domingo, 18 de octubre de 2026

“Miremos a las plazas. Ahí está la esperanza”

Me imagino a un buen número de jueces, cuyos nombres creo que no hace falta recordar aquí, siguiendo la semana pasada desde las teles de sus despachos el despelleje entre las izquierdas, me los imagino celebrando cómo fructifica su trabajo de acoso y derribo. No parece que de momento se vayan a ver obligados a dejen de actuar con la impunidad con la que ahora lo hacen algunos de ellos. 

Me imagino a los banqueros frotándose las manos viendo cómo muchas izquierdas les hacen gratis el trabajo sucio intentando triturar al único partido que no les pide préstamos. Me imagino a muchos propietarios de medios de comunicación satisfechos con sus Ristos, Motos, Íkeres y Nachos de turno, soldados en primer tiempo de saludo, dispuestos a fajarse cada día para que ningún político díscolo se atreva a poner en cuestión la prosperidad y el poder de sus amos. Algún día tanto ellos como los buitres de la especulación inmobiliaria dejarán de campar tan a sus anchas como lo hacen ahora, veremos cuándo. 


Lo que ha quedado claro tras el culebrón de las semana pasada es que buena parte de las llamadas izquierdas no tienen ningún interés en que continúe existiendo un pepito grillo que les recuerde cada dos por tres que el rey está desnudo. Que Podemos no se haya dejado torcer el brazo es una buena noticia. Les confieso que tenía miedo a que en el último minuto cedieran a las presiones, que no pudieran resistir los chantajes, los asedios ni las amenazas y acabáramos asistiendo a una reedición de lo sucedido en 2023 cuando aceptaron las condiciones de Sumar, vetos incluidos, y poco más tarde fueron humillados sin disimulo alguno. Esta vez los tristes herederos de Yolanda Díaz se han quedado con un palmo de narices.


No necesitamos la prolongación light de un PSOE cuyo candidato se traviste de izquierdas durante las campañas electorales y apenas recobra el poder vuelve a sus eternas políticas de derechas. A los jóvenes y menos jóvenes que llevan varias semanas acampados en las plazas, las izquierdas les deben desde hace ya mucho tiempo unas políticas de izquierdas de verdad tanto con la vivienda como con la educación o la sanidad. A los pensionistas les deben el no poner en peligro su derecho a una vejez sin desasosiegos, a los enfermos el derecho a curarse tengan o no dinero y a los currantes cobrar salarios dignos que les saquen de la precariedad.


Quiero entender que todo esto ha sido la razón última del pacto entre Podemos y Esquerra Republicana. Un acuerdo que, Catalunya aparte, al final solo ha fructificado en Canarias y en la Comunidad Valenciana donde a las elecciones del 29N concurrirá una lista única de formaciones de izquierda. Estuvo a punto de ser posible también en varios territorios más, pero telefonazos de última hora desde la sala de máquinas de Izquierda Unida lo impidieron. Muy difícil de entender esto en lugares como Extremadura por ejemplo, donde los pactos en las últimas elecciones autonómicas sí fueron posibles sin problema. Irene de Miguel, diputada por Podemos en la Asamblea extremeña, lo resumió la noche del pasado viernes con un tuit de solo ocho palabras: “Miremos a las plazas. Ahí está la esperanza”. 


¿Cómo es posible que gran parte de la clase política no entienda que se les elige para representar nuestros intereses y defenderlos? ¿Cómo se entiende que tanto la derecha ultra como la ultraderecha lleve días anunciando que se van a cargar las pensiones apenas gobiernen y aquí no pase nada? ¿Qué nos están queriendo decir con eso? ¿que aunque se trata de un colectivo de diez millones de personas saben que son/somos tan estúpidos que aun así muchos de ellos los votarán a costa incluso de su propio bienestar? 


