por rabia lo que costó generaciones conquistar. Sería una pena inmensa que tu generación tuviera que volver a pelear por derechos que ya dabas por sentados: la libertad de amar sin miedo, la igualdad sin excusas, la innegociable justicia social… Los valorarías de verdad solo cuando empezaran a desaparecer.


No te pido que pienses como yo. Ni siquiera que estés de acuerdo conmigo. Solo que pienses más, mejor y con más herramientas. Que no dejes que te roben la capacidad de dudar y de elegir con cabeza y con corazón.

Lo demás, créeme, vendrá solo.

Un abrazo fuerte.


J.T.

martes, 17 de marzo de 2026

Ni blanquear, ni normalizar, ni polarizar. Al fascismo, ni agua



El lenguaje periodístico y político español ha caído en una trampa peligrosa. Palabras como blanquear, normalizar o polarizar se repiten como mantras en noticias de prensa, piezas de telediario, columnas, tertulias y declaraciones oficiales. Son términos inexactos con los que se construyen expresiones anestesiadas que se utilizan para describir el avance de la ultraderecha sin precisar lo que realmente es: un proyecto canalla que usa las reglas democráticas para dinamitarlas desde dentro.


No se blanquea ni se normaliza a Vox ni a sus aliados. Se les acepta en espacios de poder donde no deberían tener cabida legítima. Porque no son demócratas. Utilizan la democracia como herramienta temporal para desmantelarla. Quieren imponer un orden autoritario, xenófobo, regresivo en derechos, que niega la pluralidad, ataca la memoria histórica, amenaza con motosierras a la televisión pública y celebra la exclusión. No se les puede "normalizar" porque ellos no normalizan nada: no aceptan al diferente, al migrante, al disidente, a quien defiende libertades conquistadas con sangre y décadas de lucha.


Tampoco existe esa polarización simétrica que tanto gusta invocar. No hay dos extremos equivalentes. En un lado están los nazis, fascistas reciclados, herederos ideológicos del franquismo que se mueven con descarada impunidad. Y en el otro estamos la ciudadanía de a pie, los demócratas que defendemos la convivencia, los derechos LGTBI+, la igualdad, la sanidad pública, la educación laica. Equiparar ambos es como decir que hay "polarización" entre quien quiere quemar libros y quien quiere leerlos.


En las elecciones autonómicas del pasado domingo en Castilla y León, Vox ha superado el 20 por ciento en provincias como Valladolid, Zamora o Palencia. Tanto en esta comunidad como en Aragón o Extremadura acabarán pactando con el PP a cambio de que Feijóo y los suyos traguen e impongan agendas regresivas en derechos y libertades. Los de Abascal usan unas autonomías en las que no creen, unas instituciones con las que quieren acabar, para zarandearnos a todos.


A nivel nacional, las encuestas más recientes sitúan a Vox rozando o superando el 18 por ciento, con proyecciones de hasta 66 escaños en unas generales hipotéticas. Han tardado décadas en sacar la patita -desde el franquismo sociológico que nunca se fue del todo-, pero cuando lo han hecho se han pasado muchos pueblos. Amenazas explícitas contra RTVE ("entrar con motosierra o lanzallamas"), bulos sistemáticos sobre inmigración, negacionismo de violencias machistas o climáticas, sumisión incondicional a Trump. alianzas internacionales con Orbán, Le Pen o Milei. Y en la calle: pogromos racistas en Torre Pacheco (2025), grupos neonazis como "Deport Them Now" o Núcleo Nacional que ya no se esconden.


Cada día actúan con mayor desahogo e impunidad porque el blandengue discurso mediático y político les ha dado oxígeno. Se habla de "ultraderecha" como si se tratara de una variante legítima del espectro político y no lo es; de "polarización" como si hubiera simetría moral y no la hay. Y en estas el PP, en lugar de plantar cara para preservar su presunta vocación democrática, abraza sus postulados pensando que así se le acabarán yendo menos votos por el desagüe. Resultado de todo este dislate: unos gobiernos autonómicos (si al final se constituyen) donde se desmantelará la memoria histórica, se atacará la diversidad y se legitimará el odio entre otras miles de barbaridades.


Reivindico el derecho a una convivencia en paz entre demócratas. No hablo de "líneas rojas" -expresión gastada y burocrática-. Hablo de poner pie en pared frente a todo lo que huela a ultraderecha e intolerancia. Hay que desinflar este soufflé. Y eso exige empezar por llamar a las cosas por su nombre: los fascistas de Vox son antidemocráticos, autoritarios, excluyentes y herederos de lo peor de nuestra historia. No podemos "normalizar" esto. Y mucho menos, "blanquearlo". No me cansaré de repetirlo: al fascismo, ni agua.