El monstruo fascista predica además el racismo y el machismo porque cree en la eficacia de sus múltiples tentáculos propagandísticos para anestesiar a la gente. Por eso el futuro está en las plazas, por eso hay que movilizarse, por eso hay que denunciar las injusticias y las desigualdades que soportamos a pesar de llevar ocho años gobernados en teoría por un ejecutivo de coalición progresista. Un gobierno que solo promovió medidas de izquierdas cuando se le presionó entre 2020 y 2023, pero que en los últimos tres años y medio ha racaneado merced a una “izquierda” sumisa que ha tragado con todo, la misma que ahora pretende perpetuarse a costa de intentar acabar con la única formación política que se resiste a entrar en el juego. Pues va a ser que no.


Puede ser que los especuladores, los jueces, los banqueros y los propietarios de medios de comunicación estén prometiéndoselas muy felices tras los desencuentros de la semana pasada entre las izquierdas. Puede ser, pero algún día será que no. Miremos las plazas, ahí está la esperanza.


J.T.

domingo, 11 de octubre de 2026

El acoso a Podemos, misma cantinela, misma película


Quienes llevan años intentando matar a Podemos continúan sin admitir que jamás lo conseguirán. Vuelven a resonar los ecos de aquellas palabras de Enric Juliana tras la proclamación, hace tres años y medio, de Yolanda Díaz en Magariños como candidata por Sumar a la presidencia del Gobierno. Un acto en el que, por cierto, la formación morada fue ninguneada.


“¿Quién es el genio, el sagaz estratega que ha diseñado todo esto?”, se preguntaba por entonces el director adjunto de La Vanguardia. Cuando los colocaron entre la espada y la pared, la formación de Ione Belarra aceptó los puestos en las listas que les asignaron. Habían sido chantajeados, amenazados, insultados y se les advirtió por activa y por pasiva que si no tragaban, ellos serían los responsables de que la ultraderecha llegara al poder, ¿les suena?.


Y ahora vuelve la misma música, la misma letra que cuando intentaron acabar con Irene Montero, la misma desconsideración que cuando los dejaron sin portavocía en el grupo parlamentario, una de las razones por las que los cinco diputados de Podemos acabaron pasándose al grupo mixto. Si no han acabado con ellos, lo tengo ya escrito alguna que otra vez, es porque el poso ideológico es suyo, porque la coherencia a la hora de cantarle las cuarenta al PSOE cuando formaban parte del gobierno estuvo siempre ahí. Y cuando los echaron, continuaron siendo propietarios de los mensajes de izquierdas más potentes. Motor Podemos, que siempre sostuvo Iván Redondo.


Sin ellos no hay futuro, y los trepas y burócratas que no acaban de dar con la tecla a la hora de llevar a cabo una transición presentable desde Sumar hasta el llamado Frente Amplio lo saben. Necesitan a Podemos y esta vez, al menos de momento, lo que proponen Irene Montero y compañía no puede estar más claro: primarias abiertas para todo el mundo. Lagarto, lagarto, ni en pintura quieren primarias las Mónicas, Urtasun, Bustinduys, Colaus y compañía, acostumbradas ellas y ellos como están al disfrute de mullidos sillones que sueñan continuar ocupando como sea. O volver a ocuparlos, como en el caso de la ex alcaldesa de Barcelona ¿Someterse al escrutinio de las bases? ¡Quita, hombre! ¿Para qué hacer el ridículo si nos puede valer con volver a amenazar a los díscolos de siempre?


La historia se empeña en repetirse y esta vez lo está haciendo de manera mucho más grosera. En ese mecano llamado Frente Amplio no paran de volar las navajas, los de Compromís solo quieren hablar de su libro, los de Adelante Andalucía del suyo y Antonio Maíllo anda más perdido que un pulpo en un garaje, el pobre. Bueno, más bien ¡pobre Izquierda Unida! Ferreras y La Ser están empeñados en echarles una mano, pero cuando les ponen la cámara delante no dejan de hacer el ridículo, de contradecirse dejando al presunto elector cada día más desorientado, más desanimado. Su empeño en negarse a la celebración de las primarias que propone Montero solo se entiende desde el miedo que le tienen a hacer el ridículo, a quedar en evidencia. 


Me temo que todo esto Pedro Sánchez y los gurús que le rodean lo saben de sobra, saben que les interesa un partido fuerte como Podemos que les presione de verdad, pero no pueden evitar escorar hacia la opción más cómoda, hacia la docilidad de otro Sumar como el que durante tres años y medio ha jugado a simular que presionaba al PSOE cuando en realidad Pedro y sus chicos siempre han acabado haciendo haciendo lo que les ha dado la gana. Por mucho teatro que sus “socios” le hayan puesto para disimular la humillación. Por mucho plante que hayan ido escenificando, como las horas anteriores al Consejo de Ministros donde se aprobaron los dos primeros decretos de Vivienda tumbados más tarde en el Congreso de los Diputados por Junts, Vox y PP. 


Cuando más se necesita que las llamadas izquierdas sean fuertes y compactas, más se pelean entre ellas. Y lo que resulta más gracioso: se empeñan en echarle la culpa a Podemos, que fue quien procuró poner las cosas claras desde el principio. La progresía mediática no deja de intentar echarle una mano al llamado Frente Amplio a ver si se aclaran. Difunden nombres en clave globo sonda y ninguno cuaja. No cuajan porque ni los mismos “nominados” se lo acaban de creer. Necesitan a Podemos para usar sus votos y, una vez usados, volver a quitárselos de encima a las primeras de cambio. Pero esta vez, igual estoy equivocado, da toda la impresión de que no va a colar.


“Seréis los responsables de que gobierne la ultraderecha”, vuelven a repetir los mismos de hace tres años y medio. No, por favor, la misma película otra vez no, que ya nos la sabemos. Espero con toda mi alma, y no creo que sea yo solo, que Irene Montero y lo que representa se mantenga firme esta vez. Podemos no tiene nada que ganar cediendo a los chantajes y la sociedad española tampoco. 


Necesitamos, por mal que se presente el panorama, una opción política que mantenga la coherencia que hasta ahora ha tenido y crezca a partir de ahí. Si ellos se dejan doblar el pulso, estamos perdidos. Si no lo hacen y consiguen resistir, es muy probable que más de uno se acabe llevando una buena sorpresa el próximo 29 de noviembre.


J.T.

domingo, 4 de octubre de 2026

Cuando se pone el dedo en la verdadera llaga



Me pregunto cómo no se le cae la cara de vergüenza al presunto periodista que dio  luz verde a titulares como los del ABC el pasado sábado hablando de “izquierda prebélica” o de “gatillazo quincemero” en primera página. ¿Salieron de las mentes del redactor jefe, del director o de los autores de los artículos? Si quienes firman las crónicas, de cuyos nombres mejor no me acuerdo, no los parieron, ¿por qué entonces no se negaron a firmarlos?  


Me pregunto si entre quienes con sus escritos demonizan desde las redacciones las acampadas y las protestas callejeras de los últimos diez días, alguno de ellos se habrá tomado la molestia de darse una vuelta por esos lugares. En el caso de que lo hayan hecho, ¿por qué no cuentan exactamente lo que ven, es decir, organización, determinación, educación, ideas claras y capacidad de explicar de manera pedagógica las razones por las que están allí? Imagino que muchos de los cronistas de La Razón, El Mundo, El Español y tantos otros presuntos periódicos de los que mienten sin parar, han de ser tan jóvenes como quienes estos días se manifiestan, tienen los mismos problemas que ellos y el mismo incierto futuro que ellos. Me pregunto qué hipotecas tienen, si es que las tienen, porque muchas y muchos de seguro que aún viven en casa de su padres o en pisos compartidos pagando por una habitación la mitad larga del mísero sueldo que cobran.