J.T.

lunes, 16 de marzo de 2026

Sobre el nuevo desorden mundial


Se empeñan en desordenarnos más de lo que ya estamos. ¿Qué quiere decir José María Aznar cuando proclama que el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial ha terminado? ¿Qué quiso decir Úrsula Von der Leyen cuando declaró que “Europa no puede seguir siendo el guardián del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y no volverá", que "ya no podemos confiar en un sistema basado en reglas como la única manera de defender nuestros intereses" 


¿Qué llevó a la presidenta de la Comisión a retractarse al día siguiente afirmando que "La Unión Europea tiene un compromiso inquebrantable con la búsqueda de la paz, con los principios de la Carta de Naciones Unidas y con el Derecho Internacional”? Von der Leyen se desdijo, veremos en qué queda pero lo hizo, dejando así a Núñez Feijóo y a toda su guardia pretoriana, que habían secundado entusiasmados su primera declaración, literalmente con el culo al aire. 


Desde el pasado 28 de febrero esto es una locura pilotada por un Donald Trump que se pasa el derecho internacional por el forro y que además lo afirma sin rubor añadiendo que el único límite para él es su propia moralidad, su propia mente, no dice su propia conciencia porque está claro que no tiene ¿Derechos humanos, eso que es? “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, reza el artículo tres de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (París, 1948); “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”, puede leerse en el artículo cinco. Papel mojado para Trump, no digamos para Benjamín Netanyahu. Así que es cierto, no hay reglas porque ellos se las saltan ante la impotencia de un mundo que mira y sufre el espectáculo sin que nadie sea capaz de imaginar cómo acabará esta ruina que tenemos encima. 


Europa hace el ridículo, China y Rusia miran y esperan mientras Trump irrumpe en Venezuela, reclama Groenlandia, amenaza a Cuba, incendia Oriente Medio y destroza el equilibrio comercial del mundo entero. Los augustos próceres que gobiernan países como Alemania, Francia o Canadá se limitan a diagnosticar. El canciller alemán Friedrich Merz afirmó en la Conferencia de Seguridad de Múnich, dos semanas antes del bombardeo de Teherán, que el orden mundial basado en normas "ya no existe" y que la "libertad ya no es algo que se pueda dar por sentado". El francés Emmanuel Macron, por su parte, ha asumido que vivimos en un mundo sin reglas donde impera la ley del más fuerte, que el derecho internacional está siendo “pisoteado” y que las instituciones creadas al finalizar la Segunda Guerra Mundial viven un proceso de desmantelamiento metódico.


Mark Carney, primer ministro canadiense, también ha dicho que “el viejo orden mundial está muerto" y que las potencias de tamaño medio deben unirse ante la nueva realidad geopolítica. Unirse, de acuerdo, pero unirse… ¿cómo? ¿Qué actuaciones, de todas las que se están llevando a cabo hasta ahora, transmiten confianza? ¿Mandar barcos a Chipre? ¿Protestar con la boca chica para que no se enfade el gran batracio naranja? Algún ingenuo todavía confía en que pertenecer a la OTAN ayuda a estar más tranquilos. Tranquilos… ¿comparado con qué? Todo es confusión y palos de ciego. Quienes, como el PP o Vox, apuestan por el seguidismo de la locura estadounidense-israelí están renunciando de hecho a la escasa autonomía que nos queda como país. Es una verdadera suerte no tenerlos en el  poder. El gobierno socialista, por su parte, se mueve entre la cal y la arena: no permite que las bases de Morón y Rota se usen como plataforma para acciones ofensivas en Oriente Medio pero tampoco deja de aprobar partidas presupuestarias destinadas a Defensa para “necesidades ineludibles”.


Quiero pensar, a pesar de todo, que no es verdad que el orden mundial haya muerto aunque así se proclame, que el derecho internacional e instituciones como la ONU, el FMI y el Banco Mundial (1944), junto con organismos especializados como la OMS, FAO o la UNESCO pueden continuar funcionando y siéndonos útiles. Tenemos derecho a exigir que las leyes se cumplan y a que la impunidad de los sátrapas, tengan la bandera que tengan, no triunfe ni les salga gratis. 


Estamos en el filo de la navaja, pero ¿hay esperanza? Quizá solo la que ofrece la coherencia. Hasta la primera ministra italiana Giorgia Meloni, ultra y “amiga” de Trump, ha dicho que los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán están al margen de la ley. No solo ella, pero también ella. Por nuestra parte, la sociedad civil española gritando "No a la guerra" de nuevo nos recuerda que no todos hemos comprado el mensaje del engaño por mucho que Aznar y hasta Felipe, cómo no, insistan en ello. 


J.T.