Me pregunto qué demonios le pasa al periodismo para continuar siendo en su mayor porcentaje el brazo armado de la crispación desaforada. Escucho las encendidas soflamas de los radiopredicadores mañaneros y acabo concluyendo que darse una vuelta por la Puerta del Sol a ver qué pasa puede entrañar más riesgo que volver a ser corresponsal de guerra. Casi estoy pensando en echar mano del casco y el chaleco antibalas cuando decido acercarme para ver con mis propios ojos lo que sucede allí pero no, decido presentarme en el “campo de batalla” a cuerpo gentil y no dejarme intoxicar. 


La salida del metro está tan despejada y fluida como siempre, subo al exterior y me encuentro con un campamento perfectamente ordenado, las tiendas de campaña alineadas, los perímetros bien delimitados, chicos y chicas con escobas y cubos de agua barriendo y fregando, se turnan, van a sus trabajos, a sus clases, a casa a ducharse y cambiarse de ropa y vuelven a tiempo para estar presentes en la próxima asamblea. Hay pasillos, calles con nombre, a una le han puesto Calle de los Cuchillos, unos venden libros, otros preparan bocadillos, otros rotulan eslóganes imaginativos en grandes trozos de tela o en cajas de cartón. Buenas vibraciones que no les impiden andar alerta para anticiparse cuando algún fascista provocador aparece resuelto a dinamitar la convivencia. Lo intentan, pero no lo consiguen, a pesar de la desesperante pasividad de una policía que uno se pregunta qué ordenes tienen, a favor de quiénes están, a qué demonios juegan.


¿Dónde estabais hasta ahora?, me pregunto y les pregunto también a algunas de las personas concentradas con quienes converso. Reconozco que hace ya un tiempo que deseaba que sucediera algo así, reconozco también que pensaba que las generaciones más jóvenes estaban siendo abducidas por el tsunami totalitario y me llevo una alegría enorme cuando, al acompañarlos hasta las puertas del Congreso donde la mayoría de sus “representantes” políticos se empeñan una vez más en no representarlos les escucho corear ”¡Aquí están los antifascistas!”. 


¡Bienvenidos seáis, queridos amigos! Bienvenidos seáis a Sol, a las Setas sevillanas, a la Plaza de Catalunya en Barcelona y a tantos lugares céntricos de otras muchas ciudades de España. Os había estado echando mucho de menos. Pensaba que os estabais tragando las mentiras y los bulos que tanto indeseable se empeña en propagar a todas horas pero ya veo que no, pensaba que os resignabais a que un buen número de jueces contribuya al desasosiego general, pensaba que la impunidad con la que se mueven los facinerosos de Desokupa, Hazte oír, Abogados Cristianos, provocadores con micrófono y demás ralea os daba igual pero veo que no.


Los habéis descolocado porque habéis vuelto a poner el foco en donde nunca debió de dejar de estar, en los problemas del día a día, en la incertidumbre ante un embarazoso futuro tanto en la vida laboral como en la personal, en la indignación frente a quienes militan en la avaricia más voraz. Habéis descolocado a la caverna porque habéis desnudado a un gobierno que se jacta de ser progresista pero a la hora de la verdad os deja tirados.


Habéis puesto el foco en la verdadera necesidad de protestar. Estáis criticando a Sánchez por lo que de verdad hay que criticarlo y les habéis robado el mantra a quienes desde hace años buscan la manera de echarlo como sea. Quizás algo tarde pero habéis dado con la tecla, estáis poniendo el dedo en la verdadera llaga y eso sí que puede acabar con el gobierno convoque elecciones ya o tarde todavía un poquito. Si a los voceros de la intolerancia solo les queda llamaros prebélicos o izquierda radical, es que ya estáis/estamos ganando. 


Vuestras acampadas son un verdadero alivio. Ahora solo queda no bajar la guardia, no cansarse y no dejarse intimidar. Porque esto es largo y, por supuesto, nada fácil. Costará y llevará tiempo. Aunque a corto plazo no cristalice, esta bola de nieve no hay quien la pare. Porque, aunque se empeñen en echaros de las plazas ellos, los malos, no llevan razón. Y lo saben.

 

J.T.